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En surcos de dolores germina el bien ya

En surcos de dolores germina el bien ya

30-11-2015

Aventuras poesía

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                                                   SINOPSIS

Una familia, sufrida como muchas, quiere poner en alto a su país, (la nación colombiana), desea que dicha nación sea la más rica del mundo, la más organizada, un lugar donde no haya pobreza, y para ello se propone construir una máquina inventada por el padre de la familia para generar una enorme fuerza mecánica y venderla, luego, a todo el mundo.

En un comienzo los hermanos acuerdan trabajar, algunos en grupo y otros por cuenta propia, para conseguir dinero y construir dicha invención, por lo cual se aventuran a realizar diferentes oficios, unos de ellos en recolección de cereales por los campos y mas adelante en trabajos de construcción, y algunos otros  en ventas ambulantes o alguna pequeña negociación y al tiempo que cumplen cada una de estas labores pasan diferentes aventuras, muchas de ellas con sufrimientos solamente experimentados por el pueblo más bajo, y se viven diferentes dramas y conflictos entre los integrantes de la familia, los cuales dejan ver su forma de ser; todo ello dando a entender quienes son los realmente nobles y carismáticos.

Luego de haber trabajado un cierto tiempo y haber conseguido construir la maquina en una condición precaria Intentan adquirir apoyo de un financista para perfeccionar el artefacto, pero sus esfuerzos llegan a ser fallidos puesto que dicha persona se retracta en lo que les había prometido, y pese de que intentan, en diferentes ocasiones, conseguir ayuda financiera con diferentes personajes todos ellos terminan no prestándoles atención. Incluso buscan ayuda del estado y aunque le presentan indubitables pruebas de la existencia de la maquina se topan con funcionarios deshonrados que les niegan cualquier ayuda.

 Antes de comenzar con todos estos trabajos el muchacho, y el cual es protagonista de la historia, tiene un acercamiento amistoso con una joven de la iglesia en la cual él se reúne así que, motivado por las esperanzas de amor que esta le deja ver, por causa del incipiente proyecto de su padre, (pues la construcción de tal invento también le resulta la mejor forma de llegar a ser un “justiciero” en el país, puesto que pretende realizar una serie de proyectos personales como organizar el país, (por ejemplo, hacer que se pavimente hasta el ultimo camino en la nación) que se explote todos los recursos naturales pero con el único fin de que se utilicen para hacer que desaparezca la pobreza, que sus conciudadanos no tengan que acostarse sin comer, y por ello, que sea la nación más poderosa y mejor amiga en el mundo), se entrega de cuerpo y alma a trabajar para materializar todo ello...

 

Leer primer capítulo

 

Primer capítulo

CAPITULO PRIMERO

 

Que cuenta de las virtudes de aquella buena familia y lo preminente del pobre muchacho.                                          

 

Canto a colosos, a verdaderos grandes de la nación, a ilustres cuales han sido en estos últimos tiempos. Exalto proezas de inmensurables, (porque con tales honores es propio tildar el teñir de perseverancia los sufrimientos); a señores que sobresalieron por su formidable ingenio; a hombres de incomparable benevolente ánimo y ejemplar carisma; a grandes en humildad, a quienes fueron necios en procura del bien para con los suyos aun ante el desaliento del descanso tardío. A fuertes, a valientes del Único Dios que está en el cielo, a hombres experimentados en quebranto,  a verdaderos patriotas,  a esos  que  fueron verdaderos amadores de la familia humana, a aquellos cuales quisieron hacer de su nación la más rica, amiga y benefactora del planeta; porque de ellos sí que es digno decir que convirtieron en limpios los más deplorables caminos con solo ponerles el pie encima.

A varones cuya historia (aunque de muchos desconocida) lograría, al ser narrada, infundir misterio; pues ¿acaso qué extraña condición a la Verdadera Deidad impulsarle pudo a tantos infortunios hacerles padecer?, o ¿acaso qué íntimo precepto impulsarle pudo a, especialmente, ser constante con las más despreciables vivencias para con aquél mísero joven?

Cuéntame Deidad Eterna: ¿acaso qué orígenes fueron los de la suerte sombría la cual acompañaba a ese muchacho de tenaz osadía y le fuera de semejante modo?

Mas, también, de cuán multiforme valor eran las acciones que mucho deseaba llevar acabo.

Déjanos saber cómo a pesar de haber trasegado tanto como para en esta y la otra vida merecerlo todo, aun así, fue su suerte semejante a la de aquel del cual el aliento de su sangre resultó profano para merecer de todo ello tan siquiera un poco.

