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Sueños de Piloto

Sueños de Piloto

08-06-2014

Aventuras novela

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La soledad de un hombre en un entorno desconocido, La carga de un piloto de caza y su afán por la perfección. La vida de un novato en la primera guerra mundial. La superación, el compañerismo, la entrega, el sacrificio.

Tres historias con un nexo común basadas en los mismos valores y princípios.

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

Aun puedo notar mi respiración. A pesar de esa opresión en el pecho, puedo respirar con normalidad y sin gran esfuerzo. Es una buena señal. No siento dolor de ningún tipo pero me da miedo mirar mi cuerpo por si encuentro algo preocupante. No sé donde estoy realmente, pero incluso con los ojos cerrados noto la gran luminosidad de la estancia. No escucho nada a mí alrededor, pero puedo oír el ruido que hago cuando me muevo ligeramente, tampoco me preocupa esto por ahora, aunque me gustaría saber dónde diablos estoy.

Abro los ojos lentamente inclinando la cabeza hacia un lado para que la luz no me ciegue. Ahora sí que estoy desorientado y confuso. Solo veo una gran estancia vacía. Tan solo lo que parece mi cama y yo. El color verde de las paredes parece impoluto con esta iluminación y me incomoda bastante. Aunque esto tiene pinta de hospital, no tengo ninguna maquina a mi alrededor.  Tampoco hay ventanas. Solo una puerta metálica enfrente de mí y parece que es el único acceso. Supongo que por eso hay tanta luz artificial. Este sitio es muy raro y no me gusta nada. Debo salir de aquí cuanto antes. Intento incorporarme y sigo sin notar ningún dolor, tan solo esa opresión en el pecho que me incomoda. Me miro. Observo mi cuerpo detenidamente intentando descubrir porque demonios puedo estar aquí, en cama y encerrado en este lugar. Estoy vestido con ropa de calle y eso hace que me sienta aun mas perdido. Parece que estoy bien, así que lo mejor es que me levante e intente andar.  No sé cuánto tiempo llevo aquí, pero sé que ha llegado el momento de irme. Mis piernas son muy pesadas y me muevo con torpeza, he debido estar en esa cama más tiempo del que imagino. Tras los primeros pasos empiezo a tener más soltura y camino sin problemas. La puerta está cerca, llegaré sin dificultad.  Mientras me dirijo hacia ella, intento buscar visualmente alguna hendidura en las paredes o el techo, tanto vacio me hace pensar que estoy siendo observado por alguien o algo y debo cuidar mis pasos. No sé qué hay detrás de la puerta, pero quiero estar preparado por si acaso necesito reaccionar rápido. Noto mi cuerpo cansado, la opresión del pecho, aun no siendo dolorosa, empieza a molestarme bastante. La intriga de lo que veo se está empezando a convertir en ansiedad por salir. No me gusta esta sensación.

La puerta es bastante grande, de acero inoxidable, como la de las cámaras frigoríficas. No hay ningún tipo de resquicio por el que pase luz ni se pueda adivinar vagamente lo que hay al otro lado. Empiezo a sentir miedo, si no fuera por el vacio total, juraría que estoy en una sala de autopsias o una morgue.  La puerta parece muy pesada, espero poder abrirla sin llamar mucho la atención de lo que haya detrás. No quiero tener problemas por salir de aquí en el estado en el que me encuentro. Apoyo mi cabeza intentado escuchar algo a través de ella. Nada.  Agarro el tirador, suspiro profundamente y tiro de ella. No hay vuelta atrás, voy a salir.

