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Poemas sin ton ni son

Poemas sin ton ni son

07-04-2021

Poesía poesía

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!Tal que John Ashbery, yo tampoco tengo idea de qué demonios habla mi poesía, si es que acaso poesía fueran mis poemas!

Selección de Poemas de los libros Allá donde empieza la locura, La insaciable verdad de la verdad y Un humano cualquiera del autor Alonso de Molina (España, 1960).

Se trata, en esta introducción, de fragmentos de las reseñas, entrevistas y prólogos de los libros a que hace referencia esta antología, donde los poemas que la componen han sido seleccionados por el propio autor. No es una síntesis ni una definición de su obra, la pretensión, en todo caso, es mostrar un resumen de su decir poético, que, de alguna manera, es un compendio de su trayectoria vital.

¿Qué estoy queriendo decir? ¿Trato de acusar al poeta de no saber lo que ha escrito? (o como diría John Ashbery, para muchos el poeta norteamericano vivo más influyente, "No tengo ni idea de qué habla mi poesía"). Muy al contrario. El escriba de este libro ha estado ignorando en el continuum de su conciencia convencional su decir claro y alabable para entrar en un mundo poético, que hoy en día no se prodiga, bien pienso, con el mayor respeto, que los clásicos han influido y anillado a muchos poetas a que permanecieran en un decir ya manido y sobre estimulado por sentimientos editoriales que rayan en la mercadería.

Alonso de Molina ha huido de todos estos condicionantes y ofrece un desnudo que tampoco apercibe y un decir que entra en otros surcos de la palabra nada convencionales.
 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

Se trata de una espontánea y no premeditada "Selección de Poemas" de los libros Allá donde empieza la locura, La insaciable verdad de la verdad y Un humano cualquiera del autor Alonso de Molina (España, 1960).

Se trata, en esta introducción, de fragmentos de las reseñas, entrevistas y prólogos de los libros a que hace referencia esta antología, donde los poemas que la componen han sido seleccionados por el propio autor. No es una síntesis ni una definición de su obra, la pretensión, en todo caso, es mostrar un resumen de su decir poético, que, de alguna manera, es un compendio de su trayectoria vital:

De los años 60, en Almería, recuerdo a los mayores echando partidas a las cartas o al dominó, a los viejos sentados a la sombra bebiéndose su media botella de vino; recuerdo un carruaje tirado por dos hermosos caballos acarreando a un difunto mientras una comitiva de hombres y mujeres cabizbajos caminaban detrás. Recuerdo que me atropelló un coche a los 6 años y una vaquilla a los 11, el día que decidí no ir a clase, y que mi primer ciclomotor lo estrellé detrás de un coche Seat 600 que se detuvo en un semáforo en rojo. Recuerdo tardes jugando al fútbol, practicando artes marciales, leyendo cómic en la Biblioteca Villaespesa; recuerdo también los domingos de verano en la Playa de las Almadrabillas y recuerdo los domingos de invierno recogiendo sillas en la Catedral de Almería donde sacaba algunas monedas para pagar el cine y mis primeras cañas de cerveza.

Alonso de Molina escribe tal como piensa, se declara amante de la paz y del diálogo y no lleva bien la desconsideración ni los abusos de ningún tipo, y se emplea a fondo:

—La discusión es saludable siempre que tienda a exponer razonablemente los motivos por los que no debemos llegar al conflicto, algo que ignoran de manera especial los políticos. Decía el pacifista, discípulo de Gandhi, Lanza del Vasto, que “al enemigo se le persigue, se le acorrala y acosa hasta la reconciliación”. En todas partes, donde quiera que uno vaya, donde quiera que pongamos los ojos: países, continentes, culturas, etnias... los problemas son los mismos: codicia, egoísmo, intransigencia; y la forma de resolverlos, demasiado a menudo, pasa por la violencia. La poesía es belleza, pero ante todo es creacionismo, otra forma de sentir y vivir la realidad de los días, y muchas veces, la poesía, está a medio camino entre el conflicto y la solución.

