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ACRACIA. Vomitorios y Aliviaderos

ACRACIA. Vomitorios y Aliviaderos

02-12-2015

Contemporánea ensayo literario

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ACRACIA. Vomitorios y aliviaderos, pretende ser un ensayo novelado con apuntes biográficos y relatos viajeros que sirven al autor para ir desgranando su mirada sobre las argucias que nos condujeron  en 2010, y tras la modificación del artículo 135 de la Constitución pactado entre PP y PSOE, a la desesperanza y al oscurecimiento del futuro, que provocó que fuéramos intervenidos por la Troika, aceptáramos los memorándums impositivos que permitieron que el gran agujero de la banca y la inoperancia de la clase política, la avaricia de los financieros y la colaboración de los  economistas de alto rango que adoran los preceptos neoliberales y ultraliberales, condicionara nuestra vida como contribuyentes o sujetos meramente votantes. El autor intenta recuperar la Humanidad que se ha solapado con leyes endurecidas para los seres humanos y dulcificadas para los del sector ultraliberal, aplicando un tamiz, aplicando el Don Humano de Amarse.  Quizá, lo único que nos falta por ejercer a los Humanos, o nos desvaneceremos como Especie, como sugiere este ensayo novelado.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

El día que escuché a la diputada Fabra gritar en el Congreso – ¡Que se jodan!-, no pude llevar el borde del vaso de agua a los labios. No recuerdo quedar paralizado antes de esa manera, ni temblar de pura intimidación por tanto rencor, ni que, jamás, el ácido de un parlamento de tres palabras tan sólo me atacara el paladar hasta hacerlo arder. Un bramido por el que sentí la lengua de una brocha infecta embadurnarme la osamenta con el barniz de la cobardía manando como grasa de asado, desde el tuétano hacia la piel, cuando, al menos, o eso creía, habitualmente sucedía lo contrario.

Esta vez, la parálisis provino de muy adentro, desde una zona que pensé haber desinfectado a base de ejercitar el entendimiento y el esfuerzo que, lo creo con rotundidad, debo procurar para que las diferencias mantenidas con quien tengo enfrente no afecten disminuyendo el ánimo ni el temple necesario para evitar la barbarie, y, con el debido cuidado, al menos, fabrique un espacio mental donde pueda darse la fórmula matemática del fifty-fifty igual a infinito. Ecuación nacida de la necesidad asociativa que viene dándose desde que, hace cuarenta mil años, el Homo Sapiens Sapiens abandonara el continente africano para desparramarse por todo el planeta, y sin la cual, sin esa capacidad de simpatía y aprecio señalada por Charles Darwin en su obra literaria y concretada en el ensayo científico acerca del Origen del Hombre, jamás hubiésemos salvado todos los obstáculos planteados por el avance, tal como nos han corroborado, a su vez, los arqueólogos y los antropólogos físicos partiendo del hallazgo de una placa ósea, de un incisivo aún pegado al maxilar, o de un fémur incompleto.

De tal necesidad de acuerdo surgieron sonidos articulados para dar sentido a las cosas del mundo y propiciaron conjuntamente la curiosidad más la proverbial capacidad de sufrimiento demostrada por nuestros ancestros, que se disparase la genética a fin de dar significado mediante palabras a objetos, animales, pensamientos, y a la más crucial de todas ellas, la consolidación de la actividad de los centros cerebrales del habla, con cuyo uso creciente y aplicación a la realidad pudimos advertirnos del peligro y avisarnos unos a otros con toda claridad para discernir sobre su origen, para transmitirnos cómo se pudo resolver una situación anómala, resolución que, sin habla , y sin el consiguiente proceso comprensivo que rearmaría el manto cortical para perpetuar la transmisión cultural intergeneracional, hoy día, esa realidad seguiría cobrándose vidas de manera estéril hasta darse alguna modificación orgánica y la deuda quedara resuelta gracias a la habilidad genética de la especie, hecho común en la Naturaleza a base de reaccionar mediante la adaptación endógena a lo largo de miles de generaciones, y que con toda seguridad, salvo en cerebraciones superiores, sea un tránsito puramente bioquímico, un chorro hormonal activado sin la intervención de un proceso intelectual profundo, ni provenga del estudio minucioso de lo que implica la realidad generada por todo aquello que está situado a una milmillonésima de milímetro de nuestra piel: El Mundo.

 

El día que escuché a la diputada Fabra gritar desde su escaño – ¡Que se jodan!-, sentí un dolor agudísimo en alguna parte de la conciencia anestesiada de contribuyente adormilado, al no haber sido enérgicamente reprobada por los diputados colindantes, ni que, ante el barrito, el resto de los congresistas hubiera dejado vacío el hemiciclo, ni el propio Presidente del Órgano de Representación Soberana del Pueblo Español la hubiera citado de urgencia en su despacho, tras interrumpir la sesión con un receso, a fin de recordarle qué significaba dar calor al asiento que ocupa y quién le permitiría cobrar un sueldo tan razonable como el que se embolsará catorce veces por cada uno de los cuatro años que, con suma certeza, vaya a durar la Legislatura.

De la parte de los suyos, sólo hubo un mínimo pestañeo, la sonrisa leve y evanescente de algunos; me viene a la memoria la de Martínez Pujalte, Alfonso Alonso, Hernando, Granados, Bermúdez de Castro, orondos de orgullo como un hampón hortera de Brooklyn entrando al tugurio tras un excelente día de extorsión recaudatoria, e, interpreté, parecían decirse: ¡Mírala, mi chica, cómo me lucha la criaturita! Lo lleva en la sangre…, la hijísima.

¡Coño!, como que hoy llamo a mi amigo Carlitos para que se estire con un arroz de ésos este fin de semana, y ya le digo yo lo bien puestos que los tiene la niña…, peludos y gordos como un puerco espín. ¡Ah!, y un buen cham-pan-ci-to…, vaya por delante…-.

 

De la parte de los suyos, no se escuchó lamentar a ninguna de las diputadas que hubiera lanzado improperio tan poco fino ni tan machista , quizá, porque, acaso, estas parlamentarias también hubieran olvidado, -otra punzada doliente de las que arrasan-, los milenios que ha costado que el Ser Humano Femenino pueda representar a la pluralidad del electorado y se obre en consecuencia a base de honor, dignidad e inteligencia, desmarcándose de la masa de varones y reivindicar a todas aquellas Humanistas que entregaron su vida para que la diferenciación sexista fuera un efímero mal rato dentro del decurso histórico de la Democracia, y, por tanto, recordaran piadosamente a las Compañeras de Especie que les han permitido ocupar escaños por todo el planeta con sus conquistas, pero, sobre cualquier otra consideración, lo hiciesen con su potencia talentosa y amable inteligencia.

Aún oigo ruidos condenatorios al removérseles los esqueletos en el osario y formarse algún torbellino en el secarral más próximo, de lo agitadas que están sus cenizas incineradas ante tanta iniquidad.

