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Gotas de ciencia

Gotas de ciencia

07-12-2014

Contemporánea ensayo literario

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La ciencia es una fuente inagotable de sorpresas y de maravillas, que ha aportado incontables logros a la humanidad. No es perfecta, y a veces se cometen abusos en su nombre, pero la responsabilidad no es de la ciencia en sí, sino de quienes la practican y ejercen. Hay todo un universo de posibilidades delante de nuestros ojos, que la ciencia pone a nuestra disposición, a poco que tratemos de hacer el esfuerzo de introducirnos en todo lo que nos puede ofrecer.

Con este pequeño libro, he querido adjuntar varios de mis artículos de carácter científico y social que he ido publicando en mi blog, más algún material inédito que he preparado recientemente. La pretensión de este libro no es más que la de abrir las puertas a la imaginación desde un punto de vista científico, y a proponer al lector algunos temas de actualidad que le puedan interesar. También, y esto es muy importante, tratar de definir un poco qué es la ciencia, y por qué esta poderosa herramienta debe seguir siendo la base de nuestro progreso y desarrollo intelectual, social, humano, y tecnológico.

Nadie debe dar por hecho nada de este libro. Lo que aquí cuento son mis opiniones personales. No pretendo que sea una cátedra de nada, porque no tiene otra intención más que la de entretener. Y la de abrir las puertas a mundos increíbles que nos esperan ahí fuera. Ese es el reto. Y espero haberlo conseguido.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

 

 

Qué es ciencia.

Paranoias.

Un hombre llega a su casa. Digamos que se llama Juan. Está convencido de que la ciencia es responsable de todos los males de la humanidad. La ciencia ha traído el cambio climático, el sistema HAARP (máquina que usaron los estadounidenses intencionadamente para provocar terremotos como el de Haití con cientos de miles de muertos, o el tsunami de Tailandia y países limítrofes de 2004). La ciencia también provoca que se empleen radiaciones como el wifi o el teléfono móvil, que generan cáncer, y las empresas nos ocultan esos riesgos.  Por no hablar de los medicamentos para curar el cáncer que las farmacéuticas ocultan con el fin de seguir usando otros métodos que les reportan millones de dólares de beneficios. Millones de personas que podrían salvarse, mueren porque las farmacéuticas lo permiten. O el virus del SIDA, creado en laboratorio por los Estados Unidos para controlar el crecimiento de la población. O las nuevas energías secretas, baratas y ecológicas, que se ocultan para seguir vendiendo petróleo. O el uso de agentes químicos lanzados por los aviones para controlar a la especie humana, los famosos “chemtrails”. O la base conjunta de los nazis y los extraterrestres en la Luna, donde un viejecito llamado Adolf Hitler pasa sus últimos días.

Juan usa Internet para promover esas ideas. Usa su móvil para comunicarlas. Usa los satélites para comunicar sus opiniones. Emplea los mejores sistemas médicos cuando se encuentra enfermo. Usa el GPS para localizar el escenario sobre su próxima conferencia para denunciar todas estas ideas. Juan tiene una esperanza de vida de 80 años gracias a la ciencia. Y puede conocer lo que ocurre en todo el mundo al instante, gracias a un sistema global de telecomunicaciones. Él puede propagar sus ideas delirantes y absurdas por Internet porque emplea unos medios que ataca, mientras postula volver a una especie de Edad Media mítica, donde el ser humano vivía en muchos casos hasta menos de los cuarenta años, y en donde las tasas de mortalidad eran brutales, la gente en general nunca se desplazaba más de 50 km de su lugar de nacimiento, e ignoraban todo sobre el mundo y el universo. Ese es el sueño de Juan.

Juan no cree que el ser humano llegara a la Luna. Y no importa lo que le muestren. Lo seguirá negando. Por ejemplo, porque no hay estrellas en las fotografías. Cualquier fotógrafo amateur sabe por qué no hay estrellas visibles en las fotos de la superficie de la Luna. Se trata del diafragma de la cámara. Si se cierra porque hay mucha luz (como en la superficie de la Luna, o cuando estamos en la playa de vacaciones) los objetos con poca luz, en la sombra, aparecen oscuros, o no aparecen. Ese es el motivo por el que no se ven las estrellas en las fotos de la Luna. Pero a Juan no le importa. Él sabe que esas fotos son falsas. Juan tiene una necesidad de creer en cosas que le permitan sentirse distinto, importante, y absoluto conocedor de una verdad que nos es negada a los demás. Juan es un paranoico con una fuerte sensación de inferioridad, que necesita creer en cualquier cosa que le acredite como poseedor de una verdad desconocida para la gran masa. Pero él lo sabe todo. Es el personaje de Mulder de un Expediente X que sólo existe en su imaginación.

¿Es ciencia? No. No lo es.

