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Siempre te escucho

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21-05-2016

Novela negra/Policiaca novela

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"No, no  se podia fusilar.No había otra manera.Había que desaparecerlos.

Estuvimos todos de acuerdo.

¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podiamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo?

Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas.

Pero luego se planteó: si se dan por muertos , enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder:quién mató, dónde, cómo. "

JORGE RAFAEL VIDELA (DICTADOR) 

 

Sergio trabaja en la sección de escuchas de la policía. Helena es una joven periodista de radio con ganas de comerse el mundo. Con la cruel dictadura Argentina de trasfondo. Una investigación policial y periodística  que les hará tambalear sus valores más intimos.

Una historia que te emocionará.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

No, no se podía fusilar.

Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina, cambiante, traicionera, no se hubiere bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, 10 mil, 30 mil.

 No había otra manera.

 Había que desaparecerlos.

Es lo que enseñaban los manuales de la represión en Argelia, en Vietnam.

Estuvimos todos de acuerdo.

¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podíamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo?

Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas.

Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo

 

JORGE RAFAEL VIDELA (dictador)

 

 

 

 

CAPITULO  I

 

El año 2.001, un año cinematográfico, el año que comenzó la investigación que cambió la vida de Sergio, el 31 de agosto, el final de aquel cálido y húmedo verano.

Se levantó de la cama,  un día gris, plomizo. El despertador le había vuelto a amenazar y lo había apagado antes de estamparlo contra la pared, tiró de la sábana y se tapó la cara. Odiaba los lunes, siempre los había odiado.

“Jack  el despertador” volvía a amenazar, Sergio lo miró  amenazante y con furia, de nuevo, apretó el interruptor de apagado.

¡Por fin!

El torturador “…bip…. Bip….” dejó de martillar sus tímpanos.


Se desperezó, se frotó con fuerza los ojos con el dorso de la mano y buscó con insistencia las zapatillas. Hubiera jurado que las había dejado a la izquierda de la cama. Se revolvió desplazando la sábana con violencia y esta a su vez se enlazó a él como una amante despechada. Se arrastró como una serpiente  sobre su pecho, con la sabana  entrelazada entre sus piernas. Entreabrió a duras penas sus ojos, y unos rayos de luz valientes  atacaron con todas sus fuerzas sus pupilas, volvió a cerrar los parpados,  palpó con torpeza buscando sus zapatillas por todos los lados de la cama.

 ¡Por fin!

No sabía cómo, pero las revolucionarias zapatillas estaban a la derecha de la cama y una de ellas, la muy cobarde, se escondía debajo de la cama.

Mal dijo su eterno desorden.

Sergio nunca pensó que acabaría siendo policía, no porque le faltase físico. Era delgado, tenía uno ochenta y cinco de estatura, toda la vida había hecho deporte y, aún hoy, le gustaba hacerlo.

Las agujetas del fin de semana le dolían. El partido de fútbol había sido demasiado intenso. Sus amigos lo jugaban como si todavía fueran unos eternos adolescentes que tienen que reafirmarse entre  sus iguales, la lucha animal  del macho dominante.
 

La edad estaba dejando muescas del paso del tiempo en Sergio, tanto en su cara como en sus músculos se reflejaba el paso del segundero cruel.

Se volvió a desperezar esta vez con determinación,  estiró los músculos del cuello, después los de la espalda, los cuádriceps…  su cuerpo empezaba a despertarse lentamente, muy lentamente. Aún su cuerpo continuaba embotado en la noche.


La idea de la eterna juventud, estaba presente, creer en la inmortalidad de la juventud, que la muerte está lejana.


Pero el cuerpo estaba ya dando señales de socorro.


Su juventud se estaba quedando atrás.

Iba regularmente al gimnasio, no  le importaba demasiado el aspecto físico, más bien,  le gustaba sentirse vivo, y esto le proporcionaba el deporte. La ducha caliente  después de sudar, el agua a chorro golpeando sin cesar su cuerpo dolorido. La relajación de cada uno de sus músculos, cerrando los ojos, agachando la cabeza y dejando que la cascada de agua le engulla, relajando su cuerpo.

Pero su carácter, su personalidad, no eran la de un policía.


Renegó del servicio militar, lo vivió como un tiempo perdido. Nunca le gustaron los militares, los uniformes,  las armas, y todavía hoy que era policía le continuaban sin gustar.

Siempre le gustó el cine.

El cine lo vivía como escapatoria de la realidad, vivir en la ficción, delirio, sueño. Imagen de una vida que no existe más que en los sueños y las fantasías. Por eso, aunque no le gustase el hecho de ser policía, tenía algo que le atraía. La imagen cinematográfica de la policía.

