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Recovery Bluetooth

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15-03-2020

Ciencia ficción/fantástica novela

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A caballo entre ciencia ficción y realidad, Recovery Bluetooth te hará sumergirte en la vida de Enzo Caruso un chico de catorce años sumido en la desgracia. Tras una vida difícil y complicada, es salvado por sus abuelos de un correccional, pero eso sólo será el principio de su venganza.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

Capitulo 1

 La vida de Enzo.

Enzo Caruso Manzano acuda a comunicaciones, se escuchó repetidas veces por el altavoz del centro. Ese era yo, un niño de catorce años bajito para mi edad, pelo negro, no muy guapo pero tampoco muy feo, muy listo pero muy desgraciado y con demasiada carga negativa como para explotar en un segundo por cualquier tontería. Me encontraba en clase de marquetería y me dirigí al profesor.

-Me están llamando ¿Puedo salir?

El profesor contestó.

-Si Enzo, pero no se le ocurra hacer ninguna tontería que nos conocemos.

Salí de la clase y me dirigí hacia la sala, mientras caminaba hacía allí, en mi interior sentía que algo raro sucedía, pues a mí nunca venia a verme nadie. Al entrar, un hombre de unos cincuenta años me estaba esperando con una sonrisa en la cara, me tendió la mano y me dijo.

-Hola señorito Manzano, soy Roberto Arnal Morillo abogado de su abuelo el doctor Juan Manzano Romero y he venido a sacarlo de aquí.

-A mí ¿Por qué? ¿Quién es ese señor? ¿Qué dices de abuelo? Perdone que le diga, pero usted está equivocado. Yo no soy ese que dice, mi segundo apellido es Manzano, pero yo soy Enzo Caruso y no sé de qué me habla.

El tipo se quedo pensando un segundo y me contestó.

-No te preocupes que se bien quién eres, solo que no me conoces y es normal que desconfíes.                          Ya cuando hablemos más tranquilos, comprenderás de que te hablo, pero explícame ¿Cómo has llegado hasta aquí? y ¿Por qué? Para tener argumentos y poder ayudarte a salir.

Como hijo de delincuente que era, miré fijamente a los ojos a aquel tipo de metro sesenta, regordete y con bigote canoso impregnado de nicotina, para cuestionarlo.

-¿Tiene alguna prueba de lo que está diciendo? o viene a reírse de mí.

Punto seguido, saco de su carpeta unos documentos y fotos de mi madre, los esparció por la mesa y me preguntó.

-¿Tiene suficiente con esto? o ¿Necesita algo más?

Me quede perplejo ante lo que estaba ocurriendo, un instante después me empezaron a caer lágrimas por la cara como si de una catarata se tratase, mientras Roberto me decía.

- Tranquilo,  tranquilo ¿Qué le pasa?

Con un nudo en la garganta que apenas me dejaba vocalizar, balbuceando le dije.

-Yo creía que me quedaría solo.

Roberto me agarro de la mano y me dijo.

-Ya no estás solo, voy a estar aquí en Málaga hasta que te lleve conmigo. Tus abuelos están deseando verte, pero mientras tanto, intentare visitarte todos los días para irnos conociendo. Así tendrá la oportunidad de preguntarme lo que quiera, que yo por supuesto, estaré encantado de ponerlo al día ¿Qué le parece señorito?

Levanté la cabeza y le contesté.

-Me parece bien, pero me gustaría poder hacerle una última pregunta.

Pero justo en ese preciso instante entró por la puerta el educador que llevaba mi caso, Daniel Cotilla, alias Cotilla. Se dirigió a Roberto mostrándole la puerta y con voz sonriente lo despidió de la sala diciéndole.

-Es la hora de comer, mañana puede venir si quiere. Pero ahora Enzo, se tiene que ir al comedor.

-Vale señor, no se preocupe.

Contestó Roberto, luego se levanto de la silla, me puso la mano en el hombro y me dijo.

-No se preocupe Enzo, que sus Abuelos tienen muchas posibilidades y usted  va estar aquí poco tiempo más, tenga la certeza de que no está solo, su abuelo me ha mandado para que esté con usted y aunque está mal que yo lo diga, soy el mejor abogado que le puede defender.

-Hasta mañana señorito Manzano.

Se despidió Roberto.

Me levanté perplejo con lo acontecido, no me podía creer que después de tanto sufrimiento, por fin iba a tener una vida normal. Se me venían miles de imágenes terroríficas a la mente, mientras andaba por aquel pasillo tan frío y húmedo del correccional, pero al fin y al cabo era en las mejores condiciones que había vivido, por muy triste que parezca. Llegue al comedor y todos me miraron sorprendidos, no en vano llevaba allí cinco meses y nadie nunca me había visitado.

-¿Quien ha venido a verte?

Varios me preguntaron.

Yo levante la cabeza y dije con voz clara.

-No sé,  pero puede que me saque de aquí.

-¿Pero es de tu familia?

Preguntó uno de ellos.

-No, es el abogado de mis abuelos, mañana ha dicho que volverá, ya os contaré, porque en un principio no me lo creía y se nos ha ido mucho tiempo. Pero por lo menos, ahora tengo una esperanza.

Aseveré.

Todos se pusieron a comer, pero yo no tenía forma de meter alimento por mi cerrada garganta, ya que aquel impactante suceso ocurrido, me había creado un nudo.

Cinco meses allí encerrado,  daban para mucho. El día era interminable y la noche corta, por no hablar de los mosquitos y el calor, que cuando te metían en el cuarto, eran insoportables. Pero aun así, sigo pensando que hasta el momento era donde más estabilidad había tenido en mi vida.

 Le di un par de vueltas a la cuchara, ya tenía que tragar algo antes de las ocho y media de la tarde,  que me metían en el cuarto hasta las siete de la mañana, que era cuando sonaba la misma música de todos los días. Por mucho que lo intente, no me entró demasiado, así que me levanté de la mesa, entregué la bandeja y me fui al recuento. Una vez me nombraron, me dirigí a mi cuarto con mi compañero de habitación Ricardo Pareja, alias Rica. Por el pasillo no se podía hablar, así que transitábamos totalmente en silencio. Al entrar en nuestro cuarto, nos sentamos cada uno en su cama y una vez lo tuve enfrente, le dije.

-Tío, creo que he triunfado, por fin voy a poder  vengarme de esos hijos de puta.

-¿Pero, no es mejor que aproveches la oportunidad y dejes ya ese tema hermano?

-No digas tonterías hermano, si no fuera por eso,  ya me hubiera quitado la vida.

-¡La vida con catorce años! ¿Tú estás loco Enzo?

Preguntó Rica, sorprendido.

-Si tu hubieras presenciado, lo que yo tuve que vivir, también estarías loco como yo, hazme caso hermano, no flipes.

- Yo no sé mucho de tu vida Enzo, pero algo muy grave tendría que ser.

-Sí, lo es Rica, no te lo puedes ni imaginar.

Sin esperar su respuesta, me tumbé en la cama y le dije.

- Bueno, hasta mañana colega, me voy a acostar, que a las siete hay que estar en planta.

-Hasta mañana Enzo, ojala no te equivoques.

-No te preocupes hermano, que yo sé lo que hago.

