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Gladiadores de la Luz IV: Enemigo Entre Sombras

Gladiadores de la Luz IV: Enemigo Entre Sombras

16-02-2017

Ciencia ficción/fantástica novela

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El mundo de Luz que los Light Troopers dieron a la humanidad apenas duró un año ya que un poderoso Mal, un Enemigo entre Sombras, quiere sumir a la Tierra en la Oscuridad.

 

Para luchar contra aquel poderoso Mal y buscar vencerlo, la  Luz  recluta nuevamente a Andrés, a Mina, a Camilo, a Katherine, a Diana, a Abigail y a Lorena para transformarlos en la versión más fuerte de sus Gladiadores: los Ángeles de Luz, quienes tendrán a su disposición  un gran bagaje de habilidades, poderes y  tecnología y, contarán con criaturas fantásticas que serán sus aliados.

 

Los Ángeles de Luz continuamente buscarán entrometerse en los planes de aquel Poderoso Mal para evitar que el mundo quede sumido en la más horrible y profunda oscuridad.

 

“Enemigo Entre Sombras”, la cuarta parte de Gladiadores de Luz, narra, no sólo las batallas de los siete Ángeles de Luz y sus aliados contra su poderoso enemigo, sino también la vida y experiencias de los protagonistas, por lo que, al igual que las partes anteriores, sigue varios estilos de manga volviéndolo un libro no apto para todo público. 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

CAPÍTULO I: EL PRECIO DE LOS RECUERDOS

 

A comienzos de septiembre una chica trigueña, casi negra, delgada, muy delgada, de grandes ojos café y, cabello negro estaba tirada sobre un escritorio. Tenía  a su costado izquierdo una botella de whisky a la mitad y en su mano derecha un vaso.

—¡Odio este mundo! –dijo la chica y se tomó de un solo trago el contenido de su vaso— En este mundo los hombres ya no le meten a una sólo por tener sexo, sólo por placer. Sólo te lo meten si están enamorados de ti ¡Hasta el idiota de mi primo quiere que le diga que lo amo para metérmelo! –llenó otra vez su vaso— ¡¿Cómo voy a decirle que lo amo si es hijo de uno de mis tíos! ¡Sólo quiero sexo! ¡No quiero amor! –se tomó de un solo trago el contenido de su vaso— Sólo me he enamorado dos veces, me enamoré de tipos que estando a punto de metérmelo se arrepienten y se van ¡El uno porque suena su reloj y el otro porque timbra su teléfono! –llenó otra vez su vaso— Hasta es difícil conseguir licor en este mundo. Ya no quieren venderme licor por ser menor de edad. Tengo diecisiete años ¡¿Y?! Yo bebo desde que tengo doce años. Empecé a beber el mismo día que perdí mi virginidad. Tomé para que no me duela mucho –vio su botella—. Este whisky es de la reserva especial de mi padre ¡En este mundo están prohibidas las dos cosas que me gustan: el sexo sin amor y el alcohol! Odio este mundo, odio este mundo, odio este mundo ¡Quisiera que este mundo vuelva a ser como era antes!

 —Yo también quiero lo mismo.

La chica  se asustó  al escuchar esa voz y miró a su alrededor sin encontrar a nadie.

—¡¿Quién dijo eso?! –preguntó temerosamente.

Del rincón más oscuro de su cuarto salió un hombre blanco, cabello rubio y ojos azules vestido con un traje negro. A la chica le pareció el hombre más guapo que había visto en su vida.

—¿Quién eres tú? –preguntó la chica.

—En ningún lenguaje sobre la faz de tu planeta puede ser pronunciado mi nombre pero, debido a mi naturaleza,  puedes llamarme Amo Oscuro.

—¿Eres un demonio o el diablo?

—No. Soy un ser que se alimenta de energías negativas o malignas. Detesto que al  eliminarse el mal, por ende la oscuridad, de tu mundo, éste se haya vuelto un foco luminoso en la galaxia. Un foco que ha hecho que mi fuente de energía desaparezca de casi la quinta parte de esta galaxia, la que ha estado en mi poder desde tiempos inmemoriales.

—¿Qué quieres tú?

—Lo mismo que tú y, para lograr ese fin quiero que me ayudes.

—¿Colaborar contigo? ¿Qué gano con eso?

—Poder.

—Yo no quiero poder ¡Quiero sexo y alcohol!

La chica se tomó el vaso de un solo trago.

—Yo puedo ver tu mente y me doy cuenta que tú usas el sexo como una manera de controlar a los hombres, como una  manera de ejercer poder sobre ellos, como una forma de dominio sobre ellos. Tú tomas para aplacar la frustración que sientes cuando no puedes dominar a los hombres.

Ella meditó en las palabras de aquel ser.

—¿Cómo colaboro contigo?

—Antes de decirte como quiero que colabores conmigo, voy a asegurarme que sepas en lo que te estás metiendo.

Amo Oscuro extendió su mano derecha hacia la chica e hizo que flotara.

La chica sintió ganas de vomitar y arrojó todo el alcohol que había tomado.

—¡¿Qué me estás haciendo?! –logró decir la chica.

—Quiero que estés sobria.

Él chasqueó junto a la cabeza de ella con lo que se le quitó toda la borrachera.

Al sentirse totalmente sobria la chica exclamó —: ¡Me siento como si no hubiera tomado ni una gota de alcohol! Ese whisky era demasiado caro para ser desperdiciado de esta manera.

Amo Oscuro hizo que ella asentara sus pies en el suelo y dijo —: Ahora que estás sobria, quiero que me digas si estás dispuesta a colaborar conmigo. Quiero que me digas si entiendes que mi fin es que este mundo deje de ser el punto luminoso que es ahora.

—Sí, lo entiendo. Colaboro contigo si me das el poder que me has ofrecido. Quiero saber si el poder me satisface más que el sexo.

—Tú tendrás poder sobre todo el planeta, mi pequeña Regina Salgado.

—¿Por qué sabes mi nombre?

—Porque te conozco. Tú quieres lo mismo que yo, que este mundo vuelva a ser como era antes.

—Está bien ¿Qué quieres que haga?

 —Que te arrodilles y me entregues tu alma.

—¿Seguro que no eres el diablo?

—No lo soy ¡¿Por qué insistes con eso?!

—Porque dicen que el diablo pide almas a cambio de sus dones ¿No te basta con mi lealtad?

—Al darme tu alma me estás autorizando a eliminarte si me traicionas o me fallas.

Regina se encogió de hombros y puso su rodilla izquierda en el suelo, reclinó su cabeza y dijo —: Mi alma es tuya, Amo Oscuro.

Él sonrió  y puso las palmas de sus manos sobre la cabeza de ella.

—Desde ahora en adelante serás conocida como Fuente Maligna.

Fuente Maligna empezó sentir como si fuera electrocutada y empezó a gritar dolorosamente.

—¡¿Qué… me… estás… haciendo?! –logró ella articular.

—Estoy haciendo que nazcas como un nuevo ser. Te estoy dando el poder que te ofrecí. Tienes que usar ese poder para que todo aquello que representa al bien caiga ante mis pies.

 

Pocos días después, mientras dormía en su cama bajo la cama de Mina, Argos soñaba que estaba en la playa mirando el mar. De pronto en sus sueños se apareció frente a él, obstaculizándole la vista, una mujer vestida con túnica blanca. Él alzó su mirada para ver el rostro de ella.

—¡Sacerdotisa Clarity!

—Un nuevo mal está acechando a este planeta, mi buen Argos.

—¿Un nuevo mal? ¿De dónde viene? ¿Qué tan poderoso es?

—No tenemos información precisa de su origen. Asumimos que viene desde el centro de la galaxia.

—¿Desea que los muchachos luchen contra ese mal?

—Sí pero, ahora ya no serán Light Troopers, serán Ángeles de Luz.

—¡¿Ángeles de Luz?! ¿El nuevo mal es tan poderoso que necesitamos a los Ángeles de Luz?

—Sí, Argos. Para que te hagas la idea de que tan poderoso es ese mal, te diré que, para poder enfrentarlo, un Ángel de Luz será diez veces más poderoso que todo el grupo de Light Troopers.

—¿Qué tengo que hacer?

—Primero tú y Ágata construirán la base de los Ángeles de Luz.

—¡¿Necesitarán base?!

—Sí, será construida bajo el Museo Japonés con estos planos.

Frente a Argos se apareció una serie de planos.

—La base estará cien metros abajo del Museo Japonés y estará formada por tres pisos.

—¿Cómo construiremos esto? No tenemos manos ni herramientas.

—Ustedes tendrán el poder de hacer lo que quieran con su mente. Podrán materializar y desmaterializar lo que deseen.

—Debemos estudiar estos planos.

—Así es Argos. Cuando despiertes, los encontrarás a lado de tu cama. Todas las dudas que tengan de los planos serán aclaradas por los arquitectos que los diseñaron.

Un hombre y una mujer aparecieron a lado de la sacerdotisa Clarity.

—¡Eduardo y Sofía! —exclamó Argos.

—Hola Argos. —dijo Sofía con una sonrisa en los labios.

—Diseñamos los planos de la base para que sea capaz de soportar un terremoto de magnitud 9.9 en la escala de Richter. Cualquier cambio que tú y Ágata quieran hacer a los planos nos informan para realizar el análisis respectivo. —dijo Eduardo.

—Eduardo y Sofía, a más de ser los diseñadores de la base de los Ángeles de Luz, actuarán como espíritus consejeros. —informó la sacerdotisa Clarity.

—¿Daremos los poderes de Ángeles de Luz a los muchachos?

—Sí, Argos. Los darán cuando ustedes recuperen las manchas de sus lomos.

—Sus órdenes serán cumplidas al pie de la letra, sacerdotisa Clarity. Eduardo y Sofía, será agradable contar con su ayuda.

Argos despertó y encontró al lado de su camita un rollo de planos. Se dio modos para sacarlos de la casa.

 

A mediados de mes por la noche, el maestro Yoshi sintió una serie de temblores.

“¿Qué está pasando aquí?” pensó al despertar.

Salió de su habitación.

“¿Será que tengo el sueño muy ligero o las chicas tienen el sueño muy pesado?” pensó el maestro Yoshi al darse cuenta que era el único habitante de su casa que había sido despertado por el temblor.

Salió de la casa y sintió otra vez un temblor esta vez acompañado de un extraño ruido.

“¿Acaso soy la única persona que siente los temblores y escuchó el ruido?”

Recordando la dirección del ruido empezó a caminar.

 

Al cabo de pocos minutos se detuvo en medio del jardín posterior con vista a los valles sin saber a dónde ir. Esperaba que otra vez se produzca un temblor acompañado con un ruido.

Se produjo lo que esperaba y se dio cuenta que el ruido provenía de un baño público ubicado en el extremo más alejado de todo el museo. Un baño que por su lejanía casi no era visitado.

 

Caminó hacia él y se detuvo a su lado.

Esperó unos minutos más y escuchó voces provenientes de la parte posterior. Reconoció las voces.

“¿Qué estarán haciendo aquí los dos gatos guardianes?”

Dio la vuelta alrededor del baño y los vio discutiendo.

—¿Estás seguro que la bóveda intermedia debe tener cincuenta metros de altura?

—Los planos de Eduardo y Sofía lo dicen, Ágata.

—¿Por qué una bóveda tan alta?

—Entiendo que la bóveda es un gimnasio en donde deberán aprender a volar.

—Es muy duro cav…

—¿Qué estál haciendo aquí?

Ambos gatos se petrificaron y regresaron a ver.

—¡Maestro Yoshi! –dijeron los dos a la vez.

—¿Qué estál haciendo?

—Estamos construyendo la base de los Ángeles de Luz. –respondió Argos

—¿Bajo  mi plopiedad? ¡Debielon contálmelo!

—Lo sentimos, maestro Yoshi, pero debimos empezar a trabajar lo más rápido posible porque un gran mal nos está acechando.

El maestro Yoshi regresó a ver a la Luna, la que estaba oculta parcialmente por una densa nube negra.

—Entonces, esta sensación debelse a ese glan mal. –pensó en voz alta.

—¡¿Qué siente usted, maestro Yoshi?! –preguntó Ágata.

—Sentil una plesencia oscula muy maligna. Nunca en mi vida sentil enelgía tan flía, tan coltante, tan vacía. Sentil que es más maligna que el Leino Osculidad que Light Tloopers destluil.

—¡Si usted puede sentirla significa que ese poder maligno ya está aquí en la Tierra! –exclamó Argos.

—Tal vez estal plepalándose pala atacal.

—Por favor, maestro, permítanos seguir trabajando bajo el Museo Japonés. Es importante terminar la base. –pidió Ágata.

—Quelel plimelo que me digan  si chicos que fuelon  Light Tloopers selán  Ángeles de Luz.

—Maestro Yoshi, usted ya sabe eso. –dijo Ágata.

—Incluida mi nieta Akemi.

—El destino de los siete chicos, incluida Akemi, es luchar contra el mal –manifestó Argos—. No podemos oponernos a eso.

—Tenel lazón ustedes dos. Espelal que Akemi no muela otla vez. Espelal que ninguno de ellos molil.

—Eso mismo esperamos, maestro Yoshi.

—Buenas noches, Algos y Ágata.

—Buenas noches, maestro Yoshi. –dijeron los dos gatos.

El maestro Yoshi regresó a la casa.

—Ágata, hoy no vamos a dormir. –dijo Argos.

—¿Por qué? –preguntó con desgano Ágata.

—Porque tenemos que trabajar a doble turno para terminar la base en el menor tiempo posible.

—Pero no tenemos una fecha límite.

—¡Parece que Katy te ha contagiado su dejadez!

Ágata sin mediar más palabra regresó a la obra.

 

La base de los Ángeles de Luz fue terminada en la noche del último lunes de septiembre. Ellos estaban sobre la mesa redonda ubicada en el cuarto  más cercano a la superficie.

Ágata suspiró y exclamó —: ¡Al fin terminamos esta monstruosa tarea!

—Fue un trabajo muy duro pero está terminada la base de los Ángeles de Luz. Nos costó entender los planos electrónicos pero lo logramos ¡Eduardo y Sofía son más que arquitectos!

—Deberíamos tomar unos días para descansar.

La sacerdotisa Clarity se materializó frente a ellos.

—Mis pequeños, no tienen tiempo para descansar. Deben reunir a los Ángeles de Luz –la sacerdotisa puso sus manos en los lomos  de los gatos— y aprender a usar sus nuevos poderes.

Los gatos se fijaron mutuamente en sus lomos y exclamaron al unísono —: ¡Tu mancha volvió!

—Pero parece que tienes en la mitad de tu menos blanco la parte negra del símbolo del Yin Yan. –dijo Argos.

—Y tú en tu cruz negra tienes la parte blanca del Yin Yan.

—Sacerdotisa, ¿el cambio de nuestras marcas se debe a nuestros poderes?

—Así es, mi buen Argos. No sólo tienen la capacidad de otorgar los poderes a los Ángeles de Luz quienes serán custodios de los Ojos de Cristal, también su fusión ha sido mejorada.

—¿Cada Ángel de Luz será el custodio del Ojo de Cristal vinculado a su color? ¿Ya no usarán el poder del Sagrado Ojo de Espíritu?

—La respuesta a tu primera pregunta es sí y así es para la segunda, mi pequeña Ágata.

—¿Para qué construimos siete consolas que parecen de call center? –preguntó Argos.

—Los Ángeles de Luz necesitarán un Equipo Especial de Inteligencia que analizará el trasfondo de los eventos que se presenten en el mundo a fin de determinar si la entidad maligna está atrás y en misión serán el Equipo de Apoyo de los Ángeles de Luz.

—¿El equipo de inteligencia estará formado por las personas que conocieron la identidad de los Ángeles de Luz? –preguntó Argos.

—Así es.

—Si son siete, ¿no debería haber pedido que construyamos solo catorce asientos alrededor de la mesa de reunión? –preguntó Ágata.

—Ustedes definirán cuantas sillas harán falta.

—¿Cuáles son nuestros nuevos poderes de fusión? –preguntó Ágata.

—Bajen al cuarto de entrenamiento y descúbranlo por sí mismos.

—¿El procedimiento es similar? –preguntó Argos.

—Así es. Una cosa más, uno de ustedes deberá devolver los poderes de Mascara Negra a Gabriel Zaldumbide.

—¡¿Necesitarán el apoyo de Mascara Negra?!

—Así es, mi buen Argos. Él no será parte del grupo y sus poderes no han cambiado. Él sabrá quiénes son los Ángeles de Luz pero, ellos no sabrán quien es él.

—Argos debería devolver los poderes de Máscara Negra a Gabriel  porque me imagino que a mí me tocará reclutar a las chicas que formaron el grupo de Pink Trooper y a Argos le tocará reclutar a los chicos que formaron el grupo de Violet Trooper.  A más de eso, tuvo que hablar con Julieta, la prima de Gabriel, para evitar que ella siga acosando a su primo con preguntas que él no podía responder acerca de su desaparición.

—¿Estás de acuerdo, Argos?

—Sí, sacerdotisa.

Ella puso su mano derecha en la frente de Argos y desapareció.

Ambos gatos tomaron el ascensor para bajar al siguiente subsuelo, una enorme bóveda de cincuenta metros de altura.

 

Ambos gatos se pusieron frente a frente.

—Luz, masculino, día, blanco. –dijo Argos.

—Oscuridad, femenino, noche, negro. –dijo Ágata.

—Opuestos pero complementarios. Separados son nada. Unidos son un todo. –dijeron a la vez.

Se produjo una luz intensa que los cubrió por completo.

 

Al amanecer, Ágata estaba recostada en la mesa redonda visiblemente agotada.

—¡¿Po… podemos descansar?! ¡Hemos… hemos entrenado toda la noche! –dijo ella.

—Descansemos la mañana que en la tarde comenzamos a reclutar a los chicos.

—¿Deberán recordar que fueron Light Troopers?

—Me imagino que sí.

—¿Reclutaremos a uno por día?

—Sí, entonces yo devolveré los poderes de Máscara Negra a Gabriel el día viernes. Aprovecharé ese día para reclutar más gente.

—¿A quién más quieres reclutar a más de los siete Ángeles de Luz, Máscara Negra y, el Equipo Especial de Inteligencia que deberá estar formado por Rafael, Alejandro, Soledad, Raúl, Ethan, Nicolás y, Mateo?

—Al mayor Rodríguez, Katya Argudo y, a Guadalupe Méndez.

—Entiendo que al mayor Rodríguez y a Katya Argudo pero ¿por qué a Guadalupe? Tú sabes que el padre del hijo de ella es Andrés.

—Yo me preocuparé por eso. Ahora durmamos hasta medio día.

Argos se recostó y ambos se quedaron dormidos casi inmediatamente.

 

En el primer día de clases, primer lunes de octubre, Andrés se encontraba por la mañana con Lorena a los pies del edificio del ICB.

—Hola mi amor. –dijo ella y se besaron en la boca.

—Hola preciosa.

—Vamos a ser compañeros en Calculo Vectorial. Tenemos clases en el aula 202 a las 11:00 martes y jueves.

—Bien, mi amor. Muchas gracias, ahora tengo que irme a facultad a ver mis horarios.

—Nos vemos. No te olvides de dar la bienvenida a Diana.

Andrés salió corriendo hacia la facultad de Ingeniería Eléctrica.

—¡El señor de facultad ni siquiera nos vio! –reclamó Inés.

Inés y algunos chicos del grupo habían estado con Lorena.

—Tenía prisa. –dijo Lorena.

—Y también sólo tiene ojos para ti ¿no es verdad? –manifestó Sandra.

Lorena se sonrojó.

—¿Se puede saber cuándo se van a ver? –preguntó Adriana.

—Hoy en la tarde o mañana.

—¿No sabes cuándo se van a ver? –preguntó Danny.

—No sé, porque hoy tengo una reunión importante y puede que Andrés también tenga una reunión importante.

—¿A qué reunión vas a ir? –preguntó Inés.

Lorena vio su reloj y dijo —: Inés, ¡vamos a clases que ya es tarde!

—¡Aún falta… —dijo Inés.

No pudo terminar su frase ya que Lorena entró casi corriendo en el ICB.

—¡Son las 6:45! –exclamó Inés.

—No quiso responder a tu pregunta. –opinó Sandra.

—Así es –dijo Inés— ¿Van a sus aulas?

—Aún no. Vamos a esperar a los demás. –dijo Adriana.

—Nos vemos muchachos.  –dijo Inés y entró en el ICB.

 

Andrés buscó su nombre en los listados de tercer semestre. Se dio cuenta que los alumnos no estaban organizados por curso como era en el ICB, estaban organizados por materias por lo que él pasaría sus clases de facultad en dos aulas del tercer piso del edificio nuevo de la facultad y  una del cuarto piso.

 

Faltando diez minutos para las siete vio que Diana entraba a la Politécnica por la puerta norte.

—Hola Andrés –dijo ella al verlo.

—Hola Diana. Bienvenida a la Politécnica.

—Muchas gracias.

—Lorena y yo tenemos un grupo de amigos ¿Te gustaría unírtenos? Tú serías la número doce.

Diana no dijo nada.

—Si quieres, piénsalo. –dijo Andrés sintiéndose rechazado.

—¡Yo no me imaginé que iba a tener tantos amigos desde el primer día de clases! –exclamó Diana.

—¿Te nos unes?

—Sí.

—Te los presento mañana. Hoy no puedo porque tengo una reunión hoy por la tarde.

—Me parece bien porque también tengo una reunión hoy por la tarde.

Ambos guardaron silencio unos momentos.

—Diana, tienes que buscar tus aulas en las carteleras de séptimo semestre.

—Ok.

Ella se buscó en los listados.

—¡Me va tocar clases en un aula del quinto piso del edificio nuevo, en otra del cuarto del mismo edificio y en otra del edificio viejo!

—Así es en facultad –él vio su reloj—. Propongo que corramos hacia el edificio nuevo porque ya mismo es hora. Por lo que vi, tenemos la primera clase del día de hoy en el cuarto piso.

—Vamos.

Corrieron hacia el edificio nuevo y al darse cuenta que había filas de estudiantes a la espera del ascensor, se resignaron a subir a pie por las escaleras.

 

Ya por la tarde, Andrés y Alejandro llegaban al Museo Japonés y empezaron a subir la escalera.

Al llegar a la cima tuvieron una grata sorpresa.

—¡Hola Andy! –escucharon.

Ambos buscaron a quien había hablado y vieron a Lorena acompañada por su hermano a unos metros a  la izquierda de la escalera.

—Hola linda. –dijo Andrés.

Él caminó hacia ella, la abrazó y besó.

—¿Trajiste a tu hermano para que conozca el museo?

—No, Andy, vengo a una reunión.

Andrés la miró extrañado y preguntó —: ¿Tú eres un Ángel de Luz?

—Sí, soy Ángel Blanco. Tú también eres un Ángel de Luz ¿no es verdad?

—Sí, soy Ángel Rojo ¿Cómo te diste cuenta que soy un Ángel?

—Tuve una conversación con una amiga.

—Me di cuenta que tú eres un Ángel porque bajaste del cielo. Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida.

—Muchachos, déjense de cursilerías y vengan conmigo.

Andrés y Lorena regresaron a ver a quién había hablado.

—¡Ese gato angora negro habló! –exclamó Andrés.

—Es gata. Su tono de voz es femenino. Ella me dio los poderes de Ángel de Luz ¿No la conocías?

—No. A mí me dio los poderes de Ángel de Luz un gato blanco.

—Muchachos, vengan conmigo. –repitió Ágata.

 

Los cuatro fueron tras Ágata quien los condujo al jardín posterior en donde vieron a Mina acompañada por Rafael, a Camilo acompañado por Soledad, a Diana acompañada por Ethan, a Abigail acompañada por Nicolás, al  bisabuelo y a las primas de Abigail, a Katya y, Argos.

—Sólo falta que llegue Katy con su hermano y nuestros invitados especiales –dijo Argos— ¡Debías recordarle la reunión a Katy!

—Sí lo hice pero, quería arreglarse para la reunión. Voy a ver si está llegando. —dijo Ágata y fue hacia la escalera.

—¿Mina, por si acaso, tú eres un Ángel? –preguntó Andrés.

—Sí, soy Ángel Violeta. Argos me convirtió en Ángel de Luz.

—Andy, ¿Argos es el gato que te convirtió en Ángel Rojo?

—Sí, Lorena.

—A mí también me convirtió en Ángel de Luz, soy el Ángel Verde. –dijo Camilo.

—A mí Ágata me convirtió en Ángel Azul ¿A quién más Ágata convirtió en Ángel de Luz? –preguntó Abigail.

—A mí, soy Ángel Amarillo. —respondió Diana.

—Y a mí, soy Ángel Blanco. –dijo Lorena.

—Si esperamos a Katy, ella también debe ser un Ángel de Luz. –opinó Diana.

—Debe ser Rosa porque es el color de Amor. –dijo Mina.

 

Al cabo de pocos minutos.

—¡Al fin llegó Katy! –dijo Ágata.

—Disculpen la demora, por favor. Tenía que venir lo mejor posible a una reunión tan importante. –dijo Katherine.

—¡Ni siquiera cuando va a salir con Gabriel se arregla tanto! –exclamó Raul.

Katherine era la chica mejor vestida de todas. Usaba un vestido de noche, llevaba el nuevo peinado que le hizo el estilista de Mina y tenía su rostro maquillado. Las tres primas estaban con el uniforme del Pensionado Universitario, Diana vestía  con la ropa de diario de una indígena otavaleña, y, Soledad, Lorena y, Mina vestían la ropa con la que habían ido a clases en sus universidades.

—¡Soy Ángel Rosa! –exclamó Katherine con una amplia sonrisa en los labios— ¿Quiénes son los otros Ángeles de Luz?

—Yo, soy el Amarillo. –dijo Diana.

—Soy el Azul. –dijo Abigail.

—Soy el Blanco. –dijo Lorena.

Soy el Violeta. —dijo Mina.

—Soy el Rojo. –dijo Andrés.

—Soy el Verde. –dijo Camilo.

—Sólo falta que lleguen el mayor Rodríguez y Guadalupe Méndez –dijo Argos.

—¿El jefe del GOE a nivel nacional y líder de los Cybercops? –preguntó Mina— ¿Por qué viene él a la reunión?

—¿Y por qué viene Lupe Méndez? –preguntó Andrés.

—Ya lo sabrán.

—Katy, ¿te gusta el corte de pelo que te hizo Stephan? –preguntó Mina.

—¡Me encanta! Lloré cuando me lo cortó pero, lo dejó muy bien.

—Es verdad, tu pelo mide tanto como el mío pero luce mejor. –dijo Lorena.

—Las dos tenemos el pelo ensortijado hasta los hombros, lo llevamos suelto y luce bien ¡Somos dos chicas lindas de pelo ensortijado!

—Así es, Katy, así es. –dijo Lorena con una sonrisa en los labios.

 

Al cabo de pocos minutos llegaban los que faltaban.

—Siento la demora. Tuve que finalizar unos asuntos antes de salir. –dijo el mayor Rodríguez.

—Por favor, disculpen mi atraso. Aún me hago bolas al alistarme para salir con mi hijo. –dijo Guadalupe.

Ella llevaba un bebé en brazos.

—¡Qué lindo bebé! –exclamó Katherine y caminó hacia Guadalupe— ¿Qué edad tiene?

—Va a cumplir ocho meses.

—¡¿Puedo cargarlo?!

—¿Sabes hacerlo?

—Sí.

—Aunque lo duden, mi hermana sí sabe cargar bebés. Dicen que me cargaba cuando era bebé y sobreviví. –dijo Raúl.

Guadalupe entregó  su hijo a Katherine quien lo sostuvo como si fuera propio.

—Tu hijito es muy lindo. Tiene tu color de piel, parece que sus ojos van a ser verdes y su cabello parece ser rubio ¿Cómo se llama?

—Se llama François, François Ramiro Méndez.

—¡¿Su padre no lo reconoció?! –preguntó indignada Katherine.

 François sintió el enfado de Katherine y empezó a llorar.

—Siento haberte asustado. —dijo ella, lo pegó a su pecho y empezó a mecerlo suavemente.

Al poco rato el bebé dejó de llorar.

—¡Eres buena con los bebés! –dijo Lorena— Algún día serás una buena madre.

Katherine sonrió.

—Muchachos, comencemos la reunión –dijo Ágata—. Katy, devuelve su hijo a Guadalupe.

Katherine hizo lo que le pidieron.

—Katy, Mina, Diana, Abigail, Lorena, Andrés, Camilo, por favor, pónganse enfrente de sus amigos. —pidió Argos.

Los siete hicieron lo que les pidió Argos.

—Ustedes siete son los Ángeles de Luz, es más, ya se presentaron como tal –dijo Argos—. Todos los que están atrás se enteraron de una manera u otra que ustedes tenían habilidades especiales cuando ustedes eran Light Troopers.

—Antes de seguir con la reunión, es necesario que se transformen. –dijo Ágata.

Todos sacaron sus llaveros – guante.

—Andrés, ¡¿uniste tu guante a tu llavero de Liga?! –preguntó divertida Mina.

—Así lo hizo –dijo Lorena—. Si se dieron cuenta, también tiene su reloj negro en su muñeca izquierda y el rojo en la derecha.

—Yo me di cuenta, pero no dije nada porque creí que se había vuelto loco mi amigo por tanto estudio. —dijo Camilo.

Todos se rieron.

—Julio 2.0. –dijo Andrés.

—¿Qué significa eso? –preguntó Katherine.

—Significa que Andrés está diciendo que Camilo es la segunda versión de un amigo que se llama Julio Pico que es muy molestoso. —respondió Lorena.

—¡Muchachos, no pierdan más tiempo! –exclamó Ágata.

Los siete sujetaron sus guantes y éstos aumentaron su tamaño, se los pusieron y colocaron sus puños en frente de su corazón.

—Transmutación. –dijo Mina.

—Paz. –dijo Andrés.

—Curación. –dijo Camilo.

—Amor. —dijo Katherine.

—Iluminación. —dijo Diana.

—Protección. —dijo Abigail.

—Pureza. —dijo Lorena.

Sus cuerpos brillaron con una luz intensa y fueron cubiertos con energías de sus colores. Los siete se transformaron en Ángeles de Luz.

—¡Parecen focos ambulantes! –exclamó Raúl.

—¡Tienes razón, todos brillan! –exclamó Alejandro y empezó a reírse.

—Niños, la luz que rodea a cada uno debe ser su aura. –explicó Sakura.

Los siete Ángeles de Luz se vieron entre sí y se dieron cuenta que todos brillaban con su color, sus ojos parecían chispas incandescentes y, tenían grandes alas que nacían en sus omóplatos, subían sobre sus cabezas y bajaban hasta sus tobillos. Vieron que los trajes de las chicas eran entallados pero no hacían énfasis en las virtudes de sus cuerpos.

Las mentes de los siete Ángeles de Luz empezaron a llenarse de recuerdos. Recuerdos de todo lo que habían vivido desde que se conocieron. Recuerdos que llenaron todas las lagunas que había en sus mentes.

—¡Nosotros fuimos Light Troopers! –exclamaron todos.

—Mina, Camilo y yo éramos V Trooper y los Light Warriors antes de unirnos al grupo que lideraba Pink Trooper. –recordó Ángel Rojo.

—Me imagino que han recordado todo. —dijo Ágata.

—Sí, hemos recordado todo. —dijo Ángel Blanco y fijó su vista en Guadalupe.

—Rafael, Alejandro, Soledad, Raúl, Ethan, Nicolás, Mateo. Ustedes son las personas más cercanas a los chicos que ahora son Ángeles de Luz que conocieron su secreto, es decir, descubrieron de una forma u otra que ellos eran Light Troopers. –dijo Argos.

—¡Al susto descubrí que mi hermana era Pink Trooper! –exclamó Raúl.

—Yo también debo decir lo mismo. —manifestó Mateo.

—¡Eso no importa! –exclamó Argos— Lo que importa es que ustedes serán parte del Grupo Especial de Inteligencia cuya función será descubrir las amenazas malignas y serán el apoyo de los Ángeles de Luz en sus misiones.

—¿A qué amenaza maligna nos enfrentaremos? ¿Nuevamente al Reino de Oscuridad? –preguntó Ángel Violeta.

—Lo único que sabemos a ciencia cierta es que la amenaza maligna no es el Reino de Oscuridad. —respondió Ágata.

—Un enemigo entre sombras. —pensó en voz alta Ángel Amarillo.

—El mayor Rodríguez siempre ha sido un gran colaborador en nuestra causa, siempre apoyó a los Light Troopers. Nos gustaría contar con su apoyo ahora que los muchachos son Ángeles de Luz. –dijo Argos.

—Denlo por hecho, muchachos. Colaboraré con ustedes en lo que me pidan. Ahora les podré dar más ayuda porque estoy  al mando de todo el GOE a nivel de país y los Cybercops están siendo mejorados, están siendo construidos con la aleación que Argos nos entregó. Con esa aleación los Cybercops podrán funcionar en interiores porque su tamaño será más reducido manteniendo la misma resistencia. Ahora sólo pueden disparar electricidad. Cuando sean terminados tendrán lanzallamas, podrán sintetizar agua y tendrán la capacidad para provocar terremotos de grado 7 en la escala de Richter en un determinado lugar. –contó el mayor Rodríguez.

—Mayor, ¡¿por qué están haciendo más peligrosos a los Cybercops?!  —preguntó Ángel Rosa.

—No lo sabría decir. Tal vez el señor presidente percibió el mal que nos está amenazando y está preparando a los Cybercops para luchar contra ese mal.

—Tal vez así sea. Raúl es un hombre muy inteligente. –dijo Ángel Amarillo.

—¿Raúl? ¿Raúl Cárdenas? –preguntó Ángel Verde.

—Exactamente, mi mamá es amiga del presidente del Ecuador.

—¡¿Por qué  nunca nos lo contaste?! –preguntó Ángel Rosa.

—Porque no quería que ese detalle afecte la forma en la que me tratan.

—¿Ángel Amarillo, Diana, tú recuerdas que me caías muy bien?  —preguntó Ángel Rojo.

—Sí.

—Saber que tienes cercanía al gobierno no afecta en lo más mínimo lo que siento por ti.

—Gracias, Andrés, digo, Ángel Rojo.

—Me parece interesante que los nuevos poderes de los Cybercops sean similares a los elementos de la alquimia. –comentó Ángel Violeta.

—Sakura y Narcisa, fue un error mío que se hayan dado cuenta que su prima era Blue Trooper y ahora es Ángel Azul –dijo Ágata—. Me gustaría saber si ustedes colaborarán con nosotros.

—Sí colaboraremos con ustedes. –dijeron al unísono.

—Entonces, serán parte del Grupo Especial de Inteligencia. Tal vez en un futuro, quien sabe, las enseñanzas que están aprendiendo del maestro Yoshi les ayuden en su misión.

—Katy, tú descubriste, gracias a tus conocimientos de investigación, que Mina era Violet Trooper. —manifestó Argos.

—Yo no tengo conocimientos de investigación. –dijo Ángel Rosa.

—Argos se refiere a Katya Argudo. Ella y yo fuimos muy buenos amigos en tercer curso.  Gracias a la vida, Mina y yo nos encontramos con ella por casualidad en una de nuestras patrullas. Katya y yo retomamos nuestra amistad y, Mina y Camilo se hicieron amigos de ella. –contó Ángel Rojo.

—Nos vamos a confundir entre las dos porque a las dos nos llaman Katy. –dijo Ángel Rosa.

—¡Tú te vas a confundir! ¡Todos nos dimos cuenta que Argos estaba hablando a la amiga de Andrés, digo, Ángel Rojo! –exclamó Raúl.

—Yo… este… yo. –dijo Ángel Rosa con pena en la voz.

—Mi nombre no es muy largo. Llámenme Katya.

—Bien. Entonces, retomo lo que estaba diciendo –dijo Argos—. Katya, tú descubriste, gracias a tus conocimientos de investigación, que Mina era Violet Trooper. Me gustaría saber si colaborarás con nosotros.

—¡Por supuesto que sí! –exclamó Katya.

—Mientras puedas. —dijo Ángel Violeta.

—¿Mientras pueda? –preguntó Katya.

—Claro. Tú estás embarazada.

—¿Estás embarazada, Katya? ¡Felicidades! –dijo Ángel Rojo.

—¿Cuántos meses llevas? –preguntó Ángel Blanco.

—Llevo tres meses.

—Me imagino que deberás dejarnos cuando nazca tu hijito. –opinó Narcisa.

—No. Ni siguiera voy a dejar de estudiar. Pedro y yo tenemos todo arreglado.

—Bien, Katya. Tus habilidades nos serán útiles en el  Grupo Especial de Inteligencia. —dijo Argos.

—Es un honor colaborar con ustedes.

—Nosotros contaremos con la ayuda de dos espíritus consejeros. —manifestó Argos.

—¿Cuáles son esos espíritus? —preguntó Ángel Verde.

—Todos concéntrense y los podrán ver.

Todos cerraron sus ojos por un par de minutos.

—Eduardo, Sofía ¡Hola! —exclamó Ángel Rosa.

Ella corrió para abrazarlos pero no lo logró.

—Me olvidé que son fantasmas.

—¿Quiénes son ellos? —preguntó el mayor Rodríguez.

—Ellos fueron Rojano y Verdita —respondió Ángel Violeta.

—El poder del Sagrado Ojo de Espíritu volvió bueno a Rojano. —dijo Ángel Rosa.

—Y gracias a eso, pude volver buena a mi hermana. —dijo Eduardo.

—¡Yo no veo nada ni oigo nada! —exclamó un poco molesto Nicolás.

—¡Concentral un poco más! —exclamó el maestro Yoshi.

Después de un par de minutos, Nicolás dijo —: Ya puedo verlos. Son una mujer y un hombre trigueños, cabello negro, ojos cafés, altos y, vestidos de manera informal ¿Son parientes?

—Sí, somos hermanos gemelos —respondió Sofía y sonrió— ¿Cómo te diste cuenta?

—Ambos miden lo mismo, su tono de piel es exactamente el mismo, la forma y color de sus ojos son iguales, sus rostros tienen rasgos comunes y, su pelo es igual, incluso mide lo mismo, hasta la mitad de la espalda. La única diferencia que encuentro entre ustedes dos, a más de su sexo, es sus peinados: tú lo llevas suelto y tu hermano peinado con cola de caballo.

—¿Algo más que te hizo pensar que somos gemelos?

—Bueno, su ropa es informal, de buen gusto pero, no logra ocultar que tu hermano es muy fornido y tú… bueno… tienes un cuerpo muy atractivo.

Sofía sonrió.

Viendo que Ángel Blanco estaba distraída, Mateo preguntó —: ¿Ves a sus consejeros fantasmas?

—¡¿A quién?! —preguntó Ángel Blanco.

—Trata de concentrarte.

Después de un par de minutos, Ángel Blanco dijo: —Ustedes son ahora buenos, ¿no es verdad?

—Sí. Somos sus aliados. —respondió Eduardo.

—Debo agradecerle, maestro Yoshi, por permitir la construcción de la base de los Ángeles de Luz en su propiedad y por dar tanto apoyo a Abigail.

—No tenel que agladecel, Algos. El mal que avecinal sel muy glande pala no hacel nada.

—¡¿Tenemos una base aquí?! ¡¿Dónde está?! –preguntó Ángel Azul.

—Vengan con nosotros. –dijo Ágata

La gata dio media vuelta y los Ángeles de Luz volvieron a la normalidad.

—¡Se fueron nuestros poderes! –exclamó Andrés.

—Sí. No los necesitan para entrar en la base por el ascensor –explicó Argos—. Todos vengan.

—¿Para qué estoy aquí? –preguntó Guadalupe.

Ágata regresó a ver a Argos.

—Antes que Mina y Rafael se conviertan en pareja y luego que los Light Troopers derrotaran a los Ninjas Negros, Andrés tuvo una relación con Guadalupe, de esa relación nació François. —contó Argos.

