Comienza a leer

Iniciar sesión con Entreescritores

¿Has olvidado tu clave?

Crear una cuenta nueva

Libros publicados

 

Primer capítulo

RELACIÓN ALFABÉTICA DE PERSONAJES

 

ADCALENDAS GRAECAS: De la expresión latina AD CALENDAS GRAECAS. (Para un tiempo que nunca llegará).

ALTER HEGON: De la expresión latina ALTER EGO. (Otro yo, una segunda oportunidad).

ARTICU LOMORTIS: De la expresión latina IN ARTICULO MORTIS. (En el artículo de la muerte, en el último extremo).

BOCAT DI CARDINALE: De la expresión italiana BOCATTO DI CARDINALE. (Bocado de Cardenal, algo exquisito).

CAPITIS DIMINUTIO: De la expresión latina CAPITIS DIMINUTIO. (Despreciado, disminuido en categoría).

CORAM POPULO: De la expresión latina CORAM POPULO. (Ante la multitud).

CORPUS DELICTI: De la expresión latina CORPUS DELICTI. (Cuerpo del delito, instrumento del crimen).

CUO VADISE: De la expresión latina QUO VADIS? (¿A dónde vas?).

DEPROFUNDIS CLAMAVI: De la expresión latina DE PROFUNDIS CLAMAVI. (Desde las profundidades clamé).

DURAL SEDLEX: De la expresión latina DURA LEX, SED LEX. (La ley es dura pero es ley).

ECCE HOMO: Del latín ECCE HOMO. (He aquí al hombre). Imagen de Jesucristo con corona de espinas.

EPOR SIMOVE: De la frase en italiano EPPUR SI MUOVE. (Y sin embargo se mueve) que, según la leyenda, pronunció Galileo Galilei.

ESTA TUKUO: De la expresión latina STATU QUO. (Situación determinada, en el estado actual).

GORGOL COLLIS: Del latín COLLIS. (Collado, colina, altura, cerro, altozano, etc).

HOMOMI NILUPUS: De la locución latina HOMO HOMINI LUPUS. (El hombre es un lobo para el hombre).

INPARTIBUS INFIDELIU: De la expresión latina IN PARTIBUS INFIDELIUM. (En países de infieles).

INVINO VERITAS: De la locución latina IN VINO VERITAS. (En el vino está la verdad).

KOGI TOERGO: De la expresión latina COGITO, ERGO SUM. (Pienso, luego existo). Resumen de la filosofía de Descartes.

KOHINOR: De la voz india KOH-I-NOOR. (Montaña de luz). Diamante célebre.

KUKU KLUXKLAN: De la sociedad secreta racista norteamericana KU KLUX KLAN.

LADONNA EMOBILE: De la ópera de Verdi, Rigoletto. El texto de Piave dice así: LA DONNA È MOBILE/ QUAL PIUMA AL VENTO,/ MUTA D´ACCENTO/ E DI PENSIERO/. Que traducido es: La mujer es voluble/ cual pluma al viento,/ muda de tono/ y de pensamiento/.

LAPSUS LINGUAE: De la expresión latina LAPSUS LINGUAE. (Error involuntario al hablar).

LETAT CEMOI: De la frase en francés L´ÉTAT C´EST MOI. (El estado soy yo). Resumen de la política del rey sol Luis XIV de Francia que personifica la majestad por la gracia de Dios.

MAGIS TERDIXIT: De la expresión latina MAGISTER DIXIT. (Habló la ciencia, lo dijo el maestro).

MAGNIS ITINERIBUS: Del latín MAGNIS ITINERIBUS. (A marchas forzadas).

MALEDICE DALIQUO: Del latín MALE DICERE DE ALIQUO. (Hablar mal de alguien).

MANDUCEMOS ETBIBAMUS: De la frase latina MANDUCEMOS ET BIBAMUS, CRAS ENIM MORIEMUR. (Comamos y bebamos que mañana moriremos).

MEDICURA TEIPSUM: De la locución latina MEDICE, CURA TE IPSUM. (Médico, cúrate a ti mismo).

MEMOR ARANDUM: Del latín MEMORANDUM. (Informe, recopilación).

MINUS HABENSI: De la locución latina MINUS HABENS. (Que tiene menos). Dícese de las personas un poco estultas.

NEMIMPUNE LACESSIT: De la expresión latina NEMO ME IMPUNE LACESSIT. (Nadie que me toque queda impune). Lema de la escocesa Orden del Cardo.

NONPLUS ULTRA: De la expresión latina NON PLUS ULTRA. (No más allá).

NUNCEST BIBENDUM: De la frase latina NUNC EST BIBENDUM. (Ahora hay que beber).

ODIPROFA NUMVULGUS: De la frase latina ODI PROFANUM VULGUS. (Odio al vulgo profano).

OMNISHO MOMENDAX: De la locución latina OMNIS HOMO MENDAX. (Todo hombre es mentiroso).

PANET CIRCENSES: De la locución latina PANEM ET CIRCENSES. (Pan y juegos de circo).

PRIMUSIN TERPARES: De la locución latina PRIMUS INTER PARES. (El primero entre los iguales). Se usa para designar al que es primero entre los de su misma categoría.

