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LA REVOLUCION DE LOS BASTONES

LA REVOLUCION DE LOS BASTONES

15-01-2022

Contemporánea novela

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En un asilo de ancianos, todos revolucionarios en retiro, se planifica una revoiluciñon para tomarse el poder. Una parodia rica en humor negro y nostalgia situaada en Chile, Con un lenguaje desenfadado se nos ofrece una novela carnavalesca.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

 

CAPITULO I

 

 

¡Despertó, el Chico despertó!

 

 

Tengo miedo del encuentro

con el pasado que vuelve

a enfrentarse con mi vida

 

Gardel y Le Pera (1934)

 

 

Esta historia debiera contarla Ricardo Darín. Él tiene la facha y tiene la voz para cuentos como este. Lo haría muy bien porque se trata de sueños de abuelo con  ecos de tango y recuerdos añejos que  como ese olor a encierro y a olvido,  es un aroma espeso que se va pegando a cada palabra.

 

Una vieja casona del barrio Ñuñoa, vetustas construcciones de ladrillos estucados y techos altos. Una puerta de doble hoja en cedro antiguo delata cierta distinción con sus grandes cristales biselados que dejan entrever las palmeras del primer patio. Desde hace ya varias décadas funciona aquí el Asilo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - la prestigiosa ANSPS –  más conocido por su nombre comercial,  Años Dorados, un nombre algo cursi para un hogar de la tercera edad, según reza su aviso promocional.

 

En el tercer patio se encuentran los dormitorios de los varones presidido por una cruz de madera, mientras que las damas se hallan en el segundo patio, bajo la protección de un altar mariano. Una escenografía que ya no llama la atención de los internos ni de las enfermeras que les atienden, tampoco de un par de gatos flojos, Angus y Polly, que los días fríos dormitan en los rincones soleados de los pasillos.

 

Cuando esa noche de octubre se reunieron en el salón, un silencio se apoderó del amplio comedor y las imágenes de la televisión comenzaron a mostrar multitudes gritando en las calles y un vagón del Metro en llamas. Más de alguno creyó que estaban repitiendo escenas de Joker…¿por qué usan capuchas y no máscaras de payaso?

 

La sopa no fue lo mismo, tampoco la tortilla de acelgas ni la gelatina de fresa. Cuando estaban cada cual en su cuarto, se hizo mucho más difícil dormir. En la oscuridad del segundo patio, un murmullo de rezos del rosario, ¡amén!... en la oscuridad los gatos.

 

En el tercer patio, casi nadie dormía. Todos estaban sentados al aire libre, algunos fumando, otros mirando al cielo. Muchos habían sentido un estremecimiento ante las imágenes de la televisión, un edificio en llamas y los gritos “el que no salta es paco, el que no salta es paco…” De alguna manera, se agolpaban recuerdos de otros tiempos, aquellos lejanos años en que también ellos gritaban por la noche, protestando.

 

A veces se llamaban a sí mismos “los jubilados”, lo decían entre risas, un grupo de hombres en edad provecta, un grupo de retirados que van mezclando medicinas y tratamientos con tangos, boleros y viejas canciones: próstata y protesta… 

 

Entre muchos otros, está don Carlitos, un conocido filósofo ávido lector de Hegel y Marx; don Juaco o simplemente Juaquito, un fumador empedernido, lleno de arrugas y una sonrisa escasa de dientes. Gálvez un viejo flaco con cara de funeral, reconocido por todos como cuentero profesional y mentiroso contumaz. El Sargento Mendoza - Demetrio -  un carabinero en  retiro; don Eulogio, un ex dirigente del SUTE, Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación; el compañero Adrián, un viejo andaluz de Cádiz que recordaba con nostalgia al Frente Anarquista Ibérico (FAI) y que siempre terminaba las discusiones señalando enfático: “Lo único malo del comunismo, es que se convirtió en un partido” Por último, un hombre de gruesa nariz, diríase de pimiento morrón, al que por su esmirriada figura todos llamaban el “Viejo Chico”  

 

Tenemos razones bien fundamentadas para sospechar que este último personaje es “el Chico” también llamado “Petiso”; el mismo que protagoniza la novela Martín Rivas Toc Toc. (1999) En efecto, cuando se nos describe al “Viejo Chico” se dice que las enfermeras no solo lo encontraban pequeño sino, también, “un vejete medio degenereque”, pues tenía colgado en la pared de su cuarto “cochinadas” sacadas de diarios antiguos… Justo al lado de una fotografía amarillenta de una señorita en bikini con las palabras “Mar y Sol (Viña, 1982)”, se encontraba enmarcada la página de un viejo periódico, como si se tratase de una Obra Maestra…

 

 

 

 

 

 

 

Esa noche calurosa de primavera algo había cambiado, algo muy sutil, casi imperceptible. Algo que tenía que ver con la mirada de aquellos viejos. Esa noche le costó mucho dormirse, pensando que lo mejor sería salir a dar una vuelta en bicicleta mañana por la mañana, pues se había acostumbrado a que desde hace años ya nadie lo visitara los domingos.

 


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