Anduve trasteando con el mando pasando de informativo en informativo las siguientes horas, suplicando que tanta punzada por dentro me fuera conmutada con una disculpa sincera, consciente, desde la que se adivinara la dignificante contrición de la reflexión y la esperable compensación ante un episodio de calentura parlamentaria. Calentura advenida de la inmadurez emocional de los primeros años de recorrido impetuoso, queriendo venderles la carrera a los prebostes del partido antes de que noten en ti algo que no cuadra y atisben que puedas ser peligrosa, hasta para ellos, en un cercano futuro. Que puedan detectar una personalidad prefabricada, sin trabajo serio tras el guiñol social que manejas, ni el menor intento de arriesgar mostrarse ante otro con tranquilidad y deducir que la comodidad en ambos cuando habláis directo, ya no es arriesgar, es ganancia, de la que gusta practicar.

Da por pensar que es algo que suelas perderte porque no crees que tal cosa tenga algún beneficio en el barro laboral donde trabajas, dada tu estridente carestía de talento, el que requiere presentarse ante los demás sin chirriar. Cuesta menos trabajo, o tiempo de vida laxa y holgazana, rechinar como una carreta con problemas de lubricación, porque usas poco ser suave, y no te dura nada. Exigir, incluso, hasta en el pedir, para que sean los demás quienes hagan el trabajo de comprenderte. Te es más rentable ahorrar esfuerzos ímprobos, de los que resultan verdaderamente rentables y salvan vidas, que empeñarte en ser útil a base de acopiar calladamente conocimiento durante años. -“Total, eso, en política no vale para nada”-. Mejor medrar para entrar al barro especializándose en aparentarlo, tapando la ausencia de mirada interna, la inexistencia del trabajo mental que se ejercita al observar profundo que el otro también está solo y deducir que, al fin y al cabo, todos viajamos por igual recorrido, navegando con incertidumbres por la vida. Que, como tú,  tiene miedo, dolor, vergüenza, que a vivir lo han enseñado a bofetones, que resulta duro pagar los altos precios de las equivocaciones, y de que, en ti, llegue a repetirse el proceso de pago alguna que otra vez de más y, aun así, lo lamentes y no entiendas que te toque, si no has hecho nada, porque aún no te has cruzado con un humano benefactor que te ayude a equivocarte menos, pero a ti te sucede bien poco, entre otros motivos, porque al ir tapada no se te ve lo que realmente eres, o precises, ya que la apariencia falsaria de tu guiñol no siempre funciona en todos, ni engaña a todos.

Que, como todos y como tú, el otro de enfrente también morirá.

Llegar a entender a otro desde uno mismo es un don que nos pertenece como Especie gracias a la evolución del neocórtex, una herramienta correctora de la falta de elevación humana que impida aflorar la amabilidad en el buen trato. Cualidad que mejora al otro y permite que su mejora sirva para inspirarte a alcanzarla. Para que, lo que recojas de todas esas mejoras, sirva para actuar en tu favor y ante esta recompensa, todo el placer que supone contender contigo, no contra otro, y vencer, acabe siendo un proceso memorizado e incorporado al comportamiento para poder usarlo cuando a alguien se le hiciera necesario resolver, fuese quien fuese.

De tenerla y haber sabido manejar esa herramienta intelectiva de precisión, la citada calienta escaños no desearía que alguien se jodiera. Ni siquiera los parados.

 

No obtuve resarcimiento a la puntada. En los pasillos de acceso al hemiciclo subsiste durante largo tiempo de espera, una nube de periodistas deseosos de preguntar a quien va transitándolos y dejar todo comentario grabado con la intención de volcarlo en el próximo informativo, aunque estén mintiendo como bellacos miserables. Para dejar registrado en la videoteca, o en la hemeroteca, qué lenguaje corporal suele usarse cuando no hay nada que decir, salvo que le hagan la pregunta a otro, porque no es de su área competencial. O, contestan que llueve mucho sin atender ni media pregunta cuando llevan prisas de más, cuando no les consta , dicen desconocer, o, simplemente, no les interese exponerse si el tema abordado los atañe a ellos, no a los de la oposición, que, en ese caso, hasta el tal Pulitzer, o hasta el mismísimo Quintiliano, ante una bola tan bien puesta para lucir verbo parecerían meros segundones a su lado, mientras se explayan de corrido con lo que les han pasado al iPad los artistas del retruécano del sentido, del sinónimo más liviano y del reviro de la metáfora mendaz, para guiarlos con un argumentario matriz que unifique el pensamiento de portavoces y opinadores . No obstante, siempre acaban por diferenciarse al recordarlo, al interpretarlo. Se oye un ronroneo general exculpatorio a quemarropa, con un estilazo muy a lo Francisco Marhuenda, diluyendo la trascendencia de lo sucedido, -uno se pregunta si aún creerá que no se le nota la ineficacia de la técnica, la única que gasta y ya ha convertido en muletilla -, hasta acabar resaltándola en el grupo parlamentario opositor con dos o tres cifras estadísticas manejadas con ansia infantil de excelencia, aunque los datos objetivos sean tapados o evitados a conveniencia, para finalizar con una comparación acerca de lo que les sucede a los sociatas y la izquierda radical por Europa.

Pero nadie es capaz de convencer, les es casi imposible cuadrar intención con veracidad y dependen de la benevolencia de los suyos para ser creídos, aunque no entiendan por qué embarullan tanto y no trabajan más para ellos, tal y como dijeron en campaña que trabajarían.

 

La cámara ayuda a detectar la frivolidad si los comentarios van editados en serie. A forjar memoria zapeando informativos que muestran al entrevistado desde ángulos distintos y con distinta óptica en la narración aclaratoria, según sea el pelaje del director, la intencionalidad del redactor y la estofa de la sociedad anónima que los contrató. Nuestra memoria va acumulando sus poses, las actitudes ante la leche varia del que interroga, el catálogo de chulería, el de la seriedad, el muestrario de lo que suena a mentira, lo que insulta la inteligencia y te indigna, pues, el haragán, la haragana, cobra el sueldo de tu bolsillo, su familia vive de tu esfuerzo, con el riesgo que a veces corres para ganarte el tuyo, y de, además, dar cumplimiento a las leyes tributarias del señor feudal porque no quieres saber nada de conflictos con el ávido del recaudador, porque es mejor resignarse a creer que el dinero que te duele pagar sirva, como poco, para aliviar a otros que necesiten y, la más importante, que valga la pena cumplir con el pago de los impuestos y tranquilice tanto estar al día, con el historial de impagos presentable, limpio y brillante, para exigir al Estado que, a pesar de serlo, a pesar de considerar que somos el Pueblo Sobre el Ano, ahora, a quien le toca cumplir con la misma brillantez y en el plazo consiguiente, es a Él. O meterle, a la altura del orificio más conveniente que recomiende algún letrado, la Ley por el infundíbulo, si no cumple.