Respecto a la poesía, al concepto poético, Alonso de Molina, tiene las ideas muy claras:

—La poesía es un arte en sí misma que conlleva elementos como ritmo y rima que no son imprescindibles en prosa; pero en ambos casos, tanto con prosa como con poesía, se pueden transmitir grandes emociones. La poesía no se estudia, se aprende, en un curso puedes aprender a estructurar, a matizar, a separar conceptos, te da pie para explorar tus posibilidades creativas con ciertas matizaciones pues hay que distinguir en primer lugar lo que es “poema” y lo que es “poesía”. Un taller de creación poética puede ser un gran incentivo para iniciarse, y para los que ya escriben un estímulo, otra oportunidad para aprender a diferenciar el grano de la paja. Yo mismo he organizado talleres donde podemos crear un poema a partir de la observación de una imagen, de escuchar un sonido, de leer una palabra, frase o pequeño fragmento... Se trata de introspección.  Un poema, no lo olvidemos, es sólo texto, decía Huidobro en Arte Poética, que al poema hay que dotarlo de vitalidad, no escribir “flor”, sino “hacer la flor en el poema”.

La escritura poética es un advenimiento creativo, de liberación y olvido, afirma el autor de esta Antología:

—Acabada la obra y el mérito cumplido lo oportuno es retirarse, tal como aconsejaba Lao Tse en el Tao Te King. En mi caso, pero creo que, para cualquier otro, escribir es un trance, un dilema. Buscas palabras, las comparas pretendiendo el equilibrio del poema, pretendes la esencia para que del texto surja la poesía. Tal como afirmaba Federico García “El poeta debe llevar un plano de los sitios que va a recorrer y debe estar seguro frente a las mil bellezas y las mil fealdades disfrazadas de belleza que han de pasar delante de sus ojos”.  Así, pues, me quito un peso de encima cada vez que concluyo un poema.

“Tuyo en la poesía”, así firma Alonso de Molina la mayoría de sus escritos poéticos. Una expresión que habla, más allá de lo personal, del significado y fuerza de la poesía en nuestro tiempo. Con Alonso de Molina, poeta español conversamos:

-P- Has sido colaborador de la revista Alaire Bienestar Ciencias-Arte y cofundador del Grupo Poético Alaire, además de promotor de los portales de poesía Poetas de Hoy y Blog Poetas de Hoy. Y contribuyes de manera activa a la organización de los “Velorios Poéticos de Almería”, entre otros proyectos. ¿Qué son estos espacios y cuál es o ha sido tu papel en ellos?

-R- La Revista Alaire Bienestar – Ciencias - Arte fue un proyecto llevado a cabo en España por grandes entusiastas de la poesía como Rafael Calle, José Juan Martínez Ferreiro, Luis Oroz, Benjamín León, Sara Castelar, la inolvidable Blanca Sandino que ya no está entre nosotros y un servidor. Durante el primer año, 2008, la revista era digital y acogía a un buen número de destacados poetas de España y Latinoamérica, asiduos todos ellos del Foro Alaire, de estilos variados, gente muy curtida en la poesía, por citar unos nombres, como Julio González Alonso, Julián Borao, Just Gafar, Mario Martínez, Carmen iglesias, Ramón Carballal, Marian Ramentol, Amparo Guillén, Rafael Teicher, Pedro Arguedas, José M. Fernández Febles, Francisco Lobo, Pilar Iglesias de la Torre, Santiago Redondo, Federico Ruibal, Antonietta Valentina, José Manuel Saiz, Mari Cruz Agüera, Jerónimo Muñoz, Ana Villalobos , Marina Centeno, Joan Casafont, Hallie Hernández, Ricardo Serna, Alberto Batania, E. R. Aristy… una lista que se podría ampliar muchísimo de gente que aman la poesía, que viven la poesía y la comparten a pie de calle y en Internet.

 

Decir que la revista Alaire Bienestar Ciencias Artes, en la actualidad, como en sus inicios, en la actualidad es digital, es el modo más directo para llegar al público, el más módico y con menor riesgo de descalabro económico, llegar a la gente; fue una gran experiencia que nos curtió a todos los integrantes. La poesía es una necesidad vital que nos permite acercar al ser espiritual que somos a lo cotidiano e Internet nos facilita el acercamiento y la comunicación en tiempo real, prueba de ello es De Sur a Sur, revista de poesía y artes literarias, que como bien sabes, es un proyecto globalizador que desde el altruismo ofrece una plataforma digital a poetas y escritores de España y Latinoamérica, de ahí el nombre, del sur de Europa al sur de América. Incluimos contenidos muy diversos sobre poesía y literatura, noticias, entrevistas, microrrelato, artículos de opinión, reportajes, acción poética y próximamente tendremos un escaparate de novedades editoriales donde los autores podrán publicar gratuitamente sus libros con alguna breve reseña y enlace a su web o plataforma de venta. Se trata de ayudar a la inmensa mayoría de escritores y poetas que, por una razón u otra, no gozan de los privilegios de las grandes multinacionales del libro. ¿Sabías que sólo un uno por ciento de los libros editados llega a la cifra de mil libros vendidos?

