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Olvidado, Nada Es Lo Que Parece

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18-03-2020

Historias de vida novela

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Hola, ¿Pero qué crees que estás haciendo? Te lo advierto, por tu seguridad debes dejar de leer, ¿Pero por qué no me haces caso? Esta es mi última advertencia, ¡Para ya! Si continúas leyendo una larga serie de eventos simultáneos comenzara y nada podrá detenerlos, a no ser que… No, olvídalo, no creo que seas capaz de seguir el hilo de la lectura y al mismo tiempo desentrañar los secretos que esta oculta a través de sus páginas. Bueno o Malo ¿Qué final prefieres? Recuerda que la historia siempre cambia, y si estás dispuesto a leerla hasta el final, no olvides que hasta el más mínimo detalle tiene su importancia. Como veo que estas dispuesto a continuar con esto, me veo obligado a hacerte una advertencia, “Las personas no siempre son lo que aparentan ser, pero tampoco son lo opuesto”. 

Me da igual, yo ya sé como terminara todo, pero tú no, eso es lo que más me causa ira, porque eso hará que menos pienses en detenerte, pero no me importa, siempre puedo entrar a la historia para interrumpir los eventos predeterminados para regresarlos a su posición actual. Al fin y al cabo, yo no soy ni una Moralidad ni una Humanidad… No lo olvides, Yo te estaré vigilando. Lingvo. 

Firma… 

Manfred 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

“Nunca me ha gustado la idea de dormir durante el día, o demasiado tiempo, pero hoy ha sido la excepción, siento como si hubiera dormido por un par de días, pero ya me siento descansado, aunque un poco falto de energía, necesito comer algo… ¿Comer?... ¿Cómo puedo estar pensando en comida?... ¿En dónde podré conseguir comida de forma rápida?... Espera un segundo… ¿En dónde estoy? Ahora que lo pienso, no estoy seguro de donde estoy… y mi nombre… ¿Cuál era mi nombre? ¿Era Alex? ¿O… Rodolfo? ¿O tal vez Omar? Ya se… Fernando es mi nombre, creo.” 

Siento que estoy soñando, porque a pesar de que siento tener los ojos abiertos no veo nada. “¿Qué tal si perdí la vista en un accidente?... ¿Y si todos creyeron que estaba muerto, y en este momento me encuentro en un congelador de la morgue? Bueno, eso explicaría porque no me puedo mover y hace demasiado frio.” 

“¿Qué tal si estoy en coma? Tal vez estoy en el hospital y alrededor mío está parte de mi familia y amigos esperando a que despierte… ¿Tengo familia? ¿Tendré realmente amigos? Me siento en un infierno, mi respiración comienza a aumentar, siento la necesidad de correr, estoy experimentado un ataque de pánico.”  

Mi pulso comenzó a acelerarse, mi respiración iba en aumento, y un eco resonaba en mis oídos, era mi propia respiración golpeándome en cada suspiro, sentía no poder resistirlo, quería llorar, tenía miedo. 

“Un segundo, no tengo porque tener miedo, puede que haya olvidado un par de cosas, como mi nombre, mi familia, mis amigos, mi comida favorita, donde estoy, como llegue aquí, cuantos años tengo, que año es, quien ganó las elecciones, cuantos es 7x8. Mucho está pasando por mi cabeza en este momento. Siento como si mis pensamientos cruzaran como autos en una autopista por mi cerebro, siento que soy algo inteligente, pero no sé qué tanto, no sé si es porque no puedo moverme, pero siento fervientemente la necesidad de correr, de moverme, ¿Sera ansiedad? ¿Sufriré ansiedad? ¿Qué es la ansiedad? ¿Es un padecimiento o un trastorno? ¿Estaré trastornado?” 

De pronto, la habitación se inundó con voces y golpeteos que resonaban en mi cabeza como agujas afiladas entrando sin cesar por mis oídos, en ese momento, lo único que quería hacer era tapar mis oídos, pero no podía mover mis brazos a voluntad. Y en un momento de desesperación, cerré mis ojos con todas mis fuerzas, y todas las voces cesaron. Abrí mis ojos lentamente, y podía sentir como todo mi cuerpo se relajaba, la ausencia de movilidad había desaparecido, como si todo hubiera sido un sueño, y en ese momento ya no me encontraba rodeado de oscuridad, ahora estaba en una habitación bien iluminada, con un balcón a un costado de la cama, y un par de puertas blancas. Esta vez, la cama donde estaba recostado, era más cómoda, casi sentía como si estuviera flotando en el aire, era una sensación muy agradable, hasta que escuché a una mujer que no noté que estaba acostada a mi lado, “¿Estas despierto?”, me preguntó. Gire mi cabeza para verla mejor, era una muchacha de unos veinte años según denotaba su rostro, ya que el resto de su cuerpo estaba cubierto bajo las sabanas extrañamente blancas, aunque no solo las sabanas eran blancas, todo en la habitación era de un color sospechosamente blanco, no dejaba de ver a mi alrededor buscando una explicación, hasta que la muchacha que estaba recostada al lado mío, tomó mi barbilla y ubicó mis ojos frente a los suyos para decirme, “No te preocupes. Todo saldrá bien, ya verás.” Con una voz extrañamente familiar. 

Por un momento me sentí más tranquilo, pero esa tranquilidad desapareció cuando algo en mi interior me gritó que nada de eso era real, y no lo era, tardé solo un par de segundos en darme cuenta, y de un momento a otro, cerré los ojos y respiré profundamente, solo para qué al abrirlos de nuevo, notara que el sueño que me rodeaba se había vuelto una pesadilla. 

