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Dios: Amor y Odio

Dios: Amor y Odio

11-01-2019

Aventuras cuento o relato

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El libro trata de mi relato de vida en donde se refleja lo dificil que es para una persona cumplir sus suenos, pero una vez que los cumples? luego de eso que? que haces cuando ya cumpliste todo lo que querias en la vida y tienes solamente 25 anios? cual es tu proposito? simplemente quieres vivir tu vida como la estas viviendo ahora o quieres algo mas?. Muchas de estas preguntas surgen a lo largo de mi libro, mi escritura es rapida y facil de leer, soy muy franca con todo lo que pienso y realmente lo digo tal cual es para mi. Tambien el libro tiene mucho contenido actual sobre el mundo en que estamos viviendo y la realidad de los jovenes, en estas paginas pasearas desde la era de aristoteles hasta lo que es el dia de hoy las redes sociales mas utilizadas por la gente. Finalmente el libro te hace reflexionar sobre tu vida, desafiandote a que saques la mejor version de ti. 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

No sé en qué momento viví tantas cosas, no sé cuándo me di cuenta de que algún día iba a estar en esta situación, de hecho, nunca lo pensé… a veces quisiera que todo fuera diferente, pero ¿cómo? Todo se ha basado en mis decisiones, los caminos que he escogido tomar, las leyes que escogí seguir y un poderoso sentimiento de hacer las cosas bien, que ciertamente, esta decisión, te hace la vida doblemente difícil…

Cada año de mi vida lo he vivido intensamente e imploraba algún día sentirme relajada, sin tensiones, sin tareas que hacer, sin ambiciones que seguir, un tiempo de esos que los jóvenes de mi país llaman “año sabático” en donde no haces nada y te dedicas solo a disfrutar de vivir sin ninguna razón. Pensándolo bien y ahora que se lo que es el costo de vivir, es una bobada, quiero decir, si hoy me diera un año sabático, me muero de hambre, me entra depresión, no tendría dinero para nada, ni siquiera podría salir y disfrutar. Pero uno de joven claramente no entiende que detrás de ese deseo de no hacer nada, está la billetera de los padres soportando la flojera de su hijo/a.

Nuca fui floja para trabajar, de hecho empecé a trabajar a los 14 años y no he parado desde entonces, tampoco han parado mis sueños o mis metas, pero de un momento a otro me he visto estancada, llegue a ese punto en donde creí que había alcanzado todo; mi auto, mi carrera, mi casa, mi pareja, mis fuertes creencias, Dios por sobre todas las cosas, pero no.

Estaba en mi living sentada en el sofá, mirando el techo de mi apartamento, después de haber organizado todo, miro las fotos que cuelgan de los muros junto a mi familia que está a lo lejos, observo mi acuario en donde mis peces nadan de un lugar a otro, sin problemas, sin preocupaciones, sin necesidades ya que saben que la comida les cae como mana del cielo cada día por medio y no tienen de que agobiarse, miro mi billetera en donde están mis tarjetas de crédito, con las que podría comprar  lo que quisiera y según la gente disfrutar de la vida y el fruto del trabajo duro, veo mi Mustang del año estacionado en el garaje en el cual podría salir a cualquier parte de California y conocer más lugares o quizás alguna que otra persona con ganas de charlar, tengo mi trabajo en donde sinceramente no gano lo que debería, pero me va relativamente bien. Entonces me encontré en ese punto de mi vida en donde todo lo que quería, Dios con su eterna gracia me lo concedió.

He sido afortunada, he podido disfrutar y conocer más lugares del mundo que mis propios padres, que el común de mi familia, nunca me ha faltado para comer y siempre tuve un techo donde vivir. Amo a Dios por sobre todas las cosas, pero ¿que hace que me sienta así? ¿Que hace que no tome absolutamente nada de lo que tengo para disfrutarlo? Cada mañana antes de ir a trabajar hablo con Dios y le agradezco todo lo que me ha dado, pero en la misma oración le pregunto ¿qué me pasa? ¿Porque me siento sin ganas? ¿Porque no quiero ni siquiera salir y cobrar un regalo en un Spa con todo pagado, que cualquier mujer anhelaría? Siempre fui muy deportista, me encantaba hacer ejercicio, pero desde que ando en automóvil ya no quiero ni siquiera caminar para ir a buscar mi carro, tengo gimnasio, jacuzzi y piscina en el lugar donde vivo, pero no tengo ganas de usar ni hacer nada, no quiero alardear de las cosas que tengo porque ese no es el punto a donde quiero llegar, a lo que voy es que ¿de qué te vale todo eso cuando sientes que te hace falta algo? No me refiero a algo material, me refiero a eso que te hace levantarte con ganas y empezar tu día con fuerza y decidido, ya que tienes una tarea que cumplir. voy a la biblia y leo que hasta el apóstol Pablo dijo en Hechos 9:6 “Señor, ¿Qué quieres que yo haga? Y el señor le dijo: levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”.

