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Primer capítulo

                                               Los mellizos Yema

 

            Para el fútbol de los mas chicos el Club , el Social y Deportivo Triángulo , no tenía categorías infantiles , aunque a veces organizaba torneos en la canchita de básquet de la sede de la calle Amenábar con arcos de caño dispuestos bajo los tableros.

El juego y la enseñanza para los pibes se aplicaba en agrupaciones o “escuelitas” que todos conocían como de “baby fútbol” y pronunciado no como con el correcto inglés con el “ei” sino como se escribe  , “babi” ; y que se identificaban , a pesar de tener su nombre oficial , por el apellido del “manager” , para seguir con las palabras yanquis , o director , o dueño si se quiere.

En aquella época había dos , el Sportivo Triángulo , la de Foressi ; y el Defensores de Triángulo , la de Yema , y por supuesto siendo del mismo barrio la rivalidad era natural y lógica. Allí se formaba el semillero del Club , y cuando los pibes destacados tenían edad y contextura física , entraban a la reserva del  Deportivo , según también el “ojo” del técnico Don Rivero , del Viejo Cremona o , a veces , por “indicación” de algún miembro de la Comisión Directiva.

Foressi y Yema habían creado las escuelitas mas que nada por sus hijos , herederos de la pasión futbolística de sus padres y necesitados de desarrollar sus virtudes.

Foressi tenía tres hijos varones  ; Roberto , el Tito ; Jorge , y el mas chico , Juan Carlos. Por los tiempos en que yo caí al barrio , tendrían mas o menos , 12 , 10  y  6 años respectivamente , y los tres jugaban muy bien , aunque el que mas se destacaba era el Tito , pero , por esas cosas del destino , por problemas de familia que nunca supimos bien ,, cuando estaba ya casi para jugar en la reserva se fue con la madre a otro barrio , a vivir con sus abuelos y nunca mas volvió ; así que a los que mas conocí fueron a los dos menores. El Gringo Foressi , como le decían todos , tenía una gomería y allí laburaban los tres pibes después de la escuela , el Tito hasta que se fue y los otros dos , incluso el mas chiquito ,gurrumín y todo , ayudaba alcanzando herramientas y haciendo mandados. El Gringo era un tipo duro , muy laburante y a los pibes los tenía bien , aunque no dudaba en descargar algún mamporro si alguno se mandaba una cagada o una travesura ; pero los mandaba a la escuela y siempre andaban bien vestidos y bien alimentados. Físicamente salían al viejo , eran rubios , morrudos , cachetes colorados , el mas chico medio pecoso y sacando al Tito que era el habilidoso , los otros dos se destacaban por la fuerza y la garra, aunque también jugaban bastante bien.

Usaban camisetas amarillas con números rojos y tenían la canchita atrás de la escuela Fray Mamerto Esquiú , al final del barrio ; mas allá era todo quintas y baldíos.

La otra escuelita era la de Yema.

Don Yema era un tipo ya mayor , de mas de sesenta años , dueño de una forrajería y muy laburante , que tenía tres hijos , Andrés de su primer matrimonio del cuál había enviudado , y otros dos ,  de su segunda esposa.

Los dos mas chicos eran mellizos , Alberto y Mauricio , aunque todos los conocían como los mellizos Yema , y a diferencia de los Foressi , nunca estaban en la forrajería , solamente el mayor , Andrés , ayudaba al viejo Yema ; los mellizos iban a la escuela y nada mas.

Del tema fútbol se ocupaba el hermano mayor , aunque el viejo Yema iba a casi todos los partidos y a los mellizos los trataba bastante mal. Es que los hermanitos Yema no habían nacido para el deporte , eran muy malos , “pataduras” , como se decía por aquél entonces , y sólo se justificaba su presencia en el equipo porque el padre era el dueño.

Pero además , tenían una particularidad entre graciosa y trágica , como se comprobaría en el futuro; los dos tenían tics , si , tics nerviosos que se habían convertido en característicos , en señales indelebles de sus personalidades y que les valían las cargadas de todos salvo cuando estaban el Andrés o el padre , a los que no les hacía ninguna gracia , a pesar de que ellos mismos los verdugueaban de lo lindo.

Alberto pestañeaba continuamente , abría y cerraba los ojos a toda velocidad y cuánto mas nervioso estaba , mas rápido movía los párpados , y ni hablar cuando el padre lo retaba.

