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Primer capítulo

Prólogo 

En esta crónica se narran las aventuras y desventuras de un personaje que vivió hacia mediados del siglo XIX y se prolongó hasta la guerra de África, la segunda de 1921, como hilo conductor de una historia completamente novelesca. Con muchas crónicas que contar a sus hijos y nietos, a través de sus vivencias nos adentramos, de puntillas, en el entramado engorroso de una España complicada, miserable, belicosa y con constantes cambios.

Personalmente para mí, durante mis años de estudiante, supuso no enterarme de nada, memorizaba nombres de políticos, presidentes de gobiernos que tan pronto estaban como dejaban de estar, repúblicas y monarquías insostenibles, un rey que duró un suspiro, guerras artificiosas que escondían intereses ocultos. Era como colarse en el laberinto oscuro de una burda caseta de feria antigua, donde no se definía nada más que algunos monstruos verdes mal pintados, telarañas de lana sucia que se enredaban en la cara y que más que miedo daban asco, luces rojizas, fuelles que te soplaban aire y polvo que apestaba a peos reconcentrados y otros hedores irreconocibles. Más difícil que intentar bailar un tango sin tener sentido del ritmo y con un espantapájaros por pareja, cómo leer un batiburrillo de fechas y noticias desordenadas que te hacían saltar entre renglones para quedarte como estabas.

Demasiados cambios políticos y sobradas calamidades.

Desde una visión cotidiana y sencilla la cronología me resulta más fácil, más tragable; ayudándome así a situarse, para conocer, a trazos muy, muy largos, como se desarrollaban los destinos del españolito a quien la suerte le estaba blindada de antemano y solo podía dejarse llevar por los designios o intentar truncar la fatalidad en busca de mejor fortuna.

Esta narración ficticia, por otra parte, no pretende ser una exposición histórica, NO ESTOY A LA ALTURA, pero apoyarme en datos concretos para ir situando a los personajes en un paisaje, un lugar determinado y un momento preciso, me parece cuando menos aceptable.

Al empezar a escribir sobre esta figura, para nada ficticia, me planteé sí sería bueno o no llevárselo a existir en una época distinta a la que vivió y sobre todo sí podría hacerlo en estas circunstancias reales, sin embargo como soy muy cabezota, me lo propuse como un reto. Como casi todo en mi vida.

La aventura nace al mismo tiempo que nuestro protagonista, en un villorrio de montaña, alejado de una población más bien pequeña. Las necesidades de una familia perjudicada por los imponderables de la vida, determinan un relato a veces triste y  otras veces entretenido.

A medida que el hombre se va desprendiendo de su piel de niño, va tomando conciencia de la otra realidad, la verdadera existencia del individuo que debe ir transitando en una jungla engorrosa a la que, en demasiadas ocasiones, se le van añadiendo dificultades. Las decisiones que se toman van dibujando un itinerario en el cuaderno de cada vida particular y sin que seas consciente de ello, el futuro que a corto o largo plazo te vas a encontrar puede variar de 100 a 360 grados.

El relato nos va acercando paulatinamente una y otra vez a un lugar concreto, en una época oscura y desconocida para muchos españoles. Ceuta esa gran ignorada, está llena de secretos, sensaciones que desde sus profundas huellas históricas, reclaman la atención de quienes quieren mantenerla y dejarla en el olvido de un exilio forzoso. Siempre los malditos intereses políticos y las heridas que nunca llegan a sanar.

La trascendencia del cuento es puramente emocional, surgida de los versos de un himno, el de Ceuta, que invita al viajero a fondear en sus playas y asentarse como un vecino más, en su estructura cívica y urbana, para desarrollar su vida y la de sus descendientes. No obstante, yo soy caballa de pura cepa, aunque mis raíces estén al otro lado del charco, pero desde aquí, con un grito contenido de cierta tristeza, reclamo en nombre de todos aquellos que un día se enamoraron de este agraciado trocito de tierra, que por cosas del destino nació pegado al continente africano, que nos dejen sentir como queremos, vistiéndonos de un sol amarillo y de esa energía desenfrenada que representa el rojo, luciendo en tonos grises, negros y blancos la fuerza que trae y lleva el levante, para unirnos, desde el recuerdo, a esa otra cepa que nos instaló aquí, para Europa y el mundo.

 


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