Realmente creo que tengo que hacer algo, estoy en busca de esa misión secreta que solo la sientes cuando crees que Dios te está llamando, estoy en busca de dar a conocer el reino de Dios, pero ¿cómo? No me gusta predicar, no es por renegar, pero creo que no soy buena para eso porque no me gusta hablar mucho, más bien me gusta escuchar, leer, aprender. El día de mañana no me gustaría ser pastora (siento que no es lo mío), hasta este día he sido un apoyo económico para la iglesia Tierra Santa de Chile, no de tan grande manera pero mi papa el Pastor Ricardo, que es el siervo que preside esta iglesia, siempre agradece mi ayuda de manera tal, que me hace sentir como si fuera la mejor hija que nunca engendro, y si de vez en cuando me preguntaran algo, me gustaría decir solo un poco de mi testimonio.

Cada día leo la biblia, doy gracias a Dios por todo lo que me ha dado, le canto alabanzas de adoración, voy a la iglesia, ofrendo, doy mi diezmo, sigo el River Tour de River Church, la iglesia en la que me congrego, me contento hablando con Dios a cualquier hora del día, pero créeme, eso no es suficiente para Dios, él quiere que cada uno entienda y siga su propósito, Dios no quiere que tú seas santo y perfecto delante de él y te mantengas en eso, él quiere eso y aún más, Dios te va a empujar tanto, hasta que no aguantes más y te decidas, al fin, a trabajar para él (cosa que yo sinceramente no quería, simplemente quería ser una oveja como lo he estado haciendo hasta ahora). Pero de tanto pensar en esa pregunta ¿qué tengo que hacer? o ¿Cuál es mi propósito? Mi pastor Dante Gebel lo repite tanto que ya llego hasta soñar con su libro Destinado al éxito en donde pregunta, “¿si mañana tuvieras que bajar al sepulcro, que crees que escribirían en tu lapida?” es por eso que sentí o más bien Dios me dio unas ganas tremendas de escribir este libro, mucha gente me pregunta como he hecho tal o cual cosa y se asombran de las historias de vida que les pongo de ejemplo para ayudarlos a entender de otra manera su mundo, y al mismo tiempo hacerles entender que Dios es lo que falta en su ecuación de vida. Entonces encontré una necesidad y con este libro pretendo cubrirla… por ahora… quien sabe si mañana Dios me envíe a realizar otra tarea.

 

·         Inicio de la historia

Mi vida, desde que recuerdo, comienza como a los 4 años, de ahí para atrás no recuerdo mucho, o tal vez solo lo esencial, no suelo ser sentimental, pero mi niñez fue dura, mis padres solo me daban un abrazo para navidad y otro para el año nuevo, mi madre  fue la más dura en enseñanza que nunca vi, su corrección iba más allá de la chancleta que normalmente usaban las mamas de otros niños, mi padre tenía 4 hijos a sus cortos veinte-algo (perdónenme pero realmente soy pésima con fechas y edades) y todo el tiempo estaba trabajando…