Lo de Mauricio era peor , tenía un defecto , porque mas que tic parecía una anormalidad física , que consistía en levantar la cabeza estirando el cuello al mismo tiempo que arqueaba las cejas hacia arriba y miraba hacia lo alto con lo que los ojos se le quedaban casi en blanco , y a la vez emitía un ruido como de grajeo , como de moco sorbido , no sé , algo difícil de describir , pero era lo mas parecido a un pavo que yo haya visto , y el sonido era como el graznido característico de esas aves que por parecer tontas reciben ese nombre que se traslada a los humanos no muy brillantes.

Realmente causaba mucha gracia sobre todo cuando en los estados de mayor nerviosismo empezaba a graznar como esos bichos ; pero la verdad es que llegaba un momento en que el propio observador se ponía mas nervioso , impaciente , y daban ganas de agarrarle la cabeza y  dejársela quieta. Incluso los tics le agarraban cuando jugaba a la pelota , ¡pobre Mauricio! , no lo podía controlar y estar al lado de él en un corner o esperando un centro y ver como pedía la pelota entre graznidos hacía muy difícil la concentración y había que contenerse para no empezar a cagarse de la risa y había veces que terminaban todos tentados , ¡hasta el árbitro!. Si hasta tenía que intervenir el viejo Yema a las puteadas contra todos , y hubo ocasiones en que tuvo que sacarlo de la cancha porque al ponerse mas nervioso , graznaba cada vez mas fuerte y mas seguido y no podía ni moverse.

Entre sí eran muy parecidos aunque no eran gemelos ; Alberto era un poco mas petiso pero los dos eran flaquitos , esmirriados , pelo negro con el mismo mechón sobre la frente. Mauricio tenía los labios mas gruesos , quizás de tanto agitarlos en los graznidos, y era mas orejón y con la cara mas como alargada. Los dos eran bien blancos , casi pálidos y con los pantaloncitos de fútbol que les quedaban grandes y las patitas flaquitas sobresaliendo abajo , eran muy cómicos ¡y encima con los tics!.

Nunca los vi pelearse entre ellos , y el Alberto siempre estaba protegiéndolo al Mauricio que era quien se ligaba las mayores gastadas.

Pero nunca faltaban al equipo de Don Yema. Usaban camisetas de color blanco con números celestes y la canchita se improvisaba cruzada en la cancha grande del Club frente a la escuela 394.

Por una cuestión de cercanía , cuando me mudé , me incorporé al equipo de los mellizos , así que viví bastante de cerca las historias y anécdotas de semejantes personajes.

 

Estos pibes , además de sus rarezas fisiológicas eran como misteriosos y muy sufridos. No iban a las escuelas del barrio , los mandaban a los Hermanos Maristas , en el centro y sólo salían de su casa para ir al cole , a las prácticas y a los partidos , y siempre acompañados por el hermano mayor o el padre. No salían a jugar ni se integraban con los pibes ni de la propia cuadra en que vivían ; ni siquiera salían a la vereda.

Por lo poco que podíamos hablar en las prácticas , el Viejo Yema los tenía recagando y alguna vez a alguno de ellos se le escapó que también la solía ligar la madre , a quién tampoco se la veía mucho en la calle , si casi ni iba a hacer las compras. Se notaba en los dos , pero sobre todo en Alberto , un resentimiento , una bronca contenida hacia el padre y el hermano mayor que también los trataba bastante mal. Incluso alguna vez los vimos aparecer con golpes y moretones , señal de que se habían ligado alguna biaba , pero nunca acusaron ni dijeron nada.

Y para el fútbol eran malos , definitivamente. Los ponían arriba , de delanteros , porque en la defensa eran un peligro , igualmente a esa edad los partidos eran de cinco con arquero incluido y  a veces, muy contadas , de siete , en algún que otro torneo  ; así que todos corrían por todos lados.

Cuando me incorporé al equipo ya estaban el Cabezón Paredes , el Huesito Espósito , el Fermín Gutiérrez y el Curly Baudino , además de los mellizos , por supuesto. Los únicos que tenían algo de idea eran el Cabezón y el Hueso. El Fermín iba porque en la casa no lo aguantaban , era hiperquinético e inestable y lo mandaban para que gastara energías pero era imposible hacerle cumplir una tarea , una marca o quedarse en un puesto , corría y corría sin parar , sin ton ni son y a veces ni siquiera atrás de la pelota , un verdadero loquito como le decíamos. Era chiquito y flaquito pero tenía una fuerza tremenda y metía cada patadones que había que estar permanentemente parándolo y retándolo.

