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Pizzas después de clases

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08-11-2018

Contemporánea novela

  • Estrella vacía
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No quiero que nadie se te acerque. Sé que no te quiero pero no quiero que nadie más te quiera. Como trabalenguas. Como celos chiquitos. Distintos a los que siento por mi novio. De Miguel no siento celos. Yo sabía que tenía novia desde el principio. Quiero saber a quién vas a escribirle poemas de a de verás, cuando sepas qué es un beso, un abrazo. Cuando hayas cogido y sientas que no puedes existir si no la ves mañana. Quiero estar ahí, ver qué pasa, qué cara pones. Cuando eso pase se acabaron las llamadas en la tarde. Y estas pláticas. Eres el único hombre con quien hablo. No quiero que platiques con nadie más.

          Cuando Héctor se queda en el salón mientras ella anda con su novio, Lucía está pendiente, piensa ¿con quién está platicando?, ¿a quién está convenciendo de que la vida es más que los novios y la tele? Lucía llega, lo ve, interrumpe, opina. Termina la conversación y comienza otra. Las amigas de Héctor se van. Las posibles novias se van. No aguantan las miradas que él no ve porque todavía es como niño y no sabe que las mujeres tiran mala onda sin que nadie se dé cuenta. Lucía omnipresente. Quiere descifrarlo. Si con alguien va a perder la castidad, esa, la que importa, la que no se rompe nunca y nunca se recupera, va a ser con ella.

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Primer capítulo

Hacía frío en el aula de ese edificio de concreto gris prefabricado, tan distinto al edificio anterior. La preparatoria 1 con los murales Orozco había quedado atrás, esperando convertirse en museo. Ahora a moverse hasta Xochimilco, inaugurando un edificio que necesita calentarse, que necesita rayones en las bancas y los baños para convertirse en escuela. Hace frío. El profe de biología se ha olvidado de las células. Ahora quiere adoctrinar a los alumnos. Esas mentes influenciables requieren alimento. Mostrarles un camino. Decirles la verdad. Decirles que el gobierno es un gobierno de corruptos. Que la libertad viene de los empresarios. Además de las ganancias les interesa el bien común. Necesitan que el dinero dé vueltas para que regrese más cargado. Por eso son honestos, por eso no hacen trampa. Por eso son eficientes.

          Una mano se levanta. Nunca falta el remiso, el renuente. No profe, también hay empresarios corruptos. Si no hubiera no existirían los monopolios. No acomodarían la ley de ingresos para pagar menos impuestos. No comprarían sindicatos.

          Usted parece muy informado jovencito. Para mañana me trae un trabajo de cinco páginas acerca de las proteínas. A ver si así estudia biología como opina de política. No hay respeto. En el aula hace más frío. Nadie levanta la mano y el profe sigue. Tiene el poder y sabe cómo usarlo. Aquí no hay más ciencia que la mía. Cuando se acabé el gobierno de los burócratas ineficaces habrá mejor nivel de vida. 

          Afuera del salón Héctor se sienta solo. Esa banca está menos fría. El sol comienza a saludarlo. Ella se acerca: pantalones de mezclilla ajustaditos a sus piernas, una chamarra negra y roja, el cabello castaño llegándole a los hombros. La piel, los labios y ese tono de voz entre súplica y orden que pone de cabeza a quienes la conocen. Él la mira con asombro. Esas chavas no platican con nerds. Son novias de gandallas o de chavos con dinero o de chavos gandallas con dinero.

          -¿Por qué le llevas la contra si ya sabes que se enoja?

          Él no quiere dar razones. Si es necesario discutir con los maestros no hay problema. No tiene miedo a las tareas, tampoco a las lecturas, ni a los exámenes. Es un nerd, le gusta leer, escribir, aprender.

          -Me da más curiosidad pensar porqué ustedes no le alegan. Él les tira línea y ustedes calladitos.

          Lucía se queda seria. No está acostumbrada a que le hablen en ese tono. Cuando habla con los chavos siempre tiene la razón. La miran esperando que de sus labios salgan besos y verdades. Otras veces no ponen atención, le miran el pecho y apenas escuchan lo que dice.

          -Es bien enojón. Ya ves, te puso más tarea.

          No los entiende. Vienen a la escuela a escabullirse, a buscar la mejor forma de aprender menos. Lo único que él tiene es la escuela. Debe que aprovecharla. Es el único futuro posible.

          -¿Eso qué? Aprendo más y en el examen no tengo problema. No puedo callarme porque tenga miedo.

          Héctor mira sus zapatos. Unas botas negras que limpia cada noche. Le gusta que brillen, sentir la seguridad de sus agujetas. Lo adhieren al mundo, a la certeza de la tierra. Lucía no sabe qué decir. Está acostumbrada a que la vean y esté se queda mirando sus zapatos. No sabe si es imbécil o ciego o ambas cosas. Pero se aferra a la curiosidad. Siempre dice que le fastidian los mirones y ahora que la ignoran no sabe qué hacer.

          -¿Por qué dices que los empresarios son corruptos?

          Él contesta convencido. No importa que sólo haya leído una parte de la historia, que los datos sean escasos. Habla como si supiera de qué habla, sin temor a los errores. No se calla. No toma aire. Tiene la verdad y la desparrama por el aire. Sus manos siguen a las palabras. Es la convicción adolescente. Es la verdad simplemente. Quién piense lo contrario está totalmente equivocado. Mientras habla mira al frente, perdido en las ideas. No se cerciora de que ella esté escuchando. Pero ella escucha. Pone atención. Nunca ha hablado con un chavo tan clavado en sus ideas. Nunca ha hablado con un chavo más de diez minutos sin que la inviten al cine. Y éste que no para, que se sigue. Le explica, pone ejemplos, hace un resumen y sigue con otro tema. No se dan cuenta que pasó una hora hasta que llegan los amigos de Héctor. Los interrumpen.


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