La puerta se abre sin problemas, mucho más ligera de lo que imaginaba. Si esto fuera un lugar abandonado y retirado tanta limpieza no sería lógica, así que entiendo que hay alguien por aquí. Debo tener cuidado. Asomo la cabeza cuidadosamente intentando tener alguna referencia del lugar en el que me encuentro, pero no veo nada. Parece haber un pasillo a oscuras. Cada vez estoy más tenso y angustiado. Sigo sin oír nada que me dé una ligera pista. Creo que estoy solo, así que saco mi cabeza totalmente para observar mejor el lugar.  A los lados del pasillo veos mas puertas como esta, pero parecen abiertas sin ningún tipo de actividad. En cada extremo hay cristaleras bastante grandes que dejan pasar mucha luminosidad, pero esta parece natural, espero que alguna sea la salida. No veo ningún tipo de escalera, así que imagino que me encuentro en un edificio de una sola planta.  Busco una vez más los resquicios o cámaras que me indiquen que aun sigo observado, pero no veo nada. Si me están vigilando, se lo han tomado a pecho. Debo avanzar con cuidado.  Ahora salir del edificio es mi prioridad. Según camino busco algún rotulo que me de referencia del lugar, pero no hay nada. Ni flechas, ni carteles, ni mapas ni nada. La ansiedad y el miedo me disparan los niveles de adrenalina y ahora mismo sería capaz de llevarme por delante a cualquier cosa que interrumpiera mi camino hacia el exterior. Voy girando la cabeza observando las estancias por las que paso. Cada una de ellas es exactamente igual a la mía. Vacías y con una cama en el centro de la sala. Todas tienen la luz apagada y la cama hecha, lo que me indica que puede que yo sea el único que hoy ha estado aquí. Mis pasos son cada vez más constantes y rápidos, el final del pasillo esta cerca y necesito llegar cuanto antes para sentirme libre.

La cristalera de este extremo tiene una pequeña puerta de aluminio sin ningún tipo de cerradura. Intuyo que no me será mucho más difícil de abrir que la anterior. Eso sí, antes de nada debería echar un ojo a que lo me encontraré fuera. Quién sabe si es aquí donde pueda haber alguien esperándome. Agazapado en un lateral, intento vislumbrar cuales serán mis próximos pasos, hacia donde debería dirigirme. Arboles, tan solo veo arboles y lo que parece un jardín con abundante césped bien cuidado. Alguien se toma muchas molestias en conservar todo esto. Hay un pequeño camino de baldosas de piedra que atraviesa el jardín, pero desde aquí no puedo ver nada más.  Cambio de pared para poder mirar hacia el lado opuesto, pero veo más de lo mismo. Tan solo arboles y el extenso jardín. Una vez más, abro la puerta y salgo al exterior. Cierro los ojos y respiro profundamente, mi cuerpo necesitaba una bocanada de aire fresco.

La temperatura es buena, más bien calurosa, además, una ligera brisa hace que las hojas de los arboles se muevan tímidamente. No sé qué hora es, pero juraría que parece medio día. No se ve más movimiento que el mío. Sigo sin ver a nadie a mí alrededor. No hay ruidos que me indiquen movimiento en la zona. Ni personas, ni coches, ni nada. Tengo la sensación de que estoy en algún rincón apartado de quien sabe dónde. No hay ninguna referencia que me pueda situar en algún punto. La mejor opción que tengo es continuar mi camino hacia algún lugar que me diga donde estoy realmente, y quizá así entender porque estoy aquí. Desde aquí fuera puedo ver un edificio bajo al final del camino de piedra. Quizá haya allí algo, quizá no, pero es mejor que continuar aquí. Es mejor que me mueva cuanto antes, no sé hasta cuando gozaré de esta angustiosa tranquilidad.

Durante mi trayecto continúo observando lo que tengo a mí alrededor, buscando pequeños detalles, pero no hay nada que me llame la atención notablemente. Fijo la mirada en el edificio al que me dirijo. No parece muy grande, de una sola planta también, desde aquí no puedo ver si hay ventanas por este lado, pero identifico una cristalera muy parecida a la que acabo de cruzar. Vuelvo la vista hacia atrás y lo comparo visualmente con el edificio que he abandonado. Algo me dice que son iguales y quiero confirmarlo. Mis temores se hacen realidad. Desde un punto intermedio en el camino, los dos edificios parecen completamente iguales. Mi moral se tambalea, aunque la idea de que pueda encontrar a alguien allí dentro me anima a seguir andando. Necesito encontrar una respuesta a esta situación y allí podría encontrar algo, o al menos, pedir ayuda.