El Curly era el típico gordito al que no le queda otra que ir al arco , muy pesado , poco ágil e incluso medio caído del catre , y lo rapaban siempre , de ahí el sobrenombre que lo asociaba con el personaje de Los Tres Chiflados. Por ahí , a veces , atajaba bien , pero en el mismo partido era capaz de las tonterías mas grandes y daban ganas de matarlo.

Así que el panorama que encontré no era el mejor y ni el Andrés ni el Viejo Yema enseñaban mucho , a las prácticas nos llevaban en la camioneta de la forrajería , nos largaban en la canchita y nos dejaban que corriéramos y nada mas , y en los partidos , las indicaciones eran mas que precarias , siempre nos ponían al Huesito , al Cabezón o a mí abajo , a sacar todo como pudiéramos , y arriba dejaban a los mellizos para que les tirásemos la pelota a ver si podían hacer algo ; ¡Já! ¡ni que fueran Pelé o Maradona!, pobrecitos , si pelota que por casualidad pescaban , o la perdían , o se caían solos y era un milagro si les salía algún tiro ,  no digo para el arco , mas o menos para adelante!. Y encima cuanto mas se equivocaban mas nerviosos se ponían y mas tics les agarraban , ¡mamita! , eran de terror , con el Huesito no sabíamos si reír o llorar. Pero bueno , estaba en un equipo , con la camiseta número 3 y jugando algún que otro torneo ; y a esa edad y en ese entorno , era mas que suficiente para ser feliz.

 

En los torneos en que participábamos eran mas las derrotas que las victorias y ni hablar contra el equipo de Foressi , nos tenían de hijos , ellos tenían pibes que jugaban muy bien y siempre nos ganaban.

Pero también tuvimos , aunque poquitos , nuestros momentos de gloria.

Al principio , apenas llegué , no daba pié con bola , no agarraba una y en los primeros partidos nos comimos un par de goleadas memorables ; pero de a poco fui mejorando , sobre todo cuando jugaba con el Huesito , ya que el flaco tenía la habilidad de anticiparse a las jugadas y me ubicaba bien y así rendía mucho mas.

Hacia fin de año el club Villa Urquiza organizó un torneo de babi en sus instalaciones de la calle Teniente Agnetta , o sea para nosotros , bien en territorio enemigo , ya que la rivalidad entre los barrios era histórica.

Era un torneo infantil que abarcaba dos o tres categorías y que se jugaba en la cancha de básquet con piso de mosaico y arcos de caño ; se desarrollaba entre sábado y domingo y era de cinco , cuatro y el arquero. Ese fin de semana el cabezón Paredes no podía ir , así que formamos con el gordo Curly al arco , el Huesito y yo en la defensa , y adelante los mellizos.. al Fermín lo llevaron por las dudas pero se la pasó haciendo quilombo en el barrio , en el Club , en los baños , en la cancha , en la vereda , ¡que pendejo insoportable!

El sábado jugamos dos partidos , uno a la mañana y uno a la tarde , era por eliminación simple , el que perdía ,¡chau!.

A la mañana nos tocó contra un equipo peor que el nuestro ,– y eso era mucho decir- , y les ganamos dos a cero con un gol del Huesito y uno del mellizo Mauricio que ni él mismo podía creer.

El triunfo nos dio un poquito de confianza y a la tarde jugamos contra un equipo mejor pero nada del otro mundo ; el Huesito y yo les agarramos la vuelta a los delanteros que eran chiquitos y encima tenían un arquerito que era bastante malo , ¡pobrecito! , se hizo tres goles él sólo , uno se les escapó de las manos la pelota y fue adentro  , dos de rebote que no contuvo y que empujó el mellizo Alberto , y otra vez el Mauricio hizo un gol , empujando sobre la línea un pase atrás de un defensor que se la quiso dar al arquero y le salió al arco , estaba eufórico y casi ni graznaba. El Alberto parpadeaba mas que de costumbre , no sabíamos si era por envidia al hermano o porque no podía creer lo que estaba pasando. Ganamos 4 a 2 con un par de cagadas del Curly y pasamos a la semifinal el domingo a la mañana. Nos tocó por suerte el equipo mas débil , Belgrano , ya que en la otra semifinal se enfrentaban el favorito , el local Villa Urquiza y el equipo de Foressi.