Lo que si recuerdo es que al primer curso que se ingresa en Chile es el kínder, recuerdo perfectamente cuando la directora del colegio le dijo a mama que quería tomarme una prueba antes de que me matricularan en kínder, mi mama asintió, ella me tomo de la mano y me llevo a su oficina, recuerdo que era una señora de edad avanzada, muy tierna y simpática, tenía en su escritorio muchos papeles sobre los cuales yo realizaría las pruebas y seguiría las direcciones que ella me daba; me hizo cortar con las tijeras, seguir líneas, hacer figuras geométricas, etc.  yo sé que solo tenía 4 años de edad, pero me acuerdo como si fuera ayer, mi primer test de la escuela y lo había superado con creces, una vez que termine de hacer todo de manera excelente la directora me saco de la oficina y se fue a hablar con mama, ella dijo; Marion no tiene que entrar a Kinder, ella está muy avanzada, yo podría matricularla en primero básico (el curso que era el siguiente nivel del kínder) de inmediato ¿si usted está de acuerdo? y mi queridísima madre le dijo que no. yo recuerdo que era pequeña, pero estaba tan consiente de que era lo que significaba eso, un año menos de estudio Wow! eso sonaba genial para mí, porque sabía que iba a aprender más que con unos niños babosos que no estaban, según yo, a mi nivel. Recuerdo haberme enfadado porque mama no me dejo saltar ese curso y desde ahí siempre le reclame (creo que hasta el día de hoy se lo recuerdo) Desde ahí me sentí superior a los demás, ese fue el inicio, pero la vida y los designios de Dios tenía tantas cosas y vivencias guardadas para mí, que poco a poco la historia fue dando un giro de ciento ochenta grados…  

Fui entonces a la escuela mixta, chicos y chicas, mi comportamiento era tal, que mi curso completo me seguía, yo era la líder de los niños y los golpeaba a todos, creo que en esa época no me interesaba mucho estudiar, mi misión en la vida era ser la mejor en basquetbol porque había visto a Michael Jordan en la película de los Looney Tunes y me encanto ese deporte, además obviamente, de hacer que los niños hicieran todo lo que yo quería.

Nunca me lleve bien con las chicas, desde pequeña siempre me junte con hombres, eran más fáciles de manejar y también los podía golpear a mi antojo… ese era mi reino, hasta que un día mama me vio y fue mi perdición. Ella se asombró de como yo a los 9 años podía incidir en un lote de casi veinte niños para que me siguieran en todo, se espantó de ver que me comportaba como una maleante porque amenazaba con golpear a cualquiera que no quisiera hacer lo que yo decía y todo mi grupo me apoyaba… Recuerdo que escuche a más de una mama de mis compañeros diciéndole a su hijo, ¿porque le haces caso a esa niña, ella no te manda? en fin, eran buenos tiempos… Solo ahora me doy cuenta que de chiquita era una dictadora.

Y aquí me detengo un poco y me hago ciertas preguntas, esas que todos los historiadores filósofos se hacen en sus libros, no como las de Shakespeare eso de ser o no ser, porque ciertamente se es o no una u otra cosa, no te puedes zafar de eso. Y conforme a esto digo; ¿de dónde salió a los 4 años mis ganas de subir de nivel? ¿Como supe que era algo bueno para mí?, hasta el punto de enfadarme con mama porque no me dejo hacerlo ¿Como supe atraer a los 9 años a una masa de niños e hice que me siguieran?, independientemente de que si lo que hacía estaba bien o mal. Normalmente la pregunta es: ¿El ser humano nace o se hace? No sé si a ti te paso de niño que tuviste cierto patrón de comportamiento que sigues teniéndolo ahora, pero mejorado ya que la ley para mi es que uno vaya mejorando en el tiempo, es decir si hoy estas en ese lugar, en donde haz llegado por tus esfuerzos, tus convicciones, tus decisiones o quizás por infortunios de la vida, para mí el día de mañana tienes la obligación de estar mejor, de estar en ese lugar donde suenas estar, donde tú crees que es donde Dios te llamo a estar. Pero donde quiera que estés en este minuto es porque Dios quiso que fuera así... todo esto que expreso no es porque se me ocurrió, es porque lo viví, es porque quiero darte a conocer como es la vida en realidad y para que logres entender que todo tiene un proceso, un costo, lágrimas y llantos de desconsuelo, la felicidad son solo pedazos de vida alegres, la otra parte es trabajo, dedicación, proyección, perseverancia, crisis, desconsuelos y mucho más. Y a la pregunta de que si uno nace o se hace, creo que en el trascurso del libro te iras formando tu propia respuesta, que espero que al final podamos coincidir en ella.