QUIESCAT INPACE: De la expresión latina REQUIESCAT IN PACE. (Descanse en paz). Inscripción mortuoria en tumbas, esquelas, etc. Su abreviatura es R.I.P.

SEMPER FEMINA: De la frase latina VARIUM ET MUTABILE SEMPER FEMINA. (Siempre la mujer es voluble y tornadiza).

SIVISPACEM PARABELLUM: De la expresión latina SI VIS PACEM, PARA BELLUM. (Si quieres la paz, prepara la guerra).

SUI GENERIS: De la expresión latina SUI GENERIS. (Muy especial).

SUMUMJUS SUMINJUR: De la locución latina SUMMUM JUS, SUMMA INJURIA. (A mayor derecho, mayor injusticia). Indica que la rigurosa aplicación de la ley puede ser causa de graves injusticias.

TAEDIUM VITAE: De la expresión latina TAEDIUM VITAE. (Disgusto o hastío de la vida).

TURI TESALUTA: De la frase latina AVE, CAESAR, MORITURI TE SALUTANT. (¡Salve, César, los que van a morir te saludan!).

VADERE TROSATANA: De la frase latina ¡VADE RETRO, SATANA! (¡Retrocede, Satanás!).

VANITAS VANITATUM: De la frase latina VANITAS VANITATUM ET OMNIA VANITAS. (Vanidad de vanidades y todo vanidad).

VASSI DOMINICI: De las voces latinas VASSI DOMINICI. (Vasallos del señor). En la época carolingia designaba a ciertos vasallos del rey dentro de la nobleza.

VEREC HUNDIA: Del latín VERECUNDIA. (Pudor, modestia, timidez, vergüenza).

VOXO POPUL: De la frase latina VOX POPULI. (Voz del pueblo, opinión pública).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

CAPÍTULO I: MUERTE

 

Hola, seguramente, ustedes no me conocen y por eso tengo que presentarme, me llamo Epor Simove y, en la época en que arranca este relato, yo era inspector jefe de la policía del distrito de Hidum capital, en el departamento de Nueva Calatrava, situado en el continente llamado Olisipo, el más extenso de los cuatro. Los otros tres eran Sinaro, Eboraco e Icosia.

Imagino que si ustedes poseen una inteligencia y unos conocimientos mínimos (cosa que doy por supuesta) habrán adivinado ya que no estoy hablando del viejo planeta Tierra. Claro que no, no es que yo no sea humano, que lo soy, sino que la raza humana hace tiempo que empezó a diseminarse por el cosmos y conquistar otros planetas. Pues bien, el mío fue el primero en ser colonizado y le pusieron por nombre Hesperia. Yo soy, por lo tanto, un hesperio, y a mucha honra.

En la época en que arranca esta historia quedaban apenas diez años para la celebración del quinto centenario de tamaño acontecimiento y ya habían comenzado los preparativos oficiales para la conmemoración de tan señalada efemérides. ¡Cómo pasa el tiempo!

Antes de dar comienzo a la narración de los hechos, quisiera hablarles un poco de mi bello planeta. Tras muchos años de búsqueda y de investigaciones, después de haber mandado miles de sondas espaciales a otros tantos planetas y de haber analizado datos y muestras de todos ellos, los humanos terrestres decidieron que éste, el que ahora piso, era el más adecuado para albergar la vida humana.

Por ello, el año 2491 después de Cristo (vayan ustedes a saber quién fue ese Cristo), tres naves intrépidas y sus heroicas tripulaciones, cuyo mando ostentaba el legendario comandante Cuo Vadise, héroe nacional hesperio por excelencia, partieron de la Tierra y, aprovechando la por entonces novísima tecnología que sacaba partido de las inconmensurables posibilidades de los agujeros de gusano (ahora no voy a ponerme aquí a explicar los fundamentos teóricos de esa tecnología porque, además de no ser esto un tratado de astrofísica, es algo que se aprende en la enseñanza primaria aquí en Hesperia) recorrieron los diez años luz que nos separaban de la Tierra y se plantaron aquí en tres meses.

No podían haber estado más acertados en la elección. Hesperia es un planeta muy parecido a la Tierra. Su diámetro, peso y densidad son casi los mismos que los de la Tierra. El sol que lo calienta es aproximadamente como el del sistema solar en tamaño y en la energía que emite. Además, la distancia que lo separa de Hesperia es casi la misma que la que separa al sol de la Tierra. La atmósfera posee casi idéntica composición de gases y en una proporción que parece casi copiada de la terrestre. El porcentaje de tierras emergidas y de superficie acuática es similar. Tenemos sólo cuatro continentes pero son muy grandes y, con las islas, dan una superficie que se acerca mucho a la de los territorios emergidos del planeta Tierra. Tenemos especies animales y vegetales, esto sí, un poco diferentes a las terrestres pero la mayoría son comestibles y muchas domesticables. Y una naturaleza lo suficientemente sabia como para no haber dado origen a vida inteligente. La pobre no se esperaba que llegásemos nosotros. Pero tuvo suerte porque, cuando nos presentamos aquí, nuestra conciencia ecológica estaba plenamente desarrollada. Veníamos escarmentados por lo que habíamos estado a punto de hacer con la Tierra, destruirla por culpa de nuestra ceguera y nuestro afán de consumir energías y materiales pensando que eran eternamente renovables. Craso error que estuvo a punto de costarnos la extinción. Aquí en Hesperia toda la energía que necesitamos la obtenemos de nuestro Sol. No contamina y nos durará todavía unos cuantos miles de millones de años. Es de suponer que, antes de que se acabe, habremos hallado otro planeta de similares características a este para mudarnos. Yo no lo veré aunque no me importaría estar presente y echar una mano en la mudanza. El modo en que recogemos, almacenamos y aplicamos la energía solar es ingeniería básica y me remito a lo dicho cuando me refería al aprovechamiento de los agujeros de gusano para los viajes espaciales.