¿Es todo eso ciencia? No.  ¿Es Juan una persona enferma? No exactamente. A este tipo de personas se les llama paranoicos. Si lo son realmente, y en qué casos, es trabajo de un psiquiatra. Pero es evidente que, en ocasiones, esas ideas controlan sus vidas, y motivan sus comportamientos, que condicionan su personalidad. Existe un término usado popularmente para definir a este tipo de personas. Son los llamados “conspiranoicos”, mezcla de conspiración y paranoicos. Internet está plagada de conspiraciones y “conspiranoicos”. Algunos son curiosos. Otros tienen una base real pero se ha distorsionado su naturaleza gravemente. Otros son delirantes. Y todos pretenden saber una verdad que la gente desconoce.

Existen muchas conspiraciones en el mundo. Existen muchos secretos. Muchas mentiras. Se nos ocultan muchas cosas, algunas muy importantes. Los gobiernos tienen una agenda oculta, también las grandes multinacionales, incluidas las farmacéuticas que tanto odia Juan. Probablemente podamos encontrar, en un repaso rápido a Internet, muchos datos sobre actuaciones de las farmacéuticas, o de los gobiernos, que nos llenan de rabia y de vergüenza. Casos como el espionaje del CNI, o ciertos experimentos aquí y allá denunciados por ecologistas y personas que se preocupan por llevar a la luz casos execrables de actuaciones verdaderamente terribles. Todo eso existe. Está ahí. Y es importante actuar, y no callar.

Pero Juan quiere ir más allá. Quiere convertir todo en una conspiración. Y, con respecto a la ciencia, quiere que se plantee la necesidad de llevarla a una regulación absurda que la convierta en una mera comparsa del progreso humano.

La ciencia está hecha por hombres y mujeres. Estos hombres y mujeres son, y tienen, sueños, voluntades, capacidades, y carencias. A veces, la mayoría, emplearán sus conocimientos para mejorar la calidad de vida de las personas y la civilización. En algunos casos, sin embargo, emplearán esos conocimientos para fines más oscuros, para obtener resultados que permitan a un país controlar a otro, o para controlar a sus propios ciudadanos, o para permitir que un poder instaurado se pueda mantener y crecer, sea éste un gobierno o una institución privada poderosa. Hay motivos para preocuparse. Sin ninguna duda.

De casi cualquier cosa se puede sacar una especulación fantástica. Y de casi cualquier cosa se hace. Pero, en el mundo de la ciencia, no hay lugar para la fantasía. Eso está bien en la literatura y en el cine, pero la ciencia no se puede permitir nada que no tenga una base lógica. Entonces ¿qué es la ciencia?

Qué es la ciencia.

Definámoslo: la ciencia es una herramienta. Lisa y llanamente. Como todas las herramientas, tiene unas capacidades, provee de una posibilidades, y, muy importante, tiene unas limitaciones. La gran sorpresa de la herramienta llamada ciencia es que, a lo largo de los siglos, esas limitaciones se han ido reduciendo, mientras sus capacidades han ido aumentado. ¿Hasta qué punto podrá seguir siendo así? Nadie lo sabe. Pero tampoco importa, porque la ciencia no pretende conocer sus límites tanto como ampliarlos constantemente.

La ciencia no funciona de cualquier forma. No cualquiera idea expresada por cualquiera, sea científico o no, es ciencia. Para que lo sea, han de seguirse unos métodos, y usar unas convenciones, que están muy bien definidas. Por ejemplo, cuando la ciencia habla de “teoría” no trata de algo que sea “remotamente posible” sino de unos hechos comprobados y verificados, que, sin embargo, requieren de un estudio todavía mayor. Por ejemplo, la teoría de la relatividad está ampliamente descrita y verificada, pero se sabe que hay que seguir trabajando porque, por ejemplo, no funciona en los agujeros negros. O la teoría de la evolución, ampliamente aceptada por todos los estamentos científicos, y también por la iglesia, y que, sin embargo, sigue siendo repudiada por gente que cree que Dios colocó al ser humano en la Tierra hace 6000 años, ignorando los incontables datos acumulados durante décadas. O que, si se resfrían cada año, es porque los virus mutan y evolucionan para adaptarse a nuestras defensas.

Para qué sirve la ciencia.

Por ejemplo, para leer este texto, cuando en cinco mil años de historia escrita nunca habría alcanzado a tal cantidad potencial de población como ahora. Por ejemplo, para crear nuevos medicamentos en la Estación Espacial Internacional, gracias a la ingravidez, que permite estudiar medicamentos que no se pueden crear en la superficie de la Tierra. Por ejemplo, para estudiar el comportamiento de la atmósfera de otros planetas mediante sondas espaciales, y con esa información poder conocer, por comparación, cómo funciona nuestra propia atmósfera.

Por ejemplo, para encontrar a un individuo enfermo de Alzheimer que se ha perdido, gracias a que incorpora un chip GPS que, mediante satélites en el espacio, nos permiten saber dónde está al momento. Por ejemplo, para poner una vacuna a un niño e impedirle que muera de enfermedades que antes mataban a millones de seres humanos, como la viruela. O, por ejemplo, para algo tan básico como llegar a casa y encender la luz. Algo tan simple, no lo pudieron hacer nuestros antepasados hace cien años solamente. Todos recordamos a abuelos o bisabuelos y sus historias de los candiles y las velas.

