Descarga gratis 10 libros

y consigue premios y promociones exclusivas

Regístrate

Comienza a leer

Iniciar sesión con Entreescritores

¿Has olvidado tu clave?

Crear una cuenta nueva

Libros publicados

Gladiadores de la Luz V: Apocalipsis

Gladiadores de la Luz V: Apocalipsis

19-03-2017

Ciencia ficción/fantástica novela

  • Estrella llena
  • Estrella llena
  • Estrella llena
  • Estrella llena
  • Estrella vacía
1
  • Estrella llenaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vacia  0
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella vaciaEstrella vaciaEstrella vacia  0
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella vaciaEstrella vacia  0
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella vacia  1
  • Estrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llenaEstrella llena  0

¿Qué hacer con un inconveniente que frustra el cumplimiento de los objetivos planteados? Eliminarlo.  El Amo Oscuro encomendará a un nuevo subalterno la tarea de eliminar a los Ángeles de Luz mientras Fuente Maligna intenta sumergir a la Tierra en la Oscuridad.

 

Para apartarlos del camino de Fuente Maligna, el nuevo subalterno del Amo Oscuro atacará a los Ángeles de Luz con los fantasmas de la Tristeza, la Muerte, la Traición y la Cruel Venganza.

 

Los Ángeles de Luz y sus aliados se verán debilitados y al borde de la eliminación. Pero, sin importar quien gane, quien logre la hegemonía  al final, siempre el perdedor resurgirá y la guerra se reanudará en algún momento. Sólo cambiarán los protagonistas, llegará el momento para que una nueva generación de guerreros tome la posta.

 

“Apocalipsis”, la quinta y última parte de Gladiadores de Luz, cuenta, no sólo las acciones del subalterno del Amo Oscuro en su afán de destruir a los Ángeles de luz, sino las vivencias  personales de los protagonistas, por lo que, al igual que las partes anteriores, sigue varios estilos de manga volviéndolo un libro no apto para todo público.

 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

CAPÍTULO I: ADIÓS BLANCO

Fuente Maligna estaba en el refugio del Amo Oscuro de rodillas frente a él. El refugio era una gran caverna en el lado oscuro de la Luna, llena de todo tipo de equipo electrónico e informático que recordaba la base de operaciones de la NASA.

—Le he fallado varias veces, no he sabido pagarle todo lo que ha hecho por mí ¡Me dio identidad, un propósito! Haga conmigo lo que deba hacer. –dijo ella.

—¿Así que me has fallado varias veces?

—Sí, Amo. No logré que las FARC vuelvan a ser terroristas, no logré que Ecuador y Perú se hagan pedazos entre sí, no pude convertir a Europa en tierra de zombis, no logré que el Apartheid nazca de nuevo en Sudáfrica, no logré que la iglesia católica canonice a los Ángeles de Luz, fue imposible para mí que la Policía de Kioto aniquile a todo extranjero que se cruce por su camino y, no pude hacer que el mundo caiga en una segunda era del hielo.

—Veamos que tan grandes son tus fracasos –el Amo Oscuro extendió su mano izquierda y un ser que parecía hombre le entregó varios papeles—. Aquí tengo registrado lo que ha pasado en tu mundo desde que te convertiste en Fuente Maligna –empezó a hojear los papeles—. No lograste que las FARC sean de nuevo terroristas pero volvieron a tomar las armas. No lograste que tú país y Perú se hagan pedazos en una guerra pero Ecuador está destinando buena parte de su presupuesto a la compra de armas, ahora su ejército es comparable al de Colombia, el cual es el más fuerte de la región. No lograste que Europa sea tierra de zombis pero hiciste que Lyon se quede sin agua potable segura. No lograste que el odio racial en Sudáfrica regrese pero, ahora los negros y blancos se miran con recelo en ese país. No lograste que los Ángeles de Luz sean santos pero hay gente ignorante que está adorando hasta a los perros. No lograste que la policía de Kioto abuse de su poder pero el nuevo jefe de la policía de esa ciudad es un sádico que cree tener el poder para hacer lo que le da la gana. No lograste sumergir al mundo en una nueva era del hielo pero mataste mucha gente, destruiste muchas cosas y, convertiste en un yermo desolado al 40% del parque Yellowstone –el Amo Oscuro devolvió la hojas—. Son fracasos, sí, pero no totales. Cada una de tus acciones tuvieron sus secuelas que si son explotadas adecuadamente, pueden generar más daño. Hubieses triunfado si no fuera por los Ángeles de Luz –dio media vuelta—. No me imaginé que en este sector de la galaxia las Fuerzas del Bien tuvieran guerreros tan poderosos. Yo esperaba que tuvieran guerreros como los Light Troopers a quienes hubieses podido vencer con total facilidad –dio media vuelta—. Ponte de pie, mi sierva. No te castigaré como te imaginas.

—Gracias Amo –Fuente Maligna se puso de pie—. Me gustaría deshacerme de esos Ángeles de Luz ¡Ellos siempre se interpusieron en mi camino! Me gustaría saber quiénes son para eliminarlos. Ellos deben ser patéticos humanos cuando están sin sus poderes.

—Tal vez esto ayude –dijo una especie de mujer que estaba sentada frente a una consola—. He estudiado a los Ángeles de Luz y descubrí esto –en una gran pantalla de video  que estaba en la pared frontal del salón apareció un mapa del mundo cruzado por rayas de muchos colores—. Es el rastro energético que han dejado los Ángeles de Luz.

—Interesante, buen trabajo –dijo el Amo Oscuro— ¿Sabes de donde provienen ellos?

La criatura hizo varios acercamientos.

—¡Las líneas nacen en Quito! –exclamó Fuente Maligna.

—Los Ángeles de Luz viven en tu ciudad, Fuente Maligna.

—¡Los buscaré y los aniquilaré!

—Buscaremos a quien se encargue de eso. Tú deberás enfocarte en convertir al mal a tu planeta.

—Sí, mi señor pero ¿quién buscará a esos Ángeles?

—Amo Oscuro. –dijo la mujer de la consola.

—Te escucho.

—Por favor, mire en la pantalla. Es la primera vez que veo una manifestación oscura tan grande en este planeta.

En la pantalla se veía un gran punto oscuro sobre Quito.

—¡Que afortunados somos, Fuente Maligna! Hemos encontrado ayuda.

Fuente Maligna y el Amo Oscuro desaparecieron.

 

Ambos aparecieron en el cuarto de Nicolás cuando él sostenía un cuchillo sobre una gallina.

—¿Qué vas a hacer con ese animal? –dijo el Amo Oscuro.

Nicolás no podía articular palabra.

—¿Te la vas a comer?

Nicolás no respondió.

—Habla, no te voy a hacer nada.

—Iba… iba a sacrificarla.

—¿Para qué?

—Para comunicarme con las fuerzas malignas.

—Ya estoy aquí, lo lograste. Ahora deja en paz a esa pobre gallina ¡Es estúpido desperdiciar un animal que podría servir para un buen caldo!

—¿Usted es el Diablo?

—No. Soy el ser que está atrás del mal que está germinando en este mundo.

—¿Usted es el Amo de Fuente Maligna?

—Veo que la conoces. Ven mi fiel Re…

—Maestro, no diga ese nombre –Fuente Maligna emergió de la oscuridad—. Ese patético nombre humano no es nada para mí. Yo nací cuando usted me nombró Fuente Maligna.

—Ok –El Amo Oscuro regresó a ver Nicolás— ¿Qué quieres de mí?

—Quiero unirme a las fuerzas del mal.

—¿Por qué? –preguntó Fuente Maligna.

—Porque quiero que este mundo sea como era antes. Antes que los Light Troopers destruyan al Reino de Oscuridad.

—¿Cómo conoces al Reino de Oscuridad? –preguntó el Amo Oscuro.

—Fui uno de los humanos que trabajaban voluntariamente para ellos.

—¡¿A sí?! Veamos. –dijo Fuente Maligna.

Nicolás levantó sus escudos mentales y puso como recuerdos las más terribles imágenes que pudo imaginar de lugares sombríos, se vio de rodillas frente a la reina Gloom, se vio colaborando en peleas contra los Light Troopers.

—Es verdad todo lo él que dice. –dijo Fuente Maligna.

—¿Por qué demoraste tanto en llamarme? –preguntó el  Amo Oscuro.

—No conocía la manera de invocar a las fuerzas malignas hasta que descubrí los pasos para hacer una misa negra.

—¿Cuál es tu nombre?

Nicolás puso una rodilla en el suelo y dijo —: Nicolás Quintana, a su servicio.

—Ok, Nicolás. Te encomendaré una misión. Tú te encargarás de descubrir quienes son los Ángeles de Luz y destruirlos. Trabajarás para Fuente Maligna, harás todo lo que ella te ordene.

—Sí, mi señor.

—Fuente Maligna, vuelve a tu forma normal.

—¿Por qué, Amo?

—Porque él debe conocerte. Vamos a trabajar en el mismo bando.

—¿Está seguro que este tipo andrajoso, más pálido que una vela y con cabeza de trapeador nos será de utilidad?

—Sí. Haz lo que te pido.

Fuente Maligna volvió a su forma humana y dijo —: Mi nombre es Regina Salgado.

El Amo Oscuro caminó hacia Nicolás con las manos estiradas y dijo —: Te otorgaré los poderes que necesitarás para cumplir tu misión.

Una energía oscura irradió de las manos del Amo Oscuro y Nicolás empezó a gritar.

—Regina, ¿qué nombre le ponemos?

—Demonio Negro.

—Muy apropiado, va de acuerdo a su misión –dijo el Amo Oscuro y regresó a ver a Nicolás—. Te llamarás Demonio Negro.

Nicolás no dejaba de gritar.

—Maestro, ¿puede otorgarle un poder para que los Ángeles de Luz no puedan detectar lo que es él?

—¿Por qué pides eso?

—Porque los Ángeles de Luz saben que soy humana y me humillan por eso ¡Siento que me  tildan de traidora! El trato de ellos hacia mí me ha generado un gran resentimiento hacia ellos que a veces me ha quitado objetividad. Como Demonio Negro va a luchar contra ellos, no debe perder su objetividad.

—Te entiendo. Demonio Negro, los Ángeles de Luz no podrán percibir tu naturaleza.

—Gracias, Amo. –dijo Fuente Maligna.

—Entrénalo todo el tiempo que consideres necesario. Quiero que sea un digno contrincante de los Ángeles de Luz.

—Así será, mi señor.

Nicolás no paraba de gritar.

 

Por la noche, el Amo Oscuro apareció en el cuarto de Regina mientras ella dormía.

—Regina, despierta.

No hubo respuesta.

—Regina, ¡despierta!

Ella abrió los ojos y preguntó adormilada —: ¿Qué está pasando?

—Buenas noches, Regina.

Ella regresó a ver a quien había hablado y exclamó —: ¡Amo Oscuro!

En instantes se levantó de la cama, puso la rodilla derecha en el suelo, apoyó su brazo izquierdo en la rodilla izquierda, inclinó su cabeza hacia delante y dijo —: Por favor, disculpe que no lo reconocí. No esperaba su visita.

—No hay problema, Regina. Por favor, ponte de pie.

Ella se levantó.

—Otra vez durmiendo sola, eh.

—Sí, mi Amo. —dijo ella con un poco de pena en la voz.

—Mejor. Así podemos hablar con tranquilidad.

—¿Qué desea hablar conmigo?

—Me doy cuenta que el malestar que demostraste hoy día va más allá de tus supuestos fracasos, mejor llamémosles victorias a medias.

—Es verdad.

—Tienes libertad para hablar.

—Me apena decirle lo que me pasa.

—Es una orden.

—Me apena haber sentido miedo  durante el terremoto y usado mi poder para proteger a mi familia.

—¿Qué pasó durante el terremoto?

—Creí que se iba a caer mi casa y usé el poder de Fuente Maligna para evitar que se caiga.

—Hiciste bien. No me servías de nada si morías.

—Gracias, mi Amo pero,  mi miedo fue tan grande que no sólo protegí mi casa ¡Protegí todas las casas de este barrio!

El Amo Oscuro soltó una sonora carcajada y dijo —: No importa, el objetivo era que no mueras.

—También hice algo más que me apena.

—¿Qué más hiciste?

—Usted debe saber que el 15% de las construcciones de esta ciudad fueron derribadas por el terremoto.

—Sí. También sé que el 25% de las construcciones tendrán que ser derrocadas porque están inhabitables.

—Mi padre nos llevó a uno de los barrios en los que las casas fueron derribadas por el terremoto para ayudar a la familia de uno de sus amigos ¡Ver tanta destrucción, tanto dolor, me afectó! ¡No pude evitar sentir deseos de ayudar!

—¿Ayudaste? No tengo ningún reporte acerca de que Fuente Maligna haya ayudado en tareas de salvamento.

—Sin que mi padre me vea materialicé equipos avanzados de rescate que entregué a los rescatistas.

—Entiendo tu tribulación.

—¡Viendo tanto sufrimiento mi débil parte humana se sintió dolida por todas las vidas que Fuente Maligna ha tomado!

—Directamente no  las tomaste

—¡Fui la Fuente del poder que tomó esas vidas!

—¿Y por eso te sientes mal? ¿Te apena todo el mal que has provocado a tu planeta?

—¡Me apena que mi estúpida parte humana se está volviendo un lastre para cumplir mi misión la cual es servirle! —exclamó Regina entre lágrimas— ¡Usted me ha dado todo lo que me ofreció y yo no puedo dejar de escuchar la voz de mi débil parte humana! ¡Quisiera ser como usted, mi Amo! ¡¡¡¡Quisiera no ser una patética humana!!!!

—No grites que vas a despertar a tus padres.

—Lo siento, Amo Oscuro.

—Veré qué puedo hacer por ti. Por lo pronto descansa. Tómate dos semanas para que sólo entrenes a Demonio Negro. Después podrás dedicarte a tu misión.

—Gracias, mi Amo. No lo defraudaré.

—Vuelve a dormir. Me quedaré contigo un rato más.

—Gracias, mi Amo.

Regina se acostó en su cama y al cabo de pocos minutos se durmió.

“Dependiendo de que tan óptimo sea el rendimiento de Demonio Negro en su misión, seguiré confiando en ti y eliminaré tu conciencia que tanto te atormenta. Si él falla, los eliminaré a los dos.” pensó el Amo Oscuro y desapareció.

 

Katherine era la mente maestra atrás de los intentos de Mina y de Abigail para que Andrés tenga pareja.

Una tarde ella estaba recostada en su cama viendo al techo.

—Estamos a mediados de julio y ya mismo Lorena se va a Tulcán a pasar vacaciones ¡No pienso permitir que las cosas se enfríen entre ella y Andrés!