Desde que tengo uso de razón, sé que mis padres son evangélicos, ellos me llevaron, junto a mis hermanos, a una iglesia gigante primero, en donde teníamos que tomar la micro (bus), viajar más de una hora y además caminar otros quince minutos para llegar a la iglesia, luego nos cambiamos a una iglesia mediana (me imagino que por la distancia), luego a una iglesia pentecostés muy pequeña, después fue la pentecostés de mi tío, luego volvimos a otra iglesia gigante, luego a otra más pequeña, y así fue mi paso por las iglesias, conociendo siempre nuevos pastores, distintas maneras de adorar a Dios, creo que he ido a muchísimas iglesias pero nunca sentí una iglesia como si fuera una casa, siempre tenía esa fea sensación de que todos nos miraban para ver en que nos equivocábamos y apuntarnos con el dedo e incriminarnos, o muchas veces los pastores usaban el pulpito para “reprender a la iglesia”. Mi padre nunca fue del gusto de muchos y generalmente yo sentía que tampoco lo querían, por cualquier razón siempre terminábamos yéndonos y yo no entendía tanto, lo que si recuerdo es que me ponía super contenta cada vez que dejábamos de asistir a una iglesia. Nunca me sentí cómoda, siempre estaba sintiéndome fuera de lugar, con los niños y con los adultos, no me gustaban las reuniones, eran largas y tediosas y hasta de niña ya creía que me sabia todas las predicaciones porque los pastores nunca tenían nada nuevo para predicar, me memorizaba las palabras que decían (siempre tuve buena memoria) y no sentía nada de eso que le llamaban la presencia de Dios.

Mientras tanto iba creciendo fui pasando por varias etapas de vida, hubo un tiempo en que no quería escuchar a nadie de mi casa ni a la gente de la iglesia porque me empezaba a caer mal todo el mundo, según yo, nadie me entendía, tuve un largo paso por la escuela buscando mi identidad, no sabía nada más que hacer que estudiar y leer, siempre fui buena en eso, pero llego un punto en que leí tantas cosas diferentes y diversas que ya no sabía en que creer, no sabía que pensar, no sabía que era lo correcto o lo incorrecto, no sabía que libro era real o cual era ficticio. Recuerdo haber leído “El código da Vinci”, ese libro me hizo pensar tanta cosa diferente a lo que decía la biblia, pero me encantaba la idea de que habían más historias sobre Dios a parte de las historias de la biblia, me encantaba el misterio, me sabia toda la historia de Egipto ya que me fascinaba esa cultura, me encantaba casi siempre ir en contra de los dogmas, estar al límite de lo que es y lo que no es. Mientras tanto que me enseñaba y buscaba nuevas cosas, mi mente se expandía, se me ocurrían ideas que a nadie más en mi entorno se le ocurría, decía cosas con sentido a mi corta edad, pero a medida que todo este estudio me fue consumiendo, me invadió un sentimiento de superioridad, ese orgullo de saber más que otros, esa convicción que tenía al momento de decir algo y saber que yo tenía la razón.

Junto con este periodo de aprendizaje, se desarrolló en mi un habito de trabajo, a los catorce años empecé a trabajar y desde esa fecha no he parado. Recuerdo que mi padre un día me trajo una tarjeta de un cliente suyo, esta tarjeta era de una agencia en donde trabajaban jóvenes haciendo extras en teleseries (novelas) y programas de televisión, para mí eso era algo nuevo, obviamente con mi personalidad avasalladora de ese tiempo, nunca me dio miedo enfrentarme a algo que no conocía, todo lo contrario, iba con la mente de que ese trabajo era para mí y solo tenía que ir a buscarlo, (lo cierto es que hasta el día de hoy tengo esa plena confianza al momento de buscar un nuevo empleo) Todo salió como yo lo planeaba, fui al casting y de inmediato tuve trabajo, no pagaban mucho pero para mí era suficiente, y desde ese momento tuve siempre en mi cabeza  trabajar y ayudar a mis padres.  

Desde que empecé a tener más independencia y a moverme sola, ya mis padres me dejaban hacer lo que quería, al fin y al cabo no estaba haciendo nada malo, estudiaba, trabajaba y hacia deporte, me encantaba esa vida, nunca tenía tiempo para el ocio, me acataba mucho al refrán que dice “el ocio es la madre de todos los vicios” y cuidaba de no ver televisión, jugar o desperdiciar mi tiempo en cualquier otra cosa, tenía demasiado que aprender y el tiempo era crucial para eso, dormía lo necesario para reponerme de las fuertes prácticas de cheerleaders, estudiaba y trabajaba, nunca me faltaba tiempo para hacer lo que quería, me encantaba pensar que era una súper mujer; yo realmente me sentía una estrella, lo podía hacer todo sin ayuda de nadie, en mi trabajo desde pequeña estaba con cámaras y actores, de vez en cuando tenía un par de escenas que hacer con algún actor pero adicional a esto también me empecé a abrir paso en desfiles, promociones, eventos, salones de automóvil etc.. Entonces ya desde ese momento no le puse tanta atención a lo que mis padres decían, no era una mala hija, ayudaba a mis padres cuando lo necesitaban, estudiaba mucho, no les puedo mentir no era la numero uno de la clase pero yo le tocaba los talones a esa, y la verdad es que poco esfuerzo hacía para estudiar, porque solo con lo que aprendía en las clases podía tener buenas calificaciones, no necesitaba estudiar tantas horas. Me puse de novia o como dicen en mi país “me puse a pololear” con el chico de mis sueños, él era tan guapo como un modelo, psicólogo, bajista de una banda de rock, tenía, creo que ocho o nueve años más que yo (yo solo tenía dieciséis, no piensen que era tan viejo).