Las paredes comenzaron a derramar un líquido muy similar a la sangre, solo que más espeso, y con una coloración un poco más opaca. Un sabor amargo y metálico inundó mi garganta, y al voltear de nueva cuenta hacia donde estaba la chica a mi costado, vi que ella también estaba cubierta de sangre, miró su ropa aterrorizada, y comenzó a gritar, y tras su grito, toda la habitación volvió a cubrirse en oscuridad, dejándome nuevamente a la deriva del silencio absoluto. 

Inmóvil, mi respiración no dejaba de aumentar, acababa de despertar de una horrible pesadilla. Y sin previo aviso, logro escuchar a lo lejos un sonido ensordecedor, el cual cesa después de unos segundos. Con el cuerpo tenso por la experiencia que acababa de sufrir, trago algo de saliva, y con la voz un poco ronca, rompo el silencio diciendo, —¿Hola? 

“Es tan extraño oír mi voz casi por primera vez, sonando incluso más aguda de lo que me imaginaba.” Pasaron un par de segundos, pero no hubo respuesta alguna, y sin motivos para desistir, reitero. —¿Hay alguien ahí? —Pero aun nada. —Por favor. —Repetí, pero solo logré escuchar el sonido de mi voz revotando entre las paredes. Molesto, grito con todas mis fuerzas, —¡SUELTENME! 

Y en tan solo un segundo, mis manos se liberan, las luces de la habitación se encienden, mis ojos se vuelven sensibles a la luz, y aun tenía antojo. ¿De qué? No lo sé. Pero sentía mucha hambre. 

Por otro lado, cuando mi visión se volvió más estable, me fue más fácil ver lo que me rodea, una habitación blanca, con una camilla en el centro, en la pared frente a mí, estaba un espejo que abarcaba casi el 70% de la pared. En el podía ver que, en la pared de detrás de mí, a mi derecha había una puerta que conducía a una salida, a mi izquierda, una pantalla que parecía registrar mis signos vitales, y un par de tubos conectados a mí. Un tubo largo y delgado que parecía recorrer mi brazo izquierdo, y otros tres aún más delgados conectados a mi cien. 

Mientras me encontraba inmóvil no sentía nada, pero en cuanto comencé a moverme el dolor empezó a hacerse notar, poco a poco, mi cuerpo pasaba por diferentes estados, primero se entumeció por completo, luego, una sensación de calor me recorría desde la planta de los pies hasta llegar a mi cadera, donde la sensación de calor lentamente se convertía en una sensación de metal frio. 

Al final, sentí como mi cuerpo se adaptaba a la temperatura de la habitación, y en ese momento, fue cuando puede mover por fin mi cuerpo a voluntad, al menos un poco, lo suficiente para retirar una a una las intravenosas de mi cien y mi brazo. Una sensación agonizante, sentir como sacaba uno a uno los tubos de entre mis venas, fue de lo peor, una experiencia dolorosa. “Al menos no parece demasiado obvio por mi cabello. Verga, sí que es largo.” No sé cómo un delgado tubito que recorría mi brazo, era capaz de generarme tanto dolor. 

Al final, una vez que había retirado la intravenosa de mi brazo, la sangre comenzó a salir como si de una fuente se tratara, rápidamente tome la funda de la almohada y me aplique un torniquete sobre el brazo, dejando la almohada en el suelo cubierta de sangre, esperé unos segundos y el sangrado se detuvo. 

“Ahora, lo único que pasa por mi mente es levantarme y comer un rico chocolate, no sé él porque, pero tengo un fuerte antojo de saborear algo dulce.” Y a pesar de ser difícil para mí pararme en el estado en el que me encontraba, logré sentarme firmemente en la cama, aunque más bien parecía una camilla de hospital, con una forma ondulada, como si trataran de volverla una silla. Y debido a esa forma rara, me costó un poco el ponerme de pie, y justo cuando mis pies tocan el suelo, mis piernas perdieron toda su fuerza, y caí al piso sin más. Casi sin fuerzas y con un hambre que superaba el desequilibrio, me sujeté de la camilla y me pongo de pie. Y a causa de la caída, empecé a sangrar levemente por mi brazo izquierdo. 

Rechino los dientes, aprieto las nalgas, y me pongo de pie de nuevo. “Duele, pero no lo suficiente.” Aun así, veía la habitación a mi alrededor, y parecía solo haber una salida, por desgracia, tenía un cierre electrónico conectado a un panel numérico táctil… “¿Qué?… ¿Cómo chingados se todo eso? Debería… ¿Remover la placa madre… solo… con un golpe?”  

Golpee el panel en un ángulo de 35 grados hacia el suroeste y eso me permitió remover el sensor táctil… “¿Y así dejar expuesta la placa madre? No sé cómo, pero estoy abriendo una salida… ¡Genial! Solo me queda invertir la polaridad del circuito y acceder a la base de almacenamiento interno y el código se escribirá por si solo… ¿Realmente fue tan fácil?… ¡Asombroso!” 

“La puerta se ha abierto…Corrección, he abierto la puerta… Como sea, me largo a la… Espera que… ¡¿qué ha pasado aquí?!” Las cosas no se veían prometedoras, mis primeros pasos fuera de la habitación me revolvieron el estómago, no sé si recuerdo algo de lo que paso allí, o no sé si me gustaría recordarlo, los pasillos estaban llenos de volantes de infección y riesgo biológico, sin contar la gran cantidad de sangre seca que cubría casi una cuarta parte del suelo. 

Miré a mi derecha, y vi que en el pasillo era una serie de habitaciones que se dividían entre un número y una letra. La sección de mi lado era la letra “S”, y mi número de habitación era el 5, a mi izquierda se encontraban otras 2 habitaciones, dando como resultado un total de 7 por línea. Frente a mi habitación estaba la sección “T”, por lo que debían estar ordenadas en orden alfabético. Una vez más, a mi derecha solo hay una pared, pero a la izquierda había una gran puerta de cristal, completamente ilesa, vista en contraste con el resto de las paredes. 