Cómo, aunque a su nación con calles de negra y limpia calzada, y decoros muros, labrados de azulosas lajas de hermosa roca quiso vestir, sin embargo llego a serle del todo imposible hacerlo.

Cómo junto de sus más crédulos hermanos y padre, de cierta máquina creador, del todo infructuoso les fue persuadir a aquellos señores, que principales son de la nación suya, con el fin de merecer su favor, para

 

aquella buena invención llevar a cabo, y conseguir que todo cuanto deseaban fuese un hecho. Pues fallido fue contagiar de su gran sueño a tales ufanos y de ostentoso traje y cuales poco han hecho por merecer habitar las más panorámicas moradas. A aquellos cuales tan alto viven que el hastioso gredumen nunca logra en rosarles, siquiera, la planta de los pies. Porque equivocado fue aun con la nueva de poseer un ya tangible y fascinante invento, el cual, consideraban ellos, llegaría a ser originador de tan espléndida riqueza, que, pues, a su  colombiano pueblo, para sus más humanas carencias llegare a serles de completo solvento.

Cómo a su pueblo a veces tan seco como las almas que por este a menudo deambulan con generosas afluentes de aguas quiso su sed reprimir, pero que a veces hallado tan torrentoso de modo que el lodo es alimento de su caudal, con innumerables y espaciosos canales de fuerte hormigón, a modo de grietas en su suelo dotar a fin de que llegasen a ser albergues voraces, cuales afanadamente acaparasen la dadora de vida, cual también la quita.

Canto a José Augusto Goodman, linaje de varones dotados de multiforme y eximia benevolencia, pero lamentablemente, como sin cuidado de ello, esmerilada con pesado forjamiento.

Es, pues, José un varón fuerte y rama fructífera; sin duda cepa y sangre de honorables reyes y cerviz teso  que por esmerilar se afana;

tanto que con cuantos se ha topado y visto sorprendido a causa de su poca cordura sin remedio alguno se enfada,

pero porque sepan que, al igual como lo es de aquellos reyes, de cuales no es propio el indecoro que a causa de la furia llega de manera temprana, a grutas de reprimenda los confina junto a charlatanes de poca monta y truhanes de cuantos le viene en gana.

 

Es José un varón maleable de conducta, estatura poco elevada y contextura disciplinada; blancura en cuanto a su tez, y lo de ausencia en altura le repara con revolucionaria visión. Es hombre de audaz generosidad, y noble de consideración ante los de ánimo menesteroso.

Ha empecinádose tanto en hacerle suceder a su pensamiento el día en el que se cumpla, y a todo aquel potente buen propósito, el cual en su corazón fue concebido, que aguerrido se negaría en conservar hasta su mejor bien, y cual le es su mismísima salud, eso de serle útil desgastarla

 

en pos del cumplimiento de todo ello. Y tanto ha sido en sí mismo el arraigo de llevar a efecto su ideal, el cual es en favor de todos los mortales, de igual como yace en sus entrañas los deseos por vivir; de tal modo que no hay para él en el mundo cosa más grata que cada día esforzarse en ello.

 

Es, pues, de entre todas, en Colombia, la ciudad testigo a su natalicio Villavicencio, la de allanadas tierras. (Esta pues hace mención a Antonio; hombre apellidado del nombre de esta misma, y un interventor importante en la  nación ha mucho tiempo). Es  esta tal nación de ubicación sureña, con linderos trazados, ya a mucho, por imposición de mano española.

También nuestra historia resulta concerniente a un pueblo, el cual del modo que afronta cualquier contienda se esfuerza siempre en justicia. Muchedumbre es de gente ingenua de indiferencia, mas burguesa en paciencia en su proceder para con encrucijadas de esperanza adversa, nación alta de diplomacia; como ordenada superiormente entre todas en la región.

