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Agustín y el mundo tras una puerta

Agustín y el mundo tras una puerta

14-06-2013

Juvenil/Infantil novela

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Mejor novela juvenil 2014

Sin imaginar lo que hallaría, Agustín emprende uno de los viajes más increíbles de su vida, un viaje que lo llevará a descubrir la importancia de creer en uno mismo, a vencer sus propios miedos y a aprender que todos somos responsables del mundo en el que vivimos. Nuestro hogar.

 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

AQUEL VIEJO CUADRO

 

Apenas si estaba oscureciendo y aún hacía mucho calor.  Intentaba hacer las tareas de la escuela como todos los días. Tenía que escribir algunas oraciones con la palabra noche. Vamos a ver que se me ocurre…

La luna y las estrellas salen de noche. / Mi papá llega a casa en la noche. / Todas las personas duermen de noche.

Tan sólo hay tres.  ¿Para qué hacer oraciones sobre la noche?  La noche es fría y oscura.

Cuatro.  Esto es tan aburrido.  Hay silencio durante la noche.

Cinco. Ya no se me ocurre alguna más.  Miro alrededor de mi cuarto y no se me ocurre nada.  Creo que me asomaré a la ventana, debe haber algo que me pueda ayudar.  Casas, muy pocas personas, muy pocos carros, un perro que ladra a cada uno de los pocos carros que pasan, una tienda, un árbol, más casas, un edificio, carros estacionados, luces, muy poco ruido y una caja de madera.  Era casi todo lo que alcanzaba a ver.  Y aun seguía sin poder hacer otra oración.  Lo intentaré una vez más: casas, el cielo está sin estrellas, el árbol tiene muy pocas hojas, el perro dejó de ladrar, un edificio, gente en la tienda y la caja de madera mal hecha.  En realidad era más que una simple caja mal hecha, llevaba un par de pequeñas ruedas en la parte de abajo y una especie de manija en uno de los lados.  En su interior habían algunos objetos: una plancha vieja, una cadena oxidada, un espejo roto, una muñeca rota, unas cuantas botellas, un cuadro antiguo, entre otras cosas.  Pero ¿a quién pertenecían todas estas cosas?  Unos cuántos pasos más allá un anciano buscaba en el bote de la basura.  Pero ¿qué podría buscar en la basura?, si era sólo eso: basura.  Al final de su búsqueda logró sacar una botella y acercándose a aquella caja rodante, la colocó en su interior.  Con un gesto que indicaba bastante cansancio, sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo pasó por el rostro.  Tenía un rostro muy peculiar, lleno de arrugas que expresaban muchas emociones a la vez, y el cabello con distintas tonalidades de gris.  De estatura corta y de contextura un poco gruesa, era un ancianito agradable.  La verdad es que evocó en mí recuerdos de mi abuelo, recuerdos muy difusos, pero buenos recuerdos.  Guardó su pañuelo nuevamente, cogió esa manija que lo ayudaba a jalar su caja de madera; y  emprendió la marcha a paso lento y callado. 

Y así lo vi pasar por el frente de mi casa, paso tras paso y jalando su caja de madera con todos esos objetos que recolectó en el camino y con ese chillido que emitían las llantas oxidadas al andar.  Ya casi doblando la esquina y sin poder esquivar el mal estado del camino, uno de sus objetos cayó al suelo.

-        ¡Señor!!!  ¡Señor espere, se le cayó algo!!!! – grité

Tenía que alcanzarlo.  Él había continuado su camino sin darse cuenta que uno de sus objetos se había caído.  Salí rápido de mi cuarto, corrí por el pasillo y en la sala estaba mamá.