—¡¿Tuviste un hijo con Guadalupe?! –preguntó indignada Lorena— Tú sabías…

—¡¿Qué sabía él?! –interrumpió Katherine— ¿Sabía que lo amabas? ¡¿Cómo va a saber que lo amabas si fuiste capaz de decirle: “Te quiero como a un hermano”?!

—Tú debes saber que esa frase es el peor insulto para un hombre, en especial si él está enamorado de la mujer que se lo dice. –manifestó Rafael.

—¡También es una idiotez que una mujer enamorada se la diga al hombre que ama! –exclamó Katherine.

—¡No se lo dije por idiota! Aquella vez se lo dije por miedo. No quería perder la virginidad tan pronto.

—Lorena, ¿tú eres virgen? –preguntó Diana.

—No.

—No te sonrojes, yo tampoco lo soy –dijo Diana— ¿Con quién perdiste tu virginidad?

—Con Andrés.

—Yo la perdí con Ethan, quien es el hombre de mi vida ¿Andrés es el hombre de tu vida?

Lorena no respondió.

—¡Olvídate que te enteraste que Andrés engendró un hijo con Guadalupe antes que tú y él sean pareja y, responde a la pregunta de Diana! –exclamó Katherine.

—¡Sí!                                                     

—Entonces, ¡¿Por qué no te acostaste con él en vez de herirlo aquella vez en la que le dijiste “Te quiero como a un hermano”?! –exclamó Diana.

—¡Aquel día no estaba lista para perder mi virginidad! ¡¿Está bien?!

—Lorena, tú no tienes idea de cuánto lo lastímate. —dijo Mina.

—Si te refieres a las locuras que hizo luego que le dije aquella frase, las recuerdo… desde hoy.

—Andrés se sintió rechazado por dos de las mujeres más importantes en su vida. –dijo Mina.

—¿Las cuales son? –preguntó Narcisa.

—Lorena, quien era y es su gran amor y, yo que soy como su hermana.

—Hermana mayor, porque soy como su hermana menor. —puntualizó Katherine.

¿Qué tienes que ver tú en ese lío, Mina? –preguntó Rafael.

—En la época en la que estuviste en Colombia, los Ninjas Negros secuestraron a Guadalupe. Como los Cybercops habían sido destrozados por  esos Ninjas, nosotros empezamos a patrullar Quito en busca de Guadalupe y de todas las personas que habían sido secuestradas por los Ninjas Negros. Durante esas patrullas, Andrés y yo nos acercamos tanto que estuvimos a punto de besarnos.

—¡¿Cómo que estuvieron a punto de besarse?!

—Me imagino que te besaste con Marta Gutiérrez cuando estuviste en Colombia, ¿no es verdad?

Rafael no dijo nada.

—¿Se refieren a la capitana Gutiérrez del DAS? –preguntó el mayor Rodríguez.

—Sí. –respondió Mina.

—¡Esa mujer es una roba cunas! Al menos debe tener diez años más que Rafael.

—Cuando Andrés y yo estuvimos a punto de besarnos, nuestras mentes se unieron en una visión que demostró que era un error ser pareja porque nunca llegaríamos a amarnos de la manera que yo amo a Rafael y de la manera que él ama a Lorena –Mina fijó su mirada en Lorena—. Lamentablemente luego que lo lastimaste, pensó que aquella visión era para decirle que él no me agradaba, que me burlaba de él. Con ese doble dolor se volvió loco e hizo todas las cosas que los que fuimos Light Troopers conocemos. No vale la pena repetirlas porque el Andrés que las hizo murió en el desierto del Sahara, es más, el Andrés que concibió a esa criatura murió en el desierto del Sahara. El Andrés de ahora está perdidamente enamorado de Lorena. Esperemos que Lorena sea lo suficientemente inteligente y madura para darse cuenta que no existe nada entre Guadalupe y el Andrés actual.

Guadalupe sonrió y dijo —: Mina, yo no quiero nada de Andrés, es más, no quería volverlo a ver porque dejé que me use para olvidar el amor que sentía por otra –fijó su mirada en Lorena—. Vine porque Argos me lo pidió. Él  me dijo que quería que forme parte del Equipo Especial de Inteligencia. Si hubiese sabido que iban a sacar a la luz quien es el padre de mi hijo, no hubiese venido. Sólo mi familia, y ahora todos ustedes, saben quién es el padre de mi hijo.

—¿Tú deseabas tener un hijo de Andrés?

—¡¿Qué te pasa gato loco?! ¡Yo me acosté con Andrés porque lo amaba y deseaba hacer el amor con él! –Guadalupe fijo su mirada en Lorena— Toma en cuenta que estoy hablando en pasado. Así que ¡deja de mirarme con odio!

—Katya, el hijo que estás esperando fue planificado y estás casada, ¿no es verdad?

—Así es, Argos.

—La mayoría de chicas que están presentes ya no son vírgenes. Al tener intimidad con sus novios, se arriesgan a tener el mismo destino que Guadalupe. –dijo Argos.

—¡¿Mi destino?! ¡Yo estoy feliz con mi hijo! ¡Es lo mejor que me ha pasado en la vida!

—Pero no todas podrían tener la misma suerte que tú. Tus padres te están apoyando, y tienes a tu hermana que te sirve de niñera. Te va tan bien que puedes seguir estudiando tu carrera ¡Por eso es que no has buscado a Andrés! Si no tuvieras todo el apoyo y ayuda que tienes, ¡aunque no lo ames, lo hubieses buscado para que se haga responsable de su hijo!

—¡No lo buscaría porque Andrés salvó a mi hijo  y a todos los niños del mundo! ¡Él lideró al  grupo que salvó a este mundo del mal! ¡Él merece vivir una vida en paz! –François empezó a llorar—  No llores, mi niño.

Guadalupe empezó a arrullar a su bebé.

—¡Para que te enteres, gato ignorante, yo me sé cuidar! –gritó Lorena.

—Yo también me cuido. –dijo Diana.

—Y yo. —dijo Soledad.

—Y yo. —dijo Abigail.

—A mí no me miren, soy virgen. –dijo Katherine.

—Yo también. –dijo Narcisa.

—Yo no soy virgen pero, hace tiempo que no he estado con alguien. –dijo Sakura.

—¿Cómo se cuidan? ¿Con el método del ritmo? –preguntó Argos.

—Chicas, no respondan a este gato majadero –dijo Mina—. Todo este lío se debe a mí, ¿no es verdad, Argos?

—No.

—¡¡¡¡No mientas!!!!                               

Todos se sorprendieron. Era la primera vez que veían gritar indignada a Mina.

—Les tengo que contar que hace algunos meses, muy pocos la verdad, tuve un serio retraso en mi periodo por lo que hice cuentas y creí estar embarazada, cosa que no lo estoy –fijo su mirada en Argos— ¡El que vivas en mi casa no te da derecho a meterte en mi vida! ¡El que seas uno de los guardianes de los Ángeles de Luz no te da derecho a meterte en las vidas de todas las chicas presentes! ¡¡¡¡NO SOMOS UNAS PUTAS QUE SE ACUESTAN CON CUALQUIERA!!! Nos acostamos con los hombres que amamos. En mi caso, me acuesto sólo con Rafael. En el caso de Lorena, sólo con Andrés. En el caso de Soledad, sólo con Camilo. En el caso de Abigail, sólo con Nicolás. En el caso de Diana, sólo con Ethan. No importa si perdieron o no la virginidad con ellos. Lo que importa es que ellas están sólo con ellos –todas afirmaron con la cabeza—. Y si quedásemos embarazadas, nuestros hombres estarían con nosotras porque entre ellos y nosotras existe el nexo que evidentemente no hay entre Andrés y Guadalupe, el cual es el amor, un amor verdadero.

Todos, hasta Andrés, afirmaron con la cabeza.

—Soledad y yo estuvimos a lado de Mina cuando tuvo su retraso –dijo Katya—. Le brindamos nuestro apoyo, nuestra amistad, nuestro cariño porque es lo que necesitaba. Mina es una mujer muy inteligente que sabe lo que hace por lo que no necesita que su supuesto guardián traiga a una  madre soltera para demostrarle lo que le puede pasar si tiene sexo antes del matrimonio, ¡como que ser madre soltera fuera un pecado o algo así! Una madre soltera, como Guadalupe, merece igual respeto que cualquier mujer, mejor dicho,¡merece más respeto que cualquier mujer por la tarea que se ha puesto sobre sus hombros sin importar que tenga el apoyo de su familia! –Katya regresó a ver a Mina— Mina, tú dices que sus hombres estarían con ustedes en caso que quedasen embarazadas porque les une un amor verdadero ¿Quieres decir que en esas circunstancias pedirían a sus hombres que se casen con ustedes?

—No necesariamente.

—La respuesta correcta es no. Es mejor se madre soltera y que el padre del niño te apoye en lo que pueda a un matrimonio basado en un embarazo no deseado. Es regla general que esos matrimonios terminan mal –Katya vio a todos los chicos—. Cuando Mina dijo que ustedes estarían con ellas en caso que resultaren embarazadas, ustedes afirmaron con la cabeza. Voy a hacerles una pregunta, respóndala en su interior ¿Ustedes estarían dispuestos a casarse con ellas, digamos al corto plazo, por amor?

“Chicas, ¿oyen mi voz en sus mentes?” pensó Sofía.

“Yo sí.” pensó Mina.

“Yo… yo también.” pensó Katya.

“No te asustes, Katy.” pensó Mina. “Sofía es telépata.”

“¿Ustedes también percibieron que Nicolás respondió no a la pregunta?”

“Sí.” pensó Mina.

“Yo también lo percibí.” pensó Katya “Me da ganas de aconsejar a Abigail que use métodos anticonceptivos.”

“No lo hagas. Eso la lastimaría. Se daría cuenta que él no la ama realmente.” pensó Mina.

—Si ya terminaron, ¡me largo de aquí! –dijo Guadalupe.

—No te vayas, por favor. Tú eres parte del Equipo Especial de Inteligencia porque sabes la identidad de uno de los chicos que fue Light Trooper y te relacionaste con él ¡Te necesitamos! –dijo Ágata.

—Está bien. Me quedo con una condición. No quiero que nadie más sepa que el padre de mi hijo es Andrés, quiero que guarden el secreto ¡¿Está bien?!

—Está bien. Vamos a conocer la base.

Ágata se encaminó hacia el baño más alejado del Museo. Todos los jóvenes y adultos fueron tras ella.

Alejandro y Raúl se dieron cuenta que el gato estaba sumido en un estupor paralizante.

—Voy a necesitar terapia por haber escuchado todo lo que dijeron ustedes. —exclamo Raúl en tono bromista.

—Vamos, gato loco, vamos ¿O acaso quieres que Mina se decida a echarte de su casa y te mande a vivir con Katy? —manifestó Alejandro—. O peor aún, con Katya ¡Se nota que ella te quiere mucho!

El gato reaccionó y corrió para dar alcance a los demás.

 

Cuando  estuvieron atrás del baño, Argos dijo —: Aquí está la puerta.

—¿En dónde? –preguntó Raúl.

—Aquí sólo está el muro posterior de este baño. –dijo Abigail.

—La puerta tiene un sistema biométrico de seguridad. Ahora vamos a configurar los parámetros que son: timbre de voz, huella digital de la palma de la mano derecha y, fondo del ojo izquierdo –explicó Ágata—. Los muchachos que son Ángeles de Luz dirán: “Ángel de Luz, Ángel” y su color. Después de eso, aparecerá un panel en  donde grabar la huella digital y posteriormente aparecerá una cámara que grabará su fondo de ojo.

—¿Cómo entramos el resto? –preguntó  Nicolás.

—Con la palabra clave “Equipo Especial de Inteligencia”. También tendrán que registrar su huella y su fondo de ojo.

 

Al cabo de media hora todos habían registrado su timbre de voz, huella de la palma de la mano derecha y el fondo de su ojo izquierdo.

—Ahora, para entrar se sigue la secuencia de ingreso –dijo Argos—. Dicen la frase. Si ésta es correcta, sale el panel lector de la huella digital. Si es correcta, sale la cámara que lee el fondo de ojo. Si uno de los pasos falla, es decir, si alguien no autorizado trata de entrar, la puerta no se abre y se dispara una alarma en la base.

—Yo comienzo –dijo Andrés—. Ángel de Luz, Ángel Rojo.

Salió de la pared la placa lectora de huella digital en donde Andrés puso su palma de la mano derecha.

Luego apareció la cámara y Andrés se quitó los lentes para que la cámara lea el fondo de su ojo izquierdo.

La pared se abrió por la mitad y se separó como si se abriera la puerta de un ascensor.

—¡¿Todos debemos hacer eso?! –reclamó Alejandro.

—No. Sólo uno tiene que abrir la puerta. Como el ascensor tiene capacidad para siete personas, los muchachos que son Ángeles de Luz entrarán primero.

A excepción de Lorena, todos los Ángeles entraron.

—Ven, Lore. –dijo Katherine.

Lorena hizo una mueca de fastidio y entró al ascensor. Se ubicó lo más lejos posible de Andrés.

—Andrés, aprieta el botón que dice “—1” –pidió Argos.

Andrés lo hizo con lo que la puerta se cerró y empezaron a descender.

Al abrirse la puerta vieron un salón que parecía estar iluminado por luz natural. Se veía una enorme mesa redonda con veintidós sillas de las cuales dos tenían el asiento casi al nivel de la mesa. También había siete consolas parecidas a las de un call center que tenían cinco monitores cada una, y  lo que parecía ser un teclado de computadora. Cada “consola” tenía puertos USB y varias bandejas para DVD.

—Lorena, ¿qué te parece todo esto? –dijo Andrés mientras la abrazaba.

Ella no respondió y delicadamente se apartó.

—¡Está bonito todo esto! –dijo Katherine y abrazó a Andrés— Lorena, no te molesta que abrace a tu novio. Recuerdo que lo quería como si fuera mi hermano mayor.

—No hay problema. Recuerdo que se llevaban muy bien.

Con tres viajes más, todos estaban en aquel piso.

—Este es el salón principal, pueden llamarlo Salón Inteligente –dijo Argos—. Está a una profundidad de cien metros. Tiene una mesa redonda con sillas suficientes –los gatos caminaron hacia las consolas—. Cada uno de estas terminales tiene acceso a todas las cadenas de televisión y radios del mundo y, tiene conexión a internet de muy alta velocidad. Con estas consolas el Equipo Especial de Inteligencia podrá investigar las amenazas malignas.

—¿Nos va a tocar estar viendo televisión, escuchando radio y, leyendo sin saber qué buscar? –preguntó Rafael.

—Tanto así no –respondió Ágata—. El sistema tiene un motor de búsqueda avanzado. Escriben una palabra o frase y el motor las busca en todo, es decir, en la televisión, radio e internet. La palabra o frase que pongan depende de ustedes, de su criterio y experiencia. También tenemos satélites conectados a los satélites de seguridad de todos los gobiernos. Si éstos detectan algo, los nuestros dispararán una alarma.

—Los muchachos que serán el Equipo de Apoyo de los Ángeles de Luz, es decir, Rafael que será apoyo de Mina, Alejandro de Andrés, Soledad de Camilo, Raúl de Katy, Ethan de Diana, Nicolás de Abigail y, Mateo de Lorena, verán y oirán todo lo que el Ángel al que apoyan vea y oiga gracias a la cámara de fibra óptica que esta junto al ojo izquierdo del Ángel y el micrófono que está pegado al audífono que el Ángel tendrá en su oído izquierdo. Como deben recordar, también los Ángeles tienen un micrófono pegado a sus gargantas que les permitirá comunicarse entre sí y con los apoyos. Ese micrófono sólo capta las vibraciones de la garganta por lo que pueden apenas mover la boca para comunicarse con su apoyo. También el filo que vieron que estaba sobre el ojo izquierdo proyectara un monitor virtual en donde podrán ver determinadas cosas —explicó Argos—. Tanto el micrófono como la cámara tendrán mayor capacidad que los sentidos del Ángel. Por ejemplo, el apoyo tendrá visión infrarroja o de rayos X. El sistema de comunicación interactúa con su comunicador que es como el cerebro del sistema de comunicación.                    

—Con un sólo micrófono, el apoyo no será de mucha utilidad. —dijo Andrés.

—¿A qué te refieres con eso? —preguntó Eduardo.

—Al tener dos oídos, nosotros podemos determinar de dónde vienen los sonidos. Con un solo micrófono, el apoyo no podrá determinar de dónde vienen los ruidos. Con un solo micrófono no podrán avisarnos de un peligro que nos aceche por nuestra espalda.

—¿Crees que deban tener dos micrófonos, uno en cada oreja?

—Sí.

—Me parece buena idea. Cuando vuelvan a transformarse ya tendrán dos micrófonos. —dijo Sofía— ¿Te encargas de eso, Ágata?

—Sí.

—Los Ángeles también tienen dos ojos. —opino Alejandro.

—Se complica eso porque al tener dos cámaras separadas que enfocan en un mismo punto, los apoyos tendrían que ver la pantalla con lentes para 3D porque las imágenes vendrían con ese formato. —explicó Ágata.

—¡Qué bien! ¡Imágenes en 3D real! —exclamó Raúl.

—Me parece valido lo que los niños plantean. Mientras la percepción de los apoyos sea lo más cercana a la de los Ángeles será mejor. —comentó Andrés.

—¿Por qué no tener ojos en la espalda? Creo que también podemos tener en nuestras cabezas cámaras de fibra óptica que apunten hacia atrás. Así la percepción de los Apoyos será realmente superior a la de los Ángeles de Luz –comentó Diana—. Cada consola tiene un monitor izquierdo, dos centrales, uno encima del otro, y dos derechos, igual uno encima del otro. Me imagino que en el monitor inferior central  aparecerá lo que verán las cámaras de vista frontal por lo que  en el monitor superior central podría aparecer la señal de las cámaras de vista posterior.

—OK —dijo Argos y un par de lentes 3D apareció en cada consola—. Al transformarse ya tendrán dos juegos de cámaras y el monitor superior central de cada consola mostrará la imagen de las cámaras que ven hacia atrás.

—Una cosa más. —dijo Andrés.

—Te escuchamos. —dijo Eduardo.

—Recuerdo que los comunicadores los podíamos usar cuando estábamos en nuestra forma normal y se escuchaba a través de un parlante incorporado ¿Sigue funcionando así?

—Creo que sí. —dijo Ágata.

—¿Podemos tener una especie de audífonos para evitar que el comunicador suene? Un par de veces mi madre estuvo a punto descubrirme porque oyó la voz de la persona con la que estaba hablando a través del comunicador.

—Tal vez micrófonos de implante para ponerlos en su pabellones auriculares —dijo Eduardo—. No tenemos idea de cómo hacer eso.

—¿Si tienen el plano electrónico y las medidas, lo podrían hacer? —preguntó Diana.

—¿Argos, Ágata? —preguntó Sofía.

—Sí lo podríamos hacer. —respondió Argos.

—Lo tendré en una semana.

—De paso, ¿pueden hacer que el comunicador también funcione como MP4? –pidió Katherine.

—¡Los comunicadores no son juguetes! –exclamó Ágata.

—Por favor.

—OK, ok. Vamos a darle esa función, aumentaremos la memoria para que puedan guardar películas y música.

Los comunicadores brillaron momentáneamente.

—Esto tiene puerto USB? —preguntó Katherine mientras veía detenidamente su comunicador.

—Eso les va a tocar descubrir.

—¿Cómo se va a organizar el Equipo Especial de Inteligencia? –preguntó Nicolás.

—Eso depende del líder. –respondió Ágata.

—¿Quién es el líder? –preguntó Ethan.

—Tomemos asiento para decidirlo.

Todos se sentaron alrededor de la mesa redonda. Ágata y Argos se sentaron en las sillas que tenían el asiento casi al nivel de la mesa.

—Me imagino que el líder debe ser un Ángel de Luz. —opinó Rafael.

—Cleel que debe sel Ángel que fue lídel Light Tloopels. –opinó  el maestro Yoshi.

—Si mi memoria no me falla, los Light Troopers tuvieron varios líderes— opinó el mayor Rodríguez—. Si mi memoria no me falla, Mina fue líder del grupo V Trooper y los Light Warriors y, Katy fue la líder de los siete Light Troopers.

—No se olviden que Andrés fue nuestro líder cuando Katy fue secuestrada. –dijo Camilo.

—Yo creo que el líder de los Ángeles de Luz debe ser el último líder de los Light Troopers. –opinó Mina.

—¿Yo? –preguntó Andrés.

—Sí, tú.

—¡Valiente líder que fui! Todos morimos.

—Recuerda que logramos salvar el mundo bajo tu mando. –dijo Abigail.

—Tampoco tengo calidad moral para ser el líder ¡No sabía que tenía un hijo!

—Lo que hayas hecho en tus momentos de debilidad no te define como persona –dijo Soledad—. El haber salvado el mundo indica tu valor.

—Estoy con Soledad. –opinó Camilo.

—Si todos están de acuerdo, acepto ser el líder de los Ángeles de Luz.

Luego de cinco minutos, todos, a excepción de Lorena, dijeron que estaban de acuerdo.

—Lorena, ¿estás en contra? –preguntó Mina.

—¿En contra de qué?

—De que Andrés sea nuestro líder.

—Estoy  a favor de que Andy sea nuestro líder.

—Ok, está decidido. Ángel Rojo será el líder de los Ángeles de Luz —dijo Argos— ¿Andrés, aceptas la denominación?

—Sí.

—A pesar que ésta es una mesa redonda en la que todos somos iguales, Andrés debe decidir la cadena de mando. —opinó el mayor Rodríguez.

—Opino que el mayor está en lo correcto. —manifestó Narcisa.

—Ok. La segunda al mando será Mina –dispuso Andrés—. La tercera...

—No me mires a mí —interrumpió Katherine.— No quiero tener ninguna jefatura porque no me gusta ser jefe.

—Yo puedo ser tu consejera. — dijo Diana al darse cuenta que Andrés la miraba.

—Ok. Como líder me gustaría hacer un pedido.

—Te escuchamos, Andrés. —dijo Argos.

—En la mesa no hay cabida para Eduardo y Sofía. Ellos están de pie atrás de Katy. Son parte del grupo por lo que pido que la mesa sea más grande y tenga dos sillas más para que se integren al grupo como miembros. Eduardo, Sofía, ustedes no votaron para definir el líder de los Ángeles de Luz porque no se sienten parte del grupo.

—Tienes razón, Andrés. —manifestó Sofía.

—Hoy mismo haremos que la mesa sea más grande y pondremos dos sillas más para Eduardo y Sofía. Ellos podrán simular que están sentados cuando estemos en reunión. —dijo Argos.

—Sofía y Eduardo también deberían votar. —opinó Diana.

—Estoy de acuerdo, con nuestra consejera. —dijo Andrés mientras miraba a los espíritus consejeros.

—Bueno, de los tres líderes que contaron los Light Troopers, el más exitoso debería ser el líder de los Ángeles de Luz —manifestó Eduardo—. Con todo respeto a Katherine y Mina, Andrés fue el líder más exitoso de los Light Troopers ya que bajo su mando lograron salvar al mundo, así que Ángel Rojo debe ser el líder de los Ángeles de Luz.

—No me ofendo. —dijo Mina.

—Yo tampoco me ofendo. —dijo Katherine.

—Yo estoy de acuerdo con mi hermano. Andrés debe ser el líder de los Ángeles de Luz. —dijo Sofía.

—Ahora muchachos, vamos al siguiente piso en el ascensor. —dijo Ágata.

—Esperen un rato —dijo Alejandro— ¿Para qué sirve esa puerta?

Alejandro señalaba una puerta de doble hoja que parecía similar a las de un ascensor y que aparentemente era de grueso acero reforzado.

—Esa puerta conduce a la entrada de los Ángeles de Luz ubicada a cinco kilómetros más al sur. Se abre sólo ante la presencia de un Ángel de Luz quien sólo debe entrar volando porque si algo toca el piso, techo, o paredes se inician sistemas de protección que van desde un fuerte viento que expulsa al intruso hasta fuego que lo desintegraría.

—¡¿Vamos a volar?! —preguntó emocionada Katherine.

—Claro, Katy. Para eso tienen alas. —dijo Ágata.

—Andrés, lleva a los Ángeles al siguiente piso. Aprieta el "—2" en el ascensor. —pidió Argos.

—Ya oyeron muchachos. —dijo Andrés y se puso de pie

Los demás fueron tras él y bajaron al piso "—2" el cual resultó ser una enorme bóveda de cincuenta metros de altura y cuya superficie era similar a la de ocho campos de futbol profesional ya que era un cuadrado cuya superficie era de cuatro hectáreas.

—Aquí va ser su cuarto de entrenamiento y armería. —dijo Argos cuando se reunió con los Ángeles.

—¿Armería? —preguntó Sakura.

Argos los llevó a un conjunto de paneles pegados a una de las paredes.

—Aquí van a estar las armas de los Ángeles de Luz. —dijo Argos.

—¿Cuáles son? El panel está vacío. –opinó Alejandro.

—Primero hay que definir el orden de los paneles de armas.

—Yo propongo un orden. Primero las armas de Rojo por ser el líder, luego las de Violeta por ser la segunda al mando, a continuación las de Amarillo por ser la consejera, después las de Rosa porque representa el Amor que es el sentimiento más importante, luego las de Azul porque Amarillo, Rosa y Azul siempre forman un equipo, luego las de Blanco y al final las de Verde porque primero las damas. –opinó Sakura.

—Me parece bien ese orden –dijo Andrés— ¿Qué opinan ustedes?

—Estoy de acuerdo. —dijeron todos.

Los paneles se iluminaron con colores en el orden que propuso Sakura y aparecieron las armas.

—Hay un juego de armas para cada uno. —explicó Ágata.

Camilo quiso tocar las armas  pero no pudo.

—Están  tras una cubierta de vidrio. –manifestó Ágata.

—Sólo pueden ser manipuladas por los Ángeles de Luz ya que son tan especiales que en manos de humanos pueden incluso lastimar a quien las use ya que son extremadamente letales —explicó Argos—. El apoyo enviará  a su Ángel el arma que él desee.

—¿Estás hablando de teletrasportación de objetos? —preguntó Diana.

—Sí.

—¡¿Cómo se hace eso?!

—Esa tecnología está fuera del conocimiento de los humanos. —respondió Eduardo.

—Cada Ángel tendrá un juego de armas letales y otro de no letales —explicó Argos—. Ahora cada Ángel nombrará a sus armas. Estos nombres aparecerán  en el teclado del apoyo.

En el panel rojo habían cuatro armas, las cuales eran: un bastón de pelea de 1.6 m (20 cm más pequeño que el bastón que fabricaba Red Trooper), dos palos de 80 cm que parecían las mitades del bastón de pelea, una lanza de doble hoja que parecía el bastón de pelea al que se le puso dos dagas de 20 cm en sus extremos y dos pequeñas lanzas de hoja simple que parecían las mitades de la lanza de doble hoja. Andrés las nombró: bastón, baquetas, lanza y aguijones, respectivamente. Andrés vio parecidos los palos de 80 cm a los que se usan para tocar la batería.

En el panel violeta habían dos armas, las cuales eran dos pares de chacos cuyos palos medían 40 cm (eran idénticos a los chacos que fabricaba Red Trooper para Violet Trooper) y un par de armas que eran dos palos de 50 cm de largo en cuyos extremos habían una cuchilla ligeramente curva que terminaba en punta. La cuchilla tendría 30 cm de largo y era perpendicular al palo. Esta arma era muy parecida a la guadaña de los granjeros. Mina las nombró: un chaco, dos chacos (para usar uno o los dos) y mantis respectivamente. Mina vio parecidas las pequeñas guadañas a los brazos de la mantis religiosa.

El panel amarillo tenía un par de látigos de 2.5 m de longitud cada uno y una especie de filamentos muy delgados de la misma longitud. Los filamentos  se unían a cables que se conectaban a una especie de fuente de poder. Diana las llamó: látigos e Incandescente respectivamente. Diana se imaginó que la fuente de poder alimentaba a los filamentos para que éstos se vuelvan incandescentes.

El panel rosa tenía como armas no letales dos  palos de 6 cm de diámetro y 60 cm de longitud. A 15 cm de uno de sus extremos, cada palo tenía una extensión transversal que parecía una empuñadura y como arma letal tenía un arco especial con una bolsa que tenía alrededor de treinta flechas. El arco tenía una especie de canal en donde se colocaba la flecha para dispararla. Lo especial del arco era que tenía una cuchilla de grosor variable. La parte más gruesa estaba en el centro del arco, en donde se ponía la flecha para dispararla, el grosor máximo era de 25 centímetros. Al acercarse a los extremos del arco el grosor de la cuchilla disminuía hasta ser casi nulo. La cuchilla estaba unida al arco a través de tres soportes de 20 centímetros de longitud, uno en cada extremo del arco y el tercero en el centro, en donde se coloca la flecha para dispararla. Este último soporte hacía las veces de guía de fecha. Katherine llamó toletes a los palos a sugerencia del mayor Rodríguez quien se ofreció a enseñarle el uso de dicha arma y llamó guillotina al arco a sugerencia de Andrés quien le explicaría la razón del nombre posteriormente.                               

En el panel azul había un par de shinais (espadas de kendo) y un par de katanas (sable japonés utilizado tradicionalmente por los samuráis de hoja ligeramente curva con un solo filo y de un metro de longitud) Abigail pidió decidir cuándo usar sólo un shinai o sólo una katana por lo que nombró a sus armas: shinai cuando deseara usar sólo una, doble shinai cuando deseara usar las dos, katana cuando deseara sólo usar una y doble katana cuando deseara usar dos. Pidió esto ya que no es usual usar dos shinais o dos katanas.

En el panel blanco había un par de martillos de guerra de doble cabeza hechos de caucho macizo y un par de hachas de doble cabeza hechas de metal. Lorena los llamó mazos y hachas respectivamente.

Finalmente en el panel verde había un par de manoplas de caucho macizo y un trío de sais de metal. Camilo los llamó manoplas y sais respectivamente. Argos le explicó que Ángel Verde tendría en cada mano un sai y uno entre sus alas en caso que decida arrojar uno.

—Ustedes deberán determinar qué tipo de arma usar con qué enemigo. –dijo Ágata.

—Posiblemente se enfrenten con monstruos a los cuales podrán destruir con sus armas letales, personas que estén bajo la fuerza maligna a los que deberán derrotar con sus armas no letales –explicó Argos—. Quién sabe si se cruce por su camino personas normales que se vuelvan malas.

—Posiblemente no puedan distinguir a simple vista la diferencia entre los tres. –manifestó Ágata.

—¿Entonces cómo nos daremos cuenta? ¡No queremos matar a nadie ni tampoco atacar a un monstruo como si fuera un ser humano normal! –manifestó Andrés.

—Con el tercer ojo de Ángel Verde y la capacidad de leer el corazón de Ángel Rosa. —respondió Sofía.

—¿Yo que tengo qué? –preguntó Camilo.

—¿Yo puedo leer el corazón? –preguntó Katherine.

—Se dice que el chacra color verde, que está ubicado en el entrecejo y es también conocido como tercer ojo,  te da clarividencia –explicó Narcisa—. Me imagino que podrás ver el aura o el espíritu de los seres. Tal vez los monstruos no tengan aura.

—Prima, ¡te estás aplicando en las enseñanzas del abuelo! –exclamó Abigail.

Narcisa sonrió a manera de respuesta.

—Katy, tú siempre has podido percibir los sentimientos de las personas. Cómo Ángel de Luz podrás determinar si lo que percibes es de un ser humano o de un monstruo. —explicó Ágata.

—¡Yo no quiero decidir sobre la vida de nadie! ¡Temo equivocarme! –exclamó Katherine.

—Lo mismo digo yo. —dijo Camilo.

—Sólo si ustedes dos están de acuerdo, destruiremos a nuestro enemigo. —dijo Andrés.

—¿Qué haremos con las personas que están bajo la fuerza maligna? –preguntó Mina.

—Tú las curarás con el poder de Transmutación de Ángel Violeta. –respondió Eduardo.

—Todos los Ángeles de Luz tendrán uno o dos poderes especiales que irán descubriendo paulatinamente –explicó Ágata—. Ángel Azul sabe usar sus dos poderes los cuales son: invocación y la intangibilidad. Ángel Verde también conoce su segundo poder, es más, lo sabe usar.

—¿Te refieres a Curación? –preguntó Camilo.

Ágata afirmó con la cabeza.

—¿Puedes decir algo sobre los poderes de los demás? –preguntó Andrés.

—Uno de tus poderes es la tele transportación, uno de los de Ángel Amarillo es el Control Mental y, uno de los de Ángel Blanco es la Regeneración. Una recomendación, Lorena. Se dice que el chacra blanco está entre las piernas. Al ser el más cercano al suelo obtiene su poder de la tierra. Para que puedas regenerarte, deberás tener al menos un pie en la tierra. Si te pasa algo realmente letal, podrías morir si no tienes contacto con la tierra.

—Ustedes también tendrán poderes de ataque de lejos y de cerca. Los de lejos serán los poderes de tercer nivel de los Light Troopers. — explicó Eduardo.

—¿Cuáles serán los de cerca? –preguntó Andrés.

—El tuyo es la patada de hielo con la que destruiste a tu doble maligno en el Reino de Oscuridad. Los demás tendrán que descubrirlo. —contó Sofía.

—Ustedes tendrán que entrenar para perfeccionar sus habilidades en este cuarto de entrenamiento. –dijo Ágata.

—Al fondo veo un ventanal con una puerta a lado ¿Para qué sirve eso? –preguntó Alejandro.

—Ese es la habitación de mando del cuarto de entrenamiento. Desde ahí podrán generar desde muñecos de entrenamiento hasta hologramas para combate en tiempo real. –respondió Eduardo.

—¿Cómo un video juego? –preguntó Alejandro.

—Sí. El contrincante del Ángel de Luz podrá ser manejado por el computador de combate o por su entrenador que puede ser su apoyo.

—¡¿Podemos probarlo?! ¡¿Podemos probarlo?! –pidió Alejandro.

—¡Sí, por favor, sí! –rogó Raúl.

—Ok, necesitamos un voluntario. —dijo Argos.

—Yo me ofrezco. –dijo Andrés.

—Entonces, transfórmate. Alejandro ocupa tu consola en el cuarto superior.

—¡¿Para qué?!

—Para que le envíes su arma a tu primo y aprendas a ser el apoyo que debes ser.

—¡Pero yo quería luchar contra mi primo!

—Luego voy yo a entrenar, Alex. Tú podrás pelear contra mí.

—Gracias Lorena ¿Cuál es mi consola?

—Es la que brilla con tenue luz roja.

Alejandro corrió hacia el ascensor.

—Los demás vamos a la habitación de control. Raúl, ¿quieres operar los controles?

—¡Bueno!

Andrés se puso su guante y dijo —: Paz.

Cuando todos estuvieron dentro de la habitación, Argos dijo —: Lorena, por favor, abre el anaquel que está en un costado de este cuarto. Ahí encontrarás equipos que parecerán muñequitos de líneas que tendrán una especie de ventosas separadas cinco centímetros entre sí.

—Ok.

Lorena abrió el armario.

—Me imagino que debo coger el que tiene la letra “R”.

—Así es. Por favor, pónselo a Andrés.

—¿Yo?

—Claro. Debes poner las ventosas en la parte posterior de Ángel Rojo, es decir, tras su cabeza, cuello, brazos, piernas y espalda. A esos equipos los llamamos trajes de líneas.

Lorena hizo lo que le pidieron y regresó a la habitación de control.

—Raúl, aprieta ese botón. –pidió Argos.

Raúl apretó el botón que Argos le indicó  y sobre una parte del ventanal descendió un monitor LED en donde apareció un muñequito de líneas con puntos brillantes. Al cabo de cinco segundos el muñequito tenía la forma de Ángel Rojo.

—Ángel Rojo, haz algunos movimientos. –pidió Argos.

Se escuchó la voz del gato en el cuarto de entrenamiento a través de un parlante estratégicamente ubicado.

Ángel Rojo  hizo lo que le pidieron y su imagen en el monitor LED lo siguió a perfección.

—¿Lo que mi hermana puso a Ángel Rojo son sensores de captura de movimiento?

—Así es, Mateo. —respondió Sofía.

—Primo, ¡esto es sensacional! Estoy puesto las gafas de 3D y veo lo que tú vez. El monitor superior parece un retrovisor 3D porque puedo ver en 3D lo que está a tu espalda ¿Puedes ver hacia  la habitación de control?

Ángel Rojo había escuchado la voz de su primo a través del audífono dentro de su oído izquierdo.

Él hizo lo que su primo le pidió.

—Me va a tocar acostumbrarme al movimiento ¡Me mareé un poco! –dijo Alejandro— ¡Hola muchachos!

—Hola Apoyo Rojo. –dijo Argos.

—¿Puedes escuchar lo que hablamos mi primo y yo? –preguntó Ángel Rojo.

—Este cuarto no sólo es para el entrenamiento de los Ángeles de Luz. También es para su apoyo. Primera lección: los Ángeles de Luz deberán dirigirse a sus apoyos con las palabras “Apoyo” más su color y los apoyos deberán usar el nombre de su Ángel.

—Ok.

—Veamos el ángulo de visión de las cámaras de Ángel Rojo. —pidió Eduardo.

Argos apretó un botón y apareció dibujos de la cabeza de Ángel Rojo, uno desde arriba y otro lateral.

—Bien, el ángulo horizontal de visión de las cámaras tanto frontales como traseras es 180° y el vertical es de 120°. El ángulo visión vertical es superior al de los ojos humanos el cual es de 100°. —opinó Eduardo.

—El ángulo de visión horizontal central es superior al de los humanos. El normal es de 120°. Las cámaras tienen 150°.

—¿Qué es el ángulo de visión central? —preguntó Raúl.

—Es el ángulo que ven los dos ojos. Fuera de ese ángulo hacia la izquierda sólo ve el ojo izquierdo y a la derecha ve sólo el ojo derecho. Lo mismo aplicamos a las cámaras de los Ángeles de Luz. —explicó Eduardo.

—¿Osea que las cámaras ven mejor que los Ángeles de Luz?

—Sí, Raúl —dijo Argos—. Aprieta ese botón.

El niño hizo lo que le pidieron. Se abrió un cajón y apareció un game pad similar al de una consola de video juegos.

—¿Qué voy a controlar?

—Aprieta el botón RANDOM.

Raúl apretó el botón indicado y apareció frente a Ángel Rojo un monstruo parecido a un tigre de tres metros de alto que caminaba sobre sus patas traseras.

—Lo qué está frente a mi primo, digo Ángel Rojo, es un holograma, ¿no es verdad?

—Así es, Apoyo Rojo.

Raúl apretó los botones y la criatura realizó algunos movimientos.

—Ángel Rojo, pide tu lanza. –dijo Argos.

Ángel Rojo puso las palmas de sus manos hacia arriba y dijo —: Lanza, por favor.

—Sólo di lanza. En combate, no tendrán tiempo para cortesías.

—Lanza. –repitió Ángel Rojo.

—Argos, ¿qué busco en el teclado? –preguntó Apoyo Rojo.

—Busca la tecla etiquetada con la palabra “Lanza”.

Al cabo de tres minutos el niño encontraba la tecla y la apretaba.

En seguida el arma solicitada aparecía en las manos del Ángel de Luz.

—Todos los apoyos tienen que aprenderse la ubicación de los botones de armas para que apenas su Ángel pida su arma, se la envíen.

—Ok, Argos. –dijo Apoyo Rojo.

—¡Qué comience el combate!

Raúl movió hacia Ángel Rojo la criatura holográfica y empezó a atacarlo. Ángel Rojo empezó a defenderse con la lanza. La criatura holográfica atacaba con toda suerte de golpes a Ángel Rojo quien apenas los detenía con la lanza.

—¡Siento que golpeo algo! –exclamó Ángel Rojo.