Me acerco a la cristalera sigilosamente, no tengo ganas de que nadie me vea husmeando por aquí. El pasillo principal está a oscuras, aunque la claridad que entra desde enfrente me deja ver vagamente el interior. Una veintena de puertas metálicas como la mía lo flanquean. Todas abiertas sin ningún tipo de actividad aparente. Busco alguna marca significativa que lo diferencie del que acabo de abandonar, pero es inútil. Sigo sin ver ningún tipo de rotulo. Está claro que si quiero buscar más pistas debería entrar, pero volver a meterme en un agujero como este me produce demasiada inseguridad como para intentarlo. Quizá si lo rodeara e intentara buscar desde la cristalera del otro extremo podría ver algo, pero algo en mi interior me dice que no será así. No existe nada en este edificio que me devuelva la esperanza de saber lo que está pasando o que me pueda  dar alguna señal del lugar en el que me encuentro. Creo que es mejor que avance y abandone este sitio cuanto antes. Me da mala espina seguir aquí. Rodeo el edificio y tras unos instantes de duda decido proseguir por el camino de piedra. Supongo que estará ahí por algo y que seguramente sea el rumbo más rápido y directo a algún sitio de interés cercano. Si hay posibilidades de que me cruce con alguien, es más probable que lo haga por aquí antes que caminando entre los árboles. 

 

Está claro que este sitio no está abandonado,  esto tiene pinta de ser bastante grande y de estar muy bien cuidado. Las vastas extensiones de césped parecen recién cortadas escrupulosamente para no tapar el camino por el que ando. Incluso a pie de los numerosos y frondosos sauces que hay por todo el recorrido no está descuidado. Llevo lo que parece una eternidad andando por aquí y me doy cuenta de que este parque o recinto es demasiado grande. No creo que este lugar este cerca de ninguna ciudad, al menos que yo conozca. Intento mentalizarme de que paso que doy me acerca a algún tipo de respuesta, pero el cansancio empieza a mellar mis esperanzas y hace aflorar la impotencia que siento en estos momentos. Casi sin darme cuenta,  he llegado a un cruce de caminos. Perpendicular a este camino de piedra cruza otro camino, aunque de grava. Intento localizar algún tipo de rodada  o huella que me marque un camino a seguir en busca de cualquier tipo de ayuda, ya que una vez más, no existe ningún tipo de señal que indique nada. Sigue sin haber suerte.  Ahora debo elegir. He andado demasiado tiempo por el camino de piedra como para abandonarlo ahora, pero no he encontrado ninguna pista que me haga pensar que la situación pueda cambiar.   Hasta donde la mirada me alcanza sigo sin ver nada distinto al resto del camino que ya he recorrido. Examino visualmente la alternativa que supone este nuevo camino de grava.  Los sauces tampoco me dejan mucho por ver, pero hacia un lado, parece que hay una pequeña inclinación del terreno, una ligera subida hacia lo que podría ser una zona elevada por encima de las copas de los árboles. Quizá una vista desde un punto más alto me pueda dar una referencia más exacta de donde me encuentro, no tengo nada que perder, a lo sumo, volver hasta aquí y retomar el primer camino, así que esta es mi elección.

La grava esta mas suelta de lo que parecía a primera vista, se hace algo pesado caminar por esta nueva ruta. Vuelvo la mirada atrás intentando ver si mis pisadas han dejado algún tipo de marca o rastro que alguien pueda seguir fácilmente. No tengo ganas de que nadie sepa que he merodeado por aquí. A pesar de que mis piernas se vuelven cada vez más pesadas debo continuar hasta que encuentre alguna respuesta a esta situación. Es difícil calcular distancias en este terreno tan llano pero puedo intuir  que la elevación está a unos cientos de metros de mí. No sé qué altura podrá tener, quizá solo sea un pequeño desnivel que no me deje ver más allá de lo que veo ahora, pero al menos, debo intentarlo. La pendiente es pronunciada, mi peso hace que la grava suelta se desprenda y es difícil moverse por esta superficie. Intento salir del camino para buscar una mejor tracción en la zona de césped, pero tras un primer paso resbalo y caigo hacia delante. El césped esta húmedo, parece recién regado. Mi cuerpo cansado acusa el golpe notablemente. He caído sobre mi pecho y pierdo la mayoría del poco aliento que me queda. La opresión que me castiga el pecho se vuelve más notoria y me impide respirar con normalidad.  Mis rodillas están manchadas y he dejado un surco con mi resbalón. Noto como el latido de mi corazón se acelera y el miedo se intenta apoderar de mí. Me levanto rápido, tan rápido como mi cuerpo puede responder y corro todo lo que puedo hacia la parte superior de la colina que estoy subiendo. He dejado una gran marca en el césped. Me entra el pánico. Tengo la sensación de que si alguien me está observando he dado una gran muestra de debilidad y además he dejado un rastro inconfundible para que conozca mi camino. Debo correr. Debo ponerme a salvo de lo que pueda venir por detrás. Debo pedir ayuda.