Estuve toda la noche en vela, pensando en que iba a pasar, si realmente sería verdad que me iban a sacar de allí, si eran tan ricos los señores esos que decían ser mis abuelos, si iba a estar preparado para lo que me venía. Tuve tantos pensamientos durante esa larga noche, que cuando me vine a dar cuenta ya eran las siete de la mañana y otra vez me tenía que levantar. Durante la meditación, llegue a la conclusión, de que cuando volviera Roberto, las preguntas se las haría yo, para no contar lo que no me conviniera y sacar toda la información posible sobre mis nuevos familiares. De mi familia hasta ese momento, que yo conociera solo me quedaban, mi abuela René, mi tío Paolo y mi hermano Kevin, al cual se lo llevaron los servicios sociales y no tenía ni idea donde estaba. Como cada día realice las tareas del dormitorio, me fui al recuento, me nombraron y me metí en el comedor a desayunar. Tostadas con mantequilla y mermelada, un soluble de cacao y unas galletas, es lo que ponían todos los días. Pensando en las preguntas que le iba a hacer a Roberto, me pase la mayor parte del día. Me comía los dedos en vez de las uñas esperando que llegaran las seis de la tarde y viniera de una vez por todas, a explicarme todo lo que me traía dando tumbos dentro mi cabeza. Sentado frente al reloj de la sala de televisión, miraba como se ralentizaba el segundero, como siempre que quieres que llegue una hora. Llegaron las seis de la tarde y empezaron a nombrar uno tras otro, me empezó a desesperar que mi nombre no se escuchara. Los nervios se empezaron a manifestar en mi cuerpo, me sacudían y volvían agresivo. Empecé a darle patadas a una papelera, a esto llego el educador Cotilla, se acercó a mí  y me grito con voz gruñona.

-¿Qué haces? Enzo ¿Estás  loco? Ya vas a estar en aislamiento chaval, con lo bien que ibas.

Sonó mi nombre por el altavoz en medio de la discusión.

-Enzo Caruso Manzano acuda a comunicaciones.

-Ahora no te voy a dejar ir, listo.

Me amenazó instantáneamente.

-No me haga eso señor Cotilla, es que me he puesto nervioso, castígueme con otra cosa por favor, que de aquí depende mi futuro.

Cotilla fiel a sus principios, me echo un sermón del tamaño de un Air bus, pero luego me dejó ir. Llegue corriendo para no perder tiempo,  nada más entrar en la sala miré a Roberto con la cara desencajada y con voz de enfado le dije.

-La seis son las seis, no las seis y cuarto, hay que ser puntual. Solo dispongo de una hora, y  tengo muchas preguntas para hacerle.

-Lo siento, he tenido mucho trabajo hoy, pero  traigo muy buenas noticias, ya verás. Aunque antes, sobre esas preguntas que me quieres hacer, me reitero en que estoy a su entera disposición, para lo que guste saber. Usted dirá señorito Manzano.

En ese momento le sonó el teléfono a Roberto, era mi abuelo el Dr. Juan Manzano Romero. Me miró y me dijo.

-Discúlpeme un momento.

Se saco el terminal del bolsillo y contestó rápidamente.

-Sí, dígame señor.

-Roberto muy buenas tardes, ponga el manos libres por favor.

Le dijo mi abuelo, el Dr. Juan.

-Sí, ahora mismo señor.

-Hola Enzo ¿Cómo estás? Soy tu abuelo Juan, sé que no me conoces, pero no te preocupes, pronto estarás aquí conmigo y nos conoceremos bien. De momento, como se que las preguntas que le vas a hacer a Roberto, no te las va a poder contestar. Hazme las a mí, que yo te daré la respuesta.

-Si usted es tan rico como dice su abogado ¿Por qué mi hermano, mi madre y yo, hemos pasado tantísimas calamidades con el hijo de puta de mi padre y usted no ha echó nada?

-Perdona un momento ¿Has dicho mi hermano? ¿He escuchado bien?

-Sí, mi hermano Kevin.

-¿Cuántos años tiene?

Preguntó mi abuelo.

-Ocho años.

-¿Dónde está?

-No sé, me lo quitaron los servicios sociales.

-Yo me encargaré de localizarlo, para que él también esté aquí con nosotros. Tranquilo que lo recuperaremos estoy seguro.

Aseveró mi abuelo, continuando con otra pregunta.

 -¿Crees que tu padre tuvo algo que ver con lo que le pasó a mama?

-Sí señor, no solo lo creo, es que estoy totalmente seguro.

-Tranquilo chico, que dentro de tres días vienes a vivir conmigo a Sevilla, será aquí, donde analizaremos más detalladamente lo que sabes sobre eso.

-Sí, quiero que pague por lo que ha hecho.

-Aunque suene mal por mi parte, me ha gustado mucho, cuando has dicho, el hijo de puta de mi padre. Porque tu padre, aunque tú no lo sepas, ha sido  siempre mi peor enemigo, primero la despegó de mí, para luego arrebatarme lo mejor de mí vida, que era tu madre.

El silencio se hizo dueño de la habitación, por el altavoz se escuchaba el gemido desgarrador de un hombre muerto en vida, que no comprendía ¿Cómo podía haber ocurrido semejante barbaridad? ni el ¿Por qué a su hija?

Después de un par de minutos, Juan retomó la conversación y preguntó.

-Enzo ¿Cual son esas peguntas que quieres hacerme?

-¿Porque mi madre no le llamó, cuando la policía echó a mi padre de la choza?

El doctor Juan se quedó atónito con la pregunta, el silencio hizo mella de nuevo y un instante después contestó.

-¡Choza! ¿Vivías en una choza?

-Sí, en una choza llena de humedades, cerca de un vertedero infectado de ratas y cucarachas. Cogíamos la ropa en la iglesia de un barrio cercano y para comer, mi madre consiguió ser voluntaria en un comedor social, así que algo siempre hemos tenido para llevarnos a la boca ¿Pero si usted es tan rico?

El doctor me cortó en seco y se pronuncio con dureza.

-Chaval tu madre era muy testaruda, se lo advertí pero no me hizo caso, lo tenía todo, pero decidió irse con ese impresentable, a una vida que no era la que le correspondía.

-No sé por qué lo hizo, pero mi madre era muy buena abuelo.

-Se enamoró de un delincuente italiano, que en ese momento era buscado en cuatro países, por más de cincuenta delitos distintos, entre ellos tráfico de estupefacientes, trata de blanca, robos con fuerza y hasta secuestros con víctimas. ¿Sabías eso Enzo?

Me quedé distorsionado con la información y exclamé.

-¡Sé que es un hijo de puta!, no me extraña. Pero aun así, se debería de haber preocupado más por nosotros.

-Tu madre recibió de mi parte todo el apoyo durante los dos primeros años, no solo económico, hablábamos a diario, me contaba cuando decías tus primeras palabritas e incluso me mandaba fotos. Pero un día, me llegó una última carta donde me explicaba, que os mudabais a Italia, que cuando tuviera un teléfono y una dirección se pondría en contacto, pero ya nunca más supe de ella. Viajé hacía Italia con su foto, estuve en Roma, Florencia, Milán, Turín pero todo fue en vano, aquello era tan oscuro que la claridad nunca llegó. En el funeral de tu madre te estuve buscando, pero no asististe y de tu hermano no sabía de su existencia con lo cual, no creo que en mi mano hubiera estado algo más y si tú crees que es así, sangre de mi sangre lo acepto y te pido perdón. Ahora te he encontrado y me siento dichoso.

Desencajado y con lágrimas en los ojos miré a Roberto y le dije.

-Ahora si podemos hablar Roberto, ahora sí.

Mi abuelo que estaba escuchando dijo.

-Como te dije antes Enzo, en tres días tú y Roberto vendréis a Sevilla y aquí en casa hablaremos de todo, pero cara a cara como hablan los hombres.

