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De Letra y Gloria

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De Letra y Gloria

26-11-2017

Histórica cuento o relato

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Martín y Nicolás son dos libreros que de la noche a la mañana se ven inmersos en el descubrimiento de un enigma del medievo que les cambiará la vida para siempre. Presente y pasado se funden en una inquietante intriga.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

1.    EL ORIGEN.
Esa era la mejor disposición para poner sobre la mesa todos los cubiertos, platos y servilletas, pensó Alazne. Y no cabía duda de que el rojo intenso del mantel era el color más acertado. Era su color preferido.
-Cariño, ¿me ayudas a llevar los vasos?  
-Si mami, contestó Alazne con ilusión. Siempre quería que su abuelo cenara con ellos. Papá y Nicolás su novia que se llama Leire llegarán en seguida, pero el abuelo ya sabes, es un poco tardón. Tú ayúdame a poner la mesa y no te preocupes, mi amor, que en seguida estamos todos juntos. 
Lucía comprendía a su hija, sólo habían pasado dos años desde que la abuela Ana muriera de aquel tumor. Quien hubiera pensado que después de cuatros años y el cáncer de mama totalmente curado, apareciera un tumor cerebral que en tres meses acabara con su vida.
-Ya voy yo mami!, grito Alazne al oír el timbre de casa.  Al abrir y ver que no era el abuelo Adelmo frunció el ceño en repulsa.
-Alazne!!!pero ¡cuánto has crecido! Ya eres toda una princesa. Se aventuró a decir Nicolás mientras ella hacia caso omiso a sus palabras.
-Por favor Alazne dale un beso a Nico y a Leire, inquirió su padre. Mientras cerraba la puerta a sus espaldas.
-Da igual, ella sigue siendo la princesa más hermosa de todos los reinos. Canturreaba Nicolás. 
- ¿Mami, pero cuando va a venir el abuelo?  en el preciso instante en el que el timbre emitía una mágica melodía para los oídos de Alazne.
-Abuelo!!! ¡¡Por fin has llegado!! Gritaba mientras corría a su encuentro con los brazos abiertos.
-Hola cariño mío, ¿qué tal hoy en la escuela? Jadeaba Adelmo mientras la cogía en brazos.
-Muy bien, hoy hemos saltado el potro, y no me he caído en ningún momento.
-Vas a ser una grandísima atleta. Le susurro Adelmo al oído.
-Hola papá, ¿qué tal estás, ya mejor? 
-Estoy bien Lucía, no te preocupes, me encuentro muchísimo mejor.
-Si papa, pero tienes que estar más tranquilo, dormir más, y dejar esos libros un poco apartados, les das demasiadas vueltas.
-Ya hija, pero es lo único que me despeja en estos momentos, así estoy más entretenido. Te aseguro que me encuentro bien. Suspiró Adelmo, con el deseo de zanjar la conversación.
-Papi mira, hoy he dibujado este libro con alas, ¿a qué te gusta mucho?
-Martín, te está hablando tu hija, le inquirió Lucia mientas él hablaba efusivamente con Nicolás del último partido de rugby de Nueva Zelanda.
-Dime Alazne, mi pequeña libélula.
-No, papi no soy una libélula soy una princesa. Que nunca te enteras, jolín.