Y, por cierto: esos satélites GPS requieren de la teoría de la relatividad para funcionar. El motivo: sus relojes van más lentos que los nuestros. Sí, a algún lector le parecerá increíble, pero en órbita el tiempo pasa más lento que en la superficie de la Tierra. Si no se tuviese en cuenta este efecto, el GPS no funcionaría correctamente.

Otro ejemplo de ciencia: vamos a un hospital, y nos atiende un médico con conocimientos sorprendentes gracias a los avances médicos, y nos explora con máquinas que funcionan según los principios de la mecánica cuántica, como el TAC o el escáner de positrones, es decir, un sistema que crea, literalmente, antimateria, con el fin de ser usada en medicina.

La ciencia no es perfecta. Ni es exacta. Y ahí reside su grandeza. Se transforma y cambia constantemente. Cada día mejora. La ciencia no lo arregla todo en la vida. Pero ha hecho que la vida sea mucho, muchísimo más fácil que para miles de generaciones pasadas. Es importante recordarlo cuando vayamos a criticarla. ¿Tiene fallos? Sí. ¿Debemos renunciar por ello al progreso? Jamás. Las ventajas superan, claramente, a los inconvenientes. Y esos inconvenientes pueden ser solucionados, paradójicamente, por la propia ciencia.

Qué no es la ciencia.

La ciencia no es emplear un arma mortífera, o un virus mortal, o un software espía, en el ordenador. Eso es un empleo concreto de la ciencia. La ciencia tampoco es una religión, porque cambia y evoluciona constantemente. Existe un caso típico de noticia que suele decir: “un grupo de científicos demuestra que tal descubrimiento científico (el que sea) era falso”. A partir de eso dicen “¿lo ves? La ciencia nos dice ahora una cosa y otra, luego no sirve para nada”.

¿Ah sí? Veámoslo: la ciencia decía que la Tierra era plana. Luego se vio que era redonda. ¿Estaba equivocada la primera idea? No, para distancias cortas. Pero cuando se mejoró esa teoría, se vio que la Tierra era redonda. Eso no invalida la primera teoría. Solo la mejora. Otro ejemplo: la teoría de la relatividad de Einstein mejora la teoría de Newton. ¿Significa eso que Newton estaba equivocado? Ni muchos menos. Las leyes de la mecánica celeste de Newton se siguen usando por la NASA y otras agencias espaciales cuando no es necesario usar la teoría de la relatividad de Einstein. Es más sencilla y cómoda. En uno de los artículos posteriores se hablará de este tema.

El problema de base viene de conceptos de “blanco o negro”. La ciencia, y el universo, no son así. Las cosas no son blancas o negras. Existen millones de matices. La ciencia explora esos matices, desde  el negro más absoluto hasta el blanco puro, sin alcanzarlo nunca.

En este pequeño libro hablaremos de todos estos temas. En el que viene a continuación abordaremos aspectos concretos hablados aquí. Luego, el lector, muy sabiamente, deberá sacar sus conclusiones. Aquí se expresan unas ideas, unos conceptos, a veces con muchos puntos de ciencia ficción (al fin y al cabo el autor de estas líneas escribe ciencia ficción), pero, al final, siempre desde un origen científico. Esperamos que disfruten del viaje.

La duda y el escepticismo, bases de la ciencia.

Y, si me lo permite el amable lector: dude. Dude de todo. Incluso, y sobre todo, de sus convicciones más arraigadas. La duda, y el escepticismo, son la clave de la ciencia, y el camino para conocer la verdad que nos rodea. Una verdad inexacta y difícil de alcanzar, pero que es más real que la que nos muestran otras formas de pensamiento. Respetables, pero alejadas de la realidad científica. Y, si quiere creer en Dios, hágalo. Cada uno es libre de creer en lo que quiera. Unos creen en el Dios cristiano, otros en Alá, y otros creyeron antes en Zeus o en Odín. En el futuro, nuevos dioses vendrán a sustituir a estos dioses, como la humanidad viene haciendo desde hace miles de años. Sí. Antes de los dioses y religiones actuales hubo, durante miles de años, otros dioses, otras religiones. Y luego vendrán otras. Las religiones no se libran de las leyes de la evolución.

Así que, si tiene fe religiosa, esa es una decisión y un sentimiento personal. Perfecto, nada que objetar. Pero no permita que, por ello, le cuenten cosas que, simple y llanamente, no son ciertas. Una cosa es creer en Dios. Y otra que otros le hagan creer a usted en lo que ellos quieran. No lo permita. Tenga una mente clara, abierta, y crítica. Y será mucho más libre. Eso le acercará al universo y le hará disfrutar de todas las maravillas que tenemos a nuestro alrededor, desde el átomo más pequeño, hasta la galaxia más grande. La ciencia es un tobogán enorme y largo por donde caemos aprendiendo y disfrutando sin parar. Láncese, y empiece a volar. Merecerá la pena, se lo aseguro.

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