—A más de captura de movimiento, el traje de líneas crea la ilusión de que el holograma es sólido. —explicó Eduardo.

Al cabo de cinco minutos, Apoyo Rojo dijo —: Sólo te estás defendiendo. Al menos trata de atacarlo.

—Es muy difícil. Esta arma es más larga y pesada que el bastón de pelea que fabricaba con hielo o diamante.

—Ángel Rojo, haz caso a tu Apoyo. –dijo Argos.

—Ok.

Ángel Rojo trató de dirigir una hoja de su lanza a la criatura pero, ésta se esquivó y con un rápido movimiento golpeó en el cuello desprotegido de Ángel Rojo.

—¡Qué le hiciste a mi primo, Raúl! –gritó Apoyo Rojo.

—Ángel Rojo está bien. –dijo Argos.

—¡Cómo que va a estar bien! ¡Vi como mi primo recibía el golpe y caía al piso!

—Apoyo Rojo, estoy bien –dijo Ángel Rojo y se puso de pie—. Sentí como si me arrancaran la cabeza pero, estoy bien.

— Esa es la tercera función del traje de líneas. Hace que los Ángeles de Luz sientan los golpes como si fueran reales sin que los lastimen en realidad.  La función del Apoyo es valerse de las herramientas que tiene a mano para determinar el punto débil del enemigo de su Ángel y el mejor momento para atacar. —explicó Eduardo.

—A veces el enemigo será tan fuerte que con el fragor de la pelea no nos daremos cuenta de sus puntos débiles ni cuando atacar por eso la función del Apoyo es súper importante. –manifestó Ángel Rojo.

—¡No fue una pelea justa! ¡Raúl es muy bueno o el nivel estaba demasiado alto!

—Tengo registrado que tú y él son muy buenos gamers, ¿me equivoco, Apoyo Rojo? —preguntó Argos.

—Te equivocas ¡Soy mejor gamer que él!

Raúl quiso responder pero su hermana le clavó la mirada tan duramente que a él le recordó la mirada de su madre.

—Raúl, ¿qué dice el monitor? –preguntó Argos.

—Veamos –Raúl vio el monitor LED—. Nivel 1.

—¡Nivel 1! –exclamaron Ángel y Apoyo Rojo.

—Sólo cuando puedas ganar en nivel 5 estarás medianamente listo para pelear contra los monstruos. Ahora es el turno de Ángel Blanco.

Ángel Rojo volvió a la normalidad después de quitarse el traje de líneas.Andrés entró en la habitación de control y, Lorena y Mateo salieron de la misma. Lorena se puso en medio del cuarto y Mateo fue hacia el ascensor. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Alejandro pasó por un lado de Mateo como una exhalación.  Mateo sacudió la cabeza y entró en el ascensor.

Lorena se transformó en Ángel Blanco y Andrés le puso el traje de líneas.

—¿Estás listo, Mateo? –preguntó Argos.

—Estoy en línea.

—Hachas.  –dijo Ángel Blanco.

 

En escasos momentos aparecieron en sus manos las armas solicitadas.

—¡Qué comience el combate! –manifestó Argos.

En menos de cinco minutos Ángel Blanco perdía el combate.

—¡Gané! ¡Gané! –gritó Alejandro — ¡Te gané Raúl!

—¡No me ganaste! Ángel Rojo pelea mejor que Ángel Blanco.

—¡Niños, no peleen! –exclamó Ágata.

—Ángel Blanco, ¿cómo te sentiste peleando con armas? –preguntó Argos.

—Sé kung fu. De vez en cuando he entrenado con armas pero, nunca con este tipo. Me imagino que estás son hachas de guerra de mano, por eso tengo dos pero, no puedo manejar sus dimensiones. Me imagino que el largo del palo es de 60 centímetros y el de los filos de cabeza es de 20 cm. Parece que la cabeza pesa como 10 Kg y el palo máximo 2 Kg. 

—¡¿Moviste tan rápido 12 Kg con cada mano?! –preguntó Narcisa.

—Bueno, sí.

—Recuerden que White Trooper y Green Trooper eran los más fuertes del equipo. La misma cualidad tienen ahora que son Ángeles de Luz. –contó Ágata.

—Todos reunámonos en el centro del cuarto de entrenamiento. —pidió Argos.

Ángel Blanco volvió a la normalidad, Mateo bajó por el ascensor y, los demás salieron del cuarto de entrenamiento.

—Todos los Ángeles deben aprender a usar sus armas, sus poderes y, aprender a volar –dijo Argos—. Lorena, el monstruo contra el que peleaste tenía  nivel 1.

—Me imaginaba.

—Me gustaría sugerir una modificación al control del cuarto de entrenamiento.

—Te escuchó, Diana.

—Sólo aquellos que son gamers pueden ayudar a los Ángeles a entrenar ¿Qué pasa si no está disponible un gamer para entrenar? Por lo que sé, Alejandro, Raúl y, Andrés son gamers.

—Pueden usar el modo automático en el que el computador controla al oponente del Ángel de Luz. —respondió Eduardo.

—Es mejor pelear contra alguien real. A la larga uno puede acostumbrarse a los movimientos de la criatura controlada por PC. Podemos aprovechar la habilidad de Andrés, Camilo, Soledad y, Lorena, quienes saben pelear.

—¿Qué sugieres?

—El “sparring” puede usar un traje de líneas para que el computador siga sus movimientos y los pase a la criatura holográfica.

—El computador adaptará los movimientos al nivel elegido. Me parece válida tu sugerencia. Hará falta fabricar una colección de trajes de líneas.

—No, Eduardo. Me di cuenta que tanto el traje de líneas para Ángel Rojo  y el traje de líneas para Ángel Blanco tienen el mismo número de ventosas, las cuales, entiendo, son los sensores de movimiento.

—¡¿Cómo quieres unirlas?! ¿Con cable elástico?

—Podrías usar un cable similar al cable espiral de los teléfonos fijos. Debería servir para el más pequeño de todos nosotros que es Raúl y el más grande que es Ethan.

—Ok, lo tendré en mente.

También haría falta crear un casco de 3D para que el “sparring” vea de frente al Ángel y no de lado.

—Ok ¿Algo más?

—Nada más.

—Entonces, vamos al siguiente piso, el “—3”. –dijo Ágata.

Los primeros en bajar fueron los Ángeles de Luz.

—¡¿Qué es esto?! ¿Un cuartel? –preguntó Andrés.

Había veinte camas de plaza y media alineadas frente a frente en dos filas idénticas. Se veía una gran mesa de comedor, una cocina industrial  de arquitectura abierta y, una sala.

—Aquella puerta debe ser el baño –dijo Mina y  caminó hacia la puerta ubicada en un extremo de aquel salón— ¿Se han olvidado de los baños sólo para hombres y sólo para mujeres?

Los demás se reunieron con ella y vieron que en el interior del baño había ocho servicios higiénicos parecidos a los de los baños públicos, cuatro orinales y, ocho duchas con puertas de baño semitransparente.

Los demás bajaron al cuarto.

—Argos, ¿Qué es este cuarto? Parece un cuartel. –dijo Andrés.

—Este es un refugio que está cincuenta metros bajo el cuarto de entrenamiento.

—¡¿Crees que hombres y mujeres van a compartir un baño?! Yo no me bañaría en esas duchas con puerta transparente si está un hombre en el baño. Sólo si ese hombre es Rafael me bañaría porque él ya me ha visto todo.

—¡Vamos a luchar en una guerra, Mina! ¡La situación será extrema si llegásemos a usar esos baños! –exclamó Sofía.

—¿Quién se va a encargar de limpiar todo esto? –preguntó Abigail.

—Quienes lleguen a ocupar este salón tendrán que limpiar todo, a excepción del baño. Éste es autolimpiable. —explicó Eduardo.

—¿De dónde sale la energía para alimentar toda esta base? –preguntó Diana.

—Todos los techos de las edificaciones del museo han sido cambiados por paneles solares. La energía almacenada es guardada en enormes baterías que están bajo la base. En caso que fallen los paneles solares, usaremos energía geotérmica. –respondió Ágata.

—Bueno, muchachos, este es el fin de la reunión. –dijo Argos.

—¡Aún no nos muestran su fusión! –exclamó Alejandro.

—¿Se fusionan para hacer al enorme gato gris? –preguntó Raúl— ¡Quiero ver eso!

—La reunión ha llevado demasiado tiempo. Tal vez el mayor Rodríguez deba regresar a su trabajo.

—No te preocupes, Argos –dijo el mayor Rodríguez—. No tengo prisa por regresar a mi oficina.

—Está bien. Volvamos al cuarto de entrenamiento.

Cuando todos estuvieron en el cuarto de entrenamiento, ambos gatos se pusieron frente a frente.

—Luz, masculino, día, blanco. –dijo Argos.

—Oscuridad, femenino, noche, negro. –dijo Ágata.

—Opuestos pero complementarios. Separados son nada. Unidos son todo. –dijeron a la vez.

Se produjo una luz intensa que los cubrió por completo.

Una vez que la luz se esfumó se vio en lugar de los gatos a un enorme gato color gris.

—¡Esto sí no me lo perdía por nada del mundo! –exclamó el mayor Rodríguez.

—¡Esto es de otro mundo! –exclamó Katya.

—El anterior gato gris era como un tigre dientes de sable, más grande que un tigre actual ¡Ahora al menos eres un 50%  más grande de lo que eras! –exclamó Diana— ¡Hasta tus colmillos son más grandes!

—¡También tienes alas! –exclamó Raúl— ¿Puedes volar?

—Sí. –respondió la criatura con su voz reverberante que parecía la mezcla de las voces de un hombre y una mujer.

La criatura extendió sus enormes alas, se elevó hasta llegar al techo del cuarto de entrenamiento y dio varias vueltas.

Cuando la criatura aterrizó, Alejandro preguntó —: ¿Cómo te llamas?

—Me llamó Gran Yinyan.

—¿Tú ya sabías volar?

—No, me tocó entrenar.

—Ya oyeron, muchachos, debemos entrenar –exclamó Andrés—. El día viernes es feriado por el nueve de octubre. Debemos reunirnos todos para entrenar. Tenemos mucho que aprender.

—Sugiero que desde mañana hasta el jueves vengamos al menos un día a entrenar. Tanto el Apoyo como el Ángel.

—Es buena tu sugerencia, Diana –dijo Andrés—. Si quieren, pueden venir todos los días o sólo uno de los tres. Esto con el fin de evitar que el viernes actúen como principiantes.

—Esto da por concluida la reunión. –dijo Gran Yinyan.

 

Cuando todos estaban afuera de la base, Andrés dijo —: Lorena, ¿quieres que te acompañe?

—¿Viniste con carro?

—No.

—Me voy con mi hermano, tranquilo. Tú tienes que llevar a tu primo a su casa y, también acompañar a Guadalupe a la suya.

—No te preocupes por mí, Lorena. Quedé con mi hermana en llamarla cuando salga de la reunión.

—Entonces, me voy con mi hermano. Nos vemos mañana en clases. –dijo Lorena y caminó hacia la entrada del museo.

—Nos vemos. —dijo Mateo y fue tras su hermana.

—¡¿Qué le pico a Lorena?! –preguntó Mina.

—Espero que haya entendido que no quiero nada con Andrés. –dijo Guadalupe.

—Estaría enferma de celos si no lo entendió. —opinó Katya.

“Lorena está enferma de celos, no lo entendió.” pensó Katherine.

 

Al día siguiente por la mañana Andrés fue en busca de Julio.

—Por favor, reúne al grupo en los espacios verdes del ICB. Quiero presentarles a alguien ilustre. –dijo Andrés.

—¿A quién? –preguntó Julio.

—A Diana Chiliquinga. Ella es la mente joven más brillante del mundo y entró directamente a séptimo de telecomunicaciones.

—Ok.

 

Al finalizar las clases, el grupo de amigos estaba reunido en los espacios verdes del ICB.

A los pocos minutos, Andrés llegaba en compañía de Diana.

—Diana, te presentó a Inés Mideros, Sandra Espinosa, Adriana Román, Soledad Salcedo, Lorena Fernández, Julio Pico, Danny Martínez, Carlos Cueva, Camilo Fernández y, Patricio Yépez. –dijo Andrés señalando a cada uno de sus amigos.

—Muchachos, yo también les presentó a una nueva amiga. Su nombre es Rosa Quezada. Ella es una amiga de mi infancia que encontré aquí en la Polí. —dijo Camilo mientras señalaba a la chica en mención.

—Entonces, bienvenidas chicas. –dijo Danny.

—Muchas gracias. –dijeron las dos.

—¡Me alegra mucho que se hayan unido al grupo! –exclamó Julio.

—Pero no te harás ilusiones. Rosa se va a casar. —contó Soledad.

—Y yo tengo enamorado. –dijo Diana.

—¡Y tú tienes novia! –exclamó Inés.

—Tú eres mala conmigo, Inés. —dijo dolorosamente Julio.

—¡¿Por qué?!

—Porque siempre me recuerdas que tengo novia.

Todos rieron.

—Muchachos, ¿qué les parece si vamos a la Plaza Foch a celebrar el crecimiento de nuestro grupo? –propuso Andrés.

Todos aceptaron de buena gana.

 

Al cabo de  media hora todos estaban sentados a la misma mesa de uno de los restaurantes de la Plaza Foch pero, Lorena se había sentado lo más lejos posible de Andrés.

—Lorena, ¿te peleaste con Andrés? –preguntó Inés.

—No ¿Por qué?

—Porque si Andrés está sentado al sur de la mesa, tú estás en el norte.

—No, no pasa nada.

—Si pasa algo, ¿tengo oportunidad contigo? –dijo Julio.

Inés le dio un fuerte codazo en el costado.

—¡¿Por qué me pegaste tan duro?!

—¡Porque lo que dijiste no es gracioso! Es preocupante que algo malo haya pasado entre Andrés y Lorena.

Todos pasaron bien durante el almuerzo pero fue palpable para todos que había tensión entre Andrés y Lorena.

 

Al finalizar el almuerzo Andrés preguntó a Lorena —: ¿Qué vas a hacer el resto de la tarde?

—Tengo muchas cosas que hacer en mi casa.

—¿Sola?

—Sí, sola.

Lorena le dio un beso rápido en la boca.

—Nos vemos, Andrés.

Ella sin darle tiempo a reaccionar emprendió el camino hacia su casa.

“Siempre me llama Andy con un tono de voz muy cariñoso.” pensó él.

Se subió a un bus y fue a su casa.

 

Al llegar a casa se sentía intranquilo, no podía sacar de su mente a Lorena, por lo que decidió ir a la base a entrenar.

 

En la habitación de entrenamiento se encontró con Mina y Camilo.

—Hola Mina.

—Hola Andy.

—¡Podíamos venir juntos, Camilo!

—Al terminar el almuerzo te desapareciste con Lorena. Me imaginé que estabas con ella en su casa.

—Como ves, aquí estoy.

—¡Alguno de ustedes dos debía llamarme para venir aquí y para almorzar juntos! Recuerden que somos vecinos.

—Lo siento Mina. –dijeron los dos.

—Bueno, muchachos. No hay problema –Mina fijó sus ojos en Andrés— ¿Qué hacemos, jefe?

—Se me hace raro que me llames jefe.

—Debes acostumbrarte, jefe.

—¿Qué hacemos, jefe rojo? —preguntó Camilo.

—Creo que debemos aprender a volar ¡A transformarse!

Todos se pusieron sus guantes de transformación y colocaron sus puños en frente de su pecho.

—Paz.

—Transmutación.

—Curación.

—Muchachos, por favor, pónganse frente a mí. –dijo Ángel Rojo.

Los demás hicieron lo que él pidió.

—Me imagino que el movimiento que debemos hacer para despegar verticalmente es el siguiente: —abrió sus brazos hacia los lados y los giró hasta poner las palmas hacia abajo—, y para aletear hacer esto.

Movió sus brazos como alas.

—Estás moviendo tus brazos como alas ¿Cómo mueves tus alas? –preguntó Ángel Verde.

—Debes fijar tu atención en tus omóplatos, fijar tu atención en las alas y  repetir los mismos movimientos que hice con los brazos.

Ángel Rojo fijó su atención en sus omóplatos y sintió sus alas. Pensó en abrirlas y éstas se extendieron hacia los costados en toda su envergadura la cual era de más de cuatro metros. Giró parte de sus alas y empezó a aletear. A los pocos segundos estaba a cinco metros del suelo.

—¿Ven muchachos? 0020Así se vuela. –dijo él.

Ángel Verde y Ángel Violeta repitieron lo que hizo Ángel Rojo. Al cabo de poco tiempo estaban frente a Ángel Rojo.

Todos estaban contentos hasta que algo distrajo la atención de Ángel Rojo quien se desplomó y cayó pesadamente.

Ángel Violeta y Ángel Verde disminuyeron la velocidad del aleteo para aterrizar.

—Hola Lorena. No me dijiste que ibas a venir a entrenar. –dijo Ángel Verde.

—A última hora me decidí. –mintió.

Ángel Rojo se puso de pie y preguntó —: Lorena, ¿terminaste tus pendientes?

—Sí. –mintió.

Lorena quiso venir a entrenar pero sin Andrés.

—¿Cómo aprendieron a volar?

—Ángel Rojo nos enseñó. –respondió Ángel Violeta.

—Pídele que te enseñe. –dijo Ángel Verde.

Lorena regresó a ver a Ángel Rojo, quien dijo —: Transfórmate.

Los Ángeles Verde y Violeta se elevaron y empezaron a volar por todo el salón.

Lorena se puso su guante de transformación y colocó su puño frente a su pecho.

—Pureza.

Ángel Rojo enseñó la técnica aprendida a Ángel Blanco quien al poco rato estaba volando junto al él.

Ambos empezaron a volar muy cerca.

—¡Míralos! Parecen mariposas revoloteando. –dijo Ángel Verde.

—Así es. Se ve que se aman ¿Por qué ella estará tan rara con él? –dijo Ángel Violeta.

—Tal vez sea por el hijo que él tiene con Guadalupe.

—¡Pero ella ha dicho que no quiere saber nada de él! Además, él sólo ama a Lorena.

—No tengo calidad moral para juzgar el asunto del hijo de Andrés.

—¡¿Por qué dices eso?!

—Algún día te lo contaré.

—Jefe, ¡¿Tienes algo más que enseñarnos?! –exclamó Ángel Violeta.

Ángel Rojo aterrizó disminuyendo la fuerza de sus aleteos.

—¡Así se aterriza! –exclamó Ángel Verde.

Ángel Blanco aterrizó junto a Ángel Rojo.

—Verde, Violeta, por favor, aterricen junto a nosotros.

Los dos Ángeles aterrizaron junto a Ángel Rojo.

—Hemos aprendido el despegue vertical. Puede que necesitemos despegar mientras corremos.

Ángel Rojo caminó hacia un extremo del cuarto y empezó a correr lo más rápido que pudo inclinando lo más posible su cuerpo hacia delante. Cuando estaba casi en la mitad del cuarto abrió sus alas y aleteó. Se elevó un poco hacia atrás.

—A más de despegar rápido, esta técnica puede servir de técnica evasiva.

Los tres repitieron los movimientos de Ángel Rojo y se elevaron junto a él.

Ángel Rojo empezó a guiarlos en la práctica de vuelo haciendo subidas y bajadas con cambios repentinos de dirección de vuelo.

 

Al cabo de un rato, Ángel Blanco vio su comunicador.

—¡Ya son las 19:00! Tengo que irme. –dijo ella y aterrizó.

—Yo también, tengo que estudiar. –dijo Ángel Violeta y aterrizó.

—Me toca hacer deberes. –dijo Ángel Verde y aterrizó.

—Ese es el fin de la práctica de hoy. —dijo Ángel Rojo y aterrizó.

Todos volvieron a su forma normal.

—Lorena, te acompaño a tu casa. —dijo Andrés.

—No, tranquilo. No te molestes.

Ella fue hacia el ascensor.

Camilo y Mina regresaron a ver a Andrés.

—Vamos, te llevo a tu casa. Vine con mi carro. —dijo Camilo.

—No te preocupes. Más tarde voy a mi casa. Voy a ver cómo funciona la habitación de control. —dijo Andrés.

—¿Estás seguro?

—Tranquila Mina, no te preocupes. Soy el líder de los Ángeles de Luz. Debo saber cómo funcionan las cosas.

Camilo y Mina fueron al ascensor. Andrés fue a al cuarto de control de la habitación de entrenamiento.

 

Al día siguiente Lorena y Andrés salían juntos al finalizar las clases.

—Te invito a almorzar. –dijo Andrés.

—¿En dónde? ¿En tu casa?

—Si quieres, podemos ir a mi casa a almorzar lo que mi mamá cocinó o podemos ir a almorzar por aquí cerca.

—No quiero almorzar en tu casa porque es lejos y no debes desperdiciar lo que tu mamá cocinó.

—¿Eso significa?

—¡Significa que me voy a mi casa! Nos vemos mañana.

Ella se fue dejándolo solo.

Él fue a su casa a almorzar. Luego trató de estudiar pero no pudo concentrarse por lo que decidió ir a la base a entrenar llevando a Alejandro. Tenía la esperanza de ver a Lorena. En su lugar vio a Ángel Amarillo, Ángel Rosa y, Ángel Azul dentro del cuarto de entrenamiento.

—Hola chicas.

—Hola Andy, hola Alejandro –dijo Ángel Rosa— ¿Vienen a entrenar?

—Sí. –respondió Andrés.

—Nosotras también.

—Así veo.

Ángel Azul estaba practicando movimientos de kendo con una de las katanas y Ángel Amarillo estaba practicando con los látigos usando un muñeco de entrenamiento.

—¿Vinieron solas? –preguntó Alejandro.

—No. Arriba están Raúl, Ethan y, Nicolás. Raúl te dice hola.

—Hola Raúl. –dijo Alejandro.

Ángel Rosa se mantuvo en silencio un rato.

—Andrés, Raúl quiere que te pregunte si sabes usar mis armas –ella se mantuvo un rato en silencio— ¡No me grites! ¡Ya sé que eres Apoyo Rosa!

—Apoyo Rosa –dijo Alejandro y empezó a reír.

—Tengo una idea –dijo Andrés, se puso su guante de transformación y dijo —: Paz.

—Ángel Rosa, por favor, pide tus toletes. —dijo Ángel Rojo.

—Toletes. –dijo ella y después de pocos instantes aparecieron en sus manos las armas sugeridas.

—¿Quién está en el cuarto de control? –preguntó Ángel Rojo.

—Ágata.

—Ágata, ¿me escuchas?

—Sí, Ángel Rojo.

—Por favor, necesito un muñeco de entrenamiento.

En instantes apareció un muñeco con forma y tamaño humanos.

Ángel Rosa tocó el muñeco y dijo —: Este muñeco parece estar hecho de gelatina.

—Sí. Simula un cuerpo real. Por favor, préstame un tolete.

Rosa entregó a Rojo un tolete quien lo sujetó del mango, la porción de 15 cm.

—Tú lo puedes usar así para golpear en la cabeza, cuello, brazos, tronco y piernas. –dijo él golpeando en donde decía.

—Ok.

—Con los dos podrás golpear en dos partes a la vez.

—Ok.

—Usado así es un arma de ataque. Pero si lo agarras así –Ángel Rojo sujetó la barra transversal de tal manera que el mango quedó sobre sus nudillos y la parte más larga paralela al brazo— te puedes defender con él.

—¿Cómo?

—Refuerza la resistencia de tu brazo. Si detienes un palazo con tu brazo, te lo pueden romper pero, si detienes el golpe con el tolete como lo estoy usando, no te pasa nada.

—No entiendo.

—Agarra tu tolete como estoy agarrando éste.

Ella hizo lo que le pidió y él  agarró el suyo por el mango.

—¡Defiéndete! –dijo él.

—¡¿Qué?!

—Usa el tolete para defenderte como te expliqué.

Ella levantó su brazo para cubrirse la cabeza y él descargó un golpe con el tolete que fue detenido por el tolete de ella.

—¿Captas la idea? –dijo él.

—Sí.

—Ahora te voy a atacar a varias partes de tu cuerpo más rápido y más fuerte.

—¡Pero, pero, pero!

—No tengas miedo. Confía en ti misma.

—Está bien.

Él la atacó a la cabeza, cuello, piernas, brazos con mucha más fuerza y velocidad. Ella pudo detener todos los golpes con su tolete colocado en forma defensiva.

 

Después de cinco minutos, él dejó de atacarla.

—Eso es lo que sé del uso del tolete –dijo Ángel Rojo—. Me imagino que el mayor Rodríguez conoce otras técnicas.

—¿Entonces para atacar tengo que agarrar el tolete por el mango y para defenderme como lo tengo ahorita?

Ángel Rojo vio el mango que estaba sobre los nudillos de ella y dijo —: No necesariamente.

Él se paró frente al muñeco, sujetó su tolete en forma defensiva y,  lanzó un golpe con el que el filo del mango impactó en la cara del muñeco, la cual se hundió medio centímetro.

—Lanzas un golpe como si lanzaras un puñetazo pero en vez de golpear con el puño, golpeas con el filo del mango. –dijo Ángel Rojo.

—Ok.

Ángel Rosa hizo lo explicado con resultados similares. Ángel Rojo le devolvió su otro tolete y ella empezó a usar los dos toletes para atacar al muñeco.

 

Al cabo de cinco minutos dejaba de atacar.

—¡Me gusta más así! No me siento indefensa y puedo atacar.

—Ok ¿Quieres que te explique por qué llamé Guillotina a tu arma letal? –preguntó Ángel Rojo.

—Sí. Mi arma letal es un arco muy raro.

—Pide la guillotina.

—Guillotina.

Al cabo de instantes los toletes fueron reemplazados por el arco especial.

—Alejandro, entra en el cuarto de control. —pidió Ángel Rojo.

—¿Por qué?

—Recuerda lo que dijo Argos de las armas de los Ángeles de Luz.

—Ok.

El niño entró en el cuarto de control.

—Por favor, deja tu arma en el suelo y dame una flecha.

Ángel Rosa dejó su arco en el suelo y entregó una flecha a Ángel Rojo.

Ángel Rojo recogió el arco

“Parece que de forma accidental es imposible cortarse los dedos por agarrar la cuchilla en vez del arco.” pensó Ángel Rojo y y dijo —: Ágata, por favor, materializa un blanco de arquería en una de las paredes del cuarto de entrenamiento.

Cuando apareció el blanco, Ángel Rosa y Ángel Rojo se colocaron a cincuenta metros del blanco. Ángel Rojo tensó la cuerda primero con la mano izquierda y luego con la derecha.

“Bien, sin importar lo que haga, la flecha siempre termina en el canal que sirve de reposaflechas con lo que se evita que la flecha vaya a chocarse con la cuchilla.” pensó él al darse cuenta de que sin importar que la flecha esté puesta arriba o abajo del canal, ésta terminaba en él. “Ahora veamos si el soporte central de la cuchilla sirve como guía de la fecha.”

Él tensó la cuerda con la mano izquierda, apuntó hacia el blanco lo mejor que pudo y, liberó la cuerda con lo que la fecha salió rauda para clavarse en un extremo del blanco.

—Ángel Rosa era la mejor arquera del Reino de Luz. —dijo Ángel Rojo.

—Y también la más rápida. —agregó Ágata.

—Eso implica que debes ser muy certera en tus disparos, debes procurar dar siempre en el centro del blanco.

—De acuerdo, Ángel Rojo.

—¿Has oído de los mongoles?

—No.

—Eran hábiles arqueros. Disparaban flechas muy certeras mientras cabalgaban a caballo. Tú debes ser como ellos. Debes procurar dar siempre en el blanco mientras estás volando. Me imagino que debes ser tan rápida como para disparar en el centro del blanco diez flechas en un minuto. Sé que vas a lograrlo ¿Vas a entrenar para lograrlo?

—Sí, puedes confiar en mí ¡Quiero ser tan hábil como dices! —exclamó emocionada Ángel Rosa.

—Ahora voy a explicarte porqué llamé guillotina a tu arma. Por favor, párate junto al muñeco.

Ángel Rosa se paró junto al muñeco con lo que se alejó treinta metros de Ángel Rojo.

—Mira este movimiento —dijo Ángel Rojo.

Él sujetó con ambas manos el cuerpo del arco y giró su cintura de izquierda a derecha. Caminó hacia Ángel Rosa, dejó el arma a los pies de ella y se alejó veinte metros.

—Recoge tu arma y, ¡sujetándola muy bien!, repite el movimiento que hice procurando que la cuchilla pase por el cuello del muñeco.

Ella hizo el movimiento que le pidió Ángel Rojo. La cuchilla pasó por en medio del cuello.

—No pasó nada. –dijo ella.

Ángel Rojo sujetó la cabeza del muñeco y la levantó.

—Por esto la llamé guillotina. Me di cuenta que la cuchilla tenía el grosor suficiente y el filo necesario para cortar una cabeza de un solo tajo.

—¡Pero no quiero cortar la cabeza a nadie! –exclamó Ángel Rosa.

—Tendrás que cortar la cabeza de los monstruos que te ataquen y deberás darles tiros mortales cuando los ataques con flechas. –dijo Ágata.

—Camilo y yo nos daremos cuenta si son monstruos o no.

—Así es, Rosa.

—Ágata, por favor, pon al muñeco la contextura de un humano normal.

—Ok, Ángel Rojo.

El muñeco brilló un poco.

—Rosa, por favor, pide de nuevo tus toletes y ataca al muñeco en modo defensivo.

—Ok, jefe. Toletes.

Agarró sus toletes en forma defensiva, es decir, del palo transversal colocando el mango sobre sus nudillos.

—Quiero que mis toletes aparezcan así, Apoyo Rosa.

Él vio el teclado y dijo —: Creo que con esta tecla se arregla eso. –y apretó la tecla.

—Ahora golpea la cara del muñeco.

Ángel Rosa hizo lo que le pidió Ángel Rojo y todo el mango se hundió en la cabeza del muñeco.

—¡¿Qué pasó?! ¡¿No se supone que estas armas son no letales?! –exclamó Ángel Rosa.

—Son no letales para los seres humanos que están poseídos por la fuerza maligna. –explicó Ágata.

—¡¿A qué te refieres con eso?!

—¿Te acuerdas de la amiga policía de Mina?

—Sí. Ella se transformó en una especie de libélula.

—Ella estaba poseída. Ahora, no necesariamente los poseídos o monstruos se transformarán en monstruos.

—¿Podemos llamar de manera diferente a los monstruos? –preguntó Ángel Amarillo quien había dejado de entrenar.

—¿Qué sugieres? –preguntó Ágata.

—Llamarles Démon que significa demonio en francés. Como no sabemos cuál es la naturaleza de nuestro enemigo, no podemos decir que sean demonios. En francés la é suena un poco como i por lo que los monstruos serán Dimons.

—Ok. Entonces, los Démons no necesariamente se transformarán en monstruos.

—¡Me imagino que Ángel Verde y yo debemos decidir qué tipo de arma usar contra nuestro enemigo!

—Sí. —dijo Ágata.

Ángel Rosa dejó el arco en el piso y gritó —: ¡No quiero! ¡No quiero! ¡Me puedo equivocar! ¡No quiero matar a nadie ni que ustedes maten a alguien por mi culpa!

Ángel Rojo la tomó de los hombros y la miró fijamente a los ojos.

—Tranquila Ángel Rosa, tranquila Katy. No te preocupes tanto. Confía en ti misma, no dudes de ti misma. Recuerda que las decisiones las tomarán entre Camilo y tú.

—Ángel Rojo tiene razón, hermanita. –dijo Apoyo Rosa.

—Te quiero hermano mayor. –dijo Ángel Rosa y abrazó a Ángel Rojo.

Él le correspondió el abrazo con uno tierno.

—Sí él es tu hermano mayor, ¿también es el mío? –preguntó Apoyo Rosa.

—¡Sí y tendrás que respetarlo como tal!

—Con una hermana mayor tenía más que suficiente.

—¡Ahora te aguantas!

Ángel Amarillo se acercó a la pareja y dijo —: Disculpen que les moleste pero, ya es tarde. Son las 17:00

—¡Es cierto hermanita! –dijo Apoyo Rosa.

Rosa y Rojo dejaron de abrazarse.

—Antes de que te vayas, Ángel Amarillo, por favor, demuestra como usas tus látigos. –pidió Ángel Rojo.

—Ok. Por favor, Ágata, convierte al muñeco en un poseído.

—Ok.

El muñeco brilló otra vez y Ángel Amarillo empezó a azotarlo con ambos látigos.

—¡Eres toda una experta! –exclamó Ángel Rosa.

—Eres muy hábil. –dijo Ángel Rojo.

—¡Esa es mi amor! –exclamó Apoyo Amarillo.

—Gracias.

—Ahora usa Incandescente. —pidió Ángel Rojo.

—Pero todos tienen que irse al cuarto de control.

—¿Por qué?  —preguntó Ángel Rosa.

—Porque teme que nos parta en dos. –respondió Ángel Rojo.

—¡¿Cómo podría hacer eso?!

—Ya lo vas a ver, enano.

 Cuando Ángel Amarillo quedó sola en la habitación de entrenamiento pidió —: Incandescente.

Las armas aparecieron.

Los delgados filamentos nacían de una especie de mangos rígidos que Ángel Amarillo sostenía en sus manos y se extendían hasta su muñeca. De los mangos salían dos cables que se conectaban a una especie de fuente de poder que estaba entre las alas de ella.

Ángel Amarillo apretó los mangos y los filamentos empezaron a brillar.

Ella empezó a mover los filamentos de un lado para el otro, alrededor y sobre ella.

—¡Qué bonito brillan esos cables con esa luz celeste! Ángel Amarillo parece una de esas gimnastas que usan cintas de colores para hacer sus acrobacias. –comentó Ángel Rosa.

Cuando Ángel Amarillo tuvo la suficiente confianza con sus armas, las lanzó hacia el muñeco y lo atravesaron. El filamento derecho lo atravesó de derecha a izquierda por la cintura y el izquierdo de izquierda a derecha por el cuello. Pocos instantes después las partes del muñeco se desplomaron al piso.

—¡¡¡¿Cómo, cómo, cómo, cómo?!!! – exclamó Ángel Rosa.

—Los filamentos del arma de Ángel Amarillo me parecieron iguales a los filamentos de los focos incandescentes porque su longitud es mucho mayor que su grosor. Cuando pasa corriente eléctrica a través de los filamentos de los focos incandescentes se calientan hasta tal punto que empiezan a brillar. —explicó Ángel Rojo.

—¿Entonces  a través de los filamentos del arma de Amarillo circula una corriente eléctrica que los calientan y por eso brillan?

—Así es, enano.

—¿A qué temperatura crees que estén? –preguntó Ángel Azul.

—Para mí que a más de 10000 oC. —respondió Ángel Rojo.

—Si están a tanta temperatura, ¡¿Amarillo podría quemarse?! —exclamó Ángel Azul.

Sofía apareció y explicó —: Esas armas están diseñadas de tal manera que aquel calor no es irradiado con lo que se evita que el usuario del arma se queme pero, sí corta al objeto que entre en contacto con los filamentos

Las armas de Ángel Amarillo desaparecieron y ella se dejó caer. Al llegar al piso había vuelto a la normalidad.

Todos salieron del cuarto de control y volvieron a la normalidad.

—¡¿Cómo te sientes, Diana?! –preguntó preocupada Katherine.

—Estoy cansada. Esas armas son muy  peligrosas y difíciles de manejar.

—Así es, pero sólo una persona como tú puede manejarlas con esa maestría.

—¡Pero pude matarme yo misma, Andrés!

—Ten confianza en ti misma, Diana. Eduardo, Sofía, Argos y Ágata nos dieron armas acordes a nuestras capacidades. Ellos no te darían algo si no tuvieran la certeza que vas a poder manejarlo.

Andrés le extendió su mano izquierda. Ella la tomó y se puso de pie.

—Se supone que soy tu consejera y me acabas de dar un buen consejo.

—Andy es nuestro líder, no te olvides. –manifestó Katherine.

Abigail vio su reloj y dijo —: Muchachas, debemos hacer nuestras tareas.

—Andrés, ¿vienes con nosotras? –preguntó Diana.

—No. Voy a entrenar.

—¡¿Vas a entrenar?!

—Sí, enano. Sube a tu consola.

—Pero.

—¡Es una orden!

Las tres chicas subieron con Alejandro en el ascensor. Andrés fue al cuarto de control.

 

Al día siguiente Lorena tampoco quiso estar la tarde con Andrés. Él se imaginó que iba a encontrarla en la base así que fue hacia allá. Allí no encontró a nadie. Sólo estuvieron él y su primo. Andrés aprovechó para seguir su entrenamiento.

 

Al día siguiente, viernes de feriado, algunos llegaron a la base a las 9:00 y encontraron a Alejandro en su consola.

—Hola Alex, ¿dormiste aquí? –preguntó Katherine.

—¡Sí!

—¿En el refugio?

—Sí, Diana, en el refugio.

—¿Desayunaste y merendaste?

—Sí, Mina. Mi primo me mandó a comprar pan, leche, huevos y, jugo para desayunar y merendar.

—¡¿Él cocinó?!

—Podría decirse que sí, Abigail.

—Chicas, bajemos al cuarto de entrenamiento. Los demás, ocupen sus puestos en sus consolas. Veamos que tiene preparado nuestro líder. –dijo Mina.

Raúl, Ethan, Nicolás y Rafael ocuparon sus respectivas consolas.

Las chicas bajaron y encontraron a Ángel Rojo volando a gran velocidad.  En el piso estaban Eduardo y Sofía. Ángel Rojo  vio a las chicas y aterrizó.

—Hola chicas.

—Hola jefe, ¿cómo estás? Eduardo, Sofía, ¿qué tal?

—Bien, Katy. —dijo Ángel Rojo.

—Nosotros estamos también bien. —dijo Eduardo.

—¿Estaban ayudando a Ángel Rojo en su entrenamiento?

—No, Biga —respondió Sofía—. Ángel Rojo nos estaba explicando las mejoras que quiere que hagamos a los hologramas. Diana, ¿podemos conversar para analizar las mejoras solicitadas?

—Encantada.

—Rojo, ¡¿no te parece exagerado haber dormido aquí para entrenar?!

—¡Ángel Rojo es su líder, Mina! Debe dar el ejemplo. –manifestó Argos.

Se abrieron las puertas del ascensor y entró una figura conocida.

—¡Hola muchachos! Siento haber llegado un poco tarde.

—Hola Lupe, ¿cómo estás? –dijo Ángel Rojo.

—Bien ¿Qué vamos a hacer ahora?

—Los Ángeles y Apoyos vamos a entrenar como hemos hecho estos días. –explicó Abigail no tan amablemente.

—Ya veo ¿Qué podría hacer yo?

—¿Recuerdas cómo se usan los controles del cuarto de control? –preguntó Diana.

—Sí.

—Puedes ser la operadora el día de hoy.

—Ok.

—Te acompaño. Ya está instalado el sistema de seguidor de movimientos del sparring. –dijo Argos.

Guadalupe y Argos entraron en el cuarto de control.

La puerta del ascensor se abrió otra vez y, salieron Camilo y Lorena.

—Hola muchachos ¿Vienen juntos? –dijo Katherine en son de broma.

—No. Yo vine con Sole y Lore con su hermano.

—Ok, muchachos. Estamos casi completos. Es momento para entrenar. –dijo Ángel Rojo.

—¿Quién falta? –preguntó Lorena.

—Faltan mis primas, no tardan en bajar, y Katya. –respondió Abigail.

—¿Eso significa que aquí está Guadalupe?

—Sí, Lore, ella va a ser la operadora del cuarto de control el día de hoy. —respondió Diana.

Lorena buscó a Guadalupe con la mirada y la encontró donde Diana había dicho. Al verla, su gesto cambió y sin mediar palabra se encaminó hacia el ascensor.

Katherine corrió hacia ella y preguntó —: ¿Quieres probar el nuevo sistema de sparring?

—¿El que es con seguidor de movimiento?