- ¿Te ayudo en algo, Lucía? Dijo Leire mientas entraba por la cocina.
-Alazne me ha ayudado mucho, ya sabes, a su manera. Dijo sonriendo.
-Vengaaa todos a la mesaaaa. Gritó Lucía mientras se agarraba del brazo de Adelmo.
- ¿Qué tal lleva sus investigaciones Don Adelmo?
-Estoy avanzando bastante Martín, simplemente a la espera de la nueva adquisición. ¿Para cuándo lo tendréis? 
-Lo tendremos para esta próxima semana, no se preocupe Adelmo, le avisamos en cuanto llegue. Contestó con tranquilidad Martín mientras servía el vino.
Él y Lucía se miraron con la mayor discreción posible, en sus mentes corrían vertiginosas las imágenes de la desdicha en la que había caído Adelmo tras la muerte de su mujer. 
-Alazne, ¿sabías que hoy cumplimos diez años desde que abrimos la librería?, dijo alegremente Nicolás. 
-Como para no saberlo, el pobre lleva unos días atacado. Fue Lucía quien contestó acariciando el pelo de Martín.
Alazne los miró, pero hizo caso omiso, su entretenimiento estaba en los puzles de princesas.
-No puedo evitarlo, ya sabéis como soy, me ponen nervioso los acontecimientos “sociales”. Contestó con resignación Martín.
-Mi ratoncito de biblioteca. Decía Lucía continuando con su masajito en el pelo.
-Pero ¿cómo os dio por abrir una librería? La intriga la tenía Leire. Nico no me ha contado como os conocisteis, aunque sabiendo como es… Si es que le conocen hasta debajo de las piedras.
-Ah, ¿no? Gracias por lo que me toca. Aprovechas el tiempo al máximo para desplegar tus habilidades para conquistar y no hay sitio para hablar de tu gran y maravilloso amigo. Esta vez era Martín quien frunciendo el ceño se dirigía con sorna a Nicolás.
-Qué mejor momento que éste para conocernos todos un poco mejor. Bromeó Nicolás mientras abría sus brazos a lo mesías. Disponiéndose a hablar.
-Aún recuerdo como nos conocimos, comenzó pausadamente. Fue en el verano del 93, en una pequeña localidad costera del Levante mientras disfrutábamos de nuestras vacaciones estivales. Como miles de vascos, nos alejábamos de las lluvias que durante todo el año nos atormentaban, provocando un malhumor constante, con ese ligero fruncir de cejas. 
-Era en aquellas tierras repletas de absoluta luminosidad, donde recobrábamos un semblante más juvenil, diría incluso infantil. Allí fuimos capaces de crear una curiosa afición: la lectura, de todo lo que pillábamos. Dijo divertido. Siempre andábamos compitiendo por ver quien leía más libros durante el verano. Aun así, y a pesar de parecer tipos raros, no nos distanciábamos de los demás amigos que íbamos conociendo en aquella oscura e hirviente arena que soportaba nuestras minúsculas toallas hasta el atardecer. Desde entonces, hemos procurado mantener, sin mayor dificultad, claro está, aquella boniiiita amistad; ¡hasta ahora! Concluyó satisfecho.
-En la Universidad cada cual estudió bajo sus preferencias. Prosiguió Martín, tomándole el relevo a Nicolás de la manera más natural.
-Él, publicidad y relaciones públicas, acorde a su personalidad. Ya me entendéis. Todos asintieron con una sonrisa. Yo, en cambio, me licencié en filología hispánica, Dijo orgulloso mientras miraba a Leire.
Y claro, una cosa llevó a la otra. Nuestro sino era trabajar juntos y el dónde era más que evidente. Nuestra propia librería. Concluyó ufano Martín.
-Pero estaba claro que queríamos una librería especializada. Intervino Nicolás mirando cariñosamente a Leire.
-Una librería con todo tipo de libros antiguos. Incluso llegar a ser capaces de incorporar algún incunable. Dijo Martín dirigiéndose exclusivamente a la mirada atenta de Leire.
Nuestro momento álgido surgió al incorporar en nuestro catálogo un ejemplar del Siglo XVII. El Sueño de Polífilo de Francesco Colonna, cuyo origen se remonta a Venecia en 1499 surgido de la imprenta de Aldo Manucio. Es una obra maestra como arte de fabricación del libro. Aquello nos repuso prestigio a nivel bibliófilo junto a nuestros libreros coetáneos. Se levantó triunfante Martín mientras chocaba su mano con la de Nicolás.
-El viernes será cuando nos reunamos con otros colegas. La condición es haber cumplido al menos una década y seguir al pie del cañón. Tal y como corren los tiempos somos unos privilegiados. Dijo Nicolás mientras cogía suavemente la mano a Leire.
                            …
-Sigo preocupada, Martín. ¿No te has dado cuenta de que mientras comíamos, mi padre estaba como ausente? Él me dice que está perfectamente pero no es así, no sé qué podemos hacer. La expresión de Lucía era de absoluta tristeza. 
- ¿Pienso que no deberíamos preguntarle tanto por cómo está, no sé, creo que se agobia si le preguntamos continuamente por cómo se encuentra, no crees? Repuso Martín sentándose a su lado en el sofá. Cariño, fíjate que bien está cuando juega con Alazne, él necesita estar distraído y con la niña se lo pasa bomba, y la niña con él es adoración.
Era ese un intercambio de miradas opuestas, Lucía cargada de desasosiego, Martín de credulidad.


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