Casi siempre por las noches me ponía a leer o a dibujar, me encantaba dibujar cosas abstractas que no se hayan visto antes, me gustaba pensar que yo era la primera en crear algo, pero otras noches me ponía a pensar y recordaba una frase que se me quedo grabada de algún libro que leí por ahí, que lamentablemente en este momento no lo recuerdo pero decía algo así como “si te pones a correr como un caballo y te enfocas en llegar a tu meta, tapando tus ojos con anteojeras, para que nada de lo que este a tu alrededor te distraiga, ciertamente vas a llegar a esa meta, pero cuando llegues ahí, te vas a quitar las anteojeras y te darás cuenta de que llegaste solo y no habrá nadie a tu lado”.

Después de un tiempo empecé a ver que en mi trabajo habían muchas personas que tenían trabajo seguro por ser el hijo de alguien famoso, empecé a sentir la presión de cada vez tener que ser más linda, cada vez tener que vestirme mejor para los casting, empecé a sentirme rechazada por diseñadores para hacer los desfiles, empecé a ver que ya no todo era tan fácil como antes, en la escuela estaba en el último año  porque el próximo tenía que entrar a la universidad y el deporte lo había tenido que cambiar obligadamente por el preuniversitario, esta vez sí necesitaba más tiempo para prepararme, en mi País antes de escoger una profesión tienes que dar una prueba y si te va bien y tienes el puntaje que requiere tu carrera la puedes tomar, de lo contrario debes esperar todo un año más para volver a hacer la prueba; a ver si te va bien y si es que, logras la puntuación, si no, te tienes que conformar con lo que obtuviste y escoger cualquier otra carrera.

Ese año fue crucial en mi vida, lo recuerdo como la primera vez que me sentí con dificultad para enfrentarme a mis pensamientos, a mi mentalidad. Mi novio, claramente tenía muchos problemas ya que a pesar de ser psicólogo asistía a terapias de psiquiatría y le tocaba medicarse, yo empecé a sentir que nada tenía sentido, que el estudio no me llenaba, el trabajo estaba igual que siempre, deje de hacer deporte y creo que por primera vez en mi vida ya no quería estar dentro de mi familia, no quería llegar a casa, no quería hablar con nadie, me empecé a aprovechar del amor que mi novio me tenía y empecé a terminarlo cada vez que se me daba la gana, ya no lo quería a mi lado, era algo extraño, me gustaba, pero en mi mente funcionaba que era cuando yo quería, donde yo quería y con quien yo quería, comencé a manipularlo, yo sabía que él tenía su familia destruida, su padre se separó de su madre y tuvo otra familia, su madre nunca lo quiso y a mí me encantaba cuando lloraba y me decía que yo era lo único que él tenía. Pero él no sabía que yo ya había abierto los ojos, él se iba por las noches a tocar en su banda, yo nunca lo fui a ver; porque eso sí, mis padres no me dejaban salir de noche, aunque a mí tampoco me gustaba, empecé a sospechar que cada vez que se iba, según el a tocar por la banda, me engañaba con cualquier chica que encontraba por ahí, entonces yo no quería eso y desde ese momento, todo lo que era color de rosas, se volvió un tormento para mí.

Tuve una genial amiga en la escuela, pero gracias a mi horrible orgullo y personalidad nunca le dije cuanto la estimaba, yo nunca demuestro mis sentimientos, la gente siempre piensa que soy de piedra, eso creía ella, recuerdo que nuestra amistad se dio simplemente porque ella hacía que se diera, yo nunca puse de mi parte, nunca le mostré que esa amistad me gustaba, enriquecía mis días, ella era muy inteligente, más bien lo es, se tituló de periodista y se casó con un chico que conoció desde la escuela. Sinceramente me duele haber sido un tanto cruel con ella, recuerdo que le decía que no me importaba ser su amiga, y una sarta de estupideces más, ella me decía textual; “Marion ¿tú crees que alguien más te va a aguantar? Y yo le decía, no me interesa.