—¡No debes meterte en la vida de los demás! –reclamó Ágata.

—¡¿No te parece injusto que Andrés no tenga a nadie?!

—¿Qué opinas de Sakura, Lupe y, Narcisa?

—¡Me refiero al grupo de Ángeles de Luz!

—Lorena está sola.

—¡Ella está sola porque quiere! ¡Aún no está con Andrés a pesar que lo presentó a Julián, su hermano menor, como  su novio!

—Y tú quieres que Lorena esté con Andrés.

—Sí. No es correcto que él no esté con la mujer de su vida. Yo estoy con el hombre de mi vida y soy feliz ¡Andrés se merece eso! –puso sus manos bajo su cabeza—. Tengo que hacer algo para evitar que ella vuelva a pensar babosadas.

—¿Qué vas a hacer? ¡¿Qué vas a hacer?! –dijo Ágata con despecho y desazón en la voz.

Katherine cogió su celular y dijo —: Ya vas a ver.

 

Un par de días después sonó el comunicador de Andrés. Él estaba jugando en su computadora. Puso el juego en pausa y contestó la llamada.

—Hola Mina, ¿cómo estás?

—Bien ¿y tú?

—También bien ¿Qué te cuentas?

—Quiero verte hoy.

—Me estás viendo a través de la pantalla del comunicador.

—En persona.

—¡¿Para qué?! –dijo él con un poco de fastidio.

Estaba muy entusiasmado con su juego.

—Tú sabes que te amo y me encanta estar a tu lado.

—Por favor, no juegues con nuestros sentimientos.

—Está bien. Ven, por favor.

—Ok. Sólo déjame apagar la computadora.

—Te espero.

Andrés apagó su PC y salió tan pronto pudo.

 

Mina lo recibió y lo hizo sentar en el sofá junto a ella.

—¿Hay alguna emergencia? ¿Fuente Maligna volvió a atacar? –preguntó él.

—No hay ninguna emergencia de ese tipo.

—¿Entonces?

—Tú sabes que dentro de quince días son las elecciones generales que la Asamblea Constituyente decretó.

—Sí, lo sé. A pesar que el voto ahora es voluntario, Diana me pidió que me inscriba para votar.

—¿Estarías pensando en no votar?

—No. Quiero dar mi voto por el doctor Cárdenas. Ha hecho un esfuerzo sobrehumano para reconstruir el país en poco tiempo.

—A mí Diana sí me convenció. Me registré como extranjera para votar lo que abre la posibilidad de tener la doble nacionalidad.

—¿Quieres ser ecuatoriana?

—Creo que sí. Me encanta este país.

—¡Me alegra mucho eso! ¿Qué tiene que ver las elecciones con que me hayas hecho venir con tanta prisa?

—Lorena aún no vuelve a Tulcán pero pronto lo hará.

—Sí, lo sé. Tiene pensado viajar mañana.

—¡Entonces tienes que darte prisa!

—¿Para qué?

—¡Para que le propongas ser pareja de nuevo!

—¡Ella no quiere ser mi novia!

—¿Últimamente le propusiste que sean novios y ella se negó?

Él no dijo nada.

—¡Ella dejó que le cojas del trasero mientras la llevabas volando a Washington!

—¡¿Estás sola?!

—Sí.

—Tenía que sostenerla lo mejor posible para evitar que el frenazo que di para empezar a subir me la arrebate de las manos.

—¡Pero podías cogerle de otra parte del cuerpo! Te juro que si me lo hubieras hecho, te pedía que me dejes sobre el lomo de Gran Yinyan y te pegaba tremenda cachetada cuando hubiese tenido oportunidad. También sé que se han besado varias veces y me di cuenta que la sostenías no sólo con tus manos cuando bailaron en esa discoteca de la playa.

Andrés se sonrojó a más no poder.

—Ella te ama, Andy. Ella es la mujer de tu vida… y tú eres el hombre de la suya. Además, le has sido fiel ¡Has estado todo un año sin sexo! –ella sacudió la cabeza— Debes ser un experto en masturbarte.

—¡Ya no soy un adolecente!

—¿Así que no te masturbas?

—¡No!

Después de un par de minutos, ella dijo —: Veo que ya puedes evitar que te lea la mente. Felicitaciones.

—Gracias.

—¿Qué tratas de ocultar? ¿Estás mintiéndome?

—Te respondo si me dices si tú te masturbas.

—Soy una mujer decente ¡Respeta!

Luego de un par de minutos, ella puso los ojos en blanco y empezó a sudar frío.

—Tranquila, tranquila, parece que te va a dar un ataque. Ya no voy a tratar de leer tu mente.

—¡Por poco rompes mis barreras mentales!

—También eres mi maestra en telepatía.

—Gracias ¿Vas a ir a visitar a Lorena mañana temprano?

—Sí.

—Te aseguro que tendrás una alegría que te quitará la decepción que te dio Liga.

—¡¿Para qué me lo recordaste?! Liga quedó de última en la primera fase del campeonato nacional.

Andrés se puso triste.

—Te ofrezco un beso o un abrazo para animarte.

—¿Me puedes dar los dos?

—Ponte de pie.

Los dos se pusieron de pie. Ella lo abrazó y besó en la boca.

Sorpresivamente ella le puso una mano en la entrepierna.

—¡¿Por qué haces eso?!

—Quería asegurarme que no se te ocurra alguna cosa loca.

—Ok, Mina, ok.

 

Mientras tanto, golpeaban en la puerta de la casa de Lorena, quien al abrirla se llevó una grata sorpresa.

—Hola Inés, pasa por favor  —Lorena llevó a su amiga hacia la sala—. Te hacía en Ibarra.

—Viajo mañana.

—Tal vez viajemos juntas. Mañana viajo a Tulcán.

—No creo que sea posible.

—¿Por qué?

—Porque he venido a pedirte que te quedes en Quito unos días.

—¿Para qué?

—¿Tú sabes cuál es la pareja más linda de enamorados que he conocido en mi vida?

—No, ¿cuál?

—Tú y Andrés. Los dos lucían como la pareja perfecta hasta que decidieron separarse. Tú tuviste tus razones para dejarlo pero, creo que en todo este tiempo él te ha demostrado que te ama, ¿no es verdad?

—Es verdad y, yo también lo amo.

—Entonces, ¿qué esperas? Vuelve con él.

—No sé.

—Si te demoras, otra puede quitártelo mientras estás en Tulcán.

—¡¿Te refieres a la madre de su hijo?!

—Me refiero a mí.

—¡¿Qué?!

—Tranquila. Sé que no tengo oportunidad con él. Tú eres más linda que yo.

—No digas eso. La única diferencia entre tú y yo es que eres más pequeña.

—Y que soy más trigueña que tú.

—La madre de su hijo es tan trigueña como tú, así que el color de la piel a Andrés no le importa ¿Recuerdas que te besó hace un buen tiempo?

—¡No me lo recuerdes!

—Lo hizo porque le gustas.

—Ok, ok ¿Vas a darle una oportunidad?

—Sí, si viene mañana antes que salga para la terminal de Carcelén.

—Ok.

—¡No le vayas a avisar!

—No lo haré. Confía en mí.

 

Al día siguiente golpearon la puerta en casa de Lorena.

Ella la abrió y exclamó —: ¡Hola Andy!

—¿Puedo pasar?

—Claro, pasa.

Andrés entró en la casa y vio a Mateo y Julián sentados a la mesa del comedor.

—Hola Julián, hola Mateo.

—Hola. —dijo Julián.

—Hola Andrés –Mateo vio su reloj— ¿Qué haces aquí tan temprano? Son las siete de la mañana.

—Quería ver a Lorena.

—Hermanita, ¿le contaste que me voy a la playa con Mario?

—No, para nada.

—Te creo –Mateo bebió lo que le quedaba de su taza de café y se puso de pie—. Acordé con Mario vernos a las ocho de la mañana en la parada del trole de Quitumbe –fue a su cuarto y al poco rato salió con una maleta—. Nos vemos hermanitos, recuerden que mamá les espera en Tulcán.

—Chao hermano. Que te diviertas. —dijo Lorena.

—Nos vemos. —dijo Julián.

Mateo salió de la casa.

—Andrés, ¿ Inés habló contigo? –preguntó Lorena.

—No ¿Por qué?

—Por nada ¿Qué te trae por aquí tan temprano?

—He pensado en nosotros últimamente y bueno… me he dado cuenta que…

Andrés se cortó.

—Si quieren, me voy. —dijo Julián.

—Andrés, habla con confianza.

—Me he dado cuenta que podríamos, podríamos volver a ser enamorados.

—¿Te urge tener sexo?

—¡Me urge estar a tu lado! ¡Me urge que me ames como yo te amo! ¡Tú bien sabes que te amo sólo a ti y que Guadalupe no significa nada para mí! Bueno, es la madre de mi hijo al cual quiero mucho, sólo eso.

Lorena sonrió y dijo —: Es una coincidencia porque estaba pensando en ti y acepto volver a ser tu enamorada ¡Con una condición!

—¿Cuál?

—No quiero ir a la cama contigo enseguida. Dame un tiempo.

—Estoy de acuerdo. Entonces, salgamos. Les propongo que ahora salgamos al Telefériqo.

—Es muy temprano ¿Te gustaría desayunar conmigo?

—¿Hiciste tus fabulosos jugos?

—Sí.

—¡Con gusto te acompaño!

Ella sonrió y lo invitó a la mesa.

—No quiero hacer el mal tercio. —dijo Julián.

—¡¿Conoces el Telefériqo?! —preguntó un tanto molesta Lorena.

—No.

—No vas a importunarnos, Julián. Así que tranquilo.

—Está bien, Andrés.

 

Lorena y Julián convencieron a su madre, para que deje a Julián viajar solo a Tulcán y que permita a Lorena viajar  a Tulcán el último viernes víspera de las elecciones a las cuales ella se había inscrito.

Los  días antes de regresar a casa, Lorena los pasó con Andrés. Salían solos o con algunas de las parejas del grupo. Andrés y Lorena se besaban y abrazaban. No se acariciaban con intenciones sexuales. Todos sus amigos se alegraban de verlos juntos de nuevo.

Incluso las primas presentaron con la participación de Shizuka, quien estaba pasando vacaciones en casa de Abigail, un baile inspirado en el amor en honor a Andrés y Lorena quienes se sentaron en primera fila.

 

Llegó el último viernes víspera de las elecciones generales.

Andrés estaba con Lorena en la Terminal de Carcelén.

—Te voy a extrañar mucho. –dijo Andrés.

Era patente que él estaba muy triste.

—Yo también voy a extrañarte mucho.

—¿Cuándo vuelves?

—Espero que lo más pronto que pueda pero, te aseguro que estaré aquí para matrículas.

—¿Si Fuente Maligna ataca?

—Me teletransportan.

—Ok.

Se dieron un dulce beso y ella subió al bus.

Mientras el bus se iba llevándose dentro de él a Lorena, Andrés deseaba que Fuente Maligna ataque para ver a su amada.

 

Llegó el domingo de elecciones. Todos los Ángeles de Luz votaron en sus respectivos recintos.

Por la noche presentaron los resultados, los más importantes eran que Raúl Cárdenas era el presidente electo con un margen tan amplio que hacía innecesario la segunda vuelta y la Asamblea Nacional (anteriormente conocida como Congreso Nacional) tendría hegemonía gubernamental ya que la mayor parte de los asambleístas (anteriormente conocidos  diputados) pertenecían al partido del gobierno. Aquellas elecciones fueron las más exitosas en la historia del país. No hubo blancos, nulos, ni ausentismo. Votaron todos los que querían votar, todos los que se inscribieron para hacerlo. De acuerdo a los registros del Consejo Nacional Electoral (anteriormente conocido como Tribunal Supremo Electoral) se registraron para votar el 70% de los adultos ecuatorianos, el 50% de los jóvenes cuyas edades estaban entre los 16 y 18 años, el 40% de los policías y militares y, el 30% de los extranjeros residentes en el Ecuador habilitados para votar,  es decir, que sean candidatos a la doble nacionalidad. Aquellas elecciones fueron las primeras en las que los jóvenes, extranjeros, policías y militares pudieron votar.

Estos resultados alegraron a todo el grupo ya que todos conocían la valía del presidente reelecto y muy seguramente la madre de Diana tendría la presidencia de la asamblea.

 

Al día siguiente Katherine caminaba de arriba abajo en su habitación.

—¡¿Qué te pasa Katy?! ¡Estás mareándome! –reclamó algo irritada Ágata.

—Estoy preocupada por Andrés y Lorena.

—¡Ya no te metas más en sus vidas! ¡Dedícate a hacer algo con todo el tiempo libre que tienes!

Katherine dejó de caminar, miró fijamente a  Ágata y dijo —: ¿Te gustaría que Lorena le rompa el corazón a Andrés otra vez? Si eso ocurre, tal vez se vuelva loco como ocurrió hace años ¿Te imaginas que tan peligroso sería?

—¿Por qué dices que ella le va a romper el corazón?

—Porque se le puede ocurrir ponerle su regla de las dos semanas.

—¡Recuerdo eso! En caso que desees hablar con Andrés, él está entrenando en la base.

—Vamos para allá pero –guardó unos momentos de silencio—, vamos primero a la Terminal de Carcelén.

—¿Para qué?

—¡Sólo ven conmigo!

—Ok.

Las dos salieron de la casa.

 

Poco después Katherine y Ágata entraban en la habitación de entrenamiento de la base. Vieron que Ángel Rojo peleaba contra veinte monstruos holográficos.

—¿Quién estará en el cuarto de control? –preguntó Katherine.

—Si mal no recuerdo, Alejandro iba a estar con el traje de líneas y Narcisa iba a estar frente a la consola.

—¡¿Alejandro sabe pelear?!

—Un poco, pero el sistema actual de entrenamiento, el cual tiene un nivel máximo de veinte, tiene inteligencia artificial que calcula la  estrategia de combate en función de las acciones  del Ángel y de quien le sirve de sparring, en otras palabras, diecinueve criaturas son manejadas por una computadora inteligente.

—¿En cuál nivel está Ángel Rojo?

—Veinte

—¡¿Veinte?!

—Por eso Andrés pelea casi tan bien como R Trooper.

—¿Ángel Rojo pelea en ese nivel sin Apoyo en su consola?

—Sí tiene un Apoyo en su consola.

—¡¿Quién es su apoyo?!

—Katya. Andrés decidió que Katya, Lupe, Narcisa y Sakura aprendan a ser Apoyos.

Katherine apretó  teclas en su comunicador y dijo —: Narcisa, ¿estás en el cuarto de control de la habitación de entrenamiento?

—Sí.

—¿Puedes detener la práctica de Andrés?

—Sí, ¿por qué?

—Sólo hazlo, por favor.