Nuestro IVA, sería. El Incremento al Valor Adquirido que nos corresponde por el hecho de financiar toda una estructura de Estado para pervivir otros mil años más abrazado a la iglesia católica, como ha venido siendo así desde que estos colosos del absolutismo monárquico y el despotismo ideológico unificaran criterios para impagar lo adeudado a judíos y musulmanes con su expulsión de la península, y, redondeando cifras, autofinanciarse para los restos con el Tratado de Tordesillas, cuyo arbitraje corrió a cargo de los infalibles de Roma metiéndosela dolorosamente doblada a Portugal con las mentirijillas que un avispado cartógrafo, aprovechando la ignorancia de los lusos acerca de cuánto se había descubierto hasta 1.494, y cuánta riqueza quedaría en manos de los españoles a cambio del Brasil, y lo que ya habían descubierto, desde Cabo Verde hasta Mozambique, marcó como límite distributivo el trazo de un meridiano imaginario sobre el mapa del océano Atlántico, -desde aquí para Vos y desde allá para Nos, entonces, pues, firmemos -, perdiéndose éstos la administración y explotación del resto del continente más rico en recursos de la historia. Algo que aclararía la inquina rencorosa de Mourinho hacia los españoles y deja explicado el gran negocio de los de Roma: dos tuberías ibéricas de entrada en sus arcas de viruta cruda y en bruto, con cuyos caudales pagarían los costes inherentes al sangriento imperio evangelizador que extenderían de la mano de los otros dos Estados para hacerse con toda Europa, casi media Asia y con el maná inacabable de todo el continente americano. Hoy, imperio sanguinario reconvertido en otro estado y, para mayor vergüenza de los buenos practicantes de las enseñanzas del Nazareno, autoproclamándose como Estados Pontificios de la Santa Sede, y beneficiarse con la fórmula legalmente establecida más interesante para no verse obligados a someterse nunca más a otros Estados ni a los tratados vinculantes, a pesar de serle otorgada la soberanía con la inclusión de la ONU en su lista de Estados reconocidos, en su caso, como Estado observador.

La inviolabilidad soberana de Estado frente al bárbaro, fuera cosa que algún listo los llevara a los Tribunales de Justicia Universal por crímenes contra la Humanidad, quedó garantizada antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, aunque el origen del nacimiento de dicho micropaís se debiera a la cesión de terrenos por convenio entre un fascista y el cardenal negociador de turno, chorreando sangre por ambas manos, en detrimento del pueblo soberano italiano, que ni chistó, o si lo hizo, se le deslenguó con el filo implacable del machete de la Contrarreforma y la inquebrantable mano de hierro de los jesuitas, que tanto gustan usar cuando negocian sus ventajosos tratados. Para esos casos se pensó fueran readmitidos; mejor tenerlos medio a favor, que medio en contra. Y para pasar la escoba por las demás órdenes si la estulticia y el desatino comienza a notárseles desde afuera y las máscaras ya vayan por los suelos con la cantidad de delitos monetarios y vicios sexuales que estas bestias libidinosas no se cuidaron de tapar, dado que la doctrina esgrimida, en ellos, no funciona, quizá, porque sepan que, después de todo, Dios es el único que sabe que no existe y sea esa la única verdad que no deba insuflar la fe, la viruta podría mermar y no habría manera de pagar los costes de los procesos judiciales abiertos en EEUU, once mil millones de dólares hasta el 2013.

Además de la pérdida de creyentes y de vocaciones, son dos mil millones de dólares en indemnizaciones a las víctimas lo que le ha costado la pederastia hasta 2011 a la Iglesia Católica. Es el precio pagado por mantener calladas las bocas de los niños violentados y poco, o nada, trascienda a los medios de comunicación, porque a los abogados norteamericanos se la trae floja que el acusado sea la Santa Sede, si hay un dólar de por medio y se los trinca por donde les cuelga la hombría y aprietan , y saben hacerlo como nadie, embargarían hasta los clavos de la Cruz, la mitra papal, los báculos pontificios y los enormes territorios registrados a su nombre por todo el orbe; los cobros de inmensas cantidades de dinero que recibe el Vaticano de las devoluciones de Hacienda de los feligreses españoles, los 249 millones de euros (más dos millones adicionales, para compensar la subida de impuestos) ya cobrados anticipadamente en 2013 a cuenta de los correspondientes al 2014, y embargar el 63% de los salarios que los sacerdotes católicos levantan al Estado aconfesional del Reino de España mes tras mes, sin remedio.

Quizá fuera todo ello, y no es poco, lo que disparó la salida del anterior pontífice, visiblemente incapaz de sobrellevar tal cruz a cuestas, y la entrada del diestro chamullador jesuita argentino, con quien la Iglesia pretende colocarnos como punta de lanza comercial a un tipo con carisma capaz de hacernos ver que todo estos asuntos van a ser retomados o solucionados con un pido perdón, pero, sobre todo, no se le note excesivamente que nada dirá de compensar. Ya ha pedido perdón. Punto. Catolicismo de pura cepa. Lo único nuevo para el mundo será ver cómo se lo van a pasar las demás órdenes con los dos papas jesuitas; un papa, el negro, es el General de la Compañía de Jesús, lo es de facto y en la sombra desde 1542, y el blanco, nombrado en cónclave por el cardenalato, ambos operando con el martillo pilón a dúo, maquinaria pesada que manejarán sin misericordia orden por orden, Kikos, Legionarios de Cristo y, por supuesto, el Opus Dei, los peores enemigos del jesuita, incluidos. En nada, en un par de años si acaso, lo dejarán todo igual a cómo fue antes, pero ya nadie les meterá más minutas de pleitos por delitos sexuales, habrán aprendido a esconderlos mucho mejor y seguirán lavándoles los pies a los pobres ante la cámara, mientras se lo llevan crudo y nada les importe los de ahí afuera. Yo, mi, me, conmigo y para mí. Y esa mezquita de ahí, también.

La experiencia recabada desde hace mil setecientos años viene reforzándose en sus mentes hasta alcanzar la orfebrería, pura y a espuertas siempre, en la recaudación dineraria per secula seculorum, con la ayuda de la venda de la fe, el fuego de la hoguera y la excomunión  poniéndonos a los pies del demonio, sin que nadie se lo impida, por eso es un Estado legalmente reconocido y goza de millones de embajadas, allá donde haya una sotana, para mantener sus intereses bajo la apariencia de labores evangelizadoras que, sin duda, usarán para sacar la gran tajada del mérito aducido. La caridad tiene un precio, quede claro, aunque en el Nuevo Testamento nada se diga de cobrar. Todo es interpretable para la crematofilia vaticana. Mejor relativismo, no hay.

El dogma manejado a toda costa, el llenado permanente de los arcones con dinero del color que sea y manchado de lo que sea, tampoco lo hay mejor.

Nadie mira cuando pecan, ni el de siempre, de quien dicen, todo lo sabe, a todos ve y a todos juzga. A todos…vosotros.                        

 

Corroborando la tesis del perdón católico de pura cepa, el milagro se encarnó en la diputada Fabra, del Partido Popular, cuyos impagables creativos escogieron como animal tótem a la gaviota, creando una nueva especie de carroñera marina, la Prodigiosus Pastizaliis, ya incluida en la nomenclatura de especies no extintas, como viene dios mandando, desde que un concejal del ámbito Correa and friends, conectara al ordenador de la fiscalía de turno su pen drive.

Milagro que se obró cuando a la diputada Fabra amaneciendo por el pasillo de acceso al hemiciclo, se le preguntó si el – ¡Que se jodan!-, iba referido a los parados, dado que en ese momento de la intervención de su presidente de partido, éste incidía en que los parados muy bien no lo pasarían en esta legislatura, porque la guadaña pedía turno para segarles los pies. De repente, sin dejar de avanzar para incomodar a los periodistas, largó aquello de que se había sacado todo de contexto, pues se refería a los señores de la bancada radical y, cómo negarse a creerla con los ejemplos de padre y marido repletos de probidad en sus actos, nada se dijo de los parados, por quienes sentía respeto. Paró un segundo y el alcachofar de micrófonos acabó por embalsarla, aquietándola irremisiblemente, puesto que los compañeros siguieron camino hacia la puerta, quizá, para que se explayara más largamente sin los apremios de su presencia y se confiara transparentemente a los amigos de los medios. Vaya, que fuera baqueteándose en la lidia, y ellos tenían totalmente ocupado el fin de semana., que dios repartiera suerte y, si acaso, ya leerían lo que improvisara sabiamente, café con leche o cañitas mediante.