Jugamos primero nosotros y la verdad es que anduvimos bastante bien , los controlamos todo el partido , el gordo Curly no se mandó ninguna de las suyas y con dos goles , uno del Huesito de cabeza y otro del mellizo Alberto después de un rebote , ganamos 2 a 1 ,¡estábamos en la final! , ¡que grande! , festejábamos como si fuera la final del mundo , pero cuando vimos el otro partido se nos cayó el alma al piso , ¡eran dos equipazos! , jugaron un partido bárbaro , ganó Villa Urquiza 5 a 3 por suerte para nosotros porque perder la final contra Foressi hubiera sido terrible , en cambio contra el local , no era tan grave. Para ellos fue como la final anticipada ya que a nosotros nos consideraban un simple trámite , pero, no sé si fue porque se confiaron , que quedaron exhaustos después de ese partido contra Foressi o que los dioses estaban con nosotros ; la cosa fue que la historia fue muy distinta a como se la imaginaban.

 

De entrada por supuesto empezaron a dominar y a pelotearnos pero por suerte no con mucha puntería y siempre algún rebote , una pierna salvadora y oportuna o el gordo Curly que estaba mas que inspirado nos mantenían el cero a cero. Pasaron los primeros treinta minutos – se jugaban treinta y treinta- y ya en el segundo tiempo les agarró el apuro , se vinieron con todo , nos metimos todos atrás y aguantamos , la gente se agarraba la cabeza , era increíble los goles que se erraron , la pelota no quería entrar , ni nosotros podíamos creer como nos salvábamos ; y mas pasaban los minutos mas nerviosos se ponían y todo les salía mal. El gordo Curly ya era una barrera , sacaba todo.

Faltando cinco minutos en un saque de arco el Curly me la da cortita , aún adentro del área y de ahí nomás saqué un zurdazo que en realidad era para tirarla lo mas lejos posible , si ya se me venían al humo! ; la cosa es que salió un balazo terrible que se clavó en el ángulo del atónito arquerito que casi no la había tocado en todo el partido , un negrito al que le decían Mingo y que atajaba muy bien pese a la altura . ¡Que golazo! , nadie lo podía creer ,yo no había reaccionado hasta que se me tiraron todos encima para festejar. Los últimos minutos fueron para el infarto , hubo un par de pelotas que no entraron por puro milagro , si , ese día Dios jugó para nosotros.

El final fue apoteótico , ganamos 1 a 0 y salimos campeones , me llevaron en andas hasta mi casa y hasta mi viejo me felicitó!. Nos dieron una copita que se quedó Yema y una medallita para cada uno . La mía todavía la tengo.

 

Ese “campeonato” nos hizo ganar el respeto de muchos , ya no nos miraban como el equipo de los “aparatos” y al siguiente año , después de un comienzo en que volvimos a nuestra costumbre de derrotas , cagadas del Curly y errores grotescos de los mellizos con las correspondientes cagadas a pedo del padre y el hermano ; en el torneo del 9 de julio que organizó la escuela Fray Mamerto Esquiú , dimos otro batacazo.

Los de Foressi eran locales , si esa era la canchita de ellos ; así que tenían todo a favor y encima , el primer partido era contra nosotros , ¡ya se estaban relamiendo!. Era un torneo de un día , se jugó un domingo que hizo un frío terrible , nos tocó a las 9 de la mañana y todavía había helada.