La irrealidad del mito.

La magia de ser Paccino, ser De Niro.

Le gustaba la acción.

Aunque rehuía de las armas había en él una ambigüedad.

La ambigüedad del ser humano, como en la película de kubrick,” la chaqueta metálica”. Siempre le atrajo su personaje principal, el del actor Matthew Modine .En el casco militar al lado del “born to kill” (nacido para matar) aparecía el símbolo de la paz .Ante la pregunta de la incongruencia de los dos símbolos afirmaba que era la dualidad del hombre, la guerra y la paz, la muerte y la vida.

El blanco enfrentado al negro.

Sergio estudió psicología, cuando fue a la facultad de la universidad de Deusto en Bilbao, se instaló en un piso de estudiantes. Empapado del ambiente universitario, cine fórum de cine social de izquierdas, anti sistema. Bordeando el anarquismo y renegando de todo lo establecido, creyendo que otro sistema era posible.

Pero los años de la universidad terminan pronto.

¡Demasiado pronto!

La universidad quedó atrás. La crisis económica  de los noventa en España fue muy dura, un paro inhumano, ahogador de ideas y de personas.No había trabajo para la juventud más preparada de la historia de España, había demasiados universitarios por metro cuadrado. Demasiados individuos que vivían en un sueño y se despertaron en una pesadilla real y cruel.

En ese momento se sintió un parásito, un parado, una mierda cuyo futuro más cercano era ser un número en una estadística, un número rojo de un político incompetente.


Aparece la dualidad, el espíritu de Supervivencia, el “born to kill”.  

Sin tener una vocación clara, más bien la necesidad de respirar, de vivir. Se  presentó a la oposición para policía. Físicamente se encontraba en forma y estudiar no se le daba mal, estudio con ganas el temario, preparó tanto los test psicotécnicos como los de personalidad.

Buscando la normalidad y lo políticamente correcto.

Aprobó la oposición. Tras un periodo de aprendizaje en la academia en la que aprendió a disparar, a realizar seguimientos, regular el tráfico… era ya un policía.

Era ya un anarka eliminado en pos de la sociedad

 Un marine pacifista como en la película de Kubrick.

La individualidad eliminada. Pero vivo.

¡Born to kill!

 

 

Sergio estuvo tres años trabajando en una comisaría, trabajando con el policía de la gabardina del que renegó en la universidad, y se convirtió en uno de ellos, un Blade Runner más buscando replicantes.

Años después, y un curso de perfeccionamiento  en la academia de policía, terminó en la unidad de investigación criminal. Los niños mimados de la policía, los que se llevaban las investigaciones más golosas, las más mediáticas.


En la unidad de investigación, Sergio se había especializado en llevar el análisis de las intervenciones telefónicas.
Al generalizarse el uso de los móviles, y por ende la necesidad de todo el mundo de estar conectado con todo el mundo, suponía que la cantidad de trabajo para controlar toda esa información se multiplicó infinitesimalmente.

Era parte del sistema, el control de la información como elemento esencial del control de las masas.

 
 

******

 

El último día de agosto apareció gris, un lunes anodino y vulgar, de nubes bajas amenazantes de lluvia, más reflejo del otoño que del verano. Sergio abrió la ventana de la terraza de par en par y respiró envuelto en el aire fresco de la mañana.

El viento olía a mar, se sentía contento en aquella mañana deslucida, fresca, pre otoñal. Los calores del verano habían dejado paso a una brisa fría pero agradable, le gustaba.

 
Se sentía orgulloso de su casa, aunque no era muy grande, setenta metros cuadrados, para una persona soltera estaba bien, él no necesitaba más. Después de que Teresa le dejara no necesitaba una casa más grande, a veces pensaba mucho en Teresa, demasiado.

Era de orientación sur, luminosa, cálida. El salón y la habitación principal se abrían a un parque de pequeños arbustos, alineados matemáticamente en fila de a dos, con una gran fuente en el medio como una gran guinda de un pastel de moka. La copas de los árboles habían empezado a mudar al luminoso dorado, que con el verde que se mantenía aún vivo  formaba un bello cuadro de klimt .La  ligera brisa de la mañana hacía mecer las copas como bailarinas del amanecer, un bello baile.

La casa estaba cerca de la playa,  de la mar.


Decoración  minimalista, salón amplio, con una gran cristalera, muebles de color wenge, paredes blancas, alfombras negras, dormitorio japonés, cama baja, paneles  grises en las ventanas. Simple y minimalista como su propia vida. Para sus amigos estaba demasiado vacía, para Sergio la luz y la mar estaban presentes, cercanas, eran parte de su vida, eso lo llenaba todo.