-P- Hay otra parte de ti que se dedica a la organización y aporte de textos para la conformación de antologías poéticas. Entre ellas están: “Antología Poética Universos Diversos. Poesía del Siglo XXI”, donde participaron un total de veintidós autores, once hombres y once mujeres; “Un Mundo y Aparte” y “Área Reservada” publicadas en Bubok Publishing. Y “Antología Homenaje a José Ángel Valente -Ciudad Celeste-” editada por el Instituto de Estudios Almerienses; además de “Antología Más Allá del Sur” presentada por la editorial Letra Impar. “¿Qué significado tiene para ti este desempeño y como es qué ocurre el proceso de selección de textos?

-R- Soy inquieto, quizá algo hiperactivo, necesito continuamente sentir que el mundo funciona, que el mundo es tarea de todos y por ese motivo muchísimas personas no cesan de dar vueltas a la manivela que hace que la humanidad actúe y pueda desempeñar las funciones que permitan su desarrollo a la vez que ser útiles unos con otros, conectar con los demás y facilitar para que los demás conecten contigo. “Un Mundo y Aparte” y “Área Reservada” fueron las primeras antologías que emprendí, en 2007 y 2008, con muy buena aceptación por parte de poetas de España y Latinoamérica. Aún hoy se siguen registrando descargas y lecturas de estas esplendidas, pero a la vez sencillas obras poéticas. Respecto a la “Antología Poética Universos Diversos. Poesía del Siglo XXI”, año 2009, comentar que quizá fuimos de los primeros, si no los primeros, en emplear el término “Poesía del Siglo XXI”. Le debo mucho a mi querido amigo Jerónimo Muñoz Palma, enorme poeta y crítico excepcional, él fue la persona responsable de seleccionar a los 22 autores de entre los más de 100 que presentaron sus trabajos, once hombres y once mujeres –por el hecho de la paridad entre los dos sexos, muy en uso en esas fechas-, no queríamos hacer un libro voluminoso, solo una pequeña muestra de la poesía que se estaba haciendo en esos momentos en que Internet, a través de los foros que empezaban a pulular, facilitaba la interacción entre poetas de cualquier parte del mundo y estimulaba a personas indecisas a sacar sus poemas de olvidados cajones para, tímidamente, mostrarlos al mundo. Después llegaron más antologías como las que mencionas y algunas anteriores siguen siendo testimonio de los álgidos tiempos que vive la poesía, como una lluvia abierta que te va calando hasta los huesos.

Por otro lado, el proceso de selección de textos siempre es tarea ardua e ingrata, ardua porque tienes que leer a fondo todos los textos que recibes en un corto periodo de tiempo, e ingrata porque finalmente tienes que desprenderte de algunos trabajos que son tan valiosos como los demás, pero que las limitaciones de un libro imponen.

-P- Desde el año 2000 hasta la fecha, el lector puede encontrar textos tuyos en diferentes antologías, en blogs, en libros y ediciones impresas de varias revistas literarias; todo ello junto a escritores de diferentes países y diferentes maneras de decir. Pensando en los inicios, cuando tus textos comienzan a ser antologados hasta la actualidad ¿Cuál es la principal diferencia entre los unos y los otros? ¿Cuál su denominador común y su principal riqueza para ti como escritor?

 

-R- La principal diferencia entre textos de hace diez, quince o veinte años es la madurez no ya poética, sino la madurez humana que te urge a manifestar las razones de tus miedos, angustias, inquietudes… más allá de lo que la palabra es capaz de decir. El hombre en sus limitaciones necesita liberar la angustia y eso solo es posible a través de la introspección, un viaje al interior de uno mismo, tratando de salvar las turbulencias generadas entre el consciente y el inconsciente, y la poesía es una gran herramienta en ese sentido.

