Lytanoh, Lotinmist (OM)

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Lotinmist (OM)

Lotinmist (OM)

17-05-2014

Ciencia ficción/fantástica novela

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Del autor (Lytanoh):

Todos en esta vida, somos como Leowel. Debemos comprender lo importante y primordial que es aprender en cada segundo. Siempre hay algo nuevo detrás de lo que olvidamos, siempre habrá nuevas experiencias volviendo a recorrer los mismos pasos.

Debemos ser valientes y humildes frente a nuestros errores, ser sinceros con nosotros mismos. No debe haber temor al vernos a un espejo y respondernos que somos en realidad, ¿Qué somos nosotros?

¿Somos cuerpo o somos ¿Alma?.

 

Lotinmist está basada en hechos y enseñanzas de veraces conocimientos milenarios, es una novela que nos muestra a Leowel, cuál es representado como toda la humanidad que busca de un cambio, que está harta de los engaños, de los dogmas, esa persona que por tal deseo, empieza a ver todo lo que le rodea de manera diferente y que se enlaza en un mundo nuevo, donde cada segundo es una aventura, donde todo lo externo se pinta de interioridad y viceversa. Entonces, nos damos cuenta que el mundo no es mundo sino mundos y que dentro de uno hay muchas dimensiones en donde se muestra nuestra vida paralelamente.

Entonces, allí vemos a Leowel luchando en los diversos pasajes que la vida le pone, pero vemos que no está solo, allí a aparecen muchos personajes, estos que a pesar de que están en su psicología, toman carne y huesos para representar un divino y brutal drama, cuál representará la salvación o la condenación de Leowel, quién se ve frente a los tiempos del fin, de esa llamada Noche Cósmica.

Entonces, empieza el conteo regresivo en donde  Leowel empieza a investigar quién es y descubre que dentro de él, su alma tiene una vida propia y un nombre, es un Dios y que de él depende el futuro de su raza, más no es tan fácil porque debe despertarlo y para esto, reunir muchos triunfos. Así, la Magia, la religión y la ciencia se unen en los varios personajes que ayudan y destruyen el camino de Leowel, los Magos, los creyentes y Dioses, la Kabala y la alquimia empiezan a formar parte de la vida de tal confuso muchacho.

 

Así, como su mente, su corazón y su sexo hacen de las suyas, mostrando a Leowel de su letal enemigo; pues, así como en las escrituras antiguas, el infierno os espera con un gran demonio que ¡Oy sorpresa! No está en ningún lado, más que en él mismo y es ese “Cerberos” cuál traga de su Alma y los ata a las imperfecciones que lo alejan de ser un Dios.

Aquí empieza el sendero de Leowel, el estrecho camino y las tentaciones peligrosas, la pelea del bien y del mal, de las logias , de los Dioses, todos unidos para construir un nuevo Génesis, bueno o malo, por la conquista de aquella alma, de aquel Dios y su especial poder,  por Eclipsum, el Ocaso, la llave del triunfo y por Leowel su cuerpo físico, quién condenado a tal arriesgada misión esta.

¿Podrá ser que en nuestro mundo un próspero Génesis se levante con júbilo?.

 

Posd: Esta Novela esta en etapa de correcciones, por ello, les ofrecemos hasta el capitulo 21. Son 30 capitulos llenos de gracia, misterio, aventura y ficción. Además de que tiene sus ilustraciones y datos. Visitanos en nuestra galeria.  https://www.flickr.com/photos/tanolutelfus/

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

«Padre… que es aquello que no comprendo y me causa tanto temor.»

 

«COMIENZO DE UN SUEÑO.»

La profunda voz inundaba la oscura sala, el inestable tono se mezclaba con la nostalgia, la valentía y el recelo, más, aquel, levemente volvía a darse frente, llevaba su mirar hacia arriba, ahí, donde flotando, observaba un fenómeno extraordinario, una neblina llena de terribles truenos y mortal ráfaga, tan fuerte, que aturdía su confundida alma, más aún, cuando tal cosa no era estática, poseía una dulce voz, cuya amenaza y seducción, se acercaba rápido, casi imperceptible para aquel hombre guerrero que con ojos asombrados deslumbraba lo ocurrido.

 

Jamás había sucedido algo parecido dentro de su mundo.

 

Él se encontraba solo, más no débil, por ello, unió todo su valor para vencer a la cosa que se le avecinaba, aquello que de inmediato tomó una forma feminoide, esta cuya belleza era anhelada por cualquier mortal, del encanto del mismo Dios y la maldad del mismo Diablo. Sin embargo, el hombre no retrocedía, aun cuando ella asentaba sus pies en la tierra, escondiéndose entre sus tinieblas y avanzando a la velocidad del rayo.

Sin embargo, triste fue lo que sucedido, él al ver sus ojos, decayó.

 

«Padre… que se haga tu voluntad, más no la mía.»

 

Los delicados dedos de la venenosa mujer acariciaron el rostro de este, ella, ansiosa, bajaba hacia su corazón agitado, besaba sus labios y danzaba, cuán serpiente blasfema que se deleitaba con la vida del Dios que pronto caería.

«FIN DEL SUEÑO.»

 

Más esta, era una de las varias visiones, misma, que se disipaba lentamente, transfigurándose con el viento, con la luminosidad de la incipiente mañana, cuál levantaba, al igual que con todos, a Leowel, aquel joven de cabello opaco y ojos celestes.

        ?Otra vez ese sueño. Murmuró el blanquinoso, cuál no quería levantarse. ?No entiendo, ¿Qué significa este ciclo de pesadillas?. Pensó al asomar su rostro tras la sabana y chocarse con el brillo de la resplandeciente luz, esa que daba paso a la silueta de su joven madre.

