Descarga gratis 10 libros

y consigue premios y promociones exclusivas

Regístrate

Comienza a leer

Iniciar sesión con Entreescritores

¿Has olvidado tu clave?

Crear una cuenta nueva

Libros publicados

 

Primer capítulo

El sonido del Silencio-Cap. 1

 

                                                                          EL CUENTO

 

La maldad  y oscuridad se apoderó de ellos, la gente los llamaba, "espectros de la luna" ya que carecían de un corazón  propio y solo salían en luna llena.

-4 de enero, 1950-

El general del ejército Raúl Bravo mientras leía una hoja de papel  (la misma que tenía el sello de los expertos en el tiempo) daba órdenes a sus soldados a prepararse.

Llamó al almirante general, él acudió al instante y los dos entraron a la oficina del general Raúl Bravo.

-¡Sam!, hijo ¿Qué rayos estás haciendo ahí?  -Ven ahora mismo y ayúdame a guardar a los burros.

-Pero mamá...

-Nada de peros jovencito. Obedece que soy tu madre.

-Si mamá-dijo Sam de mala gana (Sam es un niño de nueve años, flaco, de ojos claros y cabello rizado de color castaño igual que su padre).

Mientras caminaba halando los burros, Sam pensaba lleno de curiosidad en lo que el general Raúl Bravo estaba leyendo y porque había dicho que tenían que prepararse, lo peor de todo es que su madre lo había llamado justo cuando el general y Lucio Cabezas, el almirante general, iban a hablar de eso y por supuesto que Sam  planeaba escuchar la conversación.

Empezaron a sonar las campanas de alerta, pero solo fueron un par de ellas (a las otras dos no las movieron), eso significaba que el gobernador del pueblo convocaba a una reunión en la plaza central.

Toda la gente empezó a dirigirse a la plaza central mientras murmuraban maldiciones al gobernador por convocar a una reunión tan repentina.

Sam entró al establo, amarro a los burros con ayuda de su madre y de inmediato salieron para ir a la plaza central; cuando estaban ya en el portón de su casa, apareció Abel Coro,  el padre de Sam.

-¡Papá, papá! -grito Sam, con una gran sonrisa mientras corría para abrazarlo, su padre alzó, le dio  un abrazo fuerte y luego se dirigió hacia su madre.

-Elena, mi amor-dijo Abel mientras se acercaba y le daba un beso en los labios y la alzaba de la cintura dándole vueltas.

-Abel, mi amor-murmuró ella con gran pasión.

-Papá, mamá, ya déjense de cursilerías que voy a vomitar-dijo Sam con una mueca.

Sus padres rieron.                                                                

-Tenemos que ir a la plaza central-dijo Elena con gran preocupación.

Entonces se dirigieron hacia la plaza. Sam observó a su padre de reojo, él tenía el ceño fruncido y sus ojos estaban  llenos de miedo y preocupación.

-Papá... ¿Está bien?

-Eh..., sí... claro.

-Abel, mi amor, te noto muy preocupado...

 

 

-Lo que pasa es que... yo sé la causa de esta reunión tan repentina y es por eso por lo que el capitán general Leonardo Bravo nos ha dejado venir a nuestras casas a mí y a mis compañeros...

-¿Ha pasado algo malo, Abel?

-Será mejor que lo escuches del gobernador…..mi amor.

Mientras caminaban, Sam veía las caras de preocupación de sus padres, cuando llegaron a la plaza central,  había mucha gente amontonada. Sam y sus padres lograron encontrar un sitio adelante.

Todos guardaron silencio al ver salir al gobernador.

-Habitantes de Quijos, los he reunido aquí, para darles una noticia aterradora y quiero que sepan que he rezado a los tres Dioses que a la vez son uno solo para que este momento no llegue y a su vez los Dioses lo evitaron durante nueve años en respuesta a súplica y a las suplicas de la gente que han vivido en carne propia esta pesadilla, pero por desgracia, según el pronóstico de los expertos en el tiempo en esta noche… habrá luna llena.

Toda la gente empezó a alborotarse, el ambiente se llenó de ruido otra vez.

-¡Silencio, por favor! -dijo el general Bravo tratando de apaciguar el ruido. Todos los soldados bajaron a callar a la gente por orden del mismo.

Cuando todo estuvo en silencio, otra vez, el gobernador se dispuso a hablar.

-Señores, mantengan la calma y escuchen bien. Todos los soldados estarán resguardando las puertas del pueblo, también habrá arqueros en las torres y las catapultas ya están listas. No sé lo que el futuro nos aguarde,  pero ordeno que todos ustedes. Cierren bien sus puertas, si es posible claven maderas en las puertas y las ventanas… no salgan  por nada en la noche.