- ¿La prima?, pues que se apañe, si la han pillado. ¡Hostia!, la prensa. ¡Taxi! -.           

 

Repreguntada a quemarropa con la intención de aclarar lo que dijo y a quién se refería en realidad, la reacción neuronal ante el estímulo inculpatorio no se hizo esperar.

- Miren, yo… ya he dicho todo lo que tenía que decir y, que, en el hipotético caso de que, si alguien, en algún momento, se hubiera podido sentir ofendido por mis comentarios en cualquier caso, y yo soy la primera en reconocer que no han sido palabras afortunadas, ya les pido disculpas. No tengo más que decir -. (Y arreglao).

 

Cuando alguien que cobra el sueldo de la ubre estatal empieza un argumento aclaratorio con un imperativo (Miren), emplea a la primera de cambio el pronombre personal (yo), intenta zanjar de inmediato el juicio ajeno con cierta urgencia (ya he dicho todo lo que tenía que decir) y se lanza a galopar vereda abajo agarrada a las crines del alazán de la minimización de responsabilidades propias, usando la retórica condicional para que un público inexistente se ponga de rodillas ante la contundencia ideológica que destila( hipotético caso…; si alguien…; en algún momento….;se hubiera ….; en cualquier caso), se acusa a sí misma de manera muy liviana, generalizando al máximo, antes de que otro la acuse con mayor mezquindad  (yo soy la primera…) para redondearlo todo con una coda simplificadora sin destinatario definido, dejándolo en el aire como si quien tuviese la mala leche de verdad eres tú por verlo todo más gordito de lo que es (no han sido “palabras” afortunadas) , porque han sido esas palabras y no yo, (¿a ver si al final eres un puto rojo de mierda que no ama a mi ¡España!, como yo, y da la cara si-em-pre, como yo y los míos, eh?), para seguir con un estruendoso preámbulo( ya les pido disculpas), que finalizará con la rotundidad genética de los Fabra( No tengo más que decir), indica que ese alguien que cobra el sueldo y las extras, las dietas, las asistencias a las diferentes comisiones parlamentarias ad hoc - a tantos euros por comparecencia -, los emolumentos de compensación por traslado laboral a Madrid, todos ingresados en cuenta, y, por consiguiente, sin retrasos, o, más aún, que, con sólo ocho añitos como calienta escaños ya alcance el derecho a una jugosísima pensión de jubilación garantizada de por vida a diferencia de los cuarenta del resto, es porque pagamos los suficientes impuestos, demostrativamente, para que a ese alguien no se le caigan los anillos al pedir humildemente perdón, sin más, no para que, aparte de la ausencia de cualquier tipo de empatía hacia los no afectos, nos deje lobotomizados y hundidos por masacrarnos la inteligencia, o, el entramado mental que la permite, al acallarnos con la cara cagada, ni más ni menos, cuando dijo respetar a los parados, pero no a los sociatas radicales de enfrente, a quienes relevó de un plumazo la representación parlamentaria, y legal, de 7´5 millones de votantes, sin pararse a pensar que, entre esos millones de votantes, estuvieran integrados los trabajadores en paro, como si no hubiera aprendido que hasta los parados mantienen intacto el derecho de sufragio, por lo que la niña Fabra subió, desde la más completa de las oscuridades, al top ten nacional de la peor estupidez táctica surgida del barro laboral por el que zigzaguean los nematelmintos patrios. Aunque, a gran distancia, nada parecido al mágico acuerdo alcanzado por dos mariposones, colmados por la Naturaleza de una soberbia incapacidad para discernir, pero no para mentir, dando lugar a que la Constitución Española, Intocable Señora hasta aquel instante, fuera salvajemente violada y dolorosamente sodomizada mediante la penetración modificadora del Artículo 135, dejándonos, a quienes les pagamos, absolutamente abandonados al albur de la conveniencia estratégica de los burócratas chinos y acreedores externos de amplio espectro, o, la banca hispana financiando al Estado al 7´25% antes que arriesgarse a dar crédito al tejido social con tantos embargos y desahucios planeando, para cobrarnos hasta lo infinito las deudas que aquellos mariposones, sus abyectos secuaces, -financiadores de campañas electorales con dinero B y con visitas papales repletas de comisiones ilegales fluyendo a chorro-, crearon con el ¡España! va bien, estamos en la Champions League de las economías europeas, la banca española es de las más solventes de la Vía Láctea, no es crisis sino deceleración,  el ¡que hundan España que ya la salvaremos nosotros¡, del conmigo el paro bajará, no traspasaremos la línea roja y aspiramos a crear tres millones y medio de empleos hasta llegar a la ocupación completa, la luz al final del túnel, los brotes verdes, los finiquitos como simulación en diferido, no habrá un banco malo y a los españoles no les va a costar un euro la capitalización de los bancos, o el enfermizo queremos gobernar como “dios manda”.

Total, nos convirtieron en avalistas forzosos, a los 47 millones de cabezas de ganado, de los bancos, del Estado y las empresas del IBEX35 con los avales que han recibido de los Gobiernos pasados y presentes. Por primera vez en la Historia, los Seres Humanos españoles servimos como avalistas a un banco porque ya nadie confía en éstos para darles un céntimo, mandando a la mierda el Mercado Interbancario en el que solían financiarse los apalancamientos entre recursos propios y endeudamiento. Cosas del ladrillo, de burbujas, ¡nah!, tonterías del Banco de España, decía el Listo Mayor de Santander.  

La esclusa de la mierda que los mariposones abrieron con la modificación del artículo 135 cayó en catarata sobre nuestras vidas, presentes y futuras, para calmar al muñeco del ventrílocuo alemán que los había amenazado con llevarlos al Tribunal de Luxemburgo por incumplir el pacto de estabilidad conducente a la unión fiscal, y no fueran despedidos para los restos del panorama político, con lo cercanas que tenían las elecciones generales, y nos plantificaran a los tecnócratas colocados, -por troleros y maquilladores de las estadísticas estatales entre otras licencias-, en Grecia, Irlanda, Chipre, Portugal, Italia, y a la menos recordada Hungría, que mintió a pajera abierta y la pillaron a calzón bajado, disolviendo los gobiernos democráticamente elegidos a golpe de dimisión y pacto in extremis a conveniencia de los rescatadores. Y para nuestra condenación individual como sujetos votantes, porque ya veremos si servirá de algo votar con nuestra soberanía disuelta y sin voluntad ante los monstruos de la Troika: Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Europeo, más la canciller alemana actuando como muñeco del  Estado Alemán, que la maneja a fin de resarcirse cuanto antes de los 22.400 millones aportados para el rescate griego, 148.000 inyectados para salvar el euro y minimizar el impacto de la aportación anual de 10.000 millones , el 20% del presupuesto anual de la UE, mientras que con la incertidumbre que plantean los estados periféricos con el déficit fiscal correspondiente, no solo consigan ahorros inmensos y financiaciones fabulosas obtenidas al dilatar en exceso la respuesta europea y haber sembrado de dudas el futuro de la UE, sino que la desbandada de inversores de los PIGS ha permitido pagar intereses negativos de sus bonos, aun siendo sus propios bancos los que más hondo se metieran en el cieno de las subprime.