 

        ?Jovencito… en Londres te podías levantar tarde, estamos en Rumania. Además, aunque sé que en todas estas semanas no has dormido nada, no sé porque… te levanto, porque Viorel vendrá a verte, me ha llamado para avisarte. …según, es un acuerdo de ambos. ¿Tareas?. Dijo la mujer llamada Christina, aquella de cabellera cobriza, mieles ojos y dulce sonrisa.

        ?No me he fijado de la hora. Excusó Leowel, quién obviando sus preocupaciones, se dio paso para ir al baño y alistarse. La mujer le miraba fijo, no dejaba de lado su preocupación, su hijo, desde hace un tiempo atrás, había cambiado mucho. Aquella, temía que su hijo deje de ser quién era, un Lutelfus.

  « Lutelfus, una de las familias heráldicas inglesas residentes en Rumania, en donde se había establecido la “Winter Rose” ciudadela campestre que estaba a unos kilómetros de Buzâu.»   

 

        ?Leowel no te tardarás con Viorel, recuerda que has prometido a tu prima, acompañarla a la residencia Malckövich, hacia sus prácticas con su tutor de canto. Cornellia, se ve alegre de ser parte del evento. Exclamó Christina, lo suficientemente alto, como para avisar a su hijo, cuál, rápidamente salía del baño.

        ?¿Alegre o presionada? Como tal evento es internacional, los docentes nos explotan. Así como lo hace la profesora de Cornell, también lo hace Armander conmigo. Comentó Leowel.

        ?De igual manera, esta vez no pondrás impedimentos, irás con Cornellia a Sinaia.

        ?No es por Cornell… ¿cómo podría negarme ante mi amada prima? …es su tutor, no me agrada, tiene algo diferente a los demás… Murmuró Leowel a la vez que bajaba las escaleras junto a su madre, ambos hacia el comedor, donde se sentaban a comer.

         

Un soleado, pero frio primaveral adornaba la Winter Rose, con la tranquilidad de un fin de semana, ese cuál se pintaba de soledad a las primeras horas de la mañana.

 

        ?¿Qué es todo esto? Porque no hallo una respuesta, lo suficientemente lógica como para calmar mis ansias... ¿Qué significa lo que estoy viviendo y sintiendo ahora? Estoy en la nada.

Christina veía a Leowel encerrado en sus pensamientos, ¿Para qué preguntar por sus estudios o por la comida?. Su hijo estaba ausente, clavado en el enorme ventanal, este que le avisaría la presencia de su amigo Viorel, quién no demoró en avecinarse, aquel distraído, avanzaba con el móvil plantado en su oído, este no intuía la impaciencia de Leowel, quién dejando a su madre a un lado, se apresuró a verle. 

 

La mente de Leowel era repleta de imágenes, de aquellos sueños inexplicables que se daban en cada noche, estos, que dejaba a las tribulaciones diarias, en problemas sin importancia. Ya nada molestaba a Leowel, al menos que se trate de Dragonell, a quién le atribuía todo lo malo que le pasaba en su vida. Dragonell, era su tío, el padre de Cornellia.  

        ?Estoy seguro que él ha hecho algo para conmigo… Él es tan igual a ese Aleksandar, el tutor de Cornell, ambos siempre logran despistarme. Refunfuñó mientras se acercaba a Viorel, aquel que aún de espaldas, se concentraba en cortar con su efusiva conversación telefónica.

 

        ?…Ross, ¡ya tranquilízate!, todo está en perfectas condiciones… no debiste comunicarme de tal manera, me causarás problemas… necesito de tu paciencia, todo nos saldrá de acuerdo al viejo plan. Exclamaba el castaño por cuyos lentes asomaban sus verdes ojos, cuales no se reflejaban alegres, contrario a ello, estaba preocupado. Y Leowel, sin prestar atención, dio una palmada en la espalda de su amigo, este que sobresaltó ante su cercanía, de inmediato, aquel cortó bruscamente la llamada y dando una nerviosa sonrisa, le saludó. 

Ambos entraron a la casa y luego de la cortesía como al igual que la plática, se retiraron hacia la librería, el lugar preferido para tales ratones de biblioteca.

 

 

        ?Yo no lo he olvidado.?Y dejando los libros a un lado, Viorel se adelantó.?Dime, ¿sigues disgustado con tu tío Dragonell?.

        ?No es enojo, se llama investigación. Respondió indiferente, a la vez, que sacaba una pequeña libreta de apuntes, donde guardaba notas de rango personal, mismas que a menudo compartía con su amigo. Leowel, era un chico cuyo pasatiempo preferido era buscar cualquier tipo de misterio en donde, según los demás, no lo había.

 

        ?Empero, más importante que Dragonell, es aquello que está pasando… los sueños y las cosas que estoy empezando a descubrir. Viorel, las dudas me asesinan, tanto, que mi psicología existencial se ha apoderado de mi cabeza… pienso que mi alrededor es una real pesadilla. Ya nada llama mi atención, todo me parece tonto, fantasioso. Expresó Leowel confesando, por fin, sus inconvenientes a Viorel, aquel que con un suspiro, se mantenía atento al otro.

 

        ?Es ese mismo sueño, el mismo hombre, la misma mujer, el mismo mundo desconocido y distante pero a la vez cercano e íntimo. Es como otra realidad alterna, un mundo paralelo que veo dentro de mis sueños.

        ?¿Como una vida o mundo espiritual?. Interrumpió Viorel, aun cuando sabría que Leowel no compartiría de sus opiniones.  

        

        ?¿Crees aun que Dragonell y Aleksandar tienen que ver contigo? Sabes… lo he estado pensando… recuerdo la curiosa la charla que me contaste, esa en donde esos dos se cruzan palabra en medio de Cornellia, sugiriendo que se conocen, es fría e informal… Me ha llamado la atención. Expresó Viorel con algo de interés, este que también se unía a Leowel y sus eternas dudas hacia su enigmático tío y el misterioso tutor de Cornellia.