Se vestiría el Niqui negro, los pantalones vaqueros de Armand Basi, dudó entre las zapatillas de deporte  Converse las all stars, ¿las negras o las verdes? optó por las negras, se roció con la colonia  L´Eau d´Issey, le gustaba su fragancia, le recordaba al mar.

El pelo oscuro, muy oscuro, casi negro, lo mojó con agua, se lo peinó hacia atrás, sin raya, un poco de gomina, y ya estaba. Le vino a la memoria su padre cuando de pequeño para ir al parque le ponía el pelo a lo Elvis Presley, sonrió. Se miró la cara en el espejo, este reflejó sus treinta años, la madurez ya había dejado alguna arruga demás en su rostro.


Apretó con fuerza la pistola, una HK, de fabricación alemana, nueve milímetros, con diez balas en el cargador, sin montar y con el seguro quitado,  se la metió en la sobaquera.

No le gustaba desayunar nada más levantarse, su estómago solía estar cerrado a todo alimento, desayunaba por costumbre siempre en la oficina.


En el garaje, arrancó su  Volkswagen golf tdi, negro. Sujetó en la palma de la mano el pequeño porta cds de cuero, lo abrió despacio, se le aparecieron todos los Cds, los ojeó con rapidez. Dudó entre “Oasis “y los “Stone roses”, optó por estos últimos.
Tomó el CD, con delicadeza, con la yema de sus dedos, por el borde, para que sus huellas no lo ensuciaran, y con suavidad, para no rayarlo. Lo introdujo en la ranura del aparato de música del coche, Ian Brown   comenzó a susurrar”this is the one”, guitarra,  batería,  la psicodelia ochentera inundó con su sonido todo el habitáculo del coche.

Embocó la curva de la salida del garaje, aceleró hacia la oficina.

Desde la autopista se veía el edificio de la unidad de investigación. Aún no había amanecido del todo, y en un cielo rojo, como faro de la noche iluminado, aparecía la central de investigación, encima de una ladera .El cubo de cristal, de un color verde botella, moderno, hermoso, si una comisaría de policía podía describirse así.


Sergio frenó su coche justo enfrente de las barreras. 

Identificación en la entrada del recinto, por seguridad. El policía le dejó pasar tras comprobar su tarjeta en la base de datos.
Los policías de la entrada no estaban adscritos a la unidad de investigación. Eran agentes pertenecientes a la comisaría, les miraban con desprecio. La lucha de clases reflejada en un micro mundo policial, infinidad de veces parecía que trabajan en otra empresa. La granja policial de Orwell. Sergio le dio los buenos días, el policía de la garita le devolvió el saludo, con desgana, sin mirarle.

La barrera se levantó muy despacio, aceleró, aparcó en batería en los aparcamientos interiores, estaba dentro de la unidad.  

Tras dejar el coche en el garaje, atravesó una larga galería blanca, cogió el ascensor y subió al primer piso. Después un gran pasillo azul celeste, intenso, a esas horas de la mañana sus paredes hacían daño en los ojos, las pupilas se abrían con desgarro.


Escuchó pasos al fondo de la galería, batería de rock duro “Master of Puppets” de “Metalica” con esencia de mujer .La secretaria del jefe, Susana, unos tacones lejanos de melena morena y curvas que retumbaban en toda la galería. Unas caderas que disfrutaban al moverse,  libido  freudiano en estado puro, la saludó, pero no se detuvieron a hablar.
Sergio cada día la encontraba más hermosa, una sonrisa pícara correspondida era una buena forma de empezar el día, la fragancia de chanel número cinco, el aroma a flor de jazmín de Gras, vainilla… un clásico

 Sergio no pudo más que al de unos segundos girarse y volver a mirarla, continuaba el eco de sus tacones en toda la galería.

 Ella sabía que la volvería a mirar.

 Las mujeres siempre lo saben.

 Susana giró de nuevo la cabeza y le volvió a sonreír, guiñándole pícaramente con sus bellos y lascivos ojos negros. Sergio sabía que Susana siempre quiso ser una chica Almodóvar como cantó Sabina.

Hablan más los ojos que todas las voces, más el movimiento de las curvas de una mujer que todos sus “te quieros”.

 

*******


En la primera planta, tres puertas; la  de investigación, enfrente el laboratorio de criminalística y la última puerta, la de la sección de intervenciones telefónicas.

La sección de escuchas telefónicas era una sección independiente, que trabajaba para los grupos de investigación.

La relación entre la sección de escuchas y la sección de investigación propiamente dicha no era lo fluida que muchas veces requería la investigación en curso.