Dilación provechosa que acabó cuando Merkel cayó en la cuenta que, de seguir por ese camino, pudiera encontrarse con el cajón reventando deudas incobrables y el mercado financiero se le volviera en contra y le sajara la yugular, por lo que se dedicó a diluir como azucarillos la soberanía de los citados estados y los mercados se aquietaron, no sin antes dejarnos bien exangües pagando primas de riesgo país, (es decir, si queréis renovar vuestra deuda sin saltar por los aires, acoquinad como gilipollas), cercanas a los 700 puntos porcentuales.   

 

Todo este estofado con olorcillo a golpe de estado, fue firmado por los mismos mariposones que no necesitaron consultárnoslo, que si ya éramos ganado de antiguo para ellos, ahora adquiriríamos el grado más inquietante para cualquier tipo de ganado, el de convertirnos en ganado sacrificable.

Y como viene sucediendo desde la implantación de la Contrarreforma y el Absolutismo Monárquico en nuestra mente, -ahí entendí qué es ser español-, nos topamos con la conciencia de dios, del rey, del político, del obispo, del general, del maestro, del delator, de los padres, rodeando nuestra conciencia de ser humano libre con sus capas de cebolla para que, por siempre jamás, permanezcamos quietecitos y no enredemos sacando las guillotinas a la plaza más ancha del pueblo y empiecen a rodar cabezas por los tiestos, ni  saquemos a pasear los hígados del preboste, del cardenal, del bancario malvendiendo órdenes del banquero putrefacto para incrementar el botín de la Sicav, del empresario sobornador y el de los seres superiores, visto lo visto y por cómo vienen reaccionando tan sádicamente con las manifestaciones y marchas ciudadanas para expresar que pare de una vez el dolor de tanta tijera. Por cómo denigraron el ejemplar 15-M, los scratches a nuestros “representantes”, y a la plataforma antidesahucios, amadrinada por el brillante ser humano que es Ada Colau, la más hermosa de las Humanistas de nuestra historia con sus actos de amor hacia los desahuciados y hacia nosotros, aunque ella no sepa que nos ama a todos, pero, así es. Deseemos siga ajena a la política de barrizal, o salga cuanto antes, de entrar, para rebajar la escaldadura emocional que la circunstancia inflige y nos siga siendo tan útil como ejemplar.

Que ni podamos quejarnos de lo angustioso que todo nos resulta, que ni los políticos nos escuchen porque ya no podemos sufrir más, ni soportar ver sufrir a los niños famélicos de nuestra especie Sapiens Sapiens ya demasiado visibles en este país gracias a los mismos profesores que los ven desfallecer sin cenar ni desayunar, mientras vemos cómo se afanan los recaudadores en cobrárnoslo todo, hasta a los pensionistas y los enfermos crónicos, a los dependientes del Estado, aunque ya lo pagáramos desde el propio nacimiento. Sin disculparse, sin la mínima intención de pedir perdón, porque saben que, para nosotros, para llegar a la poderosísima autoconciencia de Pueblo Soberano que poseemos muy allá adentro, antes deberemos decapar toda la cebolla de la Contrarreforma con que nos han recubierto el espíritu e inutilizado el Don de amarnos como Especie, -exclusivo del Homo Sapiens Sapiens-, desde 1542 y, sobre todo, dada la urgencia que clama nuestra naturaleza humana, en evitarles más dolor a los nuestros. Es de exigir memoria, sin demoras, a los que alimentamos con nuestros votos y con nuestros impuestos que, como sucede en todos los ámbitos de la vida comercial, salvo en el segmento contribuyente, por supuesto, es el cliente, es el tipo de la viruta constante y sonante, quien ¡manda!, -miserables engendros del chupacabras y una hiena-, o, como mínimo, exigirles ser resarcidos con el hecho de pedir perdón y otorgarnos la compensación humanística que lo sublime. No con la técnica católica de la diputada Fabra tras gritar desde su escaño – ¡Que se jodan!-.

 

(Denme un segundo y ahora vuelvo. Voy a coserme un poco el corazón abrazando a Milton y a Lola, que se han quedado hechos trizas al verme así. Bueno… gracias…, ya lo tengo, uf, todo más en orden. Ya puedo seguir).

 

Tecnología de fusión fría que viene reproduciéndose peligrosamente en la casta de los intocables de ¡España!, y a diferencia de qué significa serlo en India, aquí lo son y lo ejercen como bellacos nadando en la indignidad y en el deshonor cínico, sabedores y convencidos de que somos unos armatostes orgánicos, no tenemos dos dedos de frente y--¡ a callar todos los putos rojos, yayos y perroflautas de una puta vez ,hostias¡ perdóneme,- (este perdón ya les sale más sincero)-, monseñor Rouco. Es queeee, ¡vaya tela con la plebe!, jolines--.

Ejemplos para argumentar lo intocables que resultan las raleas políticas, además del de la pérdida del control sobre ellos cuando nuestra papeleta de voto cae en la urna, el aforamiento ante la justicia ordinaria les sirva de pantalla disuasoria y nos vayamos a aguantar cuatro largos años con el canalla de turno incumpliendo el programa prometido, pero gobierna como dios manda, sin que haya un psiquiatra con buen corazón y lo mande al frenopático de urgencia, tenemos al inestimable (que no puede ser estimado como cree merecerse) presidente de honor de Prodigiosus Pastizaliis, quien nos avergonzó al decir –“Créanme cuando les digo que Sadam Hussein posee un extenso arsenal de armas de destrucción masiva” - , para,  más tarde, evidenciarse ante la Humanidad no tenerlas, ni las tuvo, y zanjar las seiscientas mil muertes de saldo final con el  brutal soliloquio del – “A toro pasado es muy fácil saber que no había armas de destrucción masiva, ya te digo”- , mientras las llamas titilaban en la puerta de entrada a la estación de Atocha y los ramos de flores rodeando fotografías recibían a los usuarios del metro londinense.

Lo peor que le pueda pasar a un mentiroso, si su patraña queda al descubierto gracias a la propia soberbia.

La metedura de pata y el descrédito alcanzan niveles mundiales, a todo rango, escriba los libros que escriba y dé las clases en Georgetown, universidad gestionada desde 1.795 por los jesuitas, que dé.

Un tercio de las muertes, son suyas.

Un tercio de la consecuencia de tanto horror, es suyo.

Un hombre de honor consideraría imposible sobrellevar tanto peso en la conciencia. Por mucho que justifique infantilidades y preñeces mentales, son muchos litros de sangre a su cargo. Pueda ser que, mientras el presidente de honor aplique la lógica de aparentar que estaba más que probado intervenir militarmente Irak -y, ante todo, fuera su obligación como demócrata de toda la vida-, la disciplina mental, que todo mentiroso debe manejar casi por castigo, sirva para retener la óptica de la mirada interna quietecita, centrando muy bien la atención en otras índoles, pero, cuando la edad avance, los filtros empiecen a cegarse, o, las herramientas de mantenimiento mental sean insuficientes, los controles se atenuarán y la autoconciencia de lo no resuelto avanzará como un dinosaurio por un túnel hacia ti, y, sin honor para hacerle frente, te enloquecerá.