“Tengo que irme, no sin antes hacer algo con lo que traigo puesto.” Mis únicas prendas eran una bata de hospital color azul cian con un patrón floral manchada de sangre y un torniquete hecho con una funda, claro. No sentía que eso fuera suficiente para mí, hasta que registré la habitación y encontré detrás de la camilla un compartimento donde había ropa, no mucha, pero la suficiente.  

Un pantalón, unos calcetines, una camiseta manga larga, y unos calzoncillos de hombre, un poco grandes para mí, pero servirían. No tenía zapatos, pero prefería ensuciar los calcetines a pisar ese suelo asqueroso completamente descalzo. Lo cual es una estupidez, porque si pisaba algo filoso traspasaría el calcetín. “Pero bueno, ¿Qué se le va a hacer?” 

“Como sea, debo largarme de aquí. Aunque, no se escuchan gritos, ni lamentos, ni sollozos, ni el sonido de una persona siendo torturada, lo que se esperaría de un lugar en este estado, tal vez ya pasaron los chingasos, ojalá.” 

Llegué al final del pasillo, donde está la puerta de cristal, no sin antes intentar abrir algunas de las otras habitaciones, pero como ninguna de las primeras dos se pudo abrir fácilmente, así que no quise quedarme mucho tiempo para averiguar cómo abrirlas, lo único que quería en ese momento era salir de ese lugar cuanto antes. 

Y cuando ya estaba por salir, por abrir la puerta, escuché el chirrido de una puerta desde una de las habitaciones detrás de mí, no se cual, no quise ni saberlo. He visto demasiadas películas de terror como para no saber que con tan solo girar la cabeza tendría problemas. Así que simplemente salí huyendo de ahí. Crucé la puerta y corrí hacia la derecha del pasillo. Estaba oscuro, y el piso estaba húmedo, como si hubiese una fuga de agua, y en un descuido pase de estar corriendo por mi vida, a estar deslizándome hacia mi muerte, porque así se sintió, casi sentía que se me salía el alma. Pero por suerte, no me paso nada, solo me golpee el trasero con el suelo, y moje el pantalón que traía puesto, solo con agua, cabe aclarar. 

El lugar se veía oscuro, al menos el pasillo de la derecha, porque visto bien y de cerca, me di cuenta de que estaba bloqueado y había caído al suelo dioquis. Pero que mierda, ya estaba ahí, así que simplemente comencé a caminar en la otra dirección, y mientras lo hacía, veía a mi alrededor, por si acaso encontrara algo interesante. Pero realmente no había nada, solo pasillo tras pasillo repleto de habitaciones, a las cuales no quise entrar, pensé “Esta no es una puta película de terror, no pienso meterme en broncas solo por querer cotillear por ahí. Puede que no recuerde mi pasado, pero no creo estar tan pendejo como para hacer una estupidez de ese estilo.” 

Después de estar un buen rato caminado en línea recta, con el trasero entumido, el brazo adolorido y mi cabeza hecha polvo, encontré lo que se veía como un par de escaleras, unas iban hacia arriba, y las otras hacia abajo. “No mames, para eso son. Pero bueno, no estaba de humor como para estar aguantando unas putas escaleras, a un lado de estas continuaba el pasillo, seguiré mi camino.”  

“Que chinguen a su madre las escaleras, al menos por ahora.” 

No fue un tramo demasiado largo hasta encontrar un ascensor, las paredes se veían un poco mal, y la luz tenue no ayudaba demasiado. Sin contar los rayones que parecían arañazos en la pared, me gustaba la pintura… como sea, oprimí el botón de ascensor que me llevaría abajo, suponiendo que me llevaría a la primera planta. Esperé un par de segundos hasta que escuché el ascensor acercarse, luego deteniéndose de forma abrupta, y luego continuando, entonces pensé “¿Qué mierda está pasando?” No me gustaba nada de lo que estaba escuchando. Y justo cuando el ascensor llego a mi piso, debajo de la puerta comenzó a escurrir sangre, así que di un paso atrás, luego otro, y luego otro, y así hasta que abrió sus puertas y mostró una escena asquerosamente cliché. Una mujer clavada a la pared del ascensor con múltiples agujeros en el cuerpo, pero creo que lo que le quito la vida, fue que le dispararon en el abdomen, parecía como si hubiese explotado de adentro hacia afuera, porque la mayoría de sus órganos estaban regados por el piso. 

Al ver esa escena mientras caminaba de espaldas, tropecé y caí al suelo, y no sabía que apretar con más fuerza, si el culo por el dolor, o el estómago por las ganas de vomitar. Al final, gano el culo, porque había caído sentado encima de un par de piedritas, y el dolor me distrajo de la asquerosa escena del ascensor. Me di la vuelta mientras me sujetaba el trasero, como si se me fuera a salir el culo del dolor. Y cuando escuche el ascensor cerrarse de nuevo, grite: 

¡AAAAAAAAA! ¡¡¡SU PUTA MADRE!!! 

Escuchar mi voz se sentía muy extraño. Después de una ligera rabieta en el piso, respire profundo, me levante y dije para mi “¿Escaleras? No es tan… mala idea.” 

Por lo que regrese a las escaleras, y una vez ahí, ya no sabía a donde ir, una parte de mi me decía que la salida estaba abajo, pero la otra me gritaba que fuera mejor a la planta de arriba, no sabía a donde ir, mi cerebro no se decidía, por lo que ya no tenía ideas. Así que simplemente me senté en las escaleras esperando una iluminación, pero nada. Esperé unos minutos, y nada. No podía recordar nada, ni tampoco decidirme. Y para acabarla de amolar, por mi cabeza pasaba una y otra vez el antojo de un pastel de chocolate… “Esto está mal.” 

Agotado de tanto pensar en lo mismo y lo mismo, me recosté en las escaleras, desde que desperté no había escuchado nada ni a nadie, salvo esa vez en las habitaciones, pero dejando eso de lado, no creo que llegue alguien y me rebane el cuello mientras descanso un poco. 