Cada sección estaba al tanto de su cometido pero muy poca gente solía conocer el propósito último, la investigación en su conjunto.

Era una forma de trabajar que a Sergio no le gustaba porque hacía que cada uno tuviera su espacio de poder, y los personalismos, las envidias aparecían cuando menos se esperaban, los cuchillos volaban con inusitada facilidad.


Deslizó su tarjeta de identificación sobre el lector que controlaba el acceso en la sección y se abrió la puerta.


En el piso superior se encontraban las jefaturas. En tres años que Sergio llevaba en la unidad, dos en investigación y una en escuchas, únicamente subió a la planta de arriba una vez y fue para que recibir el diploma del curso de investigación, fue Susana la que se lo dio, aún recordaba su sonrisa pícara.

 
 Apenas había relación con los jefes de la unidad.

¡Las estúpidas jerarquías! ¡Estúpido Orwell!

La oficina estaba vacía, Sergio había llegado un cuarto de hora antes de la hora de entrada oficial. La investigación que tenía a su cargo había finalizado.

Las novedades de las investigaciones se reflejaban en una terminal central. Lo primero que  hacían los operadores de escuchas al entrar a trabajar era leer detenidamente las novedades para conocer el estado de la investigación y tener conocimiento si había algún dato de importancia.

Sergio se sentó en su mesa, tiró suavemente del pomo de su cajonera lateral, barrio de un vistazo el interior, extrajo el cuaderno de anotaciones, buscó un bolígrafo,  ¡mierda! , le habían vuelto a robar el bolígrafo.

 ¡Alguno se ha equivocado de equipo de fútbol!


Encendió el ordenador, apareció la sempiterna pantalla de Windows, tecleó como un autómata su clave personal y leyó con detenimiento  las novedades. Sergio  había tenido unos días libres y sabía que se habían producido detenciones el fin de semana que él había estado de libranza.


Se había detenido al del concesionario de coches. Traían  coches de Holanda para venderlos en España, camuflaban en ellos la droga, el mercado holandés de la droga era muy importante.

La investigación estuvo asignada a Sergio, fue un trabajo fácil, el implicado en ningún momento se dio cuenta que estaba siendo investigado y largaba todo por teléfono. Se había notificado a los de investigación el día, la hora y el lugar al que iban a llegar los coches.

Era el  tipo de investigaciones que gustaban,  un sospechoso,  la intervención, se notificaba la cita y se les pillaba con las manos en la masa.

La mayoría de las investigaciones no eran así. Se intentaba tirar y tirar del hilo,  este periodo podía durar mucho e incluso no terminar en detenciones y quedar empantanada la investigación en un sinfín de líneas de investigación sin término.

La sección de escuchas se dividía en dos salas; una sala rectangular amplia, con varias cabinas de escucha, cual confesionarios de una iglesia pagana, alineados matemáticamente en fila de a dos, la segunda sala era  la oficina  del jefe de  sección.

Escondida de la vista de las visitas, la sección poseía una pequeña cocina, con una mesa descorchada del uso de un blanco demasiado roto para aun seguir describiéndola  como blanca, unas  pequeñas sillas bajas, microondas, y un pequeño frigorífico que hacia un ruido ensordecedor. Allí se desayunaba, se charlaba de temas que no tuvieran que ver con las investigaciones, era el pequeño oasis escondido de la sección.  

Tras revisar las novedades se dirigió a la cocina a tomarse un café, se sirvió uno mientras el resto comenzaba a llegar, escuchaba desde la pequeña cocina como el día comenzaba a abrirse y llegaban los compañeros.

Les llamaron al “briefing”, se solía hacer todas las mañanas, el jefe de la sección comentaba el estado de las investigaciones y las tareas a realizar durante el día.


Para Sergio era un momento mágico, especial, tal vez por su halo de película policíaca. La serie de televisión “Canción triste de hill street” se aparecía real.

En la sección de escuchas los briefing no duraban más de diez minutos, pero tenía en mente su primer día como policía. El primer destino de Sergio fue Bilbao, allí estaban unos cincuenta policías, alrededor del jefe de patrullas, asignando zonas, dando novedades, aquello sí que era “canción triste de hill street”…era como  escuchar el consejo del sargento Esterhaus ¡salgan y….tengan cuidado ahí fuera!…pero aquello pasó y Sergio no cambiaba su destino actual por patear las calles de la ciudad. 

Puntualmente apareció la larga imagen del jefe de sección, Súper. Carraspeó con la intención de que todos se giraran y lo mirasen.

-Lo primero a todos ¡enhorabuena!, el jefe de unidad me ha dicho que traslade a todos la felicitación por la operación que terminó ayer.