 

Sin embargo, sus interrogantes tendrían que quedar para otro día; pues, la puerta se abría y no solo con Christina, sino también, con aquella jovencita pelinegra, Cornellia, la de grandes ojos grises y alargada sonrisa. Esta que con su eufórica personalidad, levantó a sus amigos con un gran abrazo, esta les apuraba no quería llegar tarde a su reunión.

 

        ?Que bien que esta vez no me hayas puesto obstáculos para acompañarme, Loe. Dijo Cornellia, abrazando a su primo con fuerza. Este se zafaba con dificultad, afirmaba que no lo hacía de mal, él tenía muchas cosas que hacer, igual que ella.

        ?Yo sé mucho de ti, así no me cuentes… ?Cornellia fijaba su caprichosa mirada en él.?Sé que le debes una enorme pintura a Armander y que aún no la terminas, te matará, Loe.

        ?Tú no sabes muchas cosas de mí, Cornell… además, escuche que mi tío ha salido a la capital y que no regresará en días… ¿Quién te dio permiso para que salgas de la ciudad?.

        ?Mi padre se lleva bien con Aleksandar… y Augusto nos llevará, no pasará nada. Dijo ella. 

 

        ?Loe esta celoso, Cornell. Interrumpió Viorel abrazando a la joven, armando una pequeña discusión de la cual, Leowel, salía avergonzado.

        ?!Pero quién ha dicho que no iré!… ¡Igual iban a obligarme si me negaba!… Expresó aquel, que sin más retrasos, se despidió de su madre y se subió al carro junto con los demás. 

 

 

Eran dos horas y media hasta llegar a Prahova, Sinaia, donde se encontraba la residencia de la antigua familia, originaria de Rumania, Malckövich.

 

Y todos, ante el viaje se llenaban de la lluvia de palabras y preguntas. ¿Cómo has estado? ¿Qué ha pasado con tal? ¿Por qué pasó esto o aquello?. En fin, esas conversaciones que abrumaban a Leowel y le hacían abstenerse a compartir, aquel solo se aferraba a la ventana y a su paisaje, que tras la velocidad, se distorsionaba rápidamente. 

 

        ?Leena es tan simpática… me da pena que ya no trabaje junto a ti en la presidencia… no es que no le tenga paciencia a Andrei, pero, él no es como Leena. Hablaba Cornellia a Viorel, este que le seguía detenidamente con cada frase.

        ?Sí, pero se determinó aquello, además aunque nos llevábamos bien con Leena, muchos creían que teníamos ideas diferentes. Contestó Viorel, confesando de sus arduas situaciones estudiantiles, Cornellia sonriera algo resignada, Leena era su mejor amiga.

Empero, aun cuando ambos jóvenes parecían estar distraídos, estos no quitaban ojo encima de Leowel, quién entre el silencio, pretendió que dormía plácidamente.   

        ?Christina me dijo que no ha dormido bien durante un mes… ¿Qué clase de sueños tendrá mi primo, para que se enferme de tal manera?. Murmuró Cornellia para sí.

Pero, Leowel seguía en su charla interior.

        ?Si Dios es diferente a uno, porque lo apretarían cosas tan humanas… me pregunto, tal vez por el sueño que tuve… qué es lo que une al hombre con Dios… pienso que aquel que vi no era tan diferente a mí. Pensó repitiendo en su mente la escena varias veces, mil preguntas similares abundaban, unas más difíciles que las anteriores.

 

Más, en aquel momento de abstracciones, el auto se dio un sacudón, tras tropezar con una piedra que estaba en el camino. Los jóvenes junto al anciano veían el escabroso ambiente que estaba por detrás de la avenida principal, ahí donde había más árboles que casas, donde la tarde, ante la sombra de las ramas, estaba ausente.

 

Y el auto estaba parado en medio de una bifurcación, ninguno, que no sea Leowel, parecía alertarse, más bien esperaban de la señal anunciada por Aleksandar. “A que el ultimo rayo de luz, en el horizonte, se apagase”. Más, Leowel volvía a expresar su desconfianza en él.

        ?Cómo puede citarte en la tarde ¡nos ha tomado la noche!. Porque nos hace esto, siempre nos pone cosas extrañas… ahora debemos esperar a que unas “raras lucecitas” sean nuestras guías en la oscuridad. Criticó Leowel molesto, hundiéndose en su asiento, dando un suspiro.

        ?Parece magia… ¿no verdad Leowel?. Expresó Viorel acercándosele burlón.

        ?Yo no sé de qué me hablas. Respondió el otro cortante y escéptico.

 

No obstante, tras las aseveraciones de Leowel, lo dicho por Aleksandar se cumplió y fue dentro de uno de los dos caminos, que unas pequeñas y azuladas luces se prendieron, parecían flotar o amarrarse de las ramas. Ellas, eran la señal para continuar y por ello, Augusto encendió el motor, presto a pasar por la casilla de información y después, por los verdes jardines que tenía la gran ciudadela, ahí donde una mansión, cuál castillo, era la morada de la familia.

La armoniosa melodía de una guitarra viajaba por el área que les dirigía a un parque pequeño, lleno de rosas que adornaban la glorieta de madera, allí estaba Aleksandar, el joven cantante, que se hamacaba junto a la brisa.

Los ojos de Cornellia brillaban ante este de cabello platinado, era mucho el tiempo en que no se habían vuelto a ver, la chica estaba entusiasmada y fue la primera en bajarse a saludarlo; sin embargo, Leowel no se quedaría ahí, dio media vuelta expresando a su prima que la esperaría del otro lado. Más, Viorel al terminar de saludar, lo alcanzó en pocas zancadas.

 

«Dos horas, era aproximadamente el tiempo que solían durar las citas musicales de la joven.»

