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Mauricio y unos rumores

Mauricio y unos rumores

03-07-2019

Ciencia ficción/fantástica cuento o relato

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"Mauricio y unos rumores" obtuvo Mención Honorífica en la II Bienal de Literatura "Cecilio Acosta" de Los Teques, capital del estado Miranda, Venezuela, en diciembre de 2017. Contiene siete cuentos, en su mayoría ambientados en la región mirandina de los Valles del Tuy, incluso recurriendo a algunos referentes culturales de esa región, pero sin caer en localismos. Son relatos de ficción, incluso algunos de ciencia-ficción, cuya prosa cualquier lector en cualquier parte del mundo puede disfrutar.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

QUIRIPITAL

(Ficción matizada con hechos reales acaecidos en ese caserío rural tuyero)

La Democracia y Quiripital, han sido unos pueblos, no se diría desde su fundación, sino desde el mismo momento de la denominación de sus nombres, con un hado de desgracia que obra sobre ellos como por causas encadenadas…
Cipriano Alberto Moreno: La Democracia y Quiripital

I
        
Se podría decir que era una miserable imbécil la culpable de su pequeña tragedia, y no sería un comentario machista. Abandonado a kilómetros de cualquier caserío insólito, Rubén desearía haber hecho todo el ejercicio que una vez le recomendaron, desearía no haber pensado que cierto curso de supervivencia totalmente gratis fuera un simple comentario estúpido o una invitación vacua hecha por un perdedor. Luego de patear el suelo y proferir groserías al aire, decidió sentarse sobre la única roca que los helechos permitían asomar, respiró hondo, miró al cielo a través del tupido follaje de los altísimos árboles y trató de recordar la razón por la cual estaba en esa vieja y angosta carretera de montaña, tan lejos de la urbe de la cual ahora se sentía tan dependiente como un morrocoy de su caparazón. Intentó recordar los hechos, paso por paso: el argumento inútil, la bofetada, el insulto aún trepidante en el pecho, la devolución necesaria de la injuria, la obstinación del orgullo atropellado, el absurdamente orgulloso “me bajo del carro”, y la visión rabiosa del corpulento automóvil alejándose con la velocidad de la indolencia. Ahora se da cuenta de la idiotez propia y de los zapatos muy pesados, el pantano grueso, la ausencia del sol en ese preciso instante, los insectos molestos. Detrás, un precipicio hacia arriba; delante, un precipicio hacia abajo. Restos de lo que alguna vez fue una carretera de cemento… decidirá seguramente por algún lado. ¿Izquierda o derecha? Rubén: debes seguir tristemente los interminables surcos, igual sólo tienes dos salidas. Se te hará la noche encima, de nuevo en la calle o mejor dicho ahora sí verdaderamente en la calle. No hay piernas que te cobijen esta noche. Ahora te pesarán no sólo los zapatos, sino también las estrellas en la frente, la humedad en los hombros, el último insulto vibrando en el timo.


¿Qué sucede, negro? ¿Qué fue eso?
No sé, María. Pero oye.
“¡Ay, me arde, me arde, ayúdenme!”
Asómate a ver qué pasó, negro… ¿Qué hora es? No veo nada.
Voy… ¡Mierda!
¿Pero, negro, y entonces? ¿Cómo se partió esa ventana?
Coño, debe haber quedado sentida por la explosión.
Pero ¿qué exploto así?
“¡Ay, me muero! ¡Auxilio!”
¡Ay, María! ¡No salgas a ver!
¿Qué? ¿Qué pasó? ¡Epa, negro! ¿Pero para dónde vas?
¡No te asomes! ¡Qué espanto! Espérame aquí. ¡No salgas!
Pero ¿y cómo me voy a quedar aquí con esa ventana rota?
¡Ya va, coño! Ya vengo. Pon una sábana.
“¡Traigan más agua!”
¡Ay, qué horror esos gritos! ¡Prende una vela que no veo nada!
¡No, no! Quédate aquí en la casa. ¡No prendas velas!
¿Pero qué fue eso que explotó? ¡Espera, negro!...


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