Javier Mendoza, alias súper, grande como el mundo, pelo cano cortado a cepillo, irónico, de palabra fácil y verbo rápido, comentaba que hasta su madre le llamaba Súper, únicamente su ex mujer no le llamaba Súper, esta, sin más, le insultaba, solía decir con sarcasmo.

Súper dio conocimiento exhaustivo del desarrollo de la operación, las detenciones y los registros habidos en la investigación. Se localizó el taller en que solían extraer la droga. Se produjeron una serie de detenciones; el chofer del camión del transporte, el dueño del concesionario implicado en el hecho, y se estaba pendiente de que interpol aceptara la detención de dos ciudadanos holandeses.

-¿Alguna pregunta?-esperó, miró la cara de todos los presentes, sonrió con ironía.

-  ¿Ninguna? que aplicados sois-tras decir esto volvió a sonreír negando con la cabeza.

-Así da gusto… ¡despertaros!-alzó la voz con fuerza.-Ya sé que es lunes pero al trabajo hay que venir despiertos, aseaos y cagaos –dijo con su sarcasmo habitual. Miró con sus ojos saltones de un azul intenso, buscó la aprobación pero nadie dijo nada, efectivamente a las siete de la mañana aun los corazones estaban demasiado dormidos, arqueó las cejas y continúo hablando.


-Bueno….el mundo continúa, ¡señores! tenemos una nueva investigación.

Era un tema de la audiencia nacional, un asunto delicado, un tema de adopciones ilegales. Las informaciones previas estaban ya introducidas en el ordenador central.


Sergio no tenía en ese momento ninguna investigación a su cargo por lo que Súper se lo adjudicó. 

-Sergio la llevas tú, es un tema de la audiencia, como bien lo habrás oído, los de investigación están sumamente interesados, yo creo que saben más de lo que dicen las informaciones previas que nos han enviado, bueno léetelas… ¡y despiértate! ¡Qué te veo dormido!-Súper se rió, atronó en toda la sala, una risa de pirata de pata de palo. 

Era la investigación número cincuenta del año, a Sergio le envolvió la investigación  desde el momento inicial. Era la primera vez que en la sección se investigaba un presunto tráfico de seres humanos, estaba implicado, en principio, un ginecólogo.
Sergio  comenzó a leer la información que habían enviado  los de investigación:

“Se tiene conocimiento  por parte de la unidad de investigación que el ginecólogo César Calderón estuvo o está implicado en una red de tráfico de menores procedente de América del sur, posiblemente de Argentina.

El ginecólogo César Calderón tiene consulta privada en la clínica Madre de Dios y está especializado en técnicas de inseminación artificial. El horario de consulta es el siguiente; por las mañanas de nueve a catorce horas y por la tarde de dieciséis horas a diecinueve horas, habitualmente por la tarde suele realizar operaciones y asistir a partos. Calderón es el ginecólogo habitual de muchas de las mujeres más importantes de Bilbao.

Se ha realizado también la intervención de sus cuentas bancarias.

Posee tres casas, una en la Avenida de las Universidades, en Bilbao justo frente al museo Guggenheim, otra en la estación de esquí de Baqueira y otra casa de veraneo en la costa del mediterráneo en el pueblo de Tossa del mar.

La estructura familiar es la siguiente:

Esposa; Inmaculada López de Arana García, de cincuenta y cinco años, según la base de la seguridad social no tiene trabajo remunerado por lo que se podría entender que es ama de casa.

Hija: Helena Calderón López de Arana, según los datos de la seguridad social tiene un contrato en prácticas en Radio Siete, no se poseen más datos. Está en proceso de investigación para recabar más datos sobre ella.

Según el censo también convive en el domicilio Paula García de ochenta años de edad, jubilada, la abuela materna.”

El informe  también añadía que interesaba para la investigación todo lo relacionado con el posible tráfico de seres humanos, así como saber el posible contacto que pudiera tener el ginecólogo en Argentina.


Sergio terminó de leer el informe, comprobó que los autos judiciales daban la autorización para proceder a la intervención telefónica del teléfono fijo de la clínica Madre de Dios, el teléfono del domicilio familiar y el móvil del doctor Calderón.  

Sergio se dirigió donde Súper para preguntar si efectivamente eran esos los teléfonos  que se iban a picar.

-Estoy haciendo las llamadas de comprobación, pero en principio todo esta ok, si te da mucho trabajo la investigación te reforzara Ramos.

-Perfecto –le respondió Sergio.

Salva Ramos, al que todo el mundo llamaba Ramos, era un padre primerizo, que su mono tema era su niño, como comía, como dormía, sus caquitas…La trasformación de esta persona en tres años que llevaba en la sección fue total. Ramos hacía tres años era el típico ligón de playa, que afirmaba y reafirmaba que no había llegado la mujer que le llevaría al altar.

