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De la nada, a mi todo.

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22-11-2013

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Cuando me quedé embarazada, una de mis tareas fue informarme sobre todas las dudas que tenía al respecto de esa nueva etapa. En esta novela autobiográfica, he querido ofrecer mi experiencia, relatando tanto los miedos, inquietudes y alegrías que viví en el embarazo; como los cambios a los cuales se vio sometida mi vida tras el parto. Tanto buenos como malos momentos, pero todos y cada uno de ellos verídicos, de igual modo que los acontecimientos y personajes que forman parte de ellos. Es una novela escrita con mucho cariño e ilusión, dando algunas pinceladas de humor. Espero disfruten leyéndola tanto como yo he disfrutado escribiéndola.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

30 de junio del 2011

 

-¡Mira tú!- dice Ángel saltando del sofá.

-¡No, espera un minuto más!- le respondo con nerviosismo e intriga.

-¿Sois conscientes de que en unos segundos vuestras vidas pueden dar un giro de 360 grados?

-¡No me pongas más nerviosa!

 

Me llamo Sonia, tengo veinticinco años. Habíamos  quedado con unos amigos para ir al cine, pero hace cosa de una hora aproximadamente, realicé un test de embarazo en casa;  mi marido, el test y yo a solas, bueno y miles de nervios pululando por cada rincón del piso. El primer test ha dado positivo, o al menos eso creemos, somos novatos en el asunto, así que hemos llamado a los amigos con los que habíamos quedado para ponerles al corrientes y decirles que necesitamos realizar una segunda comprobación. Aquí estamos, esta vez en el piso de ellos porque en el nuestro ya empezaba a notarse la falta de oxígeno,  a la espera de un resultado más preciso que nos acabe de confirmar las dudas.

 

-¿Miramos ya?

-¡Unos segundos más,  por favor!

 

Nuestro amigo Ángel se levanta acercándose con sigilo y cuidado hacia el mueble del comedor donde hemos dejado reposando el test de embarazo a la espera de los resultados. Desde aquí, desde el sofá,  tiene una visión similar a cualquier bomba a punto de estallar. Intento concienciarme de que sólo es un trozo de plástico, un plástico que puede hacer cambiar nuestras vidas a partir de ya...

 

-¡¡Positivo, estás embarazada Sonia!! ¡¡Enhorabuena!! Y según indica, estás de más de cinco semanas, se atreve a decir Ángel.

 

Mi cuerpo empieza a estremecerse, no estoy sola, no lo estamos, hay un ser diminuto creándose en mi interior, tengo miedo, pánico por segundos; es lo quería, habíamos tomado la decisión hace tan sólo un mes. Queríamos ser papás, y lo hemos conseguido muy rápido y sin "trucos" ni cálculos hormonales de ovulación, lunas llenas y todas esas leyendas urbanas de si lo haces tal día será niño y de esta otra manera será niña.

 

Cientos, miles de pensamientos y dudas corren sin cesar por mi mente, ¿de cuánto tiempo estaré? ¿Estará bien el feto? ¿Me estarán creciendo ya los pechos? ¿Me lo notará por la calle cualquiera que me mire a la cara? ¿Vamos a saber hacerlo bien? ¡¡Oh!! Necesito comprarme urgentemente una revista sobre bebés, pero creo que lo mejor será llamar a ginecología y pedir hora para confirmar que todo está correcto, y para eso tendré que esperar a mañana, hoy es Domingo.

 

Decidimos cambiar de planes, adiós cine, hola terracita al aire libre para tomar algo fresco y ligero; bueno, yo fresco, ligero y sano, ¡estoy embarazada!  Al rato de estar allí sentados los cuatro, intentando asimilar la nueva vida que nos espera, aparecen mis padres, ¿Cómo se me ha podido ocurrir sentarme a tomar algo a diez metros de su portería?, ¡en estas circunstancias! ¿Se darán cuenta? no es posible, pero es que me siento como si llevara escrito en la frente la palabra embarazo. Intento comportarme con normalidad y creo que salgo airosa de la situación. ¿Por qué tengo tanto miedo? Si es lo que deseo, ser madre, ser la mejor madre del mundo, imagino que es la sorpresa del momento.

 

 

 

 

31 de junio del 2011

 

Involuntariamente mis manos se van hacia la zona donde va a estar hospedado Guisantito los próximos meses. Sí, he decidido llamarle así por el momento. En un día me he estado informando, documentando, sé que aún no me oye, pero de alguna forma tengo que  dirigirme a él.  Llamarle feto no me parece lo suficiente cariñoso francamente, y la palabra hijo aún me suena extraña, pero así es, es mi hijo, o hija, el tiempo dirá.