Subo con todo lo que puedo, ayudado de pies y manos para no perder tracción y subir deprisa. El final de la colina está a mi alcance. Durante unos instantes olvido mi cansancio, mi opresión en el pecho, el lugar en el que me encuentro, olvido todo. Tan solo me centro en llegar lo más rápido posible a la cima. Allí está todo despejado. Después de mucho rato, es la primera vez que dejo ver los arboles junto al camino. Puedo ver el intenso azul del cielo. Puedo ver un pequeño claro que quizá me permita ver más allá de lo que veía hasta ahora, quizá ver donde me encuentro realmente, quizá donde buscar ayuda.

Con más esfuerzo del que imaginaba consigo llegar a la cima. El camino aquí es más ancho. Un poco más allá de donde me encuentro, se bifurca en dos formando un pequeño círculo presidido por una gran base de piedra reluciente. Parece la base para alguna escultura pero no está coronada por nada. Quizá haya algo escrito en la piedra, así que decido acercarme rápidamente intentando calmar mi repentino ataque de pánico. La base es enorme, es un cuadrado de mármol blanco pulido de más de tres metros de lado. Es un poco más alta que yo, impidiendo que pueda ver lo que hay al otro extremo de ella sin rodearla. Decido inspeccionarla buscando algún tipo de grabado que indique a que hace referencia o cual es el año de su creación. Deslizo mis manos por su superficie buscando algún tipo de marca que se escape a mi vista. Este parón me servirá para retomar algo de aliento. Rodeo la piedra, no hay fisuras. Es un gran cubo de mármol de una sola pieza. Una vez más, sigo sin obtener respuesta de aquello con lo que me topo. Rodeo la piedra una vez más buscando algo. En un acto desesperado de encontrar respuestas subo encima y examino con extremada atención su superficie. Nada. Desesperado me siento y decido mirar a mí alrededor, lo que veo termina de minar la poca moral que me queda y la esperanza de encontrar algún tipo de ayuda. Este lugar parece ser el centro de un gran complejo rodeado de cientos de pabellones iguales al que me encontraba cuando desperté. Hay pabellones hasta donde alcanza mi vista. Cientos de caminos de piedra parecen entrelazarse entre los árboles, uniendo los edificios, tan solo cruzados por caminos de grava que vienen a parar aquí.  Me hundo. Intento buscar algún sentido a todo esto. Una vez más cierro los ojos y respiro profundamente, todo lo que la opresión en el pecho me permite. Ahora mismo no me siento con fuerzas para continuar hacia ningún lado. No hay esperanza, no hay aliciente en continuar hacia ninguna parte. Decido tumbarme en esta gran mole. Me siento vencido y me da igual si alguien viene a por mí o no. Quizá sea lo mejor, al menos así podría encontrar alguna respuesta a esta pesadilla. Necesito descansar y poder pensar con claridad durante un rato.

Cientos de emociones se agolpan en mi cabeza, es una sensación difícil de describir. La rabia, la impotencia, el miedo. Me siento indefenso ante esta situación. Intento buscar buenos recuerdos para liberar mi mente. Pienso en mi familia. Me gustaría poder estar a su lado en este momento. Saber que todo va bien. Salir de aquí. Recuerdo la última conversación que tuve con mi mujer. Fue un sábado por la noche, estábamos a punto de cenar viendo las noticias. Estábamos a punto de empezar a saborear una sopa caliente ella había preparado para poder llevar mejor las frías noches de invierno por las que pasábamos los últimos días.

 

He pensado que si las cosas se ponen más difíciles, me gustaría que fueseis al campo, que salieseis de aquí.
Yo también lo había pensado – respondió ella con una tranquilidad que no esperaba mientras seguía viendo el noticiario.
Me gustaría…
Lo sé, tus padres y yo ya hemos hablado del tema. Ellos también creen que es la mejor opción. Vendrán con nosotros, tu hermana vendrá también, si se pone de parto, allí será más fácil encontrar un medico que la atienda bien.
Gracias -  le contesté mientras no dejaba de mirarla fijamente y ver como tomaba la sopa – Solo hay que preparar lo necesario. Sobre todo cosas para el niño. Coge todo el dinero en metálico que puedas, por lo demás no creo que haya problemas.
No te preocupes, tendremos todo preparado para cuando llegues, saldremos lo más rápido posible de aquí, supongo que se formaran grandes atascos.
¡No! no podéis esperarme. Debéis salir cuanto antes, yo ya me las apañaré para llegar en cuanto pueda. Podría ser demasiado tarde si hacéis eso.