Nuestro clima es semejante al terrestre, ya que Hesperia tiene un eje de rotación con una inclinación parecida al de la Tierra y las estaciones se suceden del mismo modo, apaciblemente. Pero no crean que vivimos en una especie de paraíso bíblico (y vete a saber qué es una biblia), no, claro que no. Ya dije antes que somos humanos y tenemos lo bueno y lo malo de la especie. Hay ambición, amor, odio, envidia, soberbia, solidaridad, egoísmo y todo lo que nos caracteriza y hace que algunos quieran más de lo que pueden alcanzar. Aunque no se puede decir que vivamos mal. Tenemos un completo equilibrio entre desarrollo y conservación natural, tenemos frío en los polos y calor en el ecuador, tenemos una esperanza de vida superior a los 100 años y poca delincuencia, he dicho poca pero no que no exista. Si no existiera, no existiríamos los policías y eso es lo que soy yo, un defensor de la ley y el orden.

Ante todo lo anterior ustedes se preguntarán: ¿Es Hesperia un calco de la Tierra? Venga, pregúntenselo. Pues no, tenemos nuestro hecho diferencial vernáculo como todo hijo de vecino y es, agárrense, el siguiente:

Nuestro planeta gira sobre su eje más lentamente que la Tierra y su periodo de rotación es de 30 horas, nuestros días duran 30 horas, 6 más que los días terrestres aunque repartidas de la misma manera. Tenemos el mismo porcentaje de horas de sol y de horas nocturnas, en verano disfrutamos de más horas diurnas y en invierno de más horas nocturnas. Hay días, al principio del estío, en los que aún tenemos sol pasadas las 26 horas. Para nosotros el mediodía son las 15 horas y no las 12 como en la Tierra. La medianoche es para nosotros la hora 30 y no la 24 como en la Tierra. Si en la Tierra amanece a las 6 horas, aquí lo hace a las 7:30. Si en la Tierra anochece a las 18 horas, aquí lo hace a las 22:30. Todo está adecuado a ese 25% de más que poseen nuestros días.

Como quiera que nosotros trabajamos una media de cinco horas al día y necesitamos dormir unas ocho horas de promedio, como cualquier humano, haciendo un cálculo simple tenemos que 5+8=13 y que 30-13=17, es decir, y como se ve claramente, disponemos de 17 horas de ocio diarias y eso ha dado lugar a una peculiar idiosincrasia hesperia.

Es curioso que, cuando se planteó la posibilidad de colonizar otros mundos, los científicos prestaran mucha atención a los problemas de adaptación al clima o a la atmósfera extraterrestre pero ninguno. o muy pocos, pensaron en que teníamos que adaptarnos también a las peculiaridades horarias del nuevo planeta. Probablemente pensarían que llevaríamos nuestro ritmo circadiano de 24 horas allá donde fuésemos y eso fue lo que ocurrió en Hesperia al principio. Pero enseguida se vio que era un engorro regirse por un horario de 24 horas porque tenías que desayunar cuando se ponía el sol o acostarte en pleno mediodía de una jornada de verano con un sol radiante. Por suerte, los primeros colonos se dieron cuenta de que era una insensatez y se adaptaron rápidamente a los días de 30 horas. ¿No han oído ustedes decir que el organismo se adapta mucho mejor a ganarle tiempo al tiempo que a perderlo?

Después de esta primera experiencia en Hesperia, las posteriores búsquedas de planetas habitables han tenido muy en cuenta que el periodo de rotación de ese planeta fuese más largo que el terrestre o, como mínimo, igual porque al organismo humano le costaría mucho adaptarse a vivir en un planeta con días de 20 horas, por ejemplo. No tendríamos tiempo libre, sólo trabajar y descansar, cuando la civilización se basa en que personas ociosas se ponen a pensar y a discutir sobre lo que ven o lo que imaginan y de ahí surge la filosofía y todo lo demás.

Lo que se ha dicho hasta ahora sobre la rotación también se puede aplicar a la traslación. Hesperia tarda un año en describir una órbita elíptica alrededor de nuestro sol. Pero, así como la Tierra tarda 365 días de 24 horas en hacer una vuelta completa, Hesperia tarda 365 días de 30 horas en hacer el mismo recorrido, lo que da, tras un sencillo cálculo, 365x30=10950 horas terrestres que, divididas entre 24 da un total de 456 días terrestres. Se ve claramente que nuestros años son 90 días más largos que los de la Tierra, 90 días terrestres, no nos liemos con tantas cifras. Todo esto es aproximado, hora arriba, hora abajo.