-Sí señor, ya se ha ganado usted mi respeto. A propósito, ¿Me dijo usted que tengo una abuela?  Dele un saludo de mi parte y las gracias por lo que están haciendo por mí.

-Sí, tu abuela está deseando verte, tú no sabes como a llorado esa pobre mujer con la foto de tu madre contigo en brazos. Y verás cuando se entere de que tiene otro nieto,  se va a volver loca. Gracias por todo Enzo, sigue los pasos de Roberto y pronto estaremos juntos, somos tus abuelos y te queremos; un saludo Roberto cuida de mi nieto.

-Adiós señor, gracias.

Miré a Roberto, le tendí la mano y le confirmé que estaba dispuesto a hacer las cosas a su manera de momento, para poder salir de allí.

-Lo ve Enzo, se lo dije en tres días estamos en casa, he estado hablando con el juez que instruye su caso y le he conseguido la libertad bajo la tutela de su abuelo. Espero que esté a la altura y no hable con la prensa ni forme ningún alboroto, su abuelo tiene una reputación, es el mejor neurocirujano del país y la prensa se cebaría con él, dese cuenta.

-Ya le he dicho que seguiría sus consejos, no soy idiota. Sé muy bien lo que quiero y lo que anhelo dejar atrás, así que no se preocupe.

Terminó la hora de visita, nos despedimos y me marche por la puerta, otra vez a la misma rutina de todos los días.

Los dos últimos días fueron interminables, pero cuando me vine a dar cuenta, llego ese ansiado momento de emprender mi nueva vida en Sevilla. Ya me habían llamado por el altavoz. Me acerqué a mi compañero Rica y ambos rompimos a llorar abrazados, con la mano en el pecho lo alenté diciéndole.

-No te preocupes, que tú no estás solo hermano, que si a mí me va bien estaré esperándote fuera.

Rica me contestó.

-Eres un amigo, te apreció mucho, me has ayudado mucho Enzo. Aunque no lo sepas, has sido un gran apoyo aquí dentro, nunca te olvidaré. Esto no es un adiós, es un hasta pronto.

-Por supuesto que sí, tu también lo has sido para mí. Hasta pronto Rica.

Contesté yo.

Me fui por el pasillo y hay estaba Cotilla abriéndome la puerta me paré y le dije.

-Gracias señor, hasta nunca.

 Cotilla me miró con una sonrisa de oreja a oreja y contestó.

-Sí, espero que hasta nunca Enzo.

Seguí mi camino y me dirigí al coche de Roberto, metió mi mochila en su flamante coche y me dijo.

-Sube Enzo, móntate en el coche que nos vamos para Sevilla, sus abuelos deben de estar expectantes de poder recibirlo en casa, para poder darle todo su cariño.

Me subí a aquel coche y viajamos durante dos horas por carretera, nuestro destino Sevilla. En ese tiempo estuve meditando sobre como tendría que actuar ante aquellos dos extraños que decían ser mis abuelos, si le daría un beso, la mano, si le preguntaría algo, si me emocionaría, no era capaz de descifrar cual sería mi reacción. Así que decidí que lo mejor era dejarme llevar por el corazón y no premeditar nada. A esto que me dice Roberto.

-Ya estamos aquí, esa mansión que deslumbra es la Residencia Manzano, la casa de sus abuelos y a la postre su casa señorito.

-¿Esa mansión es la casa de mis abuelos?

Pegunté ensimismado.

-Si esa, esa es su nueva casa.

Aseveró Roberto.

Quedé deslumbrado con aquella mansión impresionante, miraba a mí alrededor y creía que era un sueño. Gire la cabeza absorbiendo cada detalle de aquella impactante construcción, mire a Roberto y le pregunté.

-¿Como puede ser todo esto de una sola persona?

Roberto sonrió y dijo con guasa sevillana.

-Todo esto es suyo, y no solo esto también los veinte laboratorios, la casa de la playa y unos buenos millones de euros. Echó unas risas.

Yo sin parpadear le contesté.

-Mío no, yo también tengo un hermano y aparte espero que mi abuelo dure mucho ¿Por qué no es tan viejo, no?

-Mi quinta más o menos, medio siglo más o menos.

Me dijo, mientras se reía a carcajadas.

Y yo siguiéndole el rollo le contesté.

-Entonces es un chaval.

Aparcamos el coche y nos dirigimos a la puerta principal, allí mis dos abuelos me esperaban ansiosos con una sonrisa en la cara. Al llegar a su altura le di un abrazo a mí abuela y ella me dio pellizcos en la cara gritándome.

-Hijo cuanto te he llorado, cuanto he pasado pensando donde estarías.

Al abrazarme, en ese momento sentí como si me hubiera vuelto a abrazar mi madre, los pelos se me pusieron como filamentos la apreté contra mí y le dije.

-Tranquila ya estoy aquí abuela, ya estoy aquí.

Me solté de mi abuela miré hacia la derecha y vi a mi abuelo Juan, me acerque a él y le di un abrazo. El me beso en la frente y me dijo con la garganta atragantada y lagrimas en los ojos.

- Yo también me alegro de que estés aquí hijo mío, yo también me alegro.

De la casa salió un hombre de unos cuarenta años, se acercó a mí y me dijo.

-Hola buenos días señorito Manzano soy Tibe el mayordomo,  me permite que le ayude a acomodarse.

-Hola y todo el rollo Tibe, por favor llámeme Enzo que yo he pasado muchas necesidades para ser un señorito.

-Como guste Enzo, vamos que es en la segunda planta junto a sus abuelos.

Me informó, caballeroso el tipo.

-Vale, pero mi mochila la llevo yo, no se preocupe gracias.

Le reclame.

Entré por la puerta y quedé maravillado con lo que mis ojos captaban, un recibidor de unos cien metros cuadrados te daba la bienvenida, decorado con gusto y mucho dinero, todo era súper impactante, llegue a pensar que solo vendiendo un sofá de los que allí posaban, se podría alimentar una familia dos años. También vi varias puertas y una escalera de caracol labrada en granito y con unas barandillas de madera con un tallado y un baño de oro, que denotaban el valor de las mismas.

Me dirigí hacia las escaleras y me avisó Tibe.

-No por ahí no, vamos por el ascensor que está más cerca de su habitación Enzo.

Me di la vuelta y empecé a caminar detrás de Tibe, cruzamos la sala hasta llegar al ascensor. Una vez en la segunda planta salimos a un pasillo con seis puertas y una gran ventana al fondo.

Tibe se adelanto para mostrarme donde estaba ubicado mi dormitorio y dijo.

-Esta de aquí de la derecha es la habitación de sus abuelos y la siguiente a la izquierda es la suya, Enzo.

Al abrir la puerta quede ensimismado, entré en la habitación, miré a mi alrededor y le realice varias preguntas a Tibe.

-¿No ve usted esta habitación demasiado grande para mí solo? ¿No hay alguna más pequeña? esto parece un hotel de cinco estrellas.

-Tonterías, esta es la habitación que le corresponde Enzo, sus abuelos le han comprado todo lo necesario para que se vista adecuadamente. Esa puerta que ve ahí es el cuarto de aseo y esa otra de al lado es el vestidor. Decirle que el almuerzo es a las dos y media, sea puntual. Si no necesita nada más, voy a retirarme.

-Vale Tibe no se preocupe, lo seré.