 

Su cuchara cayó de sus manos en cuanto escuchó mis palabras. Aquello fue un golpe de gracia a la poca esperanza que la quedaba de que todo continuara igual, de que nada de lo que estaba pasando nos afectara. No quería escucharlo, pero sabía que lo que la estaba diciendo era cierto. Acto seguido, recogió su plato y se fue sin decir nada a la cama. Yo continúe cenando hasta terminar la sopa y me quedé sentado en el sofá hasta que terminaron las noticias, quizá esperando una pequeña señal de que todo se arreglaría, buscando una última línea de vida a la que poder agarrar todo lo que me importaba en esta vida. Acto seguido fui a ver al niño, le arrope y besé su frente como todas las noches, intentado aparentar tranquilidad en mi interior. Cerré la puerta despacio para no hacer ruido y me fui a la cama. Ella estaba dormida. Me tumbe y la abracé. No quería despertarla. Debía descansar, lo que la esperaba iba a ser duro y posiblemente demasiado difícil para ella. A la mañana siguiente salí de casa. Esa fue la última vez que recuerdo haberlos visto. Ese es mi último recuerdo hasta ahora.

El frio del mármol me devuelve a la realidad. La temperatura ha bajado considerablemente. Esta anocheciendo. He debido quedarme traspuesto en lo alto de esta gran mole. Lo que antes era una ligera brisa, se ha convertido en un viento que menea las copas de los arboles. Gracias a esto puedo ver cómo empiezan a encenderse cientos de balizas luminosas junto a los caminos. La luz es muy tenue, pero deja adivinar la ruta que siguen estos. Cuatro grandes caminos parecen ser los principales y todos ellos vienen a fusionarse en este alto donde me encuentro. Este gran cubo parece el centro del complejo.  No adivino a ver desde aquí donde está el final, pero está claro que si quiero salir de aquí, cualquiera de estos caminos me puede acercar al perímetro para poder buscar una salida. El viento vuelve a pegarme en la cara y me hace reaccionar una vez más. Ahora lo tengo claro, se cual debe ser mi próximo paso. Debo salir de aquí y reunirme con mi familia. Debo ir a por ellos y volver a su lado. Si todo salió bien, deberían estar esperando en el campo. Lejos de todo esto y a salvo de lo que diablos fuera a pasar o haya pasado. Ahora tengo un objetivo. Ahora tengo una razón para caminar y salir de aquí. Es curioso como la desesperación de una persona puede convertirse en una fuerza descomunal en tan poco tiempo con tan solo un objetivo claro, un ideal. Bien, yo había encontrado el mío, Ahora debo caminar.  Nada ni nadie podría parame hasta lograr reunirme con aquellos a los que quiero. Bajo de la roca sin ningún tipo de problema y vuelvo sobre mis pasos. Hasta que llegué aquí, no me había cruzado con nadie, si quiero salir, es mejor volver por la ruta que conozco.

Bajo la pequeña pendiente sin problemas y continuo por el camino de grava. Desde aquí abajo, sin las copas de los sauces de por medio, el camino balizado se sigue sin ninguna dificultad, tengo la sensación de andar por el centro de una gran pista de aterrizaje en la que cualquier momento aparecerá un avión listo para tomar tierra. La oscuridad se hace cada vez más notoria, pronto será difícil ver lo que me rodea pero mi paso es firme y continúo y no necesito ni quiero tener más datos de lo que sucede a mí alrededor. Tan solo quiero salir de aquí cuanto antes, saber donde estoy y buscar el camino hacia el lugar donde espera mi familia. Antes de lo que esperaba llego al cruce con el camino de piedra por el que vine, parece más cerca de lo que me pareció la primera vez, giro la cabeza mientras sigo andando.

- Esta vez no volveré a mi agujero. Ahora soy libre.