—Sí. Puedes combatir contra Ángel Rojo. Sé que él ha estado entrenado solo y necesita alguien de tu habilidad para que tenga un verdadero reto.

—Ok ¿Dónde está el nuevo sistema de sparring?

Katherine buscó con la mirada a Ágata y la llamó.

—¿Qué quieres niña? Estaba revisando los generadores de hologramas.

—Te vi montada en una de las paredes.

—¡Ahí mismo están los generadores! ¿Para qué me llamaste?

—Quiero saber dónde está el nuevo simulador de sparring, el que sigue el movimiento.

—Está en el cuarto de control ¡Podías preguntar a Eduardo o Sofía! Ellos diseñaron esta base.

—¡¿En el cuarto de control?! –preguntó molesta Lorena.

—Vamos Lore. El cuarto es grande. Guadalupe no va a estar cerca y no te va a tocar porque yo te voy a poner el traje de líneas –regresó a ver a la gata—. El nuevo sistema tiene traje de líneas, ¿verdad?

—Así es, Katy. También está el casco HD de 3D.

—¿Casco HD de 3D?

—Tiene que ver a su oponente frente a frente y lo más realista posible.

—¿Qué dices, Lore? –preguntó Katherine— Vas a ser la primera en usar ese casco que dijo Ágata.

—Ok pero, no me dejas a solas  con Guadalupe.

—Si quieren, les acompaño. —dijo Sofía.

—¡Claro, Sofía! —exclamó Katherine.

Las dos chicas,  Sofía y, Ágata entraron en el cuarto de control. Lorena entró sin siquiera regresar a ver a Guadalupe.

Ágata guió a Lorena hacia un disco de vinil de tres metros de diámetro. En el armario en donde Ágata le indicó, Katherine encontró un traje de líneas de talla universal que puso, a mucho hacer, a Lorena.

—Lupe, proyecta la criatura. –pidió Ágata.

—¿Está correcto el nivel?

—Pregúntaselo a Rojo. Él ha estado entrenado todos los días. –dijo Sofía.

—¿Ángel Rojo, estabas entrenado en el nivel 5? –pregunto Guadalupe a través del micrófono.

—Sí.

—¡¿Ya estás en el nivel 5?!

—Así es, Mina.

Guadalupe apretó un botón y apareció una criatura que parecía una cruza entre un árbol y un insecto. Andaba en dos patas que parecían las de un insecto y lo que parecía ser su cabeza era como la copa de un árbol.

—Lore, mueve tus brazos y piernas para ver si la criatura te sigue.

La chica hizo lo que la gata le pidió.

La criatura siguió a la perfección los movimientos de Lorena.

—Nunca vas a salirte del disco porque éste actúa como una cinta transportadora hacia el centro mientras esté activado el holograma. Te moverá tan suavemente que ni te darás cuenta. —respondió Sofía.

—Ahora ponte el casco. —pidió Ágata.

La chica se puso el caso el cual tenía un visor totalmente negro.

—Veo enano a Ángel Rojo. –dijo Lorena.

—Se supone que la criatura mide cuatro metros de altura. –dijo Ágata.

—¿Rojo Líder, estás listo para entrenar un poco? Lorena está manejando a la criatura con el nuevo simulador. —preguntó Argos.

—Sí. —respondió Ángel Rojo.

—Todos entren a ver el combate, por favor.

Todos los que estaban en aquel piso entraron.

—Esto va a estar interesante. Ángel Rojo va a combatir contra una criatura de nivel 5 manejada por una peleadora de kung fu. –dijo Camilo.

Ángel Rojo se puso en frente del monstruo.

—Esta no es la criatura con la que peleamos ayer, Ángel Rojo.

—No te preocupes, Apoyo Rojo. Ya sabes qué hacer con los enemigos. Lanza.

En instantes apareció sobre las manos de Ángel Rojo el arma solicitada.

—¡Que empiece el combate! –exclamó Guadalupe.

Lorena empezó a ejecutar lo mejor de sus movimientos de kung fu y Ángel Rojo empezó a atacar a la criatura holográfica con su lanza.

 

Luego de cinco minutos de combate.

—Al fin tengo la imagen completa de la criatura en mis monitores a la derecha. –dijo Apoyo Rojo.

—¿Qué me puedes decir? –preguntó Ángel Rojo— Hace poco casi me llega un golpe que me hubiese sacado la cabeza.

—Dame unos momentos. Voy a analizar las proporciones del monstruo.

—Date prisa que está muy difícil este monstruo manejado por Lorena.

 

Al cabo de dos minutos.

—Las patas del monstruo son rápidas pero son su punto débil. Fíjate en lo que podrían ser sus pantorrillas. Son muy delgadas en comparación con las proporciones de su cuerpo.

—Gracias Apoyo Rojo.

Ángel Rojo se esquivó de un ataque dirigido a su cabeza lanzándose al suelo. Mientras caía movió su lanza de tal manera que con un movimiento circular cortó las piernas del monstruo al nivel de las pantorrillas.

Lorena gritó de dolor y cayó de rodillas.

—¡¿Qué te pasó?! –preguntó muy preocupada Katherine.

—¡No siento mis piernas desde las rodillas para abajo!

—El sistema está limitando tus movimientos porque el monstruo ya no tiene pies. –explicó Ágata.

—¡¿El sistema la matará si Ángel Rojo mata a la criatura?!

—No, Katy. Sólo tendrá dolor, nada más. El mismo dolor que experimenta el Ángel cuando la criatura lo vence.

La criatura empezó a atacar sólo usando sus brazos.

—Ángel Rojo, la criatura aún es rápida. Vuela para que puedas clavarle la lanza en los hombros. –dijo Apoyo Rojo.

Ángel Rojo abrió sus alas y se elevó. Empezó a esquivarse de los ataques de la criatura. Vio su oportunidad y hundió su lanza en ambos hombros de la criatura.

—¡No puedo mover los brazos! –exclamó Lorena.

—Al igual que la criatura. –dijo Ágata.

—Bien, primo. Estás a punto de ganar, ya la tienes inmovilizada.

—Así es, Apoyo Rojo. Sólo falta que me digas donde debo golpear para acabar con ella.

—En la parte angosta entre las ramas y el tronco. Ésa es como su cuello.

Ángel Rojo se acercó volando a la criatura y con un movimiento circular cercenó el cuello de la criatura. Cabeza y cuerpo cayeron inertes al suelo.

Lorena gritó de dolor y cayó al piso.

—Lore ¡¿estás bien?!

—Lorena está bien, Katy ¡Cuantas veces Ángel Rojo sintió esos dolores peleando contra los monstruos holográficos y mira como pelea! –dijo Ágata.

La criatura desapareció y Lorena se levantó sin más.

—¡¿Estás bien, Lore?!

—Sí, Katy, no me duele nada.

—¡Claro que está bien! El sistema sólo crea la ilusión de dolor para que la simulación sea lo más real posible. –explicó Argos.

Mina salió del cuarto de control.

—¡Rojo, eres sensacional! ¡En menos de una semana estás entrenando en el nivel 5!

—Así es, Mina. Por favor, quítame el traje de líneas.

Mina hizo lo que él le pidió y Ángel Rojo volvió a la normalidad.

—Argos, ¿los Apoyos vieron la pelea?

—Tal como lo pediste, Andrés.

—¿Cuándo se lo pediste?

—Ayer, Mina, cuando me contó que el nuevo sistema de sparring estaba listo. El día hoy íbamos a probarlo y quería que todos lo vean.

—¡¿Sabías que ibas a ganar?!

—No –se alejó unos pasos de Mina—. Todos salgan, por favor, Todos los que están en el cuarto inteligente bajen.

Cuando todos estuvieron reunidos alrededor de Andrés, el comenzó su discurso.

—Derroté a una criatura de nivel 5 y no es algo admirable como algunos de ustedes piensan. Es lo mínimo que ustedes, Ángeles de Luz, deben lograr el día de hoy en su entrenamiento.

—¡¿Quieres que en un solo día peleemos como tú?! ¡No me hagas reír! ¡Tú has estado viniendo todos los días! –dijo Abigail

—Sé que algunos de ustedes tienen habilidades mayores a las mías por lo que estoy seguro que lo lograrán. En gran parte mi victoria la debo a la ayuda de mi Apoyo, mi primo Alejandro.

El niño sonrió.

—¡Lo que hizo él es lo mínimo que se espera de un Apoyo!

La sonrisa se le borró de un plumazo a Alejandro.

—¡Y lo que hice yo es lo mínimo que se espera de un Ángel de Luz! Narcisa, Sakura, Katya, ustedes no bajaron aquí y posiblemente se quedaron viendo la pelea en los monitores de las consolas. Puede que piensen que no tienen un papel importante en el grupo. Ustedes también serán apoyos en caso que alguno de ellos falte. Ángeles y Apoyos, el objetivo de hoy es llegar a mi nivel. Van a dividirse en grupos. Van a pelear en forma simultánea los Ángeles Blanco, Verde y Violeta durante dos horas.

—¡¿Durante dos horas?!

—Sí, Lorena, durante dos horas. Usarán armas letales. Luego las demás tendrán su oportunidad de entrenar. Ángel Amarillo entrenará con sus látigos. Incandescente es el arma más difícil y peligrosa de todas. Diana, requieres mayor entrenamiento para poderla usar en combate cerca de otro Ángel de Luz. Tú eres muy hábil y lo lograrás en poco tiempo. Katy, no dispares flechas. Has practicado tu puntería pero aún no es lo suficientemente buena como para usarla junto a otros Ángeles de Luz. Estoy seguro que te convertirás en experta en el uso del  arco y flecha. Raúl, Alejandro y Nicolás manejarán a las criaturas. Nicolás, sé que no eres experto en pelea pero, sabes defenderte, tú usarás el traje de líneas. Los niños usarán los controles. Cuando les toque entrenar a los Ángeles Rosa, Amarillo y Azul, las criaturas serán controladas por Soledad, Alejandro e Ethan. Soledad usará el traje de líneas. La primera  hora Guadalupe estará en la consola, la segunda Katya, la tercera Narcisa y la cuarta Sakura. Todos a sus posiciones.

 

Al cabo de cuatro horas finalizaba el entrenamiento.

—Felicitaciones a todos. Lo hicieron bien pero, no todos lograron llegar al nivel 5 el día de hoy.

—¡¿Qué te pasa, Andrés?! ¡Nosotras ganamos nuestra última batalla!

—Prima, ustedes ganaron porque Andrés me pidió que bajara el nivel. —dijo Sakura.

—¡¿En cuál nivel pudimos ganar?!

—Tú en nivel 4. Diana y Katherine en nivel 3.

—¡Me costó mucho llegar a ese nivel 3! Llegué a enredarme con mis látigos y pegué sin querer a mis compañeras de combate. Me imagino que los que llegaron al nivel 5 son Camilo, Mina y Lorena.

—Tienes razón en todo lo que dijiste, Diana –dijo Andrés—. Con la suficiente práctica vas a llegas a ser la experta que estoy seguro que vas a ser. Camilo y Mina llegaron al nivel cinco por haber pertenecido al grupo V Trooper y los Light Warriors. Lorena por ser hábil en kung fu. Pelear contra una criatura manejada por Lorena me hizo sentir que estaba entrenando en un nivel 7. Diana, Biga, Katy, ustedes tienen que entrenar  no sólo en combate, también deben entrenar su habilidad de volar. Muchachos, tomen en cuenta que en nuestras manos está el destino del mundo.

—Has actuado como todo un líder, Andrés, pero también es necesario que el Equipo Especial de Inteligencia busque pistas de los ataques del enemigo. –dijo Eduardo.

—Tienes razón. Para hacer lo que indica Eduardo no es necesario que todos trabajen a la vez.

—¡¿Qué?! –exclamó Argos.

—Andrés, tiene razón. –dijo Ágata.

—Al mayor Rodríguez y al maestro Yoshi no vamos a tomar en cuenta para la tarea de buscar evidencias por lo que, las once personas que quedan trabajarán de lunes a viernes, comenzando desde el siguiente lunes en este orden: Alejandro, Rafael, Soledad, Ethan, Raúl, Nicolás, Mateo, Sakura, Narcisa,  Guadalupe y, Katya. Como pueden ver, cada dos semanas y un día tendrán que estar aquí buscando evidencias.

—¿Y si pasa algo en el fin de semana? –preguntó Diana.

—Sábado y Domingo se mantiene el orden indicado. –dijo Andrés.

—¿Es decir, yo vengo el próximo sábado y Rafael el domingo?

—Así es, Alejandro.

—¡¿Y si pasa algo este fin de semana?!

—Este fin de semana es feriado. Deja que descansen, Argos.

—¡Viva mi primo! –dijo Alejandro.

—Diana, ¿desarrollaste los planos electrónicos para los implantes auditivos?

—Así es, Andrés. Argos y Ágata ya deben haberlos fabricado.

Una especie de pistola con una aguja apareció en frente de Diana.

—Ya está listo, Diana. Seguimos al pie de la letra tu diseño. –dijo Ágata.

—Ethan, por favor, ponnos los implantes.

—Ok, Andrés –dijo Ethan y cogió la pistola— ¿Cómo lo hago?

—Los implantes son subcutáneos y deben ser colocados lo más cerca que puedas del agujero del oído. Cuando hayas clavado un poco la aguja, aprietas el gatillo. –explicó Diana.

—¡¿Va a doler?! –preguntó Katherine.

—No… mucho.

—¡No quiero el implante!

—Sin el implante no funciona el MP4. –dijo Ágata.

—Ok, ok.

 

Al cabo de quince minutos los siete Ángeles de Luz  tenían sus implantes puestos.

—¡Me dolió mucho mis orejitas! –gritó Katherine mientras se las frotaba y de sus ojos brotaban lágrimas.

—Ay, Katy. Hay dolores más terribles que una mujer siente. –dijo Diana.

—¡¿Cómo cuál?!

—El dolor de parto.

—¡Eso debe ser terrible! ¡¡No alcanzo a imaginar cuanto le dolerá a una mujer dar a luz!!

—Yo te puedo decir que es un dolor horrible, para mí lo fue –dijo Guadalupe— ¡Quería que me maten para que me quiten ese sufrimiento! Pero el resultado fue hermoso porque tengo a mi bello François.

—Voy a tener presente lo que acabas de decir, cuando me toque dar a luz. —dijo Katya.

—No he encontrado un conector USB en mi comunicador para poder descargar música o películas. –dijo Katherine.

—Descubrí que tiene bluetooth y wifi.

—No tienen bluetooth ni wifi los comunicadores, Andrés. –dijo Argos.

—Pero interactúa con el bluetooth de mi celular y el wifi que tengo en mi casa. Katy, ¿quieres que te pase una linda canción?

—¿Cuál?

—Esta.

Andrés hizo que su celular toque la canción que dijo.

—¡Me gusta! ¡Me gusta!

Andrés enseñó a Katy a activar el “bluetooh” en su comunicador y le pasó la canción. También le enseñó a reproducir música MP3.

—¡Estos implantes auditivos son excelentes! ¡El sonido es mejor que el estéreo! –exclamó Katherine— Es hasta mejor que el audio del cine en casa que es 5.1.

—Hablando de cine en casa, como el comunicador puede reproducir MP4, puede interactuar con cualquier juego de parlantes inalámbricos y actuar como cine en casa. –explicó Andrés.

—¡Increíble!

—¿Y a nosotros no nos van a dar un comunicador así? –preguntó Alejandro.

—Nosotros también necesitamos comunicadores. –dijo Raúl.

—¿Para que los necesitan? –preguntó Andrés.

—Los necesitamos para… —intentó decir Nicolás.

Abigail le tapó la boca y dijo —: ¡Tú no hables! Andrés quiere probar la motivación de los niños.

—Sin un comunicador no podremos saber cuándo somos necesarios. —dijo Alejandro.

—Supongan que los Apoyos no estemos cerca a los Ángeles y nos necesiten en una misión. Con un comunicador será más fácil encontrarnos y llamarnos. –dijo Raúl.

—¿Qué opinas, Diana? –preguntó Andrés.

—Los niños tienen razón.

—Estoy de acuerdo. Argos, por favor, entrega a los Apoyos comunicadores exactamente iguales a los nuestros e implantes. Eso incluye a las primas de Abigail,  a Guadalupe y a Katya.

—Ok. –dijo Argos.

En las muñecas de los Apoyos, de las primas de Abigail,  de Guadalupe y, Katya aparecieron comunicadores. Los de los Apoyos tenían el color de su Ángel y el de las primas de Abigail,  de Guadalupe y de Katya eran color gris.

—¡Tenemos comunicadores! ¡Tenemos comunicadores! –dijeron emocionados los niños.

—Pero el tuyo es rosa. –dijo en tono burlón Alejandro.

—No importa. El que se burle le tiro los dientes.

—¡Raúl!

—Perdón hermanita.

La pistola de los implantes brilló.

—Van a recibir los implantes en sus oídos. –dijo Argos.

—¡No quiero! –dijo Alejandro.

—¡No quiero llorar como mi hermana! –dijo Raúl.

—¿No quieren MP4? –preguntó Argos.

—¿Se puede poner juegos en el comunicador? –preguntó Alejandro.

—Si descubren cómo guardar un juego en el comunicador sin llegar a dañarlo, sí.

—¡Quiero el implante! –exclamaron los niños a la vez.

—¿No afectarán a mi bebé? –preguntó Katya.

—No te preocupes. Son para nada tóxicos. –respondió Diana.

Al cabo de quince minutos todos tenían sus implantes.

—¿Será necesario que el mayor Rodríguez tenga un comunicador? –dijo Andrés.

—Sí. Él es uno de nosotros y la frecuencia con la que se comunicaba antes no sólo él la conocía. –respondió Mina.

—Argos, ya sabes que hacer. –dijo Andrés.

—De acuerdo ¿Algo más?

—Nada más.

—Debemos recrear todos los comunicadores y ver cuantas teclas van a hacer falta. —sugirió Diana.

—¿Qué les parece que los comunicadores tengan tan pocas teclas como este celular? —preguntó Ethan y mostró su teléfono.

—¿Que los comunicadores sean como un smart phone de pantalla táctil? Es buena idea la de disminuir teclas —dijo Diana—. Podrían tener casi la misma cantidad de teclas que el teléfono de Ethan el cual tiene: un botón en la parte inferior que sirve para volver a la pantalla de inicio, a la izquierda de éste un sensor o botón táctil para abrir menús, a la derecha otro sensor o botón táctil para regresar un nivel en los menús, en la parte superior del costado izquierdo un par de botones para controlar el volumen, en la parte superior del costado derecho un botón para bloquear y desbloquear el comunicador. Cuando esté bloqueado parecerá un reloj digital. Cuando esté desbloqueado en pantalla  habrá iconos que permitirán acceder a las diferentes funciones del comunicador. En la parte de arriba podría haber el botón de llamada en emergencia. Las teclas sólo funcionarán cuando el dueño las apriete.

—Estoy de acuerdo. —opinó Andrés.

Brillaron las muñecas de todos y también el aplicador.

—Los comunicadores cumplen las especificaciones de Diana. Ahora les toca aprender a usar las funciones de los menús. —dijo Sofía.

—Me olvidaba un detalle.

—Te escuchamos Andrés. —dijo Eduardo.

—Ya no haría falta que los Ángeles de Luz tengan audífonos unidos a los micrófonos por los cuales el Apoyo oirá lo que ocurre alrededor del Ángel de Luz.

—¿Qué sugieres?

—Que los micrófonos estén sobre la oreja.

—¿Parecidos a los aparatos que ayudan a las personas que no pueden oír?

—Exacto pero,  nada se introducirá en el oído.

—La próxima vez que se transformen tendrán lo que indica Andrés. —dijo Argos.

—¿Algo más? –preguntó Ágata.

—Nada más. –respondió Andrés.

—Ethan, acompáñame a la oficina del mayor Rodríguez para darle su comunicador y ponerle sus implantes. –pidió Argos.

—Bueno.

—Bueno muchachos, esto finaliza la reunión. –dijo Andrés.

Los primeros en salir y casi sin despedirse fueron Lorena, quien salió a toda prisa hacia el ascensor, y Mateo, quien a duras penas la siguió.

Andrés se puso muy triste.

—Andrés, los dejo a ti y a tu primo en sus casas. –dijo Camilo.

—Me gustaría entrenar.

—Entrenarás solo porque quiero irme a mi casa ¡No quiero pasar otra noche aquí!

—¿Durmieron aquí, Alex? ¿En dónde? –preguntó Narcisa.

—Dormimos aquí, en el refugio.

—¿Merendaste y desayunaste?

—Sí, Narcisa. Mi primo me mandó a comprar pan, leche, queso, huevos y, jugo.

—¿Quién cocinó? —preguntó Guadalupe.

—Digamos que mi primo.

—Nosotras podíamos invitarlos a desayunar y merendar. –dijo Sakura.

—No quería molestar ¿Nos vamos? –dijo Andrés y fue hacia el ascensor.

Alejandro fue tras su primo.

—Mina, muchachos, nos despedimos. –dijo Camilo.

—Cuídense. –dijo Soledad.

Ellos fueron hacia el ascensor.

—Andrés, no era así ¿Qué le pasará? –preguntó Abigail.

—Su corazón está sufriendo. –respondió Katherine.

—¿Por culpa de Lorena?

—Esa debe ser la razón ¿Se han fijado como ella lo trata? –dijo Diana.

—¡Esa mujer es una estúpida! ¡No se da cuenta que no me interesa para nada Andrés! –exclamó Guadalupe.

Diana vio que en los rostros de Katherine y Abigail se dibujaron  gestos de furia. Les cogió de las manos a ambas chicas y dijo —: ¡Vámonos de una buena vez!

 

En el fin de semana Andrés se animó a probar su comunicador llamando a Lorena. Apretó el botón de desbloqueo y buscó la manera de llamarla.

—¡Hola linda! —exclamó Andrés al verla en la pantalla de su comunicador.

—Hola Andrés —dijo ella un tanto fríamente.

El gesto de ella era muy rudo.

—Siento haberte molestado.

—Estaba por salir con mi mamá ¿Deseas algo?

—Yo, nada ¿Estás en Tulcán?

—Sí ¡¿Algún problema?!

—Ninguno.

—Nos vemos Andrés.

Ella cortó la comunicación.

“Al menos los implantes auditivos funcionan bien.” pensó Andrés sintiendo un gran dolor en el corazón. “No pude preguntarle si la pantalla de su comunicador se había levantado y aumentado dos veces su tamaño cuando comenzó la comunicación”.

La pantalla del comunicador de él se había levantado y aumentado dos veces su tamaño antes que aparezca en ella el rostro de Lorena.

 

En la última semana del mes, al fin Inés se animaba a hablar con Lorena.

—¿Qué pasa entre tú y Andrés? –preguntó Inés al terminar el primer día de clases de esa semana.

—¡¿Cómo que me pasa?!

—Ambos son mis amigos y me da pena que una relación tan linda como la suya se dañe.

—Ok, ok. Te voy  a decir qué me pasa. Me enteré que Andrés tiene un hijo.

Inés se quedó en blanco. No le cabía en su mente la relación entre las palabras Andrés e hijo sin que la palabra Lorena esté en medio. Inés pensaba que Lorena perdió su virginidad con Andrés y él la suya con ella.

—¡¿No tienes nada que decir?! ¡Por eso no hablaba contigo! —gritó Lorena y se dirigió hacia la entrada sur de la Politécnica sin mediar más palabra.

Inés se encaminó hacia la entrada norte. Le quedaba mejor la sur pero no quería ir tras la loca de su amiga.

Sus pasos la llevaron a la avenida 12 de Octubre en donde vio a una vieja conocida esperando un bus.

—¡Hola Mina! –exclamó Inés.

La susodicha regresó a ver a quien había dicho su nombre y exclamó —: Inés, ¡a los tiempos!

Se abrazaron y besaron como entrañables amigas que se veían a los tiempos.

—¡No recuerdo la última vez que te vi, Inés!

—Yo tampoco lo recuerdo.

“Me sorprende que me recuerde.” pensó Inés.

—¿Estás estudiando en la Cato? –preguntó Inés.

—Sí. Estoy siguiendo Economía. Apenas entré este mes a la universidad ¿Cómo te va a ti en la Poli?

—En cuanto a las clases, estudiando como loca. En cuanto a los amigos, preocupada por dos de ellos.

—¿Por cuáles?

—Andrés y Lorena. Tú debes saber que ellos son enamorados pero de un tiempo acá ella actúa como si lo detestara y, como Andrés pasa la mayoría de su tiempo en facultad, no he tenido la oportunidad de conversar tranquilamente con él ¡Ahora Lorena me comentó que Andrés tiene un hijo!

—¿Te sorprende que lo tenga? –preguntó divertida Mina.

—Sí. Él siempre me dio la impresión de ser un chico bueno que no rompe ni un plato pero, ¡ha tenido un hijo! Me imagino que él estuvo con la madre de su hijo antes de estar con Lorena.

—Así es. Él no sabía que tenía un hijo porque la madre no le había dicho.

—¿Cómo se enteró?

—Eso no viene al caso.

—Ahora que sabe que es padre, ¿qué va a hacer?

—Nada. La madre no quiere nada de él.

—Andrés tiene suerte ¿Lorena sabe que Andrés engendró ese niño antes de estar con ella y que la madre no quiere nada con él?

—Sí.

—Entonces, ¡¿qué le pasa a Lorena?!

—No lo sé realmente.

—¡Deberías saberlo! Y no sólo eso ¡Deberías ver la manera de ayudar a Andrés! ¿No se supone que eres su mejor amiga, casi su hermana?

—Sí –Mina suspiró—. Tienes razón.

—Espero que tengas mejor suerte que yo. Por poco Lorena y yo peleamos cuando le pregunté que le pasaba. Nos vemos.

—Nos vemos.

Inés continuó su camino hacia el sur.

Mina se sintió mal consigo misma. Había dejado que su vida como estudiante universitaria la aleje de su mejor y más querido amigo.

 

Al día siguiente, luego de almorzar, Mina bajaba al salón inteligente de la base. En aquel lugar vio a Alejandro y a Mateo.

—Hola muchachos. –dijo ella.

Alejandro, quien estaba usando los lentes de 3D, los audífonos y el micrófono, hizo un gesto de saludo con su mano derecha.

Mateo se puso de pie, caminó hacia ella, le dio un beso en la mejilla y, dijo —: Hola Mina.

—¿Estás en tu turno?

—Así es. Sin saber bien qué estoy haciendo, al igual que el resto ¡Afortunadamente tenemos internet de muy alta velocidad! Eso me está ayudando a hacer mi tesis.

—¿Alejandro está actuando como Apoyo Rojo?

—Como todos los días ¡No sé cómo ese niño logra salirse sin permiso de la casa sin que su mamá le castigue!

—Eso siempre nos hemos preguntado. Alex, por favor, dile a tu primo que voy a bajar para  conversar con él.

Mina caminó hacia el ascensor.                         

 

Ángel Rojo revoloteaba alrededor de una criatura holográfica de diez metros de altura, atacándola y esquivándose de sus ataques.

—Ángel Rojo, Mina va a bajar para conversar contigo. –escuchó Ángel Rojo a través de sus implantes auditivos.

—Ok, Apoyo Rojo.

 

Poco después Mina salió del ascensor.

—Hola Mina. –dijo Ángel Rojo y se esquivó de un ataque de la criatura holográfica.

—Hola. Me gustaría conversar un rato contigo con una taza de té y galletas.

—No sé si tenemos comestibles en la bodega del refugio.

Ángel Rojo atacó a la criatura holográfica y ésta se esquivó.

Mina levantó la funda de supermercado que llevaba en su mano derecha.

—Ok. –dijo Ángel Rojo.

—Ángel Rojo, derrota a la criatura con tu nueva habilidad.

—Apoyo Rojo quiere que derrote a esta criatura usando mi nueva habilidad.

—Ok. Me encantaría ver tu nueva habilidad. –dijo Mina.

—Aguijones. –dijo Ángel Rojo y la lanza fue reemplazada por las armas que parecían las dos mitades de la lanza.

Ángel Rojo voló hacia el extremo norte de la sala y empezó a volar hacia la criatura. Ésta se puso en guardia pero, cuando Ángel Rojo estaba a la mitad de la distancia, desapareció y apareció casi inmediatamente atrás de la criatura.

“¡¿Qué?!” pensó Mina.

Ángel Rojo clavó el aguijón que sostenía con su mano derecha en la espalda de la criatura. Ésta giró y le lanzó un zarpazo. Ángel Rojo desapareció, apareció al nivel de las rodillas de la criatura y le clavó los dos aguijones en las piernas. La criatura entrelazó sus manos y lanzó un golpe hacia Ángel Rojo quien desapareció, apareció de pie sobre la cabeza de la criatura y le clavó el aguijón que sostenía con su mano izquierda.

—Lanza. — dijo Ángel Rojo y los aguijones fueron reemplazados por la lanza.

Ángel Rojo desapareció, apareció a veinte metros al frente de la criatura y lanzó hacia ella su arma. La lanza quedó atravesada en el cuello de la criatura y ésta cayó al piso.

Ángel Rojo aterrizó y volvió a la normalidad.

—¡¿Ya puedes teletransportarte?! –preguntó Mina totalmente sorprendida.

—Sí.

—¡Yo no manejo ninguno de mis poderes especiales!

“Uno de tus poderes especiales es la telepatía la cual manejas incluso sin transformarte porque puedes leer mi mente. Tal vez como Ángel Violeta, no sólo puedas leer la mente de los seres, posiblemente puedas influenciar en ellos.”

—Tienes razón, Andrés. Veo que pudiste pararte en el holograma y tu arma se clavó en su cuello ¿Cómo lograron esa mejora?

Eduardo salió del cuarto de control y respondió —: Fue muy difícil. Con la ayuda de Diana, quien nos explicó cómo generar campos de fuerza con haces de luz, pudimos dar solidez a los hologramas.

—Si son sólidos, ¡podrán lastimarnos!

—No.

—¡Qué alivio! Es suficiente con el dolor que sentimos cuando nos golpean ¡Nunca me voy a olvidar el dolor que sentí cuando un holograma me pegó en el cuello con su espada!

—Si fuera real, ese golpe te hubiese decapitado. —comentó Andrés.

—Vamos al refugio para preparar el té.

—Ok ¿Mi primo y Mateo también están invitados?

—Sí pero, ¿quién está operando la consola?

—Yo. —respondió Eduardo.

—¡¿Cómo?!

—Gracias a las mejoras de los holgramas, se pudo desarrollar un teclados especiales para que a través de ellos Eduardo y Sofía puedan interactuar con algunos sistemas de la base. —contó Andrés.

—Tú también estás invitado, Eduardo.

—Gracias, Mina. Estaré con ustedes pero sin tomar el té ni tomar las galletas.

—Sigues siendo un espíritu que podemos ver.

—Así es, Mina. Pero no te preocupes, ustedes tomen con tranquilidad el té ya que mi hermana y yo no necesitamos comer y no podemos  oler nada que se encuentre en su plano terrenal.

—Te espero en el refugio en una hora, quiero hablar a solas con Andrés.

—Ok, Mina.

Eduardo desapareció

Mina fue al cuarto de control y activó el comunicador interno—: Mateo, Alejandro ¿les gustaría tomar té con galletas?

—¡Sí, Mina! –exclamó Alejandro.

—Gracias, Mina. –dijo Mateo.

—Por favor, bajen luego de una hora.

—¡¿Te va a tomar tanto tiempo preparar un té?!

—No, Alejandro –dijo Mina entre risas—. Quiero primero hablar con tu primo a solas.

—Ok, Mina. Voy a tener que entretenerme jugando en la consola.

—¿Jugando en la consola?

—Sí. Instalé un juego.

—¡¿Pusiste un juego?!

—Sí. Argos me dijo que bueno porque es un juego original. Si Mateo quiere, jugamos los dos. Tengo dos game pads USB.

—Ok, muchachos. Los llamó cuando esté todo listo.

—Mina, ¿puedes ver el nivel en el que mi primo estaba peleando?

Mina vio el monitor y exclamó —: ¡¿Él pelea en el nivel 10?!

—Así es. Mi primo es el guerrero perfecto.

—¡Yo apenas estoy en el 6! Ya les llamó muchachos.

 

Mina salió del cuarto de control. Andrés y Mina bajaron al refugio y se sentaron a la mesa del comedor.

—Te escucho. –dijo Andrés.

—Te he notado extraño y quiero saber qué tienes.

Andrés se puso de pie, dio la espalda a su amiga y exclamó —: ¡¿No es obvio lo que tengo?! ¡Tú deberías saberlo!

—Quiero saberlo de tu propia boca. Por favor, dímelo. Tú sabes que te amo.

Él la regresó a ver.

—Tú sabes la manera que te amo. –agregó Mina.

Andrés suspiró y se sentó de nuevo.

—Yo también te amo de la manera que tú me amas. Te amo en una forma diferente a la forma que amo a Lorena. Lo que siento por ella me incita a estar con ella, a besarla, a abrazarla, a… bueno… hacerle el amor.

—Entonces, tú sabes que puedes confiar en mí.

—Me duele mucho la actitud que últimamente tiene Lorena conmigo. Nunca le he hecho nada, nunca la he fallado para que me trate así.

—¿Será por tu hijo?

—¿Mi hijo?

—El hijo de Guadalupe que fue engendrado cuando te acostaste con ella.

—No quiero sonar a mi padre al decir que ese niño no me importa.

—¡¿Por qué dices eso?!

—Porque no amo a su madre y ella ni siquiera me contó que estaba embarazada de mí ¡Si no era por Argos, yo no sabría que tenía ese hijo! Además, Guadalupe ha declarado a viento y marea que no quiere nada de mí.

—¿Tú sólo puedes sentir amor por Lorena?

—Sí y mil veces sí ¡Ella es la mujer de mi vida! ¡No entiendo como ella no puede darse cuenta de eso! ¡No entiendo!

Él no pudo contenerse más y sus lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Se dejó llevar por su profundo dolor que trató de ocultar con entrenamiento intenso.

Mina se puso de pie y se acercó a él. Andrés la rodeó con sus brazos por la cintura.

Ella pegó la cabeza de él a su pecho. No pudo evitar sentir el dolor de su amigo como propio y empezó a llorar.

 

Al día siguiente por la tarde, todas las chicas del grupo estaban sentadas a la mesa redonda.

—¿Para qué convocaste a esta reunión, Mina? –preguntó Ágata.

—Para hablar de Andrés y de Lorena.

—¡¿Tenías que invitar a ésta?! –exclamó Lorena.

—Me llaman Lupe. Si te incomoda llamarme así, llámame Guadalupe ¡Tú deberías llamarme así porque sólo a mis amigos permito que me llamen Lupe! y ¡¡¡¡Tú no eres una de ellos!!!!

—Ésta es una reunión sólo para chicas ¿Ágata, ya bloqueaste el ingreso a los chicos?

—Sí, Mina. –dijo Ágata.

—Sofía, ¿Eduardo no está aquí?

—No. Él iba a darse una vuela por la ciudad.

—Lorena, por favor, dinos que tienes contra Andrés. –pidió Mina.

Lorena se mantuvo en silencio.

—Andrés está sufriendo mucho por ti.

Lorena no abrió la boca.

—¡Él te ama como no tienes idea!

Lorena se puso de pie y preguntó —: ¡¿Por qué te preocupas tanto por él?!

—Porque lo amo, ¡¿está bien?!

Por unos instantes se cernió sobre el salón un profundo silencio.

—Yo, yo también lo amo –dijo Katherine mientras trataba de sonreír—. Yo lo amo como si fuera mi hermano mayor ¡Todas han visto como lo abrazo y beso!

—Yo lo amo de una manera diferente.

—Mina, puedes explicarte, por favor. –pidió Soledad.

—Explícalo lo mejor que puedas para que todas entiendan. —dijo Katya y vio a Lorena.

—Lo que siento por Andrés está entre el amor que siento por Rafael y lo que siente Katy por Andrés.

—Entonces, Lorena no tiene que sentir celos por ti ¿no es verdad Mina?

—Así es, Sakura.

—Si tanto lo amas, Mina ¡¿Por qué no te acuestas con él para consolarlo?! –dijo Lorena.

—Yo no voy a acostarme con él.

—¿Por qué no? ¿Necesitas estar borracha para acostarte con él? Necesitaste estar ebria para besarlo. Quien quita que te acuestes con él estando bien tomada.

—Nunca me voy a acostar con él porque se lo dejé bien en claro.

—¿Cuándo se lo dejaste bien en claro? ¿Cuándo él te propuso hacerlo?

—¡Cuando lo masturbé!

De nuevo se cernió sobre el salón un profundo silencio.

—Eh… Mina… Por fa… por favor, puedes explicarte. –pidió Narcisa.

Mina contó todo lo que pasó en la celebración de su último cumpleaños y lo que motivó ese comportamiento.

—Entiendo que Mina nunca querrá acostarse con Andrés, ni él con ella. –dijo Katherine.

“Yo no diría nunca.” pensó Soledad.

“En mi matrimonio por poco lo hacen.” pensó Katya.

“Katya, Mina no recuerda lo que casi pasó con Andrés en tu matrimonio. Mejor así. En lo molesta que ella está, es capaz de decirlo.” pensó Sofía.

“¡Ella no sería capaz de decirlo!”

“Mina considera como propio el dolor de Andrés y ya ha dicho todo lo que sabe que ha pasado con Andrés sabiendo que eso lastimaría a Lorena.”

“Mina no lastimaría con intención a alguien.”

“¡Tú bien sabes que Mina ama mucho a Andrés! El “Ojo por ojo y diente por diente” es una aplicación dura y cruel de la Justicia. Mina lo está aplicando en Lorena por el gran dolor que ella le ha ocacionado a Andrés.”

—Pero una cosa no entiendo. —continuó Katherine.

—¿Qué será? –preguntó Abigail.

—¿Los penes se pueden romper? ¿No son caiditos y chorreaditos como moco de pavo?

Todas las chicas empezaron a reír.

—Los penes de los hombres se ponen duros para poder entrar en una mujer –explicó Diana—. Al estar rígidos se pueden romper como una rama.

—¿De dónde aprendiste eso?

—En el curso de anatomía del colegio y –Diana se sonrojó— por experiencia propia.

—¡¿Le rompiste el pene a Ethan?! –preguntó Narcisa.

Diana se sonrojó más.

—Habla mujer. Estás entre mujeres. –dijo Abigail.

—Una vez estuve sobre él y me estaba moviendo como loca. Ethan me detuvo diciéndome que se lo estaba doblando tanto que parecía que se lo iba a romper.

—Ahora que estamos diciendo las verdades ¿Puedes decir la tuya, Lorena? –dijo Mina.

—Todo padre debe estar con su hijo.

—¿Perdón?

—Estando con Andrés siento que estoy alejando de su padre al hijo de Guadalupe.

—¿Cuántas veces tengo que decir que no necesito nada de Andrés? —dijo Guadalupe.

—Tengo que convencerme que es verdad lo que dices para no sentir culpa por eso.

—¿Quieres ir a mi casa y ver  cómo vivo?

Lorena no respondió.

—El Ángel Blanco no debe sentir culpa de ningún tipo. Por lo tanto, si consideras que alejarte de Andrés mientras te convences que no estás afectando  a un niño te ayuda a no sentir culpa, estoy de acuerdo. –manifestó Ágata.

—¿Estás segura que no hay nada más, Lorena? –preguntó Diana.

—Nada más.

Katherine puso sus ojos en blanco y dijo —: Veo en tu corazón un sentimiento oscuro que te atormenta.

Mina puso sus ojos en blanco y dijo —: En tu mente hay un pensamiento oscuro que no puedo ver.

—¡¿Por qué ponen los ojos en blanco?! –preguntó Sakura.

—Uno de los poderes especiales de Mina es la telepatía y uno de los de Katy es leer los corazones o sentimientos de las personas. Ponen los ojos en blanco porque requieren mucho esfuerzo para usarlos sin transformarse. –explicó Sofía.