Las criaturas desaparecieron y Katherine se acercó a Ángel Rojo preguntando—: ¡¿Qué se supone que estás haciendo aquí?!

—Entrenando, hola Katy. –dijo Ángel Rojo y volvió a la normalidad.

—¿Te acuerdas que Lorena tenía su regla de las dos semanas?

—Sí ¿Crees que sea capaz de usarla conmigo?

—No lo sé. Por eso no quiero que tenga motivos para usarla.

—¿Quieres que vaya a Tulcán?

—Sí.

—¿Acaso quieres que me teletransporte?

—No es mala idea. Narcisa, sal por favor.

—Hola Katy, ¿qué ocurre? –preguntó Narcisa al salir del cuarto de control.

—Hola ¿Sabes usar el teletransportador?

—Sí.

—Vamos a enviar a Andrés a Tulcán.

—¡Eso es un abuso! –exclamó Ágata

—Lo mismo digo. –dijo Andrés.

—¡¿Acaso quieres que Lorena tenga un cuarto de hora de idiotez y termine contigo?! –exclamó Katherine.

—No.

—Entonces, vamos al cuarto inteligente para teletransportarte a Tulcán ¿Tienes dinero?

—Sí, algo.

—¿Qué pasa? –preguntó Alejandro— Casi gano a mi primo. Katya también quiere saber qué pasa. Se asustó cuando se apagó su consola en medio de la pelea y me llamó enseguida.

—Luego te cuento. Subamos un piso. –dijo Katherine.

Todos fueron hacia el ascensor.

Al verlos salir del ascensor,  Katya se puso de pie.

—¡¿Qué pasó?! –preguntó preocupada Katya.

—Katherine pidió que detengan la práctica. –respondió Alejandro mientras Narcisa se sentaba a la consola de Ángel Azul y Katherine llevaba a Andrés al cuarto de teletransportación.

—¿Por qué?

—Sólo sé que Katy llevó a mi primo al cuarto de teletransportación.

—Me imagino que es lo que se traen entre manos.

—¿Qué?

Katya contó sus sospechas a Alejandro.

 

Katherine hizo que Andrés se suba en la plataforma de teletransportador.

—Como van a ser las 11:00, di a Lorena que viajaste en el bus de las 05:00.

—Ok.

—¿Cuál es la dirección de Lorena en Tulcán?

Luego que Andrés se la dio, Katherine salió hacia las consolas y vio a Alejandro sentado frente a la suya.

—¡Si vas a enviar a mi primo a Tulcán, yo manejo la consola porque soy Apoyo Rojo y Katya no sabe usar el teletransportador! –exclamó Alejandro.

—Ok, ok. –dijo Katherine mientras veía a Narcisa quien se limitó a levantar los hombros con una sonrisa en los labios.

Katherine dio la dirección a Alejandro quien la registró en el sistema.

—Déjame buscar un lugar un poco cercano y un poco solitario –dijo Alejandro y empezó a mover la imagen en pantalla— Aquí está. Este parquecito está cerca de la casa de Lore y parece que no hay nadie.

—Ok.

En un segundo Andrés desaparecía. Diana había logrado cumplir con el requerimiento de Andrés.

Instantes después sonó el comunicador de Alejandro quien dijo —: Estás cerca de su casa, yo te guió –hubo un silencio—. Yo me quedó aquí hasta que me digas a qué hora quieres regresar –hubo otro silencio—. Sí voy a enseñar a Katya a usar el teletransportador.

Alejandro empezó a dar indicaciones.

—Ojalá Lore esté en su casa. –dijo Narcisa.

—Esperemos. –dijo Katherine.

—¿Era necesario enviar a Andrés a Tulcán de esta manera? –preguntó Katya.

Katherine contó sus sospechas.

—Es correcto prevenir que Lorena le rompa otra vez el corazón a Andrés. Él no lo soportaría. — opinó Katya.

 

Andrés llegó a la puerta de la casa de Lorena en Tulcán y tocó el timbre.

Julián abrió la puerta y exclamó —: ¡Hola!

—Hola Julián ¿Está tu hermana en casa?

Julián dio media vuelta y gritó —: ¡Lorena, aquí está tu novio!

En escasos segundos ella llegó a la puerta de su casa y se le dibujó una gran sonrisa en su rostro.

—¡Hola Andy! No esperaba verte aquí.

—Me sentí solo y quise venir a verte. Tomé el bus de las 5:00 para estar aquí.

—Eres un loco. —dijo Lorena con una sonrisa en los labios.

Se abrazaron y empezaron a besarse.

—¡Lorena!

Los dos chicos se sobresaltaron y, dejaron de besarse y abrazarse.

—Mamá, Andrés vino a visitarme.

—¡Debía llamar primero!

—Mamá, no te pongas tan dura –dijo Mateo quien estaba detrás de su madre—. Andrés es un buen chico, de nobles sentimientos y sobre todo, Lorena lo ama.

—¡¿Respetas a mi hija, Andrés?!

—Sí, señora Ruth.

—Mamá, por favor, da permiso a Lorena para que salga a dar un paseo con su novio, anda, no seas mala. –dijo Julián.

—¿Vas a invitarla a almorzar?

—Sí, señora. –respondió Andrés.

—Ok.

Los dos jóvenes empezaron a caminar por la calle cogidos de la mano.

 

Cuando estuvieron a suficiente distancia de la casa, Lorena prácticamente se adhirió a él y lo besó tan apasionadamente que él perdió un poco el control.

—¡Se te puso duro! –exclamó ella.

—Lo siento.

—No te disculpes. Me encanta que estés aquí  –lo besó en una mejilla—  me encanta  –lo besó en la otra—  me encanta  –dejó de abrazarlo y le cogió de una mano—. Vamos a dar una vuelta.

Los dos empezaron a caminar cogidos de la mano.

 

Frente a un edificio se detuvieron.

—Llegamos. –dijo ella.

—¿A dónde? –Andrés vio el edificio junto al cual estaban— ¿A un hotel?

—¿Quieres entrar conmigo?

—Sí pero…

—¡Me volviste loca al llegar así de improviso! Me había resignado a verte en septiembre o cuando haya alguna emergencia ¡Hasta rogué que Fuente Maligna haga algo para verte! Lo único que quiero es que me hagas tuya como lo hacías hace tiempo. Entremos.

Literalmente ella lo arrastró al interior del hotel.

 

Al cabo de dos horas, ambos estaban desnudos entre las cobijas de la cama de su habitación.

—¡Me encantó volver a hacer el amor contigo! –exclamó ella mientras lo abrazaba– Eres tan dulce y tierno conmigo.

—Tú sabes que te amo mucho.

—Lo sé, yo también te amo mucho. No has tenido sexo en todo un año, ¿no es verdad?

—Te he sido fiel.

—Yo te he sido fiel también y sí me di cuenta que te hace falta práctica pero, hacer el amor para un hombre que sabe hacerlo debe ser como montar bicicleta. La primera vez que lo hicimos hoy no lograste hacerme terminar y en la segunda conseguiste que tenga un rico orgasmo.

—Yo también me di cuenta que me has sido fiel.

—¿Cómo?

Él le puso su mano derecha sobre la vulva y preguntó mientras se la frotaba —: ¿Recuerdas que habíamos hecho el amor tantas veces que tu vagina empezaba a tener la forma de mi pene?

—S… sí.

—Ahora la sentí casi tan estrecha como al comienzo.

—¿Cómo… cómo que volví… a ser virgen por falta… de uso?

—Algo así ¿Quieres hacerlo otra vez?

—S… sí.

 

Al cabo de unas horas,  Lorena  y Andrés estaban junto a la puerta de la casa de ella.

—Lamento que tengas que irte pero el viaje a Quito es un poco largo. Debes estar llegando a las 20:00 a la terminal de Carcelén. –dijo Lorena.

—Te amo mucho, Lorena.

—¿Vendrás a verme?

—Trataré de estar aquí al menos una vez a la semana.

—Te amo mucho.

—Yo también.

Se besaron y ella entró en la casa.

 

Andrés fue al parque y apretó un par de teclas de su comunicador

—Listo para teletransportación. –dijo él.

—Dame un par de minutos.

—¿Dónde estás enano?

—Estoy en casa de Abigail comiendo sushi.

—Te espero.

 

Al cabo de unos minutos hubo un destello rojo y el cuerpo de Andrés desapareció.

Al aparecer sobre la plataforma vio a Katherine y a las primas.

—¿Y bien? –preguntó Katherine.

—Y bien, ¿qué? –dijo Andrés mientras bajaba de la plataforma.

—Lo hicieron o no lo hicieron. –dijo Abigail.

—¡No me refería a eso! –exclamó Katherine.

—Sí. –dijo Andrés.

—¿Sí qué? –preguntó Sakura.

—Sí lo hicimos.

—¿Se cuidaron?

Andrés no respondió.

—Lorena es precavida. Ella debe estar en sus días libres de riesgo. –dijo Abigail.

—¿Vas a volver a visitarla? –preguntó Narcisa.

—Sí. Mi plan es visitarla al menos una vez a la semana.

—No creo que haya problema en que uses el teletransportador para visitarla.

—¡Narcisa!

—No te quejes, Ágata –dijo Katherine—. Tal vez esta tec… tecnología se dañe si no se la usa. Aparentemente Fuente Maligna se está tomando sus vacaciones de verano.

—Está bien pero, sólo una vez a la semana. Si quieres verla más veces, pide el auto a uno de tus tíos, Andrés.

—Ok, Ágata.

Andrés se encaminó hacia las consolas.

—¿Enseñaste a Katya a usar el teletransportador? –preguntó Andrés.

—Sí. —respondió Alejandro.

—Entonces, ¿cuento con dos Apoyos?

Alejandro regresó a ver a Katya con una sonrisa en los labios y respondió —: Podríamos decir que sí, aunque Katya no es tan buena como yo. 

—Chistoso. –dijo Katya.

 

A la semana siguiente Andrés y Lorena estaban de nuevo en la habitación del hotel.

—Me encantaría que te teletransportes en vez de venir en bus. Me gustaría pasar más tiempo contigo.

—Ok. Veré que dice Ágata. Ella es la más quisquillosa.

—Espero que no diga nada.

—Tal vez sólo me deje usar el teletransportador una vez por semana. Para verte más veces, tendré que pedir el auto a uno de mis tíos.

—Espero que uno de ellos te lo preste.

 

Medio mes después, Andrés parqueaba el auto blanco de su tío Efraín frente a la puerta de la casa de Lorena.

—Hola Andy, ven. Va a iniciarse el programa de la posesión de nuestro presidente en el estadio Atahualpa. –dijo ella.

Andrés entró y saludó con todos. Toda la familia Fernández Chamorro, a excepción de la señora Ruth, estaba frente al televisor. La madre de Lorena no se había inscrito para votar porque no le interesaba la política.

—Llegas a tiempo, Andrés –dijo el doctor Daniel—. Algunos  presidentes amigos ya están en el estadio y ya mismo entra nuestro presidente.

—¿El estadio está todo de celeste? —preguntó Andrés.

—Sí. Toda la gente lleva camisetas de Movimiento Pueblo. –dijo Mateo.

Cuando entró el presidente seguido de algunas personas, entre las cuales Andrés pudo reconocer a algunos ministros, asambleístas, entre ellos la doctora Juana y, a Diana, se escuchaba música con tintes de izquierda revolucionaria.

El presidente llegó a la tarima y empezó su discurso.

—Sabíamos que nuestro presidente era de izquierda pero no con tintes revolucionarios –dijo Lorena—. Si hubiese escuchado hablar al Che Guevara, diría que nuestro presidente habla como él.

—Mi triunfo, el triunfo del pueblo es gracias a toda la gente que me apoyó y creyó en mí –dijo el presidente en su discurso—. Unas cuantas de esas personas están a mis espaldas –caminó hacia Diana—. Esta joven otavaleña es la chica más inteligente de todo el mundo. No tiene ni diecinueve años de edad y, ya es ingeniera graduada en la Escuela Politécnica Nacional y,  le falta un año para terminar otra carrera. Esta chica es la ingeniera Diana Chiliquinga, es hija de la doctora Juana Chiliquinga quien presidió en forma magistral la Asamblea Constituyente. Diana, gracias a ti, muchos jóvenes de la Escuela Politécnica Nacional,  de la Católica de Quito, de la Universidad Central, en fin, de todas las universidades de Quito, se inscribieron para votar.

—Fue un placer ayudar. –dijo Diana.

—Gracias a ti, a tu madre y, a todo nuestro país ganamos…

—¿En una sola vuelta? –preguntó Diana.

—Sí. Una sola vuelta.

Empezó a escucharse una canción que decía: “Una sola vuelta, Ecuador” mientras el presidente y sus allegados que estaban en la tarima bailaban.

—Parece que Diana y su madre no se esperaban este bailecito. Se quedaron unos segundos como estatuas y para que no se fijen en ellas empezaron a bailar al ritmo de la cancioncita. –dijo Andrés.

—¿Esa chica es tu amiga, Lorena?

—Sí, papá.

La señora Ruth salió de la cocina y preguntó —: ¿Qué tan cercana es tu amiga al presidente?

—Creo que para ella es como su tío.

—Oh –dijo la señora Ruth y se interesó en la ceremonia—. Nuestro presidente es un hombre guapo que baila bien ¿Sabrá cantar?

—Parece que la línea de nuestro presidente va a ser de ultra izquierda mezclada con populismo –dijo el doctor Daniel con tono de decepción— ¿Qué piensas Andrés?

Andrés no dijo nada.

—¿No vas a responder la pregunta de mi papá? –preguntó Julián.

—No hace falta que lo haga. –dijo el doctor Daniel.

—¡¿Puedes leer la mente?! –preguntó la señora Ruth.

—No. El gesto de Andrés muestra que piensa como yo.

Andrés tenía un gesto de profunda decepción.

 

Un par de horas después Andrés estaba ya al volante del auto de su tío.

—¿Vas a estar bien? –preguntó Lorena.

—Sí pero, ni Mina ni yo entendemos qué le pasó a nuestro presidente.

—¿Mina?

—Se contactó telepáticamente conmigo para preguntarme si entendía lo que hacía nuestro presidente.

—Para serte franca, yo tampoco lo entiendo. Él no necesita comportarse así, como líder populista, para ganarse el aprecio de su pueblo ¿Acaso no sabe que el país, mejor dicho, Latinoamérica, lo quiere tal como es?

—¡Yo sí  entiendo a nuestro presidente! Con ese baile y esa canción quiere decir que es del pueblo, como nosotros ¡No sé porqué les perturba que el doctor Cárdenas baile! Está feliz por haber sido reelecto presidente sin necesidad de una segunda vuelta y quiere compartir esa alegría con el pueblo que lo eligió y, con sus amigos y seguidores que lo apoyaron –manifestó Mateo—. Además, no es el único presidente que baila en un escenario. Hasta Barack Obama, quien es el presidente preferido de Mina, lo hace.