Resulta por ello, pues, hermandad de gentes de hospitalario espíritu; simiente que, de ello alusión haciendo, suele asir como a hijos de su misma madre a también sureños pueblos; aunque en ocasiones hallados tan distantes (como al igual se halló de estos, una vez, sus esperanzas mismas). Es decir, pues, como cuando en un entonces ya tiritaba, y, quizás, por vez última, el deseo a vida en los ojos  de  aquellos congéneres ciudadanos paraguayos, junto con su pequeña nación, cual ya acercábase a filosos escollos en su declive junto con el de su Asunción. A acontecido también al país de nuestra mención que diósele suerte a que se extendiera, cuanto a sus anchas le fuere propicio, ya fuere en suelos a veces escarpados en gran manera y a veces vestido de uniforme sabana con extensiones sin fin; pero todas ellas siempre tierras excelsas, de entrañas fértiles, cuales ofrece gustoso sus favores al pueblo que sobre ella a diario labora. Como si por la sangre de sus redentores

 

sobre ella vertida y el hálito que en batalla al esfumarse sobre su horizonte en dicho suelo no halló arraigo, grosura de deleites por reposta a tales agonías diera, y,  ya preparados, de sus terribles profundidades, poderosos volátiles combustibles, (así como el espíritu que a todo lo viviente da aliento), los cuales investidos en ascuas, tenaces, resuelven poner de manifiesto su furia en esta generación cuando al hombre solo la ira del fuego poder le da.

Bienhabidas fortunas son las heredadas bajo su cristalino cielo, y única y estratégica su ubicación de tierras; porque encrespadas y solo verdes sus montañas, donde mejor sazona el oscuro café, corren hacia el norte, ambicionando hacerle frente al furioso océano atlántico, pese que sus pies solo logren arribar hasta la nevada sierra de Santa Marta. Entre tanto que muchas veces con llano suelo desbócanse hacia el sur y valles de alfombras verdes, cuales exponen de sí toda su vida al mar pacífico. De tal modo, que ha sabido hacerse libre, junto de la aventajadora maquinaria de su ingenio, ante obligaciones y rendición de cuentas, en lo que a naciones colindantes respecta, a pagos de peajes y odiosos tributos, cuales sólo suelen ser impuestos por el hombre ante el transitar libre, ya fuere terreno o marítimo.

Así que, amigos, y como quiere aflorar nuestro relato, no vendría al caso si como pregón hiciéremos lamento por la desgracia de solo ver cosechas de míseras escaseces en nuestra tierra, o el desafuero de poseer, como en obra del azar, estériles labranzas, y pueblo de mentes enjutas de ingenio por hacienda pues de hacerlo francamente sería deshonesto e ignorante.

Porque, es pertinente de saber, amigos, que padece la tratada nación desabastos de toda índole y a más no imaginar, seguramente de igual como lo es multiplicado el ancho por el largo de sus tierras. Pero no tal cosa por un miserable ofrecimiento de sus cosechas, sino que, es nodriza de tales ejemplares males, y como habido entrañado ya, (pues no ha poco, sino de siempre), en sus más influyentes gobernantes: la despreciable mezquindad y negligencia.

Falta de susceptibilidad asalta a estos y sus más encargados concejales; porque es en los tales donde reposa el velar por el pueblo. Por esta causa cosechas enteras de insignificantes y pobres finqueros estando ya en su punto para ser segados suelen verterse, más bien, al pantanal. También cosa despreciable acontece: que tales riquezas aun teniendo de provechoso lo suficiente para que de los cerdos su conformista apetito consiga suplir, a leguas dista que llegue a ser un hecho, porque, he aquí, que trochas mulares en papel de carreteras surcan sus terribles montes y parajes, y, he aquí, atajos pedregosos y destapados incursionan, en los llanos, sus bajos en lugar de pulimentados caminos.

 

Tanto es pues, amigos, al país nuestro su mediocre estado y esquivo cuidado han tenido sus dirigentes por dotarle siquiera de aquellos anchos y bien servidos vagones para carga, cuales afamadamente en pueblos colonos y distantes solía vérseles impetuosos y tremendamente tirados tras el bufido de los humeantes trenes. Imposible sería a sus circunflejos pies que vagaren presurosos sobre aquellos rieles, rechinantes del mucho peso, para que consiguiesen alimentar a la amada nación; pues cada cual solo vela por su bien particular. Por ello, pues, que flaquean de hambre las vidas, cuales ya se han hecho cortas, y agonizante hállase en cuerpos cansados de bregar el espíritu, cual no encuentra ya a la vida terrena como consorte grato. Hostigador ha llegado a ser el aire delante a su respirar y deplorables las pocas oportunidades en la vida, cuáles odiosas no resultan suficientemente asequibles para con los más necesitados.

Resulta propio, amigos, admitir el espíritu doliente que se presenta a nuestra mano, impregnando nuestro relato, como bien, pues, vuestra atención lo denota, pero, he aquí, que lo hace indignado de las ante todos tenidas en cuenta injusticias y desafueros, aderezados por los siempre dotados de poder en estas colombianas tierras.