—¡Está bien! ¡Está bien! Temo que el amor que Andrés llegue a sentir por su hijo lo acerque a la madre del niño.

—Él me dejó muy en claro que la única mujer que puede estar en su corazón eres tú –dijo Guadalupe—. He constatado lo importante que eres para él. Él podrá amar a mi hijo y no sentir nada por mí.

—¡Temo que ésta pueda usar a su hijo para atraer a Andrés! –exclamó Lorena.

—¡Otra vez la burra al trigo! ¡Ya te dije que mi nombre es Guadalupe! ¡Y para que te vayas enterando, no estoy en busca de hombres! Estoy dedicada al 100% a atender a mi hijo. Tal vez si ustedes logran vencer a su enemigo...                                    

—Si logramos. Tú eres parte del equipo —interrumpió Ágata—. Nuestro enemigo es enemigo de toda la humanidad porque es una fuerza maligna que afectará a toda la vida en este planeta.

—Está bien. Si logramos vencer a nuestro enemigo, buscaré un buen hombre para vivir con él. Toma en cuenta que cuando venzamos a la fuerza maligna, Andrés no será el único hombre que sea bueno.

—¡No entiendo como Andrés pudo acostarse con ésta!  ¡Tal vez otros le metieron  antes que él! ¡Ésta tiene pinta de ser medio puta!

Antes que Guadalupe logre pronunciar palabra, Soledad golpeó la mesa y se puso de pie.

—¡Ya me cansé que trates a Guadalupe de “ésta” como si fuera una cualquiera! ¡Ella es una de nosotros! Si la vuelves a llamar “ésta”, ¡te parto la cara! –gritó Soledad.

—¡Tampoco la trates como a una cualquiera por no ser virgen cuando se acostó con Andrés! ¡Yo he estado con tres hombres y no por eso soy puta! Si dices que por ser Lupe medio negra tiene pinta de puta, ¡Estás llamándonos putas a Narcisa y a mí! –exclamó Abigail.

—Chicas, chicas, por favor, cálmense. Tomen asiento y conversemos como lo que somos, un grupo de amigas. –pidió Diana.

—Yo nunca seré amiga de…

—¡Suficiente Lorena! –gritó Ágata— Ella es una de nosotros porque supo que Andrés era R Trooper y nunca usó esa información para sacar algo de él  chantajeándolo o sobornándolo. Tampoco lo  traicionó ¡Ella es tan buena como cualquiera de las personas que forman el Equipo Especial de Inteligencia! Por lo tanto, ¡compórtate como la mujer que eres! ¡Eres la mayor de todas, por favor!

—Disculpa que te contradiga, Ágata. La mayor de todas las chicas soy yo. Soy mayor a Andrés por dos años. –dijo Guadalupe.

—Lorena, quiero que me respondas sólo una cosa ¿Aún amas a Andrés? –preguntó Mina.

—¡Lo amo con todo mi corazón!

—Entonces, vuelve a ser feliz con él.

—¡No puedo!

—¿Por qué?

—Porque soy estúpidamente celosa ¡Sé que Guadalupe es una buena chica pero no logro evitar pensar que pueda quitarme a Andrés! ¡Sé que Andrés me ama como no ha amado a nadie antes pero no puedo evitar pensar que va a preferir estar con la madre de su hijo!

Lorena empezó a llorar.

—Díselo. –dijo Mina.

—¡¿Qué quieres que le diga?! ¡¿Quieres que le diga que soy estúpidamente celosa?!

—Quiero que le digas que aún lo amas y necesitas tiempo para darte cuenta que nada va afectar lo que él siente por ti.

—¿Y si me toma mucho tiempo?

—Por favor, Lorena –dijo Katherine—. Le has roto varias veces el corazón y a pesar de eso, aún te ama ¡Tuve que brindarle mi hombro para que se desahogue cuando le rompiste el corazón la primera vez que se te declaró!

—Y ayer le brindé mi hombro. Al fin se desahogó. –dijo Mina.

—Haz caso a lo que Mina dice. Estamos en problemas si la tristeza que siente Andrés se transforma en rebeldía que le quite la Paz Interior. Sin ella, no podría ser Ángel Rojo. —opinó Ágata.

—Y no sólo por la Paz Interior de Andrés debes hacer lo que Mina dice. Él pasa todos los días entrenando. Eso implica que no está estudiando. —dijo Diana.

—No sólo pensemos en Andrés –dijo Katya—. Los celos son arma de doble filo. También le están causando dolor a Lorena ¿Ese dolor podrá generar la culpa que le  impedirá transformarse en el Ángel Blanco, Argos?

—Tienes razón.

—Podríamos perder a dos Ángeles de Luz: el Rojo y el Blanco. Lorena, si te sinceras con Andrés, ¿crees que dejará de atormentarte el dolor que tienes? —dijo Sofía.

—Sí –Lorena suspiró—. Aprovechando que mi hermano se va de vacaciones en el feriado de noviembre con unos amigos, voy a quedarme en mi casa con Andrés.

—¡¿Vas a pasar los cinco días con él a solas?! Tú madre no va a permitir que lo hagas. –opinó Katherine.

—Voy a decirle que nosotras, sin ningún chico, nos vamos de vacaciones a la playa. Mina, necesito que me ayudes.

—Te escucho, Lorena.

—Como muy posiblemente mi madre no me crea, va a llamar a tu madre para preguntarle si en verdad nos vamos a la playa.

—Ok ¿A qué playa supuestamente nos vamos?

—No lo sé.

—¿Qué opinan de Pedernales? Es un lindo pueblo. –opinó Diana.

—¿En dónde nos hospedaríamos? –preguntó Lorena.

—En un hotel que se llama “Brisa Marina”. Es bonito.

—De acuerdo. –dijo Lorena.

—Entonces, la sesión se levanta. Esperemos que con lo que le digas a Andrés, deje de estar triste y tú también dejes de sufrir. –dijo Mina.

 

Una hora más tarde Mina entraba en su casa y se encontraba con su madre.

—¿Podrías ayudarme con algo? –preguntó Mina después de saludar con su madre.

—Te escucho.

—Lorena quiere pasar sola en su casa los días del feriado por lo que le va a decir a su mamá que ella se va con nosotras a Pedernales.

—¿A quiénes te refieres con nosotras?

—Soledad, Katy, Diana, Abigail, Sakura, Narcisa, Guadalupe, Katya y, yo.

—Déjame adivinar ¡¿Lorena quiere pasar a solas con Andrés?!

—Sí.

—Ya veo ¡¿Y quieres que le mienta a su madre si llama para confirmar?!

—Sí.

—¡¿Es tan importante que ella pase a solas con Andrés?!

—Sí.

—¡¿Por qué?!

—Porque ella le rompió el corazón y necesitan conversar.

—Sé que quieres mucho a los dos, en especial a Andrés pero, ¿no te parece demasiado pedirme que alcahuetee a Lorena?

—Andrés no está estudiando porque no puede concentrarse. No se concentra porque no sabe qué le pasa a Lorena. Va a poder estudiar si ya sabe que lé pica a ella.

—Está bien, Mina. Voy a hacer lo que me pides.

—Gracias, mamá –abrazó y besó a su madre—. Me voy a mi cuarto.

Mina subió a su cuarto y empezó a estudiar.

 

Al cabo de media hora sonaba el teléfono celular de Mina.

—Hola mi amor. –dijo ella al contestar.

—Hola, mi niña linda –dijo Rafael— ¿Qué estás haciendo?

—Estoy estudiando.

—Voy a decirte para qué te llamo. Quiero que pasemos juntos el feriado en Tonsupa.

—¿Los dos solos?

—Sólo tú y yo.

—No lo sé.

—¿Por qué lo dudas?

—Primero porque estoy en mis días y puede que me duren hasta el fin de semana.

—No necesariamente tenemos que hacer el amor.

—¡¿O sea que no podré bañarme en el mar mientras siga en mis días?!

—Puedes usar tampones.

—¿Tampones? Nunca los he usado.

—Deben ser fáciles de usar. Las propagandas de la televisión están orientadas a las quinceañeras.

—También no creo que me den permiso.

—Tus padres saben lo que siento por ti y lo importante que es para mí nuestra relación.

—Está bien, Rafael. Voy a pedir permiso a mi mamá. Si ella me lo da, convence a papá para que me lo dé. No te ofrezco nada. Te llamo en media hora.

Mina cortó la llamada y salió de su habitación.

En la sala encontró a su madre al teléfono.

—Así es, Señora Chamorro –la señora Viviana guardó silencio—. Está bien, Señora de Fernández. Lorena y sus amigas, entre ellas mi hija, van a pasar el feriado en Pedernales –apartó el auricular de su oído y tapó el micrófono con su mano— ¿En dónde se supone que van a hospedarse?

—En el hotel “Brisa Marina”.

La señora Viviana retiró su mano,  pegó nuevamente el auricular a su oído y dijo —: En el Hotel “Brisa Marina” –guardó silencio—. No van a ir con chicos –guardó otra vez silencio—. Todas las chicas son buenas. Mi hija no se llevaría con chicas alocadas –guardó silencio nuevamente—. No es molestia, señora de Fernández. Usted y yo somos madres preocupadas –otra vez guardó silencio—. De nada. Hasta luego –colgó el teléfono—. Espero que no se le ocurra llamar al hotel porque si lo hace voy a quedar mal y ahí sí me voy a enojar contigo.

—Gracias, mamá. Con lo que le dijiste va a quedarse tranquila.

—Esperemos hija, esperemos ¡Venir a decirme que su apellido es su apellido de soltera! Resultaría que por haberme casado con tu padre dejo de ser Viviana Duarte para convertirme en Viviana de Velástegui –la señora Viviana sacudió la cabeza—. La madre de Lorena es la típica ama de casa y dudo que tenga profesión.

—Me imagino que la mamá de Lorena es el tipo de mujer cuya única aspiración en la vida fue ser la esposa de alguien.

—Además, esa mujer es machista. Se cree la guardiana de la “virtud de su hija”, es decir, la virginidad de su hija y deja que sus hijos hagan lo que les dé la gana.

—Tal vez la madre de la señora la formó así.

—Me imagino que tú bajaste por algo. El gesto que traías en tu rostro delató que querías pedirme algo.

—Así es, mamá pero, no sé cómo comenzar.

—Comienza por el comienzo.

—Está bien, mamá –Mina inhaló—. Rafael me invita a pasar el feriado en Tonsupa.

—¡¿Que qué?! ¡¿Los dos solos?!

—Los dos solos.

—¡No, para nada! No voy a permitir que te vayas con tu novio cinco días a la playa.

—¿Por qué?

—¡¿Cómo que por qué?! ¡Porque puedes salir embarazada!

—Eso va a ser imposible porque aún voy a estar en mis días durante los primeros días del feriado.

—¡¿Entonces para qué te vas a ir a la playa si ni siquiera vas a poder bañarte en el mar?!

—Voy a usar tampones mientras siga en mis días.

La señora dibujó en su rostro una media sonrisa.

—Mamá, por favor, dame permiso. Tú conoces a Rafael y sobre todo me conoces a mí. Tú sabes que él es el único con el que me iría de viaje a solas. Tú sabes que muy posiblemente llegue casarme con él. Tú sabes que…

—Ya, Mina, suficiente –interrumpió la señora Viviana—. Es verdad todo lo que dijiste ¡Espero que lo último que dijiste se dé luego que te hayas graduado de la universidad!

—Sí, mamá.

—Has crecido tan rápido. Te estás comportando como una mujer adulta con necesidades de mujer adulta y actúas con la madurez de una mujer adulta e inteligente –la señora Viviana suspiró—. Tienes mi permiso.

—¡Gracias mamá!

—Aún tienes que conseguir el permiso de tu padre para irte.

Un gesto de duda se dibujó en el rostro de Mina.

—Voy a ver qué hago para conseguírtelo.

—Gracias mamá. Voy a seguir estudiando.

—Bueno.

Mina subió a su cuarto y llamó a Rafael.

—¿Qué pasó? –preguntó él.

—Tengo el permiso de mi madre pero aún me falta el de mi padre.

—¿Te lo va a dar?

—No lo sé. Luego mi mamá me va  a decir.

—¿Hago la reservación en el hotel?

—Sí ¿En cuál hotel tienes pensado que nos hospedemos?

—En el “Cabañas del Pacífico”

—¡Ese hotel me encanta!

—¿Lo conoces?

—Sí. Siempre nos hospedamos en ese hotel cuando vamos a Esmeraldas.

—Tal vez se acuerden de ti ¿Te va a dar pena que te vean a solas conmigo? Tal vez piensen que tú y yo… bueno.

—Tú eres mi hombre y es lo que importa.

—Ok, Mina. Tan pronto sepas que tienes permiso me avisas.

—Ok.

 

Mientras tanto, cuando Andrés estaba viendo la televisión con su madre sonó su comunicador.

—¿Por qué suena tu reloj con el ring tone que pusiste en tu celular para las llamadas de la bruta esa? –preguntó la señora Milagros.

—¿Cuál bruta?

—¡La Lorena esa!

—Voy a llamarla.

—¿Por qué?

Andrés salió del cuarto de su madre, cogió el teléfono inalámbrico del estudio y se encerró en su cuarto.

Apretó la tecla “R” que aparecía en la pantalla de su comunicador y apareció el bello y querido rostro de Lorena.

—Hola Lore.

—Hola Andy. Disculpa que te haya llamado.

—No hay problema.

Andrés extrañaba que ella lo llame Andy y lo trate con dulzura.

—Te llamaba para invitarte a pasar el feriado en mi casa.

—¿Con tu hermano también?

—No, sólo conmigo.

—Bueno, ¿qué llevo?

—Cepillo de dientes, una pijama y, tal vez una muda de ropa. No creo que pasemos todo el feriado metidos aquí.

Andrés perdió el control de su imaginación.

—Ok pero, tengo que inventar una excusa para decir a mi madre. No me gustaría decirle que voy a pasar contigo haci… —se cortó Andrés.

—¿Haciendo el amor? Me daría mucha pena que tu madre lo sepa. Puedes decirle que te vas a la playa con tus amigos de la Poli.

—Es buena idea.

—¿Te espero el sábado en mi casa lo más temprano que puedas?

—Sí, Lorena.

—Te amo. Nos vemos mañana en clases.

—Te amo.

Cerraron la comunicación.

Andrés salió de su cuarto y fue al de su madre.

—Mamá, tengo que pedirle permiso.

—¿Para verte con la bruta esa?

—¡¿Por qué la llama bruta?!

—¡Porque te rompió el corazón! Mejor partido que tú no va  a encontrar en su puerca vida.

—Estamos juntos de nuevo.

—¿Desde cuándo?

—Desde hoy.

—¿Desde qué hora?

—Ay, mamá. El permiso necesito para irme con mis amigos de la Poli.

—¿Te van a llevar con putas y te van a dar de tomar porquerías?

—No, mamá. Usted sabe cuáles son mis amigos. Camilo, Julio, Danny…

—Ya, ya. Ellos son tranquilos como tú. Puedes ir con ellos pero ¿Y la plata?

—Tengo un poco de dinero ahorrado.

—Está bien ¿a qué hora sales?

—Lo más temprano posible el sábado.

—Bien.

 

Al día siguiente al comenzar la hora de clases que Andrés y Lorena tenían juntos, se besaron.

Ellos dejaron de besarse cuando alguien carraspeó.

—Fernández es su apellido, ¿verdad? –preguntó el profesor de Cálculo Vectorial.

—Sí, ingeniero. –dijeron Lorena y Andrés a la vez.

—Me olvidé que usted también se apellida Fernández, señorita. Me estaba refiriendo al señor Fernández.

—Sí, ingeniero.

—Usted ha sido mi alumno dos veces en esta materia y le ha ido muy mal en las pruebas que ha dado este semestre. Usted fue el mejor alumno que he tenido en los últimos diez años en Algebra Lineal por lo que espero mucho más de usted. Espero que dedique su tiempo a estudiar y no sólo a enamorar a la señorita Fernández.

—Sí, ingeniero.

—Todos a sentarse.

Andrés y Lorena habían vuelto a sentarse juntos. Estaban en la misma columna pero él delante de ella.

Lorena se acercó a Andrés y murmuró —: Si supiera que has estado entrenando para proteger al mundo, no te molestaría.

Al finalizar la clase el ingeniero dijo —: Ya puede seguir coqueteando con la señorita Fernández, señor Fernández.

—Gracias, ingeniero.

Todos los chicos se rieron mientras salían del aula.

—¿Me invitas a tu casa? –preguntó Andrés.

—No –respondió Lorena—. No quiero adelantar lo que vamos a hacer en mi casa durante el feriado.

—¿Qué van a hacer durante el feriado? –preguntó un compañero metido.

—Tones. –respondió Lorena.

—¿Tones?

—Tones para los preguntones.

El chico salió del aula sin decir más palabra.

—Entonces, vamos a almorzar y luego a entrenar. –propuso Andrés.

—Encantada. –aceptó Lorena.

Después de almorzar se encaminaron hacia la base de los Ángeles de Luz. Durante aquella tarde Ángel Rojo fue el entrenador personal de Ángel Blanco.

 

Durante la noche los padres de Mina estaban en su cama viendo la televisión.

—Rafael invita a Mina a pasar el feriado en la playa. –contó la señora Viviana.

—¿Qué? ¿Por qué? ¡¡¡Ella no puede ir!!!

—¿Por qué no puede ir? –preguntó la madre de Mina entre divertida y sorprendida.

—Porque si están solos van a tener relaciones.

—¿Crees que eso no ha pasado, aquí, en Quito?

—¡¿Ya ha pasado?! ¿Mi niña ya no es… —un nudo en la garganta le impidió terminar la pregunta al señor Marco.

—¿Virgen? Ya no lo es.

—¡¿Cómo lo sabes?!

—Sólo lo sé. También sé que sólo ha estado con Rafael.

El señor Marco no sabía qué decir.

—Tú conoces a nuestra hija y sabemos cómo la educamos. Ella ha estado con el hombre que realmente la ama. Tú sabes que ha tenido varios enamorados, entre ellos Pedro Villarraga. Con ninguno de ellos ha tenido una relación tan seria como la que tiene con Rafael. Siento que encontró en él al hombre de su vida tal como  encontré el mío en ti.

—Pero ambos estábamos en la universidad cuando nos conocimos.

—Sí pero, la  madurez de mi hija es comparable a la que tuve cuando te conocí ¡Si hubiese sido tan madura como ella, hubiese perdido mi virginidad contigo!

—Y la mía contigo porque tú eres mi mujer ideal.

La señora Viviana sonrió y dio un beso a su esposo.

—Mina es como es en gran parte gracias a la educación que le dimos desde niña. –dijo el señor Marco.

—Así es, gracias a que los dos seguimos un camino espiritual que muy pocos conocen, pudimos educarla como lo hicimos.

—Y gracias a ese camino te conocí.

—Cuando te conocí, desconocía el camino que sigo contigo. Cuando te conocí era una niña boba –la señora Viviana sacudió la cabeza—. Me dejaba enamorar por idiotas que sólo buscaban una cosa, estar conmigo. Incluso uno de los “amigos” de Rodrigo era uno de ellos –la señora Viviana sacudió la cabeza—. El idiota del amigo de tu hermano me botó como si fuera basura cuando se cansó de mí. Después de eso, decidí olvidarme de los hombres hasta que te conocí –besó a su esposo—. Tú me enseñaste que hay buenos hombres. Es más, me quitaste el miedo que tenía a la intimidad. Temía que me estés usando para satisfacerte pero, desde nuestra primera vez me demostraste que realmente me amabas y que te interesabas en mí.

—Quería que sepas que soy diferente a todos los imbéciles que te usaron: el imbécil que te pidió tu primera vez como prueba de amor, el idiota que te construyó castillos en el aire para estar contigo y el idiota del amigo de mi hermano.

—Y lo eres mi amor, eres diferente a esos idiotas. Además lograste que Rodrigo me acepte.

—Él no te quería que esté contigo porque pensaba que eras igual a su amigo. Le demostramos que eres digna de seguir el camino que mi abuelo paterno enseñó a su familia.

La señora Viviana sonrió, dio un beso a su esposo y preguntó —: ¿Rafael y Mina no te recuerdan a ti y a mí cuando éramos novios?

—Creo que sí.

—Tuvimos relaciones antes de casarnos ¿Te acuerdas?

—Sí ¡Pero nosotros nos cuidábamos mucho para evitar que nuestra hija nazca antes de casarnos! ¡Puede que si Mina pasa tanto tiempo a solas con Rafael, regrese embarazada!

—No va a regresar embarazada.

—¡¿Cómo lo sabes?!

—Cosas de mujeres.

—¡Las mujeres y sus secretos!

—¿Estás de acuerdo con que Mina pase el feriado en la playa con Rafael?

—Creo que sí.

—Voy a decírselo de una vez para que avise a Rafael.

La señora Viviana fue al cuarto de su hija.

—¿Mina, puedo entrar? –dijo la señora Viviana mientras golpeaba la puerta del cuarto de su hija.

—¿Quién? –preguntó Mina con la voz somnolienta.

—Tu mamá.

—¿Qué ocurre?

—Quiero decirte algo importante.

—Está bien mamá, pasa.

La señora Viviana abrió la puerta.

—¿Puedo prender la luz?

—Sí, mamá.

La señora Viviana prendió la luz y se sentó en la cama de su hija. Mina se sentó en su cama apoyándose en el espaldar mientras sus ojos se acostumbraban a la luz.

“¡¿Por qué no me dejan dormir?!” pensó Argos mientras se subía a la cama.

—Disculpa, hija, por haberte despertado.

—No hay problema, mamá. –dijo Mina y bostezó.

“A mí también me despertó ¿Por qué no se disculpa conmigo?” pensó Argos.

—Quería contarte que tu papá está de acuerdo con tu viaje a Tonsupa.

—¡¿Cómo lo lograste?! –preguntó emocionada Mina.

—Sólo le dije que tú y Rafael me recuerdan a la relación que tu padre y yo mantuvimos antes de casarnos.

Mina sonrió y abrazó a su madre.

—Gracias mamá.

—De nada hija.

La señora Viviana se puso de pie.

—Disculpa, Argos, por haberte despertado.

“¡¿La señora Viviana se disculpó conmigo?!” pensó Argos.

—En verdad quieres mucho a mi gato.

—Tu gato es muy especial. De nuevo le apareció una mancha en el lomo ¿Recuerdas que antes tenía como un “+” negro?

—No, no recuerdo.

—Mina, sé que has recuperado la memoria.

Un gesto de asombro se dibujó en el rostro de Mina.

—Me he dado cuenta que te llevas con Diana, Katy y Biga como si fueran viejas amigas y no recién conocidas. Al terminar septiembre, me di cuenta que para ti eran recién conocidas pero, luego de la primera semana de octubre se tratan como entrañables amigas. Un nivel de amistad como el que compartes con ellas no se consigue de un día para el otro –regresó a ver a Argos—. Si no me equivoco, recuperaste tu memoria cuando Argos obtuvo su extraña mancha, un “+” negro con la parte blanca del Yin Yan en medio.

Un gesto de asombro se dibujaron en los rostros de Mina y Argos.

—No deseo saber más, así que tranquilos. No me interesa saber lo especial que eres, Argos. No me interesa saber que eres tan especial que puedes hablar. Lo que me interesa es que cuando te uniste a esta familia la enriqueciste. Eres Velástegui Duarte por derecho propio.

El gato no pudo evitar que sus ojos se le llenen de lágrimas.

—Nunca he visto llorar a un gato –dijo la señora Viviana y fue hacia la puerta—. Buenas noches, que tengan dulces sueños.

—Entendiste algo, que yo entendí lo que es nada. –dijo Mina.

—¿Qué sabe tu madre? Y sobre todo ¿Cómo lo sabe? No nos preocupemos por eso ¿Mejor no le avisas a Rafael que tienes el permiso de tu padre para ir con él a la playa?

Mina cogió su celular y marcó el teléfono celular de Rafael.

—Aló. –respondió él apenas despierto.

—Disculpa que te llame a esta hora, mi amor.

—No… no te preocupes –bostezó profundamente— ¿Qué ocurre, mi vida?

—Tengo el permiso de mis padres para pasar el feriado contigo en la playa.

—Ok. Mañana por la mañana confirmo la reservación en el hotel y en la cooperativa de buses.

—¿A qué hora salimos hacia Tonsupa?

—Mañana a las 23:30 sale el bus desde el terminal de Carcelén.

—¿Para amanecer sábado en Tonsupa? Me parece bien.

—Hasta mañana, mi amor.

—Hasta mañana.

 

Al día siguiente Lorena y Andrés salían abrazados del ICB.

—¡¿Qué bien?! ¡De nuevo son pareja! –exclamó Inés al verlos.

Diana se reunió con ellos.

—Me alegra que se hayan amigado otra vez.

—Gracias, Diana. –dijo Andrés.

—¡Al fin los veo juntos! Me habían contado que formaban una linda pareja –dijo Rosa—. Cosa que realmente lo son.

—Gracias. –dijo Lorena.

—Rayos. –dijo Julio.

—¡¿Qué te pasa?! –preguntó Inés.

—Si están de nuevo de a buenas los tortolitos, ya no tengo oportunidad con Lorena.

—Nunca has tenido oportunidad conmigo, Julio, nunca has tenido… ni tendrás –Lorena regresó a ver a Andrés— porque a mi lado tengo al hombre perfecto para mí.

—¿Qué les parece si vamos a bailar para celebrar que esta linda pareja ha vuelto a juntarse? –propuso Carlos.

—No puedo. –dijo Andrés.

—Tampoco yo. –dijo Lorena.

—¿Por qué? –preguntó Adriana.

—Porque tengo que madrugar. –respondió Andrés.

—Yo también. –respondió Lorena.

—¿Por qué van a madrugar los dos? –preguntó Sandra.

—Yo me voy a la playa con mi familia. –respondió Andrés.

—Y yo viajo a Tulcán.

—¿No van a dormir juntos todo el feriado? –pregunto Julio.

Soledad le dio un codazo a Julio y exclamó —: ¡Eso no es de nuestra incumbencia!

—Si van a viajar, usen condón. –dijo Camilo.

—Los suficientes para los cinco días. –dijo Patricio.

Lorena y Andrés se sonrojaron a más no poder y los demás se rieron a sus costillas.

 

Al anochecer, Rafael pasaba por Mina en taxi a las 22:30 y a las 23:30 salían del Terminal Terrestre de Carcelén en un bus con destino a Atacames.

 

Al rayar el alba caminaban cogidos de la mano por el camino empedrado que conducía a su hotel.

Al cabo de un rato estaban en su habitación.

—Linda cama. Es matrimonial, ¿no es verdad? –dijo Mina y se sentó en ella— ¿Qué piensa hacer en ella, señor Arias?

Él se sentó a lado de ella y dijo —: Lo que usted diga, señorita Velástegui.

Se besaron.

—Me voy a poner ropa de playa y mi terno de baño. –dijo Mina mientras hurgaba en su maleta.

Cogió la ropa y se encaminó hacia el baño.

—¿Vas a cambiarte en el baño? –preguntó Rafael.

—Sí.

—¿Por qué? Ya me conozco tu cuerpo de memoria.

—Nunca me has visto desnuda durante mis días y no quiero que lo hagas. Además tengo que ponerme esto.

Ella mostró una caja de tampones.

—¿Sabes cómo hacerlo?

—Voy a seguir las instrucciones.

Mina se encerró en el baño.

Mientras él se cambiaba de ropa, escuchó que ella resoplaba, se quejaba y hasta maldecía.

Poco rato después que él estuvo con su ropa de playa, ella salió del baño con rostro de frustración y agotamiento.

—¿Cómo te sientes, Mina?

—¡No sé cómo pueden decir que las chicas vírgenes pueden usar estos tampones! ¡Siento que tengo un pene de algodón en mi vagina!

—Puedes quitártelo si quieres.

—¡¿Y pasar aburrida sin entrar al mar ni a la piscina?! No, gracias. Se supone que el tampón no se moja.

—¿Te resultó difícil ponértelo?

—¡Sí! Soy inútil o hay que coger práctica desde mocosa para ponerse estas cosas ¡El famoso aplicador digital me sirvió para un carajo!

—¿Quieres desayunar?

—Vamos que tengo hambre. Tal vez así se me pase el malgenio.

Salieron de la habitación.           

 

Lo más temprano que pudo, Andrés golpeaba la puerta en casa de Lorena.

Ella abrió la puerta y le dio tal beso que por poco lo desmaya.

—¿Qué traes en la maleta? –preguntó ella.

—Un pijama, una muda de ropa y un cepillo de dientes.

—Tal vez no necesites el pijama. —dijo ella con una sonrisa en los labios.

—Dije a mi mamá que iba a la playa con los amigos de la poli.

—No se puede viajar a la playa sin ropa de cama si vas con amigos –ella le dio otro beso pero con menor intensidad que el primero—. Pasemos aquí todo el día de hoy. Los demás veremos como los pasamos. Entra Andy, ya conoces el camino a mi cuarto.

Él entró y ella cerró la puerta.

 

Luego de desayunar, Mina ya sonreía. Ella y Rafael salieron del hotel a la playa. Mina vio a alguien conocido en la torre del salvavidas y caminó hacia allá.

—Te hacía estudiando en Guayaquil. –dijo Mina a la persona que estaba sentada en la torre conversando con alguien que estaba al lado derecho de la misma.

La persona de la torre la regresó a ver y dijo —: ¡Hola Mina! ¡Qué gusto volver a verte!

—Igualmente, Clemente –ella regresó a ver a Rafael—. Te presento a mi novio Rafael.

—¡Lo llamas tu novio! –exclamó la persona que estaba a lado derecho de la torre.

—Ah, hola Juan ¿Cómo estás? –dijo Mina con un tono de voz políticamente amable.

—Estoy bien ¿No es sólo tu enamorado?

—No. Para mí, Rafael es mucho más que sólo un simple enamorado. Supe que te casaste ¿Cómo te va en tu matrimonio?

—Me está yendo bien. No me quejo.

—¿Te casaste con la chica cuyo padre te iba a meter un tiro por dejarla embarazada? ¿El nombre de ella era Susana?

—Me casé con ella ¿Cómo sabes lo de su padre?

—Mis padres me lo contaron.

—Yo creo que tú eras testigo presencial de todo.

—Yo no estaba ni cerca.

—Tú estabas ahí ese día. Tú bien sabes a qué me refiero.

Mina sonrió burlonamente y dijo —: Clemente, ¿podemos dejar nuestras cosas cerca de tu torre?

—Claro, Mina, con confianza.

—Gracias. –dijo Rafael.

Él y Mina estiraron una toalla sobre la cual pusieron la mochila que llevaba él. Ella se quitó su pareo y él su camiseta y, fueron corriendo al mar.

—¡Tú sigues diciendo que Mina era V Trooper! –reclamó Clemente.

—Es muy difícil, por no decir imposible, que dos mujeres tengan semejante par de maravillosas piernas sin ser la misma persona.

—Las colombianas tienen ese tipo de piernas y Mina es colombiana.

—¡¿Cómo lo sabes?!

—Ella me lo dijo.

—Ya –Juan regresó a ver a la pareja que estaba jugando en el mar—. Me imagino que te lo dijo antes que te rechazara.

—Así fue.

Juan sacudió la cabeza y dijo —: ¡No entiendo cómo pudo rechazarte a ti y prefirió estar con él!

—¿Por qué lo dices?

—Porque tiene ojos de perro y, parece que él tiene un incendio en su cabeza,  que nunca le da el sol ni por asomo y que nunca se ejercita.

—¿Ojos de perro?

—Son pardos, casi plomos ¡Sólo a los perros he visto ese color de ojos!

—Yo he visto que algunos gringos tienen ese color de ojos.

—Sea como sea, tú eres mejor partido que él.

—No lo sé.

—¡¿Cómo que no lo sabes?! Tú tienes un cuerpo definido y tus ojos hacen juego con tu tono de piel y tu cabello.

—Tal vez él tiene algo que yo no tengo.

—Me imagino que hasta tu paquete es mejor que el de él.

—¡Yo no me refiero a eso!

—¿Entonces?

—Son el uno para el otro. Míralos como juegan, se compenetran perfectamente, son como…

—¿Cómo almas gemelas?

—Exactamente ¿Tú qué dices?

—No lo sé. Lo que veo es que el bikini que ella lleva puesto le queda muy bien a pesar de no ser muy revelador –fijó su vista en ella—. Sus tetas no son tan buenas como sus piernas pero se las ve tan lindas tan… tan… tan…

—¿Te dio complejo de campana?

—Me voy a casa.

—¿Por qué?

—Porque quiero ver si mi esposa está dispuesta.

Clemente empezó a reír mientras Juan se alejaba tratando de ocultar la erección que delataba su terno de baño.

 

Después de pasar todo  el día en la playa y luego de merendar, Rafael y Mina estaban recostados en su cama.

—Te acostumbraste a usar tampones. –comentó Rafael.

—Parece que sí.

—¿Te fueron útiles?

—Sí.

—Ah.

—Si quiere saber si sigo en mis días, le tengo que decir que sí porque se manchó el tampón.

—¿Te pusiste otro?

—Me puse lo que estoy acostumbrada a usar desde mi primer periodo ¡No voy a dormir con un pene de algodón metido en mi vagina!

—Bueno, Mina.

—Ella sonrió y dijo —: Nos va a tocar dormir como si fuéramos hermanitos –ella lo besó—. Buenas noches.

Mina se levantó para apagar la luz de la habitación, se metió a la cama y al poco rato se quedó dormida.

 

Al día siguiente Mina se levantó de la cama y fue al baño. Al poco rato, salió desnuda.

—¿Qué? ¿Por qué? –preguntó Rafael al verla.

—Ya no estoy en mis días.

—Entiendo.

Mina se recostó en la cama e hicieron el amor dos veces.

Luego de desayunar caminaron abrazados hacia la torre de Clemente.

—Hola Clemente. —dijo Mina.

—Hola Mina, hola Rafael.

—Hola Clemente ¿Cómo estás?

—Bien. Gracias por preguntar ¿Y tú?

—Pasando un lindo feriado en compañía de la mujer más maravillosa del mundo.

Mina se sonrojó.

—Hacen linda pareja. —dijo Clemente.

—Gracias. —dijo Rafael.

—Ayer no pudiste responder a mi pregunta porque tu amigo empezó a hablar babosadas –Mina dirigió su mirada a Juan—. Hola Juan ¿Cómo estás?

—No tan bien como tú.

—Este feriado que es largo lo paso aquí para ayudar en lo que haga falta –contó Clemente—. Si no fuera por el decreto de nuestro presidente, no había feriado para viajar y se perjudicaba el turismo.

—Claro. El presidente decretó feriado el día lunes 01 de noviembre con lo que se une el fin de semana con el feriado el cual en sí está constituído por los días 2 y 3 de noviembre –contó Rafael—. Lo malo es que toca trabajar el sábado 6 de noviembre.

—¿Ha habido muchos ahogados durante el feriado? —preguntó Mina.

—No, casi nada. Afortunadamente.

—¿No es molestia si dejamos nuestras cosas cerca de tu torre como ayer?

—Tranquila, Mina. No hay problema.

—Gracias, Clemente. Eres un buen amigo.

 

Luego de dejar sus cosas sobre la toalla extendida, Mina y Rafael corrieron al mar y empezaron a jugar con más alegría que el día anterior.

—Ya le dio. –dijo Juan.

—¿Qué dijiste? –preguntó Clemente.

—Ya le dio.

—No te entiendo.

—¡Rafael ya le dio a Mina!

—¿Cómo lo sabes?

—¿No viste como venían abrazados y no ves como están jugando? Se nota que no tienes mucha experiencia con mujeres.

—¡Lo que pasa es que estás obsesionado con Mina!

—Lo que me obsesiona es que no entiendo como ella prefirió a Rafael en vez que a ti.

—Me estás preocupando.

—¿Por qué?

—Porque parece que están cambiando tus gustos. Te cuento que a mí me gustan las mujeres. Si eso respetas, podemos ser amigos.

—¡¿Qué te pasa?! ¡Soy más heterosexual que tú!

—Te creo, amigo, te creo.

Juan cogió su tabla y dijo —: ¡Me voy a montar olas!

—¡Pero lejos de mis bañistas!

—No te preocupes.

Juan corrió hacia un sitio en donde no se veía a nadie en el mar y se lanzó al agua. Al poco rato estaba surfeando.

 

Por la tarde Andrés y Lorena fueron al Centro Comercial El Recreo para disfrutar del desfile de disfraces que recorría todos los pasillos de aquel lugar. Les pareció divertido ver que había personas vestidas como personajes de comics, lo que le dio al desfile un aire de convención de cosplay.

 

Por la noche Rafael y Mina estaban bailando en las covachas playeras. Había mucha gente disfrazada ya que era la noche de Halloween.

Después de bailar por tres horas y de haber tomado cinco jarras de cerveza cada uno, estaban sentados en su mesa viendo como la gente se divertía.

—¿Quieres seguir bailando? –preguntó Rafael.

—No y ya me cansé de tomar cerveza. Si hubiese tomando tanta cerveza en Quito, ya estaría tirada en el suelo.

—No has tomado tanta cerveza.

—¡En cada jarra había como dos botellas grandes de cerveza!

—Tienes razón ¿Vamos a dormir?

—No, aún la noche es joven. Vamos a caminar por la playa.

—Bueno.

Salieron de la covacha y caminaron cogidos de la mano con rumbo norte. Aprovechando que la marea estaba baja, caminaron sin ningún temor.

—Hemos caminado por dos horas. –dijo Mina al detenerse.

—¿Estás cansada?

—Un poco pero, quiero ver nuestros alrededores.

—¿Nuestros alrededores? Como la Luna está en cuarto menguante y no hay ningún indicio que indique civilización, apenas te veo.

—A eso mismo me refiero.

—¿A que estamos totalmente solos?

—Precisamente. Podemos hacer el amor en la playa.

—Mina, yo…

—No me digas que no pensaste en eso cuando guardaste la toalla en tu mochila antes de salir a bailar.

—Eh… Sí.

—Extendamos la toalla aquí. Parece ser un buen lugar.

Extendieron la toalla y se besaron.

 

Al día siguiente Mina y Rafael salían a la playa y se encaminaron nuevamente a la torre de Clemente.

—Hola Clemente.

—Hola Rafael ¿Qué tal estuvo la covacha que les recomendé?

—Muy buena. La música, la cerveza, el ambiente, todo bien.

—Nos hizo falta tu compañía, Clemente. –dijo Mina lo más amablemente posible.

—No podía trasnocharme, lo siento. Tengo que estar en condiciones óptimas para este trabajo, en especial luego de una celebración tan grande como la de anoche por los borrachines que se creen campeones de natación.

—¿También me extrañaste, Mina?

—Para nada, Juan. Yo no saldría contigo ni a la esquina. Tú sabes a qué me refiero.

—Tú terminas tu turno a las 14:00, ¿no es verdad Clemente?

—Así es, Rafael.

—Podríamos almorzar juntos ¿Qué dices?

—Ok.

—¿Yo también puedo acompañarlos? Vengo con mi esposa. –dijo Juan.

Rafael regresó a ver a Mina y ella levantó los hombros.

—Ok. –dijo Rafael.

—Voy a ser el único sin pareja.

—Puedes ir con una amiga, Clemente.

—No tengo amigas, Juan.

—¿Cómo que no tienes amigas? No me refiero a amigas con derechos o amigovias.

—Sí, sí tengo. Voy a llamar a una amiga para que esté aquí  a las 14:00.

—Entonces, muchachos nos vemos a las 14:00. –dijo Mina.

Rafael y ella corrieron al agua.

—Anoche él le dio bien dado a ella. –dijo Juan.

—¿Y tú como lo sabes?

—Los vi.

—¡¿Te metiste en su hotel?!

—No. Los vi mientras lo hacían en la playa.

—No te creo.