Nunca la valore, nunca le hice sentir que realmente yo era su amiga, en el fondo de mis sentimientos yo la estimaba más de lo que ella pensaba, pero era incapaz de decírselo. En mi cabeza yo era una estrella y no podía demostrarle a nadie que era importante para mí. Luego de un par de años, ella se alejó y encontró a otra amiga, no sé si hasta el día de hoy lo siguen siendo, pero se alejó de mí, cuando estábamos en el salón de clases yo las miraba como se reían juntas y se comunicaban con ese lenguaje que solo los amigos tienen, a mí me dolía por dentro y me arrepentí de no haber hecho algo más por salvar nuestra amistad, pero por otro lado me sentía bien porque yo entendía que no podía darle esa complicidad que ella necesitaba y que encontró en esa otra niña. Siempre supe de mis defectos, nunca hablaba de mis sentimientos, nunca demostraba interés, siempre me mostré fuerte, orgullosa, dura…

Esta personalidad fuerte y decidida, me llevo, según yo, muy lejos, fui reina en la escuela un montón de veces, los profesores siempre me estimaban porque era buena alumna, aunque hacia lo que quería, pero tenía buenas calificaciones por lo tanto lo demás no era tan importante, además, nunca fui insolente y siempre mantenía interés en lo que ensenaban en cada clase.

Pero ese año fue distinto, en el pre-universitario ya no me fue tan bien como antes, ahora si tenía que estudiar el doble y hasta el triple, mi cabeza estaba en otro lado, pensaba en cualquier cosa y era incapaz de enfocarme en esa bendita prueba que iba a determinar mi futuro, no sabía qué carrera iba a tomar en la universidad. Recuerdo que hubo una orientación en la escuela he hicieron un test para que nosotros pudiéramos tener una idea de nuestras habilidades y según nuestras respuestas el test  arrojaba un resultado de todas las carreras posibles que encajaban con tu perfil, me acuerdo que hice el test y pensé que por gracia de Dios me saldría la carrera perfecta y seria todo más fácil, una vez que ya me enfocara en una profesión puntual ya mi mente podía tranquilizarse y seguir adelante, pero en cuanto vi el resultado, habían carreras tan diversas que no lo podía creer, una millonada de opciones. Según el test yo sería buena en medicina; derecho; educación física; ciencias políticas; actuación; ingeniería civil y un sinfín de carreras más, pero lo peor de todo es que en la última parte de la respuesta del test decía; usted puede tomar cualquier profesión ya que en todas las áreas puede rendir bien. Con esa respuesta quedaba igual o peor de lo que estaba antes de hacerlo y sin darme cuenta empecé a tener o a entrar a una gran crisis, la primera de muchas en mi vida.

Antes de seguir y para hacerles saber cuál era mi contexto espiritual en relación con Dios y la iglesia, tienes que saber que yo en esa etapa de mi vida no quería saber nada de iglesias, siempre hablaba con Dios, pero hubieron tres cosas negativas, importantes  que influyeron en mí, de muy mala manera: de por si me encantaba hacer todo lo que se me venía a la mente, entonces determine que quise tocar batería, un amigo de una iglesia de un tío me empezó a ensenar, pero después de un tiempo, el pastor de esa iglesia empezó a decir que a él no le parecía nada bueno que yo estuviera aprendiendo a tocar batería con un hombre y ese chisme u opinión personal se rego por toda la pequeña iglesia hasta que llego a mis oídos, ya saben ese dicho que dicen “pueblo chico, infierno grande”, entonces como ese pastor tenía también hijas siguió diciendo “yo nunca dejaría a mi hija hacer eso”. Créanme que nunca he escuchado a la gente y nunca le he puesto atención a habladurías, si lo hiciera no hubiera hecho nada de lo que he hecho hasta el día de hoy, pero esas cosas que dijo ese pastor, me enfadaron muchísimo, no porque se refería a mi persona, me enojo porque yo sabía que él me estaba comparando con sus hijas y quería demostrar que sus hijas eran más espirituales o señoritas o que se yo, y como tampoco nunca quiso a mi papa, sentí que lo estaban atacando más bien a él y la manera en la que me educaba, y señores, perdónenme pero mi papa siempre fue para mí como un semi-Dios. Así que como sentí que lo estaban ofendiendo, no quise ir más a esa iglesia.