No tener talento, siempre sale caro. Siempre lo aparentaste, nunca lo retuviste y no sabes, ni a tu edad, con qué está construida su naturaleza. Con la ganancia del esfuerzo que implica mantenerse honesto y respetado por tus actos, mientras discurres por la vida: Con Honor.

Tienes un Espíritu pequeño, señor presidente de honor. Hecho de mentir, de forzar memoria para mantener el entramado de argucias y secretos. De procurar, aun cuando fueras detectado, ser lo suficientemente cínico como para convencer a todos de que lo que han visto con sus propios ojos, no es más verdad que la tuya. Lamentablemente, las manos chorrean sangre, y nadie te creerá, te lo harán notar sin refinar el cinismo, convirtiéndote en un mal intento de político, en una variante novedosa de fracaso de listo iluminado. Otro listo olvidable a toro pasado.

Asimismo, los periódicos inmundos y los espabilados de sus directores, llenos de razón, insistiendo con que en la vida hay sólo tres cosas a, b y c, nada más , amamantaban la idea de que sus chicos preferidos, prebenda oculta mediante, supieron gestionar en todo momento sus mentiras para que, al final y a base de encabezonarse con la autoría de otros y no del salafismo vengador de la masacre perpetrada por los tres perros occidentales contra los hermanos iraquíes, consiguieran hacerlas realidad verificable y el tiempo ya lo pondría todo en su lugar, para, así, obtener los réditos de hoy sobre lo que nunca sucederá mañana, suspirando por el incremento de las ventas diarias, de los cobros por publicidad, por propaganda corporativa de Estado, empresas, clero, y el infundio calara en nuestro hipotálamo. Para que, cuando menos, los izquierdatas radicales no merecieran hacerse con las elecciones ni fuese demasiado legítimo que formaran gobierno, porque el calvo barbudo con manos de cura de pueblo rebozándoselas continuamente se aprovechó de la tecnología del SMS, nos violentó a todos para derrotarlos con una virulenta comida de coco del tonto el culo del de la ceja, en afrenta cruel, salvaje y sin precedente conocido.

 

– Pero, ya volveremos. No durarán – soltó el mariposón cainita.

- ¿Y, entonces…?-.

- Ya veremos…, ya veremos-, respondió a las arpías entre volutas de habano.

-¡Los devoraremos por los pies hasta las rodillas!-, arengó la castellana más alta crispando la mano derecha hasta rechinar tendones. - Y, ¡tú!, te pondrás unas funditas, ¿no, nena?, porqueeeee, ya te vale, ya-.

 

La más bajita de las recién ascendidas, la que más sentía pavor a hacer el ridículo, la que peor usaba el lenguaje átono del berbiquí emocional, modelo Madre Superiora de convento, no pudo negarse, sobre todo ahora, con el sueldo bien garantizado. ¡Ah!, y con “lo otro”. Sueldazos financiados con impuestos durante siete años y medio, período durante el cual los populares se cocerían a fuego lento en la bancada opositora humeando de resentimiento y enloquecedor desquite, preparándose para hacerlo efectivo vomitándolo sobre la población que les negó el trono a la mínima ocasión disponible. Todavía les quedaban las Autonomías de pro para ir preparando camino, como los zapadores. Había mucho déficit que crear para incomodar al de la ceja, pues, ¿quién se habrá creído que es, este atontado, para decirme si debo beber vino o hacer aeropuertos y autopistas, eh?  

Con el rencor avivando el horno del “ni perdono ni olvido”, prometieron echarnos encima la colada de metal fundido gestada al calor de la más cruel de las venganzas que pueda pergeñarse para limpiar la cuadra de indeseables de un solo escobazo. Como una secta ajustando cuentas: “Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades, y ahora, lo vais a pagar”, nos dijeron los cuellicortos malpagantes y los cardenales laicos.

 

Tanto Arturo Fernández como Juan Rosell anduvieron de plató en plató y de alcachofa en alcachofa durante semanas para convencernos de que todo lo que nos doblaría la chepa debía ser asumido con resignación y apechugar entre todos, todos vosotros, cobrando menos, trabajando más con nuevos contratos magníficamente flexibles (para los empresarios) y con los impuestos más altos de la historia tributaria española. Que nos van a tirar de casa porque no pagamos y si no pagamos es algo que no les importa, nos creímos potentados y nos endeudamos más de lo merecido, aunque ellos nos alentaran.

–“No haberos creído la publicidad…, sería de cretinos”-, vino a decirnos Díaz Ferrán antes que aquellos dos. Como si ocurriera de nuevo tras darnos cuenta de que los reyes magos son los padres: furia directamente proporcional al resorte de autocontrol ciego y quietismo normativo que nos acabamos imponiendo para evitar líos, la vieja ecuación de la programación mental española como ganado automatizado que, al fin y al cabo, patriotismo y españolidad mediante, es habitualmente como nos consideran. En lenguaje de la cúpula empresarial, somos la plebe (agréguense los calificativos más apropiados, como ignorante, miserable, peligrosa, etc). Y lo otro, -¡Que se jodan!-. Una letanía creciente. La Gran Ola en el Puerto. Nuestra indefensión. Más Contrarreforma, nuevo Concilio Vaticano y más Absolutismo Monárquico negándonos un asomo de transparencia.

Los mismos de siempre contra los de siempre. Intocables serán, pero resulta imposible no sentir su mano apretando la carótida demasiado a menudo.           

Novísimo ejemplo para argumentar lo intocables que resultan las alcurnias políticas de ¡España! lo encarna la tenue responsabilidad civil y penal del operario de la cosa pública ante los errores, la falta selectiva de ética, el derroche hipertrofiado de los fondos públicos, ya que ni siquiera era punible, -ni está muy claro serlo, con lo legislado en abril de 2012-, salvo ser pillado en flagrante cohecho, en palmaria prevaricación y pueda detectarse con contundencia la baba de caracol en el rastro que vaya dejando, incluso, al ir desplazándose por el cieno. Rastros contables, epistolares, telefónicos o informáticos en sus variadas formas, que demuestren sin género de duda su culpabilidad y, en última instancia, los sancione la Justicia con la máxima celeridad, jueces y fiscales proclives a la persuasión del Poder Ejecutivo de turno, mediante.

Que la inexistencia de simpatía hacia la propia especie, su falta de celo, las expresiones continuadas de cainismo demostrable, más la ausencia de vigilancia y previsión, acarreen gravísimas consecuencias a futuro poniendo en riesgo la estabilidad presupuestaria de todo un Estado, y por ende, tal irresponsabilidad afecte a la propia estabilidad del modelo de bienestar buscada por toda democracia consolidada para pervivir y facilitar la cohesión social de los grupos humanos que componen el multicolor segmento del contribuyente y del votante. Los niños ya pagan IVA si compran chuches, recordemos. Y no votan.