Pero no puedo dormir, siento la necesidad de dormir, pero no puedo dormir. “Chingada madre, ¿Tendré insomnio? Que buena verga, después de todo lo que pase, ahora esto. No puedo hacer nada, ni volver, ni continuar, ni recordar, ni siquiera pensar por ese olor a carne asada…” 

¡¿OLOR A CARNE ASADA?! 

No sabría decir si estaba equivocado, realmente olía a comida, deliciosa…… “Debo confirmarlo, viene de arriba, debo subir… En el piso superior no es, es más arriba, el siguiente tampoco es… Aaaaa, el tercero de arriba se siente muy cerca, pero las escaleras están bloqueadas por escombros, debo buscar otra forma de subir.” 

“Bueno, según mi experiencia en películas de terror y videojuegos de supervivencia, libros ni madres porque nunca he leído más de dos libros en toda mi puta vida, concéntrate. Cuando esto ocurre, en lugar de apartar los escombros del camino, los personajes buscan otra manera de pasar, por consiguiente, una serie de eventos desafortunados cae sobre dichos personajes de ficción… Ajá, ni madres, putos. Me tomaré mi tiempo para quitar la cantidad justa de escombros del camino para poder pasar sin el riesgo de quedar atrapado entre una roca y la pared, preferiría no cortarme la mano, este día.” 

Con cada trozo de basura que quitaba de mi camino, subía un escalón, y me acercaba cada vez más a ese delicioso olor, y entre metal, concreto, y un poco de plástico, yo que sé, subí las escaleras cada vez más cerca del piso superior, y justo cuando creía que ya lo había hecho, que ya había logrado llegar, mi pie quedo atrapado en un hoyo debajo de mí, atrapando mi pierna hasta la rodilla. No pude evitar gritar: 

¡¡ME CAGO EN SU PUTA MADRE!! 

Se volvió tan molesta la situación en un segundo, y el olor se sentía tan cerca, pero a la vez se volvía más leve entre más pasaba el tiempo, como si se estuviera alejando cada vez más. Pero no podía rendirme, no sé de donde saque tanta fuerza de voluntad, pero use toda la fuerza de mis brazos sosteniéndome de una pared expuesta para subirme de nuevo, y cuando tuve el pie fuera, salté de las escaleras y me tiré al piso. 

Estaba tan cansado, pero tan cansado que no me daban ganas de levantarme. Solo me mantuve en el suelo unos segundos. Cerré los ojos y me tomé un respiro. Estaba tan agotado, que ni siquiera me percate el momento en el que deje de olor ese dulce aroma.  

“Mátenme. Por favor.” 

Intente levantarme del piso, pero en mi primer intento falle rotundamente, me sentía como una maldita tortuga intentando girar sobre su caparazón. Fue realmente humillante. Así que rodé sobre mí mismo y me puse de pie lo más rápido que pude, pero eso mismo hizo que me mareara un poco. En fin, ya ni recuerdo bien el camino que tuve que recorrer para encontrar la salida, con solo pensarlo, mi cabeza da vueltas. 

“Búa.” Sin exagerar me atrevería a decir que estuve dando vueltas en círculos como una hora hasta encontrar un ascensor que funcionase sin alguna madre extra que tuviese que conseguir por ahí. Y por suerte, no sé ni cuándo ni cómo, pero logre salir de donde quiera que estaba metido, pero aquí la cosa no termina. 

Realmente quisiera que terminara aquí y esto fuera un libro de un solo capitulo, pero no creo que este infierno acabe en las primeras 10 paginas, sería algo demasiado aburrido. ¿No creen? Ya saben cómo son estas cosas, el conflicto aun no empieza, eso creo yo. Pero dejando de lado el conflicto, no sé muy bien donde terminaríamos si no existiera un conflicto, al demonio, continuemos. 

Me deje caer al piso, esperando que alguien llegara a matarme, pero después de unos minutos me aburrí, y una rara idea paso por mi cabeza, cerrar mis ojos y caminar con mi mano derecha pegada a la pared, y así lo hice, camine y camine, de vez en cuenta llegaba a un callejón sin salida, pero solo seguía caminando, sin apartar mi mano de la pared en ningún momento. Y tal como pensaba, o más bien como esperaba, llegue a un par de escaleras a un lado de un elevador de servicio, entre a él, y me llevo a otra planta, en la cual encontré un mapa que me llevó hasta el ascensor que me llevaría hasta la salida. 

Caminé por un par de minutos hasta que encontré la ruta indicada, y por consecuente, el ascensor, totalmente lleno de alegría, oprimí el botón para llamar al ascensor. El cual se tomó su puto tiempo en abrir las puertas, y no precisamente del piso inferior, sino que desde que me subí a él me di cuenta de algo. El aire era diferente, de alguna manera, muy diferente, más ligero, pero más áspero, no sé cómo explicarlo, fue realmente placentero cuando el ascensor se detuvo, porque le tengo pavor a esas madres, pero no sabía la condición de las escaleras, era la mejor opción, aunque pasaron varios minutos antes de que el ascensor se detuviera, debieron ser muchos pisos hacia arriba, eso creo yo.  

El ascensor se detuvo de golpe, no me dio tiempo a reaccionar, fue tan brusca su detención que me desestabilizó y me hizo caer al piso del mismo. Después de levantarme y salir del shock que me había generado todo lo anterior, golpee el panel de control esperando a que se abriera la puerta, ya que habían pasado un par de segundos desde que el ascensor se había detenido y la puerta no se abría.  

Pasaron unos segundos y la puerta se abrió. La luz interior del ascensor resaltaba con la falta de ella fuera del mismo, ya que mis ojos tardaron un par de segundos en acostumbrarse a la ausencia de luz en el exterior. El cielo estaba completamente tapizado por gruesas nubes oscuras, como si fuese a pegar una gran tormenta en cualquier momento, el aire se sentía pesado y tenía un sabor amargo, pero por alguna razón no me parecía completamente desagradable. 