Luego de un tiempo mis papas encontraron otra iglesia, esta fue la iglesia más pequeña y humilde que había conocido hasta ese momento y para ser sincera, la iglesia más fea que nunca vi antes (perdón por tanta sinceridad). Entonces mis padres ya no me obligaban a ir a la iglesia, pero un día, mama me dijo: hija vamos a esa iglesia, no es grande, pero esta la presencia de Dios. Como ya les comenté, yo nunca sentía la presencia de Dios, entonces decidí ir un día a ver si sentía algo, ese día recuerdo que estaban cantando y adorando, yo en mi mente veía todo tan feo, no me gustaba para nada lo que estaba presenciando, además que había solo unas 7 u 8 personas, entonces comencé a hablar con Dios en mi mente. Esto fue literalmente lo que pensé y dije: “¿Quién es Dios?  Yo no siento nada, todo es mentira, aquí no hay nada nuevo” en ese mismo instante sentí que mi cerebro se giró tan fuerte dentro de mi cabeza, como que si me hubieran dado un knock out; de esos golpes que dan los luchadores a sus contrincantes y estos quedan inconscientes, me tuve que sentar en la banca, me trate de concentrar y tarde unos minutos en volver. Después de eso quede impactada, eso no lo había hecho el pastor, ni nadie externo, eso para mí fue algo así como que Dios me decía: ¿Qué no crees que yo existo? Siente lo que le hago a tu cabecita… quise más, me quise meter de lleno en la iglesia, estaba tan entusiasmada, yo decía que estaba viviendo mi primer amor con Cristo, quería ayudar en esa pobre iglesia.

Recuerdo que había un teclado y el pastor decía que no había nadie que lo tocara, empecé a practicar para tocarlo, un día, vino a la iglesia más gente de lo normal, yo estaba tocando el teclado y recuerdo que me equivoque en unas notas, el pastor frente a todos desde el pulpito me dijo bájate, que venga a tocar otro, y de ahí me sentí mal y me fui.

Tenía un carácter difícil y rígido, pero a pesar de eso jamás alego nada y tampoco me quejo de las cosas. No me interesaba si lo que esos pastores habían hecho estaba bien o estaba mal, simplemente yo miro los hechos, me trago la angustia, la pena, o la rabia, o lo que sea que este sintiendo en ese momento, me pongo de pie y me retiro para nunca más en la vida volver a ese mismo lugar.