Como era de esperar , antes de los quince minutos el gordo Curly ya se había mandado un cagadón y perdíamos uno a cero , y nos seguían dominando y peloteando , y hasta nos gozaban!. El segundo tiempo pintaba peor y no sé si fue por vergüenza de perder con el rival de siempre o que el Mauricio graznaba mas que nunca y jugaba tan horrible que todos lo cargaban , que el viejo Yema lo sacó y lo puso al Cabezón Paredes , seguimos el Huesito y yo abajo y el mellizo Alberto boyando. Se lo empezamos a emparejar un poco y faltando diez minutos el Cabezón se mandó una jugada bárbara y empatamos. Medio que se empezaron a preocupar y trataron de ponerse en ventaja de nuevo , y ahí el viejo Yema hizo una jugada maestra , lo sacó al Alberto y lo metió al Fermín. El loquito entró como una tromba , los corría a todos , los agarraba de la camiseta , se les colgaba  -tuvieran o no la pelota- , les tiraba de los pelos ,¡una cosa de locos! , ni nosotros sabíamos como pararlo ; el referí era uno de la Cooperadora de la escuela y lo amenazaba con echarlo pero el Fermín seguía como un trompo enloquecido saltando y corriendo y al final embarulló tanto todo que desorientó a los de Foressi que no sabían que hacer , se desorganizaron y el  Jorge lo corría al loquito para matarlo porque le había dado un patadón impresionante de atrás que el referí no vió – si la pelota andaba por otro lado-. En el despelote general , el mas vivo fue el Huesito , en un lateral que tenía que hacer yo , mientras el Fermín corría , saltaba y les gritaba cosas a todos , me la pidió adelante , casi al área y madrugándolo al arquerito de ellos se las mandó a guardar, ¡Gol! , ¡que locura! Los de Foressi no entendían nada , el Fermín seguía zumbándoles a todos como una abeja enloquecida mientras nosotros festejábamos lo imposible. Ellos querían empatar a toda costa y el Fermín no los dejaba sacar , les tocaba la pelota y se la llevaba con las manos , era un caos. Al final el referí lo echó y el Andrés se lo tuvo que llevar alzado y sujetándolo a duras penas. El referí – se veía que estaba podrido- , lo terminó casi ahí nomás , el gordo Curly paró un último pelotazo del Juan Carlos con la panza y se quedó tendido como si le hubieran pegado un tiro , medio groggy , y ¡chau! , se terminó , ¡que locura! , los de Foressi nos querían matar , le reclamaban al referí que el loquito no los había dejado jugar , que adicionara tiempo ; nada , a otra cosa mariposa! , les ganamos 2 a 1 y tuvieron que intervenir los grandes si no se armaba, incluso el viejo Foressi lo quería pelear al viejo Yema porque decía que había hecho trampa , claro ¡ era la primera vez que les ganábamos, y en su propia cancha!, ¡uy , como estaban! , para nosotros fue glorioso.

Después el siguiente partido perdimos y quedamos afuera y el torneo lo ganó un equipo que habían formado en la escuela y donde jugaban los hijos de los de la Cooperadora ,uuhmmmm , en fin ; a nosotros no nos importaba nada , le habíamos ganado a Foressi!!! , como estaríamos todos contentos que hasta el viejo Yema y el Andrés abrazaban a los mellizos!

 

Seguí un par de años mas con los Yema hasta que al final me cansé de tanto perder y sobre todo de ver tanto maltrato del Andrés y Don Yema a los mellizos , a nosotros nunca nos trataron mal salvo algún reto por alguna macana , mas que nada al Curly y los infructuosos intentos de encauzar al Fermín ; pero a esos dos pibes les daban con un caño , incluso alguna vez lo fajaron al Mauricio delante de todos , pobre Mauricio , graznaba y graznaba inconteniblemente mezclando el tic con llanto y los mocos y las lágrimas que le caían por toda la cara , parecía que se iba a descomponer.

El Huesito se fue del barrio porque el padre era militar y le habían cambiado el destino , y el Cabezón Paredes también dejó de ir , así que el equipo de los Yema terminó por desaparecer , pero la historia de los mellizos no iba a culminar nada bien.

Después de salir del equipo casi no los veía , seguían yendo a la escuela del centro y nunca andaban por la calle , y tampoco se los veía por el negocio del padre.

Unos años mas tarde , yo tendría unos quince o dieciséis , me lo encontré al Alberto en la librería de Doña Juana , había ido a comprar cosas para la escuela y nos pusimos a charlar un rato. Estaba mas grande , alto , pero seguía flaco y blanco como la leche , el tic todavía lo tenía y me contó que el Mauricio estaba cada vez peor , en él el defecto era casi permanente y hasta la había traído problemas en la escuela. Según el Alberto , la culpa era del padre y del Andrés , que se ensañaban con el pobre chico , lo despreciaban , lo castigaban e incluso le pegaban una biabas tremendas. Me contaba que él mismo y hasta la madre se habían metido alguna vez a defenderlo , ¡para qué! , la ligaron ellos también. Lo noté muy resentido , con mucho odio ; también se quejaba de que no le daban participación en el negocio familiar –que dicho sea de paso andaba cada vez mejor- , y tenía que estar mendigándoles monedas al viejo o al Andrés para poder comprarse algo. A decir verdad , de chicos siempre se los había visto mal entrazados , pobretones , nunca les ví estrenar zapatillas o ropa , pobres pibes!.