Hasta que conoció a Carmen  su esposa actual, que con treinta años y un año de noviazgo, le llevó al altar, al de poco tuvo un hijo .A los treinta y dos solía estar en la cocina hablando de niños cual anuncio de comidas para bebes. Paradojas de la vida, decía él.

A Sergio siempre le habían gustado los niños, se le daban bien, fue monitor de tiempo libre en colonias de verano y les entendía, disfrutaba con ellos, hablaba su mismo idioma, tenía una química especial con los niños. Cuando salía con Teresa habían hecho planes de cuántos niños tendrían, cómo les llamaría si serian niño o niña, a quién se parecerían. Las típicas conversaciones  de novios que saben que lo suyo va en serio y que acabarían formando una familia, pero se acabó cuando Teresa le dijo que le dejaba.  

Sergio se dirigió a su mesa de trabajo, movió con suavidad la silla, ajustó el cabezal  y al momento acopló minuciosamente los cascos a sus oídos. Tenía curiosidad por escuchar como se había producido el desenlace de la investigación sobre el tráfico de drogas en el concesionario. Escuchó las llamadas con determinación, las escuchó todas, con un ligero click del ratón se iban sucediendo una detrás de otra.

Se detuvo en la llamada definitiva, siempre había una llamada que precipitaba la solución.

El contacto en Holanda  llamaba al dueño del concesionario .Le decía que ya le traía tulipanes blancos para su hija, esto podría haber pasado desapercibido, pero conociendo que el dueño del concesionario no tenía hijas si no que hijos, esto, junto al resto de la investigación, les dio la clave para comunicarles a los de investigación que en ese viaje muy posiblemente se iba a trasportar la cocaína.

El trabajo en la sección de escuchas era así, el implicado raramente hablaba abiertamente del hecho investigado. En temas de drogas la cocaína podía ser tulipanes, como fue en este caso, o kínder sorpresa, las pastillas de speed eran botones, el hachís vino tinto... Y así infinidad de claves que se inventaban los implicados. El operador de escuchas debía de estar muy atento para descifrar las claves, debía de conocerlas  todas  para interpretar correctamente la llamada.

Ante una nueva  investigación se tenían que abrir carpetas informáticas en Word para en las mismas apuntar todas las informaciones interesantes para la investigación. Era curiosos que prácticamente todo en la vida de un implicado podía ser interesante para el buen curso de la investigación. Se realizaba una estructura familiar, con apartados para cada persona de la unidad familiar.

Se realizaba un estudio minucioso del implicado, en su entorno laboral, académico y de amistad.

Sergio se sorprendió la cantidad de veces que la gente se comportaba de manera imbécil. Se conocían sus hobbies y sus “errores ocultos”, sus “secretos íntimos”, esto es, aquello que muy poca gente sabía, homosexualidades de gente casada, llamadas a prostitutas, prácticas sexuales “anormales”, infidelidades, ludopatías, deudas  y un largo etc de secretos e imbecilidades humanas que aparecían en las intervenciones telefónicas.


Prácticamente en todas las investigaciones aparecía algún secreto sucio, a Sergio esto al principio le resultó extraño pero a cualquier individuo  si se le analiza bajo el prisma de un microscopio aparece lo indeseable .Bajo el prisma del microscopio siempre resurgen, crueles, sucios, depravados. A la vista normal no se ven, pero la suciedad  siempre está allí, solo hace falta un microscopio para verla y Sergio poseía el microscopio…los ácaros…las micosis…los parásitos que se comen la carne…siempre aparecían .

El mayor de los ácaros, era el sexo, el sexo como motor de mente, el ego dictador de la conciencia que revertía en enfermos o adictos a la personas .Le vinieron a la memoria sus estudios en la universidad, las teorías psicoanalíticas del gran Sigmun Freud.

 ¡Qué razón tenía!

 ¡El sexo y el poder eran los  motores del mundo!

La mañana iba pasando, empezaron a entrar las primeras llamadas en la consulta del doctor Calderón, las contestaba una mujer, sería su enfermera o la recepcionista, todas las llamadas eran iguales.

-Consulta del doctor Calderón ¿dígame?

Les daba cita,  para un mes vista o dos meses, excepto las urgentes. Sergio apuntó en la carpeta que parecía que tenía éxito profesional, esto era algo que en principio se suponía, pero había que corroborarlo. Todas las informaciones se comprobaban, se cotejaban con la información existente.


Sergio realizó un archivo de voz de la secretaria.