Bueno –dijo Lorena y besó en la boca a Andrés—. Nos vemos Andy.

—Nos vemos.

Andrés arrancó el auto.

—¡¿Por qué te despediste de Andrés tan abruptamente?! –preguntó Mateo una vez que el auto de Andrés se perdió de vista.

—¡Porque no quería se que pongan a pelear! Andrés, Mina y yo apoyamos a nuestro presidente pero, ¡tú eres un fanático! –manifestó  Lorena y entró en la casa.

—Lore, ven conmigo, por favor. —dijo el doctor Daniel.

Ella fue tras su padre quien la condujo a su estudio.

—Por favor, cierra la puerta y toma asiento.

Ella hizo lo que le pidió su padre y preguntó —: ¿Qué ocurre papá?

—Quería hablar a solas contigo.

—¿De qué?

—Veo que Andrés y tú retomaron su relación como si no hubiesen estado separados tanto tiempo.

—Es que… bueno… nos dimos cuenta que… somos el uno para el otro.

—Más bien te diste cuenta que él no siente nada por la madre de su hijo.

—Así es.

—¡Quién creyera que él fuera capaz de tener un hijo! —exclamó con una sonrisa en los labios.

—¡Andrés no es feo y es más de lo que creen que aparenta!

—Lo sé, hija, lo sé. No te enfades. Él no es feo y es tan tranquilo, tan bueno que algunos pueden considerarlo tímido o incluso débil.

Lorena vio a su padre con un gesto de enfado.

—No soy uno de esos, te aclaro.

—Está bien, papá.

—¿Qué tal lejos piensas llevar tu relación con él?

—¡Ay, papá!

—Quiero que me lo digas. Tú vas a cumplir 22 años a finales de este año y si no me equivoco él ya tiene 23.

—No sé, papá. Tal vez lleguemos a casarnos.

—¡¿Cuándo se casarían?!

—Luego de graduarnos de la Politécnica lo cual será dentro del algunos años.

—¿Por qué lo dices así?

—Tú sabes que no me ha ido tan bien en mis estudios.

—¿Y a él?

—Tampoco le ha ido bien. El próximo semestre va a quinto y sexto.

—¡Tú me has dicho que es muy inteligente!  ¡Él debería ir a séptimo u octavo semestre!

—¡Por mi culpa se jaló un semestre!

—¿Por qué?

—Porque le rompí el corazón cuando terminé con él.

—Esperemos que no le rompas el corazón otra vez para que pueda terminar su carrera sin jalarse otra vez el semestre. Espero que tú también no te jales nada más.

—Sí, papá. Te prometo estudiar con ahínco.

—Tú eres una chica muy inteligente. Sé que lo vas a lograr.

—Gracias, papá.

—A mi pregunta respondiste con sus planes a futuro. Quiero sabes que tan lejos vas a llegar tu relación con él, ahora.

—¿A qué te refieres?

—Tú bien sabes a que  me refiero.

—Él… él es el hombre… de mi vida, papá.

—¿Quieres decir que ha vuelto a pasar lo que pasaba entre los dos antes de que terminen?

—Pa —Lorena tragó saliva y no pudo evitar sonrojarse a más no poder—. Papá no…

Apartó su mirada.

—¿No has vuelto a tener intimidad con él?

Ella se mantuvo en silencio sin ser capaz de dirigir su mirada a su padre.

—Sé del gran amor que existe entre ustedes dos, sé que aman como no han amado antes, sé que con él pasó lo que no ha pasado con ninguno antes. Sólo te pido una cosa, que si vuelve a pasar, espero que tengan cuidado.

—Sí… sí… papá. Lo… tendremos en mente.

Lorena no pudo evitar sentirse humillada frente a su padre.

—Virgen o no, tú eres la misma chica que conocí cuando naciste. Virgen o no, tú eres mi hija. Virgen o no, te quiero mucho y estoy orgulloso de ti. Puedes retirarte.

—Gracias, papá.

Lorena sonrió, dio un beso en la mejilla derecha a su padre y cuando estaba por abrir la puerta del estudio dio media  vuelta para preguntar —: ¿Cómo… cómo sab…?

No pudo terminar la pregunta.

—¿Cómo sé que diste tu primera vez a Andrés?

Ella afirmó con la cabeza sin poder evitar sonrojarse.

—Yo conozco a mis tres hijos a la perfección. Sé que tú eres la persona más pura que he conocido en mi vida. Sé que si hubieras transgredido las normas que te dio tu madre, te sentirías mal contigo misma. Hace algunos años me di cuenta que te sentías tan mal contigo misma como si hubieras transgredido la norma más importante de tu madre: “cuidar tu virtud”. Julián se percató de lo mismo y tengo entendido que habló contigo y te pidió que vuelvas a ser la de siempre ¿Me equivoco?

—No papá, no te equivocas.

—Julián heredó mi capacidad para conocer a las personas.

—Papá, ¿tú sabes que… bueno, Mateo…?

—¿Mateo tiene novio? Lo sé.

—¿Te molesta?

—¿Por qué debería molestarme? Mi hijo es muy feliz estando con ese chico. No puedo oponerme a la felicidad de mi hijo.

Lorena sonrió, abrazó a su padre y dijo —: Agradezco a Dios por habernos dado un padre tan bueno.

—Yo le agradezco por haberme dado tres hijos tan maravillosos.

—Nos vemos luego, papá. —dijo Lorena.

Dio un beso en la mejilla derecha a su padre  y salió del estudio.

“Andrés fue lo suficientemente hombre para que le des tu primera vez, fue lo suficientemente hombre para mantenerte enamorada de él a pesar que tiene un hijo con otra mujer, espero que sea lo suficientemente hombre para responder adecuadamente en caso que estés embarazada. Sé que desde el primer día que él se apareció en esta ciudad luego de su reconciliación han estado yendo a un hotel para estar a solas. Lo sé porque el adminstrador del hotel es uno de mis pacientes. No voy a impedir que se sigan viendo en ese hotel porque sé que tú lo amas y que él te ama. Sólo espero que se estén cuidando, no quiero que se casen antes de que alguno de los dos se gradúe.”

La señora Ruth entró en el estudio y dijo —: Daniel, ¿qué haces aquí tan solo?

—Sólo estaba pensando.

—¿En qué? ¿En Andrés y Lorena?

—No. —mintió.

—Yo sí he pensado en ellos. Me he dado cuenta que él es un buen chico, es tan bueno que estoy segura que él respeta la virtud de Lorena.

—¿A qué te refieres con eso? ¿Crees que Lorena aún es virgen?

—¡Tiene que serlo! ¡¿Sabes si Andrés ha intentado propasarse con ella?!

—No, tranquila mujer. Sólo sé lo que tú sabes, que él la ama tanto que es capaz de pelear contra un tipo mucho más fuerte que él para defenderla.

—Así es. Él no sólo peleó contra Paúl quien es más fuerte y alto que él, si la policía no llegaba a tiempo, le rompía la cara cuando intentó propasarse con nuestra hija. Vamos al supermercado a hacer compras.

El doctor Daniel se puso de pie y dijo  —: Vamos.

 

A la semana siguiente la madre de Diana era nombrada presidenta de la Asamblea Nacional y el padre de Guadalupe vicepresidente.

 

Llegaron los días de matrículas en la Escuela Politécnica Nacional.

Lorena y Andrés llegaron juntos a la Escuela  para matricularse.

—¿Qué? ¿Acaso durmieron juntos? –preguntó Julio al verlos.

—No. –mintieron los dos.

—Veo que ya volvieron. Felicidades. –dijo Inés.

—Gracias.

—Ustedes dos son el uno para el otro.  –dijo Rosa.

—Lorena, ¡qué bien que se te quitó la tontera de la cabeza! Has estado muy feliz desde que volviste con Andrés. Fuiste muy bruta al estar separada de Andrés por más de un año.

—¡Soledad! –exclamó Camilo.

—Es la verdad. Lorena no quería estar con Andrés porque pensaba que él podría tener algo con la madre de su hijo.

—¿Tienes un hijo con otra mujer? –preguntó Sandra.

—Sí pero, ella no quiere nada conmigo ni yo con ella. Somos sólo amigos. –respondió Andrés.

—¿Y ese niño lo concebiste antes de estar con Lorena? –preguntó Adriana.

—Sí.

—¿Quién es la madre de tu hijo? –preguntó Danny.

—Es Guadalupe. –respondió Diana.

—¡Qué envidia me das Andrés! –exclamó Julio.

—¿Por qué?

—Porque te llevas con la hija de la presidenta de la Asamblea Nacional quien es la mujer de confianza de nuestro presidente, tienes un hijo con la hija del vicepresidente de la Asamblea Nacional y, te ama la mujer más bella del mundo.

—¿Qué les parece si vamos a matricularnos? –preguntó Carlos.

—Vamos. Nos vemos más tarde para almorzar ¿Qué dicen? –dijo Andrés.

—De acuerdo pero, ¿Mina, Abigail, Katya y, Guadalupe podrán venir con nosotros?

—Sí, Julio. Ellas se están matriculando el día de hoy.

—Pero si no tuviste oportunidad conmigo, peor con ellas. –dijo Lorena.

Todos empezaron a reírse.

—Por favor, al menos déjenme soñar.

Todos fueron a donde debían matricularse.

 

Las dos semanas que faltaban para comenzar las clases, Lorena y Andrés salieron con todas las parejas del grupo.

Incluso, Lorena y Andrés fueron a Casa Blanca con: la señora Milagros, Alejandro, Mina y Rafael para ver un partido de la Copa Sudamericana.

Gracias a que regresaron al equipo uno que otro de los jugadores que ganaron todo el año anterior, entre ellos el arquero, el equipo pudo amalgamarse y hacer honor a su historial. Liga estaba con pie derecho en la Sudamericana a pesar que perdió la Copa Suruga Bank y no levantaba cabeza en el campeonato Nacional. Si don Rodrigo Paz no daba su total apoyo al entrenador del equipo y se iba en contra de la hinchada, incluida la temible Muerte Blanca, quienes querían que salga el entrenador, Liga también hubiese fracasado en la Sudamericana.

 

Comenzó el semestre de clases.

Andrés tenía materias en quinto y   sexto semestre. Le alegraba que entre sus compañeros de quinto estarían Lorena, Inés,  Julio, Camilo y, Soledad.

 

Una de las parejas más felices, que más se compenetraban y, que se amaban de toda la Escuela Politécnica Nacional eran Lorena y Andrés. Todo aquel que los veía le resultaba palpable que ellos prácticamente eran el uno para el otro.

 

En la tercera semana de clases Inés se dio cuenta que le pasaba algo raro a Lorena.

—¿Qué te pasa? ¿Andrés y tú se pelearon? ¿Volvieron a terminar? –preguntó Inés en un cambio de clase.

—No es nada de eso.

—¿Entonces?

—Es que, es que.

—¡Habla mujer!

—No puedo decírtelo aquí.

—Entonces voy a tu casa esta tarde.

—Está bien pero, me gustaría invitar también a Mina.

—¿Por qué a Mina?

—En la tarde lo sabrás. Te espero a las 17H00. Tengo que irme a mi siguiente clase.

Lorena fue al aula en la que tenía la clase que le tocaba.

 

En el siguiente cambio de hora Lorena se encerró en el baño de chicas para llamar a Mina.

—Hola Lore, ¿cómo estás? –dijo Mina— Por el gesto de tu rostro, no tan bien.

—¿Puedes venir hoy tarde a mi casa?

—Tengo planificado salir con Katya hoy en la tarde.

—Ven con ella.

—De acuerdo.

—Te espero a las 17H00.

 

En la tarde, las cuatro chicas estaban sentadas en la sala de la casa de Lorena.

—¿Qué ocurre, Lorena? –preguntó Inés.

—Estoy embarazada.

—¡¿Qué?! –preguntó Inés.

—¿Lo dices porque estás atrasada? Una vez tuve un retraso tan grande en mi periodo que pensé que estaba embarazada. Cosa que no era así.

—Lo digo por esto.

Lorena entregó a Mina el resultado de un examen de sangre.

—¡Vaya! –dijo Mina y se lo pasó a Inés— ¿Cuántos meses tienes?

—Creo que tres meses.

—¡¿Cómo que crees?! ¡No eres una niña virgen para que no lo sepas!

—Inés, por favor, no seas tan ruda con Lore. –pidió Katya.

—Creo tener tres meses porque la primera vez que Andrés y yo volvimos a hacerlo, lo hicimos en un hotel de Tulcán cuando él se apareció de improviso en mi casa ¡No lo esperaba, no estaba lista para recibirlo y me pareció muy romántico que haya viajado para verme!

—Así que perdiste la cabeza y la falta de sexo te hizo perder el rastro de tus ciclos. –comentó Mina.

—Algo así. Mi familia no tiene tanto dinero como la de Guadalupe o la de Sakura. Mi padre tiene que trabajar muy duro para mantener a tres hijos y una esposa que es ama de casa —puso la cara entre sus manos— ¡¿Qué voy a hacer?!

—¡¿Cómo que vas a hacer?! ¡Debes avisarle a Andrés! —exclamó Inés.

—Tú no te embarazaste por obra y gracia del Espíritu Santo. —comentó Katya.

—Andrés te ama mucho. Seguro que se alegra. —dijo Mina.

—¡¿Tú crees?! –preguntó escéptica Lorena.

—El dinero no le falta pero tampoco le sobra. Si su madre no se lo puede dar, sus tíos o su padre se lo dan. Además, es de gustos sencillos. Lo más costoso que tiene es su súper computadora.

—Lorena y él tendrán que conseguir trabajo para mantenerse. —dijo Katya.

—¿Cómo Sandra y su esposo? Marlon ha tenido que dejar de estudiar algunos semestres por dedicarse a trabajar. Andrés no puede hacer eso. Perdió dos años, uno en el colegio y otro en la Politécnica. –manifestó Lorena.

—Lore, cuéntale y deja que él decida. —dijo Mina.

—Y esperemos que decida bien. —agregó Inés.

—Soy la que lo conoce más y estoy segura que va a decidir bien. —manifestó Katya.

—Está bien, lo haré ¿Cómo sugieren que lo haga?

—Tal vez en una cena romántica. —sugirió Mina.

—Tal vez no pueda decírselo sola. —dijo Lorena.

—Las tres te apoyaremos. —manifestó Inés.

Mina y Katya afirmaron con la cabeza.

—Ok, chicas. Me imagino que podríamos ir al lugar que Andrés sueña con ir algún día. —dijo Lorena

—Ah. El Mea Culpa. —comentó Mina.