Se despidió de mí y me quedé solo en aquella inmensa habitación, abrí la puerta del baño y lo primero que se me vino a la vista fue esa bañera de película, pero al girar la cabeza, me sorprendió aun mas que hubiera tres lavabos, dos inodoros, una placa de ducha que parecía una máquina del tiempo, una pantalla de televisión y hasta un pequeño sofá. Me duché en la ducha, me seque con unas toallas cuales texturas eran tan  extremadamente suaves, que parecían que flotaban en mi cuerpo. Una vez seco accedí directo al vestidor, el cual también era accesible por el baño. Desorbitado por sí solo, como una tienda de ropa, pero solo para mí. Elegí de lo que  allí había lo que pude, porque la verdad aquella ropa no era de mi gustó. Me vestí y regrese al dormitorio, me acerqué a un escritorio que había cerca de la ventana y quede impactado al contemplar aquel lujoso portátil, lo abrí y lo encendí. Al ver que se estaba configurando, me di cuenta de que me lo habían comprado mis abuelos, era para mí. Abrí el cajón del escritorio para curiosear, un móvil de última generación, una cartera con una tarjeta de crédito con mi nombre estampado, un reloj de alto rendimiento, varias gafas de sol de primeras marcas y un par de anillos de oro seguramente de familia por su aspecto imperial, llenaban el cajón. Me fui directo a la pantalla de televisión de cincuenta pulgadas y justo debajo de ella,  en la pared habían dos puertas. Las abrí y me quedé desubicado por completo, la mejor videoconsola y variedad de juegos llenaban la estancia. Yo de chico había visto en el móvil de algún chico, lo que era jugar a la consola, pero desgraciadamente no había jugado. Aunque no era eso lo que me rondaba la mente, si no que me hacía revivir lo pasado. Todo parecía un sueño, pero pasaba desapercibido con la furia interior que sentía, así que decidí no utilizar nada de aquello, fuera a ser que me distrajera de lo verdaderamente importante. Aunque aparentaba estabilidad, yo era un chico que estaba muy aturdido,  a la vez que desestabilizado emocionalmente. De madrugada, cuando el chillido de las ratas capturadas por el depredador, artífice de su desgarro resuena en el campo, interrumpe mi sueño. Y es entonces cuando rememoro el terror sufrido con voces y recuerdos espeluznantes que me destrozan la mente, como se esparcen las gotas de lluvia al impactar con las aceras. Deje todo tal y como lo encontré, me limpie las lágrimas, respire hondo y bajé a comer.

Al llegar al comedor divisé a mis abuelos por encima de una mesa de más de cincuenta comensales y a Tibe separándome una silla al principio de la misma, lo miré y le dije.

-No separe esa silla, que yo quiero comer con mis abuelos.

Mi abuela se levantó eufórica y exclamo.

-¡Claro que si hijo, ponte justo a mi lado!

A continuación, cortándome dijo.

-Así podemos hablar y conocernos mejor mi alma, que has tenido que pasar una vida más dura, cariño.

Yo me acerque sutilmente, mientras le iba diciendo.

-Duro es un entrenamiento, una jornada de trabajo, pero lo nuestro fue terrorífico. Lo peor que se le puede hacer a una persona, es lo que hicieron con ella. Pero esos indeseables algún día pagaran uno a uno con sus vidas, lo que le hicieron a mi malograda madre ¡lo pagaran abuela, lo pagaran!

 

Mi abuelo se levantó y con el semblante serio regaño a su esposa.

-Ya se ha acabado el tema ¿De acuerdo?

Mi abuela me dio un abrazo y un beso, luego nos sentamos en la mesa a comer.

Después de comer, nos quedamos mi abuelo y yo sentados en la el sofá de la sala de estar, colindante al comedor. El sacó una botella de whisky y un par de copas, se sentó junto a mí en el sofá y me dijo.

-Enzo ya eres un hombre, nos vamos a tomar una copita mientras me cuentas tu historia.

Yo sorprendido le contesté.

-No abuelo, yo no bebo, solo soy un niño y mi historia es demasiado larga para contársela ahora.

-Tomate tu tiempo chico, tenemos toda la vida, ahora no tengo prisas Enzo. Llevo tanto tiempo esperando conseguir alguna pizca de esperanza, que ahora que te tengo aquí lo quiero saber todo. Empieza por el principió, te dejé de ver con dos años, no te dejes ningún tipo de detalle por muy duro que sea, no te lo tienes que guardar, lo que tienes que hacer es compartirlo conmigo y juntos lo sufriremos. No temas a nada, ahora me tienes a mí.

Me bebí la copa de un trago, miré a mi abuelo y le pregunté.

 -¿No tendrás un cigarrillo por ahí?

-Tengo puritos de cuba, voy a coger un par de ellos.

Se acercó a una bella bodega que había en un rincón de la sala, los cogió se sentó frente a mí y me alargó uno con la mano lo encendí y le di las gracias.

-Bueno, si quiere que empiece por el principió, lo primero que recuerdo de mi vida se remonta a dos mil seis, yo tenía cinco años pero recuerdo cuando llegamos a aquella casa en Málaga. Corría el mes de abril pero ya apretaba el calor, mi hermano Kevin nació en junio y hay mi madre estaría de unos siete meses. Yo tenía casi seis años ya que los cumplo en agosto, así que me enteraba de todo lo que pasaba. Llegamos a medio día a una nueva casa, que estaba situada en un pueblo chiquitito de la costa del sol llamado Sabinillas. Recuerdo un viaje de muchos kilómetros en coche por carreteras convencionales, no sé de donde vendríamos, pero lo que sí sé, que desde que salimos de allí mi innombrable progenitor venía gritando e insultando a mi madre, además debes en cuando le soltaba un golpe o le escupía el muy hijo de puta. Al llegar allí no fue a menos, mi madre descargó todas las cosas del coche mientras él le propagaba insultos.

Yo hice por ayudar a mi madre y él me lanzó una patada y me increpó.

-Tú no toques nada puto inútil, entra en la casa subnormal.

Me profirió él desvergonzado, con lo que por mí, consiguió la reacción de mi madre que le gritó.

-Te he permitido que abuses de mí hijo de puta, pero a mi hijo no lo vuelvas a tocar.

Entramos en la casa y la emprendió a golpes contra mi madre sin importarle su estado de gestación, le propino patadas en el abdomen y en la espalda. Yo me abalance sobre él, pero me dio un empujón y me tiró contra un aparador. Luego quedé inconsciente, hasta que al cabo de un rato me desperté en una cama, abrí los ojos y allí estaba mi madre mirándome con la cara amoratada fijamente a los ojos. Ahí fue cuando me confirmó que debíamos huir de aquel malvado dictador.

Mi padre era un narcotraficante,  pero todo lo que ganaba se lo gastaba en lujos para él, además de lo que hiciera fuera de casa. Que aunque yo de eso no puedo hablar, porque nunca me llevo con él, pero viendo qué clase de persona es, puedo imaginármelo. Mi madre muchos días no tenía nada que darme para llevarme a la boca, me cogía en brazos y nos íbamos a la puerta del supermercado del pueblo a pedir y siempre algo le daban. Volvíamos a casa y me decía.

-Ojalá no venga hoy tu padre.

A lo que yo replicaba.

-Si mama ojalá.

Cada vez que aparecía se pegaba un abuso con nosotros, normal que no lo quisiéramos ver ni en pintura. Llegaba y rompía la tranquilidad de nuestro hogar, ya por ultimo mi madre se callaba, para que no la emprendiera a golpes conmigo. Se lo llevaba a su habitación cerraba la puerta y se dejaba violar y golpear sumisa por evitarme a mi disgustos. Llegó el mes de junio y estábamos solos como casi siempre, avanzada la noche mi madre empezó a chillar y me desveló. Me levanté exaltado creyendo que era otra vez lo mismo, salí corriendo buscándola, cuando la encontré estaba sentada en el pasillo con las piernas abiertas y un charco se hacía a su alrededor. Su cara desencajada, por momentos se reía y lloraba a la vez mientras me gritaba.