 

Y ambos jóvenes, avanzaron hasta un grupo de bancas que rodeaban una marmolada escultura donde se posaban algunos búhos que se alumbraban con la indefinible cantidad de luces, que parecidos a las Luciérnagas, se encendían lentamente.

 

        ?…Tu sabes que los sueños nos presentan la naturaleza de nuestra psiquis, la realidad de lo que somos, lo que vivimos o lo que pensamos constantemente el nuestro físico. Expresaba Viorel hacia el preocupado Leowel, quién se prendía de los ojos de los búhos. ?Pero, tú me dices que esto no tiene nada que ver con tu mente ni sentimiento… pero a la vez, que es otra vida en otro mundo… ?Viorel miraba fijo y serio a Leowel.?¿Y qué pasa si es así?.

Leowel devolvía su atención hacia Viorel, ambos se conocían muy bien, llevaban una amistad desde la infancia, esa que les permitió compartir muchas cosas.

        ?Son solo sueños. Respondió Leowel.

        ?Los sueños no son solo sueños, tú sabes muy bien que este es una dimensión que tiene el hombre para hablar con Dios, en esa en donde descubre lo oculto… es el universo de Hod, el viejo hechicero de los deseos. Exclamó Viorel molestando en gran manera al insaciable Leowel, quién con sus tanta lógica negaba sus ponencias una y otra vez.

        ?Has hablado mucho de ello durante este tiempo… ¿!Qué tratas de decir!? Crees que lo que me pasa incluye como punto central, la magia. Reclamó interrumpiendo las palabras de Viorel, quién sin protestar, cambió el tema, este junto con un suspiro, le pedia a Leowel le cuente de la famosa platica entre Dragonell y Aleksandar.

 

Leowel no se quedó, abrió su boca y empezó contar; abrió su mente y empezó a recordar.

«COMIENZO DEL RECUERDO»

Era una noche en la que Aleksandar accedió a acompañarnos a la casa, había tantas estrellas como en ninguna, el rubio no necesitó anunciarse; ya que en el portón de la puerta, Dragonell nos esperaba. Y sus miradas no demoraron en clavarse el uno al otro, pero nadie habló hasta que Cornellia lo hiciese, justo después de soltar mi mano (Leowel).

        ?Padre… he regresado a ti. Mencionó Cornellia llegando en frente de Dragonell.

       ?Porque me las traído, no la quiero. Más, aquel se dirigió hacia Aleksandar, cuál dijo.      

        ?Porque es necesario. No puedes negarle el paso, es tan tuya como mía, recíbela porque es tu única salida, nunca sabrás cuando puedas despertar. Respondió Aleksandar.»

«FIN DEL RECUERDO»

 

        ?Yo estuve en medio de los tres, boquiabierta… nadie me dio explicación. Soltó Leowel aún aborto de su remembranza, este contaba que desde ahí empezaron sus pesadillas.

        ?No parece que te hayan jugado una broma. Contestó su amigo.

        ?Yo ya no creo en la magia, Viorel, fue una etapa de nuestra niñez… pero no estoy seguro si es que estoy equivocado… me dirás que sí y yo que no; pues, tu defiendes lo que vives, pero, me has ganado, he revisado todo lo matemático y psicológicamente posible, nada se atribuye a mí, a Leowel… ¿me entiendes?. Habló algo confundido pero muy seguro, Viorel sonrió.   

        ?Tú eres tú, eres Leowel y sí no es con Leowel, pero es contigo ¿Quién eres?. Preguntó con la finalidad de cortar con la presión de  su amigo.

Y así continuaba la conversación, esta duró por largo tiempo, en la cual, Leowel cada vez se resignaba a confiar en Viorel y su involucrada magia.

 

        ?Bueno si es magia, ¡destruye el hechizo que me lanzaron!. Porque no aguanto, ya no es solo en sueños que escucho chillidos o veo demonios, ahora también cuando estoy despierto, los veo entre la gente. Todo tiene manchas simétricas, negras y blancas. Contaba Leowel.  

        ?Como el bien y el mal. ?Interrumpía Viorel.?La Magia no es maldiciones o poderes, es la vida ocultamente vivida, es lo misterioso de instante en instante…

        ?En mi sueño, el protagonista era un Dios… ¿Yo soy ese Dios que está dentro de un simple humano?... ¡Estas son locuras!. Aseveró Leowel y Viorel quedaba pensativo. ?Después de todo eso es lo que muchas religiones predican… que Dios está en nuestro corazón, tal vez hay que tomarlo más en serio. Pregonó Viorel sereno.

 

        ?Que haré si Dragonell y Aleksandar son magos y están contra mí… ¿Cómo utilizo magia contra ellos? ¿Cómo les venzo?. Murmuró Leowel y Viorel vigilaba a Cornellia.

        ?¿Cómo sabes que están a tu contra? Mmm… ¡es un enredo de ideas!, pero te aconsejo algo, habla con Hod, él lo sabe todo y de su mano la sabiduría fluye, pero ten cuidado, sabes, nunca aprendió a discernir el bien del mal. Solo él te puede cuidar… ve con Hod. Dijo Viorel decidido y serio. Leowel, daba otro de sus pesados suspiros, pero después de todo, ya no tenía nada que perder.

 

 

La luna llena aparecía de entre los nubarrones, ambos guardaron silencio por varios minutos; pues, intuían que la práctica de Cornellia, había culminado. Y por ello, Leowel sabía que debía acercarse a Aleksandar, a saludarlo y compartir palabras. Estas que no demoraron mucho, más el joven rubio, muy amable les acompañaba hacia el auto.

        ?Leowel, deberías venir más a menudo. Aconsejó Aleksandar al ver que este se retrasaba a recoger las cosas de su prima. Leowel, intentando convencerse de su cordialidad, estiró su mano para despedirse, él agradecía su invitación, más Aleksandar le detuvo un momento.