—Ese mismo.

—¿Cómo lo sabes, Mina? –preguntó Katya.

—Una vez que patrullamos por la Plaza Grande me lo dijo.

—¡Ese es un restaurante carísimo! —exclamó Inés.

—Podríamos ir allá para festejar el cuarto mes de enamorados.

—De acuerdo Lore. Voy a pedir a mi papá que me dé un anexo a su tarjeta de crédito. —dijo Mina.

—¿La cuenta la dividimos entre Katya, tú y yo, Mina?

—De acuerdo Inés pero, resulta que es más barato vestir a Andrés que darle de comer.

—Tal vez no quiera ni tomar agua después que escuche lo que Lorena tiene que decirle. –dijo Katya.

 

Pocos días después, Lorena y Andrés estaban en el cuarto de él.

—Dentro de tres días cumplimos nuestro cuarto mes de enamorados. —dijo ella.

—¿Quieres celebrarlo de alguna manera?

—Podríamos cenar en el Mea Culpa.

—¡¿Perdón?!

—Éstos han sido los mejores cuatro meses de mi vida.

—Ese restaurante es muy caro.

—No te preocupes por eso.                           

—¿Te ganaste la lotería?

—Está todo arreglado.

—Tal vez tenga que usar terno y sólo tengo uno que tal vez no me quede y debe estar empolvado. La última vez que lo usé fue en el matrimonio de Katya.

—¿Me lo dejas ver?

Andrés se levantó de su cama y sacó del armario un terno oscuro.

—¡Está bonito! No lo veo empolvado. El plástico dentro del cual lo tienes lo ha mantenido bien. Pruébatelo.

—Ok.

Él puso el terno en la cama para sacarlo de su funda y empezó a vestirse.

—Me encanta verte vestir. —dijo ella.

Él sonrió.

 

Cuando terminó de vestirse posó frente a ella .

—Te queda muy bien, Andy –Lorena cogió su comunicador—. Si no fuera tan tarde te quitaría la ropa para hacerlo otra vez.

—No hay problema.

—¡Tu mamá ya mismo llega!

—Mi mamá sospecha que lo hacemos.

—¡No quiero que lo confirme!

Lorena se levantó y empezó a vestirse.

—Me toca quitar el terno.

—Ya te dije que no quiero hacerlo otra vez.

—Voy a ponerme la ropa que llevaba puesto.

 

Luego de vestirse se sentaron en la cama y Akane se subió para jugar con ellos.

—¿Qué dices? —preguntó Lorena.

—Está bien. Vamos al Mea Culpa.

—Entonces, te espero en casa de Inés dentro de tres días a las 17:00.

—¿Por qué donde ella?

—Recuerda que te dije que todo está arreglado.

—¡¿Ella va a pagar todo?!

—Más o menos.

—No entiendo pero, bueno ¿Nos veremos mañana y pasado?

—Si quieres.

—¡Claro que quiero!

—Pero no vengamos acá.

—Podemos ir  a la base para entrenar un poco.

Ella se tocó el vientre y dijo —: Estoy  un poco fuera de forma.

—¡¿Tú fuera de forma?!

—Estoy con un poco de barriga.

—No me he dado cuenta.

Ella sonrió y le dio un beso en la boca.

—Acompáñame a la parada del bus. –dijo ella.

—Ok.

Los dos se pusieron de pie y salieron del departamento.

 

Al día siguiente Ángel Rojo estaba rodeado por veinte monstruos holográficos. Eduardo estaba a lado de él dándole indicaciones.

Sakura estaba en la mesa de control. Lorena y Sofía estaba junto a ella.

—¿En cuál nivel pelea Rojo? —preguntó Lorena.

—Nivel 20 con el número máximo de hologramas. —respondió Sakura.

—¡Wow! Y lo hace muy bien.

—¿Quieres entrenar? —preguntó Sofía.

—No —Lorena se acarició el vientre con ternura—. No puedo.

—Estás embarazada. —dijo Sakura.

—No.

—No mientas. Yo me acariciaba el vientre como tú lo haces cuando estaba embarazada.

—Está bien. Estoy embarazada de Andrés.

—¡Obviamente! ¿Él lo sabe? —preguntó Sakura.

—No. Voy a decírselo pasado mañana.

—¿Cuántos meses tienes? —preguntó Sofía.

—Tres.

—¿Te ha visto desnuda? —preguntó Sakura.

—Sí.

—¿No te ha visto algo diferente?

—Le he dicho que estoy un poco gorda.

—¡¿Y se lo tragó?! —preguntó Sofía.

Lorena afirmó con la cabeza.

—¡¿Qué le pasa a este chico?! —exclamó Sakura.

—Ya acabó de pelear. No le digan nada.

—No te preocupes. —dijo Sakura.

—No diré nada a nadie. —dijo Sofía.

Ángel Rojo volvió a su forma normal. Eduardo y él fueron al cuarto de control.

Lorena y Andrés se abrazaron y besaron con mucho cariño.

—¡Eres el mejor guerrero que conozco! –exclamó Lorena.

—Tú eres mejor que yo.

—Lo dudo. Tienes un excelente instructor.

—Yo sólo doy unas pocas indicaciones a Andrés para pulir su técnica —dijo Eduardo—. Además, Alejandro es un excelente apoyo.

—¿Quieres practicar, Lorena? —preguntó Andrés— Sé que has  entrenado con Sofía.

—Lorena vio su comunicador y dijo —: Ya es muy tarde, tengo que hacer deberes.

—Ok. Sakura, gracias ¿Sales con nosotros?

—Vamos pues.

—Sofía, Eduardo, nos vemos. —dijo Andrés.

—Nos vemos chicos. —dijo Eduardo.

Andrés, Alejandro, Sakura y Lorena salieron de la base.

 

Cuando Andrés, Lorena y, Alejandro  llegaron a la parada de buses, ella preguntó —: Andy, ¿vamos a mi casa mañana después de clases?

—Encantado.

—¿Qué van a hacer en tu casa? –preguntó Alejandro.

—Vamos a hacer deberes.

 

Al día siguiente Andrés y Lorena se amaron como era su costumbre.

 

En el día en que se celebraría el cuarto mes de Andrés y Lorena, él golpeaba la puerta de la casa de Inés.

Inés abrió la puerta y quedó petrificada. Nunca había visto a Andrés tan elegante.

—Hola Inés.

—Ho… hola Andrés.

—¿Puedo pasar?

—S…í, adelante.

Andrés entró en la casa.

—¿Qué tienes? –preguntó Andrés.

—Nunca te había visto con terno. Te ves muy bien.

—Yo tampoco nunca te había visto con vestido y también te ves muy bien.

—Espera a ver a Lorena.

Inés lo condujo al cuarto de ella en donde estaba Lorena. Andrés no tuvo palabras. Lorena estaba con un hermoso vestido de noche que le llegaba más debajo de la rodilla.

—Hola Andy ¿Te gusta?

Lorena dio una vuelta.

—¡Estás hermosa! ¡Eres… eres…!

—¡Dale un beso y ya! –exclamó Inés un tanto molesta por los tartamudeos de Andrés.

Lorena y Andrés se besaron.

Mientras lo hacían sonaron sus comunicadores en tono de emergencia.

—¿Por qué suenan sus relojes? –preguntó Inés.

Ambos contestaron la llamada.

—Ángeles de Luz, por favor, su ayuda. Un grupo de delincuentes formado por humanos y poseídos han aniquilado a todo el Regimiento Quito, a casi todo el cuartel del GOE y, a la mitad de los Cybercops. –informó el mayor Rodríguez.

—Violeta, Azul, Amarillo, Verde, Rosa, por favor, apoyar al mayor Rodríguez. –dijo Andrés.

—No Violeta. –dijo Lorena.

Andrés la regresó a ver.

—Por favor, no ella.

—No Violeta. Los demás, apoyen al mayor Rodríguez. Lleven a Gran Yinyan, Eduardo y Sofía. En caso de ser necesario, Violeta, Blanca y yo iremos.

—Enterada. –dijo Diana.

—Yo me encargo de teletransportar a los apoyos. –dijo Mateo.

Él estaba en la base.

Lorena y Andrés cerraron la comunicación.

—¿Salimos? –preguntó él.

—¡¿Qué fue todo lo que dijiste?! ¿De qué eres jefe? ¿Por qué le hablaste a tu reloj?

—Nos estamos haciendo tarde. –dijo Lorena.

—¡Ok, ok! –exclamó Inés.

Los tres salieron y fueron a la parada del trolebús y se subieron en el primero que pudieron entrar.

—¡Que chistoso! Los tres estamos en este apretujamiento con nuestras mejores galas. –dijo Inés.

—Pero no debemos viajar mucho. –dijo Andrés.

 

Luego de salir de la parada de Plaza del Teatro el trole frenó sorpresivamente. El sacudón hizo que todos los pasajeros se vayan para adelante.

—¡¿Estás bien, Lorena?! –preguntó preocupada Inés.

—Sí.

De repente se abrieron las puertas del trolebús y tipos armados se subieron diciendo —: Todos afuera ¡Ya!

Los pasajeros obedecieron  y se bajaron.

Los delincuentes los hicieron formar a lo largo del trolebús.

—Todos tranquilitos, no intenten nada. Si nos dan sus cosas de valor y dinero, nadie saldrá herido.

La gente empezó a sacar sus billeteras, celulares y joyas y, los entregaban a los pillos.

—Andy, no hay policías a la vista. Transfórmate. Yo te cubro. –dijo Lorena.

—Hagámoslo los dos.

—Yo no puedo. No preguntes porqué.

Andrés sacó de uno de los bolsillos de su terno su guante de transformación y se lo puso.

Cuando iba a colocar su puño frente a su pecho uno de los delincuentes preguntó —: ¡¿Qué te pusiste?!

Andrés se petrificó.

—¡Muéstrame lo que tienes!

El tipo le apuntó con su arma.

—Andy, transfórmate.

Él quiso poner su puño frente a su pecho pero hubo un disparo.

Con la velocidad de un rayo y sin darle tiempo a Andrés para reaccionar, Lorena lo cubrió con su cuerpo y recibió el tiro en el corazón. Ella se desplomó hacia atrás. Andrés trató  de amortiguarle la caída.

—¡¿Por qué hiciste esto?! –gritó Andrés con desesperación.

Él la tenía abrazada mientras ella estaba tendida en el suelo. Andrés sentía que estaba en un mal sueño, una pesadilla, y quería despertar pero… era la terrible realidad. Él sentía como propia la herida que tenía Lorena en el pecho de la cual sangre brotaba incontenible llevándose irremediablemente la vida de ella.

Ella le acarició una mejilla con su brazo izquierdo, y dijo —: Te amo.

Su brazo cayó y quedaron sus ojos semi abiertos.

Andrés pegó el cuerpo inerte de Lorena a su pecho y empezó a llorar amargamente, sintiendo que a través de sus lágrimas se le iba la vida. Sentía un gran dolor en su pecho como que su corazón era apretado, estrujado, por un monstruo inmisericorde al que no podía vencer. Deseaba que su dolor, sus lamentos, le devuelvan la vida a ella para poderla ver de nuevo de pie, a su lado, para escucharla decir dulcemente: “Te amo, Andy.”, para abrazarla y besarla, para ser abrazado por ella, para sentir nuevamente que su corazón latía al mismo ritmo que el de ella.

—¡¿Por  qué disparaste?! –exclamó otro de los pillos— Mejor ayúdame a recoger las cosas de la gente.

—Está bien. –dijo el tipo que disparó a Lorena y fue hacia el tipo que le habló.

Inés se puso de rodillas junto a Andrés y dijo sollozante  —: No sólo… no sólo mataron a Lorena. Mataron a tu hijo.

Él la regresó a ver y exclamó —: ¡¿Qué dijiste?!

—Ella esperaba un hijo tuyo. Ella te lo iba a decir hoy.

Se escuchó otro disparo y otra persona caía muerta.

—¡¿Por qué le disparaste?! –preguntó un tipo.

—Porque no me quiso dar su celular. –respondió el tipo que disparó, el mismo que mató a Lorena.

Con la mayor delicadeza posible Andrés recostó el cuerpo de ella en el suelo, se sentó a su lado, cerró los ojos, y  empezó respirar profunda y lentamente a procurando tener la suficiente Paz Interna para transformarse.

—¡¿Qué estás haciendo?! ¡No es momento para meditar! –exclamó Inés.

Andrés vio su guante manchado con la sangre de Lorena, puso su puño derecho en medio de su pecho y dijo —: Paz.

—¡Eres… eres Ángel Rojo! –exclamó Inés al verlo transformado.

Ángel Rojo se puso de pie y dijo —: Alguien me escucha.

—Sí –respondió Mateo quien estaba sentado  a la consola de Apoyo Rojo—. Alejandro está tratando de encender mi consola, ni siquiera los monitores se prenden ¿Qué pasó? Los demás Ángeles lograron salvar al mayor Rodríguez y a la mitad de sus hombres.

Ángel Rojo vio el cuerpo de Lorena y gritó —: ¡Mataron a Lorena!

—¡No, no puede ser! ¡No puede ser! –gritó dolorosamente Mateo.

—¡¿Qué ocurre?! –preguntó Soledad.

—¡¡¡¡¡Mataron a mi hermana!!!!!

Todos oyeron aquel desgarrador grito.

—Ayúdame a hacer pagar a quien la mató. –dijo Ángel Rojo.

—¿Qué necesitas?

—Lanza.

Cuando Ángel Rojo tuvo su arma la clavó en el asfalto y empezó a pelear contra los delincuentes.

 

Mina y Katya estaban en la Plaza de la Independencia. Mina se puso su guante de transformación

—¿Qué pasa? –preguntó Katya

—¡Rafael me informa que mataron a Lorena!

—¡¿Qué?!

Mina  colocó su puño en medio de su pecho y dijo —: Transmutación.

Se transformó y despegó.

—¡¡¡Dame la ubicación de Ángel Rojo!!! –gritó ella.

—La voy a enviar a todos. Todos están yendo hacia ese mismo punto. –dijo Apoyo Violeta.

—También quiero activado el detector.

—Ok.

Ángel Violeta despegó y en pocos segundos vio que Ángel Rojo peleaba a puño limpio contra humanos y poseídos con tal fiereza y rabia que ninguno quedaba en pie. Lamentablemente algunos de sus golpes terminaron hiriendo a unos cuantos inocentes.

 

El único pillo que quedaba en pie era el que había matado a Lorena y a la otra persona. Ángel Rojo empezó a caminar hacia el pillo. Él disparaba a Ángel Rojo a quien le rebotaban las balas y no se inmutaba en su andar. Ángel Rojo lo puso fuera de combate con unos cuantos golpes. Regresó por su lanza y se acercó  pausadamente al asesino. Se puso junto a él y levantó su lanza sobre su cabeza.