 

-P- En alguna ocasión has manifestado: “Al margen de cualquier vehemencia o connotación alienante, asumo la poesía como un refugio donde busco amparo y certeza, especialmente cuando llego a sentirme tan indefenso y solo como un grano de arena en un glaciar”. ¿Qué opinión te merece la poesía contemporánea y no te pregunto por el asunto del desenfado o de la experimentación que está ocurriendo en cuanto a formas sino por la connotación de vivir un mundo donde esa soledad a la que apuntas -en tus palabras subrayadas- puede que tenga que ver, en sentido general, y cada día más con la expresión geopolítica de las redes sociales, las no relaciones sociales, la innovación tecnológica, la desigualdad y el mundo ingobernable en el que vivimos?


-R- Entiendo la poesía como algo íntimo, espiritual y profundo, fuera de ese contexto la poesía es literatura, suelo decir que la poesía es un grito hacia dentro, una reflexión constante. La poesía no cuenta historias, no dice nada, solo muestra al ser humano y sus pesquisas, sus requerimientos, anhelos, miedos, tentaciones. La poesía es una conducta y no es, necesariamente, una representación, un ornamento o un acto informativo. Hoy se escribe más poesía que nunca en el mundo, pero ¿es en verdad poesía? Como humanos somos componentes impersonales, gregarios, y también en poesía tendemos a crear círculos de conveniencia donde la poesía es lo que menos importa y lo que mayoritariamente prevalece es el corporativismo y el “colegueo” para hacerse valer en la parafernalia política e institucionalista a cargo de ciertos políticos que buscan la foto con los “modernos” y le trae al pairo la poesía y los poetas.

 

-P- ¿Algún nuevo proyecto o publicación?

-R- No bromeo cuando digo que tengo unos treinta libros inéditos, confieso que para ciertas cosas soy algo vago, escribo, como diría Borges, para mi propia vanidad; pero efectivamente, un par o tres o cuatro libros sí que tengo que publicar porque son los libros que estimo que –aun siendo poesía- pueden aportar algo a los demás. Leer poesía, incluso más que escribir poesía, te proporciona una visión explícita, evidente, del caos en que nos hallamos inmersos, generado por los desafíos de la existencia en todos los ámbitos: personales, laborables, sociales… La poesía ayuda a “quitar yerro” a ciertos asuntos, reduce la complejidad y minimiza la angustia, la poesía te ayuda a encontrar vías de salida para salvar barreras ya sean mentales, físicas o espirituales.

 

-P- Alonso de Molina, seudónimo con el que te conocen “quienes me conocen, en el ámbito de la poesía”. ¿Cómo y por qué surge? (¿algo que ver con el fray Alonso de Molina?).

-R- Jajaja, permíteme las risas. Me sorprendí cuando de repente se me apareció este fraile; quizá el karma, quién sabe, de niño frecuentaba la congregación de los Frailes Dominicos de Almería, así es que cuando indagué sobre Alonso de Molina, buscando quién podría ser el titular del seudónimo que utilizo me sorprendió que hubiera dos personajes de la historia, además relacionados con la conquista de América. Según la Wikipedia, Alonso de Molina, (Úbeda, España, Ecuador, 1531) militar español, participó en el segundo viaje de Francisco Pizarro en pos del Imperio Inca, siendo uno de los Trece de la Fama, es decir, uno de los trece soldados españoles que no quisieron abandonar a su jefe en la isla del Gallo. Y, por otro lado, Fray Alonso de Molina, lexicógrafo español, hijo de inmigrantes españoles en la Nueva España, (Extremadura, España, 1513, Ciudad de México, 1579); construyó el vocabulario más completo en lengua náhuatl del cual fue base de nuevos vocabularios y diccionarios modernos en esta lengua. Nada que ver con ninguno de ellos, como puedes ver.

 

-P- ¿Qué nos puedes decir de tus influencias a la hora de escribir?

-R- ¿Influencias? Tal vez sea influenciable, pero no suelo adoptar ningún tipo de influencia. Soy omnívoro -ya digo- y picoteo de todos los platos que atrapan mi interés. No busco el verso ni el poema, creo que el poema sale a mi encuentro, la ha tomado conmigo y me busca, a veces frontal o verticalmente, otras al trasluz, pero me busca como el que busca un día de lluvia en el desierto o un vientre contorsionista con suficiente cintura como para esquivar las trampas de la cotidiana realidad.  