 

       ?Hoy será una noche distinta… es el comienzo de una nueva estación, hace más frio que de costumbre… y se dice que cuando eso pasa, las tinieblas vuelan por todos los cielos, debes tener cuidado de tus actos, aunque destinados son, nunca se debe dejar de ser precavido.

Leowel no respondió, pero, estudió su semblante al arrancar el carro. Aleksandar, les veía irse, más con su dedo, le señaló el cielo, allí una estrella brillaba más que cualquier otra.

 

Leowel cerró sus ojos arrimándose al vidrio, era insólito lo que había pasado, nadie le había visto. Empero, ya no había tiempo para conversar; pues, Cornellia y Viorel eran adormitados entre el aroma nocturno, ese que también era contagiado hacia Leowel, cuál cerraba sus ojos.

Más, aquel, en sus últimos momentos de vigilia, afirmó su veredicto, haría caso a su amigo e intentaría salir del sueño de su sueño y volar hacia el ficticio pero real mundo de Hod.

        ?Que le hace pensar a Viorel que estaré consciente de que es un sueño. Pensó Leowel sin dejar de ubicarse y recordarse a donde iría.

      

Sin embargo, nada pasaba y sus memorias e ideas se mezclaban entre el tiempo y el espacio, era en un momento ayer y luego cinco años antes. El joven estaba en la nada, flotando entre sus demandas, llevando respuestas de Viorel y de libros por todo lo ancho de su ser.

 

        ?Pero… ¿Quién es Hod? Es el Rey del mundo de los sueños, algo infantil que me contaba mi madre… pero algo que al crecer, comprobé con Viorel... Balbuceaba dejándose llevar de su cansancio. ?El humano tiene cuerpos, mundos y sociedades, como la física, esa que con Viorel, llamábamos Malchutl. Y la mente de Leowel se estremecía, viajando entre los años y las horas, este parecía escuchar la infantil voz de Viorel, en cuál lejana vez, jugando en el laboratorio, le explicaban con gotero y cedazos, los siete pasos dimensionales de lo invisible.

 

Ante una torre de siete pisos divididos por coladores, cuyos orificios se cerraban al acercarse a su base, era expulsada una gota que contenía una diminuta pepita.

«?…El hombre posee Espíritu, Alma y Cuerpo… el espíritu esta siempre con nosotros, porque es el halito de la vida, el Alma es la que nos permite conocer la verdad y el Cuerpo es el auto de la vitalidad; es el que nos da existencia temporal, para ser el alimento de lo divinal.

 

 Entonces, cada área tiene un mundo y un Rey que le dirige… La Materia tiene la vida, más aunque son diferentes, conviven simultáneamente dividida entre los dos Reinos del cuerpo que son el de Malchutl que es donde vivimos y su gemelo, Jesod que es la energía y lo Eterico que mueve a la materia.

Aquí la pepita de nuestro experimento, que simboliza al físico, queda varada y solo pasa el líquido que expresamos como el Alma, esta que también tiene sus Reinos.

 

Los Reinos del  Alma, son Hod, el mundo de los deseos, donde los magos vuelan en el tiempo y hablan con los Dioses. Y por último, está el de Netzah que es la mente, cual nos conecta al Cosmos y nos da la inteligencia que está más allá de la carne. 

Aquí vemos que la proporción de la gota disminuye y casi un poco de líquido es el que pasa al otro cedazo, esto es casi aire, es representado por el Espíritu.  

Cuyos Reinos son Tipheret, Geburah Y Chesed, cuales son los paraísos que Dios ha puesto para quién es completamente un mágico humano...»?

     

Y Leowel se había quedado completamente dormido, enredado entre su pasado y en aquellos momentos que compartió con su misterioso amigo, ese que siempre buscaba un instante para enseñarle de sus raras creencias, esas que siempre pintaban la vida de Leowel de un color más intenso y vivaz.

 

 

Más, ante la cercanía de su destino, Augusto, empezaba a despertarles. Poco a poco, Cornellia y Viorel se reponían de la pereza y abrían sus ojos hacia lo que era la entrada a la Winter Rose, su hogar. Viorel no se atrasó al despertar, de igual manera, a Leowel.

Cuál se sobresaltó al verlo; pues, este no podía creer que recordase tal antiguo momento.

        ?Leowel… parece que Dragonell ha llamado y Augusto debe irse a…

        ?Viorel ¡La magia existe! No he visto a Hod, pero pude ver algo que había olvidado hace mucho… o quizás, eso haya sido producto de mi imaginación. Exclamó Leowel, siendo callado por Viorel, este suspira ante su alardeo de lógica y terminaba su comentario, Augusto iría a entregarle a Dragonell unos paquetes, ellos, se quedarían en el portón de la ciudadela.

        ?No vuelvas a hablar tan descuidado, alguien te podría escuchar. Murmuró Viorel.

        ?Ahora tengo mis ideas más claras, pero a la vez tengo un camino desconocido… sé que si lo que me abruman son los sueños, en la misma área, lo averiguaré. Determinó Leowel.

 

Más, en ese momento, Cornellia bajó del auto y se enganchó del hombro de su primo, esta le pedía que le dejase en su casa, ya era tiempo de que le consienta. Leowel, sin más, aceptó.

        ?Mi primo adorado, ¿No te parece injusto Viorel, verlo solo en clases?. Dijo Cornellia a la vez que zarandeaba a Leowel dándole ligeras vueltas mientras empezaban a caminar.

Viorel sonreía, miraba de reojo al pensativo Leowel, este se sentía dichoso de que su amigo se vea animado, más, su voz cortó con el instante. Viorel anunciaba que no podría acompañarlos a la casa; pues, este tenía una reunión a primera hora y debía organizarse.

        ?Ya me debo de ir… pero de seguro que hablaremos más tarde. Dijo al retirarse.

 

Entonces, Leowel quedaba con Cornellia, esta que veía con tristeza la lejanía de Viorel.