—Rojo, ¡no lo hagas! –gritó Ángel Violeta.

—¡¡Él mató a Lorena!!

—Es un poseído.

—¡¡¡No me importa!!! Me arrancó el corazón.

—No debes dejarte llevar por la venganza. Te vas a convertir en un Demonio ¡Mírate! Tu traje es vino tinto, no brillas y no tienes alas.

Ángel Rojo vio su mano derecha y en efecto su color era el de la sangre derramada, tocó su espalda y no tenía alas, se imaginó que no brillaba.

—Lo siento, Mina. Él debe pagar por lo que hizo.

Ángel Violeta se quitó el comunicador, lo arrojó lejos y dijo —: Andy, por favor, no lo hagas ¡No puedo perderte a ti! Si lo matas, no nos podremos amar como nos amamos. No nos podremos amar porque serás un enemigo de los Ángeles de Luz, serás un Demonio de Oscuridad.

Ángel Rojo saltó.

—¡No! –gritó Ángel Violeta.

Ángel Rojo clavó por completo una de las hojas de su lanza en el asfalto a diez centímetros de la cabeza del delincuente.

—Haz tu truco. –dijo Ángel Rojo.

Ángel Violeta extendió sus manos y dijo  —: Transmutación.

Una energía violeta surgida de sus manos envolvió al asesino y le devolvió la normalidad.

El traje de Ángel Rojo volvió  a su color normal y, recuperó sus alas y brillo.

—¡Qué lástima! Pensé que iba a tener compañero.

Ángel Rojo y Ángel Violeta regresaron a ver a quien había hablado. Era un hombre vestido totalmente de negro, con cuernos en la cabeza y con alas como de murciélago en la espalda. Sus ojos en vez de brillar parecían que consumían la luz que los tocaba.

—¡¿Quién eres tú?! –preguntó Ángel Rojo.

—No es obvio. Soy Demonio Negro.

Ángel Violeta se puso de nuevo su comunicador y dijo —: ¿Qué eres? No puedo distinguirte.

—Adivina adivinador.

—Violeta, ¿qué ves?

—No lo detecto.

Ángel Rojo dio media vuelta y vio al resto de Ángeles, a Katya, a Gran Yinyan y al mayor Rodríguez dentro de su traje de Cybercop, el cual humeaba, rodeando a Inés y al cadáver de Lorena.

—Verde, Rosa, ¿Saben que es este tipo? —preguntó Ángel Rojo.

Ambos Ángeles se pararon junto a su líder.

—No, no logro distinguir que es –dijo Ángel Verde—.  No sé si es humano, poseído o Démon.

—¡Tampoco puedo distinguirlo! –exclamó Ángel Rosa— ¡Ésta es la primera vez que pasa esto!

—¿Tú controlaste a estos asesinos y a los que aniquilaron a buena parte de la policía de Quito? –preguntó Ángel Violeta.

—Eres muy inteligente, piernitas ¿Qué van a hacer? No saben lo que soy.

—Puedo asumir que eres un Démon –dijo Ángel Rojo y cogió su arma— y partirte en dos con mi lanza.

—¡Uy, qué miedo! –exclamó Demonio Negro en tono burlón— He cumplido con lo que tenía planeado hoy. Aniquilé a todo el Regimiento Quito y, destrocé a la mitad de los Cybercops y a buena parte del GOE de Pichincha. Nos veremos otro día.

Demonio Negro se esfumó en el aire.

 

Los cuatro Ángeles se unieron a los demás.

Ángel Rojo volvió a su forma normal, se puso de rodillas y abrazó el cuerpo inerte de Lorena.

—Verde, no puedes hacer nada por ella, ¿verdad? –dijo Andrés.

—Lo intenté, te juro que lo intenté, no puedo devolver la vida. Lo siento, lo siento –dijo Ángel Verde—  ¡No sabes cuánto lo siento! Me siento un inútil por sólo poder curar.

Cayó de rodillas y volvió a su forma normal. Sus ojos parecían fuentes de lágrimas.

—¡Camilo! –exclamó Inés.

—Mina, tú serás la líder de los Ángeles de Luz. —dijo Andrés.

Ángel Violeta volvió a su forma normal y preguntó —: ¿Por qué?

—¡Mina! –exclamó Inés.

—No puedo ser un ángel sin mi ángel.

—¡No nos dejes Andy! ¡No puedo soportar perderte a ti! ¡Ya perdí una hermana! ¡¡No puedo perder a mi hermano mayor!! –gritó Ángel Rosa y volvió a su forma normal.

—¿Katherine? –preguntó Inés.

—No me perderás. Seguiré siendo tu hermano mayor. Seguiremos siendo amigos, si me aceptan.

—Claro que te aceptamos –dijo Ángel Amarillo y volvió a su forma normal—. No renuncies al grupo. Por favor, piénsalo.

—Está bien.

—¡Diana es Ángel Amarillo! –exclamó Inés.

—Lamento, lamento mucho que Lorena haya muerto en una forma tan estúpida –dijo Ángel Azul y volvió a su forma normal— ¡Asesinada por un imbécil! No creas que eras el único que quería acabar con ese bastardo. Si Amarillo no me cogía del brazo, ¡cogía tu lanza y la clavaba en la cabeza del tipo!

—¡Tú eres Abigail! –exclamó Inés.

—Lorena estaba embarazada –dijo Andrés—. Mi hijo hubiese sido el niño o la niña más querida en el mundo ¡Hubiera hecho lo que sea por sacarlo adelante! ¡Sin pensarlo me hubiese casado con Lorena para que no críe sola a nuestro hijo! ¡Perder a mi hijo y a su madre es mi castigo por no haber sido un buen padre para François!

Andrés se sumió en un profundo llanto mientras abrazaba el cuerpo inerte de su amada.

—No digas eso, Andy. No es tu culpa lo que pasó. –dijo Mina.

Los demás no sabían que decir y no podían evitar llorar.

Inés regresó a ver a Katya y preguntó —: ¿Tú qué eres?

—Soy parte del equipo de Apoyo de los Ángeles de Luz.

—Mina, por favor, llévalo a su casa. Ya pedí que venga Medicina Legal por los cuerpos. –informó el mayor Rodriguez.

—¡Que no la abran,  por favor, que no la abran! –exclamó Andrés.

—La razón de la muerte de Lorena es obvia. No tienen que hacerle la autopsia –dijo Diana—. Además, ya saben que estaba embarazada.

—Miguel, por favor, Lorena era una de nosotros, era Ángel Blanco.

—Está bien, Mina.

Mina rodeó con sus brazos a Andrés.

—Ven, Andy, por favor –dijo ella—. Tú bien sabes que ni ella ni tu hijo están ahí dentro.

Andrés cerró los ojos de Lorena, le dio un beso en sus labios fríos y se puso de pie.

—Inés, ven conmigo. Tenemos que hablar. –dijo Mina.

—Andrés, por favor, piensa acerca de dejar de ser el Ángel Rojo. –pidió Diana.

Andrés no respondió.

Mina e Inés empezaron a “arrastrar” a Andrés.

 

Habían caminado hacia el norte por algunas cuadras.

—No veo ningún taxi. –dijo Inés.

—Yo sé cómo podemos llegar rápido a casa de Andrés –dijo Mina y activó su comunicador—. Soledad, ¿sigues en la base?

No hubo respuesta.

—Soledad, ¿sigues en la base?

Apareció el rostro de la chica. Se veía que estaba llorando.

—Sí –respondió ella— ¿Por qué la mataron? ¡¿Por qué?!

—Por favor, ayúdame. Teletranspórtanos a casa de Andrés. Estamos tres.

—Está bien –hubo una pausa—. Te veo a ti y a Andrés.

—Usa nuestra ubicación para que puedas ver a la tercera persona.

—Ok — hubo una pausa— ¿Quién es la tercera persona?

—Inés Mideros.

—¡Inés! ¡¿Ella sabe?!

—Ella sabe que soy Ángel Violeta.

—Ok. Dame cinco minutos. Tengo que escanearla.

—¡¿Qué rayos es tu reloj?! ¿Una especie de reloj celular? –preguntó Inés.

—Es mucho más que eso. Es un comunicador.

—¿Un comunicador? ¿Qué hace a más de llamadas con video?

—Es muy largo de explicar –regresó a ver a Andrés — ¿Cómo te sientes?

—¡Quiero morirme! ¡No puedo vivir sin ella!

Mina lo abrazó y dijo —: Te entiendo, claro que te entiendo.

Ella volvió a llorar.

—Está listo el escaneo. —dijo Soledad.

—Por favor, teletranspórtanos.

En cinco segundos los tres aparecían en el patio posterior del edificio de Andrés, fuera de la vista de curiosos.

—¡¿Qué pasó?! –preguntó Inés a punto del desmayo.

—Estamos en casa de Andrés.

Los tres subieron las gradas que conducen a la puerta del edificio.

—Andrés, ¿qué pasó? –preguntó la señora conserje— ¡¿Por qué su terno está manchado de sangre?!

—Hubo un accidente, señora. –dijo Mina.

Los tres chicos entraron en el ascensor.

 

Mina abrió la puerta del departamento mientras la señora Milagros iba hacia la cocina.

—¡¿Qué pasó?! –preguntó la señora Milagros al ver a su hijo sumido en un llanto constante y con el terno manchado de sangre, a Mina con el maquillaje corrido y, a Inés con los ojos bien rojos.

—¡Mataron a Lorena, mamá! ¡La mataron! –gritó Andrés y se dejó caer en el sofá.

Akane se subió en el sofá en actitud de consolarlo.

—¡¿Oí bien?! –exclamó la señora Milagros.

Mina contó lo ocurrido sin entrar en detalles.

—¡Yo debí haber recibido esa bala! ¡Yo! –exclamó Andrés.

Él cayó en un llanto profundo, doloroso, lastimero.

—Estarías muerto tú y no ella. –dijo la señora Milagros.

—¡Nadie debió morir hoy! ¡Nadie! –exclamó Inés— ¡Malditos delincuentes! ¡Cogieron a los Ángeles de Luz con la guardia baja!

—Nadie se esperaba que un grupo de delincuentes sea capaz de aniquilar con uno de los regimientos policiales más grandes de Quito y que puedan asesinar a los Cybercops antes que se suban en sus trajes. Si no fuera por los Ángeles de Luz, acababan con todos –dijo la señora Milagros—. Los flashes informativos no han parado de mostrar lo que ocurrió con los Cybercops y con el regimiento Quito.

—Señora, ¿me puedo retirar? –dijo Mina.

La señora Milagros la regresó a ver. Lágrimas habían vuelto a brotar de los ojos de Mina.

—Sí, Mina. Muchas gracias por traerlo. Gracias a ti también, Inés. Yo me hago cargo de él.

Las dos chicas salieron del departamento dejando a Andrés en brazos de su madre y de Akane.

 

Las dos caminaban en silencio hasta la parada de bus.

Cuando llegaron  a su destino, Mina ya podía hablar con Inés.

—De la manera más terrible, una manera que ni en mis peores pesadillas me imaginaba, te enteraste de un gran secreto. –dijo Mina.

—Sí. Me enteré que ustedes siete son los Ángeles de Luz –lágrimas brotaron de los ojos de Inés—. Lorena era Ángel Blanco, ¿no es verdad?

—Sí ¿Qué vas a hacer con lo que sabes?

—¡No sé qué voy a hacer con esa información! ¡No sé cómo voy a manejar lo que pasó hoy! ¡Es la primera vez que asesinan a una amiga frente a mí! ¡Tú no viste lo que pasó! Mientras Andrés movía su brazo derecho, el tipo disparó ¡Lorena lo cubrió con su cuerpo y recibió la bala por él!

—¿Se puso un guante rojo que tenía un ojo de rubí?

—Sí. El ladrón quería que Andrés se lo dé.

—¿Sabes por qué él movía su brazo?

—Luego me di cuenta. Para transformarse en Ángel Rojo.

Mina sacó su llavero y apretó el guante el cual creció a su tamaño normal.

—Cada uno de nosotros tiene un guante como éste, de su color y con una piedra vinculada a la cualidad que representa. Mi guante es violeta con un ojo de amatista incrustado en su dorso ya que represento a la Transmutación. Nos ponemos el guante, pegamos el puño a nuestro pecho, decimos la cualidad a la que representamos y, nos transformamos. Argos y Ágata, la gata de Katherine, no son gatos normales. Ellos nos dieron los guantes y también nos dieron los poderes de Light Troopers. No sólo eso, pueden hablar y muchas otras cosas más.

—¿Por qué me cuentas todo eso? ¡No echo la culpa a Andrés de lo que pasó! El maldito ladrón era demasiado sapo.

—Quiero pedirte algo. Sé una de nosotros.

—¡¿A qué te refieres con eso?!

—Hay varias personas que conocen nuestro secreto y nos brindan apoyo remoto desde nuestra base. Entre esas personas están mi novio, Soledad y Alejandro.

—¿Quieres que me integre a su grupo de apoyo? ¡Tal vez les sobre personal! Por lo que yo sé, perdieron dos Ángeles el día de hoy.

—Siempre hay algo que hacer en la base. Lupe, Katya y, Narcisa y Sakura, primas de Abigail, están con nosotros y no nos brindan apoyo remoto en misión.

—¿Hacen la limpieza?

—Dan ideas, colaboran con proyectos, reemplazan a los integrantes del equipo de apoyo, etcétera.

—Déjamelo pensar ¿Sí?

—Está bien.

—Una cosa más.

—Te escucho.

—¿Tú fuiste Violet Trooper?

—Sí. Y antes de eso fui la V Trooper de Quito y la V Trooper de Cali.

—¡La V Trooper de Cali era una niña!

—Sí, lo era. Antes que preguntes, soy colombiana.

—¡¿Eres colombiana?! –preguntó Inés con un cierto dejo de desprecio en la voz— ¡¿Por qué viniste a Ecuador?!

—Tengo que contarte algo pero en un lugar más privado. Vamos al parque Inglés.

—¡¿Cuál es el parque Inglés?!

—Es el parque que está a pocas cuadras de aquí.

—¡Está bien!

Ambas empezaron a caminar hacia el norte.

Mina había leído la mente de Inés y la había escuchado hablar al referirse a los colombianos. Inés era xenofóbica. Mina había podido explorar los recuerdos de Inés en donde pudo ver que su amiga sólo había conocido a malos colombianos, colombianos que habían llegado a Ibarra sólo a abusar de la buena voluntad de sus pobladores.

Mina se sentó en una banca que estaba en el sector menos concurrido del parque. Inés se sentó frente a ella.

—Por favor, siéntate a mi lado. Tengo que hablar muy bajo para decirte aquello que te quiero contar. –dijo Mina.