-Señor gobernador-lo interrumpió Pascual Pinto, el panadero- ¿Está seguro de que esos brujos o bueno “sus expertos”, no están mintiendo? O quizá se hayan equivocado…

-Si Ud.  No quiere confiar en las predicciones, pues bien…general lleve a este hombre fuera de la ciudad.

El general dio la orden a los soldados y ellos sacaron al panadero, mientras lo sacaban el pedía perdón al gobernador.

-Bueno, señores, veremos si mañana opina lo mismo nuestro señor panadero, aunque sea solo su cadáver. Mis expertos dicen que habrá luna llena por diez… o más años no sabría asegurarlo. Recen mi gente, pidan misericordia a los Dioses, que a la vez son uno solo, para que esto acabe lo más pronto posible.

El gobernador llamó al padre Manuel para que haga una oración y calme a su pueblo.

- Gloria al Padre, que es el que gobierna el cielo.

Al Hijo, que es el que vela por las almas, y,

Al Espíritu Santo, que es el que gobierna la tierra.

-ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén! -, ¡Amén!, repitió la gente.

El gobernador salió de allí despidiéndose de su pueblo. Algunas personas se reían incrédulos, dándole razón al panadero-¿Cómo iban a confiar en brujos? se decían y además ¿aceptarían los Dioses que el gobernador confiara tanto en esos hechiceros? mientras que otros corrían asustados a sus casas, Sam no entendía que estaba pasando, le pregunto a sus padres pero ninguno le respondió, fue como si no lo hubiesen oído.

 En cuanto llegaron a su casa, su padre cogió tablas y empezó a clavarlas en las ventanas y puertas con ayuda de su madre. Cuando terminaron, sus padres se
encerraron en la habitación. Sam no lograba escuchar lo que decían así que fue a la cocina y se metió a la bodega donde guardan sus alimentos para escuchar mejor ya que la madera de ahí era menos gruesa y quedaba a lado de la habitación.

-… no quiero que vayas…-oyó decir a su madre

-… no puedo evitarlo… cu……ndo sea mi  t…..rno, tend…e que ir

Sam no lograba entender muy bien pero oyó llorar a su madre amargamente por un buen rato, luego salieron de la habitación.

-Sam, ven aquí-dijo su padre señalando un banco junto al suyo.

-Sí, papá-dijo el niño acercándose incrédulo.

-Hijo, antes de que nacieras, cuando todavía estabas en el vientre de tu madre… en el pueblo todas las noches había luna llena, ¿recuerdas las historias de demonios que te contaba tu abuela cuando eras más pequeño?

-Eh… ¿te refieres a los espectros de la luna?, pero eso no es más que un cuento de niños…

-No lo es hijo, todo eso es real, nuestro pueblo está situado en medio del bosque oscuro, el cual está maldito.

Su padre se levantó de la silla y se fue a afilar su espada. Su madre preparaba la cena sin dejar de sollozar. Sam estaba asustado, pero al mismo tiempo quería salir a ver si era cierto que existían esos “espectros”, pero era obvio que sus padres no lo permitirían.

Entonces sonaron las cuatro campanas, las cuales sonaban todas, solamente en tiempos de guerra o de luna llena según decía su abuela. En esta ocasión anunciaba que el sol se estaba poniendo y la luna no tardaría en aparecer. Su madre empezó a apagar las lámparas de ¨petromax¨, cuando acabo de hacerlo se quedaron en silencio.

Luego de un par de horas empezaron a oír disparos y unos gemidos espantosos, acompañados de los gritos de los soldados, <igual que en los relatos de mi abuela > pensó Sam.

Sam se quedó dormido unas horas después en los brazos de su madre, cuando abrió los ojos ya había amanecido y se encontraba solo, vió que la puerta estaba abierta y salió a ver qué había sucedido,  su madre estaba en el portón llorando muy asustada, al ver a Sam le dijo que entrara pero él se le escapó y logró salir del portón, su padre estaba hablando con los soldados y en las calles estaban tendidos cadáveres de algunos soldados y sus mujeres llorando inconsolables y besando sus cadáveres. Eso hizo que a Sam se le revolviera el estómago.

-Sam, te dije que no salgas-dijo su madre agarrándole del brazo y llevándole hacia dentro.

-Mamá… cuando le toque a papá hacer guardia… ¿morirá también?

Su madre le dio una bofetada y luego se dejó caer de rodillas llorando incontrolablemente. Cuando su padre oyó su llanto se despidió y se acercó corriendo, le abrazo y le pidió que se calmara sin lograrlo.

-Sam, trae un poco de agua para tu madre.