-        ¿A dónde vas con tanta prisa? – preguntó

-       Debo alcanzarle un objeto que se le cayó a un anciano – dije un tanto exaltado

-       ¿Y piensas salir descalzo? – volvió a preguntar

¡Oh no!  Era cierto, no llevaba zapatos.  Corrí rápidamente a mi habitación, me asomé a la ventana, aún podía escuchar aquel chillido de las ruedas; es más, él caminaba demasiado lento como para llegar muy lejos.  Me puse los zapatos y corrí nuevamente por el pasillo, la sala y escaleras abajo, en dirección a la calle.  Mamá murmuró algo que no llegué a oír porque tenía mucha prisa.  Llegué al lugar donde yacía el objeto éste.  Me detuve y observé detenidamente a mi alrededor, esta vez ya no alcanzaba a oír ningún chillido.  Se había ido.  Lo había perdido.  Bajé la mirada y el objeto todavía permanecía en el suelo.  Me agaché para recogerlo.  Era el cuadro antiguo.  Lo tomé y me detuve a mirarlo por unos segundos.  Es un cuadro de tela, muy liviano, un poco sucio y algo maltratado.  Sólo tiene dibujada una puerta, de aspecto muy sencillo y de color marrón oscuro; y eso es todo. ¿Quién pintaría algo tan simple?

-        ¡Agustín!!!!  Entra ya a la casa – escuché a lo lejos.

Di la vuelta y noté que era mamá, me hacía señas como para que regresara.  Creo que conservaré el cuadro.  Si el anciano se da cuenta que lo perdió es probable que regrese o que vuelva a pasar por aquí.  Regresé a casa con el cuadro.

-        Agustín, ¿qué llevas ahí? – preguntó  mamá mirando fijamente al objeto que llevaba en una de mis manos.

-       No es nada.  Bueno, es un cuadro – dije en voz baja para calmar alguna mala reacción que pudiera ocasionar.

-       Y ¿de dónde lo sacaste? – esta vez me mamá me miró directamente a los ojos.

-       Un señor que pasaba por la calle de enfrente lo dejó caer y no se dio cuenta.  Traté de alcanzarlo para dárselo pero cuando salí ya no lo encontré.  Pensé en quedármelo y guardarlo hasta que vuelva a pasar.  ¿Puedo conservarlo por mientras no? – pregunté con un tono bajo de voz tratando de ser convincente.

-       Está bien.  Nada más que si aquel señor no pasara en los próximos dos días, tendremos que deshacernos de él – ahora usó un tono de voz que significaba que no tenía más opción que obedecer.

Volví a mi cuarto con ninguna sensación de victoria, ya que ni pude alcanzar a aquel anciano ni podría conservarlo pasados los dos días.  Pero bueno, era sólo un cuadro, igual no me serviría de nada.  Trepé una silla y lo apoyé en la parte más alta de mi escritorio.  Era un lugar que no interrumpiría a nadie y no causaría problema alguno.  Cierto, dejé algo pendiente antes de salir a la calle.  Tenía varias oraciones por hacer. ¡Muchas!  Más vale que me apure sino no acabaré para mañana.  Veamos qué se me ocurre: Los perros ladran durante la noche.

Miro hacia arriba, miro hacia un lado, me paro, me siento, me vuelvo a parar, doy unos cuantos pasos, me siento.   La noche tiene….

¡Qué fue eso!  Miré rápidamente alrededor mío.  Un sonido muy fuerte atrapó toda mi atención en ese instante.  Era como si algo pesado hubiese caído, continué mi búsqueda con la mirada.  Ese cuadro estaba en el piso pero….no era lo suficientemente pesado como para hacer semejante ruido; es más, no era para nada pesado, lo podía levantar con una sola mano pero ¿qué fue lo que oí entonces?  Me acerqué y lo levanté.  Trepé nuevamente la silla y alcé mi brazo para colocarlo sobre el escritorio pero... ¡esperen!  Puedo oír algo, hay extraños sonidos que vienen de algún lado, ¡no!, son voces, son como murmullos pero…aquí no hay nadie.  Mi mirada permaneció por unos segundos fija hacia lo que tenía en manos.  Era imposible, pero era lo único que tenía cerca.  Sentí un poco de temor y lo fui acercando lentamente hacia mí y en eso…

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