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Libros publicados

 

Primer capítulo

LA SAGRADA FAMILIA

 

Autor: David Castells Angelet

Primera edición en catalán: Noviembre de 2020

Segunda edición en español: Noviembre de 2020

 

PRÓLOGO

 

Hola, otra vez, que tal? Vuelvo a publicar un libro, esta vez no solo me he basado en hechos reales sino que he dejado correr la imaginación. Creo conscientemente que el escritor tiene el deber no solo de explicar la no ficción sino que también tiene que adelantarse a ella, yendo más lejos donde los sueños se hacen realidad.

 

La historia que voy a explicaros tiene una parte muy triste pero no es un mundo de ficción, esto pasa, esto es terriblemente real y mis palabras espero que un día sean escuchadas para que el ser humano reaccione y ayude a los niños que están solos en el mundo, a estas víctimas inocentes que no deberían de existir de esta manera nunca y a ningún lugar de la Tierra.

 

Sabéis que puede soñar un niño que está solo? Estos pobres Hijos de Dios no pueden descansar ni cuando duermen. Es tan triste su situación que todo el tercer mundo llora por sus niños incapaces de encontrar una solución. Son tan pobres que lo único que pueden sentir es impotencia preguntándose si Dios está con ellos.

 

Y deciros que Dios no solo está con ellos sino también que está desesperado y no acepta de ninguna de las maneras el destino que estos niños se han encontrado. No se puede salvar estos países de repente pero los adultos tienen la obligación de encontrar una solución y ayudarlos. Pero todo este mundo está inmerso en el instinto de supervivencia y con una avaricia que parece que las enseñanzas de los maestros de todos los tiempos no hayan servido de nada. Actualmente la mayoría del ser humano no está unido y los desborda un sentimiento de egoísmo que los corrompe. Este es el sistema actual que reina en el mundo.

 

Hay Organizaciones No Gubernamentales que hacen grandes adelantos y sacrificios para llegar a estos niños pero están desbordadas, el problema es tan grave que estas organizaciones no pueden llegar a todas las necesidades y están muy faltas de recursos aún para encontrar una solución mundial.

En este libro haciendo correr la imaginación se propone una solución definitiva y es que los países del primer mundo asuman la responsabilidad de todos sus hijos en este mundo.

 

El ser humano tiene muchas características que este instinto de supervivencia, el ser humano siente amor, ternura y buena voluntad también y todos los compositores de música del mundo lo demuestran pero en estos momentos parece que estos sentimientos sean solo para unos escogidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTROCCIÓN

 

Y Dani se levantó sudado. Otra pesadilla interrumpía su descanso en el suelo de la gran ciudad. Volvía a soñar con su madre muerta. Volvía a soñar cuando se quedó solo en este mundo. A su padre no lo conoció nunca. Le esperaba otro día inmerso en la miseria de pedir caridad entre coches y polución. A veces tenía suerte y podía comer un poco, a veces no. Pero no penséis que Dani estaba solo, tenía amigos en situaciones similares y se sentaban en el suelo como él esperando las almas caritativas. Estos Hijos de Dios se paraban un momento en medio de su estrés diario para ayudar puntualmente a estos niños aunque sintieran una profunda tristeza por el espectáculo que veían y se sentían sobrecogidos de un sentimiento de impotencia. Era terrible ver que no podían ayudar a estos niños solo con unos céntimos para llenar su estómago vacío. Pero así es el tercer mundo, lleno de almas no escuchadas que se enfrentan a una realidad insoportable para cualquier corazón. Algunos se endurecían, otros también.

Nosotros, primer mundo, les enseñamos la palabra de Dios, les dijimos amaros, les dijimos sed limpios de corazón pero la triste realidad es que a ellos les parecía que Dios solo estaba en el primer mundo porque a lo que tenían que plantar cara ellos era la horrorosa desesperanza que vivían estos niños. El mundo está hecho así, algunos tienen suerte y otros no.

Pero no quiero desviarme del argumento olvidando a sus protagonistas. Dani tenía 10 años y ya llevaba dos años solo, sin familia, con muy pocos conocimientos, sin una posible educación, sintiéndose abandonado y con miedo. Miedo de morir. Miedo de vivir.

No os penséis que Dani no era un niño inteligente, si hubiera podido ir a la escuela seguro que hubiera destacado por su inteligencia, pero el destino lo traicionó y se quedó sin problemas matemáticos que resolver y con un gran sentimiento de vacío que le hacía pensar solo en poder comer aquel día. Él no entendía nada. Por la calle pasaban otros niños cogidos de la mano de sus padres y les veía jugar y reír.

Dani no tenía fuerzas ya para jugar y observaba a estos niños con un saludable sentimiento de tristeza y envidia. Encontraba a faltar a su madre. Se acordaba de cuando ella estaba con él y agradecía haber podido vivir con ella durante ocho años, suerte que no tuvieron los niños que estaban a su alrededor. Si, Dani fue rescatado por sus amigos a los que nadie enseñó que era el amor y que ya de muy pequeños se encontraron en la calle. Pero milagrosamente expresaban amor y piedad por aquel niño que buscaba en la inmensidad a su madre perdida. No había consuelo para Dani pero tenía la compañía de estos niños.

Había niños más pequeños que él y otros de mayores. Todos sin educación y un amor que los cuidasen. Todos sucios de la calle, todos solos sin saber hacer nada. Solo esperar los céntimos que iban cayendo a sus manos para poder comer aquel día. Su mirada estaba vacía y expresaba un dolor que solo deberían sentir los adultos, si hay alguien que se merezca esta decadencia. Había niños que se morían de hambre, de enfermedades, de pena y soledad. Dani estaba también cerca del precipicio de la vida, no tenía esperanzas de sobrevivir, ni por él ni por sus compañeros.

Dani se parecía a su madre y tenía un corazón que cuando comía era siempre y cuando sus compañeros también podían hacerlo. Era un grupo de cinco niños. Dani de 10 años, Ismael de 9 años, Laura de 8 años, Silvia de 12 años y Ricardo de 14 años. Juntos pedían caridad, no en el mejor sitio de la ciudad sino en el único lugar que les dejaban las mafias corruptas de aquellos países. Eran una molestia, esto lo sabían y fueron a colocarse a un lugar apartado lejos de ellos, al lado del terrible tráfico de coches que les escupía ruido, polución y suciedad.

Los cinco estaban cansados, llevaban dos días sin poder comer nada y agónicamente soportaban las horas que pasaban con dolor de estómago y hambre. Entre ellos reinaba el silencio, observando, solo observando. Se acordaban de la última vez que habían podido comer una comida decente, se acordaban de la sensación de plenitud que experimentaron y se acordaban del posterior descanso a la acera que pudieron cobijarse. Ahora dormían solo unas horas con pesadillas e incapaces de desentenderse del grito que hacía su cuerpo esquelético.

 

 


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