-Eh… si papá-y salió corriendo por el agua.

Su madre la bebió, su padre ayudó a levantarse y los tres entraron a la casa, de inmediato se oyó un mensaje por la bocina, era el capitán general Leonardo Bravo, hermano mayor del coronel Raúl Bravo.

-Habitantes de Quijos, el gobernador ordena que todos empiecen con sus labores diarias, y que los niños asistan a la escuela, que no se va a tolerar a personas ociosas, así que a trabajar.

Sam y sus amigos se habían escapado de la escuela, salieron del muro por las alcantarillas, bajaron por el túnel, donde se tiraba el excremento, y fueron al

bosque para ver que había afuera, caminaron muy sigilosamente, pero no había nada raro.

-Escuchen chicos aquí no hay nada, mejor regresemos-dijo Ely (una niña flaca y alta pero con facciones muy lindas).

-Ely tiene miedo-canto Joel, el gordo hijo del herrero.

-Miren chicos, es… es… e…e... el pana...de… e… ro-dijo Lorenzo horrorizado (un niño alto y fuerte)

Los cinco niños se acercaron a mirar. El cadáver estaba desgarrado, sus intestinos afuera y su cabeza estaba intacta, muy pálida y sus ojos blancos como la luna. Se empezó a oír ruidos que venían de los arbustos, pero solo era una rata, aunque el animal había paralizado sus corazones por unos instantes.

-Vamos a explorar más allá-dijo Lucia (una niña muy fea, alta y flaca con pecas en la cara y nariz ancha)-o que tienen miedo, ¡gallinas!

-¡Yo no tengo miedo! -dijo Lorenzo.

-Ni yo tampoco-corroboraron Ely y Joel.

-¿Tienes miedo Sam? -dijo Lucia.

-Eh... no, entonces, vamos rápido a explorar.

-¡Vamos! -dijeron todos.

Sam y sus amigos caminaron por el bosque, llegaron hasta el pozo, el cual según lo que le había contado su abuela los espectros lo habían llenado de sangre, y bebían todas las noches del mismo. Sam haló de la cuerda para comprobar si era cierto pero no había nada, el pozo estaba seco, cosa que alegro a Sam porque estaba muy asustado < tengo que ser valiente > pensó, para que sus amigos lo respeten y quizá Ely aceptara ser su novia si veía que no le temía a nada.

 

El sombrero que traía puesto Ely voló por un viento repentino ella corrió atrás del sombrero y los demás la siguieron, cuando logró atraparlo ya se habían apartado mucho del pueblo, tanto que no sabían qué camino tomar para regresar.

-Esto es culpa de la estúpida de Ely-dijo Joel.

-Si es verdad-corroboró Lucia.

-No es cierto-dijo Lorenzo-esto es culpa tuya Lucia, por “querer explorar”.

-Cállense todos-dijo Sam-escuchen, ya está oscureciendo ya mismo harán sonar las campanas y aparecerá la… luna… tenemos que regresar…

-Claro que tenemos que regresar genio-lo interrumpió Lorenzo-la cosa es que estamos perdidos, idiota.

-Chicos, cálmense, no hay que perder más el tiempo vamos a buscar el camino de vuelta-dijo Ely

Todos asintieron.

Empezaron a caminar por un rato, cuando empezaron a sonar las campanas, todos se miraron llenos de pavor. Lorenzo se subió a un árbol muy grande para ver mejor y bajo muy contento.

 -Por allá está el pozo-dijo Lorenzo

-Vamos,-dijo Sam y todos los niños lo siguieron.

Sam al ver el pozo se alegró bastante ahora solo tenían que caminar un poco más y llegarían al pueblo.

La luna apareció, los chicos se apresuraron; pero al llegar donde estaba el panadero, tan solo quedaban sus intestinos regados. Ely gritó muy asustada apuntando con el dedo hacia un lado, todos regresaron a ver, era el panadero que los estaba viendo con sus ojos blancos. Por detrás había más de esos seres, pero estos eran distintos sus ojos tenían un gris penetrante y sus cuerpos no se distinguían, en la oscuridad parecían unas sombras grises y eran demasiado rápidos, en un instante mataron a Lucia, Lorenzo y Joel sacándoles las entrañas y comiéndoselas, a Ely se la llevaron, ella suplicaba a gritos la ayuda de Sam pero él no podía hacer nada lo tenían atrapado. Sam miró a los ojos a uno de ellos él dijo algo en un idioma que Sam no entendía y se lo llevaron a él también.


5% de descuento para los lectores de entreescritores.com en casadelibro

5% de descuento para los lectores de entreescritores.com en casadelibro

Comentarios

Te puede interesar