Antes de que se me vaya la idea de la cabeza, he de decirles que nosotros hacemos los cálculos en días y en años hesperios por lo que las cifras mencionadas anteriormente, los casi 500 años desde la colonización y los más de 100 de esperanza de vida, deben considerarse años hesperios y no terrestres. Lo que quiere decir que vivimos mucho más y mejor que antes, igual que en la Tierra y en los demás planetas habitados, supongo, y digo supongo porque no nos ocupamos mucho de lo que pasa en otros lugares. ¿O puede que no? Y sea por la configuración especial de nuestro planeta y nuestro peculiar modo de vida. Quiero pensar que los avances de la medicina, la nutrición y la civilización en general habrán hecho aumentar la vida media de los humanos allá donde se encuentren.

Como les decía antes, el excesivo número de horas libres de que disponemos (eso dicen los que vienen de fuera porque nosotros no nos conformaríamos con menos) nos ha hecho ver las cosas y la vida de un modo muy particular. Aquí no tenemos problemas con el sueño, el que lo desea puede dormir diez o doce horas diarias. Nadie suele llegar tarde al trabajo, entre otras cosas porque no se entra a trabajar de madrugada, hay tiempo de sobra a lo largo del día. Casi todos se levantan horas antes y hacen un poco de deporte, lo que contribuye a mejorar nuestra salud. Todo el mundo puede practicar su afición favorita unas horas al día sin el agobio de mirar el reloj por si se le hiciera tarde para comer, dormir o trabajar. Consecuencia de todo ello: nuestra vida es sosegada, podemos sentarnos a ver crecer las plantas, podemos pararnos a hablar con otras personas, podemos quedarnos en las noches de verano contemplando el astrífero cielo, etc.

Nuestros filósofos son reconocidos universalmente como los mejores. Unen a su inteligencia natural su larga y parsimoniosa preparación y las incontables horas dedicadas a la meditación. De tanto en tanto hacen concursos y se dedican a realizar largas discusiones bizantinas (quisiera que alguien me explicara qué es un bizantino), gana el que desvaría más o el que halla una explicación más rara o rebuscada.

Gracias a nuestro nivel de vida y al largo tiempo de ocio disponible, los viajes son muy frecuentes. Nuestros medios de transporte, tanto terrestres, marítimos o aéreos son cómodos, rápidos, seguros y ecológicos. Te permiten llegar desde cualquier punto de Hesperia hasta cualquier otro punto en menos de las 17 horas de asueto diarias de las que disponemos, por lo que nadie tiene pereza a la hora de viajar. A pesar de ello, no son excesivamente veloces. Aquí no entendemos qué es lo que tienen de bueno la prisa y la velocidad. ¿Para qué hacer algo más rápido? Lo importante es hacerlo mejor. ¿Acaso a alguien se le ocurriría pedirle a un médico que, una intervención de cuatro horas, la hiciera en dos. Para qué, para poner en peligro la salud? Pues con el resto de las cosas igual. Si la comida necesita una hora de preparación, ¿por qué hacerla en media hora? Si una flor necesita un tiempo para alcanzar su mayor belleza, ¿para qué acelerar su proceso? Si cualquier utensilio requiere un tiempo para ser fabricado y puesto a punto, ¿para qué hacerlo en menos, para que salga defectuoso? Si una fruta requiere un plazo para desarrollarse y madurar, ¿con qué motivo acelerar el proceso, para que luego no sepa a nada?

Después de este preámbulo, al que quizás volveremos más tarde, trataré de ir al grano de una vez y contarles la historia prometida.

El día de marras, estábamos tranquilamente redactando informes en la oficina mi ayudante, Kogi Toergo, y yo cuando recibimos un aviso urgente. Nos reclamaban para que acudiésemos al hotel Perduellio, allí se había producido lo que parecía ser el asesinato de un turista que acababa de llegar a Hesperia.

Con una unidad de transporte rápida y utilizando el canal oficial para circular, nos plantamos en el lugar del crimen en breves momentos. Cuando llegamos, ya estaban allí algunos miembros de la policía científica, esperándonos para que les diese autorización y poder comenzar su tarea de búsqueda de pruebas. Me acerqué a ellos con determinación de jefe.

- Hola, chicos, ¿hace mucho que habéis llegado?

- Muy poco, inspector, en cuanto usted nos avisó desde su transporte, nos pusimos en marcha pero nosotros no disponemos del canal oficial. Suerte que estábamos cerca.

- Quedaos un momento aquí, primero entraremos Kogi y yo para observar el panorama y ya os avisaremos, cuando sepa donde está el cadáver.

En ese momento miré a mi alrededor buscando a algún responsable del establecimiento que me pudiese orientar y reparé en un hombrecillo que daba la impresión de llevar rato a mi lado tratando de llamar mi atención.

- ¿Quién es usted? –pregunté secamente.

- Soy el director del hotel, me llamo Voxo Popul –respondió tendiéndome una mano nerviosa.

- Yo soy el inspector Epor Simove, ¿podría indicarme dónde se ha producido el crimen y acompañarme hasta allí?

- Como no, sígame, por favor.

Mi ayudante charlaba con los colegas, así que le dije:

- Kogi, por favor, venga usted con nosotros.

El señor Popul nos condujo hasta un elevador y nos llevó hasta el nivel 7, donde se encontraba la estancia en la que se hallaba el muerto.