-Trae te agua y unas toallas Enzo que Kevin ya está aquí. Cuando volví, ya se le veía el pelo al bebe mi madre desgarrada de dolor gritaba y me agarraba la mano.

-Enzo no puedo más.

Yo me quede por un momento superado por lo acontecido, tanto es así que estuve a punto de perder la conciencia. Tú imagínate abuelo, yo en ese momento no daba pie con bola. Pero no sé cómo de dentro de mí, salieron fuerzas de flaqueza, le di ánimo y le corrobore que iba a estar con ella. Casi sin pensarlo le dije.

-Tú puedes con todo mama, un poco mas que ya está aquí.

Empujo y empujo, rota de dolor con la cara desencajada y amarillenta, la mirada perdida sudando a cantaros. Hasta que Kevin por fin salió y fue a parar a la toalla que yo le había puesto a mi madre. Me miró con lágrimas en la cara y me dijo.

-Coge a tu hermano con cuidado de no tocarle eso que le cuelga y pon me lo aquí encima. Ve a la cocina y me traes unas tijeras, una pinza de tender y llévate una silla para subirte y alcanzar a coger el alcohol del botiquín, vale Enzo ¿Me has entendido?

El bebé de inmediato se arrastro por ella, se engancho a uno de sus pechos y empezó a mamar. Yo me quedé embelesado y tartamudeando le dije.

-Si mama,  ya voy.

Me fui a lo que me había mandado, no sé cómo pero se lo traje todo. Cogió el bote de alcohol en la mano y me dijo.

-Acércame la pinza.

Se la acerqué y la roció con alcohol, la cogió y se la puso en la tripa.

-Ahora las tijeras.

Me dijo.

Hizo la misma operación y cortó la tripa por debajo de la pinza. Luego se dirigió a mí y me dijo.

 -Ya esta Enzo, has sido muy valiente, sabes bien que te quiero muchísimo, se que vas a ser un gran hombre. 

Cogí a mi hermano y le dije a mi madre.

-Mama levántate y vete a la cama, que yo llevo al bebé, tú tienes que descansar que debes de estar muy cansada. Mi madre se levantó agarrándose a la pared, tambaleándose por el pasillo se dirigió a su habitación y nos acostamos los tres juntos. Al principio teníamos el temor de que volviera mi padre, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que nos había abandonado a nuestra suerte, a Dios gracias por que el solo aportaba terror a nuestras vidas.

Con otra boca más, mi madre desesperada fue a pedir ayuda a la iglesia y para su sorpresa un cura joven le dio la bienvenida. Ella entró en la iglesia y le dijo.

-Padre tengo dos hijos y mi marido me ha abandonado, necesito ayuda.

-Tranquila, soy el padre Diego ¿Cómo se llama usted?

Mi madre le contestó.

-Yo soy Rafaela Manzano, como le digo tengo un niño de seis años y un bebé y no los puedo dejar con nadie para buscarme la vida.

El cura se ofreció a ayudarla de echo nos ayudó un par de veces, poco después mi madre vino un día muy exaltada y me dijo.

-No te acerques al padre Diego, que no es lo que parece.

Yo muy enfadado le pregunté.

-¿Que te a echo mama?

Mi madre me miro y me dijo.

-Quería hacerme, pero yo no he consentido Enzo, hay que tener dignidad.

La casa donde nos había dejado mi padre, era más bien una choza, llena de humedades con una habitación, un saloncillo chiquitito con cocina incorporada y un cuartito de baño, todo en un estado lamentable. Así que no teníamos nada que vender, mi madre decidió que lo mejor, era ponerse en la puerta del supermercado de un pueblo cercano a pedir caridad humana, como decía la pobre. Se pegaba allí varias horas, hasta que conseguía algo para que yo comiera y ella también pues tenía que darle el pecho a mi hermano. Así estuvimos varios meses por allí mendigando, hasta que un día en la puerta del supermercado, conoció a un hombre que se acercó a ella y le dijo.

-Hola soy Alfonso Tejedor Secara, soy asistente social.

-Hola yo soy Rafaela, encantado de conocerlo.

Alfonso le pregunto.

-¿Que te ocurre?

-Mire usted señor Alfonso, que tengo dos hijos y estoy sola aquí, mi marido se fue y no volvió.

Alfonso se quedo pensativo un instante y dijo.

 -No se preocupe señora, voy a hacer todo lo que esté en mi mano por ayudarles.

Mi madre desconfiada en el asunto contesto.

-Si para que me ayude me tengo que acostar con usted, olvídelo.

El señor se disgusto y le replicó.

-¿Por qué dice eso? Yo me dedico a ayudar a las personas, es mi trabajo y nunca vulneraria los derechos de ningún ser humano.

Mi madre le respondió.

-Disculpe usted si lo he molestado, pero es que lo mismo me dijo el cura y luego quería acostarse conmigo y yo no soy una mujer de las que se acuesta con cualquiera.

Alfonso impresionado le preguntó.

-¿Que cura?

-El cura del pueblo, el padre Diego.

Ante tal atónitas informaciones Alfonso contestó.

-El padre Diego, ¡Hijo de puta! perdone la expresión ¿No lo ha denunciado?

Mi madre reflexiono y le contestó.

-No tengo medios, por desgracia.

Alfonso la miro a los ojos y le dijo.

-Yo conozco una periodista Davinia Céspedes Pomar. A ella le puede interesar eso del padre Diego y además también colabora en un comedor social. Te puede ayudar con tus hijos, mañana a las once y media de la mañana voy a venir a verte con ella.

Mi madre le volvió a dar las gracias y le dijo.

-Vale Alfonso y disculpe si lo he malinterpretado.

Alfonso muy compasivo le dijo.

-No se preocupe, ya mañana hablamos.

 Mi madre me miró y me comentó.

-Vamos a casa Enzo, que mañana a las once tenemos que estar aquí.

De camino a casa, mi madre me miró con los ojos rebosantes de lágrimas diciéndome.

-Hijo, siento mucho que tengas que escuchar y vivir tantas cosas tan pequeño, es tan injusto que tu padre sea tan malo, hijo.

Yo rápidamente la corte y la alenté.

-No me importa nada mi padre, además mama yo siempre voy a ayudarte, yo solo quiero que tú seas feliz, que ya te lo mereces.

Mi madre me echo el brazo por encima y continuamos nuestro camino hasta casa.

Al día siguiente, en la puerta del supermercado el señor Alfonso acompañado de una mujer aparco su Mercedes en el aparcamiento, la mujer muy simpática salió del coche y se acercó a nosotros. Seguidamente le dio dos besos a mi madre y le dijo.

-Hola soy Davinia, tú debes de ser Rafaela, tu Enzo y este pequeñín Kevin, si no me han informado mal.

Mi madre la miro y le dijo.

-Sí, ha dado usted en el clavo, encantada de conocerla señorita Davinia.

La mujer muy abierta rápidamente se dirigió a mi madre y la empezó a informar.

-Pues mira chica vamos a hacer lo siguiente, lo primero que voy a hacer llevarte a casa con los nenes, para saber dónde vives y ya mañana en vez de venir aquí, vas a venir conmigo a trabajar en un comedor social. No cobrarás nada en dinero, pero tu casa estará cubierta tanto en ropa como en alimentos, que no es poco. Por Kevin no te preocupes, te lo podrás traer, pero a Enzo lo tenemos que meter en el colegio que ya tiene edad suficiente. Por el colegio tampoco tienes que preocuparte, tengo amistades que nos pueden facilitar la entrada. Luego una vez te estabilices y puedas afrontar nuevos retos denunciaremos al padre Diego, para que no vuelva a abusar de ninguna criatura. ¿Qué te parece?