—Tal como ellos, mi esposa y yo salimos a bailar anoche y, tal como ellos, decidimos caminar con rumbo norte. Caminamos hasta que vimos moverse algo en la playa. Estaba oscuro pero pudimos deducir de qué se trataba por lo que nos dimos vuelta para regresar. Di media vuelta cuando escuché que ella empezaba a aullar casi como loba.

—¡¿Por qué te detuviste?!

—¡Porque pensé que la estaban matando! Luego, cuando él empezó a gemir me di cuenta que ella había estado terminado.

—¿Dices que la mujer era Mina?

—Sí.

—¿Cómo lo sabes?

—Pude reconocer su voz.

—¿Sólo por sus aullidos?

—Sí. Yo puedo reconocer la voz de una mujer si sólo oigo sus gritos o gemidos.

—Sí… cómo no.

—Él se lo sacó y se recostó a lado de ella. Había muy poca luz pero pude distinguir que las facciones de ella eran las de Mina ¡Pude verle las tetas y su concha!

—¡¿Qué dijo tu esposa?!

—Dijo: “Vámonos ya. No deben darse cuenta que tuvieron testigos.”.

—Afortunadamente no se dio cuenta que estabas morboseando con la mirada a Mina. Me imagino que te dio ganas de hacerlo como ellos.

—Sí pero, mi esposa no quiso ¡Mina es una verdadera hembra!

—Sí pero, no es para ti. Es sólo para Rafael.

—Tienes razón. Nos vemos a las 14:00. Voy a montar olas.

Juan corrió hacia la playa.

 

A las 14:00 se reunieron los seis en la torre. La amiga de Clemente resultó ser una bella morena, una beldad de ébano, que les quitó el aire a Juan y a Rafael quienes trataban de disimular la impresión que sentían. Susana se molestó un poco y Mina se moría de la risa internamente.

—Les presento a Matilde Arroyo –dijo Clemente.

—Encantada de conocerte, mi nombre es Mina –Mina puso su mano derecha sobre el hombro izquierdo de Rafael—. Este joven es Rafael, mi novio.

—Encantada de conocerlos.

—Soy Juan. Clemente debe haberte hablado de mí.

—Sí, me ha hablado de ti. Me ha dicho que eres casado.

—Soy la esposa de Juan, Susana.

—Encantada de conocerlos.

—Ok, vamos a comer. –dijo Clemente.

—Vamos. –dijeron los demás.

Comieron, caminaron, nadaron y, jugaron los seis juntos.

 

Ya por la noche los seis fueron a bailar. Al comienzo lo hicieron con sus respectivas parejas pero, con el transcurrir del tiempo empezaron a intercambiar las parejas de baile.

De buen agrado Mina empezó a bailar con Clemente, mientras Rafael bailaba con Susana y Juan con Matilde.

— En estos días te he notado un poco más serio ¿Te casaste? –dijo Mina.

—Pensaba casarme muy pronto con mi novia pero no me casé.

—¿Por qué no? –Mina regresó a ver a Matilde— ¿Engañaste a tu novia con Matilde? Ella es realmente hermosa.

—Mi ex era realmente celosa y muy posesiva. Se molestó cuando viajé solo a Quito por una semana.

—¿Te refieres a la semana que pasamos juntos?

—Sí.

—¡En esa semana te enamoraste de mí! –Mina sacudió la cabeza— ¡Quisiste que sea la otra!

—Sí, Mina. Siento haber intentando ser el tercero en discordia entre tú y Rafael. Me doy cuenta claramente que ustedes son la pareja perfecta.

—Ok, no hay problema ¿Terminaste con ella?

—Ella terminó conmigo.

—¡¿Por qué?!

—Porque le dije que me enamoré de otra.

—¡¿Por qué le dijiste eso?!

—Quiera que no, me dolió tu rechazo. No soy de palo. Cuando regresé a Guayaquil, ella se dio cuenta que me pasaba algo y empezó a bombardearme con preguntas ¡Hasta quiso que le diga cuantas veces había ido al baño!

Mina se rió.

—¡En verdad me preguntó eso! Yo me harté y le dije lo que te acabo de decir.

—¡Le rompiste el corazón y ahora estás solo!

—Preferible solo que mal acompañado.

—¿Qué hay entre tú y Matilde?

—Ella es mi mejor amiga.

—¿Ella siente lo mismo que tú?

—Sí.

—¡Lo ciegos que son los hombres! –murmuró Mina.

—¿Dijiste algo?

—No, nada.

 

—Quiero que des las gracias a Mina de mi parte. –dijo Susana mientras bailaba con Rafael.

—¿Qué hizo ella por ti?

—Debes saber cómo evitó que mi padre asesinara a mi esposo.

—No lo sé. –mintió.

—Mina debe haberte contado sus aventuras antes que se le unan R Trooper y G Trooper.

—No te entiendo.

—V Trooper evitó que mi padre asesinara a mi esposo.

Rafael chasqueó los dedos y dijo —: Recuerdo que  Mina me contó que vio a V Trooper hacer lo que le dijiste.

—Sé que Mina es V Trooper, mejor dicho, Violet Trooper.

—¡Eso es imposible!

—Soy tan buena fisonomista como lo es mi esposo pero, no soy tan ingenua como él. Él se dio cuenta que el cuerpo de V Trooper era exactamente igual al de Mina. Yo también me di cuenta de eso. Dado que es imposible que dos mujeres tengan exactamente las mismas medidas y tengan el mismo color de cabello y ojos, V Trooper es Mina. Juan confrontó a Mina pero ella lo negó con una suerte de argumentos que lo convencieron pero no a mí.

Rafael guardaba silencio. Trataba de buscar los argumentos que desvirtúen lo que Susana acababa de decir.

—Tranquilo Rafael. Nada de lo que digas o intentes decir me convencerá de lo contrario. Yo no voy a decir nada de lo que sé a nadie, ni siquiera a mi esposo. Estoy infinitamente agradecida a la mujer, a la súper heroína que convirtió a un mujeriego en un amante y cariñoso esposo.

Rafael se limitó a sonreír amablemente.

 

A regañadientes Mina aceptó bailar con Juan.

—¡Te cuesta mucho bailar conmigo, Mina!

—¡Y que lo digas! Por no hacerte quedar mal frente a tu esposa acepté bailar contigo pero, te advierto ¡Te irá mal si  intentas hacerme algo!

—Tranquila, Mina. Ya no soy el patán que intentó drogarte para tener sexo contigo.

—¡¿Ah, sí?! –dijo Mina incrédula.

—Sí. Caló muy hondo en mí lo que dijo V Trooper cuando me salvó la vida hace ya tiempo. Me hizo ver a las mujeres en forma distinta, me hizo valorarlas como personas, no como objetos para satisfacerme.

—¡Bien por ti!

—V Trooper me convirtió en un hombre responsable. Cumplí mi promesa que le hice al padre de Susana. Di mi apellido a mi hija y empecé a pasarle algo de dinero. Con el tiempo empecé a conocer a Susana ¡Resultó ser una mujer increíble! Y me enamoré de ella hasta tal grado que nos casamos hace dos  años.

—¿Ella sabe de tus andanzas?

—Sí.

—¿Le eres fiel?

—Sí. La única concha en la que meto mi verga es la de mi esposa.

—¡Que vulgar eres!

—Es la verdad lo que te acabo de decir.

—Parece que has entendido lo que dice Ricardo Arjona en su canción “Al otro lado del sol.”

—¿Qué dice esa canción?

—“Hombre es el que tiene una mujer y la mantiene contenta.”

—¿O sea que Rafael es un hombre hecho y derecho porque te mantiene contenta?

—Sí. Es muy bueno conmigo.

—Y también te coge bien.

—¡No te entiendo! –mintió Mina.

Ella conocía la acepción del verbo “coger” a la que hacía referencia Juan.

—Tira contigo, te hace el amor, tú me entiendes.

—¡¿Cómo te atreves?!

—Anoche los vi como lo hacían en la playa.

—¡¿Nos seguiste?! –preguntó Mina mientras intentaba evitar sonrojarse.

—No. Susana y yo caminábamos por la playa disfrutando de la noche hasta que vimos un montículo moverse el cual resultó ser tú y Rafael.

—¡¿Qué viste?!

—Si te refieres a que te vi desnuda, sí te vi desnuda ¡Tienes un cuerpazo!

—¡Espero que no intentes nada porque sino…!

—Tranquila, Mina, tranquila –interrumpió Juan—. Soy hombre de una sola mujer.

—¡Está bien!

 

Los seis se cansaron de bailar y tomaron asiento para conversar.

Al cabo de un rato, Juan se levantó para traer cerveza para todos.

—Salud. –dijo Juan mientras levantaba su jarra.

El único que fingió tomar fue Clemente. Él no sabía que se traía entre manos su amigo. Mina quería comprobar si era verdad lo que le había dicho Juan y confiaba en Clemente.

—¿Cuándo vuelven a Quito, Mina? —preguntó Clemente.

—Yo no sé. Soy la invitada de Rafael. —respondió Mina con una sonrisa en los labios.

—Tengo reservado pasaje en el bus que sale a Quito el miércoles a medio día.

—¡Entonces podrían comer mañana “El Torbellino Marino”! —contó Matilde.

—¿Qué es eso? —preguntó Mina.

—Es un plato que tiene un montón de mariscos cocinados en caldo de plátano verde y camarón.

—Suena interesante. —comentó Rafael.

—Es extremadamente delicioso. — dijo Clemente.

—Y muy afrodisiaco por tanto marisco. —comentó Juan.

—¡¿Y dónde se come esa maravilla?! —preguntó Mina entre risas.

—En Atacames. —respondió Matilde y dio el nombre del restaurante.

—¿Qué les parece si mañana pasamos en Atacames y comemos ese plato? —propuso Susana.

—No puedo. Aún estoy de turno mañana —dijo Clemente—. Pero ustedes pueden ir.

—Yo tampoco puedo. —dijo Matilde.

—¿Les gustaría ir mañana a Atacames con nosotros? —preguntó Susana.

—Sí, si comemos ese “Torbellino Marino”. —respondió Mina.

—Entonces, paso por su hotel a las 9 de mañana para irnos a Atacames. A medio día comemos ese manjar. —dijo Juan.

Mina levantó su jarra de cerveza y dijo —: Salud.

Los demás chocaron la jarra de Mina con las suyas.

—Salud. —dijeron los demás.

 

Al cabo de veinte minutos el disk-jockey dijo —: Esto va para las parejas que viven el amor. Que lo disfruten.

Empezó a escucharse música romántica.

—¡Esta canción me encanta! –exclamó Mina.

—¡A mí también! Vamos a bailar. –dijo Susana.

—Pero con nuestras respectivas parejas. –opinó Matilde.

Las tres parejas empezaron a bailar muy lento y muy juntos.

—Susana sabe que eres, mejor dicho, eras Violet Trooper. –dijo Rafael.

—¡¿Cómo lo sabe?! –preguntó Mina.

Rafael le contó lo que conversó con Susana cuando bailó con ella.

—¡¿No pudiste convencerla de lo contrario?!

—No pero, no tienes nada de qué preocuparte. Te agradece mucho el haber convertido a Juan en un buen hombre.

 

—Me encanta estar contigo, Clemente.

—Lo mismo digo, Matilde.

—Me encanta escucharte, me encanta como me abrazas mientras bailamos.

—Lo mismo me encanta.

—¡¿Te das cuenta de lo que trato de decirte?!

—¿Me lo quieres decir? No quiero mal interpretar las cosas.

—¡Te amo! Y me he dado cuenta que no te soy indiferente.

—Yo no quiero una relación con nadie.

—Yo no soy como la infeliz de tu ex. No soy enferma de celos. Si quieres estar conmigo, estás. Caso contrario, te vas. No soy tu dueña ni tú mi dueño. Estaremos juntos por lo que sentimos el uno por el otro.

—¿Crees que te amo?

—Sí. Me amas más de lo que amaste a tu ex y te atraigo más de lo que te atrae Mina.

—¿No te pone celosa lo que sentí por Mina?

—Ella es una niña bonita pero, no estás realmente interesado en ella.

—¿Quieres que seamos pareja?

—Sí y, quiero me hagas tuya en la playa.

—¡¿Qué?!

—No me mires como si fuera una puta. No soy virgen pero no soy fácil. Quiero hacerlo contigo porque te amo mucho, es más, eres el único al cual he amado tanto.

—Está bien pero, tenemos que ir a una farmacia para comprar preservativos.

—Tranquilo. No voy a quedar embarazada y soy sana.

—Ok ¿Termina este segmento de música y nos despedimos?

—Sí.

Se besaron.

Una vez que terminó el segmento de canciones románticas, los seis se despidieron complacidos por haber compartido una tarde y noche amenas.

 

A las 23:00 Mina y Rafael regresaron al hotel. Cuando pasaban junto a la piscina luego de pedir la llave de su habitación en la recepción, Mina se detuvo.

—Hoy no nos hemos metido en la piscina y el agua se ve tan bien. –dijo ella.

—Nos tocaría ir a la habitación para cambiarnos de terno de baño y bañarnos y, me da pereza volver a salir luego de bañarme.

—En las duchas que están junto a la piscina podemos bañarnos para quitarnos la sal del mar.

—Bueno.

Los dos se ducharon y se metieron en la piscina.

—¡El agua está rica! –exclamó Mina.

—Sí. No hace falta sistema de calefacción porque el sol calienta el agua todo el día.

Ambos caminaron hasta el centro de la piscina y, se abrazaron y besaron.

Luego de cinco minutos, ella dijo —: Quédate aquí.

Ella caminó hacia una de las esquinas de la piscina y sonrió extrañamente.

—¿Qué tienes en mente? –preguntó él.

Ella se sumergió y cuando salió a tomar aire algo apareció flotando junto a ella.

—¿Qué es eso? –preguntó él.

—Adivina.

—¿La parte de abajo de tu bikini?

—Sí.

—¿Estás pensando en… —la otra parte de la pregunta era obvia.

—Hace algunos años, poco antes de conocerte, mis padres querían hacerlo en esta misma piscina. Se cortaron cuando me escucharon llegar.

—¡¿Los viste desnudos?!

—No. Los vi en esquinas opuestas de la piscina pero sus rostros delataron lo que habían querido hacer. Desde aquel día  me he imaginado cómo es hacer el amor en una piscina. Ahora que estoy en una con el hombre de mi vida quiero saberlo. Así que, sácate tu terno de baño para hacerlo.

Él se sumergió y cuando salió a tomar aire apareció flotando junto a él su terno de baño.

Ella sonrió y caminó hacia él. Empezó a besarlo y acariciarlo.

Él quiso acariciarle la vulva y meterle un dedo en la vagina.

—No me metas tus dedos, por favor. El agua se me mete y se lleva mi lubricación natural.

Él empezó a tocarle los senos y tratar de descubrirlos.

—¡¿Qué haces?!

—Quiero quitarte el sostén para besarte los senos.

—¡No quiero que la gente me los vea!

—El agua tienes hasta el cuello y está oscuro.

—Ok.

Él le quitó el sostén y empezó a acariciarle los senos. Tomaba aire para chuparlos y besarlos.

Cuando ella creyó que el pene de él estaba lo suficientemente duro, puso una pierna alrededor de él.

—¿Me sostienes? Quiero rodearte con las dos piernas.

Él le puso las manos en los glúteos.

—Me gustan tus manos ahí.

Ella lo rodeó con ambas piernas. Sostuvo con su mano derecha el pene de él y se lo metió lo más despacio que pudo en la vagina.

—¿Estás bien? –dijo él al ver un gesto de dolor en el rostro de ella.

—Me dolió. No pude evitar que se me meta agua.

—¿Quieres que te lo saque?

—No. Puede que me duela otra vez. Mejor esperamos un poco.

—Bueno.

Cuando estuvo lista, ella empezó a mover su cadera de adelante para atrás.

—¡Espera!

Ella se detuvo y dijo —: ¿Qué pasó?

—Estás torciendo mi pene al moverte así.

—Entiendo ¿Trato de moverme verticalmente?

—Creo que sí.

—¿Me ayudas?

—Claro.

Ella empezó a moverse como si cabalgara un caballo y él empezó mover sus manos siguiendo los movimientos de ella. Él empezó a marcar el ritmo con el movimiento de sus manos. Si quería que ella vaya más lento, el movía más lento sus manos. Si quería que ella vaya rápido, las movía más rápido.

El agua se movía en olas que rompían en los extremos de la piscina.

Mina empezó a respirar entrecortadamente. Ella se tendió hacia atrás hasta quedar recostada en el agua sin llegar a hundirse y empezó a moverse con más fuerza. Cualquiera que pasara le vería los senos y no tendría lugar a dudas al respecto de lo que estaban haciendo. En aquellos momentos a ella no le importaba, ella estaba concentrada en la enorme cantidad de placer que estaba experimentando. El placer llegó a ser tan intenso que explotó en gritos, gemidos y jadeos.

Ella luchó por levantarse y se abrazó a Rafael como si se agarrara de una tabla de salvación.

—¿Te... termi… terminaste? –preguntó ella casi sin aliento.

—No.

Él no pudo hacerlo. No pudo concentrarse en el placer que sentía. Estaba concentrado en sostener el peso de ella el cual era el ideal para una mujer de su edad y de su contextura, soportar los embates de ella y, controlar que los movimientos de ella no le tuerzan el pene.

—Me… me gustaría que… me gustaría que termines pero estoy exhausta. –dijo ella aún sin aliento.

—No importa.

—Levántame un poco, por favor.

Él hizo lo que le pidió y ella luchó por sacarse el pene de él aún totalmente erecto. Ella puso sus pies en el fondo de la piscina y sintió que le flaqueaban las piernas. Rafael le sostuvo unos momentos.

Ella cogió su terno de baño y se dirigió hacia una esquina de la piscina.

—¿No te vas a vestir? –preguntó él.

—No. Sólo quiero acostarme.

—¿Te vas desnuda?

—Sí.

Él cogió su terno de bajo y fue tras ella.

Ella trataba de sacar su cuerpo del agua apoyando sus brazos en el filo de la piscina, cosa que había hecho todos los días anteriores, pero le fue imposible.

—¿Dónde está la escalerilla? –preguntó ella.

—A tú derecha.

Ella  vio la escalerilla y con dificultad subió por ella.

—Ni… ni siquiera cuando perdí mi virginidad me… sentí así. –dijo ella.

—Es que practicaste sexonatación.

—Malo.

Cogieron su ropa  y fueron hacia su habitación rogando que nadie los vea.

Una vez dentro, Mina dejó caer sus ropas al piso.

—Vamos a ducharnos. –dijo ella.

—¿Los dos?

—Los dos.

Ambos entraron a la ducha.

 

Al cabo de una hora Rafael estaba metido en la cama vestido con su pijama. Mina se recostó desnuda boca abajo en la cama.

—Mejor ponte la pijama que te vas a quedar dormida así.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque quiero que te subas sobre mí y me lo claves hasta el fondo.

—¿Perdón?

—Quiero que termines dentro de mí.

—No hace falta.

—¡Sí hace falta! Tu pene no ha dejado de parecer asta de bandera.

—Pero estás extenuada.

—Estaba. El baño me reanimó.

Él se quitó el pijama y se subió sobre ella.

—Ya sabes. Siempre por mi vagina y con cuidado.

Él entró con cuidado y se movió con tanto cariño que ella tuvo otro orgasmo.

 

Al día siguiente Mina y Rafael, llevando una mochila con su menaje de playa, estaban en la puerta del hotel. A la hora convenida, vieron que un SUV color azul aparentemente 4X4  se detenía frente a ellos.

Juan, quien era el conductor, dijo —: Hola muchachos. Suban, por favor.

Mina y Rafael subieron por la portezuela posterior izquierda.

—Hola Juan, Hola Susana. —dijo Rafael.

—Hola Susana. Hola Juan ¡Me sorprende que tengas puntualidad inglesa! ¡Eso habla bien de ti!

—Hola chicos. Mi Juan es un relojito en todo lo que hace —dijo Susana con una sonrisa en los labios.

—¿Están listos chicos? —preguntó Juan.

—Sí, señor, estamos listos. —respondió Mina en son de broma.

Juan sonrió y puso en marcha su auto.

 

Al poco rato los cuatro estaban jugando en el mar. Ellos habían arrendado cuatro sillas playeras para tomar sol y dejar sus pertenencias a buen recaudo.

Mina comprobó lo que había percibido el día anterior. Mina se había dado cuenta que Susana era el centro del universo para Juan. Era patente el amor que sentía Juan por su esposa.

“Me alegra que hayas encontrado el amor a lado de Susana.” pensó Mina.

 

A las 13:00 los cuatro estaban a la mesa. Habían ordenado cuatro platos de “El Torbellino Marino” y conversaban mientras esperaban que les preparen su orden.

—Esperaba conocer a su hijita. —dijo Mina.

—La dejamos en casa de mis suegros. —dijo Juan.

—Quisimos que este feriado sea como nuestra segunda luna de miel.

—¡Pero lo vimos todos los días parado a lado de la torre de Clemente con su tabla de surf! —exclamó Mina.

—Hace algunos años mi Juan fue campeón panamericano de surf. Siempre que puede, vuelve a entrenar ya que su sueño es volver a ser campeón.

—Aún eres joven. Tal vez vuelvas a ser campeón. —opinó Rafael.

—Dios te oiga, amigo, Dios te oiga. —dijo Juan.

 

Al cabo de diez minutos les servían la orden.

—¡Qué platazo! —exclamó Mina.

Ella tenía frente a sí un plato que parecía olla lleno hasta el borde de una infinidad de frutos de mar que estaban en un caldo que olía muy bien.

—En el plato sobresalen la langosta, el cangrejo azul y, el “pateburro”. —dijo Juan.

—¿Qué es el “pateburro”? —preguntó Mina.

—Es esa cosa que parece pezuña roja. Es un molusco que sabe muy rico.

 

Al atardecer Juan se detenía a la puerta del hotel “Cabañas del Pacífico.”

—Espero que se hayan divertido con nosotros.

—¡Claro que sí, Susana! Pasamos con ustedes un lindo día. —dijo Mina.

—Asómense mañana en la playa para despedirnos.

—Está bien, Juan. Nos vemos mañana. —dijo Rafael.

—Chao. —dijo Mina.

Ambos se bajaron del auto.

—¡Mina! —exclamó Juan.

Ella se acercó a él.

—Espero que comer tanto marisco no les haya hecho efecto porque a mí —en un gesto muy rápido vio su entrepierna— me lo hizo.

Puso en marcha el auto.

—¿Qué te dijo Juan?

Mina dijo —: Nada, Rafael, nada de importancia —y pensó: “Juan no cambia. Es un lobo disfrazado de cordero. Si él tuviera la oportunidad, estaría con Susana y conmigo.”

 

Una vez que abrieron la puerta de su habitación, Mina abrazó y besó a Rafael.

—Siento que te hicieron efecto los mariscos. —dijo Mina con una sonrisa maliciosa.

—¿Y a ti?

—También.

Mina cerró la puerta de la habitación.

 

Lorena y Andrés estaban en una de las salas de cine de El Recreo viendo una película que les agradaba. Ella se sentía feliz. Le gustaba tener el brazo derecho de Andrés sobre sus hombros, le gustaba que la bese en la penumbra de aquel lugar, le gustaba que él la acaricie, le gustaba imaginarse que haría con él al volver a su departamento.

 

A la mañana siguiente se encontraban en la playa con Clemente, Matilde, Juan y Susana.

—Fue bonito pasar este feriado con ustedes, amigos. —dijo Mina.

—¿Lo pasaste bien, conmigo?

—Sí, Juan. También contigo.

“¡No te mentiría si no me hubieras insinuado que se te paró!” pensó Mina.

—Mina, ¿Ya tienes celular? —preguntó Clemente.

—Sí. Me tocó unirme a la modernidad como todo el mundo.

—Dame tu número celular, por favor.

—A mí también, por fa. —pidió Juan.

Un poco a regañadientes Mina les dictó su número celular.

“¡Para no hacerte quedar mal frente a tu esposa te dicto mi número celular!” pensó Mina.

—Rafael, ¿no te pones celoso si llamo a Mina alguna vez? —preguntó Clemente con una sonrisa en los labios.

—Para nada, amigo, para nada. Estando Matilde a tu lado, no hay ninguna razón para ponerme celoso. —respondió Rafael con una sonrisa.

—Tienes razón. Desde este feriado, soy la pareja de Clemente. —dijo Matilde.

—Y no me hace falta otra mujer —dijo Clemente y la besó—. Rafael, también dame tu número celular.

Rafael dictó su número celular.

—¿Su bus sale a las 11:00? —preguntó Susana.

—Sí. —respondió Mina.

—¿Qué van a hacer mientras tanto? A penas son las 08:30.

—Vamos a pasar un rato en la piscina del hotel.

—Entonces, esta es la despedida. —dijo Susana con tristeza en la voz.

—Llamennos cuando quieran. —dijo Mina.

Se despidieron y entraron el hotel.

Después de pasar un rato en la pisicina, devolvieron la habitación y regresaron a Quito.

 

Ese mismo día miercoles y luego de almorzar, Andrés y Lorena estaban sentados frente a frente en la salita de ella.

Los días que no salieron habían pasado desnudos. Habían dormido juntos sin ropa. Habían cocinado desnudos, habían comido desnudos. Se habían bañado juntos. Habían salido a tomar el sol sin ropa en el patiecito de la casa para que él gane algo de color a fin que la mentira que le dijo él a su madre tenga algo de verdad.

—Quería demostrarte en estos días que te amo mucho, Andrés. Que eres el hombre de mi vida.

—Lo demostraste, Lorena, lo demostraste.

Habían hecho el amor en todos los rincones de la casa, incluidos el baño y la cocina. Lo habían hecho cuando estaban tomando sol en el patiecito, recostados sobre una toalla o ella sentada en la piedra de lavar. Habían hecho el amor tantas veces que llegaron a parecer siameses unidos por la cintura.

—A pesar de amarte tanto y sentir cuánto me amas no pude evitar pensar que estoy quitando el padre a un niño y sentir culpa por ello.

—¡Tú no estás quitando el padre a nadie! Lupe ha dejado bien en claro que no quiere nada conmigo.

—Eso lo sé aquí –señaló con el dedo índice de su mano derecha su frente— pero no aquí –puso la palma de su mano derecha sobre su pecho—.  Además, siento que vas a sentirte atraído por Guadalupe por el cariño que vas a tener a tu hijo.

—A pesar de sonar a mi padre, ese niño me importa en lo más mínimo porque no amo a su madre. Si el niño fuera tuyo, me casaría contigo sin pensarlo.

—Tú eres bueno y vas a encariñarte aunque sea un poco de tu hijo.

—Lore, no sabemos si llegue a pasar eso.

—Para poder seguir contigo tengo que eliminar esos sentimientos que tengo en mi corazón.

—¿Cómo harás eso?

—Nos trataremos como amigos desde hoy hasta que no tenga esos sentimientos en mi corazón.

—¡No quiero ser tu amigo! ¡A ti te amo como nunca he amado a alguien!

—¡¿Qué prefieres?! ¿Qué te ame teniéndote como el más querido de mis amigos o te odie por haber tenido un hijo con otra mujer?

—¡Tú sabes cuándo y por qué ese niño fue engendrado!

—Lo sé ¡Claro que lo sé! Pero no puedo seguir contigo teniendo esos sentimientos dentro de mí.

—Está bien –los ojos se le llenaron de lágrimas—. Prefiero ser el más querido de tus amigos que una persona odiada por ti.

Lorena se puso de pie y dijo —: No olvides que te amo.

Él se puso de pie y preguntó —: ¿Puedo besarte por última vez?

Ella afirmó con la cabeza y se besaron. Un beso final aderezado con la sal de las lágrimas de los dos.

 

Al día siguiente Rafael estaba en la base cumpliendo su turno de investigación.

—¿Cómo te está yendo? –escuchó atrás de sí.

Él saltó de su asiento y regresó a ver hacia atrás.

—¡Mina! Hola.

—Hola mi amor ¡Por poco te cuelgas del techo como ese gato de los dibujos animados! –dijo Mina entre risas.

—Estaba muy concentrado.

Mina caminó hacia la mesa de reuniones.

—¿Qué estabas haciendo? –preguntó ella.

—Estaba aprovechando la increíble velocidad del internet de esta base para bajar información para mi tesis.

Ella apartó una silla y dijo —: Me parece bien.

—Es la primera vez que te veo con ese abrigo. No hace tanto frío para que hayas venido con él.

Ella se inclinó hacia delante.

—¡Estás sin sostén!

Ella se sentó en la silla y abrió las piernas.

—¡Estás sin calzón! ¡Estás desnuda!

Ella afirmó con la cabeza.

—¿Por qué?

Ella lo miró fijamente con una sonrisa burlona.

—¡Hicimos el amor varias veces durante el feriado! —exclamó él.

—No fueron suficientes.

—¡¿Cómo que no fueron suficientes?!

—Es que no hicimos el amor por más de un mes.

—Sí lo hicimos ¿Recuerdas aquella vez que usé condón?

—Mi amor, tú no funcionas con condón.

—Me hubiese acostumbrado a usarlo si tú lo hubieras querido.

—Sí pero, no me gustó sentir dentro de mí una bolsa de látex. Me encanta sentir tu piel dentro de mí –ella se sentó en la mesa—. Ven, hazme tuya.

Ella se abrió por completo el abrigo.

Él la vio, ahí, en la mesa, totalmente desnuda y regresó a ver a la consola en donde se podía ver una ventana con la información que estaba buscando para su tesis y la ventana del escáner, volvió a verla nuevamente y otra vez a la consola y así sucesivamente.

Ella se recostó en la mesa, dejó colgando sus piernas y las abrió por completo. Él no pudo apartar la mirada de la entre pierna de ella.

—Ven, papito, ven –dijo ella con acento colombiano—. Entra en mí, papito, entra.

Él se puso de pie, se quitó la camisa, caminó hacia ella hasta quedar entre las piernas de ella, se bajó su pantalón y ropa interior y, la penetró.

—Estás loca, Mina, estás bien loca.

—Sólo por ti, mi amor, sólo por ti, papito rico.

 

Después de pocos minutos se confundieron sus gemidos y gritos de placer. Él quedó tendido sobre ella y ella lo abrazó.

De improviso empezó a escucharse una sirena.

—Es… es la primera vez que me haces escuchar sirenas. –dijo ella.

—¿Sirena? –él apoyó sus manos en la mesa y estiró sus brazos—. Yo también escucho una sirena –afinó el oído—. Viene de mi consola.

Salió de ella, se subió su ropa y corrió hacia su consola. Él realizó unas acciones que estaban descritas en una pantalla lateral y en la pantalla central, la más grande, apareció una imagen de Sudamérica y empezó a realizarse un progresivo acercamiento hasta llegar a un punto humeante en la selva del norte del país. En la pantalla se leía la ubicación en latitud y longitud y, el nombre del punto.

—¡Mina, ven!

Ella corrió hacia donde estaba él.

—¡Han bombardeado un campamento ubicado en un sector conocido como Angostura, un punto ubicado en Sucumbíos a dos kilómetros de la frontera con Colombia!

—¡Bombardeo! ¿Habrá heridos?

—El satélite no tiene visión nocturna.

—Debes avisar a los Ángeles.

Él la regresó a ver y ella se dio cuenta que tenía abierto el abrigo. Cuando se lo cerró, él apretó las teclas para comunicarse con los Ángeles de Luz. En la pantalla grande aparecieron recuadros con los rostros de los seis chicos.

—Un punto de nuestra frontera norte acaba de ser bombardeado. –informó Rafael.

—¡Nuestro país ha sido bombardeado! –exclamó Katherine.

—¿Sabes quién nos bombardeó y si hay víctimas? –preguntó Andrés.

—No.

—Ok. Transfórmense y nos encontramos a diez kilómetros sobre el Museo Japonés –ordenó Andrés–. Éste debe ser el primer ataque de la fuerza maligna.

—¿Necesitaremos llamar al equipo de Apoyo? –preguntó Diana.

—No. Les tomaría mucho tiempo ir la base y, además, es muy noche. Con sólo Apoyo Violeta contaremos el día de hoy.

—Ayudaré en lo que sea necesario. –dijo Rafael.

—Transfórmense. –dijo Andrés.

“No cierres tu conexión.” pensó Mina.

En pantalla sólo quedó el rostro de Andrés.

“Te veo triste ¿Qué ocurre?” pensó Mina.

“Nada, Mina, nada. No es el momento de hablar de eso.”

“Tú sabes que te amo, Andy.”

“Mina, no es momento de decirme eso porque hiciste o tenías pensado hacer el amor con tu novio.”

Ella cerró con su mano derecha el cuello de su abrigo.

“¿Cómo sabes que estoy desnuda?”

“Primero, porque me lo estás confirmando y segundo, también he visto películas en las que las personas no llevan ropa debajo de sus abrigos.”

—Transfórmate, Mina. –ordenó Andrés y cerró la comunicación.

—¿Trajiste tu guante? –preguntó Rafael.

Ella metió su mano derecha en un bolsillo de su abrigo y lo sacó.

—Ahora es el llavero de mi casa –apretó su guante, éste creció a su tamaño normal, se lo puso, colocó su puño en medio de su pecho y dijo –: Transmutación.

El cuerpo de Mina se convirtió en luz y una energía violeta la envolvió.

—Por favor, cuídate, Ángel Violeta.

—Lo haré, mi amor.

Ella voló hacia la puerta del túnel. Al cabo de poco tiempo emergía como una exhalación a tres kilómetros al sur del Museo y fue hacia el punto de encuentro en donde se reunió con  los demás Ángeles de Luz.

Todos se mantenían en posición vertical aleteando lentamente.

—Apoyo Violeta, ¿estás en línea? –preguntó Ángel Rojo. Él había configurado su comunicador para hablar con Apoyo Violeta.

—Sí. Te veo a través de las cámaras de Ángel Violeta.

—¿Tienes las coordenadas del punto?

—Sí.

—Envíalas a Ángel Violeta.

Apareció una especie de lente transparente en frente del ojo izquierdo de Ángel Violeta.

—Veo una línea vertical blanca en medio del lente y otra horizontal con unas rayitas verticales marcadas con grados. Parece una brújula porque sobre la raya blanca está la letra “O” de oeste.

—¿Cómo sabes que la “O” es de Oeste? –preguntó Ángel Rosa.

—Porque estoy viendo hacia esa dirección –movió su cabeza— Sigo viendo la “O”.

—Prueba girando todo tu cuerpo

Ángel Violeta hizo lo que sugirió Ángel Amarillo.

—La línea horizontal empezó a moverse –dijo Ángel Violeta—. Vi pasar la letra “S” de Sur.

—¡Sigue girando hasta que veas una marca especial! –exclamó Ángel Rojo.

—Veo una marquita violeta más grande que las rayitas verticales –dejó de girar—. La marquita violeta está sobre la línea vertical grande. Vámonos.

—¿Por qué? –preguntó Ángel Rosa.

—Porque la superposición de ambas líneas marca la dirección en la que debemos ir.

—Guíanos, Violeta. –dijo Ángel Rojo.

Ella empezó a volar en la dirección que veía en su visor. Los demás fueron tras ella.

—Están yendo en la dirección correcta. —dijo Apoyo Violeta.

En la pantalla lateral izquierda de la consola de Apoyo Violeta había un plano en el cual se marcaba con un punto violeta a Ángel Violeta, con otro punto el destino y con una línea recta la ruta que debían seguir.

—¿A qué velocidad podemos volar? –preguntó Ángel Verde.

—A la que queramos. –dijo Ángel Rojo.

—Te seguimos, Violeta. –dijo Ángel Blanco.

 

Al cabo de diez minutos vieron que había una columna de humo en medio de la espesura de la jungla amazónica.

Ángel Violeta se detuvo junto a la columna la que salía de un pequeño descampado.

—Aquí es. –dijo ella.

—Descendamos. Apoyo Violeta, por favor, usa visión nocturna. –ordenó Ángel Rojo.

Empezaron a descender.

—Veo los cráteres que dejaron las bombas. –dijo Apoyo Violeta.

Tocaron tierra.

—Busquen sobrevivientes. –ordenó Ángel Rojo.

Todos se repartieron entre las ruinas.

—No, no puede ser. –dijo Ángel Violeta junto a un cuerpo.

—¿Qué ocurre? –preguntó Ángel Rojo cuando se reunió con ella.

—Apoyo Violeta, ¿tienes activada la visión nocturna?

—Sí, Violeta.

—¿Estoy viendo el cuerpo de don Raúl?

—Sí, Mina.

—¿Don Raúl? ¿El segundo hombre al mando de las FARC?

—Así es, Rojo. –dijo Violeta.

—¿Por qué estaba en un campamento al sur de la frontera? –Ángel Rojo vio hacia arriba— Y sobre todo, ¿quién lo bombardeo? –dirigió su vista hacia sus compañeros que brillaban en la oscuridad— ¿Han encontrado a algún sobreviviente?

—No. –dijo Ángel Verde.

—Tampoco yo. –dijo Ángel Amarillo.

—¡Aquí hay puro muerto! –exclamó Ángel Rosa— ¡Qué pena que no pudimos evitar esto!

—¡Encontré a alguien con vida! ¡Encontré a alguien con vida! –exclamó Ángel Azul.

Todos corrieron hacia donde estaba Ángel Azul.

—¡Le volaron el brazo derecho! –gritó Ángel Rosa.

—Ella se va a desangrar –dijo Ángel Verde—. Debemos hacer algo por ella –estiró sus brazos sobre ella—  ¡Curación!

Un rayo de luz verde salió de las palmas de Ángel Verde y envolvió a la mujer.

—¡No está funcionando! –exclamó Ángel Verde.

—¿Qué quieres hacer? –preguntó Ángel Blanco.

—Quiero que recupere su brazo.

—Necesitas más energía –dijo Ángel Violeta—. Dirige la palma de tu mano izquierda hacia arriba estirando por completo tu brazo.

Ángel Verde hizo lo que Ángel Violeta le indicó y un rayo verde se precipitó de quien sabe donde hacia la palma de él. El rayo que salía de su palma derecha hacia el cuerpo de la chica aumentó varias veces su intensidad. Poco a poco el brazo de la chica se regeneró y su respiración se normalizaba.

—Encontré a otra chica. Ella está sin piernas. –dijo Ángel Blanco.

Ángel Verde cerró sus manos cuando la chica respiraba con normalidad y al tratar de de dar un paso se desplomó. Ángel Violeta lo sostuvo y por poco él la lleva consigo al suelo.

—¡¿Estás bien?! –preguntó ella.

—Sí… sí estoy bien. Me cansé un poco usando este nuevo poder de curación –se enderezó—. Tengo que ayudar a la otra chica.

Ángel Verde repitió con la otra chica el mismo procedimiento que siguió con la primera. Las piernas de la chica se regeneraron poco a poco.

Cuando la chica estuvo completa y con la respiración normalizada, Ángel Verde se sentó en el suelo.

—Las chicas estrellas de mar están bien. Sólo están inconscientes. –dijo Ángel Rosa.

—¿Por qué estrellas de mar? –preguntó Ángel Azul.

—Porque las estrellas de mar pueden regenerar sus extremidades.

—Excelente observación, Rosa. –dijo Ángel Blanco.

—Hemos peinado todo el campamento y lamentablemente no hay más sobrevivientes. –dijo Ángel Amarillo.

—Me late que el objetivo de este ataque fue matar a don Raúl. —opinó Ángel Violeta.

—Posiblemente –dijo Ángel Rojo—. Lo que debemos hacer es averiguar por qué hay un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano y quién lo bombardeó. Eso hagámoslo desde mañana.

—Mi tío fue rescatado por las FARC. Le puedo averiguar la ubicación del pueblo en donde vive Don Manuel.

—Hazlo, Violeta, por favor. Con esa información se podría hacer un rastreo satelital a ver qué encontramos. Volvamos a casa.

Los siete Ángeles se elevaron y tomaron rumbo sur.