El archivo de voz era como la huella dactilar de la voz, había que hacer de todos los implicados y de los que tuvieran relación con él.

Era importante tener una muestra de voz de todas las personas que tuvieran algo que ver en la investigación.


La voz como algo único, todos tenemos un registro característico, particular de cada uno. Sergio añoraba la voz cadenciosa, musical,  de Teresa, cuando le cantaba al oído, y se quedaba clavado a su voz, hipnotizado. Hoy esa voz le hacía daño, la odiaba. Todo lo que había amado de ella hoy no era más que dolor y odio.

 

************

 

 

El día trascurría sin novedades, la consulta daba mucho trabajo, pero únicamente había que escucharlas, no había que analizarlas pues todas eran de ámbito laboral, habitual, triste vida monótona. Nada  se decía en las llamadas que le hiciera pensar a Sergio que tuvieran que ver con el hecho investigado, y el implicado, el doctor Calderón, no hablaba por los teléfonos.

Las llamadas se documentaban en un documento Word, si los de escuchas percibían que había alguna llamada interesante, había que ponerla inmediatamente en conocimiento del jefe de sección. Más de una falta disciplinaria  se había ganado gente de la sección por no avisar de inmediato o por no considerar interesante una llamada cuando en realidad lo era.
Pero las de ámbito laboral no había que documentar en exceso, valía con que se adjuntara dentro de la rutina del implicado como laboral.

A media mañana se produjo la primera llamada en el domicilio familiar, una llamada local, dentro de la misma ciudad.

-Si ¿dígame?

-¿Está Raquel?

-Sí, ahora se pone, está estudiando ¿de parte de quién?

-De Helena

-¡Ah! Hola Helena no te había conocido ¿estás resfriada? Ahora se pone.

-No, no estoy resfriada.

-… ¿Quién?

-Le he dejado Raquel, el muy cerdo me ha engañado con otra. ¡He dejado a Jorge! 

-No llores Helena, ¡cuéntame! 

 

Sergio odiaba este tipo de llamadas de mujeres histéricas, desesperadas, hablando hora tras hora con su amiga del alma.

¡Qué daño más grande había hecho la serie de televisión “Sexo en Nueva york” a las mujeres occidentales actuales!


En la sección se hacían hasta competiciones. El record lo tenía la gran Pastora Romo con cuatro horas y media, un mito en la sección. Fue una investigación por tráfico de drogas, la Pastora era la hija del implicado era todo una súper woman a la hora de hablar por teléfono.

Helena era la hija del ginecólogo y Raquel por lo que parecía era su amiga de confidencias, Sergio continuó escuchando la llamada.

-Estuvo con otra-tenía la voz entrecortada

-Me dijo que sólo fue sexo, el caradura de él… ¡Raquel! …¡es el engaño! Justo antes de ayer me dijo que no había conocido otra como yo…y yo le creí, le creía y le quería… ¡es el engaño!… ¡ya no puedo confiar más en él! Lo que más rabia me da, es que le sigo queriendo, soy imbécil, pero le he dejado ,no sé si por un tiempo o para siempre ,me siento mal, le he dejado, no aguanto ni la mentira ni el engaño.

Continuó hablando por un tiempo, Helena le daba argumentos por los cuales se había sentido engañada, Raquel le escuchaba en todo momento, parecían dos muy buenas amigas.

Helena tenía una voz cadenciosa, grave para ser mujer aunque también podría describirse como sensual, hablaba con fluidez, sin muletillas. Exponía sus argumentos con orden, utilizando los silencios de tal manera que le daban un valor enorme a su argumentación, los silencios como parte de las palabras.

Helena le hizo recordar a Teresa, tenía una voz muy parecida y el argumento de la confianza mutua le sonaba familiar.

-A la tarde hablamos, ahora voy a trabajar, ya te contaré-le dijo Helena.

Sergio abrió la hoja word y apuntó en el apartado de Helena.

Ex novio Jorge, le ha dejado por un tema de infidelidad, amiga íntima Raquel, confirmado trabaja en la radio.

El día trascurrió con diferentes llamadas de la consulta, pero con ninguna llamada de interés para la investigación.

Terminó el turno de Sergio, apuntó las novedades de la nueva investigación en el ordenador central.

Accedió al garaje, arrancó su Golf, embocó la salida, la nostalgia de un amor perdido se encontró con la soledad que sentía Sergio aquella tarde.

La llamada de Helena le había hecho recordar a Teresa.

La canción “born to run” del Boss en el aparato de música  del coche, se deslizó suavemente el Cd, al momento retumba la batería después el saxo potente de Clarence Clemons, por fin la voz rota de Springsteen, subió el volumen  y aceleró.