-Me parece fantástico, no me lo puedo creer, gracias a los dos, pero sobre todo a usted señor Alfonso.

-No hay de qué.

Contestó Alfonso.

Nos montamos en el coche y Alfonso nos llevó a casa, entraron con nosotros y mi madre se notaba avergonzada pero Davinia la miró y le dijo.

-Tampoco esta tan mal, Alfonso y yo te vamos a ayudar a pintarla y te vamos a dejar un televisor y algunas cosas más para que estéis más cómodos, pero tampoco creo que no se pueda solucionar.

Alfonso se ofreció enseguida y dijo.

-A mí se me da  bien la albañilería, yo me encargo de las humedades. La casa está en muy mal estado pero tiene un patio donde poderte cultivar tus verdurillas además tiene sitio para un pequeño parque, yo le veo muchas posibilidades.

-No sé cómo voy a pagaros.

Dijo mi madre emocionada.

-Ayudando tú también, a gente que lo necesite ¿Qué te parece?

Contestó Davinia.

-Bien, muy bien, haré todo lo que pueda, no lo dudéis.

A partir de ese día las cosas fueron más normales,  aunque no teníamos dinero, siempre había en casa algo para comer y ropa limpia que ponerse. Mi padre nos dejo en una casa vieja, cerca de un vertedero, con lo cual había ratas y cucarachas en un número demasiado elevado, por lo que estábamos expuestos a infecciones y enfermedades todo el tiempo. Alfonso incremento veneno en forma de pastillas por todo el patio, debido a aquello, se hizo una costumbre el encontrarnos ratas muertas en el patio. El venía siempre con Davinia y ayudaban a mama pintando la casa, arreglando las puertas o las ventanas o incluso el techo que estaba fatal.

Un día el techo de mi habitación empezó a resquebrajarse y Alfonso se tuvo que venir solo, porque no estaba planteado, con lo que la cogió fuera trabajando. Ese día fue terrible pues le dio por aparecer a mi padre, intentó entrar pero la cerradura no recogía la llave, eso lo enfureció así que empezó a golpear la puerta y a gritar.

-Abre la puerta puta, abre la puerta.

Alfonso se bajó de la escalera paso por el salón miró a mi madre y le dijo.

-¿Es tu marido?

-Sí, es un sicópata.

Contestó mi madre temblorosa.

-¿Quieres que lo eche?

Se ofreció, Roberto.

-No, que es muy agresivo.

Susurro mi madre.

-No te preocupes, que yo lo entiendo.

Insistió Roberto, luego se dirigió a la puerta, la abrió y le dijo.

-¿Que es lo que quieres?

-Que que es lo que quiero ¿Qué coño haces tú en mi casa? Quita inútil.

Lo empujó y lo tiró de espaldas, mi madre fue corriendo y Alfonso se volvió y le dijo.

-Queda te ahí.

Se levantó se fue para él y le dio un puñetazo, Enzo cayó de espaldas, Alfonso se tiró encima y la emprendió a golpes contra él, lo amarró con unas bridas de plástico y llamo a la policía.

Cuando los policías llegaron a casa entraron directamente, Alfonso los abordó y empezó a hablar con ellos. Un instante después, se llevaron a mi padre directamente, el policía le dio la mano a Alfonso y se dirigió a mi madre.

-Lo siento mucho señora, que tengan buenas noches.

Alfonso educadamente le contestó.

-Igualmente agente, buen servicio.

Mi padre mientras se lo llevaban, iba gritando en italiano.

-"Ti uccidero' giuro che ti ammazzo".

Que en español significa: Os mataré juro que os mataré, haciendo referencia a Alfonso y a mi madre respectivamente. En un calentón cualquiera es capaz de decir eso, pero en el caso de mi padre eso era un juramento y por lo que yo había vivido, siempre cumplía sus juramentos. Así que el miedo se enfundó en mí y nunca se alejó lo suficiente.

Pasaron seis buenos, años hasta que otra vez un mes de junio en vista del cumpleaños de Kevin.

-Doctor sigo o está usted cansado, si quiere lo dejamos para mañana.

-No por favor, continua, no me dejes así. No pienso acostarme hasta que no acabes, llevo mucho tiempo esperando respuestas, lo necesito.

-Vale señor, como son las seis de la mañana, por eso lo he dicho. Pero bueno, écheme una copita y le sigo contando.

Mi madre y yo preparábamos el cumpleaños de mi hermano que estaba durmiendo, hablamos de lo que íbamos a hacer al día siguiente, de lo bien que nos lo íbamos a pasar, cuando de repente llamaron a la puerta. Mi madre me miró y me preguntó.

-¿Quien será a estas horas Enzo?

Yo le contesté.

-No se mama, pero no habrás por si a caso.

Mi madre se dirigió a la puerta y preguntó.

-¿Quién es?

Una voz de hombre se escuchó.

-Perdone que moleste a estas horas, he tenido un accidente de moto y estoy sangrando.

Mi madre se asomó por la mirilla y le vio sangre en la cara. Como buena persona que era, quiso ayudarlo y nada más quitar el cerrojo, cuatro hombres empujaron la puerta y se metieron dentro de la casa.

Mi madre echó la vista atrás y me dijo.

- Vete al cuarto, Enzo.

Volvió la cara y se dirigió a ellos.

-Que hacéis en mi casa, fuera no tengo dinero.

Yo me fui corriendo al cuarto, entré me apresure directo a la mesita de noche, la retiré y cogí la pistola de mi padre, entretanto se escuchaban los alaridos de mi madre luchando con esos cerdos que querían abusar de ella.

Desperté a mi hermano y lo saqué por la puerta del patio.

 -¡Corre! ¡Busca ayuda!

 Le exclame.

 Salí por la puerta con la pistola en la mano temblando como un flan, vi a esos cuatro energúmenos sujetando a mi madre para violarla. Les increpé diciendo.

-Soltad a mi madre bastardos, si no os meto un tiro.

La soltaron y uno de ellos se acercó a mí y me dijo.

-Suelta eso niño, estás loco.

-Fuera hijo de puta, no te acerques.

Dije yo.

No hizo caso, se acercó y le pegué un tiro en el hombro. A esto que distraje la vista hacia mi madre y me gritó.

-Cuidado Enzo, un disparo me alcanzó en el abdomen y caí abatido. Desde el suelo y sin perder la consciencia, tuve que escuchar como esos hijos de puta violaban y golpeaban a mi madre, hasta causarle la muerte. Yo estaba tirado en el suelo y no podía ni moverme, solo gritaba hasta la saciedad.

-Dejarla perros, dejarla.

Recordando aquellos terribles momentos, se me fue haciendo un nudo en la garganta y no pude evitar romper a llorar. Mi abuelo que se estaba dando cuenta, intentó consolarme. Pero a mí en ese momento, solo me consolaría verlos arder en el infierno. Después de un paréntesis continué con mi historia.

-Justo antes de perder el conocimiento por la falta de sangre en mi cuerpo, escuché como uno de ellos llamo por teléfono y dijo en italiano."Quella troia agià pagato il capo". Que en español significa, ya lo ha pagado esa guarra, jefe. Fue justo ahí, donde me di cuenta que los había mandado mi padre, ese energúmeno, traidor sin sangre.