        ?¿Qué sucede?. Preguntó Leowel mientras apretaba su mano, regalándole una sonrisa.

Más, ni con eso, el rostro y el silencio incomodo de Cornellia pasaban.

 

        ?Leowel, no te das cuenta de que está sucediendo… ya no somos los tres, se ha roto aquel enlace de hermandad, me siento sola. Sin embargo, tras los minutos, la voz de Cornellia brotó y esta golpeó fuertemente los sentimientos de Leowel, quién no pudo más que abrazarla.

        ?Siempre seremos los tres, solo que a veces tú no estás y Viorel pasa ocupado como para atendernos, son obligaciones… pero te queremos mucho Cornellia. Confesó Leowel a la vez que levantaba la barbilla de la muchacha, era en ese rato que ambos veían el firmamento, era ahí que la estrella de Aleksandar aun reinaba el cielo. Leowel la miraba fijamente.

 

        ?Cornellia, fuimos, somos y seremos los tres. Te lo juro con mi vida. Prometió aquel, quién posó un beso sobre la mejilla de Cornellia, esa que abrazándole fuerte, le despidió.

         ?Ok, lo has prometido Loe, la palabra de un hombre es inquebrantable. Muchas Gracias, mándale un beso a Christina de mi parte. Mencionó ella al entrar a la casa.

 

 

Y Leowel, ante su ausencia, mostró cierta fatiga, no quería ser un peso para sus amigos. Pero, nunca imaginó que un bizarro sueño cambie segundo a segundo su vida y pensar.

          ?Ella se preocupa más de lo que yo me pueda preocupar por mí mismo... Murmuró a la vez que caminaba tras el jardín, eran ciertas las palabras de Cornellia y lo sabía. ?Todo cambia tan rápido, que a veces da temor. Leowel suspiraba fuerte al mismo tiempo, que volvía a ver la bóveda gobernada por la estrellas de Aleksandar.

         ?¿Es una noche mágica? ¡Que parta un rayo!, dame una respuesta, ¿!Es que nadie me la puede dar!?. Exclamó Leowel, este que estaba a punto de bajar su mirar, cuando, de repente, el lucero que contemplaba empezó a moverse, esto causó en el joven, gran asombro.

Sin embargo, la luz se apagó y dejó de vuelta la oscura noche, esta que trajo gran ventarrón, tan fuerte que botó a Leowel, mas aquella, no andaba sola, esparció consigo una seca voz, está muy similar a Dragonell.

 

Más este al voltear, no encontró a nadie en los alrededores ni en la casa, empero, aquella voz se había oído lo suficientemente cerca, como para provenir de aquella, así que para corroborar la suposición, este se agazapó y esperó por unos minutos.

Su ritmo cardiaco se aceleraba, no conseguía explicar cómo el simple sonido del sujeto podía generarle semejante intriga, pensaba en su dicha ausencia, como también, si fuese errónea su hipótesis, porque se ocultaría de tal manera misteriosa.

 

 

? ¡Arcano, no eluda lo señalado! ?.

Este clamor, confirmó finalmente el hecho; no había sido solo una impresión, era Dragonell y con ello, Leowel encontró el preciso lugar del cuál provenía el barullo. Aquellas voces surgían bajo el suelo, allí entre el césped, había una tapa metálica, cuál tal vez, podría conducirlo a un sótano. El muchacho había visitado, entrado y recorrido la casa desde que era un niño y jamás en todo ese tiempo, en la residencia “Dragonell L.”, había existido un subterráneo, ni nada que se le pareciese.  

 

?…Mi Señor, pero yo y él hemos fallado muchas veces.

…Llego a pensar que aún no es tiempo; sin embargo, usted ha aparecido hoy,

Su flama veo y esta me enseña el futuro… la Noche Cósmica.?

 

Más, robando la atención de Leowel, el verbo de una mujer temerosa, emergía con misticismo.

Aquella conversación abría un hueco en el corazón del joven, este afirmaba la semejanza de un amo con su sierva, tanta devoción era imposible y el solo pensarlo desubicaba en todo ámbito al chico, quién aún seguía concentrado.      

 

 

?… Indecisión, tú lo has dicho, en todos lados se lo sabe.

Esta Noche es distinta a cualquiera que hayan visto, no deben fallar;

Pues sí lo hacen… todo se acabará, lo quiero a él aquí, sin el crio nada podrá

Florecer. Asi será cueste lo que cueste.?

 

?! Mi Señor!, su voluntad se hará cueste nuestras vidas.

Pues; escrito está, al tercer día de la luna llena, la ceremonia tendrá

Su apogeo y a muerta voz llamaremos a su asistencia.

Señor, su venida al mundo, no será en vano. Usted ganará esta Noche, teniendo al crio y mediante la ceremonia, a los Catalys de Noc…

Pero antes de completar sus frases, Dragonell, quién escuchaba a la mujer, tomó palabra y la calló. Este fue un momento en donde todo se envolvió en el silencio.

 

?…Rossana, espera, has hablado de más. ?

El ensordecedor sigilo apagaba con cualquier sonido, todo alrededor de Leowel se embarcaba en una densa atmosfera, esta que volaba hacia su cuerpo y lo aplastaba contra el suelo.

He aquí que el asfixiante Leowel nunca notó que las manecillas de su reloj giraban veloces, a veces se detenían, otras se retrocedían. Aun cuando tal fenómeno duró segundos, para él, fue un momento eterno.

 

Más, luego de esto, levemente volvía el movimiento a su cuerpo, sin embargo, Leowel no huyo, este con un impulso de sedienta curiosidad, dejó caer su oído sobre la rejilla, para de vuelta oír a Dragonell y a la mujer que por más, que rompa su cabeza, no sacaba parentesco.

