Descarga gratis 10 libros

y consigue premios y promociones exclusivas

Regístrate

Comienza a leer

Iniciar sesión con Entreescritores

¿Has olvidado tu clave?

Crear una cuenta nueva

Libros publicados

Axtlantis y los platillos voladores de Porfidio Deyz DEMO

Axtlantis y los platillos voladores de Porfidio Deyz DEMO

05-07-2018

Ciencia ficción/fantástica novela

  • Estrella vacía
  • Estrella vacía
  • Estrella vacía
  • Estrella vacía
  • Estrella vacía
0
  • Estrella llenaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vacia  0
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vacia  0
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella vaciaEstrella vacia  0
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella vacia  0
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llena  0

Ver book trailer

En el interior de los lexicanos de principios del Siglo XXI había un agujero profundo que no cesaba de sangrar. Un gran trozo del alma les fue arrancado por la historia. 

Sus raíces fueron reemplazadas por una sombra; un cúmulo de mentiras que les impedía observarse en los espejos del pasado para reconocerse y evolucionar al ritmo de las circunstancias. 

La descomposición cultural y social mantenía al estado de derecho pendiendo de un cabello deshilachado. La frustración y el resentimiento ante siglos de explotación por parte de propios y extraños bullían como ácido en los corazones de los orgullosos lexicanos. 

Los sabios de Anáwak, el Léxico antiguo, reflexivos estudiosos del cosmos, conocían las dinámicas cíclicas de la naturaleza y sabían que, como otras veces, los mismos mecanismos del universo proveerían el remedio; a través de la encarnación de un nuevo avatar de Ketzalcuate, un superhéroe emergido de las entrañas del inframundo, un guerrero florecido que mostrará al pueblo su pasado verdadero y lo guiará hacia el orden y el encumbramiento individual y colectivo. 

Entretanto, por si la disfuncionalidad lexicana y sus atroces consecuencias no fuesen ya demasiado, sin importarle nacionalidades ni conceder tiempos fuera; la temperatura del planeta ascendía hacia alturas infernales. 

Esta vez, quizá ni el moderno Ketzalcuate resultará suficiente para asegurar la supervivencia de la especie. 

Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

www.joseluistalamantes.com

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

Prólogo

 

¿Existe el alma? Hasta hace muy poco tiempo, la respuesta de la mayoría era un sí rotundo. Ni por casualidad murmuraban en la imaginación otras posibilidades; más allá de los límites de la certeza, había solo silencio.

Ahora no nos pondríamos de acuerdo en la respuesta. Como si no fuésemos de la misma especie, las perspectivas de cada uno nos separan como gruesos muros que nuestras voces no alcanzan a atravesar. Según un sector en aumento, el alma es una fantasía primitiva, una quimera sin evidencias científicas que validen su existencia. Para los locos, o sea, los poetas; el alma es el espacio habitado por el ser. Para el resto no hacen falta pruebas de laboratorio, pues nada es más evidente que el alma y sus heridas y deseos; sanadas y no, colmados y no.

Para ir más lejos y no quedarnos atascados en este fango, vayamos tras una definición en la que todos concordemos, una definición fresca que satisfaga las exigencias de unos y de otros. Así pues…

¿Qué es alma? ¿El alma es aquello que prosigue después de la muerte del cuerpo? Sí, si consideramos que todas las células que conforman al cuerpo mueren periódicamente; entonces el alma es el sentido de identidad que permanece a través de las continuas y diminutas muertes y renacimientos de los componentes biológicos.

Así; el alma es aquello, o mejor dicho, aquel, que sufre por golpes físicos o emocionales que le ocurrieron, pero ya no. Aquel que goza al reproducir en su mente las dichas y placeres que en su cuerpo recibió, pero ya no.

En resumen; el alma es el ser que no solo es el que es, sino también el que fue. Una reverberación de lo pasado. Una permanencia de algo que ya no está. Una presencia de alguien que ya no es. Un difunto que sobrevive en el recuerdo.

En un corto espacio, hemos avanzado lejos en nuestra pesquisa; en tres párrafos hemos reunido a los muertos con los vivos, pero la curiosidad nos obliga a ir todavía más adelante, hacia la pregunta que de lo hasta aquí expuesto se deriva:

¿El alma es también lo que será? Para responder, esta vez debemos situarnos en el pasado de preferencia y, como si estuviéramos ahí, plantearnos la siguiente pregunta: ¿se encontraba contenido el futuro en aquel pasado mientras fue presente? Imposible responder que no, es innegable que, así como lo sembrado ahora será cosechado cuando el momento madure, los efectos del pasado se manifiestan puntuales en el presente.

Recapitulando; el futuro se encuentra en el presente como una semilla invisible, como una potencialidad inherente al ser.

Hemos cerrado un círculo en torno al alma sin darnos cuenta; el alma es el ser que no solo es el que es, sino también el que fue y el que será. Una proyección del ser hacia el ser futuro. Una siembra en el presente de momentos que serán recolectados por otro presente. Una victoria sobre el olvido y la muerte.

