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PEPITO CASCALES

PEPITO CASCALES

30-12-2013

Humor novela

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En esta historia trato de explicar, la suerte que tienen algunas personas, que aún siendo toscas, pueden vivir mejor que muchos otros, que no lo son.

También las desventuras de unos gángsteres, por complicarle la vida.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

Episodio 1                             

El Atraco y sus consecuencias

 

 

Serían las nueve de la mañana, de un caluroso día de primavera, cuando Pepito fue a cobrar un cheque al banco.   En sus horas libres había estado arreglando unos jardines y le habían pagado por el trabajo realizado, con un cheque al portador. Al entrar en el banco para cobrarlo, se tropezó con una alfombra de goma que había en la puerta (de esas que suelen poner para limpiarse los zapatos) y entró en el banco dando tras picones, hasta que se cayó al suelo. En ese momento unos ladrones estaban robando el banco y al entrar Pepito de aquella manera, uno de los atracadores se asustó y se le disparó la pistola, con tan mala fortuna, que le dio un tiro a uno de sus compañeros, al cual hirió de muerte.

Los ladrones, al complicársele las cosas con lo del  herido, optaron por marcharse del banco, llevándose como pudieron al compañero. Éste iba herido de muerte y por el camino hacia el hospital, fallecía a causa del disparo recibido.

El desafortunado atracador que había muerto de aquella inusual manera, era Antoñito, hijo de don Antonio, jefe de una de las mayores organizaciones criminales del país.

Pepito, ajeno a todo lo que le había pasado al hijo de don Antonio, seguía con su vida cotidiana.

La prensa escrita y la televisión no tardaron en ponerse en contacto con él, al recibir estos un soplo de lo que había sucedido en el banco.

Pepito era entrevistado por ambos medios informativos, como si de un personaje famoso se tratara. Aunque al principio de la primera entrevista fue reacio a las preguntas, poco a poco fue entrando en el terreno, donde los hábiles periodistas querían llevarlo.

Al día siguiente la noticia había salido en todos los medios informativos del país y la imagen que de Pepito estaban dando, era parecida a la de un héroe nacional. En cambio Don Antonio, lloraba ante el cuerpo sin vida de su hijo y prometía venganza.

Los compañeros de Antoñito, que le habían acompañado en el atraco al banco, a don Antonio le contaban lo siguiente.

— ¡Don Antonio! ¡Cuanto sentimos la muerte de Antoñito!–Le decía uno de los atracadores—. La culpa de la muerte de su hijo, la ha tenido ese palurdo que entró dando tras picones en el banco. Que el muy patoso, del susto que nos dio, se nos dispararon las pistolas y no pudimos evitar herir a su queridísimo Hijo.

—Se refieren ustedes, a ese Pepito Cascales que ha salido en la tele, como si fuera un héroe nacional.

— ¡Si jefe, el mismo!

         Pepito era un chico de unos treinta años de edad, con unas gafas de esas de culo de botella, que cuando se las quitaba veía menos que un gato de yeso. Con el pelo color de hojas otoñales onduladas y pantalones vaqueros, sujetados con tirantes marrones y camisa de cuadros, parecía un campesino de los años treinta. Lo de sujetarse los pantalones con tirantes, era porque su cuerpo no daba la talla de las pasarelas y el cinturón se le bajaba por debajo de la pronunciada barriga, de la que él con buen criterio, no quería verse. Además su poca alzada,  le hacía parecer, aún más un cuerpo abotijado.

Eso sí, era el hombre mas feliz que había entre tierra y cielo. Y de  tener suerte, ya le iréis conociendo por el camino (que si os parece) juntos andaremos.

Don Antonio había mandado al pueblo de Pepito, a cuatro de sus secuaces (de hecho)los más violentos. Su jefe les había dicho que al palurdo no lo quería respirando, que lo quería sin respirar y si podía ser, sin otras cosas de las partes bajas.

Pepito, ajeno a todo lo que se estaba guisando a su alrededor, seguía con su vida cotidiana. Y como cada día, muy temprano al trabajo se marchaba, que al estar cerca de su casa, solía ir caminando. Al llegar  a donde trabajaba, sus compañeros lo saludaron y elogiaron, por lo que había sucedido en el banco.  

 


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