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EL GÜRSTEL ES MÍO - La corrupción al servicio del humor

EL GÜRSTEL ES MÍO - La corrupción al servicio del humor

13-06-2018

Humor novela

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Historia inspirada en el famoso caso Gürtel, donde se mezclan personajes parodiados con otros imaginarios. Fraccionada en capítulos, comprende una serie de gags; algunos aluden a hechos reales, pero todo dentro de un argumento ficticio, lleno de situaciones inmersas en el humor del absurdo.

Don Corleone establece una red de corrupción, movido por un peculiar afán de venganza conta el PA (Partido Alianza). Entre los "socios" destaca su amigo, el "Mostachos", cuyo rol es el más disparatado y socarrón de todos; y Galatea, la avispada chica de la limpieza, de quien se sorprenden por su audacia e inteligencia, y que termina por representar un papel importante en la trama.

La intervención de Justina, una pensionista con afán detectivesco, formará parte del devenir de la historia tras sufrir una broma burlona del Mostachos

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Primer capítulo

Preliminar - Coto de Caza

Los estratos velaban el sol sobre el pinar cinegético, ajenos a cualquier runruneo y ladrido espontáneo. Por la explanada del bosque marchaba un séquito de señores equipados para la ocasión, gorros y polainas incluidos.

En la retaguardia, el juez Melchor Gascón y Julián Bermello hacían gala de cierto parecido: ambos llevaban gafas y compartían corpulencia. Aunque al primero, diez años menor, lo adornaban aires algo más intelectuales.

Rompió el sexagenario ministro de Justicia un meditativo silencio:

-Melchor, me tienes preocupado. No te dejas ver tanto en las reuniones sociales ni en las reuniones como antes.

-¡Amigo mío, el deber me llama! Fíjate... Apenas tengo ya tiempo libre para el ocio.

Cuando iba a interpelar al juez Melchor, el ministro se detuvo de repente. Sorprendido por el agitado bamboleo de unas matas, encañonó la escopeta y disparó.

-¡Jolines! ¡Creo que he fallado! -exclamó-. Claro... Es lógico. Nunca había cogido un arma.

-¡Que eso no trascienda, Julián! -farfullaba Melchor Gascón en voz baja, instigándole con gestos a que colcara el rifle en una posición menos llamativa-. Ya sabes cómo es este país.

Del escondrijo de las matas salió un hombre delgado que se subía los pantalones entre gritos de dolor y el alboroto de los allí presentes.

-¡Ay, que le has dado! -se echaba el juez las manos a la cabeza.

-¡Qué mala suerte! El primer disparo de mi vida y el blanco es humano... ¿De quién se trata?

-Evelio, el vigilante del coto. Alguien campechano y amante de la naturaleza.

El guarda, renqueante, espetaba con quebrada voz:

-¿Es que aquí reparten licencias de caza por recomendación? ¡Uf!

El juez y el ministro cruzaron miradas de complicidad, como niños traviesos que ocultaran alguna fechoría.

-¡Ya no puede hacer uno sus necesidades... sin correr peligro! ¡Señores, que pertenecer al Partido Alianza no es un pecado! ¡Dios, cuánto me escuece!

Seguía el trasiego de los atónitos cazadores. Estos intentaban atender al herido, abordados por sus continuos gemidos.

Gascón y Bermello se apartaron con disimulo del grupo.

-Menos mal que era de perdigones. ¡Que si no! -suspiró el ministro.

-Pues sí, Julián. No quiero ni pensar qué habría ocurrido si encima te cargas a uno del PA.

Justo en aquel momento, el juez se percató de que alguien corría hacia ellos.

-Señor... señor Melchor Gascón, a Evelio le han dado en el trasero. No es grave, pero hemos llamado a una ambulancia.

-¡Qué me dices! ¡Ostras!... Pues bien hecho -miraba de reojo el juez al ministro-; que eso debe de picar bastante.

-Ya lo creo. Le ha salido un enorme moratón.

-Gajes del oficio -asintió el juez.

-Solo vine a informarle. Ahora será mejor que regrese. Necesita mucho apoyo.

-¡Por supuesto! ¡Vaya! ¡Vaya! Y dele un abrazo de mi parte.

Gascón había esperado a que el hombre se distanciara lo suficiente. Momento propicio para agarrar el brazo del ministro y alejarlo aún más de los demás.

-Escucha, Julián. Te he invitado a esta cacería porque quiero hablar contigo. ¿No te parece un inmejorable marco?

-Dime, soy todo oídos.

-Bien. Iré al grano. Se trata de un asunto al que me estoy dedicando en cuerpo y alma: una trama de presuntas corrupciones.

-¿Trama de...? Pero ¿a cuál te refieres? Es que aqui hay muchas donde elegir.

El juez respondió con solemnidad:

-Estimado Bermello, me refiero al caso Gürstel.

-¡Gürstel!

Tal fue la reacción al escuchar y pronunciar el nombre, que por un acto reflejo se le disparó al ministro de nuevo la escopeta. No tardaría en incrementarse el revuelo, con nuevos quejidos del vigilante.

-¡Dios, le han propinado otro perdigonazo! El pobre Evelio no tiene hoy su día -exclamó otro cazador.

 

 

 


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