Miré a mi alrededor y noté una ausencia considerable de luz, aunque después de revisar mejor lo que me rodeaba, noté que me encontraba en una zona con poca tecnología, tomando como referencia por donde había pasado hace un par de minutos, claro está.  

Salí para ver lo que me rodeaba, y lo que vi me sorprendió muchísimo. El ascensor estaba instalado en una simple casa de material, de ladrillos y techo de láminas. “¿Dónde carajos estoy?”  Me preguntaba, solo para ver que detrás de la casetita estaba algo similar a un bordo, de esos que rodean los canales de agua, y sorpresa, era exactamente eso, un canal de riego, a un costado estaban una serie de casas que se extendían a lo largo del mismo, y del otro lado se encontraba una carretera, por la cual no pareciera que transitaran autos desde hace ya tiempo. 

Me di la vuelta, buscando una razón por la cual podría pasar de un escenario tan parcialmente limpio a uno tan parcialmente pobre, diría yo. Claro que tampoco soy nadie para destacar a las personas de escasos recursos, pero no se veía en muy buen estado el lugar. “Algo no anda bien.”  Pensé, con la esperanza de que algo pasara y rompiera el silencio, hasta que un ruido metálico golpeo mis oídos a lo lejos, algo así como un objeto metálico siendo arrastrado por el camino de rocas que se extendía frente a la línea de casas ubicadas entre un canal de riego y unas vías de tren, nuevamente rodeado por otra línea de casa por ambos lados. No sé si me explico. 

Casas de material, techos de lámina, pisos de tierra era lo que me rodeaba. Y sin previo aviso, un sonido peculiar sonó dentro de mi cabeza, algo así como el sonido del arroz cuando lo dejas caer sobre un plato de metal, lo recordaba perfectamente, pero no recordaba haberlo comido. 

No tengo idea alguna de donde estaba encerrado, pero realmente quería regresar en ese momento, con solo ver el páramo que me esperaba fuera no pude evitar pensar en que no sería tan malo regresar haya dentro. Pero bueno, no me quedaba de otra, tenía mucha hambre como para pensar en regresar dentro, donde había olido un rico olor a carne asada, solo para que de repente desapareciera ante mis narices.  

“Curioso, pero no deja de ser un dato perturbador.” 

Froté mis ojos esperando a que terminen de adaptarse completamente a la ausencia de luz. Una parte de mí me decía que la ausencia de luz artificial era algo natural en esa zona, pero era demasiada la ausencia de luz natural, incluso si fuese de noche. Igual, mis ojos no parecían estar tan acostumbrados a la ausencia de luz como para ver con la suficiente claridad como para no tropezarme con cualquier cosa. 

El cielo se veía triste, apagado, como si el sol hubiera decidido esconderse para siempre. Y mientras miro sobre mis hombros, noté que detrás de mí se levantaba una pared enorme, incapaz de ver desde donde comenzaba, ya que la primera vez no la noté, la siguiente si, con la expectación de ver que casi alcanza las gruesas nubes. 

De pronto, un sonido ensordecedor llamó mi atención, era como un chillido combinado con un tamboreo. Sin más señales de vida que dicho sonido, me enfrasco en su búsqueda. 

“¿Pero qué mierda?” 

Fue lo primero que pensé al ver mejor el páramo que me rodeaba. A grandes rasgos, una hilera de casas con un estilo rustico ubicadas frente a las vías del tren, las cuales se veían muy bien cuidadas en comparación al resto del paraje que se podía divisar a los alrededores, frente al mismo, se podía ver claramente como dos líneas de solares cubrían las vías del tren únicamente separadas por un simple camino de piedras, de los cuales cabe resaltar que los del otro lado de las vías se encontrabas casi vacíos, lejos de la ausencia de casas al igual que el lado en el cual me encontraba, solo se alcanzaba a ver uno que otro árbol viejo, además de un par de agujeros a lo lejos. 

Todo se sentía tan confuso, es como si yo mismo supiera que en esos lugares vacíos deberían estar ubicadas casas de materia muy similares a la que se encontraba detrás de mí en ese momento, pero no era así, y no me había percatado de eso hasta que volví a escuchar ese extraño sonido. 

En esa ocasión lo escuché mucho más cerca, tanto que sentí por un momento como perforaba mis propios oídos. Asustado y sorprendido, tape mis oídos y voltee a mi derecha, solo para ver como una casa de ladrillo se caía a pedazos. Fue sorprendente, alucínate, aterrador, fue un golpe de emociones lo que me despertó por un momento y me hizo darme cuenta de que algo no andaba bien. 

Y en un momento, solo un momento fue suficiente para ver como una silueta se asomaba entre la gran nube de polvo que cubría gran parte del área frente a mí, era una gran pared que tapaba por completo mi ángulo de visión. 

Una parte de mi quiso correr hacia la silueta, esperando que me pudiese ayudar, pero en lugar de correr hacia la nube de polvo, mis pies me arrastraron en la otra dirección, no me dieron tiempo para reaccionar. “¿Quizás un presentimiento? ¿O tal vez mi instinto de supervivencia diciéndome que algo andaba mal?” 

Fuese lo que me haya hecho correr en la dirección opuesta y no haber entrado nuevamente al elevador (lo cual hubiese sido la mejor opción), de igual forma fui retenido contra mi voluntad, mis brazos y piernas comenzaron a sentirse pesados, mi vista comenzó a nublarse, y ya no pude correr más. 