Salimos del elevador, torcimos a la derecha por el pasillo y llegamos ante la puerta VII, así, en números romanos (sin que nadie me haya explicado qué es un romano). El señor Popul introdujo la ficha y se abrió, apartándose a un lado para dejarnos paso.

- ¿No me necesitan, verdad?

Vi la cara que puso y le respondí:

- No, de momento, luego le haré algunas preguntas.

- Gracias –dijo aliviado-, estaré en dirección. Cualquier persona que trabaje en el hotel podrá indicarle donde es.

- Antes de irse, una sola pregunta he de hacerle.

- Diga.

- ¿Quién descubrió el cadáver?

- Una persona del servicio de habitaciones, el difunto había solicitado algo de comer. Llamó varias veces y, como no abría, utilizó su clave y lo encontró tendido frente a la puerta. Según me ha contado, no llegó a entrar en la habitación. Cerró la puerta y me avisó a mí. Yo les llamé a ustedes.

- Nada más, dígale a esa persona que luego tendrá que responder también a algunas preguntas.

Voxo me entregó la clave para cerrar y abrir y se marchó. Kogi y yo nos colocamos sendas fundas corporales ajustables a fin de evitar que cualquier fluido, pelo o célula de nuestro organismo pudiera mezclarse con los que hubiera en la escena del crimen y pasamos al interior de la habitación, cerrando la puerta a nuestras espaldas. Allí estaba el cuerpo, yerto, tumbado bocarriba y espatarrado.

- ¿Qué te parece?, Kogi.

- Que para este no hay ya atutía que valga. Está muerto.

- ¿Lo dices porque tiene la cabeza reventada?

- Es evidente que le han disparado desde muy cerca con un “rompecocos”, quiero decir, con un ultraláser de última generación y que no tuvo tiempo ni de reaccionar.

- Y aquí tenemos un carrito de la comida.

- El que lo hizo sabía que había pedido comida, entró aquí y le disparó. Alguien muy bien informado, decidido, frío y con puntería. Aprovechó justo el intervalo entre la petición y la llegada del verdadero empleado del hotel.

- Mira a ver si falta algo, joyas, dinero, etc.

- ¿Cómo sabremos si falta algo si no sabemos lo que traía?

- Habrá que mirar si han revuelto los muebles y enseres.

- Podrías echarme una mano, digo yo.

Kogi y yo miramos y registramos la habitación superficialmente, luego lo harían más a fondo los expertos, pero no parecía que el robo hubiese sido el motivo que indujo al asesino a actuar.

- Te apuesto lo que quieras a que no hallarán ningún vestigio corporal del asesino, es más, probablemente haya utilizado una funda corporal ajustable para no dejar indicios.

Tal fue el comentario de Kogi al terminar el cacheo.

- Si es así nos hallamos ante un auténtico profesional, alguien que puede agenciarse una funda corporal debe de disponer de mucho dinero o de excelentes contactos. Ese material es de uso exclusivo de la policía o de otros colectivos muy especializados, como los médicos y no se vende al público.

- ¿Por qué tomarse tantas molestias y riesgos para matar a un turista?

Con esa pregunta en el aire rebusqué en el cadáver y encontré su documentación. La examiné y se la entregué a Kogi.

- Aquí dice que se llamaba Turi Tesaluta y que era de la Tierra.

- Si, un auténtico aborigen, como dicen ellos.

- Luego buscaremos sus datos en los archivos de admisión del cosmopuerto, ahora llamemos a los muchachos para que hagan su trabajo.

Así que los avisé por el intercomunicador y subieron enseguida. Kogi y yo nos desprendimos de nuestras fundas y se las entregamos para su examen, ellos se enfundaron las suyas y penetraron en el cuarto dispuestos a realizar su labor.

Mientras tanto, nosotros dos nos encaminamos hacia el despacho de dirección de forma pausada, elaborando por el camino las preguntas adecuadas que debía hacer yo al director del hotel y a la persona que halló el cadáver.

Una vez instalados en el despacho que le habíamos casi confiscado con chulería no disimulada al director, le hicimos llamar a la persona que había encontrado al turista muerto. Cuando llegó, un hombre joven, bien maqueado y afeitado, hicimos salir al señor Popul y senté al testigo frente a mí mientras yo me parapetaba detrás de su mesa, en su cómodo sillón. Kogi deambulaba por la estancia con gesto concentrado.

- ¿Cuánto tiempo lleva usted trabajando en el hotel?

- Unos tres años.

- ¿Y es el primer muerto que ve?

Pregunta para incordiar.

- No, he visto ya muchos.

Kogi y yo nos miramos asombrados por la respuesta y la serenidad con la que había contestado.

- Por favor, acláreme eso, señor…- miré mis datos- Ecce Homo.

- He visto multitud de cuerpos muertos y mutilados en la cocina y en los platos que se sirven en el comedor pero supongo que usted se referirá a personas. En ese caso, le diré que es el primer cadáver que veo.

Kogi me lanzó una sonrisa burlona desde el rincón, como diciendo: “chúpate esa”.

Iba a decir “touché” (si alguien me hubiera explicado alguna vez su significado, creo que era una palabra francesa mas nadie sabía qué era una francesa) pero proseguí aparentando haber encajado la réplica, imperturbable, muy en mi papel de dominador del cotarro, muy machito.