Pero también, propio admitir, que en este amargo caso es honorable y lícito hacerlo resaltado, siempre y cuando de esta historia y su franca verdad no querramos aumentar una coma o una tilde.

 

También es en todos nuestros sobredichos suelos el aliento que vivo conserva gran parte de su verdadero mal ausencia de temor al verdadero Dios y deplorable falta de amor al prójimo, y por ello un abastecimiento del todo deshonesto en lo ancho de estos continuamente suele hallarse.

Que mucho del vasto volumen de blanco alimento y cual consigue producirse a cantaros en sus ricas campiñas, muchas veces, del modo que llega a darse de sus pobres reses, y habiéndose aprestado en impecable condición por multitud de manos, he aquí, que indiferente por atender la necesidad del pueblo ha llegado a saturar sin cuento resguardos de incógnito, eso sabiéndolo muchos mercaderes sin que tal hecho les provocase remordimiento. De modo, pues, que no temiendo el transcurrir del tiempo sin cura ha llegado a perecer, y luego arrojado, aún blanco, se ha visto en el arroyo. De tal manera, entonces, que fallido en el intento de suplir la necesidad del hombre por sustento, antes bien y a modo cruel, suele justificar la cierta y oscura causa de encarecer el mercado.

Estas y otras muchas impías obras a modo de martilladoras continuamente saturaban de impaciencia el juicio del joven José, por lo

 

que le eran servidoras de sus más radicales soluciones a las muy comunes deshonestidades en el suelo patrio, y para remedio de las infames actitudes de aquellos cuales ha mucho tiempo que en este todo lo pueden.

Y tanto, pues, es el habido mal que como que extraña ya la tierra que riendas genuinas le rijan, semejante y al pie de la letra como cuando en tiempo de los comienzos materiales del hombre impúsosele a éste en voluntad del Dios Verdadero para que lo practicase. Porque, de cierto, muy justo y ejemplar trato vino a ser el encargado del Altísimo para con dicha madre, así como sobre cuál suerte, a sus intereses naturales, es preciso que se les de. ¿Pero cómo creen amigos? A la verdad, considerándolo por mi juicio, a causa de todo el funeste testimonio anteriormente contemplado, sí que venía a ser preciso el advenimiento de un nuevo héroe.

En esta dicha nación nuestro anfitrión soñó de amor y por vez primera en el uso de tal concepto. Así que, seguramente, igual que toda la difícil empresa por él soñada lo fue su deseo al amor inalcanzable de la linda señorita Marla Elizabeth Gieménez. Por ella fue su afecto cautivado sin estorbo el hecho que pudiese ser de él aventajadamente su hermana mayor, y el día en que se distinguieron consiguió ser uno de cualidades normales y sin importancia tal como para hacerle propicio de recordar, salvo que siendo tales palomitos la flor de la juventud asistían en la iglesia devotamente servicios al Dios Único. Acostumbraba ella en habitar muy cerca del joven José solo para deleitarse como cosquilleada mujer madura ante las impredecibles inseguridades por su niño cometidas, todas las veces cuales érale propicio, durante cada una de las reuniones mencionadas; como hallando su cercanía y compañía tan grata y tan inigualable que quizá le evocaba a los santificados ángeles, dejando, por tanto, a un lado orgullos y prejuicios, y le era de poca importancia que fueren de preparatoria sus estudios y saberes, entre tanto que eran primarios los de nuestro virtuoso muchacho.

Es de saber, amigos, que aquella hermosa nunca osó en publicar su amor por José sentido, puesto que temía de sí recriminación, de sus padres y todos aquellos quienes guardaban fama de su esquiva disposición y condición acomodada; de lo cual también y continuamente hacía alarde; mientras que lo era de sufrida necesidad su bienhechor príncipe. No obstante, pese de su presunta indiferencia, tampoco nunca le repelió, como nombramos en lo anterior, ni impedimento puso entre su amistad; (aunque no por ello dejó de ser clandestina), hecho ante el cual viose alentada la esperanza por alcanzar, de incondicional manera, el afecto de aquella doncella, cual muchos deseaban fuese su ostento, por el excéntrico José.

 

He aquí, pues, que es nuestra mencionada mujer una de difícil temperamento, y el cual a manera de fiero protege las delicias despertadas por su piel blanca y tersa como de pastel. Es su cabello impecable crin de rebelde alazán, y liso e impecable como el de nativos indígenas. Su estatura hallase entre la ideal y son sus ojos abanico de urticante aunque dulce canela. Es su cuerpo trazado por idónea silueta de requiebros suntuosos, los cuales suelen ser propios de la más ingenua doncella, donde prendas, eso por más lisas que fueren, difícilmente conseguirían verse apresadas.