Lo siguiente que recuerdo de eso es desmayarme y soñar con voces que me gritaban cosas sin sentido, como; “Lo único que debes de saber, es que no sabemos nada”, “Yo solo fijo el blanco, el jalar el gatillo es opcional”, “¿Cómo lo sabrás si no lo intentas?”, “Este lugar es mío y me pertenece”, “Cierra los ojos y sueña un lugar mejor por mí, ¿Lo harás?” 

Nada de eso tenía sentido en ese momento, pero hay estaban, sonando en mi cabeza como si siempre hubieran estado ahí. Lo más sorprendente fue que al escuchar la última frase no pude evitar despertar de golpe, levitarme sobre mis rodillas y caer de dolor sobre mi trasero. 

—¿Estás bien? —Me pregunto un sujeto con un traje verde grisáceo, con un escudo con forma de rombo color guinda en su hombro derecho. También tenía cubierta la mitad inferior de la cara con un pañuelo negro y unos googles cubrían casi por completo sus ojos. 

—¿Por qué me duele la espalda? —Pregunté mientras intentaba mantener lo más recta posible mi espalda. 

—Lo siento mucho. Mi compañera creyó que eras un ‘pendejo’. —Me respondió él, mientras retiraba los googles y el pañuelo de su rostro, dejando ver claramente su expresión de vergüenza. 

—Oye, no me digas tan feo, que nos acabamos de conocer. —Comencé a decir mientras estiraba mi cuello y miraba a mi alrededor. Estaba en la parte trasera de una camioneta un poco oxidada. —A todo esto. ¿Puedes decirme donde me encuentro? 

—Claro, lo siento. ¿Tienes sed? —Pareció evadir la pregunta por un momento, cuando me ofreció una cantimplora con agua fresca, antes de continuar. —Uf. Pero mira mis modales. Olvide presentarme, mi nombre es Julio. Y la que te ataco es mi compañera, Eli. Pronto la conocerás, está recogiendo el metal antes de continuar con la siguiente zona. —Su forma de hablar me sorprendí muchísimo. Parecía que lo iban correteando, hablaba muy rápido. 

—Espera, espera, espera. Más despacio. ¿De que estas hablando? ¿Zonas? ¿Recolectando el metal? ¿Qué es todo eso? ¿En dónde estamos? —Seguí insistiendo con la esperanza de conseguir una respuesta. 

—Ah, por eso no te preocupes, seguimos en el sector 7G. —Dijo el sujeto mientras miraba su reloj, como si esperara algo importante. 

—Cabrón, espero y entiendas que no tengo ni puta idea de que estas hablando. —Le respondí con una expresión de molestia, bajando la cabeza y levantando la mirada. 

—Aguanta. ¿Qué acaso no eres otro recolector? —Hizo una pausa mientras hacía una expresión de sorpresa y confusión. —Juro que creí que habías perdido de tu caravana e intentaste robarnos algo. 

—AH, ¿Entonces por eso me atacaron? —Mi tono de voz cambio bruscamente al no entender nada de lo que estaba pasando a mi alrededor. 

—Él no te ataco, fui yo. —Llego una muchacha de cabello rosa cruzando desde el frente de la camioneta. Llevaba puesta la misma ropa que el sujeto, pero ella no llevaba ni los googles ni el pañuelo, ella solo llevaba una especie de filtro en la cabeza que cubría todo su rostro, pero dejaba por fuera su cabello color rosa. Por cierto, si no me equivoco, lo que llevaban puesto ambos era un overol de cuerpo completo, creo. 

—¿De dónde chingados saliste tú? —Pregunté un tanto sobresaltado por no haberla visto llegar, me asusté un poco, y el que dice un poco, dice un mucho. 

—Ya bájale maricón, no es para tanto. Mira, ¿Cómo estás? —Me preguntó la chica sin quitarse la máscara. Por el filtro de la máscara no se podía diferenciar bien el tono de voz de la chica, y mucho menos su edad, ya que no alcanzaba a distinguir su estatura desde arriba de la camioneta. 

—De la verga. ¿Acaso es mucho pedir que me digan dónde putas estoy y que pinche año es? 

—Sip, es mexicano. Julio, trae mi equipo, ya casi llenamos cuatro quintos del tanque, con eso es suficiente por esta semana. Tengo cosas que hacer, este maricón nos retrasará. —Comenzó a hablar como si yo no me encontrara hay con ellos, mientras tomaba mochilas y cosas que había en el suelo y se las arrojaba a su supuesto compañero. 

—¿Qué haremos con él entonces? —Le preguntó el sujeto a la chica mientras bajaba de la camioneta y comenzaba a subir maquina tras maquina sin mayor dificultad. 

—Lo dejaremos en un puesto de ‘guardianes’, que ellos se encargan de él. Nunca estuve tan cerca de encontrar el paradero de mi hermano, y no le perderé la pista solo por una piedra más. —“¿Qué verga se traen estos dos?” 

—¿Seguirán fingiendo que no estoy aquí? —Pregunté mientras me ponía de pie cerca de la orilla de la camioneta. 

—Cállate y atrapa esto. —Me dijo el sujeto justo antes de arrojarme una maleta llena de herramientas que yo en mi vida nunca había visto. La cual estaba un poco pesada, el tipo no parecía tener menos de 28 años, y aun así se veía en buena forma. Qué curioso. 

—A la verga, pesa un chingo esta madre. 

—Mira, no me interesa quien seas, cuando ella dice “Vámonos”, es porque nos vamos. —Termino de decir mientras subía la última mochila a la camioneta e iba a darle algo a la chica, parecía ser un bote de medicina, porque en cuanto él puso el bote en sus manos ella subió su máscara e ingirió el contenido del bote antes de volverse a colocar nuevamente la máscara en su lugar. O al menos quiero pensar que era algún tipo de medicamento. 

—Ya nos vamos, ponte esto, el aire frio es malo para los pulmones. —Dijo el sujeto justo después de regresar y al entregarme un pañuelo para cubrir mi boca. 