- Cuéntenos qué le llevó a la habitación del señor Tesaluta.

- ¿De quién?

- El muerto se llamaba Turi Tesaluta.

- Ah, perdone, no lo sabía. Pues bien, el señor Tesaluta había pedido algo de comer. Cuando se lo prepararon en la cocina, me avisaron y subí al nivel 7 con lo que había solicitado. Llamé a la puerta varias veces pero no hubo respuesta. Pensé que estaría en la ducha, así que abrí con mi clave y me lo encontré allí tirado, con la cabeza reventada.

- ¿Vio a alguien por los pasillos o en el elevador cuando subía o bajaba?

- No, no vi a nadie.

- ¿Qué hizo después?

- Llamé inmediatamente al director por un comunicador interior y esperé hasta que apareció a los pocos minutos. Abrió la puerta y miró un segundo hacia el interior del cuarto, cerró y nos fuimos de allí, no sin antes bloquear la puerta con su clave especial. Presumo que los llamaría a ustedes seguidamente.

Miré a Kogi por si tenía algún comentario que hacer o por si deseaba que se aclarase alguna cosa. Me devolvió la mirada  y se encogió de hombros.

- La última pregunta: ¿entró usted en la habitación, tocó al muerto?

- No pasé de la puerta y, por lo tanto, no lo toqué.

- Bien, gracias por su ayuda valiosa y su colaboración. Ya puede irse y continuar con su trabajo. Al salir, dígale al señor Popul que pase.

Cuando traspasó la puerta, me dirigí a Kogi, interrogante.

- ¿Qué te ha parecido?

- Creo que se ha quedado contigo con eso de los muertos.

- No me refiero a eso en concreto sino a su credibilidad.

- Lo he visto muy seguro de sus respuestas. Yo no creo que tenga nada que ver con el crimen. De todos modos, cuando se analicen los vestigios corporales hallados en la habitación sabremos a ciencia cierta si tocó o no al señor Tesaluta y si entró en la habitación.

En ese momento, el señor Popul asomó la cabeza y pidió permiso para entrar en el despacho.

- Pase, pase –le dije-, está usted en su casa.

Entró cohibido y se sentó encogido donde antes había estado su empleado relajado y un poco altanero.

- Bien, bien, señor Popul, imagino que la habitación habría sido desinfectada y eliminados los vestigios corporales del anterior ocupante antes de que el señor Tesaluta entrara en ella, tal como manda expresamente el reglamento hotelero hesperio.

- Por supuesto, seguro que no encontrarán ustedes más vestigios que los del señor Tesaluta y los del asesino, si es que dejó alguno.

- ¿Cuánto hacía que había entrado en el establecimiento?

- He mirado en el registro y no llevaba aún una hora en la habitación cuando me avisaron y subí para ver solamente su cadáver.

- Y ahora he de hacerle una pregunta muy delicada –dije apoyando los codos sobre la mesa e inclinándome hacia él- ¿confía usted plenamente en la honradez de su personal?

- Me ofende usted, nosotros hacemos una cuidadosísima selección de las personas que entran a trabajar aquí. Piense que somos una de las puertas de entrada al planeta y que debemos dar buena impresión.

- Pero siempre puede haber una oveja negra (sin que se sepa qué aspecto puede tener una oveja).

- Nadie es infalible pero le garantizo que ninguna persona del hotel ha cometido un delito antes de empezar a trabajar en él. Luego puede torcerse pero, si se desvía del camino honrado, no dura ni un minuto en este trabajo. Ellos lo saben porque así consta en el contrato.

- ¿Puede usted reconstruir, en resumen, cómo ha transcurrido la corta estancia del señor Tesaluta en su hotel desde el ingreso hasta que lo vio muerto en su habitación?

- Eso no tiene que dudarlo ni un minuto. Mientras ustedes estaban en la habitación he interrogado por mi cuenta a las personas que lo trataron, desde el recepcionista, el botones que le llevó el equipaje, de nuevo el recepcionista que recibió el aviso solicitando comida y el jefe de cocina, hasta el empleado que la llevó a su habitación y tengo todo lo que sucedió estructurado cronológicamente y a su disposición. Después puede interrogar si lo desea a las personas que le faltan y lo corroborarán.

- Mire, vamos a hacer una cosa para abreviar, llamamos a todas esas personas a esta habitación y usted va relatando los hechos. Así, ellas podrán confirmar sus palabras y nos evitaremos el tener que interrogarlas una por una. Es que se nos está haciendo un poco tarde.

- Como usted diga, si me hace el favor de esperar aquí un momento, voy a llamarlos y empezamos.

Dicho y hecho, el señor Voxo Popul salió y volvió a los pocos minutos acompañado por las personas citadas. Se sentó y los empleados permanecieron de pie, a su espalda, en actitud de sumisión jerárquica.

- Cuando quiera –le dije mientras veía como Kogi salía del cuarto.

El señor Popul carraspeó un poco, tiró de datos y comenzó su disertación.

