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Las naciones sabrán que son unos farsantes

Las naciones sabrán que son unos farsantes

07-07-2014

Aventuras novela

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Un grupo de testigos de Jehová llegan, cada uno por a su lado, a la conclusión de que su secta les explota y orgaizan una protesta internacional contra ellos.

ENTREVISTAS:

"Leemos poco, publicamos demasiado y mucho de lo publicado está firmado por personajes del cuore"

 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

El coche chocó contra un autobús escolar y Juan Montenegro, padre murió instantáneamente. Uno de los alumnos que iban en el autobús sacó su teléfono móvil y llamó al 112. Quizá si no hubiese llamado, o si la ambulancia hubiese tardado un poco más, Juan Montenegro, hijo también habría muerto desangrado

En el hospital, el cirujano pensó en una transfusión urgente, pero los maletines llenos de ejemplares de La Atalaya y ¡Despertad!, así como cierta tarjeta en la cartera habían confirmado a la Policía que era testigo de Jehová y que, por lo tanto, no admitiría transfusiones de sangre. Pero Juan Montenegro, hijo no estaba en condiciones de decidir y el cirujano dijo que telefoneando urgentemente a su familiar más cercano quizá pudiesen romper la cadena de fanatismo que condena a muerte a esos neuróticos.

Y en efecto, Trinidad del Rosario (¡qué nombre para la esposa y madre de dos testigos de Jehová!), al no compartir las creencias de su marido e hijo, pudo autorizar la transfusión. Sin embargo prefirió transfundir únicamente la sangre imprescindible por el momento y, una vez en la UCI con el paciente ya consciente, plantearle la transfusión de más glóbulos rojos.

Juan aceptó. Aunque conocía perfectamente la doctrina sobre la sangre racionalizó su decisión en base a que a Jehová Dios no le interesaba que muriese. Un testigo muerto es un testigo que no anda a hacer prosélitos.

 

 

En la habitación hospitalaria de Juan Elba Gutiérrez esperaba a que terminase la operación. Cuando hubo efectivamente terminado, también Trini fue allí a esperar que lo llevasen.

Elba aparcó momentáneamente la antipatía que sentía por su suegra para preguntarle:

-¿Cómo está?

-Sobrevivirá, pero quedará tetrapléjico de por vida.

-Es tremendo. Tenía planes de ser precursor. ¿Qué hará ahora? ¿Qué haremos?

-Acaba de perder a su padre, pudo haber muerto él también ¿y lo único que se te ocurre es que no podrá seguir haciendo adeptos para vuestra secta?

Los celadores entraron con la camilla en la que iba Juan Montenegro. Lo traspasaron a la cama utilizando la rula, le conectaron el gotero y el médico, después de mirar en la pantalla sus constantes vitales, comentó que sólo quedaba esperar acontecimientos.

-Doctor, ¿es cierto que quedará tetrapléjico para siempre?

-Lo que tenía que decir a la familia de momento ya se lo he dicho a la madre, aquí presente. Cuando haya algo nuevo se lo diré también a ella… y a usted, si también es de la familia.

Y salió, dejando a Elba con la palabra en la boca.

- Qué desabrido el médico. Pero volviendo a nuestro asunto, dejando aparte el que seamos o no una secta, tu hijo y yo teníamos unos planes de futuro y esos planes se han ido al garete.

- Si lo que te preocupan son las relaciones sexuales…

- Ese asunto,  como comprenderás, no voy a comentarlo contigo.

Trini pensó que si Juan estuviese consciente diría lo que decía en ocasiones similares.

- Las dos mujeres de mi vida y un electricista se sorprendería de los voltios que hay.

- Mira, Elba, no nos interesa llevarnos mal y menos en estos momentos. Créeme si te digo que por el bien de Juan, e incluso por el nuestro propio, nos interesa llevarnos bien.

- Todo lo bien que puedan llevarse un testigo de Jehová y un mundano.

- Todo lo bien que deben llevarse una suegra y una nuera cuando el hijo y novio acaba de sufrir un accidente muy serio.

- ¡Pues no esperes que tú y yo seamos amigas hasta que sigas la fe de tu marido e hijo!

La actitud de Elba le tocó tanto los ovarios a Trini que, por molestar, le dijo lo que en principio tenía pensado ocultar.

-Para que lo sepas: los testigos de Jehová tendréis que  excomulgarlo, desasociarlo decís vosotros, porque ha recibido una transfusión de sangre.

El rostro de Elba Rodríguez se demudó. Trini no podía haber autorizado esa transfusión,  conocía bien las creencias de su hijo.

-Me lo dices solamente para molestarme, para hacerme rabiar.

-Si tienes dudas puedes ir donde ese médico desabrido y preguntarle.

Sin despedirse, Elba Rodríguez se fue del hospital. Una vez en la calle sacó el mancontro para comunicarle al anciano José Gómez que Juan había recibido una transfusión de sangre. Y lloró como no había llorado en la vida.

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