Hay perdí el conocimiento, mi hermano Kevin buscó ayuda, pero para cuando llegaron, mi madre ya no respiraba. A mí, me llevaron rápidamente al hospital más cercano en una ambulancia, ya ahí empezaron a meterme transfusiones de sangre y a taponarme la herida. Estuve horas entre la vida y la muerte, los médicos incluso me dijeron, que Dios me había puesto la mano, pero yo solo sé,  que cuando me desperté en esa habitación de hospital, estaba totalmente solo.  Empecé a gritar sin control.

-¿Mama donde estas, mama?

Vino corriendo una enfermera y me dijo.

-Estate tranquilo, que te va dar algo.

-¿Dónde está mi madre?

-No se chaval, espera que lo pregunte.

Salió por la puerta, y pasados unos minutos apareció el doctor que me había operado, entró mirándome a la cara y me dijo.

-Hola soy el doctor Gómez,  Enzo yo soy quien lo ha operado, has tenido a Dios de tu parte chico, procura no hacer esfuerzos que se te pueden soltar los puntos. Tu madre por desgracia ha fallecido, te acompaño en el sentimiento hijo, de verdad que lo siento.

-Fuera de aquí, fuera que quiero estar solo.

Le grite desconsolado.

El doctor, se fue por donde había venido, sin decir ni una sola palabra más.

Si le soy sincero, estuve a punto de quitarme la vida varias veces y aunque parezca increíble, solo me empujaba a vivir la imagen de esos salvajes. Tengo memorizadas sus caras a fuego y aunque la policía no sepa su paradero, yo cuando esté preparado los encontraré y descuartizaré como si de cerdos se tratasen. Y para el hijo de puta de mi padre le tengo reservado algo mejor, lo voy a dejar morir a la intemperie sin agua, hasta que se le desgarre la piel.

-Nieto, después de oír tus palabras considérame tu aliado, porque esos bastardos no pueden quedar impunes, de habernos quitado lo más importante de nuestras vidas. Te voy a preparar para irnos los dos a buscar a esos perros ¿Seguro que te acuerdas de sus caras?

-Perfectamente abuelo, por supuesto que me acuerdo, de eso no te preocupes.

-Te pregunto porque no sé si sabes que soy neurocirujano, pero además de eso inventamos nuevas vacunas, medicamentos, en nuestros laboratorios, soy el dueño de una marca muy importante. Pues bien, ahora he estado creando una mezcla de neurocirugía y tecnología llamado Recovery Bluetooth. Se trata de un implante en el cerebro nunca antes visto, bien podría ser la cura definitiva de muchas enfermedades. Dentro de poco, si Dios quiere, se podría implantar a humanos y entonces seré uno de los hombres más poderosos del mundo. Compraremos policías, jueces y lo que haga falta pero acabaremos con ellos, te doy mi palabra.

Me quedé impresionado con la respuesta, con lagrimas en los ojos me levanté y le dije.

-Abuelo ya está bien por hoy, mañana te sigo contando, que para mí no es grato recordarlo. De hecho, eres tú la primera persona que escucha mi historia. De los seis meses largos que he estado en el colegio, me han tenido buena parte en un psicólogo y aunque era un gran profesional no consiguió sacarme nada. Imagínate lo duro que es para mí, contar como me sentí con esa atrocidad. Pero al conocerle y después de mucho meditar, he llegado a la conclusión de que necesito su ayuda para vengar a mi madre.

Ya tengo catorce años y la sangre fluye por mis venas con la fuerza de un huracán, pensado que pronto tendré la fuerza suficiente para acometer mi venganza y si el camino me da la oportunidad de recibir la ayuda de su progenitor, quien soy yo para rechazarla.

Mi abuelo se abrazo a mí y sentí que era algo mío, sentí la ternura que solo había sentido con mi madre y pensé. Por fin Dios te has acordado de mí, gracias Dios gracias. El se secó las lágrimas y dijo.

-Vale ya, está bien por hoy, pero mañana me sigues contando vale, no te sientas solo que tu abuela y yo estamos contigo.

Nos despedimos y nos fuimos a dormir. 

Al día siguiente me desperté a las diez de la mañana, me aseé, me vestí  y bajé a desayunar. Al salir del ascensor, mi abuela me recibió con una sonrisa, se dirigió a mí y me preguntó.

-¿Que tal has dormido pequeño?

Yo le devolví la sonrisa diciéndole.

-Fenomenal, muchas gracias por todo abuela.

Al escuchar por primera vez que la llamé abuela, quedó acongojada y respondió.

-Cariño mío, por ti me sacaría las entrañas, esta es tu casa y siempre lo será. Nosotros lo que estamos haciendo es cumplir con nuestro deber, al faltar tu pobre madre. Siempre te hemos querido, hemos sufrido mucho hasta encontrarte y ya nunca te separaras de nosotros.

-¿Quieres desayunar?

-Si eso estaría bien.

Mi abuela llamó a Tibe y le dijo.

-Tibe prepare el desayuno al señorito.

-Si señora enseguida; Enzo que desea.

-Una tostada con mantequilla y mermelada y un soluble de cacao, estaría bien. Por cierto ¿Donde está el abuelo?

-Esta atrás en el huerto, tu abuelo aunque sea medico viene de una familia de campo, le corre por las venas no lo puede evitar. Ahora cuando desayunes vamos a verlo, tú no has visto apenas una decima parte de esta casa, te va a encantar la finca. Pero antes desayuna, que estás muy flacucho.

Salimos por la puerta trasera y unos ocho mil metros cuadrados de terreno, limitaban la finca. Eché un vistazo y en un lateral vi a mi abuelo con un sombrero de paja, anduve hasta llegar a él, con voz alegre le dije.

-Hola buenos días ¿Puedo ayudarte?

-No hijo, que ya hace mucho calor, mejor vamos a sentarnos hay en el merendero y acabamos la conversación de anoche, si te parece. Espera un momento que le voy a pedir algo de beber por él móvil  a Tibe.

-¿Por el teléfono se lo pides?

-Claro yo aprovecho mucho la tecnología, me gusta mezclar costumbres. Por cierto ¿Y tu móvil lo has iniciado ya?

Me comento, entre risas.

-No sabía que era mío abuelo, gracias pero como nunca he tenido uno, no sabría seguramente.

-Tú eres listo, luego lo ponemos en un momento y así aprendes, que no va a hacer el último que estrenes hijo.

-Si muchas gracias, yo creo que lo aprenderé.

-Retomando la conversación de anoche, cuéntame cómo llegaste a parar al reformatorio.

-Yo estuve pensando en el hospital, y llegué a la conclusión de que si me quedaba allí, mi hermano y yo recalaríamos en familias de acogida, seguramente distintas y no volveríamos a vernos. Mi hermano Kevin llegó allí conmigo y lo dejaban hasta el día siguiente para despedirse de mí, luego se lo llevaban ya los asuntos sociales. Yo evidentemente en aquella fecha no sabía de vuestra existencia, con lo cual elaboré un plan de fuga arrastrando conmigo a Kevin. Me intente levantar pero el dolor era insoportable, por lo que me tumbé de nuevo. Llamé a la enfermera, cuando vino puse cara de bueno y con una sonrisa fingida le dije.

-Perdone ¿Usted me podría conseguir una sillita de ruedas? Por favor que he perdido a mi madre y quiero ver a mi hermano para hablar con el.

La enfermera contestó.

-Veré que puedo hacer hijo.

Al poco apareció con la silla y me dijo.

-Lo voy a llevar, pero no mucho tiempo que tengo mucho lio.