Dos meses antes de terminar ese año, papa visitaba otra iglesia y era líder de jóvenes, recuerdo que llego uno de esos jóvenes a mi casa, más bien era un señor de edad para mí, su aspecto era blanco con el pelo enrulado más largo de lo común, tenía una barriga como la de Santa Klaus, su aliento era tan fétido que a distancia se le podía percibir su olor putrefacto cuando hablaba, su ropa era andrajosa, estaba rota y sus zapatos se veían más viejos que mi bisabuela. Antes él había venido a mi casa a hablar con papa, para que lo aconsejara según la biblia. Ese día lo vi fuera de mi casa entonces salí y antes que el dijera cualquier cosa, desde dentro de la reja de la terraza le dije: “papa no está”. el me llamo y me dijo: ¿puedes acercarte? Yo muy extrañada me acerque pero no abrí la reja que nos separaba, su aspecto no me gustaba entonces no quería estar tan cerca de él. Me dijo “no vengo a hablar con tu papa, vengo a hablar contigo” a mí se me atrofio la mente con un sinfín de preguntas; yo nunca antes había hablado con él, ni siquiera sabía su nombre, más bien ni siquiera sabía que existía, lo vi solo una vez cuando hablo con papa, me imagino que debe haber sido de esos que mi pastor Dante habla, esos que son invisibles… la cosa es que me dijo textualmente: “quiero decirte algo de parte de Dios” y ya mi mente estaba a punto de explotar con tanta pregunta y extrañeza ¿Por qué Dios le dice algo de mí a alguien que no conozco? Y mi curiosidad más me mataba, ¿qué podía decir una persona como el a mí? O ¿porque Dios no me hablo directamente a mí en vez de a él? En fin, cuando reaccioné le dije: ok dime! él me dijo: Dios me dijo que tu ibas a ser mi esposa, y yo antes de pensar o decir cualquier cosa me reí en frente suyo a carcajadas, una risa de esas que no puedes parar, mi risa lo contagio hasta a él porque también se empezó a reír ¿Cómo él creía que yo me iba a casar con el simplemente porque él dijo que Dios le dijo? ¿De verdad pensaba que yo era tan idiota? Más bien ¿Cómo a él se le podía ocurrir que yo me fijaría en un hombre así? Entonces me seguía riendo y él me dijo: “no te rías, es cierto, he soñado contigo miles de veces, y que nos casamos y vivimos juntos con mi mama” por Dios, mientras más hablaba más me reía y entonces en un momento me calme porque vi que él se estaba poniendo más serio, y le dije: “ok, No” (ya les había comentado que no hablo mucho y con este personaje en frente mío créanme que no tenía ningún interés en saber detalles) luego le dije de nuevo: “papa no está” y me dijo: “Marion yo vine con mi mejor ropa a invitarte a comer un hot-dog y una soda”… créanme, en ese punto ya tenía taquicardia, quede completamente asombrada, no podía creer nada de lo que decía, y no les puedo mentir me dio vergüenza ajena, ¿cómo un hombre me iba a decir que yo iba a ser su esposa, que Dios se lo había mostrado en sueños, que iba a vivir con su mama y que me saque la lotería porque venía con su mejor ropa a invitarme a comer hot-dog con soda? Wow!, ese chico se salió de todos los límites de los que yo pensaba que existían para conquistar a una mujer (aún más, ¡yo era modelo!, no comía hot-dogs… normal) mi respuesta después fue más cortante ya que él venía con muchas ganas de platicar, le dije que tenía mucho que estudiar y que no podía hablar ni salir, ni nada; después que logre que se fuera. Llego papa a casa y le dije: “papa vino ese niño que te pide consejos” papa me contesto: ¡oh! Ok y ¿qué te dijo?, yo le respondí: dijo que no venía a pedirte consejos, que solo venía a verme a mí, así que te mintió, me declaro su amor, me reí de él, le dije que se fuera y se fue. Papa me dijo: ¡puf!, se rio de mí y me empezó a molestar. La verdad es que para mí esto nunca tuvo importancia, nunca tuve ni la más pequeña duda de que todo lo que decía ese hombre era mentira, pero saben que, admire su valor de ir a decirme lo que me dijo, equivocado o no por lo menos lo intento, o eso creo. Tal vez le hice daño al reaccionar así, pero lamentablemente no fue ni el primero ni el último en recibir uno de mis desplantes.

Después que pasó todo esto y al leer el libro titulado el Código da Vinci, (como les había anticipado) empecé a tener en mi mente aún más confusiones, siempre me cuestionaba todo, ¿Por qué las iglesias eran tan feas y pobres, si Dios es el rey del oro y la plata? ¿Por qué la gente de la iglesia es tan habladora y se desvive viendo que hacen o no hacen los hermanos de la iglesia para juzgarlos? ¿Por qué hay tanta envidia dentro de la iglesia si Dios es amor? ¿Por qué nunca sentí que los pastores hablaban desde adentro? Todo lo que decían para mí era banal y falso, no le creía a nadie, nunca lograron llegar a mi alma con alguna de sus predicas, cuestionaba cada palabra de cualquiera, pensaba que con el único que podía hablar era con Dios pero al final era súper aburrido porque nunca me contestaba nada, tenía tanta curiosidad, tantas inquietudes, tantos malos momentos que viví, ya que estos dos fueron algunos de los que pase, hay varios más, pero ¿Qué hacía que rechazara constantemente a la iglesia? ¿Acaso podía ser cierto lo que ese libro decía de la historia de Jesús? ¿Acaso había algo más oculto?

Al fin de ese año no quería saber nada de ninguna iglesia, termine mi relación con ese novio que tuve, se acabó por fin el preuniversitario, y finalmente rendí la tan esperada prueba de admisión para la universidad, mis padres compraron un casa y nos mudamos a otra ciudad más lejana, alejada de todo lo que había conocido antes, alejada de toda la gente con la que crecí, empezábamos una nueva etapa y junto con eso mi crisis se convirtió en una depresión que ya no pude sostener y a los 17 años ya no quería seguir viviendo.


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