- Según consta en el registro de entradas y salidas, el señor Tesaluta ingresó en nuestro hotel a las 11:33 horas del día de hoy. Enseguida, el botones cogió el equipaje, lo colocó en la máquina que lo transporta, lo acompañó en el elevador hasta el nivel 7 y, una vez allí, hasta su habitación. ¿No es así? –preguntó el señor Popul volviendo la cabeza y dirigiendo la mirada al recepcionista y al botones de forma alternativa mientras ellos asentían.

Entonces, yo quise hacer un inciso con una pregunta.

- Espere un momento antes de proseguir, ¿tienen ustedes máquina transportadora de equipajes y encima un botones para manejarla?

- Claro que sí, –respondió Voxo sorprendido por mi incredulidad- nuestro hotel da un trato personal a los clientes, no nos gusta la excesiva mecanización. Y eso nos lo agradecen después recomendándonos a sus conocidos y familiares.

- Perdone, había olvidado que estamos en un hotel de lujo. Continúe, por favor.

- Si bien la hora de entrada en el hotel se la he podido decir con total exactitud porque así consta en el registro, las próximas referencias horarias serán aproximadas porque dependen de la memoria de las personas. Dejado claro este punto, prosigo. Alrededor de las 12 horas se recibió una comunicación en la recepción proveniente de la habitación del señor Tesaluta solicitando un pequeño refrigerio. Se pasó aviso a la cocina y, un cuarto de hora después, la persona que usted ya conoce lo subió a la habitación. Lo demás ya lo sabe, llamó, nadie respondió, abrió la puerta y lo encontró muerto, me avisó a mí y yo a ustedes.

Acabada su parrafada, volvió nuevamente la cabeza hacia sus empleados como buscando confirmación y ellos volvieron a asentir con un gesto.

Kogi entró en ese momento en la habitación y me dijo:

- Señor inspector, los muchachos han terminado su trabajo y el cadáver ya ha sido retirado, puede usted subir cuando quiera para departir con ellos.

- Gracias, dígales que ahora subo, –y dirigiéndome a Voxo- usted venga conmigo, necesito que me aclare una cosa. Los demás pueden retirarse y usted, Kogi, ya sabe lo que tiene que hacer.

Todos salimos, el señor Popul y yo subimos a la habitación VII del nivel 7. Al llegar, los colegas me abordaron pero les dije que salieran al pasillo porque tenía que hablar con el director.

- Le he hecho venir porque quiero que me confirme si este carrito, que evidentemente trajo el asesino hasta aquí, pertenece al hotel.

El señor Popul lo examinó por encima y respondió afirmativamente.

- ¿No hay duda?

- Ninguna, lleva el nombre del hotel grabado en ciertos lugares, como todos los que tenemos. Los platos y la cubertería también son nuestros.

- Pues alguien se los tuvo que facilitar al que entró aquí para matar a Tesaluta, lo mismo que el uniforme.

- ¿Está insinuando que el asesino contó con la colaboración de alguien que trabaja aquí?

- No lo podría asegurar del todo pero es la explicación más verosímil. Sabía que el señor Tesaluta llegaría aquí hoy. Sin colaboración le hubiera costado mucho saber dónde se hospedaba y llegar hasta él tan fácilmente, para desaparecer tan rápido como había llegado.

- Me causa usted una gran congoja. Hasta ahora habíamos tenido algún pequeño hurto perpetrado por algún empleado, inmediatamente expulsado, pero nunca algo tan grave como un cómplice de asesinato.

- Se trata tan sólo de una conjetura y la investigación es secreta. Si descubrimos al desleal colaborador y lo detenemos, me temo que se hará público y será un duro golpe para su hotel.

- Cuente con mi colaboración total y entusiasta. Si ha de pasar, cuanto antes se descubra mejor.

- Gracias, no esperaba menos de usted. Y ahora le rogaría que me enseñara el hotel, me explicara someramente su funcionamiento y me hablara de la seguridad, de qué medios técnicos y humanos dispone. Así, conociendo mejor sus entresijos, podría descubrir cuál es su talón de Aquiles (¿qué le pasaría en el talón y quién sería el pobre Aquiles?).

Los dos juntitos nos paseamos por las instalaciones, fuimos de asuso a ayuso, el señor Popul hablando sin parar, yo le interrumpía de vez en vez para pedirle alguna aclaración que él, gustoso, me daba. Al final del recorrido, imaginando que Kogi habría terminado con su parte (interrogar a los testigos en plan informal y uno a uno sin la presencia de un jefe que los intimidara) lo dejé en su despacho y subí para reunirme con los muchachos. Allí estaban, un poco impacientes. Kogi también se hallaba con ellos.

- Hola, inspector.

- ¿Qué tal?, chicos. Explicadme qué habéis encontrado.

- Verá, señor, -empezó a decir Magis Terdixit, responsable de la cuadrilla- hemos rastreado toda la habitación y sólo hemos hallado vestigios de la víctima.

- ¿Ni siquiera en el carrito de la comida había restos de otras personas?

- No, debía de estar recién desinfectado cuando lo cogió el que lo trajo hasta aquí. Eso nos lleva a deducir que el que lo hizo llevaba una funda corporal.

- No era un vulgar ratero.

- Desde luego que no.

- Pues me parece que aquí ya no tenemos nada más que hacer, salvo que quiera usted decirme algo.

- Como sé que me lo iba a demandar, hemos buscado también huellas digitales en la habitación.