Yo con voz de, yo no he sido, le conteste.

-Gracias, es usted muy amable.

Me ayudó a incorporarme, yo aguante el dolor sin quejarme, disimulando no fuera que se arrepintiese. Me montó en la silla y me llevó directamente a la habitación donde tenían a mi hermano, al entrar vino corriendo y me abrazó.

-Yo no quiero separarme de ti.

Dijo Kevin.

Yo con lágrimas en los ojos lo agarré contra mí y le dije.

-Y no lo harás Kevin.

La enfermera dijo que teníamos cinco minutos y que luego pasaría a recogerme, tiempo suficiente pensé yo. Directamente le dije a Kevin.

-Agarra la silla y empújame hasta que salgamos del hospital sin mirar a nadie solo mira al frente.

Kevin asustado me miro y dijo.

-Pero Enzo...

Yo con voz cortante no lo deje ni terminar.

-Calla y haz lo que te digo, tú y yo volvemos a casa, yo me encargare de ti como siempre.

Mi hermano agarro la silla y dijo.

-Vale hermano, yo prefiero pasarlo mal contigo que bien sin ti.

Salimos del hospital por el área de urgencias y con la aglomeración que había nadie se dio cuenta, con lo que nos fue más fácil de lo que yo pensaba al principio. Lo difícil venia después, que estábamos a treinta kilómetros de casa, era casi de noche y no teníamos ni un céntimo. Cuando  empezó a cerrarse la noche mi hermano se asustó, pero yo lo calmé. No podíamos acudir a nadie, así que lo mejor era escondernos en la playa hasta que amaneciera. Nos fuimos a la playa directamente, de camino nos encontramos  a un gitano recogiendo su puesto ambulante dentro de su furgoneta. Miré a Kevin y le dije.

-No lo mires sigue andando.

Pero el hombre me llamo la atención.

-Oye ¿Tu eres el hijo de Rafaela de Sabinillas?

Me giré y le dije.

-Sí, ese soy yo.

-Enzo no te acuerdas de mí, soy el Chacho.

Enseguida le dije a mi hermano.

-Párate, que yo lo conozco.

Nos acercamos y me dijo.

-Me he enterado de lo de tu madre, lo siento de verdad, hijo lo siento ¿Qué hacéis aquí solos?

-Nos quieren separar y hemos huido.

Contesté con pena.

-¿Donde vais?

-A escondernos, pero queremos ir a casa.

-Montarse en la furgoneta que yo os llevo.

-Siempre le estaremos agradecidos.

Chacho nos llevó hasta prácticamente la puerta y luego se despidió de nosotros. Una vez en casa, no teníamos llaves, así que Kevin con mi ayuda saltó por el patio, con una de las herramientas del huerto partió  el cristal de la puerta, me abrió entré y cerró la puerta enseguida. Todo estaba lleno de sangre y tirado por los suelos, pero yo estaba roto de dolor y mi hermano era chico, así que le dije.

-Vamos a la cama, que mañana es otro día.

Estuve seis o siete días en cama y sorprendentemente nadie paso por allí a buscarnos. Mi hermanillo era muy bueno, con lo que la convivencia era perfecta entre nosotros. Al no conocer a mi padre, Kevin veía en mí esa figura. Con las cuatro cosillas que mama tenía en casa nos dio para subsistir, pero ya se estaba acabando. Así que a partir de ahí tuve que buscar el sustento para mi hermano y el propio. Teníamos que pasar desapercibidos, no podíamos andar por el pueblo fuera ser que cualquier vecino llamara a los servicios sociales. Pero un día se me ocurrió un plan y se lo comenté a Kevin, íbamos a vigilar a la vecina para saber cuando salía, posteriormente me colaba en su casa y le robaba toda la comida. Así hicimos con todos los vecinos. Sobrevivimos sin que nadie nos viera seis largos meses. Hasta que un día en vísperas de navidad mi hermano me dijo.

-Quiero que Papa Noel me traiga una consola de esas que salen en la tele. ¿Puedes llevarle mi carta Enzo? Por favor.

Yo que no partía peras con mi hermano le contesté.

-Claro Kevin, seguro que sí.

Al día siguiente me levante de la cama y le puse él desayuno, le dije que no le abriera a nadie que iba a tardar un rato. Me puse a caminar en dirección a un centro comercial que estaba a unos doce kilómetros. Cuando llegué estaba cansado,  así que me senté a pensar como la iba a sacar de allí, sin un duro que estaba. Frases de mi padre planeando algún robo con sus compinches como, hay que ir con determinación, no levantar sospecha o hay que mirar fríamente a los ojos, se me pasaron por la cabeza. Me anime un poco pensando la ilusión que le haría a mi hermano, y me empujo a entrar. Me fui directo a las herramientas y cogí una pistola de silicona, unos alicates, un cúter y me los oculte,  pase por la sección de consolas y cogí la caja. Esperé atento a que se despistara la mujer encargada del probador y me colé. Con los alicates y mucho cuidado empalme los cables de la luz del probador a los de la pistola. Con el cúter destroce toda la caja sin quitar los cables del antirrobo, para que no sonara la alarma .Luego la saque con mucho empeño y riesgo pues los cables estuvieron a punto de romperse, la metí en la bolsa le puse encima un ticket que recogí de la papelera de la entrada, luego la selle con silicona emulando el termo sellado. Una vez terminada la chapuza me dirigí a una de las últimas cajas, con la bolsa en la mano y con voz inocente le dije a la cajera que bien podía ser mi abuela.

-Disculpe señorita, me podría dejar pasar que mi madre es aquella señora de allí y me está buscando. Es que la puerta está lejos, por favor.

-Me miró de arriba a abajo y me dijo.

-Si pasa, criatura.

Pasé y sin mirar atrás me fui directo a la puerta y no respiré hasta ver la luz del sol. Ya fuera aligeré el paso loco de contento por mi hermano Kevin y por la ilusión que le haría despertarse el día de navidad con ese regalo. Así que tardé bastante poco, no sabría decirte exactamente porque nunca he tenido un reloj, pero poco tiempo en volver.

Al divisar mi casa a lo lejos vi un coche de policía aparcado en la puerta, me imaginé que algo le podía pasar a Kevin con lo que entre sin pensar. Me llevé una sorpresa al ver a Alfonso allí esperándome con la policía, le pregunte.

-¿Qué hacéis aquí?

Alfonso me contestó.

-He venido a ver si estabais aquí, solo quiero ayudaos. Estas no son condiciones para dos niños desamparados.

-¿Ayudarnos o separarnos?

Pregunte mosqueado y gritando como un animal.

Alfonso se acercó a mí y lo empujé, en ese momento los dos policías arremetieron contra mí, me sujetaron y sentaron en una silla.

-¡No dejadlo!

Exclamo Alfonso.

Uno de los policías le contestó.

-No tranquilo, si solo queremos que se relaje.

Luego me miró a mí y me pregunto.

-¿Que traes en la bolsa?

-Nada.

Contesté.

-Haber enséñalo.

Me dijeron los dos al unísono.

Se lo tuve que enseñar, con lo que de allí ya salimos separados.  A mí me acusaban de un delito al ser un artículo de más de cuatrocientos euros. El drama que allí se vivió cuando nos llevaban a cada uno por un lado, se lo puede imaginar. Fue entonces cuando me llevaron al reformatorio, del que gracias a Dios usted me ha sacado. Ahora ya sabe mi historia abuelo.

-Me parece desgarradora, hijo desgarradora. Siento muchísimo por lo que has tenido que pasar Enzo. De verdad que lo siento.

 


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