 

?Que así sea, no falles Rossana, demuestra que eres un Arcano de mi Reino. Os bendigo a ti y al Jerarca… Pronto será la gran lucha, el explicable momento del misterio. La Noche Cósmica ha sido declarada por los Dioses.

Cuando la luz muera a su límite, su invisible espíritu brillará en soledad,

Ahí, Fiorel podrá vestirse de mi cuerpo y de mi poder. ?

 

?Bendito usted señor, por venir a mi llamado.

Os prometo que cuando las estrellas se alineen. Usted escuchará en compañía de Kristevah, los horrorosos estruendos del cielo y la melodía de angustia del Pentaviratum. Su hermano volverá a usted.? Exclamó la mujer terminando con la conversación.

 

 

Leowel estaba asombrado, pasmado, eran sus piernas temblando, él conocía de lo que se hablaba, eran muchos de sus términos utilizados en viejos libros de magia, de esos con los que estudiaba con Viorel.

         ?¿Pentaviratum? ¿!Es que realmente existen!?... Murmuró trayendo a su memoria todos esos episodios infantiles y esas noches en velas. Él siempre soñó con el Pentaviratum.

         ?Viorel y yo queríamos ser como ellos… los magos más poderosos de la Tierra… Dragonell ¿Cómo les conoce? Y peor aún… ¿Piensa derrotarlos?.

 

«Notis Peun Marlock» -Notas de un Mago- Capítulo 5 -Quinta sección-

Pasaje del 1-10. “…Pentaviratum…”

…Unión física de las poderosas puntas del Pentalfa,

Forjado humanamente por el terrible Mago alquimista, Abel Malckövich

(1458) Ante la Santa Inquisición, en Europa.

… Fortaleza que protegía a los Magos Arcanos, Regente y Mayores, junto con sus discípulos adeptos, llevándolos, por voluntad de los cielos, a otras dimensiones desconocidas por el hombre e incluso a otros planetas.»

 

 

         ?De qué habla Dragonell ¿Qué es lo que me ha ocultado?… podría ser esto lo qué siempre busqué, y es ahora, después de tantos años… Pensó mientras levemente, ante tanta presión, miraba el firmamento que se llenaba de nubes.

         ?¿Un Reino? ¡Desde cuando Dragonell tiene un “Reino”… y un ¡Arcano! Es que esto es increíble. ¡Debe ser broma!. Exclamó con sonrisa incrédula. Sin embargo, el sonido de unos pasos junto al portón de la cerca, se hacía presentes. Era Augusto, quién calmado regresaba de sus encomiendas.

Leowel, no esperaba la llegada tan pronta del anciano; pues, hasta Bucarest, eran casi cuatro horas de ida y regreso. Imposible estaba para él, pensar que regresaba con los paquetes, más al revisar la hora, quedó petrificado, había transcurrido todo ese tiempo.

 

 

Entonces, con fuerte impulso, Leowel corrió con la velocidad del rayo, este no contó las calles, su respiración se agitaba y no paró hasta que sus pies lo pidieron, este, cansado se sentó sobre una de las bancas del parque dorado, el más hermoso de flores amarillas.

 

         ?El Pentaviratum existe, la magia existe, ¡los Arcanos existen! Debo estar volviéndome loco… ?Respiraba hondo.?¿!Quién es Dragonell!? Siempre me ha parecido incomprensible, pero nunca pensé algo así… ¿¡Cuál es su fuerza!? Él piensa derribar al Pentaviratum, la gran fortaleza angelical, llena de Arcanos, cuya fuerza va más allá que la de un humano, son Magos celestialmente especiales. Exclamó Leowel hundiéndose en sí mismo.

 

Lentamente, entre las horas, Leowel quedaba en silencio interno, profundizado en su reflexión y en la aparente paz que la madrugada le brindaba. Leowel comprendía que no podía solo, que debía llamar a Viorel y este no demoró en hacerlo.

 

 

        ?Leowel, no dudo de tus palabras… pero ¿un Arcano? Ellos son seres elevados, sagrados, jueces de los mandamientos, son divinos, por eso estos son las cabeceras de los Reinos y del Pentaviratum.

         ?Y la Noche Cósmica… ¿es el fin?. Interrumpió a Viorel, quién con un suspiro, asintió.

         ?¿!Pero cuantas veces nuestro mundo se piensa acabar!?, para cada fecha hay una excusa diferente. ¿Es cierto la Noche Cósmica?… ¡yo no creo! .Aseveró Leowel confundido.

 

         ?La Noche Cósmica representa el final de una raza u era… es el apocalipsis ¿entiendes?, claro que no es como lo pinta el mundo, es distinto; pues, este no se guía de la humanidad ni de la Naturaleza, ella aparece por un solo hombre, por alguien en el cual está centrado.

         ?!El crio!. Interrumpió Leowel nuevamente.

Viorel quedó quieto tras el móvil, analizaba lo escuchado, conocía muy bien a Leowel y temía porque se involucre demasiado, esto aparentemente no era para un mortal normal.  

 

         ?La Noche Cósmica es la incesante batalla del bien contra el mal, lo hacen así para construir un nuevo Génesis. Habló Viorel.

         ?Yo comprendo, lo sé… al menos teórico… pero lo entiendo. Yo jamás pensé que esto...

         ?¿Seria cierto?... el mundo lo piensa así, pero he aquí que un día nos damos cuenta que la realidad, no es la que vivimos, sino la que ignoramos. Viorel sonrió, sabría que Leowel haría caso omiso a sus advertencias, por ello, le dio un consejo, no le dejaría solo en tal caso.

 

Y dicho esto, ambos cortaron la llamada. Leowel estaba confundido pero algo si sabía, se iba a enredar en todo de esto de alguna manera.

Sin embargo, Leowel veía la hora, era más que seguro que su madre estaría muy preocupada como también enojada, por ello, se marchó a su casa.