—¡Está bien! —Inés se sentó a lado de Mina— ¡Te escucho!

En aquellos momentos para Inés, Mina era una infame colombiana tramposa.

Mina empezó su relato acerca de su vida como V Trooper en Cali, la forma que atentaron contra su vida, su intento de esconderse.

—Tú viniste a Ecuador para salvar tu vida ¡Hasta te uniste a los Black Lizards y cambiaste tu dialecto para evitar que te relacionen con la V Trooper colombiana!

—Así fue, tenía mucho miedo. Estuve a punto de morir bajo de aquellos escombros. Huí de aquellos asesinos pero, no pude huir de mí. Salí de la pandilla, me convertí en la V Trooper de Quito y, metí a la cárcel al líder de los Black Lizards. El resto ya lo conoces.

Inés se puso de pie y dijo —: Déjame pensar.

—¿Mi propuesta para que te nos unas o… nuestra amistad?

—Ambas cosas ¡¿En donde cojo el bus?!

—A la siguiente cuadra. —respondió Mina con tristeza.

Inés empezó a caminar. Mina no tuvo más remedio que ir tras ella ya que tenía que coger el mismo bus para llegar a casa.

Llegaron a la parada.

—¿Sabes qué? Me dolió mucho enterarme que eres colombiana ¡Tú debes saber lo que pienso de los colombianos!

—Así es.

—Pero tampoco puedo negar que has sido una buena amiga, tampoco puedo negar todo el bien que has hecho como Violet Trooper y Ángel Violeta.

—¿Seguimos siendo amigas?

—¡Eres mi primer amiga colombiana!

Mina sonrió y se dieron un abrazo.

 

Por la noche Nicolás entraba en su cuarto y se llevaba una gran sorpresa inesperada.

—¡Regina! ¿Por qué estás desnuda en mi cama?

—Ya sabes que soy Fuente Maligna.

—Pero estás sin… nada.

—Está bien. Usa mi nombre humano ¿Te llama la atención verme así?

—La verdad, no mucho. Me gustan con curvas.

—¡¿Te atreves a insultarme?! –exclamó Regina enfurecida.

—¡No es eso! ¡No es eso! –dijo Nicolás en un tono que sonaba a que rogaba por su vida.

—Está bien. Desvístete y acuéstate a mi lado.

Nicolás no tenía intensiones de hacerlo.

—¡¡¡Hazlo!!!

Él no tuvo más remedio que cumplir la orden.

Ella empezó a acariciarlo, besarlo y tocarlo de maneras que él no conocía. Maneras que le hacían sentir un placer desconocido para él.

Cuando el pene de él tenía la dureza y el tamaño que ella buscaba, se subió sobre Nicolás y se lo metió en una posición que él no conocía. Nicolás pensó que esa posición ni siquiera estaba en el Kamasutra.  Con cada embestida de ella, él sentía que tenía un orgasmo y cuando llegó el orgasmo real, él sintió tal placer que tuvo la impresión que su corazón se detenía y volvía a latir, que subía y bajaba a increíble velocidad. Que estaba en una montaña rusa que a increíble velocidad lo sacaba y metía en el agua. No le importaba que lo escucharan gritar y gemir como un loco, como un poseído. Él no era el único que gritaba y gemía. Ella también era presa de un intenso placer.

Cuando todo terminó, ella se sacó el pene ya flácido de él y sonrió satisfecha al verlo extenuado y agotado.

—¿Te gustó? –preguntó ella.

Él sólo atinó a afirmar con la cabeza.

—Éste será tu premio cuando hagas lo que debes ¡Hoy fuiste un genio al aniquilar a tanto paco y a los cyberpacos! ¿Te gustaría comerme otra vez?

Él afirmó con la cabeza.

—Otra vez haz lo que debes y te premiaré –se iba a levantar de la cama pero se detuvo—. Ah. No se te ocurra fallarme porque –le cogió el pene— te lo arrancaré y te lo meteré por el culo ¿Está claro?

Él afirmó con la cabeza.

Ella se levantó de la cama, se acarició los senos y la entrepierna, y preguntó —: ¿Nunca te imaginaste que este delgado cuerpo te daría tanto placer?

Él negó con la cabeza.

— Descansa. —dijo ella, sonrió y desapareció.

 

Ella apareció en su casa y al poco rato se quedó dormida.

 

Rato después una voz la despertó.

—Fuente Maligna. –decía la voz.

Ella la reconoció. Salió de la cama y se puso de rodillas.

—Amo Oscuro, mi señor.

—Me agradó tu método para premiar a tu vasallo. Con eso harás que siempre se esfuerce por tener otra vez la oportunidad de estar contigo. Lo entrenaste muy bien. Veo que has aprendido de tus errores para que él no los cometa.

—Gracias Amo Oscuro.

—También me agrada lo que estás haciendo en el mundo. Estás volviendo locos a los gobernantes.

—Gracias Amo Oscuro.

—Voy a premiarte dándote otro poder –le puso una mano sobre la cabeza—. Podrás transformarte en lo que quieras. Si quieres ser un animal, lo serás. Si quieres parecerte a otra persona, podrás hacerlo. Si quieres ser líquida o gaseosa, puedes hacerlo.

—Gracias Amo.

—Descansa bien que debes estar extenuada.

—Hasta mañana, mi Amo.

—Hasta mañana.

Regina volvió a dormir casi enseguida

“Olvídate de tu conciencia. Al igual que los Ángeles de Luz, eres una humana que se transforma, en tu caso, para ser mi fiel  siriviente. Desde ahora en adelante pensarás, sentirás, que eres mi sirviente Fuente Maligna que se transforma en Regina para interactuar con los humanos. Eres una humana que creerá ser una entidad de oscuridad. Tendré que ponerte un ojo encima para evitar que te decubras pero, lo vales. Así me aseguro de no cometer los mismos errores que cometió la reina Gloom con Eduardo y Sofía. Ella los convenció para que se unan a su causa pero, con el tiempo la traicionaron y tuvo que eliminarlos. Después tuvo necesidad de ellos y los revivió como poseídos que no pudieron hacer frente a los Light Troopers. Si ella hubiese hecho con ellos lo que hice contigo, ellos hubiesen podido eliminar a los Light Troopers.” pensó el Amo Oscuro y desapareció.

 

Días después, los familiares y amigos más cercanos de Lorena estaban en una iglesia de Tulcán en el funeral de ella. Todos los chicos del grupo de amigos de la Poli, todos los chicos del Grupo de Apoyo, Guadalupe, Narcisa, Sakura, Katya, Pedro y todos los Ángeles de Luz estaban presentes.

 

Andrés, que juró no volver a poner un pie en una iglesia, estaba presente. No escuchaba el sermón del padre. Le dolía mucho saber que dentro del ataúd que estaba bajo el crucifijo estaba el cuerpo inerte de la mujer que más había amado en su vida.

 

Todos pasaron en fila a dar el último adiós a Lorena. Pasó primero la familia y luego los amigos. Andrés fue el primero de los amigos en pasar y se quedó viendo el rostro frío de ella.

Mina leyó en la mente de él que se iba a dejar caer dentro del ataúd para llorar como un loco, le cogió la espalda y dijo —: Despídete. Ella ya no está dentro de ese cuerpo. Ése es sólo un cascarón vacío.

—Adiós Lo…

—¡No digas su nombre! Ella está en algún lugar, lejos de aquí. Recuerda que sigue con vida.

 

Rato después un grupo de hombres, entre ellos Camilo y Pedro, levantaron el ataúd y lo sacaron de la iglesia.

Todos empezaron a salir tras el ataúd.

Nicolás se acercó a Andrés para decirle —: Tienes suerte.

—¿Por qué?

—Porque con ella muerta, no tendrás que preocuparte por cuidar de un hijo fruto de un descuido. Quién sabe si ese hijo era tuyo.

Andrés le rompió la cara en menos de veinte segundos y salió tras el ataúd dejándolo sentado en el suelo.

—¡¿Por qué te pegó?! –preguntó Mina mientras le ayudaba a ponerse de pie.

—No sé. Sólo traté de animarlo. –respondió Nicolás.

—¡Mentira! Yo escuché lo que Nicolás le dijo a mi primo. –dijo Alejandro y repitió lo que escuchó.

Mina lo soltó y gritó —: ¡Me das asco, Nicolás!

—Lárgate, Nicolás. –dijo Abigail.

—Mi intención no era ofenderlo.

—¡¡¡Lárgate!!!

Nicolás salió de la Iglesia limpiándose la sangre que le salía de la nariz.

 

Al llegar al bello cementerio de Tulcán, éste estaba abarrotado con toda la gente que había venido al entierro de la hija de uno de los médicos más queridos y respetables de Tulcán.

Andrés no pudo contenerse más y empezó a llorar desconsoladamente al ver como metían en un nicho el ataúd de Lorena.

 

Luego que el nicho fuera cerrado y las personas empezaron a dispersarse, la señora Ruth se acercó a Andrés y le dio una fuerte cachetada.

—¡Es tu culpa, Andrés! ¡¡Es tu culpa!! –gritó la señora Ruth— ¡Mi hija era pura hasta que te conoció! ¡Tú le quitaste la virginidad y la embarazaste!

El doctor Daniel agarró con firmeza uno de los brazos de su esposa y dijo —: ¡Calma mujer! Lorena murió porque un maldito asesino le dio un tiro ¡No porque haya estado embarazada! –regresó a ver a Andrés— Si mi hija no hubiese muerto, ¿qué hubieses hecho por ella y tu hijo?

Andrés abrió los brazos y dijo —: Nada de lo que diga ahora lo puede demostrar.

—Es verdad lo que dices pero, quiero que respondas a mi pregunta.

—Me hubieses casado con ella, hubiese conseguido un trabajo para mantener a mi familia ¡No me hubiese importado tener que dejar de estudiar para sacarlos adelante!

Andrés volvió a llorar.

—Veo sinceridad en tus palabras. Vive una vida feliz… si es que puedes.

El doctor Daniel empezó a caminar hacia la puerta del cementerio arrastrando a su esposa histérica.

—Disculpa, ¿tú eres Andrés?

—Sí.

El doctor Daniel dio media vuelta y exclamó —: ¡Matilda!

—Lamento su perdida, doctor Fernández… y la tuya, Andrés.

—Gracias, Matilda. —dijo el doctor Daniel.

—Gracias. —dijo Andrés.

—Lorena era una de mis mejores amigas ¡Me duele mucho su muerte! Andrés, ni a ti ni a Lorena culpo por el encarcelamiento de mi esposo. No me di cuenta… a tiempo que Paúl no era bueno.

—¡Eso era que te des cuenta antes de dejar que él te embarace! —gritó la señora Ruth.

—¡Calla mujer! —exclamó el doctor Daniel.

—¡¿Cómo quieres que me quede callada?! ¡Tal vez siguiendo el ejemplo de esta chica, nuestra hija permitió que Andrés le quite la virginidad antes de casarse!

—¡Ella no siguió mi ejemplo! ¡Yo debí haber seguido el suyo!

—¡¿A qué te refieres con eso?!

—¡Ella era la mujer más buena, más pura, que he conocido en mi vida! ¡Ella siguió siendo pura luego de perder la virginidad!

—¡¿Cómo te atreves a decir eso?!

—Señora Ruth, su hija era una de las mujeres más bellas que he conocido en mi vida. Nunca explotó su belleza para conseguir cosas de los hombres. De la infinidad de pretendientes que tuvo, sólo a pocos aceptó como enamorados, sólo con uno de ellos se permitió llegar a la intimidad.

—¡Antes del matrimonio!

—No importa, señora Ruth.

—¡¿Por qué lo dices?!

—Veo que no conoció a su hija como la conocí.

—¡Tú e…!

—¡Cierra la boca, mujer! —exclamó el doctor Daniel.

—Su hija no tuvo sexo con Andrés. Hizo el amor con él. Ella estuvo profundamente enamorada de él y debe haberse dado cuenta que él lo estaba de ella. Ella debe haber visto en él al hombre de su  vida, al hombre con el cual casarse, con quien formaría una familia y tendría hijos. Su hija se embarazó de él porque volvieron a hacer el amor. Ella hizo el amor nuevamente con él porque, a pesar de estar separados, ella se dio cuenta que él aún la amaba y que le fue fiel. En el tiempo que estuvieron separados, ella no estuvo con nadie más, estuvo sola, atesorando el amor que sentía por él. Para mí, eso es pureza. Ella nunca se dejó llegar por la apariencia. Paúl quien es alto, guapo y fornido, es una basura. En cambio, Andrés, quien es atractivo, flaco, y más pequeño que Lorena, fue digno de ella. Con ningún otro, con nadie más, Lorena había llegado a la intimidad. Para mí, eso es pureza.

—Sea como sea, ¡Lorena debió mantener su virginidad y Andrés debió respetar la virtud de mi hija!

—Parece que no entiendes nada, mujer ¡Mejor vámonos a casa! —exclamó el doctor Daniel y arrastró a su esposa hacia la puerta del cementerio.

—Andrés, tú tienes buenos amigos. Apóyate en ellos para superar la partida inesperada de Lorena. Trata de superar la muerte de ella. Yo también lo trataré ¡Me quedé sin mi mejor amiga! —dijo Matilda y se encaminó hacia la puerta del cementerio mientras de sus ojos brotaban lágrimas a borbotones.

—Tú no eres Ángel Rojo tal como me imaginé. Si lo fueras, hubieses evitado que mi hermana muera. —dijo Julián y  fue tras su padre.

 

El único de los amigos de la Politécnica que podía hablar era Julio. Él dijo con mucho pesar en la voz —: Lorena era una gran chica. No sólo era hermosa, era una gran persona, era la persona más buena que he conocido en mi vida. La vamos a echar mucho de menos. La Politécnica no será la misma sin ella.

Él dio su pésame a Andrés y Mateo y, se encaminó hacia la puerta del cementerio.

Los demás siguieron su ejemplo.

—Yo también me despido. Lamento su perdida, Andrés, Mateo. –dijo Pedro.

—Yo me quedo un rato más con mis amigos. –dijo Katya.

—Bueno, te espero en el auto.

Pedro se encaminó hacia la puerta del cementerio.

—Los dejo. No puedo pertenecer a este grupo —dijo Mateo—. Ya no tengo a mi hermana. Ella era mi Ángel –entregó su comunicador a Andrés— ¡Jamás quiero volver a verlos!

Mateo fue tras su familia.

Andrés se puso frente al grupo y dijo —: Ángel Rojo murió cuando asesinaron a Lorena y lo enterraron con ella.

—¿Tienes tu guante? –preguntó Katherine.

—Sí.

Andrés lo sacó de uno de sus bolsillos ya que tenía su tamaño normal.