Nos despedimos aquél día con la insistencia de mi parte de que salieran más , de que se unieran a la barra , pero él decía que no los dejaban y no quería desafiar al viejo para no tener quilombo , y más sabiendo que se la iban a  agarrar con el Mauricio.

Desde ese día no los vi nunca mas y nadie en el barrio habló de ellos hasta aquella fatídica tarde de la nochebuena del 77.

Yo ya me había ido del barrio , así que me enteré de los detalles por los diarios y por lo que le había contado a mi vieja una de las vecinas con las que todavía se carteaba.

 

Esa tarde , ya sin clientes , el Andrés y el viejo Yema estaban cerrando la forrajería y contando el dinero de la que había sido una buena semana , solían guardar todo en una caja fuerte que tenían empotrada en la pared , medio escondida atrás de un almanaque grande. En eso , por la puerta de atrás que daba al galpón , entraron dos tipos con pasamontañas , uno de ellos armado con un revolver. Casi sin decir palabra , uno de los chorros encañonó a los dos sorprendidos Yema mientras el otro , bolsa en mano iba hacia la caja  a retirar el botín. El del arma daba órdenes precisas y escuetas con voz impostada y mantenía reducidas  en un rincón a las dos víctimas , el otro , silenciosamente cargaba el dinero ; tenían como un cierto conocimiento o familiaridad con el lugar y las circunstancias y fue así que el Andrés empezó a sospechar. En un descuido del que portaba el arma se dirigió al que guardaba la guita increpándolo desde atrás sorpresivamente. Los nervios , el miedo , la inexperiencia y el grito inesperado le jugaron una mala pasada al caco que giró asustado dejando escapar un sonido de graznido único , inocultable , inconfundible. Si , ¡era el Mauricio! , eran los dos hermanos que hartos de sufrir desprecios y humillaciones ; dolor , penuria y sometimiento , habían planeado el robo a su propio padre. Por supuesto que tanto el Andrés como Don Yema reconocieron al instante el particular sonido y rabiosos , furiosos ; reaccionaron violentamente.

-¡Hijos de puta! , ¡ustedes! ,¡desagradecidos de mierda!- , gritaba Don Yema.

El Andrés , lanzando una carcajada despreciativa , humillante , gritó:

-¡Ni para eso sirven, idiotas, mogólicos!- , y se abalanzó sobre el Mauricio que se había quedado paralizado todavía con la bolsa con la plata adentro en la mano.

Fue demasiado para el Alberto. Seguramente tantos años de padecimiento , de sufrimiento , de rabia contenida , de vergüenza ; hicieron eclosión en ese instante.

El primer disparo lo alcanzó al Andrés en la espalda a la altura del corazón  y lo arrojó sobre el escritorio herido mortalmente , antes de caer al piso ya estaba muerto. El Alberto giró el arma y le apuntó a su padre , quien , todavía en el piso , se dio cuenta de la irreversible decisión de su hijo y solo atinó a decir :

-¡No! ,¡por favor! ,¡no!-.

La bala le entró por un ojo abriéndole la carne como una flor roja y la sangre empezó a salir en borbotones. El segundo proyectil entró casi en el mismo lugar salpicando sangre y pedazos de carne para todos lados.

El Mauricio se había dejado caer y acurrucado contra la pared graznaba y lloraba  inconteniblemente. Con el revolver todavía humeante , el Alberto se acercó hasta el cuerpo inerte , caído del Andrés y le descerrajó otro balazo que dio de lleno en la nuca. Recién ahí dejó caer el revolver y se arrodilló para consolar a su hermano.

La policía los encontró abrazados , el Mauricio totalmente desencajado e incontrolable y el Alberto acariciándole la cabeza tratando de calmarlo. Estaba muy tranquilo , como si se hubiese sacado de encima todos los demonios.

La madre que apareció al oír los disparos había sufrido un ataque de nervios y yacía desmayada en la puerta de entrada.

 

El Mauricio estuvo un tiempo preso pero lo declararon inimputable , lo internaron un tiempo en un psiquiátrico y completamente desahuciado se lo dieron a la madre para que se hiciese cargo. Nunca mas salió  de su casa y dicen que quedó como un bebé , con el tic recurrente e irrecuperable.

Al Alberto le dieron treinta años. Los cumple en Coronda y dicen que es un preso modelo y quizás le reduzcan algo la condena y pueda salir algunos años antes.

A él , el tic , no le volvió a agarrar nunca más.

 


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