Así que sabido, he aquí, nuestro valeroso hombre cuál naturaleza de simpatía sentía por él aquella hermosa dispúsose en trabajar, aunque preciso fuere hacerlo sin un justificado descanso, pues de igual siempre lo había hecho; pero que esta vez lo hacía alentado de aquella nueva motivación de la venturosa pero muy grata ilusión de  creer  al llamado, por muchos, primer amor. No obstante, que también erase consciente que sin más remedio resultaba importante (respecto a su ambicioso pensamiento de echar a prosperar a la nación) hacerse de mucho material dinero de querer dar esto por hecho. Porque, es propio saber, amigos, que para ese entonces ya tal programa venía a serle tangible mentalmente, y ordenado por escrito en columnas, cuales se tomó el tiempo de conformar, (a modo épico, de cierto), en cuanto a sus mejores apreciaciones del paso a seguir para la realización de todo ello, (de modo, pues, que consiguiere verse complacido con el cumplimiento de cada una de estas) y todo tipo de detalles respeto de los favores los cuales anhelaba gustosamente servir a la preciada madre tierra.

Era también de su sabio padre, Jerías Mariano Goodman, veterano de penurias y linaje de sufridas raíces hebreas, que para España en otro tiempo fueron residentes, un cierto invento por muchos indiferentes conocido y de los cuales nunca vio apoyo material. También del que cuantos extraños supieron y pese de llegar a verse maravillados frente a su advenimiento erales de esquiva concepción el que funcionare autónomamente, y eso de que llagare a ser palpable tal cosa. No obstante, que muchísimos e intensos años de tremebundo calcular para con su máquina lograron, a tal genio, en darle convicción inequívoca. Muchos trajinados días de diligente correr con primerizas y plásticas piezas, en lugar de potentes de metal, por no haber plata para más, lograron llevarle del apenas concebido pensamiento y primeros bosquejos de blanco papel al carboncillo hasta un convincente arquetipo de planos trazados con figuras intrincadas y de ciertas, pero necesarias, dimensiones e ilustradores esquemas de laberintos conductores para el fluido acuifero; puesto que para este era preciso que por entre tales grutas corriere impetuoso. Y hasta tal punto hubo

 

llegado todo aquello que a la mente más exeptica lograría imprecionar. Erase, pues, también de su veterano padre una finca, aunque ciertamente de condición modesta, la cual yacía con aspecto melancólico y solitario a mucho trecho de la llana y anchurosa ciudad Villavicencio, la poderosa de recursos. Allí, pues, valiéndose su padre y madre, y sus trasegados hermanos, ciertamente ya de pubertad los más, de cualquier oficio que consiguiere generarles pesos, difícilmente sostenían en condición precaria su buen albergue, ya fuere laborando tenazmente en la distinguida ciudad, de modo que sus esfuerzos ameritasen algunos cuantos pero útiles pesos, o dirigiéndose cada día a los campos circundantes de dicha finca en mira de cosechar algo de pesado grano de arroz, cuyo beneficio luego pudieren destinar en mejoras de su común asentamiento.

En dicho sitio habíase confinado José, y quizás con mayor constancia que su restante familia, para corresponder a cuantos inacabables oficios resultasen con tal de darle mantenimiento a la dicha finca, ya que de constante veíase anegada por trepadoras hierbas, cuales querían consumirla, junto de anegadoras oleadas de hojas, que agonizantes dejábanse caer de sus abundantes árboles frutales.

Para tiempos en que tan sufrida familia húbose mudado en predios de la morada no desbordaba José los ocho abriles, y para entonces, cuando también incursionaba en los conceptos del humano amor, surcaba ya los diecisiete.

Y porque era, pues, José inconformista de carácter y curado en rebeldía tal cualidad hacíase notoria siempre que considerando en sí mejores soluciones para con las constantes y cotidianas problemáticas que hacen lenta la vida contendía con sus allegados familiares, en especial su padre, a fin de imponerse ejemplarmente, y con mucha razón lo hacía, puesto que gran talento guardaba para ello.

Muchas veces discrepó con su ascendiente padre por dichas razones, pues de egocéntrica actitud era éste, mas porque era quien más podía le sometía con su mandato siempre; si bien que lo guardara todo en su corazón.

 

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