 

Ya tengo hora para la primera visita ginecológica, dentro de una semana. Parece ser que a los médicos les da igual el hecho de que me urja saber que todo está bien,  y hasta las siete semanas es probable que ni si quiera se oiga el latido del corazón de Guisantito en una ecografía vaginal, así que toca esperar. Entre tanto hemos decidido no decir nada a la familia, al menos hasta que nos confirmen que todo está bien, que no hay problema.  Los días se me van a hacer eternos, pero yo sé que todo va a ir bien, debe ser que ya he desarrollado ese sexto sentido que dicen tener las madres.

 

 

 

 

7 de julio del 2011

 

Por fin ha llegado el gran día, hoy es la primera visita al ginecólogo, esa visita que nos confirmará que todo está bien. Éstos días he tenido dos tareas muy complicadas, una informarme sobre todo lo que debe hacerse estando embarazada, es decir, qué debo y que no debo comer , los pasos a seguir, cosas que deben evitarse (tales como tirarse en paracaídas, no hincharte a comer embutidos hasta saber si has pasado o no la toxoplasmosis, no tocar heces de gatos…) pero lo más importante, he tenido que aprender a contener mis ganas de gritarle al mundo entero que tengo a un ser diminuto creciendo en mi interior, Guisantito.

 

Estamos en la sala de espera, mi marido, Ángel, Ainhoa (los dos amigos que estaban presentes cuando aquel trozo de plástico inofensivo llamado test de embarazo nos confirmó la noticia) y yo, bueno, y Guisantito, que aunque no esté presente a la vista, siempre lo está en mi mente, porque ya forma parte de nuestras vidas.

 

Me llaman enseguida, cuando oigo pronunciar mi nombre por la enfermera, mis piernas empiezan a temblar, parece que se resisten a cruzar el pasillo que nos lleva a la consulta, pero trago saliva, hago de tripas corazón y me levanto decidida. Acelero el paso intentando parecer tranquila e intento olvidar que llevo unas ojeras inmensas por no haber podido dormir la pasada noche a causa de los nervios.

 

Entramos a la consulta. Al fondo espera  el ginecólogo, un chico, un hombre joven de aspecto no muy amable acostumbrado a ver a mujeres en mi situación. Para mí es uno de los momentos más importantes de mi vida, para él una visita más, un día cualquiera de trabajo, encima es Lunes, así que probablemente esté de mal humor, espero que no me haga daño, deseo que todo esté bien, que Guisantito esté situado donde debe estar, y que su corazón funcione perfectamente, a ritmo acelerado en pulsaciones, como todos los fetos hasta el momento de nacer. El hecho de que  el ginecólogo sea un hombre, no es que no me inspire confianza, pero intenté que la primera visita fuera con una especialista de sexo femenino, pero estaban todas ocupadas hasta dentro de dos semanas; deben de ser las más solicitadas. Quizás al ser mujeres  como nosotras, nos inspiran más confianza, pero yo no podía esperar, tenía que ser ya.

 

Me quito la ropa y me hacen ponerme una especie de ridículo pareo blanco, medio transparente, el cual no sé si debe atarse con un nudo estilo hawaiano delante, detrás, en el lateral derecho… Todo me hace ponerme más nerviosa, pero me están esperando, todos esperan, y yo ansío ver por primera vez a mi hijo. Sí, mi hijo, ya lo siento como tal aún sin conocerle.

 

El ginecólogo me hace una serie de preguntas para rellenar mi informe médico, podía haberlo hecho antes, cuando yo aún estaba vestida, no haciéndome parecer ridícula contestando preguntas semi desnuda en medio de la sala.  Me da un pequeño libro, dice que siempre debe acompañarme a las visitas, “Mi libro de embarazo”, lo voy a cuidar como si fuera un tesoro, mi segundo tesoro, el primero está creciendo en mi interior, es de tamaño microscópico.

 

Me subo a la camilla mientras el ginecólogo me explica lo qué vamos a hacer. Lo que él no sabe es que en mi intento por abarcar toda la información  posible sobre el embarazo, yo ya estoy al corriente de lo que va a pasar. La primera ecografía siempre es vaginal, introducen una especie de aparato por la vagina, dicho aparato contiene una cámara que nos mostrará el feto y podremos comprobar si él está bien implantado en su lugar, es decir, que no es embarazo utópico, que sólo es un feto y no dos, o más…y con un poco de suerte, podremos oír los primeros latidos de Guisantito.

 

No dejo de mirar la pantalla, pero  veo nada, manchas negras, blancas, blancas, negras, un poco grises…

 

-¡Te tengo, ahí está! El feto está bien implantado y en buen estado, es esta especie de forma redondeada como de aro que ves aquí en la imagen. Los latidos aún no se escuchan, pero unas curvas que suben y bajan en la parte inferior de la pantalla, indican que el latido existe.

 

El ginecólogo, que de un momento a otro ha empezado a caerme bien, me muestra  acercando un bolígrafo a la pantalla lo que parece ser Guisantito, y yo me emociono.  Por fin te veo, tú a mí no puedes verme, pero sí sentirme, y en ese momento los nervios se acrecientan al saber que estás bien, que voy a ser mamá, que ese puntito insignificante en la pantalla de la consulta, pasará a convertirse en unos meses en el centro de mi vida.