- A ustedes los científicos no les agradan los métodos arcaicos, lo sé, pero a veces dan resultado.

- Tampoco había huellas, excepto las del muerto.

- ¿Quién ha sido el juez que ha estado presente en el levantamiento del cadáver?

- Un viejo conocido, Dural Sedlex.

- Muy estricto.

- Y meticuloso.

- ¿No preguntó por mí?

- Sí, pero tenía prisa.

- Mañana tendré que hacerle una visita.

- Si no manda nada más, los muchachos y yo nos marchamos.

- Nosotros también, Kogi, nos vamos.

Salimos todos del hotel, los científicos cogieron su transporte, Kogi y yo el nuestro.

- ¿A dónde vamos? –preguntó Kogi.

- Demos una vuelta y me cuentas como han ido las charlas con los empleados del hotel.

Kogi arrancó y anduvimos un trecho en silencio, elucubrando cada uno por su lado, reuniendo piezas, buscando explicaciones y resquicios por los que vislumbrar un poco de luz en este complicado asunto.

- ¿Qué has sacado en limpio? –pregunté de improviso.

- Verás, con el cocinero he hablado muy poco, él no vio al señor Tesaluta, simplemente me confirmó la hora que mencionó el señor Popul. El recepcionista y el botones coincidieron en que era una persona poco habladora. El de recepción intentó entablar una conversación convencional y sólo pudo sacarle que era la primera vez que visitaba Hesperia, también dijo vagamente que venía de turista y que no sabía cuanto tiempo iba a permanecer en nuestro planeta. Este último también confirmó la hora.

- ¿Lacónico o reservado?

- Más bien diría yo que reservado, por lo que deduje.

- Bien, ¿sacaste algo del botones?

- Me dijo que había tratado de darle propina.

- Estos terrícolas y sus anacrónicas costumbres.

- Por supuesto, no la aceptó.

- Veo que has dejado para el final al que le llevó la comida a la habitación, ¿por algún motivo concreto?

- He de rectificar mi primera impresión, creo que nos oculta algo, estuvo muy esquivo todo el rato. Cuando le hacía alguna pregunta comprometida contestaba con evasivas.

- Vamos, que se hacía el sueco –dije interrogándome sobre quiénes serían esos suecos y por qué tenían esa fama de no darse por enterados.

- Fue el primero que vio al señor Tesaluta muerto si exceptuamos al asesino.

- ¿Y si fueran la misma persona?

- No lo veo con arrestos para ser el asesino aunque creo que es más falso que Judas.

- ¿Qué haría el tal Judas para quedar como paradigma de lo falso?

- Algo muy gordo a alguien muy importante, por lo visto.

- Tenemos que vigilarlo, parece que sabe algo o vio algo que no quiere contar.

- Bien porque está involucrado o porque tiene miedo.

- ¿Qué resumen harías tú de los hechos?

- Yo pienso que el asesino estaba muy bien informado. Sabía que el señor Tesaluta iba a llegar hoy y a qué hotel y eso no se lo puede decir un empleado. Estaría en las inmediaciones. Cuando la víctima pidió algo de comer, su contacto en el hotel, creo yo que el señor Ecce Homo, le avisó. Entró por alguna puerta de servicio, se colocó el uniforme y la funda corporal. Cogió el carrito, metió el arma en una bandeja tapada y se dirigió a la habitación. Llamó y le abrieron confiadamente. Mató a Tesaluta, salió, se quitó la funda, guardó el arma y volvió por donde había venido, sin apenas mancillarse.

- Todo limpio, rápido y sin despeinarse.

- Ahora sólo nos queda averiguar quién lo hizo y los motivos.

- Nos queda todo el trabajo por hacer.

- No creas, conociendo el móvil, éste nos llevará al asesino. Si atrapamos al asesino, él nos indicará el móvil.

- ¿Por dónde empezamos?

- Mañana hemos de visitar el cosmopuerto para ver si tienen más datos del señor Tesaluta, hemos de ver al juez y tenemos que pasarnos por el depósito de cadáveres a recoger el informe del forense.

Ya no volvimos a abrir la boca, Kogi y yo sabíamos cuando se habían agotado las palabras y respetábamos el silencio del otro.

Aquella noche me subí, como tantas veces cuando hacía buen tiempo, a la azotea de mi casa. Desde allí contemplaba las estrellas que llenaban el horizonte de Hesperia, increíbles combinaciones de luces nítidamente visibles por la ausencia de contaminación. Allí estaba también nuestro satélite, ¿no lo había mencionado antes? Se pueden imaginar como es, con un diámetro parecido a la luna que circunvala la Tierra y a una distancia similar por encima de nuestras cabezas. Nuestra luna se llama Selena y también influye en las mareas y en la vida de los seres que habitamos Hesperia. Desnuda, alba y radiante, dominaba el cielo y me subyugaba con su blanca palidez.

Le estuve dando vueltas a los acontecimientos del día hasta que comprendí que era un trabajo baldío. Antes de las 28 horas me fui a la cama. Sólo había decidido una cosa, al menos hasta que al día siguiente dispusiera de los datos forenses y de los del cosmopuerto, teníamos que poner vigilancia discreta al señor Ecce Homo, el único clavo al que podíamos agarrarnos, la única pista a seguir por el momento.


Comentarios