Decir que me considero autodidacta. Que literariamente no tengo un currículum académico. Que soy una persona que ha vivido, y vive, a salto de mata; mi educación más que precaria es nula, así y todo, llevado por algún atávico instinto, procuro apartarme de la mediocridad, de ese asfalto hirviente que te quema los pies y te hace tragar saliva mientras apartas la vista de lo mezquino y vulgar. Que a pesar del tiempo que ha transcurrido desde que nací y los kilómetros que he recorrido, me siento a veces náufrago incapaz de entender a las personas y comprender lo que ocurre en el mundo.

De muchacho me sonreía con Mafalda, me encandilaban los versos de Lorca, Miguel Hernández, Machado… y me alborotaron poetas como Leonard Cohen, Jaime Sabines o Carlos Edmundo de Ory. Después fueron llegando Neruda, Pablo De Rokha, Vicente Huidobro, Walt Whitman, Baudelaire, Cortázar, Paul Éluard, Borges…
De joven también me gustaba leer el Tao Te King de Lao Tsé y los aforismos de Nietzsche; leía los Yoga Sutras de Patanjali y por mi enorme afición a las artes marciales leía con devoción al maestro zen Taisen Deshimaru. Y algo me debe de quedar de este apego oriental, pues en los últimos años vengo leyendo a autores japoneses como Haruki Murakami, que espero que por fin le den el Nobel de Literatura porque lo merece, como ya ocurriera con sus compatriotas Yasunari Kawabata (1968) y Kenzaburō Ōe (1994).

Lázara Ávila

Pinar Publisher LLC Georgia EEUU

 

 

Fragmento del prólogo al poemario Un humano cualquiera 2ª Edición

Leí una y otra vez, los poemas de “Un humano cualquiera” y me detuve en la “introducción” donde Alonso de Molina expone que “…Escribir, de alguna manera, es transmitir a los demás aquello que llevamos dentro, un relámpago, quizá, o, tal vez, un hambre”. Hambre que en mí se despliega noche a noche con la lectura (antes de dormirme) de un poema, que bien pudo ser “Fue así que me parió mi madre” -que a mí también me parió mi madre no una noche de enero, sino un casi mediodía de febrero- o “El mismo hambriento de siempre” o “Ardiendo en el perfume que regala la noche”.

 

Jorge Carrol.

Escritor y poeta. (Argentina).

 

Fragmento del prólogo al poemario Allá donde empieza la locura

A estas alturas de mi vida, lejos del comienzo y más hacia el final, por mis ojos han pasado miles de lecturas, desde ficción hasta poesía, desde los comienzos de aquel Homero narrándonos guerras y amores hasta las voluminosas obras de nuestro tiempo moderno. Hace mucho que coincidí con Alonso de Molina en las redes, y por todo ese camino atiborrado de lecturas que he atravesado, lo identifiqué como uno de los grandes poetas de nuestra época actual.

Ismael Lorenzo. Escritor. (Cuba/EEUU)

CEO Creatividad Internacional.

 

Fragmento del prólogo al poemario La insaciable verdad de la verdad

El inconsciente Freudiano juega un papel tan importante como necesario en lo poético y la mística no subordinada rodea el misterio de esta lectura, donde Jung y el físico cuántico Pauli dejan su impronta, sin que el poeta se aperciba

 

¿Qué estoy queriendo decir? ¿Trato de acusar al poeta de no saber lo que ha escrito? (o como diría John Ashbery, para muchos el poeta norteamericano vivo más influyente, "No tengo ni idea de qué habla mi poesía"). Muy al contrario. El escriba de este libro ha estado ignorando en el continuum de su conciencia convencional su decir claro y alabable para entrar en un mundo poético, que hoy en día no se prodiga, bien pienso, con el mayor respeto, que los clásicos han influido y anillado a muchos poetas a que permanecieran en un decir ya manido y sobre estimulado por sentimientos editoriales que rayan en la mercadería.

 

Alonso de Molina ha huido de todos estos condicionantes y ofrece un desnudo que tampoco apercibe y un decir que entra en otros surcos de la palabra nada convencionales.

 

Ignacio Bellido Vicente

Dr. en Psiquiatría y Poeta


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