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Jesús de Nazareth y la Comunidad Libertaria. 20 Cartas Sobre el Reinado de Dios.

Jesús de Nazareth y la Comunidad Libertaria.  20 Cartas Sobre el Reinado de Dios.

04-06-2015

Histórica cuento o relato

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PRESENTACIÓN DE JOSÉ MARÍA VIGIL.

 

Como las cartas más esperadas, éstas que el cartero Gerardo nos trae, también se leen de un tirón. Comenzada la primera, uno se queda inquieto por la trastienda que ha intuido, de una trama, la de Jesús, que no parecía ser tan compleja e intrigante. Habíamos leído los evangelios desde una ingenuidad literal, y la catequesis del tiempo, no sabía mucho de contextos históricos, culturales, económicos y políticos de aquella época. Lo de Jesús no fue tan sencillo, lineal e ingenuo, como lo leímos, y como nos lo mostraron. Hoy, a la altura de varios siglos de estudios bíblicos científicos y críticos, sabemos tantísimos datos que no constan en los evangelios, que releerlos ahora desde el conocimiento nuevo que ahora tenemos de la época y del momento, nos hace vivir la impresión de estar leyendo otra historia. Y es que, efectivamente, siempre es hora de releer esa historia

Porque la que Gerardo destapa con sus cartas no es otra historia. Es la «historia profunda», tejida por las fibras de un sin fin de intereses, movimientos políticos, significados culturales, experiencias religiosas en tensión mutua... Un tejido del que, finalmente, sólo habíamos tenido acceso a unos pocos y breves recortes, recogidos en los relatos canónicos.

Gerardo se ha sumergido en esos muchos estudios bíblicos sobre «la Hora» de Jesús, y ha sabido hacer una recreación literaria de su trastienda histórica, de una manera bien fundamentada, aunque no deje de ser literaria. A veces, la creación literaria es la mejor, o incluso la única manera que tenemos de describir o narrar lo que no tenemos datos ni documentos suficientes para narrar expresar de otra manera. Lo literario no es literalmente cierto, pero es a veces la manera más cierta de trasmitir la verdad profunda.

 

Gracias, Gerardo, por este servicio. Con estas cartas recreadas, seguramente vas a llevar a muchos lectores hasta ese mirador de la historia de Jesús en el que se pueden sentir desafiados e invitados a asomarse por sí mismos al mundo de conocimientos bíblicos que hoy tenemos a nuestra disposición.

Con estas cartas les puede quedar claro a muchos lectores que necesitan recuperar esa historia profunda de la Hora de Jesús, y que después de las cartas, pueden leer/estudiar algunos de los muchos buenos y accesibles estudios bíblicos, críticos, sobre la época.

Quedará claro a muchos lectores, que lo de Jesús no fue un cuento de hadas, ni un relato mágico sobrenatural, sino una historia muy histórica, de un Jesús plenamente histórico, bien encarnado en medio de la inveterada corriente libertaria de la historia, metido hasta los tuétanos en la historia de su pueblo, indisolublemente unido a la suerte de los pobres, sobre todo de los «pobres con espíritu», los que hicieron suyo el espíritu, la Utopía de Jesús Libertario.

Tras leer estas cartas tan literariamente históricas, un lector consecuente, nostálgico por no haber sido destinatario de ninguna de ellas, descubrirá que sí puede escribir nuevas cartas de esta serie, porque ni la historia de Jesús, ni su movimiento, ni su Causa, ni su Utopía, ni la complejidad de ese tejido de intereses y contextos, concluyeron. Toda aquella historia sigue viva, y su Utopía continúa incitándonos a tomar posición y participar en esa historia con nuestras cartas de cada día...

Gracias, Gerardo, cartero del Reino, seguidor del Libertario Jesús.

José María Vigil.

(Teólogo de la liberación. Claretiano desde 1964 y sacerdote católico desde 1971. Se naturalizó en Nicaragua y vive actualmente en Panamá. Es conocido por su compromiso social, sus servicios a la Asociación de Teólogos y Teólogas del Tercer Mundo y por su teología del pluralismo religioso).

 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

La Ruptura

Dedicado a mí querido padre.

“Yo te elegí antes de que nacieras;

te aparté para que hablaras en mi nombre

a todas las naciones del mundo” (Jer. I, 5)

Amado maestro:

Cuando leas estas líneas estaré atravesando la rivera del Jordán. Obvié despedirme personalmente de los hermanos para evitar que sujetaran apremiantemente mis pasos. Sé muy bien que algunos no comprenderían mi decisión causándoles tristeza y ofuscación.

Los más conservadores, posiblemente, me recriminarían los años invertidos por la comunidad en formarme, la confianza depositada al aceptarme como miembro, la falta al juramento de humildad. Me acusarían de menosprecio a la obediencia y de desidia en el estudio de la ley.

No quise dar lugar a todos esos reproches porque nada de ello es concluyente ni me he desentendido de mis más recónditas convicciones. Necesito marcharme para ser fiel a mí mismo y mantener intacta mi vocación esenia de preparar la venida del Señor. Tras la crisis con los saduceos y sus partidarios decidimos marcharnos al desierto, conformando un estilo de vida novedoso como signo de la Alianza. Pero lo cierto es que nuestra comunidad se ha anquilosado. El amor fraterno y libre ha sido engrillado por el estricto código de disciplina. La igualdad entre los hermanos se ha convertido en un pretexto para reforzar el mayorazgo del varón. El apartamiento del mundo, lejos de resguardarnos de extravío alguno, se convirtió en un sentimiento exasperado de prepotencia que nos ha oscurecido el alma.

Nuestra hermandad fue primigeniamente concebida como signo y anticipo de aquel orden que implantaría, sin moverse de su trono, el Rey de justicia en el día anunciado, silenciando a los opresores, pidiendo cuenta de la sangre derramada de los pobres, manifestándose como cobijo y fortaleza para los oprimidos. ¿Dónde quedó esa Esperanza? El descontento siempre ha sido la primera necesidad del cambio.

El llamado del Altísimo me estruja las entrañas y su eco ensordece mi espíritu. Debo hablar al corazón del Pueblo, devolverle la esperanza, consolarlo, formar un círculo de hombres y mujeres que manifiesten con sus vidas el final de la opresión y la esperanza gloriosa de la aparición del liberador de los pobres.

Maestro, sé que tienes alma de pastor y sabrás comprender benignamente mi decisión. Si quieres venir a verme estaré aquí, en el Jordán, comiendo langostas y miel silvestre, vestido con piel de camello y alzando mi voz en el desierto, con la esperanza de hacer resonar mi corazón con el de la humanidad.

Que el sol naciente nos encuentre esperando al Salvador.

Tu apreciado prosélito,

Juan

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