         ?Hod… tal vez no hables conmigo porque me lo merezco, pero dame una señal… abre mi mente para que pueda entender muchas cosas… yo sé que esto es para mí… todo este misterio me pertenece y no quiero quedarme en la nada. Expresó durante todo su camino.

 

Y cuando Leowel llegó a su hogar, no encontró a su madre en la entrada, esto le admiró, más le confortó; pues, no encontraba una excusa que esta pudiese creer. Así, pasó en sumo silencio y subió las escaleras hasta su habitación, en la cual, descansaba acostado sobre su cama, él no creía todo lo que le había pasado durante aquel, mismo que calificaba como especial, tal vez Aleksandar y Dragonell tenían razón, esa noche era mágica.

 

«La Noche Cósmica ha sido declarada por los Dioses, entonces cuando la luz muera a su límite, su invisible espíritu brillará en soledad…»

 

        ?Cuando la luz muera a su límite… Susurró Leowel recordando las palabras de Dragonell, este se veía sobre su cama, miraba su alrededor, era una sorpresa para él no verse encerrado en la biblioteca, más estaba entre el suspenso de que su sueño se vuelva a repetir.

 

Sin embargo, clausurando sus pensamientos, los rayos del sol, que anunciaban el nuevo día, cruzaron de las cortinas hasta su rostro, estos llamaron su atención y reflexión.

        ?El sol es la luz, es la estrella matutina. En la noche, sin su rastro en los cielos, las estrellas cumplen su papel, ellas depositan claridad a las tinieblas.

Levemente Leowel levantaba su mirar hacia la ventana, sus ojos chocaban con la claridad, él estaba decidido a resolver el acertijo de Dragonell.   

        ?El sol muere en el horizonte; sin embargo en la noche, debe haber un lucero solitario, cual sea el primero en seguirle al sol. ¿La luna?. Se preguntó a sí mismo, más él era contradicho por su mente, cuál le pintaba una hipótesis diferente, esta que analizó de fondo, llegando a una acercada respuesta.

        ?Debe nacer arriba, diagonal, ¡donde sea! pero debe estar en el área elegida, su casa. Es imposible que Dragonell sepa la ubicación exacta de cada estrella, ¡Hay miles!. Tiene que ser una, la cual conozca… Un silencio invadió su rostro. ?!La enorme lámpara del jardín!. Gritó.

 

En el jardín trasero de la casa de Dragonell había muchas de estas, mismas que alumbraban las flores y los arboles; sin embargo, entre todas, había una, era la más alta y deslumbrante, cuál duplicaba la claridad dada. Esta era la primera en prenderse al caer el día, segundos después de llegar las seis y media.

 

        ?Hoy es el tercer día de Luna llena... ?Abrió sus labios sorprendidos.?La adivinanza fue para mí, directamente para mi… nadie que no conozca su casa y sus fallas podría llegar a dar con la respuesta. Leowel se emocionaba a mil, sin embargo, su vitalidad estaba agotada, debía descansar si es que quería estar bien para mañana. Por ello, antes de dormir, puso la alarma y se entregó a los brazos de Hod, mismo que le llevaba hacia la inmensidad de su mundo. Este veía su audacia con buenos ojos pero a su oído un consejo le dio.

 

«… Debes callar tus pensamientos, así hallaras, en mí y en ti, las respuestas del Universo; pues todo es tan mío como tuyo, es de ambos, como del Cosmos. Esto es el pasaje del Génesis, donde todo empieza a germinar y es del Apocalipsis, donde todo muere para dar más vida»

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Este es el comienzo de los comienzos, la época en donde el hombre volvió a acoger el poder de Dios con sus manos, después de la caída de los padres de sus padres.

                  ?Yo os contare el Génesis de Nocturna, porque a mí se me ha destinado tal misión, ver más allá de mi Reino...?

 

Mundo de Malchutl

Coordenada Humana

Reino de Constantinopla.

615 D.C

 

Tras el informe e investigación que acarreaba alrededor de 200 años atrás, los soldados reales del occidente, escoltaban a entregar, el tesoro más anhelado por la humanidad, “La lanza de Longinus”, esta, afanadamente era depositada dentro de la iglesia de Santa Sofía. Se afirmaba entre los Reinos, que aquella lanza, llevaba en su constitución, el Espíritu de Jesús, mismo que daría protección y poder omnipotente a quién le poseyera.

Un motivo que desemboscaba una tremenda demanda por ser adquirida en Continentes y Países, tanto humanos como infrahumanos, aquí estaba la opulenta Logia Negra, esa conformada de poderosos reyes abismales, cuales mandaban a sus súbditos a disfrazar su poder y aspecto para pasar fácilmente como seres normales.

 

Por años, propuestas llegaban; sin embargo, ninguna llenaba el interés de Balduino II, nadie excepto Luis IX de Francia con quien finalmente se entabló la venta. Aquel, se llevó a Paris la Lanza junto con la corona de espinas. El mundo humano se sentía en la gloria.

 

«Todas las cosas por Dios fueron hechas;  y sin Él nada de lo que es hecho, fue hecho.

En Él está la vida, Y la vida era la luz de los hombres.

La Luz en las tinieblas resplandecía… más las tinieblas no la comprendieron.»

 

La Logia Negra saboreaba el triunfo de acercarse a obtener el Espíritu de un Crestos, era la llave para su victoria. Sería tan fácil quitarle a los humanos la Lanza, los príncipes del inferno lo conocían bien, por ello, ante la revolución del país, la Lanza, desapareció de la faz terrenal, no había explicación contundente que pudiese aliviar la preocupación de todos los humanos que anhelaban su poder.

 

Sin embargo, para asombro de muchos, la Lanza no estaba ni en manos humanas, ni entre la Logia Negra.

 

«La Lanza de Longinus era, para los Magos negros, la llave para abrir el temible Tartarus.»

 

Continuará…


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