Que, ante la duda, la necesidad de entendimiento, de corporativismo hediondo con los de la jaez politiquera y la omertá impida ver qué cara gastan en los ambientes de despacho mientras se pacta con los empresarios que realmente detentan poder, parece probable de más que las decisiones se decanten olímpicamente hacia los intereses del partido antes que corresponder al electorado, sobre todo, porque los de afuera viven en la inopia con sus pensamientos dislocados. Saben que con el control mental de la población moldeada por los medios, la conciencia de especie humana la tienen partida, atomizada, y, además, carezcan de cultura política, -Para estos, el B.O.E. es un periódico muy raro, sin deportes ni crucigramas ni fotos-; o, ya más cínicamente, presuman de listos y no tengan ni idea de nada. Que de tenerla, ya les pasarían el rodillo soviético por encima si se les ocurre plantear alguna iniciativa legislativa popular. Triturarla y diluirla con impedimentos de trámite parlamentario altos y gruesos como un muro, o, incluso, con la apropiación descarada de los líderes del partido opositor para remozarla a su gusto y conveniencia, como ha ocurrido con la ILP de La Plataforma de Afectados por la Hipoteca y el amplio millón quinientas mil firmas que potentemente la armaban. Por desgracia, hubo que retirarla a fin de preservar la autoría. Y así se hizo, para mayor ofensa de tales representantes y para conjurar su oportunismo, a falta de ideas.

 

-Todo por el pueblo, pero, sin el pueblo -. 

-La plebe debe ser consciente de que, para lo que están, es para legitimarnos, no para vigilarnos. ¡Faltaría más!-.

-No aprenden. Aunque, mejor que no aprendan mucho. Ellos que voten, que voten, les vacilamos cuando haya cámaras haciendo como que si nos enfrentamos, es por ellos, y felices todos-.

-Hasta dentro de cuatro años, chimpúm-.

 

Esto último podría inferirse a poco de revisar el diario de sesiones y observar quiénes influyeron, con amplio voto favorable de consenso, en la aprobación uniformemente acelerada de una ley que permitirá a las empresas de telecomunicaciones expropiar las azoteas de los edificios, regidos internamente por la Ley de la Propiedad Horizontal, y plantificarles las antenas que crean conveniente. ¡Shttt!, y la boquita cerrada, ¿eh? El reparto de actores bajo la dirección artística de las telefónicas lo conforma el Partido Popular, el Partido Socialista, Convergència i Unió y el Partido Nacionalista Vasco. Todo en silencio, a gusto del consumidor, y fuera lo más irrebatible o inderogable a futuro con tan amplia “representación de la voluntad del electorado”, y, cómo no, votando amigablemente en comandita.

Para poca claridad en una respuesta tenemos el ejemplo de la Vicepresidenta, cuando en la rueda de prensa del viernes 23 de marzo de 2012, se le preguntó por la polémica del fichaje de Iván Rosa al integrarse en el gabinete jurídico de Telefónica, empresa vinculada, muy vinculada, al poder político. Dado el reviro mental que usó para dificultar la comprensión a los presentes y que éstos miraran el muñeco de ventrílocuo y no sus labios, se necesitó de una posterior aclaración antes de que se hiciera evidente alarmarse por un súbito deterioro neurológico, a tenor de cómo respondió proyectando aquella incontrolable gestualidad de angustia vengativa clamando calladamente ansia de castigar. Posteriormente, fuentes del Ejecutivo explicaron que ésta consultaría si debe o no debe abstenerse, o inhibirse en las decisiones que afecten a la compañía de telecomunicaciones, al organismo del Gobierno encargado de tales cuestiones. El fichaje citado se refiere a un Abogado del Estado instalado en el Ministerio de Hacienda durante ocho años, casi los mismos años que estuvo en la oposición su esposa, Soraya Sáenz de Santamaría.     

Tan sólo ocho días antes, Ignacio López del Hierro, el marido de María Dolores de Cospedal, “decidió” comunicar que renunciaba a su puesto de consejero de Red Eléctrica, empresa privada con participación pública, un puesto nombrado digitalmente por el presidente en semanas anteriores y por el que percibiría hasta 180.000 euros de sueldo anual. La impresión que supuso tal decisión provocó innumerables muestras de “malestar e indignación” en el seno del partido. A pesar de salir reforzada en el congreso del partido y asaltado el poder interno, las formas que exhibió López del Hierro para llegar al puesto de consejero en Red Eléctrica, no gustaron en el Partido Popular, hasta Soraya Sáenz de Santamaría trasladó su malestar y Rajoy se lo participó a su secretaria general. El malestar, recelo y controversia en el partido fue profundo y sirvió para avivar las llamas de la rivalidad, nunca reconocida, entre Soraya Sáenz y María Dolores de Cospedal con lo que la tensión interna entre dirigentes veteranos, cospedalistas versus Mato y Arenas, ni siquiera se ocultó, por lo que la intervención del presidente forzando la renuncia no se hizo esperar. El asunto quedó zanjado con la versión oficiosa de que la renuncia del marido de la secretaria general se hizo efectiva para no perjudicar a su esposa. Como es habitual, rápidamente, el entorno de Cospedal se apresuró a asegurar que: “El que diga lo contrario miente”.

Obsérvese que entre una y otra circunstancia, tan sólo transcurrieron ocho días. Curioso que ambas trascendieran a los medios en un plazo tan exiguo de tiempo. Normal que, ante un desacuerdo, el dedo del poderoso obligue al acuerdo y el recién nombrado, de repente, deje de serlo.

En determinados casos, en otra instancia menos susceptible a las rivalidades internas de los miembros de un partido, los acuerdos se concatenan organizadamente, sin fisuras, aunque nos violenten legalmente los derechos. Despotismo Ilustrado redivivo. Sin embargo, ocurre lo contrario si las mejoras se encaminan al beneficio de las personas reales, de carne y hueso, no a las “personas jurídicas”. Con las biológicamente pensantes todo está sujeto a la conveniencia electoral, todo es negociable, con el tiempo que estimen necesario, anunciándolo al minuto siguiente como la “gesta” humanística que es, aunque, sin proposición de ley en firme, sólo un anteproyecto que distinga unos políticos de otros bajo la microlupa aplicada sabiamente por los medios de comunicación, pues para eso están.

El pacto exprés no es para nosotros. No es tan rentable que los beneficiarios del derecho de sufragio reciban prebendas inmediatamente. Al fin y al cabo, lo del “valle de lágrimas” sigue siendo de lo más rentable y si lo aplican los santurrones y funciona, ¿por qué iban ellos a cambiar el discurso?

A nosotros todo nos va lento, a cuentagotas, suministrado por el catéter más fino y con menor caudal, para que cuando se nos conceda algo suene a gloria, alcance una cota imbatible de boato, de deslumbrante prosopopeya, y nos deje obnubilados flotando a la deriva de placer. Tanto, como para que nuestra mente inversa de votantes, frente al diputado con capacidad de gobernar legítimamente, no vea otra cosa que mérito, cuando es trabajar lento. No se aperciba que si en treinta y cinco años de Constitución las mejoras han sido tan escasas y tan endebles frente a una recesión económica, nos sea inalcanzable constatar que el resto del tiempo lo hayan empleado en recubrirse de seguridades jurídicas, sueldos pactados entre las partes, intocabilidad, aumento de presupuesto para financiar a partidos, a sus fundaciones, a los sindicatos, a la patronal, a la iglesia católica y a la casa real, recortando de aquí y allá a los de siempre, cuando, ante tanto atraso en el trabajo, y de ser trasladada toda esta ineficacia al ámbito empresarial, ya habrían sido despedidos antes de terminar el primer trimestre de la legislatura, considerados unos incapaces y unos vagos que no merecen lo cobrado .