Y si hemos llegado hasta aquí sin graves desavenencias, ¿por qué no alejarnos de los significados ordinarios un poco más? ¿Por qué no treparnos sobre licencias poéticas aun más intrépidas? ¿Por qué no atrevernos a ir más allá de nuestras individualidades? Al grano:

¿Los países tienen alma? Si consideramos que los ciudadanos son para un país lo que las células para un cuerpo, ¿cómo no sentirse atraído hacia el sí?

Además, la historia no puede ser ignorada; las experiencias de nuestros antepasados moldean nuestra conducta, y por ende, nuestro sentido del ser. Somos lo que ellos fueron, así como nuestros descendientes serán lo que hemos sido. Ellos, eslabones pasados y futuros de la cadena del ser, ocupan un espacio en nuestras almas, y nosotros ocupamos y ocuparemos un espacio en las suyas.

En conclusión; el pasado de un país delimita los confines de las almas de sus habitantes, y su futuro se desplegará de acuerdo a las semillas sembradas en el presente por las almas que lo conforman. Si reciben los nutrientes adecuados; las almas futuras florecerán. O se marchitarán, si la indiferencia participa en el presente como principal fertilizante.

Si queremos llegar a algún lado y no quedarnos deambulando en el despropósito, debemos doblar un poco más los andamios de la lógica; atreviéndonos a formular una pregunta que provocará un severo disgusto a las almas menos flexibles:

¿Tiene alma nuestro planeta? Según los principios de las analogías fractálicas que nos han permitido llegar a este punto; sí. Y un análisis más riguroso nos revelará que su alma no se circunscribe al ámbito de los hombres y las mujeres. La dimensión de su ser abarca también los reinos animal, vegetal y mineral. Y los actos de sus hijos inciden en su desarrollo en proporción a la magnitud de su respectivo albedrío.

No quería que lo supieras antes de tiempo porque tal vez no estabas listo para la revelación, pero el enfoque que nos ha conducido hacia estas deducciones coincide con los preceptos predominantes en la sabiduría de Anáwak.

Para los anawakas, la salud de La Madre Tierra y la de ellos eran una sola salud. De igual manera, Su enfermedad y su enfermedad eran la misma. No hace falta ser un genio de computación cuántica para comprender que la salud de los habitantes de un planeta enfermo es artificial y provisoria.

 Los anawakas no eran tan ilusos como para dejarse engañar por sus propias mentiras. Se esforzaban de por vida en aprender las lecciones del pasado. Respetaban y agradecían a sus antepasados por haberles edificado con esmero y sacrificios un presente más favorable. Cada generación asumía la responsabilidad de construir un futuro más humano para las generaciones posteriores.

Aun así, sus esfuerzos no bastaron; lo que habla más de la complejidad y los imprevistos de la vida que de la ineptitud anawaka. Ni siquiera ellos fueron capaces de prolongar sus culturas y conocimientos indefinidamente.

Desde esta perspectiva amplificada del alma, nos resulta más fácil apreciar los absurdos sobre los que se sostiene la civilización moderna; sorda a los clamores del pasado, ciega a las evidencias que le advierten del ecocidio al que se encamina apresurada, como si en el fondo deseara que todo termine, como si prefiriera perecer antes que cambiar de rumbo.

En consideración a que tal vez no haya tiempo para reconducir los pasos, este es un llamado imperioso para todo aquel descendiente de indios pata rajada; y en virtud de que indio es lo mismo que indígena, y que los antepasados de todos vistieron zapatos y calcetines hasta hace cosa de siglos; este es un llamado para todas las mujeres y todos los hombres:

Ha llegado la hora de la serpiente preciosa; de escamas duras como las piedras para reptar sobre ellas, y de alma ligera como las plumas de las aves para ascender a los cielos, empujada por el viento.

Este es el momento de incorporar el sol de la sabiduría anawaka en nuestras identidades y proyectos. La primera vacuna te será suministrada a través de la historia del hijo de Anáwak: Léxico, un país adolescente zarandeado por las hormonas, un pueblo premoderno de un mundo paralelo, ubicado entre la realidad y la fantasía; un jovenzuelo con serias dificultades para regirse con la madurez concerniente a la edad adulta.

Espero que la inoculación te brinde las fuerzas y el sentido suficientes para reconciliarte con tu pasado, y para que concibas así, reunido con un fragmento extraviado de tu ser, horizontes más amplios para tus pies.

Y quién sabe, tal vez el alma sí existe y las raíces que nos unen son más profundas que los cimientos de los muros que nos separan.

Y tal vez, solo tal vez, lograremos sembrar un futuro con más alma que nuestro presente.

 

José Luis Talamantes

Junio del 2018.


5% de descuento para los lectores de entreescritores.com en casadelibro

5% de descuento para los lectores de entreescritores.com en casadelibro

Comentarios