Descarga gratis 10 libros

y consigue premios y promociones exclusivas

Regístrate

Comienza a leer

Iniciar sesión con Entreescritores

¿Has olvidado tu clave?

Crear una cuenta nueva

Libros publicados

Siempre te escucho

Siempre te escucho

21-05-2016

Novela negra/Policiaca novela

  • Estrella vacía
  • Estrella vacía
  • Estrella vacía
  • Estrella vacía
  • Estrella vacía
8
  • Estrella llenaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vacia  0
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vacia  1
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella vaciaEstrella vacia  1
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella vacia  5
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llena  1

 

"No, no  se podia fusilar.No había otra manera.Había que desaparecerlos.

Estuvimos todos de acuerdo.

¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podiamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo?

Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas.

Pero luego se planteó: si se dan por muertos , enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder:quién mató, dónde, cómo. "

JORGE RAFAEL VIDELA (DICTADOR) 

 

Sergio es un policía con vocación de anarka. Helena es una joven periodista de radio con ganas de comerse el mundo. Con la cruel dictadura Argentina de trasfondo. Una investigación policial y periodística  que les hará tambalear sus valores más intimos.

Una historia que te emocionará.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

No, no se podía fusilar.

Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina, cambiante, traicionera, no se hubiere bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, 10 mil, 30 mil.

 No había otra manera.

 Había que desaparecerlos.

Es lo que enseñaban los manuales de la represión en Argelia, en Vietnam.

Estuvimos todos de acuerdo.

¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podíamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo?

Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas.

Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo

 

JORGE RAFAEL VIDELA (dictador)

 

 

 

 

CAPITULO  I

 

El año 2.001, un año cinematográfico, el año que comenzó la investigación que cambió la vida de Sergio, el 31 de agosto, el final de aquel cálido y húmedo verano.

Se levantó de la cama,  un día gris, plomizo. El despertador le había vuelto a amenazar y lo había apagado antes de estamparlo contra la pared, tiró de la sábana y se tapó la cara. Odiaba los lunes, siempre los había odiado.

“Jack  el despertador” volvía a amenazar, Sergio lo miró  amenazante y con furia, de nuevo, apretó el interruptor de apagado.

¡Por fin!

El torturador “…bip…. Bip….” dejó de martillar sus tímpanos.


Se desperezó, se frotó con fuerza los ojos con el dorso de la mano y buscó con insistencia las zapatillas. Hubiera jurado que las había dejado a la izquierda de la cama. Se revolvió desplazando la sábana con violencia y esta a su vez se enlazó a él como una amante despechada. Se arrastró como una serpiente  sobre su pecho, con la sabana  entrelazada entre sus piernas. Entreabrió a duras penas sus ojos, y unos rayos de luz valientes  atacaron con todas sus fuerzas sus pupilas, volvió a cerrar los parpados,  palpó con torpeza buscando sus zapatillas por todos los lados de la cama.

 ¡Por fin!

No sabía cómo, pero las revolucionarias zapatillas estaban a la derecha de la cama y una de ellas, la muy cobarde, se escondía debajo de la cama.

Mal dijo su eterno desorden.

Sergio nunca pensó que acabaría siendo policía, no porque le faltase físico. Era delgado, tenía uno ochenta y cinco de estatura, toda la vida había hecho deporte y, aún hoy, le gustaba hacerlo.

Las agujetas del fin de semana le dolían. El partido de fútbol había sido demasiado intenso. Sus amigos lo jugaban como si todavía fueran unos eternos adolescentes que tienen que reafirmarse entre  sus iguales, la lucha animal  del macho dominante.
 

La edad estaba dejando muescas del paso del tiempo en Sergio, tanto en su cara como en sus músculos se reflejaba el paso del segundero cruel.

Se volvió a desperezar esta vez con determinación,  estiró los músculos del cuello, después los de la espalda, los cuádriceps…  su cuerpo empezaba a despertarse lentamente, muy lentamente. Aún su cuerpo continuaba embotado en la noche.


La idea de la eterna juventud, estaba presente, creer en la inmortalidad de la juventud, que la muerte está lejana.


Pero el cuerpo estaba ya dando señales de socorro.


Su juventud se estaba quedando atrás.

Iba regularmente al gimnasio, no  le importaba demasiado el aspecto físico, más bien,  le gustaba sentirse vivo, y esto le proporcionaba el deporte. La ducha caliente  después de sudar, el agua a chorro golpeando sin cesar su cuerpo dolorido. La relajación de cada uno de sus músculos, cerrando los ojos, agachando la cabeza y dejando que la cascada de agua le engulla, relajando su cuerpo.

Pero su carácter, su personalidad, no eran la de un policía.


Renegó del servicio militar, lo vivió como un tiempo perdido. Nunca le gustaron los militares, los uniformes,  las armas, y todavía hoy que era policía le continuaban sin gustar.

Siempre le gustó el cine.

El cine lo vivía como escapatoria de la realidad, vivir en la ficción, delirio, sueño. Imagen de una vida que no existe más que en los sueños y las fantasías. Por eso, aunque no le gustase el hecho de ser policía, tenía algo que le atraía. La imagen cinematográfica de la policía.

La irrealidad del mito.

La magia de ser Paccino, ser De Niro.

Le gustaba la acción.

Aunque rehuía de las armas había en él una ambigüedad.

La ambigüedad del ser humano, como en la película de kubrick,” la chaqueta metálica”. Siempre le atrajo su personaje principal, el del actor Matthew Modine .En el casco militar al lado del “born to kill” (nacido para matar) aparecía el símbolo de la paz .Ante la pregunta de la incongruencia de los dos símbolos afirmaba que era la dualidad del hombre, la guerra y la paz, la muerte y la vida.

El blanco enfrentado al negro.

Sergio estudió psicología, cuando fue a la facultad de la universidad de Deusto en Bilbao, se instaló en un piso de estudiantes. Empapado del ambiente universitario, cine fórum de cine social de izquierdas, anti sistema. Bordeando el anarquismo y renegando de todo lo establecido, creyendo que otro sistema era posible.

Pero los años de la universidad terminan pronto.

¡Demasiado pronto!

La universidad quedó atrás. La crisis económica  de los noventa en España fue muy dura, un paro inhumano, ahogador de ideas y de personas.No había trabajo para la juventud más preparada de la historia de España, había demasiados universitarios por metro cuadrado. Demasiados individuos que vivían en un sueño y se despertaron en una pesadilla real y cruel.

En ese momento se sintió un parásito, un parado, una mierda cuyo futuro más cercano era ser un número en una estadística, un número rojo de un político incompetente.


Aparece la dualidad, el espíritu de Supervivencia, el “born to kill”.  

Sin tener una vocación clara, más bien la necesidad de respirar, de vivir. Se  presentó a la oposición para policía. Físicamente se encontraba en forma y estudiar no se le daba mal, estudio con ganas el temario, preparó tanto los test psicotécnicos como los de personalidad.

Buscando la normalidad y lo políticamente correcto.

Aprobó la oposición. Tras un periodo de aprendizaje en la academia en la que aprendió a disparar, a realizar seguimientos, regular el tráfico… era ya un policía.

Era ya un anarka eliminado en pos de la sociedad

 Un marine pacifista como en la película de Kubrick.

La individualidad eliminada. Pero vivo.

¡Born to kill!

 

 


5% de descuento para los lectores de entreescritores.com en casadelibro

5% de descuento para los lectores de entreescritores.com en casadelibro

Comentarios

Te puede interesar