 

Al día siguiente durante un cambio de hora sonó el comunicador de Andrés con tono estándar. Él apretó la tecla “R” de su comunicador y en la pantalla apareció el bello rostro de una querida amiga.

—Hola Andrés –dijo Mina— ¿Estás en cambio de hora?

—Sí, Mina.

—¡Qué bien! Nuestros horarios coinciden.

—Así es, Mina. No tengo mucho tiempo porque tengo que cambiar de aula para la siguiente clase.

—¡¿Cambias de aula?! Bueno, luego me lo contarás. Quería ver si podía visitarte a las 13:15.

—¿Hablaste con tu tío?

—Quería hablar de eso y otras cosas más.

—Ok, Mina. No hay problema ¿Conoces la Politécnica?

—Algo.

—¿Qué te parece si nos vemos en los espacios verdes del ICB?

—Preguntando he de llegar.

—Ok, Mina, nos vemos.

—Chao, amigo  mío.

Cerraron la comunicación.

 

A las 13:00 algunos de los amigos se encontraron en los espacios verdes del ICB.

—Hola Lorena ¡Parece que ya no odias a Andrés!

—¿Por qué dices eso, Inés? –preguntó Lorena.

—Porque aún los veo juntos.

—Qué pena que se amigaron –dijo Julio y chasqueó los dedos— ¡Lástima!

—¿Por qué dices eso? –preguntó Andrés.

—Porque si seguían peleados, creí que tenía oportunidad con Lorena.

—Te tocaría esperar sentado, Julio. Porque nunca me fijaría en ti. Creí que te lo había dejado claro.

—¡¿Por qué nunca te fijarías en mí?! No soy feo, soy divertido y, soy un buen chico.

—Porque tienes enamorada y –regresó a ver a Andrés— otro es el hombre de mi vida.

—¿Qué respuesta tienes para eso, Julio? –preguntó Inés.

—Ninguna.

—Muchachos, tengo que irme a estudiar. Nos vemos –dijo Lorena  y dio un beso en la mejilla a Andrés—. Chao Andy.

Lorena se fue hacia el sur.

—¿Qué les pasó? Sólo te dio un beso en la mejilla y tú no te ofreciste a ir con ella. –dijo Inés.

—Nada. Estoy esperando a una amiga.

—¿A cuál? –preguntó Julio.

—Si esperas conmigo la vas a ver.

 

A las 13H20 se reunía con ellos una amiga que tenían los tres en común.

—¡Hola Mina! ¡A los tiempos que te veo!

—Hola Julio. Lo mismo digo.

—Es chévere que nos visites, estando de vecinas.

—Voy a tratar de que mis visitas sean más frecuentes, Inés. Por favor, disculpa la demora, Andrés.

—No hay problema, Mina.

—¿Conoces un lugar en donde podemos hablar tranquilos?

—Sí.

—¿Hay algo de lo que Lorena deba saber? –pregunto Julio.

—No es nada de lo que estás tratando de insinuar –dijo Mina—. Si mal no recuerdo, ustedes sabían que Andrés y yo nos llevamos como hermanos.

—Así es. –dijo Inés.

—Nos vemos, muchachos. –dijo Andrés.

Mina y él se encaminaron hacia la Facultad de Ingeniería Eléctrica.

—¿Mina se acordó que te conocía? –preguntó Julio.

—Así parece. Cuando la vi en la 12 pensé que no se iba a acordar de mí pero, ahí está. Me reconoce. –comentó Inés.

—¿Se acordará de los demás?

—Quien sabe.

 

Andrés condujo a Mina a un aula del cuarto piso del edificio nuevo de su facultad.

—Aquí podemos estar tranquilos. Nadie se aparece por aquí en las tardes –dijo Andrés—. Por favor, toma asiento.

—Ok. Tengo que hablar contigo algo muy importante.

Ambos se sentaron.

—Mina, no juzgo lo que anoche hicieron tú y Rafael en la base –Andrés cerró un poco los ojos— sobre la mesa de reuniones. Sé que tú sólo harías ese tipo de cosas con él.

—¡¿Puedes leer mi mente?!

—Sí y, sobre todo si aquello lo tienes presente.

—No vine a hablar de eso. Vine a preguntarte que pasó entre tú y Lorena.

Andrés se puso de pie y dio la espalda a su amiga.

—Recuerda que te amo. Lo que te duele,  me duele.

Andrés dio media vuelta y con una media sonrisa dijo —: Recuerdo que cuando querías que me sincere contigo decías: “Confía en mí, soy tu amiga”.

—Ahora sabemos lo que en verdad sentimos el uno por el otro.

—Ok, Mina. Te contaré lo que pasó durante el feriado. –dijo Andrés y se sentó de nuevo.

Andrés contó sin mucho detalle lo que pasó durante el feriado con Lorena.

—Terminó contigo pero no terminó contigo. –dijo Mina.

—Así lo entendí también yo –los ojos de Andrés se inundaron de lágrimas— No sé qué hacer, Mina, no sé qué hacer.

—Una de tus opciones es buscarte a otra.

—¿Estar con otra chica?

—Sí. Se me ocurre que puedes estar con Lupe. Ella dice que no quiere nada contigo pero, “donde hubo fuego, cenizas quedan”.

—Restregarle en la cara a Lorena la relación que tendría con Lupe la destrozaría. Lorena aún me ama.

—Entonces, búscate una chica fuera del grupo.

—Aún amo a Lorena, Mina, aún la amo.

—¿Vas a hacer lo que ella te pidió? ¿Vas a esperar hasta que ella sienta que está lista para volver a estar contigo? Quien sabe cuándo ocurra eso.

Lágrimas empezaron a brotar de los ojos de Andrés.

—Creo… creo que es lo único que puedo hacer, Mina, lo único. Tendría que cambiarme el corazón para amar a otra.

—Si has decidido hacer eso, reanímate mi amado amigo, anímate. No dejes que tu pena afecte tus estudios. Tú eres un chico muy inteligente. Recuerda que no tienes porqué sufrir solo. Me tienes a tu lado. Cuando desees desahogarte, tienes mi hombro a tu disposición.

—Gracias Mina.

Ambos se pusieron de pie y se dieron un cálido abrazo.

—Ahora jefe, ¿visitamos el pueblo de don Manuel? Entregué las coordenadas del pueblo a Rafael.

—Ok, mi bella segunda al mando pero, primero vamos a almorzar, te invito.

—Bueno. Quiero conocer el comedor de sistemas.

—Antes de salir –Andrés configuró en su comunicador una llamada a todos los Ángeles de Luz—. Ángeles de Luz, nos encontramos a diez kilómetros sobre nuestra base dentro de dos horas. Vamos a visitar el pueblo de don Manuel, ex líder de las FARC. Comunicar a sus Apoyos que estén en la base al  momento que nos reunamos.

—Entendido. –dijeron todos.

—¿Dentro de dos horas? –preguntó Mina.

—Hay que darles tiempo para almorzar.

—Bien pensado, jefe, bien pensado.

Salieron hacia la Facultad de Sistemas.

 

A las dos horas los Ángeles de Luz se reunían en el lugar propuesto.

—Apoyos, ¿están en línea? –preguntó Ángel Rojo. Tenía configurado la comunicación con todos los apoyos.

—Apoyo Rojo, en línea. –dijo Alejandro, todos los Ángeles lo escucharon por sus implantes auditivos.

—Apoyo Violeta, en línea. –dijo Rafael, todos los Ángeles lo escucharon por sus implantes auditivos.

—Apoyo Amarillo, en línea. –dijo Ethan, todos los Ángeles lo escucharon por sus implantes auditivos.

—Apoyo Rosa, en línea. –dijo Raúl, todos los Ángeles lo escucharon por sus implantes auditivos.

—Apoyo Azul, en línea. –dijo Nicolás, todos los Ángeles lo escucharon por sus implantes auditivos.

—Apoyo Blanco, en línea. –dijo Mateo, todos los Ángeles lo escucharon por sus implantes auditivos.

—Apoyo Verde, en línea. –dijo Soledad, todos los Ángeles la escucharon por sus implantes auditivos.

 

Ángel Rojo cerró la comunicación con todos los apoyos a excepción del propio y dijo —: Violeta, por favor, pide a tu Apoyo que te envíe las coordenadas del pueblo de don Manuel.

—¿Me escuchas, mi Apoyo? –preguntó Ángel Violeta. Ella habló casi sin mover la boca, sólo lo suficiente para mover sus cuerdas bucales.

—Sí, Violeta. –respondió Apoyo Violeta. Ella lo escuchó por sus implantes auditivos

—Por favor, proyecta en mi visor la dirección a donde debemos volar.

Apareció frente al ojo izquierdo de Ángel Violeta su visor y ella empezó a girar.

—Tengo la dirección en la cual debemos volar. –dijo Ángel Violeta.

—Por favor, guíanos. –dijo Ángel Rojo.

Ella empezó a avanzar y los demás fueron atrás.

 

Al cabo de media hora estaban volando en el espacio aéreo de Colombia y estaban sobre un pequeño poblado campesino ubicado en el área rural del Valle del Cauca.

—Aquí es –dijo Ángel Violeta—. Por favor, no ataquemos. Debe haber una buena explicación a la invasión de las FARC a Ecuador.

—Ok. Descenso en espiral. –dijo Ángel Rojo y empezó a bajar.

—¿Cómo se hace el descenso en espiral? –preguntó Ángel Rosa.

—No sé. Sólo imita lo que hace Rojo. –respondió Ángel Azul.

Todos empezaron a bajar haciendo círculos.

 

Al cabo de pocos minutos.

—Ángel Rojo, ¡los están apuntando! –exclamó Apoyo Rojo.

Él había realizado un acercamiento a los pobladores. Se dio cuenta que alguien, posiblemente el líder del poblado, ordenaba que apunten sus armas hacia los Ángeles de Luz.

—Rosa, ¿qué tal está tu puntería? —preguntó Ángel Rojo.

—Según Sofía está casi perfecta.

—Pide guillotina y dispara una flecha cerca a los pies del hombre de poncho café. Parece que él es el líder.

—¡Lanza! –pidió Ángel Rojo.

—¡Guillotina! —pidió Ángel Rosa.

Cuando tuvieron sus armas en sus manos, se detuvieron.  Ángel Rojo lanzó su lanza hacia abajo y Ángel Rosa disparó una flecha tal como lo pidió su líder.

La lanza y la flecha se clavaron en el piso a pocos centímetros del pie izquierdo del líder del poblado.

—Ángel Rojo, recibieron el mensaje. Bajaron las armas. –dijo Apoyo Rojo.

 

Al poco rato los Ángeles de Luz tomaban tierra.

—¡¿Quiénes son ustedes que irrumpen de esta manera en nuestro poblado?! –reclamó el líder del pueblo.

—Venimos en son de Paz, don Manuel. Somos los Ángeles de Luz. –dijo Ángel Violeta.

—¿En son de paz? ¡Nos lanzaron una lanza y una fecha!

—Y ustedes nos apuntaron con sus armas –dijo Ángel Rojo.

Ángel Rojo retiró su arma y Ángel Rosa recuperó su flecha.

—Don Manuel, por casi un año, ustedes permanecieron en paz ¿Por qué decidieron instalar un campamento en Ecuador?

—Antes de responder a tu pregunta, dime tu nombre.

—Soy Ángel Violeta.

 

Mientras tanto los Ángeles Blanco y Verde estaban en la retaguardia.

—¡Mi amor, veo como que algo se mueve a sus espaldas! Como que alguien se ocultara en las casas que están a sus espaldas

—Apoyo Verde dice que alguien se oculta en las casas que están a nuestras espaldas. Demos media vuelta. –dijo Ángel Verde.

—Ok. –dijo Ángel Blanco.

Ambos dieron media vuelta y se pusieron en guardia.

 

—Ok, Ángel Violeta, responderé a tu pregunta. Mi buen amigo don Raúl decidió mover lo que quedaba de su poblado a Ecuador porque el ejército colombiano lo atacó sin provocación.

—¡¿Por qué haría eso el ejército colombiano?!

—Por orden del Presidente. Él está tomando como invasión nuestra entrada a Cali para dejar en manos de las autoridades de la ciudad a Rodrigo Velástegui.

—¡Ustedes salvaron la vida de ese señor!

—El presidente no lo toma así. Por eso atacó al poblado de don Raúl quien tuvo que huir con los sobrevivientes y establecer un campamento provisional en Ecuador. Lamentablemente los rastrearon y bombardearon.

—¡El ataque del ejército colombiano puede ocasionar un incidente internacional! –exclamó Ángel Azul.

—Y lo está causando. Me informaron que el presidente de Ecuador ha puesto una queja en la OEA. –informó Ángel Amarillo.

—¿Cree que su poblado será el siguiente en ser atacado? –preguntó Ángel Violeta.

—Sí. Antes que eso ocurra vamos a retomar la revolución. –respondió don Manuel.

—¿Van a movilizarse otra vez? –preguntó Ángel Rojo.

—Sí. Preferimos morir en combate de pie que acostados en nuestras camas ¡Haremos que el presidente se arrepienta!

—Por favor, no lo hagan –rogó Ángel Violeta—. Nosotros solucionaremos esto.

—¿Qué piensan hacer?

—Si nos da tiempo para analizar la situación, lo sabrá. –dijo Ángel Rojo.

—Tienen una semana.

—¡Ángeles al cielo! –ordenó Ángel Rojo.

Los siete Ángeles despegaron.

 

Cuando estaban en ruta hacia Ecuador, Ángel Rojo apretó un botón de su comunicador.

—Equipo de Apoyo, investiguen todo lo que puedan al presidente de Colombia. El día lunes por la tarde, presentarán la información que hayan obtenido.

—¡Tenemos tarea! –exclamó en tono burlón Apoyo Rosa.

—¡No digas eso, hermanito! La situación es muy seria. –manifestó Ángel Rosa.

—Ok, hermanita, ok. No te enojes.

 

El día lunes por la tarde los Ángeles de Luz,  el Equipo de Apoyo y, Katya estaban reunidos alrededor de la mesa.

—¿Qué información han logrado obtener? –preguntó Andrés.

—Me nombraron vocero del Equipo de Apoyo. –dijo Rafael.

—Ok, te escuchamos.

Rafael apretó un botón de la mesa con lo que frente a él apareció un pequeño teclado. Apretó un botón del teclado y del centro de la mesa se proyectó hacia arriba un haz de luz en donde se proyectaron imágenes mientras él hablaba.

Él dijo —:Luego que el cometa negro fue destruido, el presidente de Colombia propuso a las FARC un proceso de desmovilización sin castigo, es decir, no irían presos y se les permitiría formar pueblos en donde quisieran dentro del territorio colombiano. Lo único que las FARC debían hacer era liberar a todos sus secuestrados, dejar los territorios ocupados tanto en  Ecuador como en Colombia,  destruir todas sus plantaciones de las hierbas que usan para hacer sustancias alucinógenas y, romper sus nexos con organizaciones criminales. Las FARC aceptó la propuesta del gobierno haciendo lo que les pidieron. Las FARC se dividieron en varios grupos y se establecieron en varios poblados que ellos construyeron. Los alcaldes de las ciudades cercanas les proporcionaron los servicios básicos. El presidente en un inicio había aplaudido la actitud de las FARC al respecto del rescate del tío de Mina pero, a comienzos de octubre el presidente declaró que las acciones de las FARC en el rescate del Economista Rodrigo Velástegui eran una violación al acuerdo de desmovilización y empezó a atacar los poblados de las FARC. El primero en caer fue el poblado de don Raúl quien tuvo que huir a Ecuador.

—¿Por qué no nos enteramos por la televisión de tanta cosa? –preguntó Abigail.

—El presidente tiene un control total de los medios de comunicación. Él decide que sale de Colombia.

—¿Cómo obtuvieron tanta información? –preguntó Lorena.

—Entramos en los servidores de Casa de Nariño. –respondió Ethan.

—¿Los hackearon? —preguntó Andrés.

—No solo eso, los craqueamos.

—¡Los colombianos pudieron detectar que ingresaron ilegalmente! –exclamó Camilo.

—Nuestra red no deja ninguna pista. Los colombianos ni nadie se pueden dar cuenta de nuestra entrada. –explicó Argos.

—Si alguien llegaría a darse cuenta de nuestra entrada en sus sistemas y tratara de rastrearnos, nunca daría con nosotros porque empezaría a dar vueltas sin fin alrededor del mundo. —explicó Eduardo.

—Muchas gracias por su información, Equipo de Apoyo –dijo Andrés—. Para mí el cambio de actitud del presidente colombiano debe ser causado por la influencia de la fuerza maligna ¿Qué dicen ustedes?

—Yo estoy de acuerdo contigo. Primero dice que el rescate de mí tío fue algo bueno y luego que es algo malo –dijo Mina—. Nadie cambia de idea de esa manera.

—Rafael me pidió que analizara algunos videos —dijo Katya—.  En uno de ellos, sacado de los noticieros, se ve al presidente Santana alabar a las FARC por haber devuelto sano y salvo al tío de Mina. Noté que creía en lo que decía. Para mí, él pensaba y sentía que los miembros de las FARC que devolvieron al tío de Mina eran héroes. En otro, sacado de las cámaras de seguridad de Casa de Nariño, se lo ve ordenando el ataque al pueblo de don Raúl acusando a sus habitantes de terrorismo. Cuando dio aquella orden lo noté… diferente.

—¿A qué te refieres?

—No te lo puedo explicar, Andrés. A simple vista los presidente Santana que vi  en los dos videos son la misma persona pero, al analizar a profundidad sus gesticulación, su forma de hablar y, su actitud, noté que existían diferencias etre los dos.

Todos se regresaron a ver y afirmaron con la cabeza.

—Hablo a nombre de todos –dijo Diana—. Estamos de acuerdo contigo, Andrés.

—Entonces, ataquemos Casa de Nariño. –ordenó Andrés.

—No. — dijo Katherine.

—¿Por qué no? –preguntó Ágata— ¡¿Estás contradiciendo a tu líder?!

—Me niego porque puede que nos toque pelear y no quiero.

—¿Por qué no quieres pelear? –preguntó Argos.

—Porque soy la que menos sabe pelear. Andrés, Camilo y, Lorena son guerreros perfectos, están en el nivel 10 del simulador de combate. Mina está en el nivel 9. Diana y Abigail están en el 8. Yo en el 7.

—¡Debiste dedicarte a entrenar más! –reclamó Ágata.

—No van a ir solos. Gran Yinyan irá con ustedes y tal vez tengan ayuda extra. –dijo Argos.

—Katy, cuando confías en ti misma, nadie puede detenerte. —dijo Sofía.

Katherine sonrió dulcemente agradecida por el comentario de su amiga espíritu.

Andrés se puso de pie y dijo —: Todos los Ángeles de Luz a transformarse y Equipo de Apoyo a sus lugares.

Todos los Ángeles de Luz se pusieron de pie y cogieron sus guantes los cuales volvieron a su tamaño normal. Se los pusieron y colocaron sus puños derechos frente a sus pechos.

Ambos gatos se pusieron frente a frente.

—Paz. –dijo Andrés.

—Transmutación. –dijo Mina.

—Iluminación. –dijo Diana.

—Amor. –dijo Katherine.

—Protección. —dijo Abigail.

—Pureza. —dijo Lorena.

—Curación. –dijo Camilo.

—Luz, masculino, día, blanco. –dijo Argos.

—Oscuridad, femenino, noche, negro. –dijo Ágata.

—Opuestos pero complementarios. Separados son nada. Unidos son  todo. –dijeron a la vez.

Los cuerpos de los muchachos se convirtieron en luz y fueron rodeados por una energía proveniente de sus cristales.

Se produjo una luz intensa que cubrió por completo a los gatos.

 

Pocos instantes después, en vez de los siete jóvenes y de los dos gatos estaban los siete Ángeles de Luz y el gran gato alado llamado Gran Yinyan

—Es posible que nos enfrentemos con poseídos o démons.

—Tienes razón, Ángel Amarillo. Necesitaremos de sus poderes, Ángeles Rosa y Verde. –dijo Ángel Rojo.

—¡No sé cómo reconocer a esos bichos! –exclamó Ángel Rosa— ¡No sé! Tengo miedo de equivocarme.

—Yo tampoco lo sé pero, debo ver algo diferente a lo que veo cuando miro a los muchachos que son el Equipo de Apoyo. —opinó Ángel Verde.

—Rosa, aplica esa misma lógica. Ten confianza en que lo vas a lograr. Tú te basas en los sentimientos. Siempre usas la palabra “siento”. Sólo haz lo mismo que haces cuando piensas en esa palabra.

—Gracias, Ángel Rojo. –dijo Ángel Rosa y lo abrazó.

Él le correspondió rodeándola con los brazos, abrazándola como si ella fuera su hermanita menor.

—Muchachos, es hora de irnos. –dijo Gran Yinyan.

Ángel Rojo dejó de abrazar a Rosa y exclamó —: ¡En marcha!

—Rafael, por favor, envíame la ubicación de Casa de Nariño.

—¿No se supone que eres colombiana, Ángel Violeta? –preguntó Nicolás.

—Lo soy, pero nací en Cali. No recuerdo haber visitado alguna vez Bogotá.

Los ocho salieron de la Habitación Inteligente por la puerta del túnel y apenas salieron de éste, tomaron rumbo hacia Colombia.

 

Al cabo de dos horas estaban sobrevolando el centro histórico de Bogotá.

—Casa de Nariño. –dijo Ángel Violeta mientras señalaba a una gran edificación blanca de dos pisos de techo plano cuya puerta principal estaba flanqueada por grandes columnas jónicas que sostenían un techo triangular. Frente a palacio había un patio con diagramas cuadriculados. Al otro lado del patio estaba la puerta de reja que formaba parte de una barrera que rodeaba todo el gran terreno de la casa. La puerta estaba custodiada por guardias.

—¡Palacio de Carondelet queda chiquito comparado con Casa de Nariño! –exclamó Ángel Blanco.

—Tienes razón. Es hora de atacar. –dijo Ángel Rojo.

Él empezó a descender hacia la puerta flanqueada por las columnas jónicas. Los demás fueron tras él.

Irrumpieron por la puerta principal y avanzaron hasta el hall de entrada en donde fueron rodeados por varios hombres armados que los apuntaron con sus armas.

—¡¿Quiénes son ustedes?! –preguntó uno de los hombres armados.

—Somos los Ángeles de Luz ¿Y usted? —dijo Ángel Rojo.

—Soy el líder de este pelotón.

—¡Veo sus auras medio raras! –exclamó Ángel Verde.

—¿Qué sientes, Rosa? –preguntó Ángel Rojo.

—Es diferente a lo que siento cuando veo a los chicos del Grupo de Apoyo.

—¡Armas no letales! –ordenó Ángel Rojo.

—Apoyo Azul quieres sabe por qué no usamos armas letales. –dijo Ángel Azul.

—Porque tanto Verde como Rosa aún no saben distinguir entre poseído y démon. Prefiero que me parta la boca un démon que matar a un poseído.

—Estoy de acuerdo con nuestro líder. –dijo Ángel Amarillo.

—Baquetas. –dijo Ángel Rojo.

—Un Chaco. –dijo Ángel Violeta.

—Látigos. –dijo Ángel Amarillo.

—Toletes. –dijo Ángel Rosa.

—Shinai. –dijo Ángel Azul.

—Mazos. –dijo Ángel Blanco.

—Manoplas. –dijo Ángel Verde.

—¡¿De dónde sacaron esas armas?! –dijo el líder del pelotón

—Las sacamos del aire. –dijo Ángel Rojo.

El líder del pelotón disparó hacia Ángel Rojo quien se desplomó de espaldas.

Todos los Ángeles se alarmaron.

—No… no me lo esperaba. –dijo Ángel Rojo al ponerse de pie.

—¡¿Quién eres?! ¡Te disparé a la cabeza!  —exclamó el líder del pelotón.

—Soy un Ángel, somos Ángeles de Luz, ya te lo dije. Las balas nos rebotan.

—¿Ángeles?  ¡Disparen!

—¡Ataquemos! –ordenó Ángel Rojo.

Los Ángeles atacaron con sus armas a los hombres, un pelotón de más de 30 individuos. Tanto Ángeles como hombres armados estaban sorprendidos al ver como las balas rebotaban en los cuerpos de los Ángeles. Los catorce primeros cayeron en poco tiempo víctimas de los certeros golpes de los Ángeles de Luz. Los demás empezaron a usar sus rifes como armas contundentes pero, aquellos quienes pelearon contra los Ángeles Rojo, Verde, Blanco y, Violeta no tuvieron oportunidad, caían derrotados en poco tiempo. Ángel Azul usaba su shinai como toda una maestra de kendo. Ángel Amarillo usaba los látigos con maestría. Gran Yinyan tuvo que ayudar un poco a Ángel Rosa.

—Ángel Violeta, por favor, trata de volverlos a la normalidad. –pidió Ángel Rojo cuando todos los hombres fueron derrotados.

—Me imagino que puedo hacer eso así. –dijo Ángel Violeta.

Estiró sus brazos hacia delante apuntando las palmas de sus manos hacia los poseídos, enfocó su mente en todos ellos y dijo—: Transmutación.

De sus manos salió un rayo de energía color violeta que envolvió a todos los hombres.

—Sus auras están brillantes. –dijo Ángel Verde una vez que el rayo violeta de las palmas de Ángel Violeta se desvaneció.

—Para mí todos son normales ahora. –dijo Ángel Rosa.

—El presidente debe estar en el Despacho Presidencial. –dijo Ángel Violeta.

—Aquí hay una infinidad de salones en este lugar ¿Cuál será el despacho del presidente? –dijo Ángel Azul mirando a hacia la infinidad de puertas que se podía ver.

—Ángel Violeta, por favor, pide a tu apoyo que te envíe un plano de este edificio.

Eduardo y Sofía aparecieron junto a los Ángeles de Luz.

—Es posible que haya Démons o poseídos en este edificio. —comentó ella.

—Nosotros podemos ir en poco tiempo a todos los salones de este edificio y reportarles si encontramos personas sospechosas. Rosa y Verde determinarán si se tratan de Démons o poseídos. —opinó él.

—De acuerdo, háganlo. —dijo Ángel Rojo.

—Podríamos separarnos en dos grupos. Uno iría con Eduardo y otro con Sofía. —opinó Ángel Blanco.

—No lo considero conveniente. Esta es nuestra primera misión y aún no nos enfrentamos a démons. Con más experiencia podremos formar grupos comando. –dijo Ángel Rojo.

 

Después de una hora estaban frente a una puerta de doble hoja.

—¡Esta es la puerta del Despacho Presidencial! —exclamó Ángel Verde

—Hemos hecho un pequeño recorrido turístico por Casa de Nariño. Conocimos los Salones Amarillo, Esmeralda, de los Pintores y Protocolario y, los Comedores Rosado y Azul. –dijo Ángel Blanco.

—También descubrimos que los poseídos también pueden tener forma de monstruos. –comentó Ángel Violeta.

—Tuvimos que pelear en algunos salones y tuviste que usar tu poder varias veces ¿Cómo te sientes?

—Un poco cansada, nada más, Ángel Rosa.

—Lamento que hayan tenido que pelear tanto. —dijo Sofía.

—Ustedes cumplieron con su deber al informarnos donde había personas sospechosas. —manifestó Ángel Rojo.

—Me dio la impresión que la fuerza maligna poseyó a todos los empleados que trabajan en este edificio.

—Creo que tienes razón, Eduardo. No encontramos a ninguna persona normal. Entremos. –dijo Ángel Rojo.

Abrieron la puerta, dieron unos pasos dentro del salón y, Ángel Rosa gritó horriblemente.

—¡¿Qué te ocurre?! –preguntó Gran Yinyan.

—¡Nunca había sentido algo tan feo! –exclamó Ángel Rosa.

—Todos estos tipos no tienen aura. —manifestó Ángel Verde.

—¿Hasta el presidente? Lo veo en el fondo del salón, escribiendo en su escritorio. –dijo Ángel Violeta.

—Hasta él.

El presidente los alzó a ver y preguntó —: ¡¿Cómo se atreven a entrar de esa manera en el Palacio de Gobierno de la República de Colombia?!

—¡Deja de fingir y dinos donde está el verdadero presidente Santana! –exclamó Ángel Rojo.

El falso presidente se puso de pie con una sonrisa burlona en sus labios y dijo —: Ah, se dieron cuenta que no soy él. Son muy hábiles para hacerlo pero, les aseguro que ustedes no saldrán con vida de aquí.

Las puertas del salón se cerraron a las espaldas de los Ángeles de Luz.

—¡Estamos atrapados! –exclamó Ángel Rosa.

—No te preocupes. Ellos están ocho y nosotros somos ocho. –dijo Ángel Azul.

—¿Crees que sólo somos ocho? –preguntó el falso presidente.

Las paredes laterales se desvanecieron y aparecieron varios hombres armados con armas de combate cuerpo a cuerpo. El falso presidente y sus acompañantes originales también sacaron armas.

—¿Nos estaban esperando? –preguntó Ángel Rojo.

—Estábamos esperando a los Light Troopers pero se aparecieron ustedes. A propósito, ¿quiénes son ustedes?

—Somos los Ángeles de Luz. Soy Ángel Rojo.

—Ah. Como los Light Troopers pero en español.

—¿Ustedes planearon todo esto para tender una trampa a los Light Troopers? –preguntó Ángel Violeta.

—¡Para nada!

—Entonces, ¿por qué los estaban esperando?

—Porque ellos intentarían meterse en nuestro asuntos. Me sorprende que ustedes también tengan “apoyo espiritual”.

—¿A qué te refieres con eso? —preguntó Ángel Rojo.

—¡Me refiero a ellos! —exclamó el falso presidente y sacó de su chaqueta una especie de pistola con la que disparó hacia Eduardo y Sofía quienes cayeron al piso.

—¡¿Por qué les disparaste?! —gritó Ángel Rosa a punto de llorar.

—Sabíamos que un espíritu o una entidad vinculada a la luz dio poderes a los Light Troopers y me imagino que esos dos les dieron poderes a ustedes.

—¿Por qué puedes verlos? —preguntó Ángel Azul.

—Porque me prepararon para ver espíritus —el falso presidente sacó una katana de su escritorio—. Basta de palabras —miró a los Démons— ¡Ataquen!

Cuatro de los Démons se transformaron en un tigre de pesadilla, un lobo fantasmal, un oso zombi y, un perro monstruoso. Los demás se abalanzaronsobre los Ángeles de Luz.

—Lanza. –dijo Ángel Rojo.

—Mantis. –dijo Ángel Violeta.

—Incandescente. –dijo Ángel Amarillo.

—Guillotina. –dijo Ángel Rosa.

—Katana. –dijo Ángel Azul.

—Hachas. –dijo Ángel Blanco.

—Sais. –dijo Ángel Verde.

Las armas aparecieron a tiempo para repeler el ataque.

 

Los cuatro animales terroríficos fueron contra Gran Yinyan.

—Ustedes podían hacer algo contra mi antecesor –dijo Gran Yinyan y se elevó—. Pero contra mí no van a tener oportunidad.

Usando su aliento de fuego, sus garras delanteras que irradiaban relámpagos, sus gigantescos colmillos y, su increíble agilidad, destrozó a los animales sin recibir prácticamente daño.

 

Ángel Verde trataba de luchar con los cuatro tipos que le rodeaban a la vez pero,  a duras penas se defendía.

—Hay un tipo a tu espalda. Puedes lanzarle un sai a la cabeza. –dijo Apoyo Verde.

—Si se lo lanzo, me quedo sin un arma. –dijo Ángel Verde.

—Recuerda que tienes otra entre tus alas.

Ángel Verde lanzó el que tenía en su mano derecha. El sai  se clavó en la frente del tipo que estaba a su espalda y sacó el otro sai que tenía entre las alas. Contra tres le resultó  más fácil pelear. Cuando tuvo oportunidad trabó con su sai izquierdo el arma de uno de los tipos y le clavó varias veces su sai derecho en el estómago.

—¡No intentes el mismo movimiento con otro! –exclamó Apoyo Verde.

Ángel Verde trató de trabar el arma de otro más pero éste hizo un movimiento con lo que le desarmó.

—¡Te lo dije! ¡Tienes que hacer caso a tu Apoyo!

—¿Y ahora qué hago? –preguntó Ángel Verde mientras trataba de defenderse.

Apoyo Verde digitó varios comandos en su consola de la base.

—El cuello del tipo que está a tu izquierda parece débil. Con un fuerte golpe le arrancas la cabeza.

Ángel Verde lanzó un puñetazo con toda su fuerza a la cara del tipo a su izquierda.

—¡Increíble! –exclamó Ángel Verde al ver como la cabeza del tipo salía volando.

—¡No te descuides! El último trata de huir. Recuerda que no es humano.

El último estaba corriendo hacia la ventana. Ángel Verde voló a baja altura hacia él y lo rodeó con los brazos por la cintura. Puso sus pies en el suelo, y cerró los brazos con toda su fuerza. El tipo cayó al piso dividido en dos partes.

 

Ángel Blanco trataba de pelear con cuatro tipos a la vez.

—¡Debí practicar peleas masivas! –exclamó ella.

—Tú eres tan buena como Ángel Rojo. No te desconcentres. –dijo Apoyo Blanco.

—Sí pero…

—Sí pero ¿qué hermanita? ¿Por qué estás viendo el piso? ¿Te pusiste de rodillas? Veo que el suelo se acercó ¡¿Por qué tus signos vitales bajan?!

Uno de los tipos había atravesado de lado a lado a Ángel Blanco con su espada mientras ella hablaba con su hermano.

El tipo sacó su espada ensangrentada y ella cayó de rodillas mientras veía al piso. Sólo atinó a topar su abdomen con su mano derecha. Sintió que tenía un boquete en su cuerpo.

—¡Responde! Di algo ¡Voy a pedir que otro Ángel te apoye!

—No hace falta. Estoy bien.

—¡¿Cómo que estás bien?! –vio los medidores— ¡Tus signos vitales son normales!

Ella había sentido como el boquete en su abdomen se cerraba solo.

—Recuerda que puedo regenerarme –se puso de pie—. Malditos ¡Trataron de matarme!

Empezó a pelear presa de una furia guerrera haciendo gala de gran habilidad y destreza en el uso de las hachas de mano.

En poco tiempo los cuatro tipos fueron reducidos a pedazos.

 

Ángel Azul peleaba con cuatro tipos a la vez usando su katana la cual la empuñaba con ambas manos.

—¡No estás haciendo nada con una sola katana! ¡Apenas puedes defenderte! Usa dos katanas. –exclamó Apoyo Azul.

—¡Los samuráis no usan dos katanas!

—¡No eres un samurái! ¡Sólo vas a conseguir que te maten si sigues peleando con una katana!

—Está bien –separó sus brazos y empuñó su katana con la mano derecha—. Doble katana.

La segunda katana apareció en su mano izquierda.

Pudo atacar con una katana mientras se defendía con la otra. La katana que sostenía con su mano izquierda hacia las veces de un escudo con filo.

—¡Atrás tuyo! –exclamó Apoyo Azul.

Ángel Azul no tuvo tiempo para reaccionar.

—¡Te atravesaron!

—No te preocupes, estoy bien. –dijo Ángel Azul.

—¡¿Cómo que estás bien?! ¡Veo lo que tú ves y estoy viendo que te sale la hoja de una espada por el estómago! ¡¡¡¡Ay no!!!!

Apoyo Azul vio que otro de los tipos lazó un golpe con su espada dirigido al cuello de ella.

—¿Estás intangible? –preguntó Apoyo Azul al ver que la imagen no daba vueltas.

—Sí y voy a atacar.

Empezó a atacarlos con sus katanas pero éstas los atravesaban.

—¡Es un ángel con armas de ángel que no lastiman a nadie! –exclamó uno de los tipos en son de burla.

Ella chocó las hojas de sus armas y éstas mutuamente se atravesaron.

“Tengo que hacerlas sólidas mientras sigo intangible.” pensó Ángel Azul.

Las chocó nuevamente. Esa vez se tocaron.

Volvió a atacar. En pocos instantes destrozó a uno de los tipos.

Uno de los tipos se puso atrás de ella y le lanzó un golpe con su espada pero, ésta la atravesó como si estuviera hecha de aire.

Ella dio a vuelta a su katana derecha y se atravesó con ella. La hoja se insertó en el tipo que estaba a su espalda.

—¡No es justo! ¡Tú no eres sólida! –exclamó uno de los tipos.

—Lo que no es justo es lo que ustedes querían hacer con este país. –dijo ella y le rebanó la cabeza.

Al último lo cortó en cuatro partes haciendo un corte en “X” con sus dos katanas.

 

Ángel Rosa sólo podía esquivarse y gritar —: ¡Gran Yinyan, ayúdame! ¡Ayúdame! ¡Deja de volar y ven!

—¡¿No ves que estoy peleando con cuatro animales horribles?!

—¡Pero, pero…

En ese instante uno de los animales le saltaba encima a Yinyan quien apenas se esquivó.

—¡Sujeta tu arma con ambas manos y pelea! –gritó Apoyo Rosa.

—¡No me grites en los oídos!

Uno de los tipos se dio cuenta que estaba mal parada y la botó al piso. Él levantó su espada sobre su cabeza. Ella se veía perdida y cerró los ojos.

Al darse cuenta que no le pasó nada abrió los ojos y vio al cuerpo decapitado del hombre desplomarse al suelo.

—¿Qué pasó? –preguntó ella.

—Le volaron la cabeza al tipo.

—¿Quién hizo eso?

—El ninja que estira su mano para que te pares.

Ella miró a su derecha  y vio a un tipo vestido totalmente de negro con un tapabocas que le cubría hasta bajo la nariz y una máscara que le cubría desde la nuca hasta poco más debajo de los ojos. Ella sujetó la mano extendida de él y se levantó.

—¿Estás bien, mi bella Ángel de Luz? –preguntó él.

—S... sí. Gra… gracias ¿Quién er…?

Gritó al ver que el extraño lanzaba un golpe con su espada hacia ella y cerró los ojos.

Al darse cuenta que no le pasó nada los abrió y vio que la espada del extraño estaba incrustada en la cabeza de un tipo que estaba tras ella.

El extraño retiró la espada y el tipo cayó al piso.

—Me puedes llamar Máscara Negra ¿Podrás sola con dos tipos malos?

—Sí, sí.

—Mira a tu izquierda. Un tipo corre hacia ti.

Ella vio hacia el lado indicado y solo pudo levantar su arma para cubrirse la cabeza con ella. El tipo iba tan rápido que se precipitó sobre la cuchilla del  arma de Ángel Rosa y cayó al piso.

—¿Qué pasó? –preguntó ella.

—¡Mataste a un tipo malo! –exclamó Raúl— ¡Ponte pilas! Veo que un tipo está a tus espaldas.

Ella dio media vuelta y se puso en guardia.

—¡Un malo! ¿Qué hago?

—¡Pelea! Dale el golpe que te enseñó Ángel Rojo cuando te explicó cómo usar tu arma.

Ella se cubría con su arma hasta que cuando tuvo oportunidad blandió su arma de un lado para el otro de tal manera que la cuchilla pasó a través del cuello del tipo. La cabeza cayó al piso.

—¡¡Maté a alguien!!

—¡Mataste a un démon!

Ella empezó a mover su cabeza de un lado a otro.

—¡¿Por qué mueves la cabeza así?! ¡Me estás mareando!

—Estoy buscando a Mascara Negra.

—Él desapareció.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque lo vi.

—¿Por qué no lo vi?

—¡Porque tuviste cerrados los ojos durante la mitad de la pelea!

 

Cuatro tipos rodeaban a Ángel Amarillo manteniéndose a prudente distancia porque ella movía los filamentos incandescentes a su alrededor como si se tratara de un escudo giratorio color celeste brillante. Al mínimo descuido de dos de los  tipos, ella dejó de girar sus armas y las lanzó hacia ellos quienes cayeron partidos en dos pedazos.

Vio que un tipo se abalanzaba sobre ella y fijó su mente en él. De pronto él se detuvo y empezó a imitar los movimientos de ella.