—Póntelo, verás que puedes ser él otra vez.

—¡Katy, no! –exclamó Mina.

—No puedo hacerlo. –dijo Andrés.

—Inténtalo, por mí. –dijo Katherine y sonrió con dulzura.

—¡No insistas! –exclamó Abigail.

Andrés se puso su guante, colocó su puño frente a su pecho y dijo —: Paz.

—¡Nada pasó! –exclamó Katherine.

—Te lo dije. Él murió.

Andrés entregó a Mina el comunicador de Mateo. Se quitó su guante y su comunicador y, trató de entregárselos a su amiga.

Ella mostró las palmas de sus manos y dijo —: No, consérvalos.

—Puedo corromperlos.

—No, sé que no lo harás.

—Adiós amigos. Trataré de estar en contacto –avanzó unos pasos y se detuvo para extender su mano izquierda hacia atrás— ¿Vienes, enano?

Alejandro corrió para coger la mano de su primo.

—¡Espera un momento! –exclamó Ágata.

Andrés y Alejandro la regresaron a ver.

—¿Por qué no quieres seguir siendo Ángel Rojo?

—¡¿Acaso no lo viste?! –exclamó Alejandro— ¡No puede transformarse!

—Sí, lo vi. No puede transformarse porque siente cualquier cosa en vez de Paz Interna. Andrés, debes recuperar la Paz Interna para que puedas cumplir con tu misión.

—¡¿Mi misión?! ¡¿Qué hay de la misión de Lorena?! Ella, como Ángel Blanco, era indestructible pero, murió como cualquier mortal. Nosotros arriesgamos nuestras vidas peleando contra los seres malignos y no recibimos nada a cambio ¡Ni siquiera algo de protección! ¡Lo mínimo que yo esperaba era que ella reviva de la misma manera que lo hizo cuando destruimos al Reino de Oscuridad!

Mina trataba de buscar las palabras adecuadas para Andrés pero Ágata dijo —: ¡Ustedes no pueden esperar nada a cambio por ser Ángeles de Luz! ¡Es su misión! ¡Para eso fueron escogidos! ¡Ustedes simplemente deben cumplir su misión y punto! Además, ella no revivió porque no murió como Ángel de Luz. Ella murió el día en que te iba a decir que estaba embarazada de ti. Murió porque no quiso transformarse para cumplir su misión que en aquellos momentos era detener a esos criminales. Ella se preocupó de su hijo en vez de cumplir la misión.

Andrés hizo el amago de lanzarse contra la gata pero Alejandro lo detuvo con toda su fuerza.

—¡Eres una maldita gata desgraciada! ¡¿Cómo te atreves a decirme eso?! ¡Mereces que te demuestren lo que sintió Lorena al morir! ¡¿Cómo te atreves a juzgar los sentimientos de una madre si nunca has estado preñada?!

Mina y Katherine vieron que Alejandro no podía contener la furia de Andrés y corrieron para apoyar al niño.

—Andy, por favor, no hagas caso a Ágata –dijo Katherine—. Ella siempre habla más de la cuenta.

—Seas o no Ángel Rojo, nosotros estaremos siempre a tu lado, siempre seremos tus amigos. –dijo Mina.

—Gracias, chicas. Nos vemos.

Alejandro y Andrés se alejaron.

Mina dio media vuelta para ver a Ágata y exclamó —: ¡¿Así que sólo debemos cumplir nuestra misión y punto?!  Yo amo mi misión, amo ser Ángel Violeta pero, después de escuchar la mierda que dijiste a Andrés, ¡me da ganas de tirarte mi guante en la cara!

—Nos hiciste sentir peor que herramientas. –dijo Camilo.

—Creo que estoy de acuerdo con Andrés ¡Mereces que te despellejen! –exclamó Abigail— Si Katy no lo hace, me encantaría hacerlo.

—Si supiera una de las tantas formas en las  que se puede despellejar a un gato, lo haría. –dijo Katherine.

—¡¿Cómo te atreviste a insinuar que Lorena debía poner en riesgo la integridad de su hijo no nacido para cumplir con la misión?! –exclamó Guadalupe— ¡A pesar de ser un hijo no deseado como el mío, ella lo amaba, al igual que amo al mío!

—Mi hija tampoco fue deseada pero la amé desde el primer momento que supe que la llevaba adentro  –dijo Sakura—. El amor de una madre a su hijo es muy grande, no puede compararse con nada ¡No puedes juzgarla por amar más al hijo que llevaba en su vientre que a su misión!

—Tú avivaste la tormenta de venganza que crece dentro del corazón de Andrés. Ya sabemos a quién culpar si nos enfrentamos contra el Demonio Rojo. –dijo Rafael.

—¡Eres una gata estúpida! ¡En estos momentos tan críticos se te ocurre soltar lo primero que se te vino a la panza! –exclamó Katya —¡Debías mantener tu hocico cerrado hasta que Mina sepa qué decir a Andrés! ¡Tú bien sabes que ella es la única que sabe cómo aconsejarlo!

—Me habían contado que los gatos del Reino de Luz eran prepotentes,  demasiado altivos e indolentes —dijo Eduardo—. Al tratar con Argos y contigo creí que era una difamación pero, ¡tú estás demostrando que es una gran verdad! ¡¿Cómo es posible que te importe un carajo lo que siente Andrés?!

—¡Si Andrés llega a convertirse por tu culpa en Demonio Rojo, yo me convierto en su aliada! ¡¡¡Volvería a ser Verdita!!! —gritó Sofía presa de una gran rabia.

—Ágata, tú serás la única culpable si perdemos para siempre al Ángel Rojo y ganamos dos formidables enemigos –dijo Argos—. Esperaba que cuando él haya superado su pérdida, haya llorado lo que tenga que llorar a Lorena, posea la suficiente Paz Interna para volver a ser Ángel Rojo. Ahora has dejado, tal vez para siempre, a los Ángeles de Luz sin su líder.

Todos se encaminaron hacia la puerta del cementerio dejando atrás a Ágata quien se sentía el ser más insignificante y estúpido sobre la faz de la Tierra.

 

Nicolás llegó a su casa entrada la noche.

—¡Ese maldito Andrés! ¡Golpearme así! ¡Yo sólo traté de animarlo! Con ella viva le hubiese tocado mantenerla ¡Ella era una pobretona! ¡Embaraza a la más pobre del grupo! Además, no quería que ninguno de ellos muera… al menos por lo pronto –se vio en un espejo— ¡Te haré pagar lo que me hiciste! Sufrirás mi venganza, mi querido ex Ángel Rojo ¿Qué haré? ¿Qué haré? ¿Matar a Alejandro? Sería demasiado obvio. Pensarían que Demonio Negro tiene algo en tu contra. Veré que puedo hacer para vengarme —se sentó en su cama—. Tal vez me desquite de ti haciendo sufrir a tus amigos —se recostó en la cama y puso sus manos bajo su cabeza—. De todo lo que sé de ellos, debo descubrir qué me sería útil para hacerles sufrir.

 

Días después todos estaban  alrededor de la mesa de reuniones.

—Primero que nada, te agradezco,  Inés, que hayas aceptado la invitación a esta reunión. –dijo Mina.

—¡Eso no significa que haya aceptado a unirme a ustedes!

—Me complace sobremanera que te hayas disculpado con Andrés, Nicolás –dijo Mina—. También me alegra que hayas justificado que no apoyaste a Abigail aquel terrible día.

—Vi mi error y era lo menos que podía hacer. Como  te dije, ese día no encontré un lugar en el cual puedan teletransportarme con seguridad.

—Yo… me disculpo por lo que le dije a Andrés. –dijo Ágata.

—¿Te disculpaste con él? —preguntó Mina.

—No.

—¡¿Por qué no?! ¡Tú lo ofendiste!

—Tengo miedo que me lastime.

—Sugiero que mientras Ágata no se disculpe con Andrés, Ágata sea vetada de estaba base. Eduardo y Sofía me dieron un usuario maestro para control de la base. Puedo eliminar los permisos de acceso a la base de Ágata hasta que se disculpe con Andrés. —manifestó Diana.

—¡No es justo! —exclamó Ágata.

—¿Están de acuerdo? –preguntó Mina.

Todos, hasta Argos, afirmaron con la cabeza.

—Hazlo, por favor, Diana.

—Ok.

—Primero quiero tratar el asunto de la jefatura. Andrés me nombró jefa del grupo. Nosotros lo elegimos democráticamente, creo que debemos elegir de la misma manera al nuevo líder.

—¡Yo voto por ti, Mina!

—Rafael, tu voto no cuenta mucho. Eres su novio. –dijo Nicolás.

—Estoy de acuerdo con Nico. –dijo Abigail.

—¿A quién propones para el puesto de jefatura?

—Lo que dije no significa  que esté en contra con que tú seas nuestra jefa. –respondió Abigail.

—Yo voto por Mina. –dijo Camilo.

—¡Yo también! –exclamó Katherine.

Uno a uno, los miembros del grupo,  incluidos, Eduardo, Sofía, el Maestro Yoshi y el mayor Rodríguez, fueron votando. Al final le tocó a Nicolás.

—¡Ya qué! –dijo él levantado los hombros— Mina.

—¿A quién propondrías? –preguntó Mina.

—A Abigail.

Ella sonrió y le dio un beso en la boca.

—Al igual que el voto de Rafael por Mina, el tuyo por mí no vale mucho porque me amas.

—Inés, ¿quieres votar? –preguntó Mina.

—Aún no me uno a ustedes.

—Ésta es una mesa redonda. Puedes opinar si quieres.

—Está bien. Voto por ti.

—Entonces, como casi todos votaron por mí, asumo la jefatura de este grupo.

—Eres la mejor para el cargo, Mina –dijo el mayor Rodríguez—. No lo digo en desmedro de nadie.

—Lo entendemos, mayor. –dijo Camilo.

—Como sabemos, Alejandro se reportó enfermo pero, de seguro votaba por Mina –dijo Diana y sonrió—. Parece que ese niño está enamorado de ti, Mina.

—¿No es muy niño para enamorarse? –preguntó Narcisa.

—¡El amor no tiene edad! –exclamó Katherine.

—Yo sé de quién está enamorado y no es de mí.

—¿De quién está enamorado? ¿De quién está enamorado? –preguntó Katherine.

—No lo voy a decir. Él no sabe que lo sé.

—Por favor, dilo. No se lo diremos.

—Por favor, Katy. Deja que continúe la reunión. –dijo Soledad.

—Lo siento.

—Como ustedes saben, la matanza de oficiales en el Regimiento Quito, la caída de más de la mitad de Cybercops y, la pérdida de un buen número de agentes del GOE ha provocado que el índice de criminalidad se dispare en esta ciudad. –dijo Mina.

—¡El presidente debería preocuparse por la seguridad en vez de andar de candidato! Ya ganó las elecciones, dedíquese a gobernar, por favor. –dijo Camilo.

—¡No es culpa de Raúl que Demonio Negro haya atacado! –exclamó Diana.

—Pero…

Mina dio un manotazo en la mesa para interrumpir a Camilo.

—Me encantaría enfrascarme en una discusión de política con ustedes. Recuerden que no sólo voté en las elecciones generales de hace algunos meses, también soy ecuatoriana por naturalización. Pero no es el momento para este tipo de charla.

—Perdón, Mina. –dijo Camilo.

—Lo mismo digo. –dijo Diana.

—Lamento decir que las fuerzas del orden no pueden cumplir con su trabajo. Fueron diezmadas en calidad y cantidad. Los mejores hombres y mujeres cayeron muertos a los pies de esa horda de bárbaros comandados por ese Demonio Negro. –dijo el mayor Rodríguez.

—Propongo que patrullemos como lo hacíamos antes. Recuerden que detuvimos a los ninjas negros de esa manera –dijo Mina— ¿Qué opinan, muchachos?

—¿Puedo decir algo?

—Sí. Te escuchamos, Inés.

—Les va a resultar muy difícil patrullar como dices. Ángel Rojo y Ángel Blanco eran grandes guerreros. Él era muy hábil y ella muy fuerte.

—Estoy de acuerdo con Inés. Va a ser muy difícil. Necesitaremos refuerzos. –dijo Camilo

—¿A quién propones para que nos refuerce? –preguntó Sakura.

—A…

—A Máscara Negra. –interrumpió Katherine a Camilo.

—¡Tú y tu Máscara Negra! –gritó Abigail.

Los ojos de Katherine se humedecieron.

Mina regresó a ver a Inés y dijo —: No te alarmes. Ellas siempre se tratan así.

—¿Cómo hermanas?

—En efecto.

—Máscara Negra es buena alternativa pero, ¿cómo lo localizamos? –dijo Diana.

—Él siempre aparece cuando debe  –dijo Katherine— ¿Vieron que apareció en el cuartel del GOE para darnos una mano?

—Sería bueno que sea uno de nosotros. –opino Ethan.

—Yo pensaba en ti para que nos refuerces. –dijo Camilo.

—¿Cómo les puedo apoyar, Camilo?

—¿Recuerdas que fuiste el único que pudo noquear a Ángel Rojo?

—Noquearlo no pero, ¡sí lo derribé! Diana, ¿puedes desarrollar una máquina que pueda canalizar mi poder?

—Sería muy largo y complicado su diseño porque no sólo debe canalizar tu poder. Debe brindarte protección y debe permitir que te esquives de los ataques de los malos.

—Eso me suena a un no.

Diana no dijo nada.

—¡Tengo que hacer algo! Mayor, quiero ser un Cybercop.

—Eres canadiense.

—También tengo la doble nacionalidad como Mina.

—Está bien, Ethan pero, para ser un Cybercop debes primero ser un agente del GOE y para serlo debes tener la suficiente habilidad y experiencia para ser uno de nosotros. En otras palabras, debes enlistarte en la escuela superior de la policía y luego cuando tengas experiencia, seguir el curso para ser agente del GOE.

—Haré todo lo que dijo, mayor.

—Te ayudaré para que no tengas trabas en tu ingreso.

—Ok, ok –dijo Inés con un poco de fastidio—. Siguen siendo cinco. No pueden contar con ese Máscara Negra porque no saben cómo localizarlo. Deberían buscar a alguien que pueda reemplazar a los dos Ángeles de Luz que les falta. –dijo Inés.

—¿Quieres ser un Ángel de Luz? –preguntó Raúl.

—No quiero serlo pero, debe haber alguien entre ustedes que pueda reemplazar a los Ángeles perdidos.

—La pregunta es quién. –dijo Guadalupe.

—Ya no lo piensen más –dijo alguien—. Ya llegaron los refuerzos.

Todos regresaron a ver a quienes habían salido del ascensor.


5% de descuento para los lectores de entreescritores.com en casadelibro

5% de descuento para los lectores de entreescritores.com en casadelibro

Comentarios