Habría burofaxes trabajando hasta humear para advertir a las empresas del sector que no se les ocurriera contratar a un arribista como ésos. Saltarían por los aires, si lo hiciesen. La verdad es que, aunque sean la competencia cabrona, nadie se merece un castigo tan duro como ése. Seamos serios.      

 

El efecto positivo de toda esa cantidad de chirridos, desatinos, abuso legítimo para calmar al monstruo que acecha y nos atice un zarpazo tras otro, pero a ellos ni los roza, es que hemos aprendido a detectarlos a fuerza de ver cómo actúan, cuándo callan, cómo hablan y qué proceso de desdoblamiento de lenguaje usan para diferenciarse de quienes nos dejaron a las puertas del Infierno con la herencia recibida. El lenguaje orwelliano ya nos es detectable.

Reconocemos sin género de duda cuándo nos mienten, y, si lo hacen sin guión escrito, lo mal que lo ejecutan exentos del mínimo talento de comerciante de mercadillo, porque ya sólo se conforman con salir del paso sin importarles inspirar la menor confianza en quien los oiga, los vote o los sufra. Ya están colocados, mínimo cuatro años y a rosca, máxime, si hay mayoría absoluta para prolongar su mandato hasta su legal finalización con los menores obstáculos y magnifique atrocidades ideológicas, adscritas a la intención subrepticia, sin sentimientos de remordimiento ni de compensación por el horror. Además, hay que cumplir obligadamente las reglas del juego democrático, aunque el presidente que toca hoy aguantar nos hable desde una televisión de plasma, nos mienta en el Parlamento como un adolescente, sin llegar a pensar, siquiera, en despedir al Director del Gabinete del Presidente, con rango de Secretario de Estado, por los buenos ratos que nos ha hecho pasar con lo de la Niña de Rajoy, lo de la entrevista con Bloomberg, y , sobre todo, con los M&M´s que le regaló Obama, el negro más blanco de la Historia, al final de la reunión, suficientemente registrada ante las cámaras, que se vio obligado a endilgarse con Rajoy durante la última visita dispensada por éste a la Casa Blanca .

M&M´s, grageas de chocolate de segunda clase recubiertas de química multicolor, como todo reconocimiento (lo más a mano encontrado por allí), por haber hecho las cosas “como dios manda” con la economía española y por el respeto emanado desde su extrema capacidad de liderazgo a nivel mundial. De su inquebrantable fe en que nadie podrá probar nunca culpabilidad en cuestión legal alguna, eso sí, destruyendo puentes conducentes hasta las pruebas, ralentizando los procesos judiciales en los que se ha visto inmerso su partido, y, otra vez más, ocultando a la Justicia datos reveladores acerca la procedencia de los fondos dirigidos a financiar campañas y abarrotar los sobresueldos de los jerifaltes del momento, ya de por sí suficientemente engrosados con arbitrariedad, por manirrotos y abellacados tesoreros de honradez más que probada. Si se ha de destruir jueces, se los destruye, se los aparta de la carrera judicial con una velocidad inversamente proporcional al desarrollo del proceso judicial .Todo para que cuantos  datos los incriminen, o les levante la máscara y nos permitan ver qué cara en realidad tienen todos ellos, queden embarrados, inaccesibles, sepultados y ocultos.

Una vez ocultos, o a buen recaudo por obra y gracia de los juramentados, los datos previos de cualquier consideración inculpatoria puedan ser alterados a conveniencia, manejados sin piedad, hasta mostrarlos como mentira de oportunistas, intentando que todo prescriba mientras tanto, siempre mediante la exhibición de músculo jesuítico, lo más oportuno para dilatar toda investigación, siendo imperioso, a la vez, aguantar hasta el fin de la legislatura, beneficiarse del conocimiento de los gladiadores de la empresa energética, médica, farmacéutica, armamentística, o del aguerrido banco atlántico necesitado de contactos a nivel mundial medio alto. De la puerta hacia el glorioso retiro, en definitiva. Y, aún más atómico, que al acabar la legislatura, el presidente de turno pase a engrosar el grupo de privilegiados por la normativa interna hecha a medida del Consejo de Estado, llevándose otro sueldo público, lo merezca o no, haya cumplido las promesas electorales o nos deje con una deuda pública que nos aturda durante generaciones, más el maná de la jubilación correspondiente a ocho años de calienta escaños, el cochazo con chófer, la secretaria pagada por el pueblo plantificada en una oficina cuyos gastos por obras, de decoración y mantenimiento, de limpieza, facturas de suministros o de adminículos digitales diversos, que, a la chita callando, sufragaremos los de siempre sin demostrarse qué utilidad real tienen, ante qué circunstancia son útiles, por qué tienen su existencia financiada tan regaladamente, tan generosamente, y por encima de toda razón humanística, contra quiénes de nosotros la nutrirán con fondos holgados y suficientes hasta decir basta.

 

Hemos aprendido que, aunque nuestros representantes democráticamente elegidos nos digan y nos rebote en la duramadre lo contrario, no estamos para ser exquisitos y les creamos cuando alegan que, a pesar del Artículo modificado número135 de la Constitución Española, nuestra soberanía sigue intacta y acudamos a los colegios electorales para expresar la intención de cambiar el estado de las cosas, lleguemos a abrir vías de entendimiento mediante los diputados europeos y retomemos la ideología del proyecto Europa, la realidad de toda la perorata es que nuestro voto caerá en la urna y esos diputados se desvanecerán, desapareciendo tras la puerta de su despacho para volver a ser olvidados por quienes los votaron.

Toda voluntad de cambio, implícita en la validez ejecutiva de nuestro voto, se las va a tener que ver, en primer lugar, con la Troika, con los asesores económicos de la canciller alemana, y, finalmente, con la suela claveteada del zapato de Mario Draghi y el bate de béisbol de Olli Rehn, los tecnócratas financieros provenientes de la arena de los bancos de inversiones, que en el caso del primero pasó de calentar los butacones de despacho de Goldman Sachs a los de la planta noble del Banco Central Europeo, sin haber mediado la mínima representación de voluntad  soberana en su designación, y el otro más de lo mismo, pero encastillado en la Comisión Europea de Finanzas. Estos dos, u otros que los sucedieran, traducen, como ingenios digitales, las voluntades soberanas de todo país envuelto por el Pacto Fiscal en recortes del estado del bienestar y hacer inútil el menor atisbo de soberanía, revisando a la baja todo avance humanístico a la hora de elaborar los presupuestos, sea cual sea el nivel del gobierno, porque con las modificaciones de las respectivas Constituciones han conseguido el poder de reelaborarlos para atablarrasarnos (Julián Ríos dixit) a todos los ganados humanos sacrificables de la Unión Europea, como harían las deidades mitológicas de tal pelaje, con lo que esta pérdida demostrable de soberanía quedará ya insalvable al ser trasladada a Berlín o a Francfort, antes que a Bruselas.

El arrasamiento de la acción gestora de los políticos, esto es, nuestro derecho legal de voluntad realizable como votantes, sólo tiene efectividad como legitimación de escaño, falleciendo de infarto masivo en cuanto se cierren los colegios electorales gracias a la prefabricada derrota de los diputados ante los inhumanos economistas, de alto rango, que han conseguido que el derecho de iniciativa legislativa de la Comisión Europea se haya consumido en el aire hasta quién sabe cuándo.


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