—¡Lo estás controlando! –exclamó Apoyo Amarillo.

—Así parece.

Ella lo dirigió hacia un tipo y empezó a moverse. Los movimientos que ella hacía, el tipo al que controlaba los repetía. Ella atrás del tipo que controlaba se movía como si peleara con una espada.

Mientras peleaban, los tipos discutían.

—¡¿Por qué me estás atacando?!

—¡No lo sé! Ella me controla.

—Espero que te controle bien porque tendré que acabar contigo.

Al poco tiempo el tipo que era controlado por Ángel Amarillo hundía su espada en el estómago del otro.

Ángel Amarillo tenía sus brazos estirados simulando que sostenía el mango de una espada. Ella movió sus brazos hacia atrás y el tipo retiró su espada del cuerpo del otro. Ella movió sus manos y el tipo giró su espada y apuntó el filo de su arma a su estómago. Ella movió sus manos hacia su estómago y él tipo se atravesó.

 

Ángel Violeta se defendía usando sus guadañas hasta que sintió que había alguien atrás de sí y fijó su mente en quien estaba a su espalda.

—No voy a atacar a traición a Ángel Violeta. –dijo ella.

El tipo repitió las mismas palabras.

—Voy a ayudarle a pelear. Está en inferioridad de número.  –dijo ella.

El tipo dijo lo mismo y empezó a pelear lado a lado con ella.

—¡Lo estás controlando! –exclamó Apoyo Violeta al ver que uno de los tipos ayudaba a su amada en el combate.

—Creo que lo puse de mi lado.

Ella combatía contra un tipo y en un rápido movimiento le desgarró la garganta y el estómago.

—¡Tu aliado necesita ayuda!

Ella fue en auxilio de su aliado quien estaba peleando en desventaja contra dos tipos a la vez.

Cuando su aliado mató a su contrincante empezó a atacarla.

—Te sugiero usar tu nueva técnica. –dijo Apoyo Violeta.

—Sí, es mejor que estas armas sangrientas.

—No son sangrientas porque los tipos no derraman sangre.

—Es verdad pero no me gusta como desgarran.

Arrojó sus armas hacia los tipos quienes se esquivaron.

Ella se estiró totalmente, levantó sus brazos superponiendo sus manos y, abrió sus alas en toda su envergadura.

—Alas. –dijo ella y sobre el filo superior de sus alas como en el frente y parte posterior de las mismas aparecieron cuchillas tan largas como las alas.

Se agachó y puso su mentón sobre su pierna derecha.

—¿Qué esperan? Atáquenme. –dijo ella.

Los tipos que habían estado absortos viéndola, se lanzaron hacia ella quien empezó a girar. Al comienzo ellos pudieron esquivar las alas armadas saltándolas pero ella empezó a levantarse y a aumentar la velocidad del giro. Ellos empezaron a recibir golpes y cortes en sus cuerpos. Cuando se puso de nuevo de pie estirando sus brazos hacia arriba giraba tan rápido como un torbellino violeta.

Ella se detuvo y los tipos cayeron al suelo suelo con varios cortes en sus cuerpos.

 

Ángel Rojo peleaba contra tres tipos a la vez mientras el falso presidente veía la pelea a prudente distancia.

—¡Tú puedes, primo! –exclamó Apoyo Rojo.

—Gracias por tu confianza. –dijo Ángel Rojo.

Se movía muy rápido esquivándose y defendiéndose con su lanza. Pasó así algunos minutos.

—¡¿Por qué no los acabas de una buena vez?! –preguntó Apoyo Rojo.

—¿Cómo quieres que lo haga?

—¡Tú bien sabes cómo! ¡Deja de jugar!

Ángel Rojo desapareció, apareció a un costado de uno de los tipos, lo cortó con una de las dagas de su lanza, desapareció, apareció junto a otro, lo cortó, desapareció, apareció junto a otro y lo cortó.

Ellos estaban parados en fila. Clavó su lanza en el estómago de uno de los tipos y la empujó hasta atravesar a los tres.

Sacó su lanza de los cuerpos de los tipos y corrió hacia el presidente.

—¡El falso presidente es mío! –exclamó Ángel Rojo.

—Nadie te hizo caso –dijo Apoyo Rojo—. Todos están peleando.

—Tienes razón.

Ángel Rojo lanzó un ataque contra el falso presidente quien lo detuvo con su arma.

—Eres muy bueno, Rojo  –dijo el falso presidente—. Pero soy mejor que tú.

El falso presidente dirigió una estocada contra el estómago de Ángel Rojo quien desapareció. El falso presidente dio media vuelta y se puso en posición defensiva con la velocidad de la luz. Ángel Rojo apareció y atacó con su lanza pero su ataque fue repelido por el falso presidente.

—Pude aprender tus técnicas mientras peleabas con mis subordinados. Como puedes ver, soy muy rápido. –dijo el falso presidente.

—Necesitas mayor velocidad para pelear contra este tipo. –dijo Apoyo Rojo.

—Aguijones.

La lanza fue reemplazada por las armas que parecen mitades de lanza. Al ser armas más pequeñas y una para cada mano, el ataque de Ángel Rojo aumentó en velocidad. A pesar de eso el presidente aún podía defenderse.

—Si le bajas el hombro izquierdo, le vas a quitar mucha velocidad. –dijo Apoyo Rojo.

—Tengo una idea, sostente.

Ángel Rojo empezó a aparecer  y desaparecer adelante y detrás del tipo a gran velocidad. El falso presidente dejó de moverse.

—¡¿Te duplicaste?! –preguntó el falso presidente.

Ese era el momento que esperaba Ángel Rojo. Sin dejar de desaparecer y aparecer aguijoneó en la cabeza, espalda, estómago y piernas al falso presidente quien cayó al piso.

Cuando las peleas finalizaron las paredes volvieron a aparecer.

 

Los Ángeles de Luz devolvieron sus armas y, con Gran Yinyan se reunieron alrededor de Eduardo y Sofía.

—¡¿Cómo están?! —preguntó Ángel Rosa.

—¡¿No lo ves?! ¡Están semi transparentes! —respondió Ángel Azul.

—¡También están sufriendo! ¡No quiero que mueran!

—No creo que mueran. Tal vez la pistola del falso presidente pretendía enviarles al mundo de los espíritus. —explicó Ángel Amarillo.

—Para mí eso es matarlos. —comentó Ángel Verde.

—¿Podemos hacer algo para ayudarlos? —preguntó Ángel Rojo.

—¡Puedo interactuar con espíritus pero no curarlos! ¡Yo tampoco quiero que Eduardo y Sofía mueran pero me siento con las manos atadas! —exclamó Ángel Azul.

—Tal vez el maestro Yoshi pueda hacer algo. —comentó Ángel Violeta.

—Azul, ¿puedes enviarlos con tu bisabuelo? —preguntó Ángel Blanco.

Ángel Azul se arrodilló junto a Eduardo y preguntó —: ¿Ustedes consideran a la base como su casa?

—S… s… sí. —respondió Eduardo muy dolorosamente.

Ella se puso de pie, colocó las puntas de sus dedos en la frente, dijo —: ¡Espíritus del bien, vuelvan a casa! ¡Espíritus del bien, vuelvan a casa! ¡Espíritus del bien, vuelvan a casa!   —estiró sus manos hacia Eduardo y Sofía— ¡Ahora!

Eduardo y Sofía desaparecieron.

Angel Azul tocó algunas veces la pantalla de su comunicador.

—Sakura, por favor, lleva  a bisabuelo a la base ¡Atacaron a Eduardo y Sofía! ¡Es posible que no los volvamos a ver!

—En este momento vamos.

Ángel Azul tocó la pantalla de su comunicador y dijo —: Mi bisabuelo ya va a la base.

—Estoy seguro que él podrá curar a Eduardo y Sofía. —dijo Gran Yinyan.

—¿Están seguros que matamos démons? –preguntó Ángel Rosa.

—¡Qué pregunta es esa! Ninguno sangró cuando los cortamos. –comentó Ángel Azul.

—Además, mira a tu alrededor. Todos se convirtieron en ceniza. –dijo Ángel Amarillo.

En efecto, en lugar de los cuerpos de los tipos había montículos de ceniza.

—Ahora debemos averiguar dónde está el verdadero presidente Santana. –dijo Ángel Rojo.

Se escucharon golpes en la puerta.

—¡Abran la puerta! ¿Señor presidente está usted bien? –alguien preguntó desde afuera del despacho.

Parecía que la puerta en cualquier momento iba a ceder.

—¡No podemos permitir que entren sin tener al presidente! –exclamó Ángel Rojo –Blanca, Verde, atranquen la puerta.

Los dos Ángeles se pusieron de espaldas contra la puerta y la empujaban con toda sus fuerzas.

—¿Alguna idea de dónde buscar? –preguntó Ángel Rojo.

—Debe estar en algún lugar de esta casa –opinó Ángel Amarillo—. Tal vez esté en alguna habitación o salón que Eduardo y Sofía no vieron.

—Pero debemos averiguarlo lo más pronto posible.

—Podemos usar el sistema de rastreo satelital. –opinó Gran Yinyan.

—¿Rastreo satelital? ¿Yo diseñe algo así alguna vez?

—Sí, Ángel Amarillo. Creo que Eduardo se basó en tu idea para diseñar el Rastreo Satelital. Deben trabajar en línea tres consolas. Los  Apoyos deben  dar clic en el ícono de ayuda para aprender cómo usarlo. –respondió Gran Yinyan.

Ángel Rojo apretó un par de veces la pantalla de su comunicador y dijo —: Apoyos Verde, Blanco, y Violeta, por favor den clic en el ícono de ayuda para que aprendan a usar el Sistema de Rastreo Satelital. Debemos buscar al presidente Santana en este edificio.

—Enterado. –dijeron los tres.

 

Pasaron quince minutos.

—Hemos localizado al presidente Santana. –dijo Apoyo Blanco.

—Al fin. Esta puerta está a punto de ceder. –dijo Ángel Verde.

Mateo estaba usando transmisión en broadcast.

—Está en una celda exactamente a cuatro pisos más abajo, en el segundo subsuelo.

—¿Estás seguro? –preguntó Ángel Azul.

—Lo estamos viendo en nuestros monitores. –respondió Apoyo Violeta.

En las pantallas había imágenes en las que se veía al presidente Santana dentro de una especie de celda.

—Azul, encárgate. –ordenó Ángel Rojo.

Ángel Azul atravesó el suelo.

Ella atravesó en caída libre el suelo de cada piso hasta que llegó al piso en donde estaba el presidente Santana y se dio un suelazo.

—Debo… debo aprender a caer con suavidad cuando soy intangible. –dijo ella mientras se levantaba adolorida.

—¿Quién está ahí? –dijo una voz.

Ángel Azul corrió hacia una puerta cerrada.

—¿Presidente Santana?

—Sí, soy yo ¿Quién eres? Tú voz no se parece a la de los tipos que nos metieron en este cuarto.

—Soy un Ángel de Luz.

—¿Ángel de Luz?

—Sí, soy Ángel Azul ¿Con cuántas personas está usted?

—Me encuentro con siete de mis ministros.

—Voy a ver la manera de sacarlos de aquí.

Empezó a recorrer con la mirada la puerta.

—¿Qué puedes decirme de esta puerta, Apoyo Azul?

Nicolás apretó algunas teclas en su consola para cambiar la vista que le ofrecía las cámaras de Ángel Azul.

—Tiene dos picaportes que se incrustan en el techo y en el suelo, también veo que tiene una especie de viga transversal que se incrusta en el marco de la puerta.

—¿Dónde están las seguridades?

—¿Ves la cerradura?

—Sí.

—Los picaportes están unidos a dos fierros que salen arriba y debajo de la cerradura y, la viga está al nivel de la cerradura.

—¿Cómo los saco? ¿Cómo los saco? –se preguntó ella varias veces.

Pocos minutos después dijo —: Katana.

—¿Quieres cortar la puerta? Es muy gruesa.

—Katana.

Una katana apareció en la mano derecha de ella.

—La puerta tiene un grosor de cincuenta centímetros. La parte más dura es la viga transversal que es un bloque macizo de acero de 30 cm de grosor.

—¡¿Era que me digas eso?!

—¿Estás hablando conmigo?

—No, presidente Santana.

—¿Estás acompañada?

—Físicamente no.

—¿Tienes apoyo remoto?

—Sí.

—¿Eres una especie de comando?

—Algo así.

—¡Ya sé que puedes hacer!

—Te escucho, Apoyo Azul. –dijo Ángel Azul.

—Tú puedes meter tus manos en la puerta, sujetas la viga…

—¡Y la saco haciéndola intangible! ¡Eres un genio!

—Gracias, pero ten cuidado. Es muy pesada.

—Pero necesito que me guíes.

Siguiendo las indicaciones de su Apoyo, Ángel Azul hizo intangible a la viga y la sacó de la puerta.

—¡Sí que es gruesa la viga! –exclamó Ángel Azul.

A unos pasos de la puerta se agachó para dejar la viga en el suelo.

—Ahora sí, puedes cortar la puerta.

—Señor presidente. –dijo ella—. Por favor, usted y sus ministros péguense lo más que puedan a la pared del fondo que voy a cortar la puerta.

Pocos instantes después.

—Adelante, puedes hacerlo.

Ángel Azul sujetó la katana con ambas manos, saltó y cortó la puerta de arriba a abajo justo a la derecha de la cerradura. Dio unos pasos a la derecha y realizó otro corte vertical justo a la izquierda de las bisagras. Con eso la pesada puerta se le fue encima.

—No sólo eres un Ángel porque brillas, tienes alas y estás parada a través de la puerta. Eres un Ángel por sacarnos de aquí –dijo el presidente Santana luego que finalizó el estruendo que ocasionó la puerta al darse contra el suelo—. Muchas gracias.

—Señor presidente, no sólo fui yo. Mis amigos necesitan que vaya a su despacho.

El presidente, los ministros y  Ángel Azul corrieron hacia el Despacho Presidencial.

—¡¿Qué está pasando aquí?! –dijo el presidente Santana al ver que un piquete militar trataba de derribar la puerta del despacho.

—Se… señor presidente. Pensamos que un grupo de seres como esa cosa alada que está a su lado lo tenían de rehén en su despacho. –dijo el hombre a cargo del grupo militar.

—¡Este Ángel y sus amigos nos rescataron! Sus amigos deben estar adentro.

—Sí, lo están. Nosotros peleamos contra los démons que los secuestraron. —dijo Ángel Azul.

—¡¿Démons?! ¿Así se llaman las criaturas que nos encerraron en esa celda? –preguntó un ministro.

—Sí. Señor presidente, ¿mis amigos pueden salir?

—Sí, Ángel Azul –el presidente dirigió su atención al grupo de militares— ¡Retírense!

Los militares obedecieron.

—¡Muchachos, ya pueden salir! El presidente Santana está conmigo. –gritó Ángel Azul.

La puerta del despacho se abrió y salieron los demás Ángeles de Luz y Gran Yinyan.

—¡Válgame Dios! ¡Son siete Ángeles de Luz! –el presidente vio al enorme gato gris— ¿Tú eres Yinyan, el enorme gato gris que estaba con los Light Troopers que vivían en Ecuador?

—No, soy la versión mejorada. Puedo volar y soy más grande. Mi nombre es Gran Yinyan.

Ángel Azul estiró su mano izquierda hacia Ángel Rojo y dijo —: Le presento a nuestro líder, Ángel Rojo.

—Muchas gracias, Ángel Rojo, por traer a tu equipo para rescatarnos. —dijo el presidente Santana.

—De nada, señor presidente.

Ambos estrecharon las manos.

—¿Puede don Manuel estar tranquilo? –preguntó Ángel Violeta.

—¿Por qué preguntas eso?

Ella explicó lo que había pasado últimamente.

—¡No puede ser! ¡Monstruos desgraciados! ¡Yo di mi palabra a don Manuel que lo dejaría en paz si hacia todo lo que le pedí! ¡Él cumplió! ¡Debo cumplir mi parte!

—¿Las relaciones diplomáticas con Ecuador se normalizarán?

—Sí, Ángel Amarillo. Tengo en muy alta estima al doctor Raúl Cárdenas. Le pediré que me reciba para pedirle disculpas.

—Lo podrá hacer en la sede de la OEA, señor presidente –dijo un secretario—. El presidente de Ecuador convocó a una reunión de emergencia.

—Tengo que asumir la culpa y pedir disculpas al mundo por las acciones de los monstruos que usaron mi imagen para hacer el mal ¡Nadie me va a creer que un engendro demoniaco me suplantó!

—Señor presidente, nos despedimos. –dijo Ángel Rojo.

—De nuevo gracias, Ángeles de Luz.

Los ocho salieron de Casa de Nariño y volaron con rumbo hacia Quito.

 

Después de media hora de vuelo.

—¿Qué te ocurre, Ángel Rosa, estás muy callada? –preguntó Gran Yinyan– Todos están hablando del éxito en nuestra primera pelea contra la fuerza maligna, sea cual sea ésta.

—¡No me parece justo!

—¿Qué no te parece justo?

—¡Todos tienen poderes súper especiales para pelear menos yo! Rojo se teletransporta, Violeta influye en los enemigos, Amarillo controla a los enemigos como si fueran títeres, Azul  se hace intangible, Blanco se cura las heridas y, Verde es increíblemente fuerte.

—¡Pero tú tienes un defensor! ¡Yo vi al tipo que evitó que te cortaran la cabeza! –exclamó Ángel Azul.

—Tienes razón ¿Verdad que es lindo?

—¡Recuerda que tu novio te espera en casa! Tal vez no sepa en donde te metiste.

—Tienes razón, Ángel Blanco. Lo siento.

—El tipo ese, ¿cómo se llama? –preguntó Ángel Violeta.

—Se llama Máscara Negra.

—Mejor le queda Ninja Fantasma porque se desvaneció en el aire. —opinó Ángel Amarillo.

—Estoy de acuerdo contigo. —comentó Ángel Verde.

—Violeta, ¿tu nueva técnica tiene nombre? –preguntó Ángel Rojo.

—No.

—¡Pongámosle uno! –exclamó Apoyo Verde.

—¡No se les ocurra ponerle Golpe de Ala! –dijo Apoyo Violeta— Cuando se lo sugerí a Mina, por poco me pega.

Todos rieron.

—Se me ocurre que podrías llamar a tu técnica “Danza Mortal Alada”. –opinó Ángel Rojo.

—¡Le queda bien el nombre! Porque parecías bailarina de ballet. –dijo Ángel Rosa.

—Entonces, mi técnica se llamará Danza Mortal Alada.

—¿De dónde salieron las cuchillas de tus alas? –preguntó Apoyo Azul.

—Argos me las dio porque no puedo usar dos armas blancas a la vez. Todos, a excepción de mí, pueden.

—Me parece bien. –dijo Apoyo Amarillo.

—Gran Yinyan, ¿por qué no nos hicieron nada las balas pero sí nos podían lastimar las armas de los enemigos? –preguntó Ángel Amarillo.

—Las armas de los enemigos eran especiales. Fueron creadas para pelear contra los Light Troopers.

—¿No se supone que somos más poderosos que los Light Troopers? –preguntó Ángel Verde.

—Si no lo fueran, estarían muertos. Los démons estaban preparados para aniquilar a los Light Troopers sin dales oportunidad a nada.

—Lo que sabemos de nuestros enemigos es que son realmente poderosos. –opinó Ángel Blanco.

—Tan poderosos que pudieron ver, e incluso lastimar, a Eduardo y Sofía. —comentó Ángel Rojo.

—Vamos va ver cómo están ellos. —dijo Ángel Amarillo.

—¡Vámos! —exclamó Ángel Rojo y los ocho empezaron a volar más rápido.

 

En media hora los siete Ángeles de Luz y Gran Yinyan entraban al cuarto inteligente y volvían a la normalidad.

—¡¿Dónde están Eduardo y Sofía?! —preguntó Katherine mientras movía la cabeza de un lado para el otro.

—Aquí estamos. —dijo Eduardo.

Katherine los vio “sentados” a la mesa de reuniones, en compañía del maestro Yoshi, Kayta, Sakura y, Narcisa.

Katherine corrió hacia Eduardo y Sofía e, intentó abrazarlos sin éxito.

—Estamos bien pero, aún somos “fantasmas”. —dijo Sofía con una sonrisa de alivio en su rostro.

—Veo que ya no están semi trasparentes.

—Así es, Andrés —dijo Eduardo—. El maestro Yoshi nos curó.

—De nuevo, gracias, maestro Yoshi.

—No tenel que agladecel, Sofía. Tú y tu helmano sel palte de este glupo.

—¿Por qué pudieron lastimarlos? —preguntó Camilo.

—Como ustedes saben, mi hermana y yo somos espíritus. Todos los que pueden entrar a esta base nos ven y oyen porque la sacerdotisa Clarity nos dotó de un poder especial para interactuar con ustedes.

—Tenemos un “cuerpo” que puede ser “percibido” por ustedes.

—De alguna manera el falso presidente de Colombia podía vernos sin que nosotros queramos.

—Él lo dijo. Fue preparado para ver espírtus —recordó Diana—. Verlos a ustedes debió resultarle fácil.

—Creemos que para separarnos de ustedes, la pistola del falso presidente de Colombia inhabilitaba nuestro poder especial —contó Eduardo—. Tal vez pensaron que si nos alejaban de ustedes, ustedes perdían sus poderes.

—Sentíamos dolor porque luchábamos para evitar que nos alejen de ustedes. —contó Sofía.

—Debe haber una manera de defenderse de esa arma.  —opinó Andrés.

—Tal vez una especie de armadura o traje especial nos protegería de esa arma  —opinó Eduardo—, pero no tengo idea de como diseñarla.

—Tampoco yo. —dijo Sofía.

—Yo puedo diseñarla si Mina y Abigail me ayudan. —dijo Diana.

—Cuenta conmigo. —manifestó Mina.

—Y también conmigo. —manifestó Abigail.

—Gracias chicas. —dijeron Eduardo y Sofía.

 

Al finalizar el noticiero de la noche sonó el comunicador de Andrés mientras estaba con su madre en el cuarto de ella.

—¿Por qué suena tu reloj? –preguntó su madre.

—Porque tengo que llamar a Mina. –dijo y corrió hacia el estudio.

Akane alcanzó a escabullirse antes que él cierre la puerta.

Él apretó la tecla “R” que se veía en la pantalla de su comunicador.

—Hola linda ¿Qué te cuentas? –dijo al ver el rostro de Mina en su comunicador.

—¿Viste el noticiero?

—Le faltó poco al presidente Santana para declararse loco al asumir en la reunión de la OEA la culpa de todo lo que habían hecho los démons.

—Pidió disculpas al presidente de Ecuador pero ¡el doctor Cárdenas cómo lo miraba mientras estrechaban manos!

—Si los ojos del doctor podrían matar, el presidente Santana estaría muerto.

—Tienes razón. Ojalá los démons nos dejen descansar un poco. Cambiando de tema, a la selección le está yendo bien en eliminatorias.

—¿A cual selección?

—¡A la de Ecuador! Ganó sus dos primeros partidos.

—Tienes razón. Ganó de local y de visitante. Ganó de visitante a Argentina.

—Esperemos que la selección de Ecuador gane los dos partidos que juega este mes para que termine invicto el año. Nos vemos, amorcito.

—Nos vemos, lindura.

Al cerrar la llamada, Andrés se dio cuenta que Akane lo veía con la cabeza ladeada. Ella se ponía así cuando no entendía algo.

Él se agachó y le acarició la cabeza.

—No estoy loco, bonita. Estaba hablando con Mina por mi comunicador –le mostro el reloj rojo que tenía en su muñeca derecha—. Este es mi comunicador ¿Guardas el secreto?

Ella lo lamió en la cara a manera de respuesta.

 

Llegó el cinco de diciembre, víspera de las fiestas de Quito, y Andrés llamó Abigail con su comunicador.

—Hola Andrés, ¿qué hay? –dijo Abigail.

—Me gustaría que veamos el partido de vuelta de la final de la Copa Pichincha en tu enorme monitor HD que está en lo que era tu teatro. Yo compro el partido a tu proveedor de TV Cable.

—¿No te vas al estadio?

—¡No quiero dar mi dinero al Deportivo Quito!

—¡¿Quiénes piensan así?! ¿Mina también piensa así?

—Tal vez mi familia.

El ganador de la segunda fase del torneo nacional de fútbol y segundo finalista fue el Deportivo Quito. Como Liga Deportiva Universitaria dedicó todo lo mejor que tenía para ganar su segunda copa sudamericana quedó de ultimo. Eso provocó que el partido de ida sea en Casa Blanca y el de vuelta en el Estadio Atahualpa en donde el Deportivo Quito hace de local.

Al partido de ida Andrés asistió con toda su familia en compañía de Lorena, Mina y, Rafael. Salieron muy contentos de ese partido porque Liga gano 3 a 1 al Deportivo Quito.

—¿Quiénes vendrían a ver el partido en mi televisión?

—Todos.

—¡¿Quiénes son todos?!

—El Equipo Especial de Inteligencia y los Ángeles de Luz.

—¿Con el mayor Rodríguez?

—Sí pero, él ha de ser hincha del Espoli.

—Está bien. Los espero.

 

Al día siguiente todos entraron en el salón y vieron una enorme pancarta pegada en una de las paredes. En la pancarta se veía el escudo del Deportivo Quito con la palabra Bicampeón en su base. Del escudo salían globitos (que daban a entender que el escudo pensaba) hacia una frase metida en una nube que decía: “Mi mujer es campeón de la Libertadores, una vez, Sudamericana, dos veces y, Recopa, dos veces ¿¿¿¿Y qué????” En el extremo inferior de la pancarta se leía: “Reacciona Ecuador, el machismo es violencia”. La U de la palabra mujer era el último escudo de Liga Deportiva Universitaria en el cual se podía ver sus cinco estrellas doradas.

Andrés se lo quedó viendo fijamente.

Mina se le acercó y dijo —: Trata de controlarte.

—¡No te metas en mi mente! –murmuró él.

—No hace falta meterme en tu mente para darme cuenta que te estás enojando mucho.

Abigail se reunió con ellos.

—¿Qué les parece la pancarta? –preguntó ella.

—Está bonita –respondió Mina— ¿De dónde la sacaste?

—Del internet. Nico y mis primas me ayudaron a dibujarla en una tela. Andrés, ¿sabes que si mi Quito le gana 2 a 0 a tu Liga, es el campeón de este año?

—Sí, lo sé. Con esos dos goles igualan la serie pero metieron un gol de visitante en Casa Blanca.

—Me alegra que lo sepas ¿Quieres apostar?

—¡No apuesto con los del Quito!

—Como quieras.

Abigail fue a sentarse.

—Primo, ¿Abigail no es un démon o está poseída?

—¿Por qué lo preguntas, Alejandro?

—Porque es hincha del chiQuito.

Mina se rió.

—Muchachos, vamos a sentarnos que ya mismo comienza el partido.

Se sentaron y al poco rato comenzó la transmisión.

 

Finalizó el primer tiempo y Liga perdía 2 a 0.

—Marido tiene, ¿no es verdad, Andrés? –dijo Abigail.

—¡¿Perdón?!

—¡Qué bueno que no apostaste con mi prima! –exclamó Sakura— Estarías perdiendo.

Alejandro estaba llorando.

—¡No llores! –exclamó enojado Andrés.

—¡¿Cómo quieres que no llore?! ¡¡El Quito nos va a ganar!!

Antes que Andrés diga una babosada, Mina le puso una mano sobre su hombro derecho. Él se estremeció como si lo electrocutaran y se apartó.

—Cuéntame cómo te va yendo en las clases. –dijo ella.

—Más o menos.

—¿Cómo que más o menos?

—Mi máxima nota es 6 y la mínima es 2.

—¡¿Tan mal estás?!

—Sí. No pude evitar deprimirme luego que Lorena me dejó –se puso de pie—. Voy al baño.

Mina se puso de pie y fue hacia Lorena.

—¿Andrés está enojado porque Liga está perdiendo? –preguntó Lorena.

—Sí. Le hace falta un abrazo y un beso de amor.

—No creo que se deje. Me di cuenta como te rechazó.

—A ti te ama.

—A ti también.

—Claro. Me ama como si fuera su hermana mayor. A ti te ama como un hombre ama a su mujer.

—A pesar de eso, no me le acerco en estos momentos.

 

Los equipos saltaron a la cancha y todos se sentaron de nuevo.

Al minuto quince, Liga metía un gol.

—¡Ganamos, ganamos! –exclamaba Andrés totalmente fuera de sí.

Al minuto treinta, en un sorpresivo y rápido contragolpe El Quito metió otro gol.

—¿Qué decías, Andrés? ¿Qué ustedes son campeones? –preguntó Abigail.

Él la miró con gesto de pocos amigos.

En el tiempo de recuperación, cuando toda la hinchada de Liga, incluidos Andrés y Alejandro, habían perdido la esperanza, Liga metió un gol.

—¡Ganamos, ganamos, somos los campeones, somos los mejores, somos los mejores! –exclamó Andrés— Una huevada de equipo como el chiQuito no puede ser el marido de la Liga –caminó hacia Abigail ebrio de resentimiento— ¡Admite que Liga es mucho mejor que el Quito! ¡¡¡¡¡Admítelo!!!!!

Nicolás trató de levantarse pero el mayor Rodríguez lo detuvo diciendo —: Tranquilo, Mina está con él.

—Admítelo, admítelo. –no dejaba Andrés de repetir.

—¡Está bien, está bien! –dijo enfurecida Abigail — Liga es mucho mejor que el Quito ¡¿Ya estás feliz?! –se puso de pie y salió de la sala llevándose consigo su pancarta.

—¡Esta es la primera vez que te veo actuar como un perfecto idiota! –grito Mina— ¡Busca a Abigail y discúlpate con ella!

Él, sin chistar,  salió de la sala.

—Ni a mi tía obedece de esa manera. —comentó Alejandro.

—Tu plimo sel muy apasionado pol Liga –dijo el maestro Yoshi—. Malo sel así, muy malo.

—Cuando éramos compañeros de curso, Andrés no demostró ser hincha de algún equipo. Es más, ¡me dio la impresión que no le gustaban los deportes! –dijo Katya— ¿Desde cuándo se hizo tan fanático de Liga?

—Según la biografía de mi primo, luego de enterarse que Mina es hincha de la Liga, él se hizo hincha de la Liga. Luego descubrió que mi abuelo y mi tía eran hinchas de Liga. –contó Alejandro.

—¡¿Tu primo tiene una biografía?!

—Sí Katya. Desde que Mina recuperó los poderes de V Trooper ¿Tú sabes que ella fue V Trooper en Cali?

—Sí, lo sé ¿Podría leer esa biografía? Me imagino que contiene todas las aventuras de los Light Troopers.

—Tengo los archivos en mi computadora, te los mando por correo electrónico.

—Gracias Alex. –dijo Katya y le dictó su email.

—Mina, como eres la persona que tiene más influencia en Andrés, te sugiero que veas la manera de que él controle sus apasionamientos deportivos que son propios de las barras bravas de los equipos. Tú debes conocer los desmanes que ha provocado la barra brava de tu equipo. —dijo Eduardo.

—Tienes razón, voy a ver la manera de que él controle sus apasionamientos deportivos.

—¡Parece que nisiquiera le importa a Andrés que la selección de su país está puntera en las eliminatorias al mundial! —exclamó Sofía en son de broma.

—El técnico uruguayo que tiene nuestra selección no sólo logró que el equipo esté en la punta de las eliminatorias, logró que esté invicto ganando en sus casas a los grandes del fútbol mundial: Argentina y Brasil. —dijo Katherine.

—Katy, ¡¿sabes de fútbol?! —exclamó Mina con una sonrisa en los labios.

—Algo. —respondió Katherine y sonrió.

 

Andrés encontró a Abigail en el mirador viendo hacia el valle.

—Biga, yo…

—¿Sabes por qué soy hincha del Quito? –ella dio media vuelta— Porque me identifiqué con sus hinchas que tienen un corazón para vivir y otro para sufrir –ella tenía los ojos hinchados y la nariz húmeda—. Cuando mis padres murieron, mi bisabuelo y yo no teníamos idea de cómo sacar adelante este Museo ¡Ni siquiera sabíamos cómo pagar a los empleados! A pesar que mi madre sólo aprobó el ciclo básico, fue una genio financiera que hizo crecer a este negocio ¡No te imaginas cuanto tuvimos que luchar, cuanto tuvimos que sufrir, para no quebrar! Por eso soy hincha del Quito, y como todo hincha del Quito me gusta joder a los de la Liga ¡Es parte de la diversión fregar a los de la Liga! Esto –mostró la pancarta— es parte de eso. Lamentablemente algunos hinchas de Liga, entre ellos tú, se toman el asunto como si fuera algo personal ¡Yo te quiero, rayos! Bueno, no te quiero como te quieren Lorena, Katy o Mina o te quiso Guadalupe pero, te quiero. Con esta pancarta no traté de insultarte, ¡no quise decirte maricón! Sólo quise poner diversión al partido, ponerle esa pimienta que siempre debe tener el partido Liga - Quito. Mina también es hincha de Liga y no reaccionó mal como tú. Ella lo entendió.

Él la abrazó y no pudo evitar unirse en llanto a ella.

 

Todos habían sido espectadores de aquella conversación.

—Ojalá que con esas lágrimas Andrés logre sacar todo lo que lo lastima por dentro. –dijo Mina.

—¿Qué lo lastima por dentro? –preguntó Lorena.

—¡¡¡Tú bien sabes que lo lastima por dentro!!!

—¿Qué le hiciste Lorena? ¿Terminaste con él? –preguntó Guadalupe.

—No.

—No, precisamente.

—¿Puedes explicarte, Mina?

Ella resumió la conversación que tuvo con Andrés en el aula de Politécnica.

—¡¡¡¡Aún no te convences que no quiero nada con Andrés!!!! ¡¡¡¡¡Eres una gran bestia!!!!

—Señoritas, señoritas, no peleen. No interrumpan el momento que están pasando Andrés y Abigail. –pidió Rafael.

—Si él me busca, ¿qué vas a hacer si llego a aceptarlo? –dijo Guadalupe.

—Hacerme a un lado ¿Qué más puedo hacer? Él es el padre de tu hijo. –respondió Lorena.

—¡¡¡Hay que ser buenos pero no estúpidos!!!!

—¡¡¡Soledad!!!

—Me callo, Mina, me callo.

—Guadalupe, eres una buena mujer, en todos los sentidos –dijo Katya—. Tú y Andrés harían una muy linda pareja. Tú fácilmente harías que se olvide de quien tanto lo ha lastimado.

Katya regresó a ver a Lorena.

Lorena sintió el golpe y se fue sin despedirse.

 

Pocos días después, en el último día de clases del año, el grupo de amigos de la poli realizó un baile en el departamento de Andrés al cual se invitó a Mina, Guadalupe, Katya (a Guadalupe y Katya para que se amiguen con Lorena), Pedro y Mateo. Eduardo y Sofía también estaban presentes pero sólo eran percibidos por los chicos que eran Ángeles de Luz,  por lo que formaban el Equipo Especial de Inteligencia y, extrañamente por Akane. Como el grupo de amigos, con Mina, Katya y Guadalupe tenía 10 chicas (Mina, Lorena, Diana, Soledad, Inés, Sandra, Adriana, Guadalupe, Katya y, Rosa) y con Mateo y Pedro 8 chicos (Andrés, Camilo, Julio, Danny, Carlos, Mateo, Pedro y, Patricio) dos chicas iban a descansar y conversar mientras las demás bailaban con los chicos. Algunos momentos se les iban a unir Pedro y Katya por el estado de ella.

 

Dos horas después de haber comenzado el baile, el cual inició a las 15:00 y debía terminar a las 21:00, de acuerdo al permiso de la señora Milagros, Mina y Lorena estaban sentadas conversando.

—Akane es una perrita muy bonita pero, ha sido muy tímida. Apenas se dio cuenta que Andrés no estaba solo al momento de que llegamos, dejó de correr como loca y se metió en el cuarto de la señora Milagros. –dijo Mina.

—¿Es la primera vez que la ves?

—Sí. Me imagino que tú ya la has visto varias veces.

Lorena se sonrojó.

—Tranquila, Lore. Yo también conozco a las mascotas de Rafael por las mismas razones.

—¿Te gustaría que Akane te conozca? Es muy linda contigo cuando te conoce.

—Bueno.

Lorena llamó a Andrés, quien había estado bailando con Inés, para pedirle que traiga a Akane.

Andrés fue al cuarto de su madre. Al poco rato dejó a Akane en brazos de Lorena y siguió bailando con Inés.

Lorena hizo que Akane conozca a Mina.

 

Al ver como Mina jugaba con Akane, las chicas decidieron que un chico se siente mientras, una a una, eran conocidas por Akane y empezaban a jugar con ella. Lorena se dio cuenta que Akane percibía a Eduardo y Sofía por lo que se dio modos para que, disimuladamente, Sofía se haga amiga de Akane.

Cuando Akane conoció a todas, Inés bajó el volumen de la música y dijo —: Muchachos, ya han bailado mucho tiempo. Es mejor que descansen.

Las diez chicas empezaron a jugar con la perrita.

—Me gustaría que la perrita se haga amiga mía —dijo Eduardo—.  Se nota que es una perrita muy inteligente.

—Ya les ha de tocar el turno a los chicos —dijo Sofía—. Es verdad. Ella es muy inteligente.

“¿Ella será un animal de Reino de Luz tal como lo son Argos y Ágata?” pensó Sofía.

“No creo que Akane pueda hablar.” pensó Eduardo.

 

Al escuchar risas de chicas en vez de música y ver cómo Akane salía  y entraba de su cuarto, la señora Milagros salió a la sala y vio a las diez chicas de cuclillas en el piso.

Lorena se paró al verla y dijo con una sonrisa —: Estamos jugando con Akane. Es muy bonita.

—Así veo, Lore, así veo ¿Y los chicos?

—Están sentados descansando.

—¿Y ellos no quieren jugar con Akane?

—Yo sí quiero. –dijo Danny.

—Yo también. –dijo Patricio.

—¡Eran que hablen! –dijo Andrés y empezó a presentar los chicos, uno a uno, a Akane tal como lo había hecho Lorena con las chicas. También se dio modos para que Eduardo se haga amigo de Akane.

Cuando todos eran conocidos por Akane, ella se convirtió en el alma de la fiesta ya que todos jugaban con ella.

La señora Milagros observaba divertida como todos jugaban con su mascota.

 

Cuando se cansaron de jugar con la perrita hicieron que suene la música otra vez.

La señora Milagros quiso irse a su habitación pero, las chicas que iban a estar sentadas hicieron que las acompañe.

Al darse cuenta que ya no era el centro de atención, Akane empezó a bailar. Se paró en sus patas traseras y empezó a dar saltitos y dar vueltas.

Al final de la fiesta, todos, incluida la señora Milagros que había bailado con su hijo y Camilo, se divirtieron.

Al fin Julio pudo bailar con Lorena pero al fin se dio cuenta que no tenía oportunidad con ella porque aún ella amaba a Andrés a pesar de que ellos ya no eran pareja. Por más que intentó llamar la atención de Guadalupe no lo consiguió.

“Tal vez no me hace caso porque es madre soltera.” llegó a pensar.

 

Pocos días después el año finalizaba.

Andrés desde el balcón de su departamento veía con tristeza los fuegos artificiales.

“Al menos Ecuador es puntero en las eliminatorias.”

 

Los chicos que eran Ángeles de Luz habían comenzado ese año con lagunas en sus mentes, por ejemplo, Andrés no entendía cómo había ganado un poco de masa muscular sin hacer ejercicio pero era feliz porque amaba a la mujer que le parecía la creada para él, y lo finalizaban con todos sus recuerdos recuperados.

 

Todos pagaron de una manera u otra el precio de aquellos recuerdos pero, quien pagó el mayor precio fue Andrés ya que terminaba el año triste y solo. 

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