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La saeta del ojo dormido

La saeta del ojo dormido

15-03-2013

Contemporánea cuento o relato

  • Estrella vacía
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Luego de un hecho confuso donde interviene la policía, un manojo de cartas de contenido sentimental llegan extrañamente a las manos de un periodista dotado de cierto talento literario. Urgido por las deudas, el hombre utiliza la información encontrada y crea una novela para su posterior publicación y comercialización. El éxito de la obra pone en aprietos a un inescrupuloso sujeto, quien de manera indirecta provoca que el pasado de su esposa termine formando parte del argumento. 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

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     La ambulancia que se detiene en el edificio plomo de la Avenida “Los Libertadores” interrumpe el vespertino silencio habitual de los transeúntes. Al instante, cuatro hombres de blanco emergen de la camioneta mientras que un policía y otro sujeto se mantienen a un metro del cuerpo yaciente en el piso.

  • Aquí Calixto 36 a Celta 72, ¿Me escucha Celta 72? Bien, aparenta tener 32…oscuro, mediana, cinco con treinta posiblemente. Haremos lo que esté a nuestro alcance…cambio y fuera.
  • Buenas tardes, soy periodista ¿me permite unos segundos?
  • No, le aconsejo que no toque nada si no quiere verse en problemas
  • Nosotros podríamos colaborar con la policía si tan sólo…
  • Si tan sólo la policía les da el soplo, ventilan información secreta antes de tiempo y echan a perder la investigación – el teniente Baltazar Altamirano, luego de toser casi en su cara, continuó – esa historia ya me la conozco. Escuche, no quiero ser malcriado con usted pero tengo bastante trabajo, así que haga el favor de retirarse ¿Está bien?
  • Está bien. Permiso.
  • Muchachos…parece que todavía tiene pulso…llévenselo de una vez antes que sea demasiado tarde…los alcanzo luego.

Yener Farías recorrió todo lo que quedaba de la Av. Los Libertadores y terminó en un puesto de revistas. A su costado, entre suplicante y ansioso, un niño de tez mestiza se ofrecía a lustrarle los zapatos.

  • Bien lustrados, ya
  • 2 soles, señor
  • A mí me cobran siempre un sol
  • Un zapato nomá lutraré pe´señor
  • Ya, ya.. toma dos soles y no fastidies, hombre

A los cinco minutos el chico se paró de un brinco y, estando listo para la huida, el periodista lo tomó del brazo…

  • Voy por más pasta, señor
  • Sí cuñado, déjame tu material entonces
  • No puedo
  • Déjame otra cosa que valga igual

Luquitas, que así lo conocían sus compinches, metió la mano en el bolsillo izquierdo y sacó de ahí una billetera de cuero.

  • Pero esto cuesta más….ahora no me vas a decir que esto es tuyo

El niño no le contestó. Su instinto de supervivencia le recomendó huir antes de que Yener atinara a detenerlo. En su departamento, el corresponsal de la web www.informas.com revisaba por segunda vez la billetera. Sobre su cama caían apresuradamente un carnet de estudiante, un boleto de bus, una carta, otra carta…

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  • Aquí Celta 72 a Calixto 36. Deme los datos de la persona encontrada, cambio.
  • Celta 72, no hay documentos a la vista. Solo le puedo decir que es un joven de aproximadamente 24 años que vive, según sus vecinos, en el cuarto piso. Cuando pregunté su nombre me dijeron que se llamaba Karty Padilla. Trataremos de averiguar más. Cambio y fuera.

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Llamar al diario “La voz” tenía sentido siempre y cuando tuviese algo más qué decir de una billetera robada con tres cartas de corte sentimental. Así pensaba Yener antes de ponerse a leer la tercera de ellas.

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Dentro de poco se casará, se casará y toda esta agonía habrá acabado. Cuatro años en la espera inútil de una utopía adolescente, de un quejido del alma por demás prolongado y resistente. Cuatro años haciendo el estúpido y triste papel del amigo incondicional. Cuatro años sobrellevando este sentimiento. Nunca más, prométete que nunca más.  


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