—¿Y porque no usamos una máscara de gas como ella? —Pregunté al ponerme el pañuelo cubriéndome boca y nariz. 

—Porque no es para tanto, así que siéntate y cállate. Hablas demasiado. 

—¿Y ahora que dije? 

Basto menos de un minuto para que todo el equipo que se encontraba esparcido por el suelo fuese recogido por el sujeto con la ayuda de la muchacha de dudosa procedencia.  

Fuera de eso, terminaron de guardar todo y rápidamente subieron a la camioneta, la chica conduciendo teniendo de copiloto a una mochila con grandes tubos saliendo de la misma, mientras que el sujeto subió a la parte trasera junto conmigo. 

—Listo, pregúntame lo que quieras. Tenemos una hora antes de llegar al ‘sumidero’ más cercano, hay descargaremos lo que no necesitemos y te dejaremos con alguien que se encargara de ti el resto de tu asquerosa vida, ¿Qué te parece? —No dejaba de sorprenderme la rapidez con la que pronunciaba palabras sin cesar este sujeto. 

—¿Okey? Me gustaría empezar con… ¿Qué es un ‘Sumidero’? 

—Verga. Realmente has vivido debajo de una piedra los últimos dos años. —Comenzó a decir el sujeto en lo que la camioneta avanzaba, con lo que casi se caen algunas cosas, por suerte el sujeto logro atraparlas sin mayor dificultad antes de volverlas a acomodar en su lugar.  

Los siguientes quinientos o mil metros fueron pura terracería antes de cruzar un puente que cruzaba un canal de riego enorme, me atrevería a decir que esa cosa media alrededor de unos quince metros o más de ancho, y ni habla de la distancia que recorría. 

Y mientras avanzábamos, el sujeto iba contándome algunas cosas interesantes, pero a la vez algo aterradoras y perturbadoras. Algunas veces le preguntaba, otras solo salían de él decirme. 

—Si dices no recordar nada de lo que está pasando, déjame darte la terrible noticia de que… estamos en guerra. —Hizo una pausa esperando mi reacción, pero realmente no sabía que esperar, y el hecho que me dijera que nos encontrábamos en medio de una guerra, por alguna razón no me sobresalto ni nada, solo me dejo un poco asombrado, pero nada más. 

—Aja, ¿Y? ¿Qué más? 

—¿Cómo qué “qué más”? 

—No lo sé, ¿Cómo comenzó la guerra? ¿Quién la va ganando? ¿Eso en que nos afecta a nosotros? ¿Es el petróleo el líquido más codiciado del mundo? ¿Aún existen los tacos de zuadero? No lo sé, tu dime. —En ese momento intentaba seguirle el ritmo al sujeto, pero su tono era incluso más rápido de lo que pude intentar. 

—Está bien. En contestación a tus preguntas. Fue un ataque contra Estados Unidos lo que comenzó la guerra. Y no, México no está en guerra tal cual, pero si sirve como puente para que otras naciones entren a Estados Unidos y saqueen sus tierras. A pesar de eso, a estas alturas ya no usamos el petróleo como fuente de combustible, claro, aun se usa para hacer uno que otro alimento, pero encontramos otras fuentes de energía más rendidoras, por así decirlo. Y por lo de los tacos, nunca había escuchado de esos tacos, ¿Realmente existen? 

—No lo sé, pero se me antoja una orden. —“¿Cómo puedo estar pensando en comida en un momento como este?” 

El tiempo paso volando, y me hablo de tantas cosas a la vez que me era difícil procesar y recordar todo lo que me decía al mismo tiempo. Comenzó a hablarme del inicio de la guerra y como eso influyo en el avance tecnológico de México. Que actualmente se encuentra algo así como dividido dentro de sus propias fronteras, no entendí muy bien esa parte. 

Lo que si pude entender es que nos encontrábamos en el estado de Sinaloa, y que la mayoría de estados del norte fueron devastados por las secuelas que dejaron los ataques contra los Estados Unidos, y que los estados de la materia y no sé qué chingados… Total, nadie está completo y nadie se salva de la santa muerte. Chingue su madre, ahí nos vemos. 

Algo que no pude evitar notar fue que a un costado del canal de riego que se encontraba a un lado de la carretera por donde transitábamos, había una serie de muros que se extendían a lo largo de la carretera, le pregunté a Julio sobre eso y me dijo que tras esos gruesos muros se encontraban grandes invernaderos. 

México posee en estos momentos unas de las tierras más fértiles que hay en todo el mundo, y la mayor parte de la comida del mundo sale de México, eso nos convierte en una potencia, y durante un largo año, se construyeron una serie de invernaderos a lo largo de miles de parcelas de cultivo, para evitar que ese mismo poder que fue creado para alzar a México, lo orillara a la orilla del acantilado una vez más. 

—Mira, tus historias están bien chidoris, pero de casualidad no tendrás por hay algo de comer, me muero de hambre. 

—Ya casi llegamos.  

—Wey… Siento que me voy a morir… Por favor… —“Me vale verga si estoy exagerando. Realmente tengo hambre, no he comido nada.” 

—Está bien, pero deja de quejarte. Esta es una barra de chocolate, la estaba guardando por si se me bajaba el azúcar, pero toma. Sabrá Dios cuanto tiempo llevaras sin comer. —Me dijo Julio mientras sacaba una barra de chocolate con nuez de un bolsillo de su mochila y me lo daba. 

—¿Eres diabético? 

—Problemas de la presión, por eso nadie quiere formar equipo conmigo, tiendo a volverme una carga para los demás a veces. Menos para esta idiota de aquí. A mi compañera tampoco es como que muchos quieran estar con ella, su mal humor y su baja estatura la hacen poco agradable a simple vista, pero es muy inteligente y sabe muy bien utilizar cualquier equipo que le presentes, siempre y cuando le hayas mostrado como funciona. Además, toca muy bien el violín, deberías escucharla… 

—¿Qué estás diciendo de mí, pedazo de basura? —De sorpresa, la chica abrió una ventanilla que se encontraba en la parte trasera de la cabina de la camioneta. 