No le gustaba correr con el coche, pero cuando se sentía ahogado en su propia vida, corría. Cuando necesitaba respirar corría…corría….para respirar. Cambió de marchas una y otra vez, la mano izquierda en el volante, primera, segunda, tercera, acelerador, huía, sus ojos miraban veloces la carretera…bron to run…bron to run…Sergio en su mente veía pasar su vida, el coche respondía al pequeño movimiento de pie sobre el acelerador, acelerar era una forma de escapar, era una forma de ser libre del pasado.

 

*******

 

El uno de septiembre, amaneció lleno de luz, unos rayos de luz  rebeldes iluminaba la habitación. Sergio abrió con pereza los parpados, se frotó con desgana los ojos y volvió a taparse la cara con la almohada, rezongó, hoy  se le pegaban las sabanas. Se levantó a duras penas, deslizó sus dedos entre el pelo, abrió la llave del agua  y con determinación se introdujo en la ducha. Sentía que el chorro de agua caía sobre su espalda, el agua resbalaba sobre su cara. Al secarse se fijó que ya no era un niño, estaba en la barrera de la juventud y la madurez. Entradas en la frente y algún Michelin se empeñaba en no desaparecer pese al deporte.

Garaje, coche, identificación en la entrada y ya estaba en la sección.

Lo primero que  hizo al llegar a la oficina fue abrir las novedades. Todo parecía que continuaba igual pero de todas maneras revisó todas las  llamadas que se habían producido desde que él había terminado su turno. Hizo doble clic sobre el icono y se abrió el sistema, volvió a cliquear y le aparecieron todas las llamadas de los objetivos de la investigación.

Empezó por el teléfono de la consulta del doctor Calderón. Hablaba el doctor Calderón. Sergio la escuchó, era una consulta médica, una embarazada le preguntaba al doctor si era normal tener contracciones leves a los cuatro meses  de embarazo. El doctor tenía una voz grave, pausada, segura, las que tranquilizan al escucharlas. Exportó la sesión de audio, la llamada completa, con mimo y delicadeza de cirujano. Extrajo únicamente cuando hablaba el doctor Calderón, tras unos minutos el  archivo de voz estaba ya realizado.
Analizó los teléfonos móviles del doctor, no tenían llamadas, lo pondría   en conocimiento del jefe de sección, existía la posibilidad que la interceptación telefónica estuviera técnicamente mal realizada.

Por último, analizó   las llamadas del domicilio familiar. Hablaba una mujer, por la voz tenía unos cincuenta años. En la voz de las mujeres el paso del tiempo no es tan patente como en el de los hombres. La mujer  quedaba con una amiga para ir al gimnasio para hacer pilates,  posiblemente era la esposa del ginecólogo, también realizó archivo de voz.

Sergio encontró una llamada en el teléfono del domicilio familiar en la que  Helena, la hija, volvía a hablar con Raquel, su amiga. Era una llamada larga, aproximadamente media hora, y por lo documentado en la hoja Word no tenía nada que ver con la investigación, Sergio, de todas formas, la escuchó.

Helena volvía a recalcar el hecho de no perdonarle y que pretendía dejarle, se sentía engañada. Raquel asentía, había más peces en el agua. Raquel tenía una forma de hablar que a Sergio le recordaba a “spedy González” el ratón de los dibujos animados, a Sergio le hacía gracia.

-Helena tú con tu físico…tendrás una hilera de babosillas que llegaran hasta el museo.

-No te creas-le dijo Helena-con la depre me ha dado por el chocolate.

-Ya claro…. el sustitutivo natural del sexo… ¡yo ya soy una adicta!-le dijo Raquel riéndose.

-No te pases, que con la tontería he subido dos kilos y los dos están en las caderitas…me hablan y todo ¡Helena! ¡Helena!-dijo Helena imitando a los fantasmas de las películas.

-¡Uy dos kilos!- Le dijo con ironía Raquel.

-¡Ya me podrían a mi sobrar dos kilos solamente!, la verdad que yo te encuentro dulcemente sarcástica, una ironía en vuelta en chocolate.

Las dos amigas rieron con ganas y quedaron que iban a celebrar la nueva soltería de Helena.


Al escuchar la llamada hubo momentos en que a Sergio se le escapo espontáneamente alguna carcajada. Era una verdadera pena que el de escuchas no conociera casi nunca a los implicados, pensó Sergio, a veces se producía un feeling especial. Se los imaginaba, como quien imagina a un locutor de radio. En este momento a Sergio le molestaba no conocer físicamente a Helena, pero eso era secundario, ella no era el implicado y se tenía que centrar en su padre.


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