 

Me imprime una imagen, su primera foto, y de repente se me ocurre la forma de darle la noticia a la familia.

 

En cuanto salimos de la consulta, busco la papelería más cercana dónde hagan fotocopias y realizo unas cuantas de la primera ecografía de Guisantito, quizás muchas, pero estoy tan ilusionada que no acierto al calcular el número exacto de fotocopias que necesito. Sólo quiero gritarlo al mundo entero, ¡¡Guisantito está bien!! Compro también unas cartulinas de colores.

 

Estamos los cuatro, bueno… los cinco (perdona Guisantito, te tengo siempre presente pero aún me cuesta asimilarlo a la hora de hablar) sentados en una cafetería, celebrando que todo está bien y comiendo unos donuts a media mañana. Donuts, espero que te gusten, a tu mami le encantan. Comentamos lo que ha cambiado nuestras vidas en apenas un año, el pasado Agosto, Dani y yo estábamos dándonos el sí quiero en uno de los días más importantes de nuestras vidas.  Hasta hace unos días el más importante, pero ahora estás tú, y hoy hemos vivido uno de los mejores momentos de nuestras vidas, por no decir el que más.

 

Volvemos a casa y me pongo enseguida a recortar cartulinas, fotocopias, corta, pega, corta pega hasta que en poco rato tengo  organizada la idea en la que daremos la noticia. He pegado en alegres cartulinas la fotocopia de la primera ecografía, y he escrito en la parte superior “Un nuevo miembro en la familia está en camino”.  He dibujado una flecha para indicar en la imagen dónde está exactamente Guisantito, y he escrito “Hola yayos”, “Hola titos”, dependiendo del destinatario de la cartulina.

 

Mi suegra está ingresada, tiene problemas de espalda y la han tenido que operar dos veces seguidas, así que habrá que ir al hospital y darle allí la noticia. Espero que la anime un poco, no sé cómo se lo van a tomar todos, mis suegros, mis padres, hermana, cuñadas… estoy feliz y nerviosa, muy nerviosa.

Dani se fue a trabajar a medio día y no llega hasta las 23.00 horas, pero yo no aguanto un día más sin dar la noticia a mis padres, así que quedamos en que yo iré a cenar a su casa, y allí esperaremos a Dani, que vendrá sólo supuestamente para  recogerme cuando llegue de trabajar.

 

Son las 22:50, debe estar a punto de llegar. Ya hemos cenado y estamos viendo una serie sentados en el sofá; mi padre, mi madre, Guisantito y yo; mi hermana ya se ha acostado.

 

Suena el timbre de casa y mis pulsaciones se aceleran,  empiezo a notar un sudor interno que me produce un mareo momentaneo, pero aguanto, me levanto a abrir la puerta a Dani. El pasillo que nos dirige de la entrada al comedor se me hace eterno, más largo que nunca…

 

-Buenas noches suegros- saluda Dani intentando ocultar su nerviosismo.

-¡Hola Dani! ¿Qué tal ha ido el día de trabajo? Debes estar cansado- le contesta mi madre.

-Sí, pero… he venido porque…

-¡¡Porque tengo una cosa que daros!!-  me precipito a decir yo.

 

Les doy un sobrecito de color naranja que dentro contiene la imagen de lo que cambiará también sus vidas para siempre. Mientras lo abren, no sé si pensar que sospechan algo. En anteriores ocasiones han recibido un sobre de color similar, pero su contenido era muy diferente. Podría tratarse de un bono de hotel para el próximo fin de semana, pero esto es mucho más, muchísimo mejor, o eso espero…

 

Abren el sobre y el tiempo parece detenerse,  intento adivinar en sus rostros los sentimientos que oscilan en el aire.  Giran la imagen, ¡mierda!, la metí al revés en el sobre, y de repente…

 

-¡¡Anda!! Mi madre se levanta ilusionada y alegre a abrazarnos.- ¡Vamos a ser abuelos!

 

Son abuelos primerizos, mi hermana es más pequeña que yo y para ellos es su primer nieto, o nieta.

 

Mi padre aún contempla la imagen, boquiabierto y sonriente, pero acto seguido repite la acción de mi madre mientras ella corre a despertar a mi hermana para darle la noticia.

 

Me siento mejor, algo más libre; me he quitado el peso de los nervios, al menos por parte de mis padres, aún faltan mis suegros. A pesar de ser entrada la noche, mi madre llama a mi abuela  (su madre) para darle la noticia, la pobre se habrá asustado al oír sonar el teléfono a estas horas, pero se alegra mucho.

 

Es hora de volver a casa, papá, Guisantito y yo. Mañana será otro día, tenemos  mucha gente a la que dar la noticia, aunque sospecho que irá corriéndose la voz.

 


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