—Solo estoy diciendo cosas buenas de ti, no te preocupes. 

—Acabo de escuchar que me llamaste chaparra y maleducada. 

—Yo no dije maleducada, dije ma-lu-mo-ra-da. 

—Ya decía yo que no te ibas a estar una pinche hora sin ninguna de tus pendejadas. —Le regañó la chica sin apartar la mirada del camino. 

—Pero si ni hice nada. 

—La cosa no está en que, si hiciste o no algo, está en lo que dijiste. —“Estos dos parecen pareja.” 

—Oigan, ya basta, consíganse un cuarto. —Dije, un poco harto de estarlos escuchando discutir. Mala idea, ya que la chica detuvo la camioneta de repente antes de decir. 

—¿Qué dijiste, pedazo de animal? 

—Te cagaste. —Dijo de golpe y seco Julio, mientras se acomodaba, ya que se encontraba recostado entre un par de maletas. 

—Bájate. —Comenzó a insistir ella, la muy desgraciada me obligo a que me bajara de la camioneta, y una vez abajo me grito. —¡HASTA NUNCA, FERNANDO! 

—Verga, ahora si la cague. —Me había dejado en medio de una calle por la cual no transitaban autos, si no buscaba una forma de llegar a la civilización pronto, pensé que moriría de hambre. “Bueno, al menos aún tenía la barra de chocolate.” —Espera un minuto… 

“¿En qué momento les dije mi nombre?” 

Y ahí fue cuando me di cuenta que nunca le había dicho mi nombre a ninguno de los dos, “¿Cómo sabía mi nombre? ¿Me habrá reconocido? Y si fue así, ¿Por qué no me lo dijo? Algo no me cuadra… ¿Realmente ese es mi nombre?” 

Me comenzó a doler la cabeza, así que mejor me senté en el suelo un rato, el aire se sentía pesado, áspero, con un toque picante. Miré atentamente mi alrededor, pero solo veía la carretera frente a mí, a la derecha de la misma estaba una gigantesca pared, la misma que llevaba viendo unos minutos, del otro lado de la carretera y atrás de mí, se encontraba el canal de riego, y mirando más atentamente, se podía distinguir que el agua no se encontraba en muy buen estado, no sé de donde, pero yo recuerdo el agua de un color un tanto más verdoso, acercándose a marrón, pero el color del agua que se encontraba rodando por el canal tenía una coloración más oscura de lo normal, casi llegando a parecer alquitrán. 

Resignado, me recosté en el suelo a un costado de la carretera, tomé la barra de chocolate que Julio me había dado hace menos de dos minutos y le di un mordisco, luego deje caer el brazo con el que sostenía la barra sobre la carretera, miré las nubes y me pregunte qué horas del día podrían ser. “Me gusta esta oscuridad tenue… Que pacifico… Todo.” 

No pasó mucho tiempo para que escuchara un motor acerarse de la misma dirección por la cual se habían ido los sujetos que acababa de conocer, y afortunadamente no estaba equivocado, era una especie de camión urbano, pero con ciertas codificaciones. No podía verlo bien desde la distancia a la que me encontraba, pero se veía grande, no me levanté hasta que lo tenía frente a mí, y cuando se detuvo me sorprendí al ver que el conductor no era nada más y nada menos que una chica, de unos 16 a 17 años calculo yo, pelirroja, por cierto. 

—¿Y ustedes quiénes son? —Pregunte sin levantarme del suelo. 

—Nos dijeron que había un idiota en medio de la calle comiendo una barra de chocolate. Nunca creí que sería tan literal. —Contestó una muchacha desde una de las ventanas ubicadas a un costado del camión, se veía tan irritante comiendo una paleta que puse los ojos en blanco por unos segundos antes de que ella continuara. —¿Vas a subir? ¿O prefieres esperar a que caiga la noche para acampar en la oscuridad?  

—¿Así que oscurecerá aún más? —Pregunté mientras me ponía de pie y sacudía mi pantalón, mientras terminaba con la barra de chocolate que me había dado Julio minutos antes. 

—Solo sube. —Terminó de decir una vez más la chica de la ventana, aunque ni tan chica, claro que cuando entre al camión y la mire de pie, podía ver claramente que era unos 15 centímetros más chapita que yo, pero por el resto se veía algo madura, tenía una cara y cuerpo que la hacía ver de unos 23 o 25 años, además llevaba puesta una especie de gabardina que le llegaba a las rodillas, debajo de la cual llevaba un par de pantalones.  

—Mucho gusto, soy Fernando. O eso creo. —Me presenté extendiendo la mano a la chica de la ventana mientras la otra encendía el camión y se preparaba para dar la vuelta. 

—¿Eso crees? Que feo tu caso. Pero bueno. Debemos irnos. Siéntate donde puedas, no toques nada y ajústate el cinturón porque se nos hace tarde. —Me sorprendió la manera tan pausada de pronunciar palabras de esta chica, parecía no haber dormido en días. “Casi parece un panda con tamañas ojeras.” 

—¿Tarde para qué? —Pregunté mientras me ponía el cinturón de seguridad. 

—Cerramos las puertas a las 6 en punto. —Aclaró. 

—Espera. ¿A las 6 de la tarde?  

—Sep, si no, estamos en riesgo de ser saqueados por la falta de luz que hay. 

Me acababa de decir que eran menos de las 5 de la tarde y ya estaba extremadamente oscuro, “¿Será que el horario está mal?, ¿O talvez será que las espesas nubes que cubren el cielo son tan gruesas que limitan la cantidad de luz que llega a la tierra? Y si es así. ¿Qué tanta superficie cubre estas nubes?”


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