Pronto el atardecer deja paso a una noche cerrada. La oscuridad tan solo es rota por las pequeñas luces que marcan el camino. Es imposible ver lo que tengo a escasos metros fuera de este. La situación me incomoda bastante y no dejo de pensar en los peligros que pueden rodearme. Mi mente es frágil y temerosa. No se escucha nada aparte del ruido que hace el movimiento de las hojas meneadas por el viento. Debo concentrarme y pensar en algo que me mantenga ocupado. Intento pensar en mi familia, en los buenos momentos que pasamos juntos, en las risas de mi hijo, en todo aquello que me mantenía vivo alguna vez. Supongo que estarán preocupados, que habrán intentado llamarme. No sé el tiempo que hemos pasado separados, pero sé que si llegaron al campo, estarían bien.

Mis suegros vivían en el campo, apartados de la gran ciudad. Poseían un par de fincas con bastantes animales. Un gran huerto, frutales, aquello parecía una pequeña porción del paraíso en la tierra. Allí, el tiempo parecía haberse detenido. Los problemas de la gran ciudad parecían disolverse cuando pasábamos algunos días en el campo. Alguien dijo una vez que un día allí, valía más de trescientos en la ciudad. Era verdad. Quizá no hubiera tantas comodidades como en las grandes urbes, pero tenían lo más básico para sentirse bien, en una pequeña burbuja dentro del mismísimo Edén. Los largos paseos por el campo mientras mi hijo corría jugando con todo aquello que se encontraba, las largas mañanas de pesca, esas noches llenas de estrellas en las que nos sentíamos tan pequeños. Aquello era otra vida. Si, allí estarían bien hasta que yo llegara.

Durante mi camino paso cerca de innumerables pabellones como en el que desperté. No parece que haya ningún resquicio de vida dentro de ellos. A estas alturas no tengo ganas de encontrarme con un problema que se me pueda escapar de las manos, así que prefiero mantenerme al margen y no acercarme a ellos. Inconscientemente, acelero mi paso cada vez que estoy cerca de alguno. Poco a poco, a lo lejos, la luminosidad se vuelve más fuerte, los arboles parecen desaparecer. Empiezo a ver el final del camino. Acelero todo lo que mi ritmo me permite sin llegar a correr para no llamar mucho la atención. Nunca se sabe si alguien te puede estar viendo desde la distancia. Si había un momento crítico para que me dieran el alto o me interceptaran, iba a ser este. No creo que me permitan salir así como así.  Intentando adelantarme a lo que pueda pasar, decido salir del camino balizado. Buscar el cobijo de la oscuridad detrás de un gran sauce. Desde aquí puedo analizar bien la situación, el camino a seguir. Puedo ver una gran valla de hierro forjado que rodea el complejo. Se extiende hasta más allá de lo que puedo ver. Delante de mí, un gran arco de forja preside lo que parece una gran puerta. Está abierta. Me recuerda a esas puertas que presiden las entradas principales de los parques de una ciudad. Detrás de ella, lo que parece una carretera de acceso hasta este lugar. Esta oscura, sin iluminación. No hay edificios. Parece que estamos lejos de cualquier núcleo urbano. Una vez más, busco cámaras o algún tipo de seguridad. No parece que haya nada que me impida salir de aquí. Ha llegado el momento. Respiro todo lo hondo que puedo, y corro. Corro todo lo deprisa que puedo, corro escapando de este lugar, corro hacia la libertad, hacia mi familia. Atravieso la puerta, la dejo atrás. Sigo por la carretera que veía desde los arboles sin volver la mirada. Lo que allí hubiera, allí se quedaría. Nunca más volvería a sentirme atrapado  en aquel lugar. Por fin estaba fuera.

Mi cuerpo ya no da para más. Llevo corriendo por esta carretera demasiado tiempo. Es hora de buscar un sitio seguro. La oscuridad me rodea, es una noche cerrada de luna nueva, no será muy difícil encontrar un lugar donde pueda descansar un rato. Debo apartarme de esta carretera, sería fácil encontrarme por aquí. El terreno parece estar seco y duro, podré caminar por el sin problemas. Un poco más adelante, localizo un grupo de grandes piedras rodeadas de arbustos, Podría ser un buen lugar para esconderme. Las ramas son lo suficiente frondosas como para ocultarme detrás. Las atravieso sin mucha dificultad y llego a la base de las piedras. Me siento entre ellas, aquí el aire no me dará de lleno y no bajará mi temperatura corporal. Todo el mundo sabe que lo que te mantiene caliente no es la ropa, sino el aire que te rodea. Si, este es un buen lugar. Me acomodo, intento respirar con normalidad para calmarme y bajar mis pulsaciones. Casi sin darme cuenta, me quedo dormido.


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